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El Acontecimiento y la Persona

He aquí un artículo que expone una reflexión muy profunda pero que parte de conceptos no de relatos de experiencias. Aunque acabe por describir los tipos de personas que se enfrentan diversamente a acontecimientos como “el proyecto de la Fundación Atrio” o el de cuando “la Luz vino al mundo y el mundo no la reconoció”. Me hubiera gustado más para  el encuentro en ATRIO que nos hubieras  contado cómo tu persona ha ido encontrando sentido singular y global a ese tipo de acontecimientos. AD.

En artículos anteriores reflexionaba sobre el sentido de la vida del ser humano en su globalidad, es decir, de todo ser humano a lo largo de la historia de la humanidad y del ser humano singular y concreto, la persona, también a lo largo de su historia concreta y personal, y a su vez me preguntaba si éstas dos historias tenían un sentido y un destino común con independencia del tiempo de sus existencias para no caer en el absurdo de que la vida pueda albergar distintos sentidos según el tiempo en que éstas acontezcan, lo que en sí ya sería un contrasentido. No entraré ahora en la extensísima argumentación de tal afirmación, dejando aquí constancia de lo ya afirmado y además como fundamento de lo que a continuación sigue.

Este aspecto de homogeneidad y unicidad de sentido de ambas historias, es de vital importancia en la praxis en que el ser humano en cada momento de su existencia se ejercita para construir su mundo y su destino.

Ahora mi reflexión se centra en como dotar de sentido a cada acto de nuestra existencia en aquellos acontecimientos que nosotros no suscitamos y que se atraviesan imprevisiblemente en nuestro camino interpelándonos, para que lo anteriormente dicho mantenga la coherencia.

¿En qué medida el “yo-tu” de mi “yo” son consustanciales en la persona hasta el punto de poder integrar a todo “tu” en un “nosotros”, pues todo “tu” es innato en todo “yo” constituyendo el “nosotros”, y además todo ello de una forma atemporal?

Lo importante en el ser humano no es el tiempo (solución contínua, monótona y síncrona de instantes inertes), es el acontecimiento, pues hubo un tiempo en el que el tiempo no existía, solo contaban los acontecimientos y ellos eran el referente de la experiencia de vida del ser humano de aquel tiempo. Esa sí que era la verdadera medida del transcurrir de la vida, reflejando en la propia historia de la vida un tiempo que era testimonio de vida y no un tiempo inerte, monótono y síncrono, sin-crono-logia, sin palabra.

El tiempo de la razón científica es un tiempo inerte, frio e impersonal, es un actor pasivo al que hemos objetivado sin sustancialidad alguna. Jamás cosa alguna ha sido capaz de adquirir tal protagonismo en la realidad del ser humano racional como el tiempo. Hay que reconocerle mucho mérito a este objeto sin ni siquiera materialidad alguna, llegando incluso a desbancar al espacio reclamando dentro de él su propio espacio. Son varios los artículos recogidos en Atrio sobre este tema del tiempo.

Si la persona, continuaba yo diciendo en aquellos artículos, es un ser en devenir, si existe como proyecto, como ser que se anticipa constantemente a su futuro, entonces deberemos afirmar que toda su praxis existencial, todos sus actos, todos sus aconteceres en todo tiempo, deberían estar impregnados por la necesidad de tener en ellos presente el sentido de su último acontecimiento, pues también afirmaba que no hay historia que no tenga final, una historia sin fin no es historia, por lo que de la misma forma ahora es pertinente hacernos la misma pregunta sobre todo aquello que nos sobreviene desde fuera en nuestro tiempo y en nuestro espacio, que debe ser un tiempo-espacio íntegro donde todo presente aúna a todo futuro y a todo pasado en una continuidad de sentido y en una misma historia.

Así como la vida es don, el sentido es tarea, es trabajo, es esfuerzo, por lo que debemos crearlo para cada uno de nuestros actos a través du nuestra praxis existencial, bien acontezcan en nuestra intimidad más inmediata o bien nos interpelen desde fuera, desde los otros, con independencia del dónde y del cuándo pues no somos individuos por más que nos empeñemos, el propio análisis fenomenológico de la realidad humana así nos lo evidencia.

Un ejemplo de esto que acabo de decir, lo encontramos palmariamente en la institucionalización que hacemos de la historia al crear leyes como la de la memoria histórica como fundamento y justificación de nuestra praxis actual y futura, en el que todo acontecimiento pasado es traído al presente y sometido a juico, incluso nos hacemos responsables de ellos para bien y para mal, llegando a pedir perdón por aquellos actos cometidos por nuestros antecesores. Aunque sea inconscientemente no podemos despegarnos de nuestro pasado por más que muchos lo intenten a la vez que lo utilizamos para planificar nuestro futuro. La historia no admite discontinuidades.

Al igual que en la ciencia, toda pérdida de continuidad – en sentido matemático- significa una pérdida de realidad tanto espacial como temporal, en la realidad humana la pérdida de continuidad de sentido significaría la desaparición radical de toda la realidad histórica humana.

Todo acontecimiento que nos sobrevenga en vida nos interpela y afecta a todos, tanto si somos conscientes o no de los mismos, pues todos estamos involucrados en una misma historia desde el primer ser humano hasta el último, para no perder nuestro sentido de realidad en la realidad.

Antes de entrar en la centralidad de esta reflexión quiero resaltar algunas de las actitudes que solemos tomar ante tales acontecimientos:

Lo más frecuente es la simple indiferencia tanto en forma explícita como implícita, bien porque nos resbalen como aceite en el metal o porque nuestro esquema de vida nos ha inmunizado a dichos acontecimientos. En el primer caso por relajamiento y pereza, y en el segundo por rigidez y por inercia, dejándolos pasar como si no aconteciesen, silenciándolos o ignorándolos y expresando: ¡Esto no va conmigo! ¡Vana ilusión!

Otros presentan ante tales acontecimientos una atención difusa y por tanto una respuesta también difusa y no comprometida, tomándolos como una distracción que siempre es un esparcimiento de la atención y que siempre acaba arruinando a la atención. Este es un espacio lúdico que produce cierto placer de autocomplacencia picoteando y saltando de acontecimiento en acontecimiento con una crítica superficial y taxativa sin precisar gran cantidad de argumentos, zanjando la cuestión de forma simplona y rápidamente desentendiéndose de ellos, reflejando ese espíritu burgués y comodón con aires de grandeza en el que el yo se desprende del tú con gran facilidad, aunque en otras ocasiones les interese utilizarlo en beneficio propio en un falso altruismo. Tema este último que suele estar hoy en día muy de moda como son todos los “lobby” que compartimentan los estratos sociales demandando privilegios particulares para ellos. Tema éste muy interesante para otra reflexión en profundidad.

También están los que inicialmente se implican en dichos acontecimientos, pero pronto se ven desbordados por la magnitud de los mismos, no solo por la complejidad argumentativa sino también por la demanda personalmente comprometida ya que los sentimientos desbordan a la razón quedando entonces inhabilitados para la acción y se quedan en un querer y no poder, con una actitud de derrota que en última instancia les justifique su abandono.

Tampoco faltan los torpes, que en gran medida participamos todos al querer soluciones rápidas olvidando que hace falta mucho tiempo y mucha paciencia para hacer un ser humano y para llevar a cabo una obra, cerrando conflictos en falso y que con el tiempo volverán a florecer.

Por último, están los que en medio de los acontecimientos se mantienen en una actitud activa, colaborativa y asistencial con independencia de los resultados finales, entregándose en cuerpo y alma a mitigar y dar sentido al sinsentido de dichos acontecimientos, aunque en ello les vaya su propia vida, mostrando (no demostrando) que ella es el testimonio del sentido en última instancia para que este no desaparezca.

¿Cuáles son los medios para evitar estos “contra-sentidos” de la acción, pues obras son amores y no buenas razones, para poder darles sentido a estos acontecimientos?

De entrada, esto nos demanda una metanoia, empezando por la propia razón y terminando por la acción que implica a todas las facultades personales, inteligencia, sentimientos y voluntad, y no solo a la razón, que como bien sabemos sirve tanto para un roto como para un descosido.

Esta metanoia debe empezar por una metafísica implícita en la que la propia razón de cada persona se vuelva sobre sí misma para poder sobrepasarse a sí misma, es decir, hacer limpieza en su casa, en su interior más íntimo, revisando y transformando su mundo de creencias.

Si creemos que el mundo es un gran capricho que transcurre sin finalidad, si se rige por unos destinos que nos ignora y nos encierra en un determinismo entrópico y desconocido al que debemos afrontar con un espíritu estoico, o bien tomando la flor de cada día y despreocupándonos de todo futuro creándonos a su vez otros futuros virtuales que no nos amarguen el presente creando también esperanzas virtuales y apoyadas en un cientifismo utópico de hipótesis tras hipótesis sin fin a la vista, entonces no puede acontecer metanoia alguna sumiéndonos en un continuismo de lo mismo, en el que todo acontecimiento a lo más que llega es a ser flor de un día y se acaba esfumando en un vacío existencial. Aquí me pregunto: ¿Está pasando esto último con la actual situación del nuevo proyecto de la fundación Atrio?

Pero la persona es mucho más que su razón lógica, ya decía Pascal que el corazón tiene razones que la razón no entiende. La razón por sí sola es una utopía distópica. Es una razón fría, sin el calor de la vida, sin el apego de los sentimientos, (que se lo pregunten a la IA), disfrazándose de neutralidad, antítesis de lo real, lo neutro no se percibe, es lo inerte, es el fiel reflejo de la muerte, se desentiende de todo lo que le rodea, antítesis de toda relación.

Hemos de tomar conciencia de que no solamente existe un sentido particular para mi aquí y mi ahora, porque mi aquí y mi ahora son consustanciales con todo aquí y todo ahora de todo tiempo.

Aquí quiero terminar con la expresión más arriba citada, pero completándola con un acontecimiento histórico del sentido de la historia de toda persona, acontecimiento que nos vino de fuera de la historia para que fuese integrado en nuestra historia:

Al igual que en la ciencia, toda pérdida de continuidad – en sentido matemático- significa una pérdida de realidad tanto espacial como temporal, en la realidad humana la pérdida de continuidad de sentido, significaría la desaparición radical de toda la historia humana. “Por ello el sentido de la vida ya “Aconteció” en la propia historia del ser humano, pues: “La luz vino al mundo, pero el mundo no la reconoció” ….

7 comentarios

  • M. Luisa

     Discúlpame Mariano, pero es que como al parecer quieres proseguir estas cuestiones en un próximo artículo, déjame al menos ahora aquí aclarar algunos puntos que me parecen importantes. Si no es cuando por ofuscamiento se van arrastrando sin resolver  las ideas ya expuestas.  Posicionarme en favor de la realidad no quiere decir que estoy en la verdad. Nunca he dado aquí un juicio sobre ella. En última estancia será la realidad la que nos irá hablando de ella. ¿Cómo no voy a estar de acuerdo contigo al distinguir entre certeza y verdad?  Naturalmente, la certeza es nuestra y la verdad, aun  siendo de la realidad como tú muy bien dices, al ir impresa    en las cosas   mostrándonoslas como reales ( eso lo aclaré en días anteriores)  en ellas se nos  va actualizando  de manera que sería como decir que es la realidad la que nos va dando verdad. La verdad no es de ningún juicio, sino que ya está ella verdadeando en las cosas, si se me permite la expresión.

    Aireadas estas consideraciones, salta a la vista que el hecho de  hablar de la realidad no viene dado por ninguna presunción  sino que exige ver la cuestión a la inversa  y entonces será  por estar previamente posicionados en la realidad es por lo que podemos hablar de ella. No es solo hablar de la realidad es irla también  probando en experiencias. Y esto dicho así me deja en condiciones de responderte: Cuando mencionas que el sentido de nuestra realidad no es de carácter deontológico que trata de deberes, sino de abrirnos a nuestros haberes que ya poseemos, pues previamente has dicho que lo que nos es dado en el punto de partida es la realidad misma y es en ella misma donde debemos orientar nuestra vida, aquí me da la sensación de percibir un determinismo científico  y me pregunto: ¿De dónde vienen esos haberes que mencionas?. Justo ahí parece que detectas una contradicción, pero te lo aclaro. ¿De dónde van a venir estos haberes sino de la realidad que somos y que nos constituye  como personas?

    No merece aquí grandes explicaciones teniendo en cuenta tu consideración global a la persona y en la que en parte coincido.  Lo que ocurre es que convertimos estos haberes en tenencias…

    Ahora sí que prefiero dejarlo y si acaso lo que me queda en el tintero ya irá saliendo Un abrazo    

  • mariano alvarez

    Querida M .Luisa, como siempre eres una de las pocas personas en Atrio que le hinca el diente a mis reflexiones no cortándote en así expresarlo. En ellas intento suscitar controversia siempre desde mi posicionamiento al respecto, esperando que entre los lectores de dichas reflexiones hubiesen manifestaciones que acabasen enriqueciendo lo que en ellas expone, bien asumiendo o discrepando y que no tuviese que ser yo quién reafirme mi planteamiento, pues entraría en una dinámica redundante.

    Esto me lleva a pensar que algunas de mis reflexiones como esta de ahora discurren por asuntos demasiado metafísicos y que no suscitan el interés predominante que los acontecimientos domésticos del momento sí suscitan  y que pocos como tú se interesan, pero que en realidad opino que son los que acaban dando el sentido a todos estos aconteceres domésticos.  Es como el inconsciente o subconsciente de los mismos. Ya veo que la metafísica te interesa por tu mirada y olfato fino sobre la realidad, utilizando un bisturí (el de tu palabra) agudo y muy penetrante.

    Como sé que estarás atenta a mis futuras reflexiones ( si son publicadas) podremos ir acercándonos a esa comprensión que estoy seguro encontraremos, pues intento en mis reflexiones mantener un nexo de continuidad en relación a los conceptos que voy introduciendo en ellas. Por el momento te respondo escuetamente a tu comentario:Donde tu dices el ser, yo me refiero al ser singular, único , concreto e irrepetible, la persona.

    Cuando te refieres a la realidad en términos impersonales yo me refiero a la realidad de ese ser singular, único, concreto e irrepetible que somos todos y cada uno nosotros y cuando me refiero a la metanoia, también me refiero al acontecimiento que debemos experimentar de forma activa con nuestra praxis que es la reconfiguradora de nuestra realidad para encontrar el sentido pleno de realidad en nuestras vidas, que ya se nos manifestó en la realidad histórica, quedando para cada uno de nosotros dicha tarea. Recuerda lo ya dicho en otros artículos míos: Si la Vida es don gratuito, el sentido de la misma es tarea que nos corresponde a cada uno de nosotros para  llegar a ser o  mejor dicho “devenir a ser lo que debemos ser” y no “ser lo que no debemos ser”.

    El ser y la realidad forman un tándem inseparable en una dinámica mutua autoimplicativa. No podemos analizar la realidad en forma aséptica, es decir desde neutralidad, pues nos situaríamos fuera de toda realidad. La realidad no admite en su seno la neutralidad.

    Se que aquí no termina nada , más bien empieza.Como siempre agradezco tus comentarios.

    Un fuerte abrazo.  

    • M. Luisa

       Hola, Mariano, con esta nueva entrada no pretendo, como dices,  con mis        reflexiones enriquecer  las tuyas, faltaría más!, sino solo hacer notar que en ellas se parte  de posicionamientos distintos. Siendo así que inevitablemente en  el proceso reflexivo de ambos  vayan surgiendo sucesivas  divergencias en él.
       
       
      La pregunta que me hago en mi primera reflexión la baso sobre  este párrafo donde me dices:
       
      Recuerda lo ya dicho en otros artículos míos: Si la Vida es don gratuito, el sentido de la misma es tarea que nos corresponde a cada uno de nosotros para  llegar a ser o  mejor dicho “devenir a ser lo que debemos ser” y no “ser lo que no debemos ser”.
       
      Claro, si condicionas la vida a don gratuito  significa  que todavía  está por hacer la crítica no solo  a la Modernidad sino que  tampoco  está hecha  la crítica a la Modernidad temprana (kant). No sé si estaré en un error, pero cuando te leo decir que la vida es don gratuito,  mi convicción es que los términos empleados  no difieren demasiado  de los que precisamente habría ya que distanciarnos. Un distanciamiento necesario  si queremos  enfocar luego bien los temas que más se tratan aquí que por ser domésticos, como dices, no nos sacan fuera de esa  dependencia sobrenatural.
       

       
      ¿Entonces de qué  habrá de distanciarnos?  De las categorías teológicas de siempre. ¿Qué quiero decir con esto? pues que en la formulación “la vida es un don gratuito” Se da por sabido que en ella  subyace una categoría trascendental, es decir, un principio sobrenatural.  No te diré que no pueda ser así, pero una afirmación tal no puede hacerse   en el punto mismo de donde parte  la discusión, sino al final de ella    habiéndolo probado en su transcurrir, al final del trayecto, como una opción propia de un acto personal. Lo que nos es dado en el punto de partida es  la realidad misma en la que todos nos encontramos formando parte de ella y, por lo tanto, será en ella donde orientar nuestra vida. Si esto se entiende, entonces la tarea que nos corresponde hacer  no es de carácter deontológico que trata de deberes, sino la de abrirnos a nuestros haberes  que ya poseemos…
       
      Me alegro de que estés bien, pues al tardar un poco tu respuesta pensé que tal vez estarías todavía con las dichosas  pruebas médicas.
       
      Un fuerte abrazo!  

      • mariano alvarez

        M. Luisa, gracias a que partimos de posicionamientos distintos, nuestro diálogo se puede producir y no necesariamente terminar en un desencuentro mayor, lo cual sería una presunción y como toda presunción está mas sujeta a un acto de voluntad que a un acto racional.

        Es evidente que todos partimos siempre de una presunción sobre lo que llamamos realidad. No hay otro modo, pues no podemos decir que estamos en posesión de la verdad. Siempre partimos de un condicional y no de una verdad absoluta por muy evidente que esta se nos presente.

        No es lo mismo la certeza que la verdad y solo ésta última nos muestra la plena realidad que es muy distinto a demostrarla. La certeza es el producto transitorio del ejercicio de la razón que nos muestra cómo a lo largo de la historia estas certezas de la realidad han ido cambiando. La VERDAD  se escribe en mayúsculas  de principio a fin al ser única. Las certezas, mal llamadas verdades parciales o transitorias no tiene tal privilegio. Muchas de las cosas que ayer considerábamos como verdad (en minúsculas) y hoy no lo son y lo mismo acontecerá en un futuro próximo, que no nos quepa duda alguna.

        Nuestra razón por sí sola es quien se ejercita en la generación de certezas, cosa muy de agradecer pero no colma nuestras ánsias de verdad, de conocimiento pleno, sin fisuras y sin peros y sin caducidad.

        La libertad en la persona es el atributo básico para encontrar su pleno sentido de realidad y escapar al determinismo de todo cientifismo, que es la propia ciencia cuando universaliza su razón científica.

        Cuando el ser pensante se identifica con su pensamiento se objetiva, se convierte en objeto de sí mismo, de su razón en un continuo monólogo, separándose de la realidad y viéndola frente a sí y también como objeto

        Cuando mencionas que el sentido de nuestra realidad no es de carácter deontológico que trata de deberes, sino de abrirnos a nuestros haberes que ya poseemos, pues previamente has dicho que lo que nos es dado en el punto de partida es la realidad misma y es en ella misma donde debemos orientar nuestra vida, aquí me da la sensación de percibir un determinismo científico  y me pregunto: ¿De dónde vienen esos haberes que mencionas?.

        Coma ya te mencioné en mi anterior respuesta y como tengo previsto remitir a Atrio otra reflexión en la que reincido sobre estos temas hablando sobre el positivismo, ocasión tendremos de continuar y también espero que no nos quedemos solos.

        Un abrazo.

  • M. Luisa

     Hola Mariano, no poca profundidad,  como  todos tus artículos, tiene el que nos presentas en este Post. Tanta que al ir descendiendo  reflexivamente en su lectura  al final me he topado   con  que si bien   el acontecimiento tú se lo atribuyes al ser,   por mi parte diría que el acontecer, es lo propio de la realidad (es su dinamismo).  No es que el sentido de la vida ya aconteció  sino que es el acontecer mismo de la realidad  que da sentido a la vida.    Vista así la cuestión  pensar en la metanoia no viene al caso porque si dejamos que la realidad acontezca también con ella acontece la nuestra. Es lo propio del devenir.  Hablas de la razón   como una propiedad nuestra y no es así porque la función de razonar nos viene  dada por las cosas mismas, es un acontecer de la razón misma a través de ellas . Un elemento que creo le falta a tu exposición  es el concepto de cosa desprendido naturalmente de todo significado cosista que la quiera limitar, porque  entonces de dónde saldrían nuestras acciones (de esto si hablas ) sino de   nuestro enfrentamiento con ellas? Ellas en tanto que reales son las que  nos muestran el sentido de cómo quieren  ser tratadas (es lo que antes decía, nos van dando  la razón)  de manera que   el acontecer de la realidad  no se pierde nunca,   sigue a través de ellas  dando sentido   al mundo y a la vida…  Un abrazo!

  • José Thompson

    Me quedo con “Lo importante en el ser humano no es el tiempo (solución contínua, monótona y síncrona de instantes inertes), es el acontecimiento, pues hubo un tiempo en el que el tiempo no existía, solo contaban los acontecimientos y ellos eran el referente de la experiencia de vida del ser humano de aquel tiempo. Esa sí que era la verdadera medida del transcurrir de la vida, reflejando en la propia historia de la vida un tiempo que era testimonio de vida y no un tiempo inerte, monótono y síncrono, sin-crono-logia, sin palabra”. Y sí “Por ello el sentido de la vida ya “Aconteció” en la propia historia del ser humano, pues: “La luz vino al mundo, pero el mundo no la reconoció”, pero hay esperanza de que sí la reconozca, no ….

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