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Una espiritualidad cósmica para el siglo XXI

Nuevo libro de François Euvé sobre Teilhard.
Por LEANDRO SEQUEIROS, Presidente de la Asociación de Amigos de Teilhard

            La Asociación de Amigos de Pierre Teilhard de Chardin fue creada en España en 2013. En los años 60 del siglo pasado hubo intentos de creación de esta Asociación en Madrid y en Sabadell sin llegar a materializarse. Desde su fundación, y bajo la presidencia del profesor Emiliano Aguirre (Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica en 1998, fallecido en 2021) se ha impulsado la publicación de varios libros de Teilhard:  Cartas a Édouard Le Roy (1921-1946). La maduración de un pensamiento, Trotta, Madrid 2011; La Vida cósmica. Escritos del tiempo de la guerra, 1916-1917, Trotta, Madrid 2017; La gran Mónada. Escritos del tiempo de la guerra, 1918-1919, Trotta, Madrid 2018.

Han visto la luz dos volúmenes con textos de Teilhard en los que se resalta su espiritualidad: los del profesor Agustín Udías, La presencia de Cristo en el mundo: las oraciones de Pierre Teilhard de Chardin. Sal Terrae, Santander 2017, y Los Ejercicios Espirituales con Teilhard de Chardin, Mensajero – Sal Terrae – Universidad Pontificia Comillas, Bilbao – Santander – Madrid 2022.

Y también se han traducido y publicado cuatro trabajos de interés sobre espiritualidad: King, Thomas M., La Misa de Teilhard. Una aproximación a «La Misa sobre el Mundo», Sal Terrae, Santander 2022;  y King, Úrsula, Cristo en todas las cosas. Explorando la espiritualidad con Pierre Teilhard de Chardin, Sal Terrae, Santander 2021).

A estos añadimos el que ahora comentamos:  François Euvé sj. Por una espiritualidad del cosmos. Descubrir a Pierre Teilhard de Chardin. Grupo Editorial Loyola, Sal Terrae, Santander, 2023, Colección: El Pozo de Siquén, número 463, 191 páginas. Formato: 15,0 x 22,0. ISBN: 978-84-293-3101-1 (Trad. Española de Fernando Montesinos Pons. Presentación a la edición española de J.V. F. de la Gala)

En ATRIO hemos publicado bastantes cosas sobre Pierre Teilhard de Chardin:

* * *

El jesuita Pierre Teilhard de Chardin (1881-1955) está reconocido mundialmente como científico, geólogo y paleontólogo. Ejerció esta profesión hasta el final de su vida, sobre todo en China, aunque también en África.

Pero en los ambientes espirituales es más leído por el éxito de su obra filosófica, teológica y espiritual, aunque no debe hacernos olvidar la calidad de sus trabajos científicos.

Teilhard defendía que la esencia de la vida humana no consiste en estar mejor, sino en ser más, en superarse superando las apariencias del mundo. La investigación es una búsqueda indefinida, animada por la convicción profunda, «mística», de que hay una «realidad» que se oculta detrás del envoltorio de las cosas. El investigador no se contenta con lo que las cosas son; desea conocer sus causas últimas. «La tendencia esencial de nuestro pensamiento es intentar penetrar en el corazón del Mundo»[1].

A decir verdad, lo que le interesa a Teilhard es menos la persona individual que la humanidad en su conjunto, la «Noosfera», el envoltorio pensante de la Tierra. Esta intuición le vino de la experiencia de la guerra, del espectáculo de las gigantescas masas humanas en movimiento (el «millón de hombres»). Teilhard se quedó fascinado por las grandes masas cuando realizan una tarea común. Con todo, es consciente del peligro «fusional» de nivelación mecánica que las amenaza. A diferencia de las combinaciones químicas, el valor de los grupos humanos está en proporción a las relaciones que mantienen los individuos que los componen. Aquí se impone la noción de Complejidad. Ya está presente en el mundo vivo, pero, con la emergencia de la humanidad, se ha franqueado un umbral, el «paso de la reflexión».

En la Introducción de este volumen, el jesuita François Euvé, Director de la revista Études, y profesor de Física y de Teología, parte de una mirada contemplativa a nuestro mundo. Para Euvé “el estado en que se encuentra el planeta es inquietante. Ciertas alteraciones parecen irremediables. Los expertos anticipan grandes conmociones y hablan de posibles catástrofes en un plazo más o menos largo cuyas consecuencias deberían afectar al conjunto del globo. Estamos cayendo en la cuenta de que el destino de la humanidad está cada vez más estrechamente ligado al de la Tierra que le sirve de soporte, de la que ha salido y a la que contribuye a transformar en profundidad, por lo menos desde el comienzo de la Revolución Industrial del siglo XVIII”.

Leer a Teilhard no es descubrir un sistema del mundo, iniciarse en una cosmología nueva, adquirir ideas originales, es más bien un «gusto por vivir», una poderosa esperanza. Cuando el ascenso del mundo hacia el punto «Omega» le parecía «irresistible» no era algo que dependiera de un optimismo fácil, de una especie de voluntarismo superficial, que ignora los dramas a los que se enfrenta la humanidad.

El pensamiento de Teilhard está orientado hacia el futuro. Tras haber vivido desde dentro el primer conflicto mundial, conoció la violencia que anida en la humanidad. Como buen evolucionista, sabía también que la naturaleza no es ese «remanso de paz» en el que podría soñar la sufrida humanidad. Su estudio del pasado le mostró que no se encontraba en él la referencia perdida que sería preciso encontrar a toda costa. Toda su reflexión está habitada, aunque no siempre sea de una manera explícita, por la cuestión de la salvación, la de la humanidad, pero también la del universo en su conjunto, al que la humanidad se encuentra tan íntimamente ligada.

¿Cómo alimentar la esperanza de una salvación cuando se vuelve más palpable la inquietud? Teilhard no da a esta cuestión una respuesta inmediata, unívoca o fácilmente operatoria. Pero forma parte de esos pensadores cuya ambiciosa reflexión es susceptible de iluminar nuestro camino.

Puede hacerlo porque alimenta un gran relato movilizador. Nuestra época atraviesa una crisis de sentido porque no sabemos cómo narrarla. La «posmodernidad» rechaza las grandes narrativas del pasado porque gestaron catástrofes. El gran relato del progreso técnico tal vez sea el último en desaparecer. Con todo, no podemos quedarnos ahí. ¿Cómo vamos a movilizar su acción sin un gran relato? A pesar de sus límites, el gran relato teilhardiano sigue siendo inspirador y nos urge a recuperar ese «gusto por vivir» que es precisamente lo que lo anima.

Y concluye el autor François Euvé con estas palabras: Para Teilhard, el cristianismo aporta una esperanza. La afirmación bíblica de la bondad de la creación y la fe en la acción providencial de Dios dicen que el mal no saldrá vencedor al final y que actuar en un mundo así tiene sentido. Eso nos libera de cierta fascinación que podemos experimentar por la desgracia, de la complacencia que podemos alimentar por la catástrofe. Una fe así no garantiza por adelantado el éxito de toda acción emprendida. El fracaso sigue siendo siempre posible, pues el fin de la historia no es la conclusión de un proceso lineal. La historia se consuma más allá de ella misma.

La esperanza tiene su apoyo en el futuro. Está sostenida «hacia adelante», más allá de las apariencias. El «punto Omega» no es el término de una serie. Sigue siendo su horizonte, pero trasciende a sus componentes. En virtud de ello, escapa a la contingencia de la historia. Sin embargo, este horizonte se ha hecho presente para manifestar que el objetivo al que se apunta no es una construcción imaginaria. El acontecimiento crístico es una anticipación del final esperado.

El «optimismo» teilhardiano no es un optimismo barato. Teilhard es demasiado consciente de las amenazas que se ciernen sobre la humanidad. La esperanza no disipa las nubes que se acumulan en el horizonte. A ojos humanos, nada garantiza que las pruebas futuras puedan ser superadas, especialmente porque el paroxismo de la crisis todavía está, sin duda, por llegar. Teilhard es testigo del temor que invade a sus contemporáneos frente a un futuro incierto, de las tentaciones de evasión «espiritual», de refugio en un «trasmundo» o simplemente de renunciar a la acción. Considera que es posible encontrar una salida e intenta mostrar por qué.

Estas tentaciones siguen siendo todavía las nuestras y por eso su entusiasmo nos resulta tan valioso. La complejidad de la situación presente podría invitarnos a bajar los brazos y a soñar con otro mundo distinto. La voz de Teilhard no es la única que nos llama a superar estas tentaciones. Algunos se mostrarán sensibles a ella y otros no tanto. Pero sería una lástima no oírla.

[1] «Science et Christ», Oeuvres IX, 48 (trad. esp.: Ciencia y Cristo, Taurus, Madrid 1958, Ensayistas de Hoy, nº 54).

28 comentarios

  • Santiago

    La inmanencia y omnipotencia divina no impiden nuestra actitud relacional con Dios. El es relación en sí mismo, en esencia, y como nosotros no fuimos creadores de nuestra propia existencia, sino que recibimos el ser, existe una relación de dependencia constante con el autor de la Creación…razón que nos fue transmitida junto con nuestra existencia porque también nosotros podemos razonar, decidir, amar y sufrir..

    Pero la inteligibilidad o sea la naturaleza de las cosas, el por qué, el qué y el como- estarían lejos de mi y no podría siquiera reconocerlos…si está infinita inteligibilidad trascendente no estuviera presente en nosotros.

    Mi curiosidad estaría limitada por lo puramente biologico sin poder pensar en trascender, no podría desear entender, ni mucho menos desear lo infinito y sólo nos limitaríamos a lo concreto.

    Por eso, es sólo la esencia divina la que me da la capacidad de penetrar la realidad sobrenatural y trascender, y sin ella sólo nos limitaríamos a lo concreto, sin llegar a la abstracción y nunca podríamos ni siquiera aspirar a lo infinito. Hemos recibido la libertad y con ella el poder razonar y decidir.

    Un saludo cordial

    Santiago Hernández

  • Isidoro García

    Muchos humanos tenemos sed de trascendencia, una especie de inquietud por salir de un materialismo miope que solo ve lo que tiene a un metro de distancia, y que genera mucha perplejidad y ansiedad. Nos gusta mirar a “las estrellas”. Y para eso se inventó la religión.

    La religión consiste en la relación entre el ser humano y “Dios”. Pero cuando se pretende superar una concepción de “Dios”, un poco mas elaborada que la simple infantil, del Dios-Padre amoroso, (que ya fue la gran superación cristiana del Dios-Terrible), pensamos que quizás sería más adecuado enfocar nuestra mirada hacia el Universo, que es algo mas concreto, y no dejaría de ser “la huella de Dios”.

    Pero “Dios” es incomprensible e inmanejable por el ser humano. Y no damos de sí para tanto. Y por eso hablamos de “Dios” metafóricamente. Nunca deberíamos decir “Dios es…”, sino “Dios es como si…”. (Y al Universo, como acción de “Dios” le sucede lo mismo).

    Y fijando nuestro punto de referencia en el Universo, intentamos descubrir una nueva “espiritualidad cósmica”, que sería un intento de traducir, y reinterpretar, la relación humano/Dios Padre, (que predicó el Jesús de su época, y en su época), y que nos ha servido hasta recientemente, mientras aún teníamos una cosmovisión “terráquea”.

    Y Teilhard, fue un gran avanzado en ese intento. Pero como todos los grandes exploradores de tierras vírgenes, Teilhard, hombre de su tiempo, inició un largo camino, en el que fué “adelantado”, y precursor. Pero queda aún mucho camino por andar.

     

    Pero los tiempos actuales, con la física cuántica con todas sus “indeterminaciones” e inseguridades, nos hacen tambalear un intento de basar nuestra espiritualidad en algo firme.

    ¿Cómo vamos a comprender nuestra situación dentro del Universo, si no sabemos realmente qué es el Universo, ni que somos nosotros?.

    Porque no olvidemos que lo de la indeterminación del Universo, rige también para nosotros, componentes suyos, y si el Universo, fuera un gigantesco programa informático, y solo eso, nosotros seríamos exactamente lo mismo.

     

    Hoy mismo en El Confidencial, hay un artículo de Ada Nuño, “La nueva cueva de Platón: ¿por qué tanta gente cree que vivimos en Matrix?”, en el que se plantea la hipótesis alternativa de que vivamos en una realidad virtual informática, tipo Matrix, en la que solo se desarrolla en detalle, aquello que observamos directamente, (“renderización”), permaneciendo mientras tanto desarrollado en forma mucho mas sencilla y latente.

    Las únicas partes de la simulación que necesitan “existir” son las que se perciben, y puede que no haya absolutamente nada dentro de una caja, hasta que la abras.

    Esto explicaría lo que nos dice la mecánica cuántica de que la naturaleza del mundo solo puede ser visible cuando se observa.

    John Wheeler, uno de los gigantes de la física del siglo XX que trabajó en Princeton, ideó una de sus famosas frases para reflejar la realidad: ‘It from bit’.

            Wheeler afirmó que lo único que se puede encontrar cuando abres todas las muñecas rusas anidadas que componen la materia es una serie de respuestas a preguntas de sí o no.  Los llamados ‘bits’ en informática.

          ‘It from bit’ significa que cualquier cosa que parezca un objeto físico es en realidad una serie de bits de información y no es físico en absoluto. 

              Este fenómeno se denomina ‘efecto del observador’, o principio de incertidumbre de Heisenberg, y nadie ha sido capaz de explicar qué significa”, dice Ada Nuño.

     

    Entonces, ¿cómo podemos practicar una espiritualidad cósmica, si no sabemos ni lo que es el Cosmos en realidad, y ni siquiera, si nosotros somos un algoritmo informático nada más?. Esa es la realidad profunda. Pero nosotros no tenemos que saberlo todo, solo tenemos que ser felices.

    Aquí, tenemos que tener claro la finalidad de la espiritualidad. La espiritualidad, no solo es un instrumento de conocimiento, (aunque también lo es), sino sobre todo, es un instrumento de autorrealización humana, de alcanzar la tan soñada y siempre lejana felicidad.

    Una felicidad, que nos viene como recompensa natural y automática, solo si respetamos las leyes del Universo, si fluimos en su dirección.

    El ser humano, como todos los demás componentes del Universo, solo tenemos un objetivo: ser lo que somos. Lo que nuestra naturaleza, nos ha designado. ¡Solo eso!. Y lo demás, no es de nuestro negociado.

     

    En esta situación tan kafkiana, es cuando se hace imprescindible la espiritualidad. Porque lo que queda claro, con la física cuántica y demás, es con la razón solo, no vamos a ninguna parte. Es tal el lío cognitivo que nos ocasiona, que es normal, que luego vayamos por la vida, tomando decisiones erróneas e inconvenientes, y dando tumbos por la vida, alienados, asolados por la ansiedad, y por toda clase de sufrimientos psíquicos.

    La razón no nos puede guiar en un Universo, que sabemos incognoscible y fuera de nuestro acceso cognitivo. Igual que los barcos necesitan contratar a un “práctico”, un experto para maniobrar en puertos, canales y sitios peligrosos, nos pasa a nosotros para maniobrar por el Universo.

    Necesitamos al “espíritu”, que es el algoritmo neuronal autónomo, que llevamos todos en nuestra mente – “alma”, y que con su catálogo de imágenes primordiales, que son un catecismo reducido de la sabiduría del Universo, (el gran “Espíritu”), nos sabe guiar para seguir el curso correcto.

    La razón, solo sirve, y no es poco, para ilustrar y comprender mejor la guía del “espíritu”. Nuestro buen discernimiento, es la suma polinómica de la guía perspectival y “perenne” del “espíritu, más nuestra sabiduría cultural, manejada por la razón.

    El “espíritu”, nos guía igual en todas las cosmovisiones que podamos tener, (tanto con las más sencillas, como las más sofisticadas), pero cuanto más conocimiento, y menos supersticiones tengamos, menos errores de interpretación tendremos, y más fácil será que el agua que bebamos para aplacar la sed, sea lo más limpia posible.

    Por eso la espiritualidad cósmica, no es más que un nombre para la única “espiritualidad” que hay, pero no es la única, y no es ni siquiera imprescindible. Lo único imprescindible es escuchar, e interpretar bien la voz del “espíritu”.

  • mariano alvarez

    Querido Leandro en mi respuesta no cito para nada al individuo, palabra carente de realidad humana. No existe la persona individuo, porque la persona es realidad relacional ya desde sus propias entrañas, desde su estado primordial, esa relacion es consustancial a su realidad personal, relación con Quien le da el ser, ser persona es ser imagen de su creador.
    Para mí no cabe decir que Teilhard piensa que la humanidad (como conjunto) supera al individuo”. Mal negocio hacemos si confundimos ambos vocablos.
    Esta relación, además le da a toda persona singular, concreta, única e irrepetible una dimensión cósmica y universal que trasciende la contingencia de su existir temporal e histórico concreto, en forma de una esperanza escatológica que opera dentro del tiempo de cada persona. La vivencia de esta esperanza no es una mera expectación de un futuro evolutivo sino de un futro plenificador universal. Aquí la persona creyente lejos de poner su confianza en sus propios recursos, alimenta su presente con la certidumbre de su fidelidad divina. Esa espiritualidad cósmica que cita Teilhard ya tiene lugar en este presente de cada creyente, a diferencia de la fe en la ciencia, la fe en el progreso en un tiempo evolutivo que no se puede despegar del tiempo. No es una fe escatológica. El objeto de la esperanza del creyente no puede ser fabricado por ninguna ciencia, la única esperanza auténtica es la que se dirige a algo independiente de nuestras facultades.
    En conclusión, El único modo en el que el creyente puede dar razón de su esperanza es verificándola en la historia, en su historia concreta singular e irrepetible, haciéndola veraz, operando activamente en su presente. Así es como el futuro escatológico actúa en el presente. La esperanza del creyente es esperanza viva, activa a más no poder en la que éste se esfuerza en la construcción del mundo escatológico completamente liberado de la esclavitud del tiempo y de todo progreso evolutivo hacia ninguna parte.
    La escatología no se evade del presente, puesto que se ocupa de darle sentido a todo presente ayudándonos a comprenderlo y vivirlo responsablemente. El futuro escatológico está así impregnando y preñando al presente. La persona no es un ser en el sentido evolutivo de dicha palabra, es u ser en devenir. En llegar a ser lo que debe ser y para lo que ha sido creada…El fin del mundo anunciado escatológicamente nada tiene que ver con la cosmología….
    En resumen: La escatología cristiana posee la certidumbre de esa consumación universal de la que tan bellamente nos habla Teilhard y que no será completada por nuestras capacidades y menos las científicas. La consumación de esta esperanza que alcanzará a todas las dimensiones de lo humano, a todos los límites de lo creado, a fin de dar cumplimiento lo ya anunciado en las Escrituras “Dios será todo en todas las cosas”. Esta consumación está bajo la acción de su Creador. Cristo mismo es el principio hermenéutico de toda afirmación escatológica. “Fuera de él todo es adivinación y apocalipticismo”. K. Rahner….
    Todo esto y mucho más mi querido Leandro, tú lo sabes mucho mejor que yo….
     

  • LEANDRO SEQUEIROS SAN ROMÁN

    dice Maria Luisa: “Como se sabe en la historia de la filosofía,  el problema de la conciliación  entre ciencia y fe ha sido  considerado desde modelos     varios y, por tanto, en diferentes puntos de vista:  El Modelo de fusión  ha sido el propio de   Teilhard de Chardin, pero ha habido otros como el modelo de conflicto entre ciencia y religión,  el de no solapamiento y el de complementariedad. Todos ellos teóricos, lógico y conceptivos. Se parte  de dos teorías que han ido por separado, la ciencia y la religión  y se ha buscado  la manera de unirlas lógicamente, de unificarlas en lugar de mirar de hallar su previa unidad física”.  Yo no hablo de modelo de fusión, sino de integración. Desde la perspectiva de la interdisciplinariedad, no se trata de fundir saberes y experiencias humanas, sino de INTEGRARLAS en un modelo más extenso.. Se trata de “extender la mente” https://www.bubok.es/libros/271931/PIERRE-TEILHARD-DE-CHARDIN-Y-LA-PLANETIZACION-Anticiparse-a-la-mente-extendida 

    • M. Luisa

      Muchas gracias Leandro por esta observación. Pero al hablar del modelo de fusión me estaba refiriendo al filosófico, al que Teilhard eligió para su investigación. La función integradora se la asigno  al cerebro,  aunque podría ser que en la actualidad   le estuviesen asignadas otras funciones operativas. Por ejemplo, no la de integrar información, sino la de formalizar contenidos.

      Un cordial saludo

  • Isidoro García

    Respecto al tema general de la necesidad o no de una nueva espiritualidad, (sea cósmica o sea como sea), en el siglo XXI, quisiera señalar, que no es asunto de capricho personal, o por mor del cambio de siglo o milenio, (y el que haya coincidido con el inicio de un nuevo milenio, es pura casualidad),

    Soy consciente, de que en todo momento de la historia, sus pobladores han pensado que vivían en unos momentos históricos y cruciales. A todos nos gustaría vivir momentos importantes, y no anodinos.

    Pero la historia, en contra de lo que piensan muchos, no es casual, sino que está determinada por el devenir de la Ciencia y la tecnología.

    Y en este momento concreto en que nos encontramos, se está dando tal secuencia de acontecimientos históricos en nuestro planeta, que marca hacia un futuro que hay que considerar.

    Yo comprendo que muchas personas inteligentes y bienintencionadas, que han dado su aquiescencia a planteamientos antropológicos y religiosos tradicionales de hace milenios, sientan que estos nuevos enfoques, les hace moverse el suelo debajo de sus pies.

    El asunto, no es una cuestión de nuevas modas, de que “Nuevo siglo – nueva espiritualidad”, como el que estrena camisa nueva, es que los nuevos tiempos, ya no van a ser nunca lo que fueron hasta ahora, sino otra cosa muy distinta, y que no sabemos exactamente en qué consistirá, lo único que sabemos es que no será en absoluto como antes.

    El mundo se ha convertido en un lugar cada vez más complejo, de manera que todas nuestras instituciones, premisas básicas, cimientos, organismos y métodos de actuación, no son capaces de mantener el paso. Muchos de nuestros patrones de conducta con los que funcionamos, se crearon para un mundo que está muriendo y pronto no existirá.

    Nos despertamos por la mañana, y lo primero que leemos en los periódicos, es una catarata de novedades en todo, con sus grandes ventajas, pero también con sus grandes amenazas que hay que afrontar. Todas esas novedades nos van modificando poco a poco la cosmovisión, y de esta proviene nuestra escala elegida de valores.

    Se mueve tanto el suelo a nuestros pies, que es imposible permanecer fijados a un “centro de gravedad permanente”, y eso nos tiene dislocados, y alienados, y no sabemos si abrir mucho más los ojos, e informarnos de todo con detalle, con lo que nos agobiamos, o cerrarlos, y hacer como que no pasa nada. Estamos perplejos.

    Por eso, toda esta situación influye necesariamente, en nuestros conceptos religiosos. Y como muy bien dice George, es fundamental un replanteamiento del concepto de “revelación”, como un acercamiento a la Realidad, desde nuestra cosmovisión personal.

    La revelación siempre es cultural, por naturaleza. Y si cambia la cultura, cambia la interpretación de dicha revelación, y hasta la reconsideración de su realidad.

    Y si la cosmovisión varía, hay que replantearse todo de nuevo,… o sencillamente cerrar los ojos, y dejarse morir, y dejarles el problema a los de la generación siguiente.

     

    No es afán de novedades y de cambios perpetuos, sino una búsqueda angustiada de una coherencia interna, lo que mueve a muchos a repensar el teísmo y pasarse al no-teísmo, y a reconsiderar la teología positiva, hacia una teología negativa, “con una concepción de la fe como tiniebla, como obscuridad que genera luz, el “rayo de tiniebla” de Dionisio. Una fe en la que no se puede decir nada de Dios, ni siquiera que existe. 

            Una fe como “noche”, que produce una purificación radical, una purificación de toda ocultación y enmascaramiento de la realidad, incluyendo la ocultación y el enmascaramiento de la revelación de lo divino, que puede acontecer en la religión misma, hasta llegar al ateísmo y la incredulidad, como decía Simone Weil”, (Rosa Rossi, sobre San Juan de la Cruz).

    Habrá quien diga, que son ganas de complicarse la vida: Se hace uno ateo y sanseacabó. Pero es que muchos siguen sintiendo la constante acción del “espíritu”, que produce una sed de trascendencia, que ya no se sacia con la religión que bastó a nuestros padres.

    Para bien o para mal, somos hijos de nuestro tiempo, y no podemos evadirnos de él. Y necesitamos continuar el esfuerzo de actualización de un “mensaje” recibido tradicionalmente, mediante la adición de la guía del “espíritu” personal. Por eso estamos en la era del “Espíritu”.

  • M. Luisa

    Como se sabe en la historia de la filosofía,  el problema de la conciliación  entre ciencia y fe ha sido  considerado desde modelos     varios y, por tanto, en diferentes puntos de vista:  El Modelo de fusión  ha sido el propio de   Teilhard de Chardin, pero ha habido otros como el modelo de conflicto entre ciencia y religión,  el de no solapamiento y el de complementariedad. Todos ellos teóricos, lógico y conceptivos. Se parte  de dos teorías que han ido por separado, la ciencia y la religión  y se ha buscado  la manera de unirlas lógicamente, de unificarlas en lugar de mirar de hallar su previa unidad física.

     

    Para dar comienzo a mi reflexión selecciono este párrafo del artículo: Teilhard defendía que la esencia de la vida humana no consiste en estar mejor, sino en ser más, en superarse superando las apariencias del mundo. La investigación es una búsqueda indefinida, animada por la convicción profunda, «mística», de que hay una «realidad» que se oculta detrás del envoltorio de las cosas. El investigador no se contenta con lo que las cosas son; desea conocer sus causas últimas. «La tendencia esencial de nuestro pensamiento es intentar penetrar en el corazón del Mundo»

     

    De todo ello se deduce que si los humanos  no estuviéramos   entre cosas, no podríamos hablar de realidad. Pero en mi reflexión, a diferencia   de considerar a la realidad  como se lee en el párrafo que he seleccionado, habría que considerarla  no como que  se nos oculta detrás de las cosas (misteriosamente) sino considerándola  a partir de  cómo en ellas  se nos muestra. Es decir, haciéndolas aparecer (las cosas)  frente a nosotros  como de suyo reales y, por tanto, no misteriosamente  sino problemáticamente. Constituyendo así el sentido de la búsqueda, de la investigación, el momento en el que la razón se pone en marcha porque precisamente es sentiente no dogmática. Y en este sentido, de alguna manera, es a lo que nos lleva a entender  luego la defensa  que  en Teilhard se decubre.  Según la cual en el mismo párrafo nos dice  que  la esencia de la vida humana no consiste en estar mejor (realidad estante, realidad en la que se está)  sino en  atender a su momento instante,  aquel que nos insta a ser, a ser más y mejores.

     

    Le tengo a  Teilhar de Chardin un gran respeto, sin embargo, considero que existe en la actualidad  herramientas filosóficas más  idóneas para adentrarnos  en los confines del Universo.

     

    • Isidoro García

      ¿Y por qué no nos explicas brevemente esas herramientas filosóficas, o nos pones en alguna dirección que las explique?.

      • M. Luisa

        Dudaba, Isidoro, si responder a tu manera tan áspera de preguntar, sin embargo, no es ese solo el motivo de mi duda, sino también tu acostumbrado pasar de largo respecto a mí   cuando a ti a veces te he dirigido algún comentario.  Precisamente si en ellos no se pueden hacer largas explicaciones, es por lo que, quien los emite, espera ampliarlas    cuando lo condensado en el comentario el receptor, en este caso tú, me suscitases y solicitaras alguna aclaración que con gusto te la hubiera dado. Y esto contigo no ha sucedido nunca.  Así que si te interesa que te responda (empleando tu mismo tono) habrás de responder primero a mi pregunta ¿Cuándo tantas veces, metiéndola aquí y allá, hablas de “la realidad” cómo la concibes, separada de la mente o no?

  • Santiago

    Es el punto Omega lo que más importa como dice el autor porque no es el “término de una serie” sino éste implica la esperanza en el futuro, “es el horizonte” trascendente que escapa a la contingencia de la historia. Jesus se transforma en esperanza de salvación eterna.

    El es el Cristo cósmico,  atemporal y universal, por El que se hizo todo y para que El sea “todo en todo”. Y el único camino hacia el Amor del Padre. La única esperanza actual ante los retos y las tribulaciones de las graves crisis del mundo y que el mundo parece olvidar.

    Un saludo cordial

    Santiago Hernández

  • George R Porta

    Quizás se trate de un condicionamiento, pero me cuesta no atender a la intencionalidad (es decir, al propósito interior de la conducta que parece venir de ella (sea esta verbal o no), mía propia o ajena, de la que su sujeto (incluyéndome, desde luego) nunca pueda estar del todo consciente. Sobre todo, consciente de la pujanza para orientarle hacia la «Otredad,» que intuimos, pero a que solo intuimos excepto en la medida que el amor nos la haga sentir y la sana modestia no trate de ocultar.
    Atribuir un valor profético al sentir poético de Francisco expresado en su oración de alabanza u otras conductas, no me parece válido excepto en el reino de la imaginación. Quizás al hacerlo estemos elevando la voz en defensa de algo que nosotros mismos «sentimos» o reconocemos trascendente, pero amenazado por el utilitarismo de lo comercial-económico que prevalece, o por nuestro narcisismo primario.
    Por otro lado, me parece acertado hablar de profecía cuando tenemos alguna consciencia de la trascendencia trágica y al tiempo prometedora de la tradición ecológica que nos recibe y que, hace siglos, subsumió al Poverello. La misma tradición progresiva que lo subsumió y nos lo trajo a pesar del polvo del tiempo.
     
    Quizás debamos revisar la noción de «revelación» para poder satisfacer mejor nuestra deuda de gratitud con una humanidad que ha sido mayormente dócil, en su Historia, al dinamismo que le imprime sentirse (o reconocerse) sagrario que alberga la energía inagotable y a la que no debiéramos atribuirle ni nombre ni imagen.

  • mariano alvarez

    “A decir verdad, lo que le interesa a Teilhard es menos la persona individual que la humanidad en su conjunto, la «Noosfera», el envoltorio pensante de la Tierra”
    En este párrafo subyace en mi opinión la discrepancia entre dos cosmovisiones de la realidad humana, que en última instancia se sustancia en un intento de suavizar la contraposición entre creación y evolución y en definitiva entre fe y ciencia.
    El primer artículo del Credo se refiere precisamente a la fe en Dios creador del cielo y la tierra, resultando evidente que no se puede plantear la cuestión de Dios aparte de la cuestión del mundo, como así mismo la cuestión del hombre y del mundo tampoco.
    Probablemente, nadie haya aportado más que el P. Teilhard de Chardin para suavizar esta contraposición entre ambas cosmovisiones, a través de un lúcido ensayo suyo sobre la conciliación entre ciencia y fe, y además fuera de toda interpretación concordista, a la vez que hace una vigorosa reivindicación de la dimensión cristológica de toda la realidad creada, reconociendo en el Cristo-Omega la clave del sentido del mundo y por ende de todo proceso evolutivo.
    Sin embargo, a partir de aquí cedo la palabra a otro gran teólogo que en mi experiencia existencial me llevó a una comprensión más personal y menos cósmica y espiritual, pero más englobante de ambas, Me refiero a J.L. Ruiz de la Peña al que estoy seguro conocerás incluso mucho más que yo. Ya en un anterior comentario a otro artículo tuyo publicado aquí en Atrio bajo el título: “Transhumanismo o Planetización” del 6/11/2022, que estoy seguro recordarás y al que me remito para evitar ahora su repetición.
    Por otra parte, y desde mi planteamiento racional y existencial desde una cosmovisión personalista (centrada en Cristo) de la realidad humana como imagen del Dios Persona, que se revela en la historia, que se encarna para mostrarse como prototipo de su creación ante la cual el hombre libremente pueda reconocerse o no en él; me resulta algo extraño una cosmovisión espiritual cósmica y, es más, adecuada al hombre del siglo XXI. Es decir, a un contexto temporal y condicionando toda espiritualidad a la contingencia del tiempo.
    Creo personalmente que esta espiritualidad no apunta de forma directa a un fin escatológico, un fin que trasciende a toda temporalidad, no obviándola, sí envolviéndola, en una unidad de sentido de principio a fin. Sentido por tanto desligado de ese proceso evolutivo en que la inmanencia determina de forma implícita su destino. Lo escatológico opera en lo metahistórico – no sujeto a una experimentación empírica propia de todo dinamismo evolutivo ordenando lo múltiple y caótico en lo armónico y universal-.
    Así, que nos tengamos que hacer al menos estas dos preguntas: ¿Qué relación existe entre las ultimidades de la persona singular, concreta, única e irrepetible y el fin de la historia humana? ¿Cómo coordinar la escatología individual y la colectiva, de forma que ninguna de ellas sea sacrificada en pos de la otra?
    El objeto de la esperanza no puede ser fabricado por el propio sujeto de la historia ni por las propias fuerzas inmanentes de ésta. ¿Cómo va a tener esperanza en el futuro el hombre que no sabe de donde viene?. La única esperanza auténtica es la que se dirige hacia algo independiente de nosotros.
    Y aquí es desde donde quiero entender el sentido que se remarca en éste punto de éste  artículo: “La esperanza tiene su apoyo en el futuro. Está sostenida «hacia adelante», más allá de las apariencias. El «punto Omega» no es el término de una serie. Sigue siendo su horizonte, pero trasciende a sus componentes. En virtud de ello, escapa a la contingencia de la historia. Sin embargo, este horizonte se ha hecho presente para manifestar que el objetivo al que se apunta no es una construcción imaginaria. El acontecimiento crístico es una anticipación del final esperado”.
    Así pues, el fin del mundo al que alude Jesús nada tiene que ver con una cosmología envuelta en una dinámica evolutiva en proceso ascendente y ordenante de la multiplicidad. La dinámica del mundo de la persona se realiza entre dos polos, el de la creación y el de la salvación. La trascendencia teológica de la dimensión cósmica de Cristo es donde todo toman consistencia. La realidad de Cristo abarca en sí la realidad del mundo. Él tiene en sus manos el sentido y el destino del mundo.
    Cristo hace efectivo el sueño de “la reconciliación de todas las cosas, las de la tierra y las del cielo” (Col.1,20). Y aquí es donde encajo y me identifico con la experiencia mística de Teilhard y con su misa sobre el mundo. Como experiencia mística pero no más allá.

  • Isidoro García

    Totalmente de acuerdo con Leandro y con Juan Antonio. La espiritualidad franciscana, para mí, supone redescubrir el Cosmos, a través de la Belleza de la armonía con el Cosmos, y a través de la Bondad, que ambas, junto con el amor por el Conocimiento, son las tres grandes patas, en que se manifiesta la espiritualidad, en el humano.

    Serían los tres grandes frutos del Espíritu del Universo, que se manifiestan en nosotros a través del “espíritu” personal. Se podría decir que es la triada instintiva que aflora en el humano, cuando entra en contacto con su “espíritu”, se crea o no se crea en Dios, o se sea o no sea religioso.

    Porque la “espiritualidad”, y su práctica, el “misticismo”, no es ninguna fuente de experiencias extáticas, ni emocionales, (aunque también puedan acontecer estas últimas), sino sobre todo es una guía de perplejos, una manual de sabiduría, de saber que es la Realidad, en la que vivimos, nos movemos y existimos, (como dijo un poeta griego), para obtener la felicidad humana tan soñada, que no se consigue más que si fluimos con el Universo del que formamos parte.

    Por eso como dice Leandro, tiene mucho de materialismo dialéctico, pues este, (según creo), consiste en una lógica compleja y coherente, de discernimiento y comportamiento para saber discurrir por la compleja vida humana.

    Aunque yo creo que la diferencia con el materialismo dialéctico clásico, es que este por materialista reduccionista, solo reconoce la capacidad de la razón, y aunque como todo el mundo, recibe las intuiciones sabias, influencias del “espíritu”, (aunque no lo conozca, ni reconozca), procedentes de las “imágenes primordiales” que todos llevamos dentro.

    Pero esas intuiciones sabias, al desconocer la maravilla de donde proceden, y su altísima autoridad, (nada menos que del “gran Algoritmo-Inteligencia del Universo- Santo Espíritu”), son muchas veces despreciadas y descartadas por una razón, que valora sobre todo, la cultura adquirida y la mas en boga en cada momento.

    Por eso debe ser sustituído por un materialismo dialéctico “espiritual”, (que aunque suene a contradicción, no lo es), pues se trata del intrínseco materialismo del Universo, cuyo orden y evolución está dirigido y mantenido por una gran Inteligencia, y que en el caso concreto de nuestra vida personal, nos “ilumina” mediante nuestra conexión personal = el “espíritu personal”.

    Un materialismo complejo y emergente, debe comprender las relaciones inteligentes entre los elementos que integran el sistema. El fenómeno de la “emergencia”, es por sí mismo, algo “paranormal”, algo “mágico”, algo que denota que detrás hay un orden, una dirección, una Inteligencia de grado supremo, algo inconcebible por nosotros, o “divino”.

    Y aunque Jung, no conoció la “emergencia”, ya explicaba asombrado, que los fenómenos procedentes del “espíritu personal”, tenían cualidades “psicoides”, que iban mucho mas allá de lo psíquico.

    Y así, su descripción de las “sincronicidades”, la posible telepatía, los efectos placebos y de sanaciones psíquicas en el cuerpo, y en general el poder de la mente en la materia, etc. todos ellos son “maravillas”, que tienen que ver con el ”espíritu” personal.

    Jung, asépticamente, solo hablaba de Inconsciente colectivo, y de arquetipos e imágenes primordiales, pero quizás todos esos fenómenos “psicoides”, se produzcan cuando algunos, al través del “espíritu” personal, puedan conectar con el gran Espíritu del Universo, y mas concretamente, con la Gran Conciencia Cósmica, que quizás es algo muy real, y uno de los tres grandes componentes dl Universo.

    Esta Gran Conciencia Cósmica, (también conocida como “Mundo espiritual”, “Comunión de los Santos”, “Cuerpo místico de Cristo”, la “noosfera universal”, o los “mundos akásicos”, o el “Cielo” de las catequesis infantiles), es uno de las tres maravillosas creaciones-componentes del Universo; junto con la maravilla de las Galaxias, del Mundo inanimado; y la del mundo de la Vida biológica, (las “biosferas” planetarias).

    Por eso el materialismo bien llevado hasta su extremo, incluye lo espiritual. Y por eso Teilhard, fue el primero, (que yo sepa), en aunar la gran contradicción entre lo material y lo espiritual.

    • Isidoro García

      Añadido: Me uno al sentimiento por la muerte de Pascual, y acompaño en el sentimiento a su familia y amigos.

      Cada día, que pasa, quedamos uno menos. Pero mientras el cuerpo y la mente aguanten, seguiremos nuestro camino, aunque sea a tropezones.

  • LEANDRO SEQUEIROS SAN ROMÁN

    DICES: Cuando se habla de “espiritualidad cósmica” para el s. XXI…  o para más allá, me resulta inevitable pensar en la espiritualidad de Francisco de Asís. Su visión espiritual del universo es tan profunda que hace pensar en raíces y genes comunes… Por eso decía “hermano sol, hermano lobo, hermano árbol, incluso hermana muerte…”  Esta espiritualidad me parece tan actual que no solo devalúa todo lo que separa (clases sociales, mitos nacionalistas o étnicos, por ejemplo), sino que, en mi opinión, entra -por intuición- en los mismos entresijos de la física cuántica… Tenemos raíces-genes de energía comunes que nos hermanan y nos unen…  A veces la intuición espiritual, mística, se adelanta a la misma ciencia.

    Desde mi punto de vista, la espiritualidad cósmica no tiene mucho que ver con la espiritualidad franciscana. Es lo que han asumido los cercanos a la NewAge. El cosmos de Teilhard tomado de la filosofía griega y reelaborado por el marxismo del cosmismo ruso, se refiere al orden y unidad física del conjunto del universo. Es el Todo organizado y jerárquico, en el que las interacciones entre los elementos dan lugar a propiedades emergentes.. Algunos creen que tiene algo de materialismo dialéctico.

    • Juan A. Vinagre

      De acuerdo, Leandro, con que la espiritualidad cósmica no tiene mucho que ver (aunque algo sí) con la espiritualidad franciscana. Hice esa reflexión por cierta asociación con el tema de la espiritualidad “cósmica”, no más. Solo quería recordar la gran intuición “cósmica” de Francisco de A.: Que tenemos raíces y genes comunes con todo el universo, es decir, tenemos un origen común que nos une, de alguna manera, como hermanos.   Dentro, fuera y en medio, como explicación y como sentido y sostén, en el cosmos (empezando por el interior) se encuentra el gran “misterio” -para Francisco  muy elocuente-, del Padre común…  En esta perspectiva, la espiritualidad franciscana es una espiritualidad cósmica. Por eso, a mi juicio, en esta visión “cósmica” coinciden Francisco de A. y Teilhard.   En el resto, cada uno mira la realidad de forma distinta, cada uno va por su camino. Teilhard con bases más filosóficas, científicas y paulinas; Francisco sigue una vía más intuitiva…, que no es menos profunda.  No se contraponen.  ¿Tal vez se complementan?  (Recuerdo que algunos, siguiendo teorías dualistas muy conservadoras, vieron en Francisco un leve panteísmo, que hoy llamaríamos pan-enteísmo.)  En este caso, las distintas perspectivas enriquecen… No nos alejan.

  • Juan A. Vinagre

    Cuando se habla de “espiritualidad cósmica” para el s. XXI…  o para más allá, me resulta inevitable pensar en la espiritualidad de Francisco de Asís. Su visión espiritual del universo es tan profunda que hace pensar en raíces y genes comunes… Por eso decía “hermano sol, hermano lobo, hermano árbol, incluso hermana muerte…”  Esta espiritualidad me parece tan actual que no solo devalúa todo lo que separa (clases sociales, mitos nacionalistas o étnicos, por ejemplo), sino que, en mi opinión, entra -por intuición- en los mismos entresijos de la física cuántica… Tenemos raíces-genes de energía comunes que nos hermanan y nos unen…  A veces la intuición espiritual, mística, se adelanta a la misma ciencia.

  • LEANDRO SEQUEIROS SAN ROMÁN

    Para José María Valderas: muchas gracias por tan valiosos comentarios que hay que tener en cuenta… Cada vez estoy más convencido – como he expresado en los últimos libros publicados sobre Teilhard

    https://www.bubok.es/libros/274795/Teilhard-de-Chardin-los-protagonistas-de-su-filosofia-oculta 

    https://www.bubok.es/libros/240888/TEILHARD-DE-CHARDIN-para-los-que-dicen-no-saber-casi-nada-de-TEILHARD-3-edicion-2023 

    https://www.bubok.es/libros/274767/TEILHARD-DE-CHARDIN-indices-de-sus-trabajos-y-Misa-sobre-el-Mundo

    que, sobre todo, era un CIENTÍFICO JESUITA. Y esto -lo se por experiencia- marca. Porque esto implica que tenia una mente que desbordaba lo científico hacia los interdisciplinar..

  • LEANDRO SEQUEIROS SAN ROMÁN

    1732 SEQUEIROS, L. (2018) Mística y Misticismo en Teilhard de Chardin. https://blogs.comillas.edu/FronterasCTR/2018/05/16/mistica-y-misticismo-en-teilhard-de-chardin/
    1742 SEQUEIROS, L. (2018) LE-PRETRE-de-Pierre-Teilhard-de-Chardin (8-de-julio-1918):del-sacerdocio-para-el-culto-al-ministerio-cosmico https://www.bubok.es/libros/256455/LE-PRETRE-de-Pierre-Teilhard-de-Chardin-8-de-julio-1918-del-sacerdocio-para-el-culto-al-ministerio-cosmico
    1744 SEQUEIROS, L. (2018) Teilhard de Chardin en las fronteras del sacerdocio ministerial: le prêtre, 8 de julio de 1918. https://blogs.comillas.edu/FronterasCTR/2018/07/11/teilhard-de-chardin-en-las-fronteras-del-sacerdocio-ministerial-le-pretre-8-de-julio-de-1918/
    1749 SEQUEIROS, L. (2018) En todo amar y servir. La diafanía de lo divino en el corazón del Universo.  http://casaejerciciosanpablo.com/en-todo-amar-y-servir-la-diafania-de-lo-divino-en-el-corazon-del-universo/
    1774 SEQUEIROS, L. (2019) Tender puentes entre las ciencias y la religión: Pierre Teilhard de Chardin (1881-1955) y la unificación de los saberes. En: Carlos Valiente Barroso (editor) Once teólogos ante el diálogo ciencia y fe. Escolar y Mayo editores, Madrid, 2018, 177-208. https://www.todoliteratura.es/noticia/50424/pensamiento/se-publica-el-ensayo-once-teologos-ante-el-dialogo-ciencia-fe-carlos-valiente-barroso-es-el-encargad-de-la-edicion.html

  • LEANDRO SEQUEIROS SAN ROMÁN

    1697 SEQUEIROS, L. (2017) EL-MEDIO-MISTICO-LA-GRAN-MONADA-Y-NOTA-PARA-LA-EVANGELIZACION-Para-una-lectura-interior-de-algunos-escritos-de-Pierre-Teilhard-de-Chardin http://www.bubok.es/libros/252425/EL-MEDIO-MISTICO-LA-GRAN-MONADA-Y-NOTA-PARA-LA-EVANGELIZACION-Para-una-lectura-interior-de-algunos-escritos-de-Pierre-Teilhard-de-Chardin
    1698 SEQUEIROS, L. (2017) Teilhard de Chardin y la Vida cósmica: cien años después. Pensamiento, Universidad Comillas, 73 (276) 379-403
    1709 SEQUEIROS, L. (2017) http://teilhard.net/pierre-teilhard-de-chardin-abre-nuevas-puertas-a-la-mistica-universal/
    1710 SEQUEIROS, L. (2017) http://teilhard.net/convergencias-y-divergencias-en-periodos-criticos-de-la-humanidad/
    1711 SEQUEIROS, L. (2017) El diseño de la historia según Pierre Teilhard de Chardin. http://teilhard.net/2251-2/
    1712 SEQUEIROS, L. (2017) http://teilhard.net/mistica-y-misticismo-en-pierre-teilhard-de-chardin/
    1613 SEQUEIROS, L. (2017) http://teilhard.net/pierre-teilhard-de-chardin-la-vida-cosmica-escritos-del-tiempo-de-guerra-1916-1917/
    1715 SEQUEIROS, L. (2017) http://teilhard.net/la-unidad-mistica-en-la-diversidad-para-teilhard-de-chardin-en-la-gran-monada-1918/

  • LEANDRO SEQUEIROS SAN ROMÁN

    Este texto: Como se dice en el artículo, (no se si es del maestro Sequeiros, de Teilhard, o del autor del libro), es fundamental “la convicción profunda, «mística», de que hay una «realidad» que se oculta detrás del envoltorio de las cosas. La tendencia esencial de nuestro pensamiento, es intentar penetrar en el corazón del Mundo».

    Pertenece a Euvé.. Pero creo que todos los asumimos. Porque forma parte del centro de nuestra espiritualidad..

  • LEANDRO SEQUEIROS SAN ROMÁN

    Muchas gracias, Isidoro, por tus sugerencias.. Llevaria largo comentarlo todo..
    dices con razón: Yo, por todo ello, tengo la razonable convicción esperanzada, de que cuando las circunstancias de la realidad humana, alcancen un progresivo mayor nivel de peligrosidad, de repente, se van a disparar en el interior de la mayoría de las personas, una nueva visión de la realidad, mas real y auténtica, que la que la deficiente visión que las ideologías actualmente hegemónicas, nos proporcionan. Y de repente, lo que ayer parecía imposible, se convertirá en un consenso mundial de actuación inteligente, y en el sentido convergente con “el corazón del Mundo, del Universo”. ¡Qué así sea!. Yo, y la mayoría de vosotros no lo veremos, pero estoy convencido de que así será.” Teilhard era un OPTIMISTA radical.. Tal vez porque era un hombre con una gran esperanza..  Ojalá el futuro se abriera para toda la humanidad..

  • Isidoro García

    El gran causante de la desesperanza endémica, que con una aparente buena lógica, asola a la Humanidad, es la Modernidad, y su continuadora la Postmodernidad materialista, que aún no ha completado el giro de 90º adicional que debe dar, para unirse a los 90º que ya ha realizado.

    Y esta lógica fallida de la Modernidad, proviene de que para contraponer el teísmo milagrosista y sobrenatural de las concepciones religiosas, simplemente reconoció nuestra evidente orfandad, por la real “ausencia” de Dios, pero nos constituyó en huérfanos desheredados, desvalidos, sin otros argumentos y armas para sobrevivir que la tan endiosada razón cartesiana.

    Y si solo contamos con la razón, realmente no tenemos futuro. La razón no es suficiente, porque es un buen órgano deliberativo, pero difícilmente sirve de guía, hacia la convergencia con el Universo, que es lo que precisamos perentoriamente, para superar las dificultades y sobrevivir.

    Por eso, solo la Postmodernidad espiritual, (superación de las deficiencias de la Modernidad), nos salvará.

    Como se dice en el artículo, (no se si es del maestro Sequeiros, de Teilhard, o del autor del libro), es fundamental “la convicción profunda, «mística», de que hay una «realidad» que se oculta detrás del envoltorio de las cosas. La tendencia esencial de nuestro pensamiento, es intentar penetrar en el corazón del Mundo».

    Teilhard sabía que el futuro estaba en las manos de quienes pudieran ofrecer razones para vivir y para tener esperanza a las generaciones del mañana. Y para eso se precisa un nuevo relato, que ilumine de sentido la realidad.

    Y como dice el artículo, “nuestra época atraviesa una crisis de sentido porque no sabemos cómo narrarla”.

    Y la actualización del gran relato teilhardiano, ya en un mundo no teísta, y sin necesidad de contar con el “Dios providente”, consiste en comprender, que no somos huérfanos desheredados de un Dios ausente.

    Somos huérfanos, sí, pero nuestro Padre Universo, (con “Dios” detrás), en previsión de los grandes dilemas que nos iban a cercar en la culminación del desarrollo de nuestra naturaleza, nos ha provisto, de una guía sabia, almacenada en nuestra dotación genética de software mental, en la forma de una colección de imágenes primordiales, que contienen la sabiduría que guía y desarrolla el Universo.

    Eso es el “espíritu” personal, insertado dentro de nuestro Inconsciente Colectivo.

    En el pasado, hubo una pequeña minoría de personas, que intuyeron su existencia, y siguieron su guía. Fueron los grandes maestros/as, que aún hoy día nos sirven de referencia, encabezados por Jesús, el mayor de ellos.

    En los tiempos actuales, esa minoría se ha ampliado mucho, y ya constituyen una fuerte minoría que lo utiliza, aún con dificultades, por errores en nuestro conocimiento de su naturaleza y funcionamiento, y por nuestros muchos errores-prejuicios culturales arrastrados del pasado.

    Este “espíritu” de cada uno, se activa con un gran poder psicológico y emocional, activado a partir de las experiencias de la realidad, y se manifiesta en una fuerte tendencia innata, (no aprendida), a experimentar las cosas de una determinada manera.

    Yo, por todo ello, tengo la razonable convicción esperanzada, de que cuando las circunstancias de la realidad humana, alcancen un progresivo mayor nivel de peligrosidad, de repente, se van a disparar en el interior de la mayoría de las personas, una nueva visión de la realidad, mas real y auténtica, que la que la deficiente visión que las ideologías actualmente hegemónicas, nos proporcionan.

    Y de repente, lo que ayer parecía imposible, se convertirá en un consenso mundial de actuación inteligente, y en el sentido convergente con “el corazón del Mundo, del Universo”. 

    ¡Qué así sea!. Yo, y la mayoría de vosotros no lo veremos, pero estoy convencido de que así será.

  • José María Valderas

    Sequeiros, Teilhard no conoció la cosmología cuántica. Ni la intuyó. En 1981 la Academia Pontifica de Ciencias invitó a Stephen Hawking. En el Vaticano, Hawking se mostró contrario a un postulado nuclear de la teoría de la Gran Explosión y defendió que el Universo no tenía momento de su creación. Una teoría coherente con las ideas maestras que se fueron desarrollando, como la teoría de la inflación cósmica. Veintinco años después, en el mismo Vaticano, y en la Academia Pontificia de Ciencias, Hawking reexaminaba su tesis y admitía que quizá pudiera haber un momento para la creación. La teoría final del universo nos habla de su naturaleza holográfica: una membrana tetradimensional en un espacio pentadimensional.
    Sobre eso es sobre lo que habría que proyectar el foco de la filosofía y de la teología.

  • José María Valderas

    Padre Sequeiros, conoce usted muy bien mi escepticismo respecto a Theilard. Quizá sea por la influencia de la filosofía analítica, pero a mí lo de espiritualidad cósmica, el punto omega y otras expresiones obscurísimas donde las haya me deja completamente indiferente. Sencillamente no las entiende, por ser intrínsecamente contradictorias. Lo del grupo de Sabadell que usted cita se debe, supongo, a la labor de Crusafont, mi profesor de Paleontología, que era un theilardiano confeso, tal vez por la influencia de Aguirre, el padre fundador de las investigaciones de Atapuerca cuando empezó a buscar en la famosa trinchera huesos fósiles de elefantes. Aguirre, como los demás autores que usted cita pertenecían a la Compañía y con ellos me unía una generosa amistad por parte de ellos.

    Uno estuvo seducido un tiempo por la figura de Theilard desde el momento en que Selecciones de Teología, a principios de los sesenta publicó un monográfico de sus textos. Pero esa seducción perdió su encanto a medida que fui conociendo su labor paleontológica y la filosofía me obligaba a un mirada crítica de aquella poesía psuedomística que mezclaba conceptos científicos tomados con liberalidad con conceptos teológicos no menos traídos caprichosamente. Para rematar mi escepticismo, lo sabe usted, el trabajo demoledor de la labor paleontológica de Theilard realizada por Steven Jay Gould, que tacha a Theilard de fraude en sus hallazgos sospechosos. Usted lo niega, pero con unos argumentos de parti pris.

    Francisco ha vuelto a reivindicar a Theilard. Pero sin aportar razón alguna.

    Tiene la Compañía figuras señeras en el campo de la ciencia que han llevado una vida espiritual muy profunda y que podrían resaltar. Pienso, por ejemplo, en el Padre Pujiula y muchos otros naturalistas relacionados con el despertar de la biología en nuestro país. Tengo algunas de sus obras compradas en librerías de viejo: el botánico Lainz, que ponía de los nervios a nuestro primer botánico Font Quer, el entomólogo Longinos Navás, por citar autores españoles.

    Pero creo que se hace un flaco favor a la Iglesia exaltando a quien en modo alguno representa la doctrina de la misma en la concepción del mundo.

     

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