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El Hombre, Ser Asombrado

Mariano me envía este artículo consciente de que puede ser demasiado largo y sugiriendo un atajo: “Si quieres hacerte una idea del contenido de forma rápida no tienes más que leer los dos primeros párrafos  y los dos últimos y si te pica la curiosidad ya vas decidiendo”. Yo le hecho caso y como soy un asombrado crónico, desde mi más tierna infancia, he recorrido después todo el contenido. Lo recomiendo. AD.

Lo primordial en el hombre no fue su pensamiento, fue el asombro. En su estado primordial solo sentía, todo él era vitalidad sentida antes que sabida y ni siquiera querida, todo él era sentimiento, pero sentimiento asombrado.

El asombro era su rasgo existencial primordial que a su vez era apertura y cierre, deseo e impotencia, libertad y necesidad, que le unía y le separaba a lo que más tarde identificará por naturaleza. En el asombro, estos dos principios, el de la libertad y el de la necesidad en su estado primordial se encontraban indiferenciados, comprimidos bajo una presión indescriptible, pero con una potencialidad también indescriptible. Tendrá que transcurrir mucho tiempo para que este hombre despeje su horizonte existencial y opte por uno de sus dos polos.

Este tiempo no es un tiempo cuantitativo y repetitivo en una monótona secuenciación de instantes milimétricamente iguales, es un tiempo encarnado, un tiempo con vida, pues en él se deja la vida. Este tiempo es el notario de su vida, notario que dejará plasmado todo su quehacer existencial del que trata de salir de su estado de asombro. Hasta las piedras darán testimonio de él.

La historia es precisamente el testimonio del tiempo vida, tiempo vivido. La historia no es un dato empírico objetivo, sino un mito, que es el relato de todo acontecimiento previo a los albores del ser, tiempo que trasciende los límites de la facticidad objetiva, tiempo que es principio de realidad y por tanto previo a ella, pero dentro de ella, principio insondable, pero principio generador, creador.

El tema principal del destino del hombre, de todo hombre en todo tiempo, será el tema de su liberación de las entrañas de la necesidad natural. La historia del hombre contiene en su dinamismo más profundo un dinamismo trágico que refleja la lucha a vida o muerte entre dos fuerzas contrapuestas, la fuerza de su espíritu creador y la fuerza de su necesidad material.

Del asombro surgió la primera pregunta que el hombre se hizo, del asombro surgió la palabra, la palabra que busca una razón que le rescate del asombro y del que a su vez es el a priori de la palabra, hermenéutica del ser persona, hermenéutica insondable, sin razones, pero con palabra interpelante que le impulsa a buscar razones y aquí precisamente en este punto, nacen sus tres razones: La razón científico-lógica, para descubrir el asombro de lo que tiene frente a sí y que le aprisiona en forma de necesidad, la razón intuitiva-creativa filosófica, desligada del determinismo lógico-causal para descubrirse a sí mismo  y La razón trascendente teológica para descubrir y acoger la Razón que de razón de sí sin necesidad de más razones. Su testimonio y no sus razones será su razón de ser, ya que con el acontecer en el tiempo les sucederá lo mismo que a las hijas de Elena, que eran tres, pero ninguna de por sí era buena.

Fuera de la historia no hay razón que de razón del hombre. La historia es su dimensión existencial. En la historia emerge la verdadera metafísica del ser en la que principio y fin se justificarán en una unidad de sentido o sinsentido, en la que el hombre será lo que debe ser o será lo que no debe ser. En la historia es donde la libertad y la necesidad libran sus fuerzas en pro de su hegemonía. Solo en la historia toman presencia activa todos sus actores en una relación de intimidad sumamente dinámica e implicativa, el mundo, el hombre y su creador. Fuera de ella todo es abstracción, seccionamiento, parcialidad, inconcreción.

La lógica científica es el instrumento por el que el hombre se adapta a la naturaleza, por ella se orienta y toma conciencia de su entorno natural imprescindible para su subsistencia material, es difícil negar su naturaleza pragmática y su carácter biológico y utilitario, que a su vez le impone sus límites, pero el hombre no tolera límite alguno, el hombre es un ser con ansias infinitas y la propia ciencia de por sí es incapaz de garantizárselas, siempre le ha dejado insatisfecho y ese es su dinamismo, dinamismo encadenado a un tiempo sin fin que le genera una expectativa sin fundamento, no es capaz de encontrar el primer eslabón de la realidad natural y mucho menos el de la suya propia. La ciencia no prevé la libertad, no conoce los secretos de la existencia, ni en su origen ni en su fin, por eso se inventa el concepto de infinito, esta es la forma científica de decir que no sabe nada sobre ellos.

Será su hermana mayor, la razón filosófica la que se adentre en el asombro con unos postulados distintos. La filosofía pone en su centro racional a la verdad y no a las verdades parciales de la ciencia, solo busca una sola verdad. De esta forma la filosofía puede razonar sobre la ciencia, y puede crear como así lo hace una filosofía de la ciencia, situación imposible a la inversa.

La razón filosófica ensancha el campo de visión de la razón científica al buscar el sentido de su existencia a través de la verdad de su existencia, aborrece el infinito de la ciencia y lo sustituye por el sentido de la existencia.

Si el mundo nos fuera dado como terminado, la filosofía no tendría nada que decir, no existiría, no haría falta para nada, pero la historia nos evidencia todo lo contrario, el mundo es una realidad abierta al hombre, él es quien sobrepone leyes a las leyes de la naturaleza y por eso cuando su razón científica analiza la realidad fracasa estrepitosamente, porque la realidad no es una realidad acabada y el determinismo lógico y causal de la ciencia es incapaz de acotarla. Pero el hombre se obstina en crear y crear leyes, en acotar lo inacabado, sin percibir que toda ley es contraria a su propia naturaleza que también es una naturaleza inacabada.

La filosofía es creativa, no descriptiva ni reproductiva, ni adaptativa a la necesidad, la filosofía es rebeldía ante la necesidad y cuando se contamina de los postulados de su hermana la razón científica deja de ser filosofía y a lo que más llega es a un pragmatismo filosófico, filosofismo, que ni es filosofía ni es ciencia. Cientifismo y filosofismo se dan la mano en un reduccionismo materialista, racionalista e idealista.

El materialismo y el positivismo son un claro ejemplo de pragmatismo filosófico, son filosofías de sumisión a la necesidad y así toda praxis sociológica que los tome como fundamento de su quehacer acabarán esclavizando y no liberando, que bajo la apariencia de ser la salvación del hombre le llevarán a su sumisión total, no ya a las fuerzas de la naturaleza sino a las propias fuerzas del propio hombre que previamente se encumbró sobre aquellas.

La filosofía es arte y no ciencia, es el arte de pensar que está por encima del pensar y por eso es arte. El arte es lo más próximo al acto creador y la persona es el medio del que el acto creador se vale para completar lo que está inacabado. La creación surge de la libertad, la evolución de la necesidad. La filosofía es la expresión racional de la “necesidad de libertad”. El acto creador está velado a la razón y la razón no puede hacer más que reconocerlo como inexplicable. Todo intento de racionalizarlo está ligado al deseo de racionalizar la libertad, de determinarla, cuando ella es el fundamento sin fondo del ser.

El hombre de ciencia no es creativo por mucho que le pese. La ciencia es la manifestación lúdica de su capacidad recreativa, no creativa, el hombre se recrea lúdicamente con las posibilidades que le ofrece el ser de las cosas que la naturaleza pone a su disposición. La técnica es el resultado de sus facultades lúdicas y por eso mismo le resulta tan fascinante, hasta el punto de cegarle y no ver más allá de ella, este es su nuevo mito, un mito al que cree dominar pero que como toda ludopatía le devorará, le hundirá en una sumisión total, en una esclavitud que siempre le exigirá más, requiriéndole alcanzar el infinito y llevándole a la extenuación.

El hombre en el fondo de su ser ansía ser creador, pero confunde libertad con poder, cuando éste es la antinomia de aquella.

Si el concepto de infinito es el argumento que la razón científica crea para liberarse del enclaustramiento de su determinismo, la filosofía ante el abismo que se abre en su búsqueda de la verdad siente vértigo y para no caer en ese abismo, crea una causa que lo justifique, no material y sí racional, la reflexión, argumento que llevado hasta el límite también le desviará de su propósito inicial.

Tanto el racionalismo de Descartes, como el empirismo de Hume o como el idealismo y el criticismo de Kant que elevan la reflexión a la máxima virtud del pensamiento filosófico, le despojan de su actividad creativa, vuelven al mundo de la necesidad condicionándola a una causa, cuando la libertad es la causa de las causas, y no mencionemos lo que sucede cuando esta reflexión se instala en la duda metódica, donde la verdad siempre será sospechosa, con sus tres máximos exponentes, Nietzsche en la filosofía, Freud en la psicología y Marx en la sociología. El filósofo que así actúa y son muchas las corrientes filosóficas de todos los tiempos las que así lo hicieron, incluso el pensamiento existencialista no se vio privado de ello, solo la corriente personalista que ubica el límite de la razón no en la reflexión y no en la duda, sino en la Persona absolutamente libre portadora de la Verdad absoluta, que se manifiesta y se revela en la historia en la persona del Cristo histórico, permite que el acto creador pueda ser pensable y capaz de rescatar al hombre del asombro.

Si ni la razón científica, ni la razón filosófica logran despejar el asombro del hombre primordial, sí aportan su granito de arena. La primera nos deja clara la diferencia del hombre sobre la naturaleza y la segunda nos abre y nos muestras las profundidades del ser invitándonos al acceso al acto creador a través de sus ansias de libertad y de verdad absolutas, entonces son como una sugerencia racional para que el hombre pueda optar a otras razones que estén por encima de ellas, y es aquí donde el hombre equivocadamente retorna de nuevo al origen en el que la razón al no tener aún razones echaba mano de lo que hoy denomina por mitos, salvo que los nuevos mitos ahora son trans-racionales, muy distintos a sus antiguos mitos.

El hombre “trans” ha acabado superando al “superhombre” de Nietzsche. Tanto uno como el otro ya no se asombran, pero han copiado la actitud del hombre primordial creándose nuevos mitos, pero con un matiz diferenciador, si el hombre primitivo carecía de razones que explicasen su asombro, estos últimos lo hacen cargados de razones.

Todo esto evidencia la necesidad creativa del hombre, del hombre que niega la creación y aspira a dominarla con su poder, este hombre que niega el acto creativo y se dice hijo de un proceso evolutivo, paradójicamente abandona su filialidad evolutiva para querer ser su creador, o mejor dicho su dominador. Es un dios dominante y por eso no puede tolerar al Dios amante, liberador y creador. Ese Dios liberador que se le ofrece graciosamente en la historia es considerado su enemigo mortal, pues le despoja de su poder absoluto y esa es su tragedia, su eterna tragedia.

Pero todavía nos queda por asomarnos a la razón que trasciende a toda razón, la razón teológica, razón que debería sacarnos racionalmente del asombro pero que también es tentada por el racionalismo cientifista.

Para Santo Tomás de Aquino la metafísica era la ciencia estricta del ser, en ella encontraba la razón los fundamentos racionales del ser, no se podía teologizar sin excluirla, si bien subordinaba la razón a la fe, el virus de la duda, el de la reflexión y el de la necesidad de la razón metafísica le merodean sigilosamente sin hacer mucho ruido pero en forma latente, desfigurando en muchas ocasiones el verdadero sentido del Acto Creador al justificarlo y condicionarlo al cumplimiento de una deber moral. Este matiz a pesar de su buena intención, se cuela en la razón teológica que al querer ligarlo al bien y al mal lo desnaturaliza, lo condiciona, lo limita perdiendo su condición de principialidad ya que éste emerge de la Libertad Absoluta que está por encima de todo bien y de todo mal.

El acto Creador no lleva en su interior la semilla del dualismo que contrapone en su origen al bien y al mal. El Acto Creador es integridad absoluta porque es Libertad absoluta, tema muy digno de un análisis en profundidad que evitaría muchas disquisiciones filosóficas y teológicas en torno a dichos conceptos. La teología que pretenda emular a la filosofía científica, muta en teologismo al dejarse infectar por el virus de la necesidad causal.

Hoy día sigue deslumbrando a muchos creyentes y teólogos de oficio las nuevas teorías de la física cuántica, que ven en ella a través de sus postulados de indescirnibilidad, complementariedad, indeterminación, entrelazamiento cuántico etc., los nuevos argumentos con los que querer actualizar las razones teológicas, razones eternas y acomodarlas a los tiempos modernos bajo la horma del racionalismo en detrimento de la fe fácilmente sobrepasada por aquellos.

El Acto Creador no puede ser más que un acto revelado, es previo a toda razón y es por eso que solo en la historia el hombre es capaz de encontrar el sentido primordial de su existencia, porque en la historia se hace presente el Hombre Creador del hombre, pero esta presencia encierra una barrera eternamente infranqueable, el misterio insondable que separa al Ser Creador del ser creado, misterio de vida eterna, misterio que anima eternamente al ser creado que incluso antes de ser creado ya existía en el seno de la Eternidad, que al crear se da, se ofrece gratuitamente, no solo se ofrece como una opción de futuro, se ofrece en una Presencia Eterna que encierra todo tiempo, presencia que envuelve sin límite alguno a toda su creación, presencia ofrecida en libertad y no en necesidad que deja en las manos del hombre su propio destino.

El Acto Creador es Dinamismo Eterno, no es un acto puntual sujeto a un tiempo concreto y es por ello precisamente por lo que rompe con la servidumbre del tiempo de todo tiempo, germen de la necesidad, en el que la historia sólo es un momento interior a la Eternidad del Acto Creador, Dinamismo de Eterno Misterio. Dinamismo privativo del Ser Creador y al que el hombre es llamado libremente.

El Asombro en el hombre es la huella de su Acto Creador, al igual que la radiación de fondo es la huella del principio cosmológico de la ciencia. Uno abierto a la Libertad de la Eternidad y el otro encerrado en la Necesidad del Tiempo.

 

 

9 comentarios

  • Santiago

    Magnífico el artículo, mis felicitaciones a D Mariano Álvarez…Es que la idea de libertad es intrínseca a la Creación y es lo que parece resumir el autor cuando señala que “la Presencia eterna” es ofrecida en “libertad” y no en necesidad y que deja en nuestras manos nuestro propio destino en el dinamismo eterno al que somos también llamados libremente.

    Un saludo cordial

    Santiago Hernandez

  • oscar varela

    Hola don Mariano!

    Leo. “Lo primordial en el hombre no fue su pensamiento, fue el asombro. En su estado primordial solo sentía, todo él era vitalidad sentida antes que sabida y ni siquiera querida, todo él era sentimiento, pero sentimiento asombrado.”

    ¿No estarás describiendo al “HOMO TURÍSTA

    cuyo pasaje en Crucero -abierto e infinito-,

    lo paga Papá-Dios?

  • mariano alvarez

    M. Luisa, muchas gracias por su capacidad interpretativa y por su claridad expositiva con las que me evita cualquier aclaración posterior al respecto. Lo ha centrado plenamente donde yo lo ubicaba, fuera de ahí todo es mal interpretable. La razón filosófica que busca la verdad no se deja influir por prejuicios del tipo que sean. Todo prejuicio es el origen de la decadencia de toda razón. Mil gracias por su comentario.

  • M. Luisa

     Un extraordinario artículo este que nos presenta Don Mariano. Es una pena que haya sido merecedor de esta radical interpretación que se hace del término antropológico de hombre.  Con ello ha bastado  para sofocar la hondura del escrito en su conjunto.
    Una  aplicación conceptual unívoca, ciertamente muy desafortunada para definir tanto al varón como a la mujer. Ahora bien, creo  que es equívoco pensar como hace Ana, en su valiosísima  y constante preocupación por el tema, pensar, digo, que el contenido de este ensayo sea  de carácter sociológico. Por mi parte creo más bien que el tema se afronta  filosóficamente  y en este sentido por mucho que nos pese, al filosofar  no podemos perder de vista el  hilo conductor   de la filosofía misma si no queremos que  pierda el carácter de perenne.
    Indiscutiblemente que el vocablo “hombre” utilizado desde la antigüedad ha significado un verdadero obstáculo para luego en la modernidad e incluso hasta ahora en nuestra  contemporaneidad concienciar sociológicamente el ser del hombre y el ser de la mujer. Estos solo han sido entendidos desde los roles que la propia sociedad impone.  La cuestión pide dos opciones. Una, que haya comprensión  y superar por cuenta propia los escollos  que nos ha dejado el filosofar  o hacer de cada escrito  filosófico  un tomo de mil páginas explicando los  pormenores  de aquellos.
     
    Ahora bien, cogiendo la vía rápida y de forma paradoxal mal nos pese,   no ha sido sino desde la Constitución misma de los Derechos Humanos, algo a lo que también Ana se ha dado cuenta, cuando   el problema se ha abordado desde el propio fondo que le corresponde al tema, es decir,  desde la propia consideración  de la realidad humana. Es desde ella que surge la verdadera libertad esencial del ser y por tanto en consecuencia  a partir del ser, considerar los roles. Se trata de apropiación de roles, no de roles apropiados.
    Un cordial saludo D. Mariano y mi agradecimiento

     

  • Isidoro García

    (El buen artículo del amigo Mariano Alvarez, me ha hecho reflexionar este “rollo”, del que digo lo mismo que Mariano: no hay compromiso de lectura total).

     

    El desarrollo de la conciencia humana, su devenir histórico, parece que alterna entre dos polos opuestos: entre el sentimentalismo y el racionalismo.

    Por eso la historia de la cultura es una permanente “lucha” ente platónicos y aristotélicos, o mas modernamente entre románticos y clásicos, o ya en la actualidad entre modernos y postmodernos.

     Jung, en su introducción a “El secreto de la flor de oro”, lo explica en clave psicológica, con los patrones de representación y significado, y de acción, que todos heredamos innatamente en nuestra mente: el inconsciente colectivo humano.

    Como muy bien dice Mariano el humano primordial, cuando la conciencia no ha alcanzado todavía un mínimo grado de profundidad y lucidez, es todo sentimiento, todo instinto intelectual, con el que consigue sobrevivir.

    Pero con cada pequeños cambio en su conciencia, cada nuevo descubrimiento de nuevas experiencias y conocimientos, y de nuevas tecnologías, la conciencia se va ampliando, no solo cuantitativamente, sino sobre todo cualitativamente, adquiriendo nuevas perspectivas de todo.

    (La conciencia es un “sistema” complejo, que consta de elementos y relaciones entre ellos, y según se amplía el número de ambos, aparecen emergentemente nuevos patrones racionales, como en un tapiz, en el que si aumentamos los hilos entre nudos, aparecen de la nada, nuevas figuras).

    Dice Jung: La conciencia más elevada y más amplia, que sólo surge de la asimilación de lo foráneo, se inclina a la autonomía, a la rebelión contra los viejos dioses, que no son otra cosa que las poderosas imágenes primordiales inconscientes, que hasta entonces mantuvieron en dependencia a la conciencia. 

            Cuanto más vigorosa e independiente se hace la conciencia, y por ende la voluntad consciente, tanto más es empujado lo inconsciente hacia el trasfondo y tanto más fácilmente surge la posibilidad de que la formación consciente se emancipe del prototipo inconsciente y, ganando así en libertad, haga saltar las cadenas de la mera instintividad y arribe por último a un estado de falta de instinto o de oposición al instinto”. 

    Como decía antes, la conciencia es un “sistema” complejo, con capacidades autoorganizativas, y que funciona mediante prueba y error. De ahí esa estructura circular, (yin y yang), aparentemente polar de racionalidad-instintividad de la historia de la cultura humana.

    Este contínuo girar entre racionalidad e instintividad inconsciente, está en el fondo de toda la dialéctica ciencia-fe religiosa, y filosofía-teología.

    Sigue diciendo Jung: “No puedo considerar la reacción que surge en Occidente contra el intelecto, a favor de Eros o a favor de la intuición, (movimientos platónicos, románticos o idealistas-mío), de otra manera, que como un signo de progreso cultural, una ampliación de la conciencia, por encima y más allá de los confines demasiado angostos de un intelecto tiránico”. 

    Porque cuanto más sabe la conciencia, más fuerza adquiere, (incluído su motor: la voluntad), y más elementos cognitivos nuevos logra emerger, pero siempre se le olvida un dato fundamental: que su saber es limitado y por ello muy falible.

    Necesita una corrección continua del rumbo, y la perspectiva,  mediante la mente inconsciente, y sus patrones arquetípicos. Y ello genera continuas contradicciones de opuestos, que solo se superan mediante un cambio de perspectiva.

    “La unión de los opuestos sobre un nivel más elevado no es ningún asunto racional, y tampoco cosa voluntaria, sino un proceso de desarrollo psíquico que se expresa en símbolos”.

    O sea que la superación de los contrarios que nos paralizan y atenazan, superación que constituyen la ampliación de la conciencia, es un proceso emergente, no voluntarista, ni por ello “moral”, sino autoorganizativo del “sistema”.

    Para ello basta seguir “colocando hilos en el telar”, añadiendo nuevo elementos y relaciones, sin obsesión de resultados, solo con la confianza en que al final el sistema funcionará, y al final aparecerá delante de nosotros lo inesperado, ante nuestra mirada asombrada.

           Evangelio de Tomás: 2. Dijo Jesús: «El que busca no debe dejar de buscar hasta tanto que encuentre. Y cuando encuentre se estremecerá, y tras su estremecimiento se llenará de admiración y reinará sobre el universo».

    5. Dijo Jesús: «Reconoce lo que tienes ante tu vista y se te manifestará lo que te está oculto, pues nada hay escondido que no llegue a ser manifiesto».

     

    La creatividad, consiste en ese asombroso proceso, en el que resulta imprescindible el concurso de la virtud de la esperanza.

    El humano es un ser en busca de patrones de significado y patrones de comportamiento. Y uno de los patrones arquetípicos mas poderoso es el de la trinidad.

    A la trinidad de Valores Universales, (Verdad, Bondad y Belleza), podría superponerse la trinidad de virtudes “teologales”, (Fe, esperanza y caridad).

    Así la fe sería la virtud-instrumento hacia la Verdad. La caridad sería la virtud hacia la Bondad, y la esperanza sería la virtud camino hacia la Belleza-Alegría de vivir-sintonía con el Universo.

    Este planteamiento teórico, abre todo un abanico de significados de la esperanza. La esperanza sería una confianza absoluta, y una lealtad plena en el Universo del que somos integrantes.

    Un sentirse solidarios como las células del cuerpo lo son, del ser del que forman parte, y una confianza ciega en que contamos con todos los recursos necesarios para conseguir llevar adelante nuestro proceso de maduración-sabiduría.

    Esa es la base y el caldo de cultivo de la ilusión y la alegría de vivir.

  • mariano

    Ana, tienes razón. Yo mismo cuando lo escribí dudaba de si poner Persona en vez de Hombre pues para mí la palabra “Persona” tiene un plus sobre aquel otro, un plus de carácter ontológico  que elimina la diferenciación de género ya que representa un rango unificador y no diferenciador. Tanto el uno como el otro gozan de los mismos atributos, derechos y obligaciones. Te agradezco la puntualización pues a partir de ahora solo utilizare la palabra “Persona” que además es del género femenino y como todo lo femenino encierra  más en sí la potencia creadora. También habrás observado que casi siempre cuando digo hombre, a continuación digo persona. Espero que con solo cambiar por persona donde pongo hombre te anime a seguir leyéndolo y haciendo la crítica que creas oportuna.

     

     

    • ana rodrigo

      En nombre de todas las mujeres y en el mío propio, gracias, gracias, Mariano; me ha emocionado tu receptividad y tu bondad. Son siglos y siglos de ocultación de la mujer, dejándola en lo privado (menos Jesús el Galileo, nuestro referente humano y mil valores más) bajo el dominio de su hombre u otro hombre de la familia, y, desgraciadamente aún se sigue haciendo en grandes regiones con otra cultura y, lo que es peor, lo hacen en nombre de Dios.

      En nuestra cultura occidental queda muuuuucho camino por recorrer y, por eso no debemos bajar la guardia.

      La historia la han escrito los hombres desde la masculinidad, pero yo he leído mucho de historias de mujeres, y, nada se dice de ellas. Yo le decía a mi alumnado, buscad en los libros de historia algo sobre las mujeres, y sólo aparecían como la esposa de, la hija de, alguna reina de nacimiento, o como jarrones decorativos en algún salón de ilustrados, y, para de contar, nada de nada.

      Desde el feminismo, a veces incomprendido, hemos luchado mucho y algo se va consiguiendo.

      Yo siempre he dicho que mis dos primeros maestros feministas fueron dos hombres, hace muchos años. Ahora os toca a los hombres analizar vuestra masculinidad para que juntos y juntas consigamos la igualdad, sumemos enriquecimiento humano. cada cual según sus posibilidades, pero siempre desde el respeto y la igualdad.

      Dejemos atrás ya el hombre prehistórico (¿Dónde consta que las cuevas de Altamira no las pintaron las mujeres?), el hombre científico, el hombre político, el hombre escritor, el hombre público (¿la mujer pública ummmmm, esto es otra cosa, ¡verdad?). El y los hombres representantes de Dios, los que saben de Dios más que él mismo al que nunca han visto, y más que de las mujeres que las tienen al lado y no saben o no quieren saber nada de nuestro ser persona… Y dicen que quieren transmitir a la humanidad el mensaje de Jesús, ¿sólo el Jesús divino? ¿Y el Jesús amigo de las mujeres, primeras receptoras de la noticia de la Resurrección, a pesar de vivir en una sociedad cien por cien patriarcal? Pues ahí sigue rampante el clericalismo en manos de los hombres voceros de la voluntad de Dios, que es la suya, la de los hombres clérigos, claro.

      Me callo, porque este tema es muy excitante mentalmente, racionalmente, lógicamente justamente.

      Yo también fui machista, como toda la sociedad en la que crecí, pero se puede cambiar. Ánimo, pues.

      Mariano, te mando un fuerte abrazo sororial.

  • ana rodrigo

    Lo siento por Mariano, pero ya el título de este artículo me echa para atrás: El hombre, ser asombrado

    El término hombre se ha utilizado-justificado como genérico, cuando los hombres eran todo en todo, pero como todo aquello que no se nombra no existe, y los tiempos han cambiado, las mujeres tenemos derecho a la visibilidad también en el lenguaje, al igual que pedimos que la RAE se ponga al día.

    Dice Mariano: “Del asombro surgió la primera pregunta que el hombre se hizo, del asombro surgió la palabra, la palabra que busca una razón que le rescate del asombro y del que a su vez es el a priori de la palabra,”. Pues eso, también los hombres han hecho el leguaje, un lenguaje exclusivo, y por eso tenemos tanta dificultad para hacerlo inclusivo. Lo único que está claro es que las mujeres somos y existimos, de puertas adentro y de puertas afuera, con las mismas capacidades que los hombres, ni más, pero tampoco ni menos.

    En lo que he leído del artículo no me siento identificada y no he seguido leyendo porque ya tengo bastante con la exégesis religiosa constante, y me da pereza leer y decirme a mí misma el ser humano en vez de el hombre cada vez que se nombra.

    Poquito a poco a ver si vamos actualizándonos en hacer justicia a las mujeres, que somos y existimos, y pensamos y somos tan responsables y/o irresponsables como los hombres. ni menos pero tampoco ni más. Solamente existimos, aquí estamos, quien no nos vea pues tiene un problema que lo puede resolver muy fácilmente, abrir los ojos y vernos.

    Sólo pedimos justicia, no creo que sea mucho pedir, y un poquito de esfuerzo para estudiar un poco la realidad social compuesta de hombre y de mujeres. Un poco de interés por más del 50% de la población, por favor. Somos seres humanos pensantes y sintientes.

    Un abrazo cordial.

    Nota: no voy a hacer ningún otro comentario de este artículo, me resulta imposible porque me siento exluída.

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