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Joseph Lafontaine, “Jo”. Cura obrero insumiso

 Nos envía José Centeno, del grupo Curas Obreros y participante en las asambleas de ATRIO este retazo de historia con esta nota:

Estoy leyendo un libro publicado el año pasado La condamnation des Prètres-Ouvriers (1953-1954) en que vienen los documentos  de distintos obispos, de las reuniones de los Curas Obreros entre ellos y con los obispos, las diversas decisiones que se tomaron, etc  también algunos doc son de Roma, todo el debate que hubo de reuniones, encuentros, etc.

He encontrado el caso de uno de los insumisos, Joseph Lafontaine, en que se detenta el dolor y sufrimiento hasta la muerte por intentar mantenerse fiel a la Iglesia y al mundo obrero. Es iluminador de la tragedia que fue este hecho de la prohibición del 1 mayo de 1954. Me ha parecido interesante compartirlo con vosotros

Como en otros muchos de adelantados (fue todo antes del Vaticano II), cuánto sufrimiento ocasionado por representantes de Jesús Obrero. ¡Cuánto debemos a estos pioneros! AD.

 Joseph Jo Lafontaine nació el 18 de noviembre de 1923 en Lamarque-Pontacq (País vasco), murió el 8 de noviembre de 1960 en Le Havre (Sena Marítima); sacerdote en 1951 de la diócesis de Bayona, cura obrero de la Misión de Francia en Le Havre en 1952, insumiso en1954; secretario de la sección sindical de la CGT de las Tréfileries et Laminoirs du Havre (Fábricas de trefilado y laminado de alambre de Le Havre), delegado de personal y del comité de empresa, vicesecretario del sindicato de metalúrgicos de Le Havre; simpatizante comunista, militante del Movimiento por la Paz.

Hijo de un zapatero que se hizo policía en San Juan de Luz, Joseph Lafontaine que pertenecía a una familia arraigada en esta tierra cristiana del País Vasco. Asistió a la escuela pública, a la Cruzada Eucarística infantil y luego, de 1941 a 1943, al seminario mayor de Bayona. Queriendo ser misionero y obrero, hizo prácticas en fábricas de la región parisina durante el verano de 1947 mientras estaba destinado en la parroquia de Notre-Dame Auxiliatrice en Clichy. Trabajó en un taller en Aubervilliers, en la Câblerie Alsacienne de Clichy y finalmente en un centro de reeducación profesional del sindicato CGT, donde se graduó con un Certificado en adaptación. “En todos estos puestos”, decía entonces un vicario de Clichy, “mantuvo su unión con Dios, la observancia de las reglas del seminario, una generosidad muy grande, adaptándose con asombrosa facilidad a la vida laboral de la fábrica y del vecindario, como pueden atestiguar los padres Riche y Olhagaray, ambos sacerdotes-obreros”. En octubre de 1947, Jo Lafontaine entró en el tercer año del seminario de la Misión de Francia en Lisieux.

Enviado en 1950 como seminarista obrero a las Aygalades de Marsella, se unió a Georges Mérighi y François Vidal. Ordenado sacerdote el 11 de noviembre por Delay, arzobispo de Marsella, debería ejercer su sacerdocio en la ciudad de Marsella, pero su concepción del apostolado de los trabajadores, que estaba en la línea de André Piet, Albert Gauche y Charles Monier, resultó ser incompatible con la del dominico Jacques Loew con quien debía hacer equipo. Fue puesto a disposición de la Misión de Francia que lo envió provisionalmente a Angoulême.

El 15 de septiembre de 1952, Jo Lafontaine fue asignado al equipo de sacerdotes trabajadores de la Misión de Francia que acababa de fundarse en Le Havre (Seine-Maritime) de acuerdo con Mons. Joseph Martin, arzobispo de Rouen . Sus compañeros de equipo eran Jean Cottin, el de más edad, encargado del pequeño grupo, y Joseph Aulnette, un subdiácono que decidió rápidamente ser seglar cuando se dio cuenta de que no le dejaban ser sacerdote-obrero. Jean-Marie Huret lo reemplazaría en el otoño de 1954. Jo Lafontaine encontró trabajo rápidamente. Jean Cottin lo retrató de la siguiente manera: “Un hombre del pueblo que entró al trabajo manual sin esfuerzo, y se sentía a gusto en el mundo obrero… Es la fe la que le llevó a compartir totalmente la condición obrera a través del esfuerzo, el sufrimiento y el entusiasmo, como otro cualquiera. Pero también fue un punto de llegada, la culminación de un proyecto que persiguió tenazmente y que se hizo realidad con la aprobación explícita de sus superiores. Desde el primer día en que Jo entró en una fábrica, se convirtió en un obrero militante, en una de las figuras más populares del sindicato metalúrgico de Le Havre”.

Atento a las amenazas que pesaban sobre este apostolado, Jo Lafontaine acudía a los encuentros nacionales de los sacerdotes-obreros. En una reunión en París el 12 de abril de 1953, fue nombrado miembro de la comisión ejecutiva de este colectivo, y aunque se esforzó por demostrar la validez de su misión, pronto se encontró con esta alternativa: obedecer al Papa y dejar el trabajo o bien optar por la insumisión y permanecer en la fábrica. “Muy rápidamente, me parece, y sin aparente angustia, escribe Jean Cottin, eligió la resolución de permanecer en el trabajo a la vez que intentábamos justificarlo. Tratamos de profundizar en las razones religiosas que nos parecieron para legitimar la permanencia en el trabajo y exponérselas claramente al Arzobispo”. En una carta fechada el 24 de abril de 1954, ellos le informaron de su decisión de no abandonar el trabajo. El 2 de mayo, una carta del obispo Martin le retiró la autorización para residir y trabajar en su diócesis. Si no se retractaba antes del 10 de julio, estaba sujeto a la “suspensión a divinis” (prohibición de celebrar y recibir los sacramentos) que sería efectivo dos días después.

Había mucha presión sobre Jo Lafontaine, presión de su familia, de los amigos y especialmente del clero. Por su parte, escribió cartas “prudentes” a los suyos, manteniendo la ambigüedad sobre su situación exacta, especialmente a su madre. En octubre, se enteró de que su madre sufría de cáncer. El obispo de Bayona, Terrier, le ordenó volver a la diócesis y le hizo ver la situación en que se encontraba su madre. Para ella, su hijo había sido un traidor y renegado de Dios. “A partir de entonces vivió en la incomprensión, las relaciones familiares eran ambiguas y un lenguaje rayano en la hipocresía, que le resultaba insoportable a su temperamento honesto. La obediencia que se nos impuso”, dice Jean Cottin, “se convirtió no sólo en una prueba de nuestra fidelidad a la Iglesia, sino que también puso en tela de juicio, y si no la validez, al menos la calidad y la eficacia de nuestro sacerdocio que nuestra tenacidad le vació de contenido; nos convertimos en desertores, y luego en traidores, esclavos de la desobediencia en este mundo y del castigo en el otro”.

Jo Lafontaine fue uno de los sacerdotes-obreros a quien más le afectó. En El Havre, Jean-Marie Huret se había unido a los dos compañeros en la insubordinación, no le aplicaron ninguna sanción, y Jean Cottin, que fue a pasar la Navidad con su familia, recibió una carta de su obispo autorizándole a “celebrar la Misa en todas las parroquias de nuestra diócesis” de Saint-Brieuc (Côtes-du-Nord). Jo Lafontaine quedó así en entredicho hasta su muerte.

Al empeorar el estado de su madre, se quedó una larga estancia en San Juan de Luz en febrero de 1955 y se encontró con su obispo: “Al final, me acerqué a él como un mendigo para que me permitiese la celebración de la misa. Fue doloroso; dudó durante un cierto tiempo y finalmente me permitió que la celebrara sólo en ‘estricta privacidad’. Así lo hice durante sólo durante tres días porque los sacerdotes, párrocos y vicarios que me vieron no aceptaron esto y me dijeron que se estaban escandalizados”.

El 1 de marzo comunicó a su obispo Terrier que vivía en casa de sus padres y que se cuestionaba su actual modo de vida: “Creo, en efecto, que esta situación me parecía correcta en sus intenciones y la única posible, y que es un error decir que puede derivar en graves desviaciones de la Iglesia y de su sacerdocio. Sin embargo, confieso que soy bastante incapaz de hacer frente al futuro y no veo claramente cómo puedo situarme en la misión del episcopado para la evangelización de la clase obrera. No puedo, en las circunstancias actuales, tomar una decisión mejor».

Este texto tuvo el efecto de una bomba, como si fuese un “abandono”. Para Jean Olhagaray, tan rebelde como era, esto era una “carta de rendición“. Jo le respondió: “Nunca antes había sentido tanto lo mucho que uno puede ser marginado, agobiado y hacerme el vacío”. Regresó a Le Havre antes de que su madre muriera a finales de junio. Habiendo perdido su empleo, empezó a buscar de nuevo. Muy pronto entró en las Tréfileries et Laminoirs du Havre – la “Tréfil” – una “gran fábrica” donde su llegada marcó un nuevo comienzo para el equipo. Rápidamente se convirtió en uno de los secretarios de la sección sindical, secretario adjunto del sindicato metalúrgico de la CGT de Le Havre, representante del personal y del comité de empresa, miembro del Comité Administrativo del sindicato departamental del Sena Marítimo. “Jo, estás haciendo demasiado”, le decían a menudo. A veces trabajaba en la máquina más dura, “por la voluntad deliberada de algunos de sus jefes”. A esto se añadía “la suciedad, el ruido infernal, el ritmo de producción, ocho horas seguidas seis días a la semana”. Había rechazado una oferta más ventajosa que la gerencia le había ofrecido en un intento de “comprarlo”.

También dirigió el Comité del Movimiento por la Paz de su barrio y estuvo presente en todas las reuniones y manifestaciones, especialmente contra la guerra de Argelia. Se ocupaba de las actividades de tiempo libre de los jóvenes. Vendía el Humanité-Dimanche y asistía a las reuniones del partido comunista. Había participado en la redacción de un alegato: “Por qué voto comunista”. En un principio fue simpatizante activo, luego solicitó la afiliación al partido, en la sección de El Havre, “sobre unas bases muy precisas”, después de muchas dudas. “En aras de la lealtad, dijo, creo que debo dejar claro que no comparto la concepción comunista sobre la religión, pero sí me beneficio del partido para comprender la situación económica y política”. La negativa a admitirle en el partido lo vivió como “una herida personal” que “le hundió más en su soledad”. A decir verdad, no sabía vivir sin estar en un grupo. Sufrió ataques de tristeza, incluso de depresión El exceso de trabajo, la desmoralización y el agotamiento despertaron y acentuaron su angustia.

En 1957, con Jean Cottin y Jean-Marie Huret, Jo Lafontaine fue uno de los artífices de la reanudación de los encuentros nacionales de sacerdotes-obreros insumisos en torno a Bernard Chauveau, con vistas a un intento colectivo de reflexión sobre el “componente sacerdotal” de sus vidas. También inició relaciones con la parroquia de Le Havre-Graville (1959-1960). Siempre en busca de un cierto equilibrio, intentó una breve experiencia de vida en pareja, teniendo dudas ante un proyecto de matrimonio con una joven trabajadora de su fábrica. ¿Qué pasó el 8 de noviembre de 1960? Fue a su trabajo como de costumbre a las dos de la tarde, pero tuvo que dejarlo a las cinco y se fue a casa. A las seis fue encontrado en coma. Murió alrededor de las diez de la noche sin recobrar la conciencia. El sábado y domingo anteriores había asistido al V Congreso del Sindicato de Trabajadores Metalúrgicos.

Su compatriota y amigo Jean Olhagaray sintió que Jo Lafontaine estaba “llegando a la desesperación, en un callejón sin salida”. … El dictado de Roma, que le obligó a renunciar prácticamente a sus ideales, le causó tal drama interior que su propio ser fue desmoronándose. Era imposible para él tomar una decisión sintiendo que se estaba anulando a sí mismo. Murió de eso”.

Poco después de su entierro en San Juan de Luz, siete sacerdotes-obreros de la región parisina escribieron a su arzobispo, el cardenal Feltin, una carta el 20 de enero de 1961 con motivo de su trágica desaparición: “Jo Lafontaine, bajo una apariencia extrovertida y alegre, con esa cordialidad sureña reforzada por su acento vasco, fue con toda probabilidad el que más dolorosamente se vio afectado, hasta el final, por las contradicciones de nuestra situación, él que tenía una particular necesidad de claridad y unidad en su vida. Las incomprensiones encontradas en algunos círculos familiares cristianos, las dificultades de diálogo con ciertos sacerdotes, especialmente de su país, los recelos que experimentó y la falta de contacto directo, leal, confiado y realista con los que representan a la Iglesia, a lo cual nunca se acostumbró, nunca se resignó. Y todo esto le iba minando porque no aceptaba que la clase obrera nunca pudiera encontrarse con una Iglesia como tendría ser »

9 comentarios

  • h.cadarso

    A mí me cambió una militante de la HoAc Femenina, hermanas mías y hermanos. Me fugué a París para encontrarme con la que hoy es mi esposa y conmigo abuela de seis nietos. Pedí la secularización, me hicieron un proceso ridículo, me preguntaron sobre todo cuántas veces al mes me masturbaba…y cosas así. Bueno, ya era peón en un taller; un amigo que se había secularizado iba a la Sorbona a estudiar y se ganaba la v ida ayudando en una parroquia a atender a españoles emigrados uno o dos días a la semana desde la oficina de la parroquia. Y yo pretando tornillos…Me busqué la vida, me casé por lo civil y escribí al Cardenal de París que ya no necesitaba a la Iglesia: “Ya estoy casado, tengo seguridad social, tengo papeles, estoy esperando gemelas, si alguna vez lo desea, podré casarme por lo religioso, pero no se preocupe…Se me enfadó mucho el Cardenal…Al tiempo vino un riojano paisano de sus misiones en Africa y me lo arregló todo, y me casé…

    Me ayudaron los comunistas españoles. Seguí sintiéndome sacerdote (¿qué es ser sacerdote, si eres cristiano y perteneces a un pueblo sacerdotal?, a mí ni me añadía ni me quitaba nada) Volví a España, ayudé a alumbrar la Transición, el sindicato de agricultores libre, viví de un sueldo de peón, tuve que pedir auxilio para no morirme de hambre con mis gemelas, hasta que finalmente me fui de mi tierra a la empresa de un amigo excura, allí que tuve que aceptar el cargo de representante sindical y meter dos multas a mi amigo y patrón que le salieron muy caras a él y a mí me condenaron a vivir perpetuamente de peón…

    Pero fui feliz, y lo soy ahora, hermanas y hermanos, y de ello le doy las gracias al Jo Lafontaine, y burlé las leyes de la iglesia y de los Estados español y francés. Mi vida ha sido una travesura muy divertida, os lo aseguro. Porque ser feliz es sentirse a gusto consigo mismo y en paz con Dios, saberse perdonado por su infinita misericordia. Esta mañana, como todos los lunes, he salido a la calle a reclamar pensiones dignas para todos los jubilados y jubiladas. En mi parroquia cada vez que voy salgo a pelea y bronca con los curas por lo que predican y lo que hacen, por su actitud hacia las mujeres y sus derechos, soy un “broncas”. Y me lo paso bomba.

    No nos tengan pena a los curas excuras, si hemos seguido dentro del pueblo, lamenten más bien que hayan abandonado la profesión de curas para conseguir una situación económica y social más encumbrada, como mi amigo el que en París se fue a la Sorbona y en España se hizo senador en Madrid. !Qué vulgaridad!  Eso sí, el 90% de lo que soy y de mi felicidad se lo debo a mi compañera. Y me gustaría subir a los altares a aquella militante de la HoAcF que me desasnó… Me acuerdo de que no le gustó que me secularizase, y me mandó una botella de coñac desde España, quizá para desagraviarme. Sería una más entre los santos que se lo han  ganado a pulso, porque algunos no sé cómo han subido al altar…Lo siento, pero me cae regular “San Juan Pablo II”, después de haber apaleado a sacerdotes de la Teología de la Liberación y haber inficionado de anticomunismo rabioso a los países de la Europa del Este. A mí también me acusó una vez mi obispo de que era amigo de los comunistas…Y le dije que Jesús era amigo de los pecadores, me refiero a NIcodemo y a José de Arimatea, no a los plebeyos. Y ya no me acuerdo de como me contestó. ¿Para qué?

    Vale. Un saludo a tantos y tantos excuras que siguen siendo curas mucho más que antes como simples ciudadanos de a pie y obreros de pico y pala. Hay muchos curas obreros de pico y pala, más de los que piensan algunos. Lo que pasa es que en vez de estola y bonete llevan buzo azul y visera. Como San José Obrero, como Jesús Obrero, como Dios Obrero y creador de este Mundo que a mí se me antoja paraíso más que valle de lágrimas

    • Asun Poudereux

      No te pases Honorio, no sea que te dé un infarto, hermano.

      Gracias por mostrarte tan sincero, dada tu experiencia de la vida. Seguro que tu compañera sabe hacerte feliz, libre, sin miedo a nada.

      Un abrazo agradecido.

    • carmen

      Jolín Honorio.
      Me ha llegado al alma tu historia. Es de lo más bonito que he leído aquí.
      Porque al final, lo único que importa es tu capacidad de amar. No me gusta nada eso de Agustín de Hipona de ama y haz lo que quieras, en caso de que lo dijese alguna vez, que a lo mejor ni lo dijo. La capacidad de amar es otra historia.
      Has tenido mucha suerte en encontrar a tu mujer. Mi abuela Joaquina decía: en el cielo hay un librico que dice: menganica con fulanico.
      Y es cierto, lo difícil es encontrarlo. O encontrarla.

      Me encanta eso que dices de que eres un broncas.

      No me das ninguna pena. Te admiro profundamente.

      Un abrazo muy fuerte.

  • carmen

    Pues soy amiga de un jesuita obrero. Es totalmente hermético. De esas personas que te dejan hablar pero que ellas no sueltan prenda. Pero claro, tb soy de las que preguntan a bocajarro y es difícil escapar.

    Es de las personas más interesantes que he conocido. Al principio no entendía, cómo es posible, pensaba, que personas tan dispares nos llevemos bien. Luego me di cuenta de que no lo éramos tanto.

    Saben qué creo, me parece que pasó? Al finalizar la segunda guerra, el mundo , no exactamente, el Poder se dividió en dos bloques totalmente antagónicos. El marxismo pegaba muy fuerte. A ver si consigo explicar esto que pienso, que no quiere decir que sea cierto, es sencillamente lo que pienso. El marxismo pegaba fuerte como teoría económica, que en realidad es lo que es, no es una filosofía, para mí no lo es. Es un modelo económico. Me refiero al libro El Capital. Otros escritos, no sé.

    Pero claro, la frase la religión es el opio del pueblo se descontextualizó, exactamente igual que la de Nietzsche, Dios ha muerto.

    Europa acababa de salir de una guerra contra el fascismo. La alternativa era para muchas personas el marxismo. Y para muchos sacerdotes, también. O al menos para unos cuantos, los que fuesen. Gente preparada intelectualmente, con inquietud social importante. Vieron en el marxismo una opción muy lícita y oportuna. Había mucha pobreza. Había que defender a la clase que lo estaba pasando realmente mal. Eso unido al evangelio, era la combinación perfecta. Y si encima eres una persona idealista y crees el la igualdad y tal, pues sale este movimiento.

    Pero claro. La iglesia no lo iba a permitir, porque es aliada del otro bloque. Además, creo recordar que en los años cincuenta estaba Pío XII. No voy a hacer ningún comentario sobre este señor. Seguro que ustedes saben más que yo. Por cierto, creo que aún no lo han canonizado. Por qué será?

    Era imposible que el movimiento de curas obreros en Europa y de la teología de la liberación en Latinoamérica fuese vista con buenos ojos por el vaticano. Cuestión de Política exclusivamente. Pero la sociedad no era la misma que antes de la guerra y esa mecha prendió en la iglesia. Esas ganas de cambio.

    Le sucede Juan XXIII, es un señor al que adoro aunque tiene sombras, pero lo encuentro un señor valiente. Intentó canalizar esa inquietud que había estallado en el seno de la iglesia y convocó el concilio Vaticano. El resto es historia. Bueno, y lo anterior también.

    Pero su sucesor se achicó. Por qué? Posiblemente porque, o sea, imposible. O eres una persona de esas grandes o no puedes con esa reforma. Tuvo que haber presiones políticas impresionantes. Y apoyadas claro en que el marxismo es un ataque directo a Dios y por lo tanto a Jesús y por lo tanto al evangelio y por lo tanto a la iglesia. Lo tuvieron muy muy fácil. Que si dicen que Dios ha muerto, que si dicen que la religión es el opio del pueblo, no creen en Dios, son unos herejes, se quieren casar…

    Lo tuvieron muy fácil. Y machacaron al movimiento obrero dentro de la iglesia en Europa y la teología de la liberación en Latinoamérica. Y lo aplastaron sin despeinarse.

    Muchas veces, muchísimas he pensado, madre mía, querido señor Marx, si no hubieses hablado de Dios como algo alienante, posiblemente el mundo sería otro. Menudo error. No mediste la fuerza de la religión. La religión utiliza a Dios , y las creencias profundas no van a desaparecer porque tú escribas un libro. Además, en un modelo económico. Nunca lo entendí.

    Lo grande de todo es que no creo de ninguna de las maneras que este señor Marx no tuviese un grado de espiritualidad importante. Porque entonces, de dónde le viene la idea de que hay que cambiar el sistema económico porque crea desiguadad y es injusto? Pero si parece sacado del evangelio.

    Por eso deseo con todas mis fuerzas que haya términos que desaparezcan del lenguaje político. Por favor, que salga un modelo nuevo, ecléctico, razonable, factible, que aparque diferencias y empiece a unir mentalidades. Porque si no es así, siempre siempre perderán los mismos.

    No sé si he sabido explicarlo.

    Pero es que, no es por molestar a nadie, lo prometo. La iglesia es iglesia. Una sociedad de Poder. Olvídense de sociedad alternativa ni de nada de eso.

    A mucha gente le gusta. Y con unos cuantos retoques estéticos se darían por satisfechos. Y satisfechas.

    Y me parece genial. Adelante. Pero no intenten hacer otro movimiento similar a este de los curas obreros, les sucederá lo mismo. No esperen la aprobación de la iglesia. Que no les mate la tristeza como al protagonista de este artículo. Vayan a su aire. Bueno, muchos lo han hecho ya.

    Un abrazo fuerte a todos.

     

    • Asun Poudereux

      No te falta lucidez, Carmen. Gracias, por no desistir en tu intento y compartírnoslo en Atrio.
      Y sigue siendo tal cual eres.
      Besos con un fuerte abrazo.

      • carmen

        Qué graciosa eres.
        Lo que me sobra es tiempo. Dios santo, llevo en casa como mucha gente ya casi un Año. He salido a pasear y a tomar algo en alguna terraza y a casa de mi hijo por aquello de mis nietos. Fin.
        Y ahora ooooootra vez encerrada. El tema del jodío virus este ,por mi tierra está fatal. Y por mi barrio aún peor. Así que tengo tiempo para escribir lo que me pasa por la cabeza. Imaginación bn no me falta. Me dais un poco de lástima por tener que aguantarme, pero claro, con no leer lo que escribo, asunto resuelto.
        Cuídate mucho.
        Un abrazo fuerte.

  • ana rodrigo

    Como dice la canción, “todo cambia” y yo diría y cómo cambia. Lo que narra este artículo ocurrió hace cuatro días, much@s de quienes intervenimos en atrio, lo hemos visto y muchos lo han sufrido.

    Yo suelo insistir mucho en el contexto social en que se viven determinadas circunstancias y en este ejemplo de Jo Lafontaine, lo vemos. En esa época era un orgullo tener un hijo sacerdote y se convertía en la mayor de las desgracias si éste decidía abandonar el sacerdocio. Recuerdo a mi madrina que a raíz de que su hijo dejase sólo el seminario, tuvo un tumor cerebral que, pudo tener otras causas, pero yo, que era pequeña, recuerdo que todo el mundo decía que había sido del disgusto. Cuánto sufrimiento inútil personal y familiar.

    En Comunidades de base, en concreto en CCP, hay infinidad de ex curas, que son fantásticas personas y punteros en las nuevas teologías, personas abiertas, progresistas con una serie de valores extraordinarios, quizá por los que ellos lucharon siendo sacerdotes y que no  se les permitía vivirlos precisamente porque eran sacerdotes.

    Ahora hay falta de sacerdotes y la Iglesia sigue empeñada en una forma concreta de ser sacerdote que no convence a casi nadie, ¿por qué será?. Hasta que se queden sin los pocos que hay, la mayoría en edad muy avanzada. No me gustaría que ésta sea la causa de volver la vista a las mujeres. El problema es el tipo de sacerdocio y las mujeres mejor que no lo acepten.

     

    • oscar varela

      Todo Cambia’

      Cambia lo superficial
      Cambia también lo profundo
      Cambia el modo de pensar
      Cambia todo en este mundo

      Cambia el clima con los años
      Cambia el pastor su rebaño
      Y así como todo cambia
      Que yo cambie no es extraño

      Cambia el mas fino brillante
      De mano en mano su brillo
      Cambia el nido el pajarillo
      Cambia el sentir un amante

      Cambia el rumbo el caminante
      Aúnque esto le cause daño
      Y así como todo cambia
      Que yo cambie no es extraño

      Cambia todo cambia
      Cambia todo cambia
      Cambia todo cambia
      Cambia todo cambia

      Cambia el sol en su carrera
      Cuando la noche subsiste
      Cambia la planta y se viste
      De verde en la primavera

      Cambia el pelaje la fiera
      Cambia el cabello el anciano
      Y así como todo cambia
      Que yo cambie no es extraño

      Pero no cambia mi amor
      Por más lejo que me encuentre
      Ni el recuerdo ni el dolor
      De mi pueblo y de mi gente

      Lo que cambió ayer
      Tendrá que cambiar mañana
      Así como cambio yo
      En esta tierra lejana

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