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El regalo de Charles Darwin a ATRIO y a la religión

Mucho agradezco a Leandro Sequeiros, Presidente de ASINJA (Asociación Interdisciplinar José de Acosta) por dedicarnos este artículo con la presentación de un libro muy bueno. Al hacer referencio el autor al debate y sentencia judicial en EE.UU sobre El diseño inteligente, me he acordado cómo hace 18 años ya se informó y se comentó esta cuestión, de la manera artesanal con que se hacía entonces en Atrio. Vale la pena relerlo: Diseño inteligente y evolución.  Y no olvidéis ver también los comentarios. Estas son las reíces de lo que es y será ATRIO. AD.

“La teoría del Diseño Inteligente nos presenta un Dios cruel, sádico y abortista. Es una blasfemia”, escribe el profesor Francisco J. Ayala en un libro recién publicado y que comentamos para los lectores de ATRIO.
En ATRIO intentamos resetear nuestras antiguas concepciones y hacer emerger una nueva conciencia cristiana
Si Dios fuera el “diseñador” de todo lo que pasa en el mundo, sería responsable de los muertos en los campos de concentración y en Ucrania.

El profesor Francisco J. Ayala, premio Templeton y fallecido el 3 de marzo de 2023, se mostró siempre especialmente beligerante contra la llamada “Teoría del Diseño Inteligente” que, en su opinión “no es ciencia en absoluto. No está apoyado por experimentos, observaciones o resultados publicados en revistas científicas académicas”. Además, recalcó, “es mala religión, mala teología, porque implica que el diseñador posee atributos indeseables que no queremos predicar de Dios”.

El Dios del diseño inteligente, corriente ligada en Estados Unidos a grupos extremistas cristianos, “que leen la Biblia como si fuera un libro de Biología”, debió crear el mundo justamente el 23 de octubre de hace 6015 años, lo que contradice la realidad. Pero, además, la tesis de que cada individuo, especie u organismo es así porque así lo quiso el Creador “es inaceptable para quienes crean en un Dios Omnipotente y benevolente”.

“El Diseño Inteligente es una blasfemia, porque de ser cierto supondría que Dios es incompetente, cruel, sádico y abortista (el 20% de los abortos que se producen en el mundo son espotáneos”, recalcó Francisco José Ayala, quien insistió en que “los fenómenos naturales no tienen moralidad. Si fueran diseñados, sí habría un responsable moral del mal”.

Por ello, Ayala sostiene que la teoría de Darwin “es un regalo a las religiones”, pues “resuelve también el problema de la teodicea, del mal en el mundo”. “Dios no es el responsable del mal en el mundo, y eso lo sabemos, entre otros, gracias a Darwin”.

 

El testamento científico y religioso de Francisco J. Ayala

Se acaba de publicar este libro de Francisco J. Ayala que puede considerarse un testamento científico y religioso:

Francisco J. Ayala. El regalo de Darwin a la ciencia y a la religión. Sal Terrae, Santander, Universidad Comillas, 2023, 239 páginas, Colección Ciencia y Religión, número 29. ISBN: 978-84-8468-963-8

Francisco J. Ayala, el biólogo español afincado en EEUU, fue uno de los discípulos aventajados del gran experto en  genética Theodosius Dobzhansky (1900-1975) – uno de los padres de la síntesis neodarwinista moderna-, ucraniano-estadounidense y ferviente seguidor de la iglesia  ortodoxa rusa y miembro de la Academia Nacional Americana de Ciencias. Y precisamente, en el año 1973, hace ya 50 años, Dobzhansky publicó un artículo que se ha convertido en un clásico: «Nothing in biology makes sense except in the light of evolution». [The American Biology Teacher, 35: (marzo): 125-129]. Aunque esta expresión ya la había difundido muchos años antes y es el concepto estructurante de toda su extensa obra científica.

Tal vez fue este también el lema científico que orientó toda la labor científica y divulgadora de Ayala, que ha fallecido el 4 de marzo de 2023. Posiblemente estos dos acontecimientos (medio siglo del lema de Dobzhansky y la pérdida de Ayala) son los que han impulsado ahora la traducción al castellano de su ensayo Darwin´s  Gift to Science and Religion (Joseph Henry Press, Washington, 2007) cuyo contenido sigue teniendo frescura y actualidad.

El volumen que aquí comentamos es – según su autor – “una versión muy ampliada de mi obra Darwin and Intelligent Design (Fortress Press, Minneapolis, 2006)”.  Como escribe Francisco J. Ayala en el Prefacio de este volumen, “el mensaje que transmite este libro puede expresarse de forma sencilla: la ciencia y las creencias religiosas no tienen por qué estar en contradicción. Si se entienden bien, no pueden estar en contradicción, porque la ciencia y la religión se refieren a cuestiones diferentes”.  Aunque esta formulación es similar a la de S. J. Gould [ver la recensión de Magisteria, de Nicholas Spencer, 2023, en FronterasCTR, 12 junio 2023] no deben confundirse. Para Gould, son “magisterios que no se superponen, MANS”, mientras que para Ayala es posible – e incluso necesario – tender puentes epistemológicos entre ambos.

Pero Ayala va mucho más allá de Gould, cuando escribe: “Excluye el darwinismo las creencias religiosas? ¿Es la ciencia fundamentalmente materialista? La respuesta a la primera pregunta es no. A la segunda pregunta podemos responder que depende. Es decir, depende de si se refiere al ámbito y a la metodología científicos o a las concepciones metafísicas” (páginas 171-172)

Ayala, como la gran mayoría de los filósofos de la biología de su generación, suele identificar a Darwin y el darwinismo con la evolución biológica y pueden dar la impresión de que Darwin tenía todas las respuestas. Aunque fiel a la llamada síntesis neodarwinista moderna, siempre mantuvo reservas hacia los emergentes postulados de los equilibrios intermitentes (Eldredge y Gould, 1972) y se mantuvo en la ortodoxia del gradualismo. Aún así, Ayala mantuvo una mente abierta hacia los paradigmas geobiológicos emergentes a partir de los años setenta. Para mayor información, en un número anterior de Razón y Fe se ha publicado la recensión de otro ensayo de Ayala [Lo que nos hace humanos. Biología, medicina, lenguaje, mente, ética y religión, Universidad P. Comillas-Sal Terrae, Santander, 2021, enero-abril 2023, n.º 1.461, t. 287]

El volumen está estructurado en diez capítulos, referentes a otros tantos problemas científicos, filosóficos y teológicos a los que responde la comunidad seguidora de la síntesis neodarwinista moderna. Esta comunidad ha logrado la unificación interdisciplinar de saberes (bioquímicos, genéticos, paleontológicos) que vertebran la biología evolutiva moderna cuyas raíces se hunden en la fecunda tierra del cerebro y del laboratorio casero de Charles Darwin (1809-1882).

El texto viene precedido por un breve Prefacio, que concluye con estas palabras: “La teoría de la evolución de Darwin es un don para la ciencia, y también para la religión. Este libro expone mis razones. Espero que los lectores las encuentren coherentes y las acepten con convicción” (pág. XV).

El texto transparenta un cierto tono apologético. Cuando fue escrito, en Estados Unidos estaba muy vivo el debate sobre el llamado diseño inteligente, según el cual la complejidad irreductible (tal como afirma Behe) de los mecanismos biológicos, es decir, la improbabilidad de la aparición y desarrollo al azar de muchos de los órganos de los seres vivos (como los ojos) exige científicamente la existencia de un diseñador. Un grupo de padres acudió a los tribunales para obligar a enseñar el diseño inteligente en las escuelas como teoría científica. Tras un largo juicio en los tribunales, el 20 de diciembre de 2005, el juez John E. Jones III emitió su decisión sobre la cuestión de hecho y conclusiones de 139 páginas, dictaminando que “el DI (diseño inteligente) es nada menos que la progenie del creacionismo […] una visión religiosa, un mero re-etiquetado del creacionismo y no una teoría científica” y concluyó declarando como “inconstitucional enseñar DI como una alternativa a la evolución en un aula de ciencias de una escuela pública” del Distrito Central de Pensilvania.

Este tema es recurrente en el ensayo que comentamos. Para Ayala, la gran “revolución de Darwin” (sic, capitulo 2, pág. 15 y ss) es poder explicar el diseño sin necesidad de acudir a un diseñador, sino a causas naturales. Esto da pie a reflexiones interdisciplinares sobre “La selección natural” (pág. 49 y ss), “La evolución humana” (pág. 95 y ss), las aportaciones de “La biología molecular” (pág. 117 y ss), “Más allá de la biología” (pág. 161 ss) sobre los aspectos teológicos de la evolución biológica. Concluye el volumen con un capítulo (“Epílogo para los entendidos”, pág, 181 y ss) en que desarrolla los aspectos epistemológicos de la evolución biológica.

El texto está fundamentado en un gran número de extensas notas explicativas que se sitúan al final del volumen. Para el lector que desee una visión rigurosa del pensamiento de Ayala, recomendamos el trabajo de Diego Cano Espinosa, resumen de su tesis doctoral, revisada por el propio Ayala, Autonomía y no reduccionismo de la biología en el pensamiento biofilosófico de Francisco J. Ayala [en Pensamiento: Revista de investigación e Información filosóficaVol. 64, Número 240, 2008, págs. 267-287]

2 comentarios

  • José María Valderas

    Sequeiros, la Compañía está agradecido por la financiación de Ayala del centro jesuita sobre ciencia y fe de Madrid. Su elogio así lo refleja. Cercano y lejano a un tiempo de Ayala, lo conocí personalmente a raíz del artículo que publicó, a finales de los setenta, en el monográfico de Scientfic American dedicado al evolucionismo, en cuya edición española se insertó un trabajo de Antonio Prevosti, su padrino en la otorgación del doctorado honoris causa por la Universidad de Barcelona, cuyo discurso versó sobre la evolución, obligadamente, partiendo, captatio benevolentiae, de las pinturas del románico catalán que se conservan en el Museo Nacional de Cataluña.

    Porque a Ayala la inquietud religiosa no se le apagó cuando abandonó la Orden de Predicadores al poco de trasladarse a Estados Unidos para trabajar con Dobzhansky, una tutela de la que siempre quiso desprenderse. En efecto, cuando se le acusaba de que sus ideas eran fruto de su trabajo con el eslavo, insistía en que jamás publicó un artículo con él.

    Su condición de antiguo presbítero era arteramente explotada por sus enemigos, que los tuvo, en la Universidad norteamericana e incluso en su labor de asesor de Clinton. Hubo en Science cartas a este respecto que intentaban restarle mérito a su trabajo intelectual. No fue ese el caso de Gould, quien le ganó la partida en la teoría de los equilibrios puntuados, intermitentes dice usted. El gradualismo clásico de Ayala, auspiciado por la visión genética, era menos sólido que la reelaboración del plan genómica del paleontólogo premanturamente fallecido.

    A Ayala la inquietud dominicana por la filosofía y los premabula fidei no le abandonó nunca. Ya en Arbor publicó un primero artículo sobre la naturaleza del saber biológico, que luego reelaboró en The Philophy of Biology, propiciándole un acercamiento buscado a Popper, quien se había ya desdicho de su animosidad antievolucionista por no considerarla una doctrina –el evolucionismo– científica al no poder sometérsela a falsación. Esa inquietud le llevó a Ayala a alejarse de las vías de la existencia de Dios según santo Tomás y a cargar las tintas contra una exposición un tanto rastrera de la mismas. Jamás entendí por qué Ayala tomó por tomista una aberración o mala explicación de las causas segundas. Para luego recrearse en el muñeco. Se debe ser crítico con una visión simplista del diseño inteligente, pero el diseño está ahí, no obstante los tanteos, los errores, las vuelta atrás, el azar de los procesos evolutivos. Un buen tomista, como la doctrina que él recibió en Salamanca, en aquella Salamanca de Ramírez y Fraile, de Teófilo Urdánoz, de Colunga, debería haber hecho un esfuerzo de actualización, de aprovechamiento de los datos de la ciencia para exponer hasta qué punto las causas segundas son responsables de su propio destino.El, que colaboró y dirigió seminarios sobre ciencia y fe en famosísima colección, hasta hoy insuperada, pudo haberlo hecho. Quizá, Sequeiros, fuera por la presión exterior, de la academia que le exigió más que a nadie asentar su competencia. Sin querer penetrar en su mundo interior, lo veo como un drama personal

  • Isidoro García

    Tema de la evolución. Yo creo que entre el Diseño inteligente, que no es más que un Creacionismo teísta planificado y gradual, y el darwinismo clásico o meramente aleatorio, existe un tercer punto de vista intermedio, que es el del darwinismo emergente.

    Respecto al “Diseño inteligente”, no creo que sea tema de verdadera enjundia científica. Y respecto a que se prohíba su enseñanza, me chirría, y debería chirriar a todos los religiosos y espirituales, pues en el fondo, más tarde o temprano, podrían verse todos los religiosos, verse en una tesitura similar de intransigencia política.

    (Aquí habría que tratar el espinoso y vidrioso  tema del “adoctrinamiento infantil y juvenil” en el error, tema en que primero hay que deslindar muy bien, la verdad del error, y en el que todos han tirado y siguen tirando demasiadas piedras).

    Respecto al evolucionismo científico, la clave de todo, está en dilucidar si existe solo el mero azar, en las relaciones químicas y biológicas, o existen unas “líneas rojas”, y unas “estructuras”, o patrones, (“patterns”) prefijadas, integrantes de las leyes del Universo, que ”dirigen” y condicionan el curso de la evolución.
    Yo creo que la clave está en las Leyes del Universo, que hemos ido poco a poco descubriendo, y en la actualidad, creemos que dominamos en un 90 %, pero que en la realidad, eso no es así.
    Ya he comentado otras veces, que el Universo, por decirlo así, tiene tres grandes “reinos”, en los que rigen leyes específicas, que son adaptaciones ad hoc, de las Leyes generales.

    El reino de la materia inanimada, regida por las leyes físicas, -el reino de la Vida, regida, además, por las leyes biológicas, y -el reino de la Inteligencia, donde además de las anteriores leyes parciales, rigen una serie de leyes, que estamos vislumbrando poco a poco, pero aún no acabamos de descifrar.
    Podríamos llamar a estas leyes, Leyes de la Complejidad, y de la Información, y por ser superiores, impregnan, influyen e interiorizan las leyes físicas, biológicas y antropológicas.

    Por esa impregnación, podemos vislumbrar su dirección, y atisbar un poco por donde van, con el conocimiento de las leyes antropológicas, y especialmente con la psicología humana.
    De nuevo, Jung, fue el atisbador de esas complejidades, al comprender el concepto de “arquetipo”, que tiene muchas mas implicaciones y consecuencias, de lo que parece.
    “Arquetipo”, no es otra cosa, que “huella antigua”, o atávica, o cósmica, o primal. Puede ser la huella del oso, que nos descubre la presencia inesperada de “algo”.  
    Lo que nos descubre la existencia de los “arquetipos” de Jung, en la mente inconsciente humana, es la existencia en el Universo, de la “perspectiva arquetipal”, que fue el gran descubrimiento de Jung.
    Por decirlo de alguna manera, existen dos tipos de perspectivas: la “fotográfica”, y la “cartográfica -arquetipal-simbólica”.
    La “fotográfica”, como su nombre indica, descubre la “imagen-realidad” de las cosas, la foto. Mientras que la cartográfica, descubre, su estructura, su organización, su “modelo”. En esta última perspectiva, es preciso, un paso posterior de traducción a la realidad, mediante un conocimiento cultural adicional.
    Es como un plano de la ciudad, o un mapa de carreteras. Es un mapa, no es el territorio. Y hay que interpretarlo. Es una forma de transmitir una información muy compleja, de la forma más simple y reducida posible. De ahí que el Universo, la utilice cuando nos transfiere información.

    Porque el Universo, (que nadie creo que dude de que es inteligente), en el proceso de despliegue y expansión del mismo, utiliza ese enorme depósito de información inteligente que posee, y lo hace accesible, (aunque en forma “comprimida” y arquetípica), a todos sus integrantes del Universo, como son todos los seres vivos, incluídos nosotros.
    Es lo que Platón, denominaba filosóficamente el mundo de las ideas, o la “resonancia mórfica” y los “campos morfogenéticos”, de Rupert Sheldrake, que quizás, (con todos los errores primerizos de todo pionero), intuyó todo este tema ya hace cincuenta años.
     Es fundamental comprender, que estas leyes generales del Universo superiores, marcan una dirección a seguir, unas líneas rojas y azules, pero la actuación concreta en los seres, se realiza, mediante las leyes y mecanismos correspondientes, inferiores.
    (En estos temas de frontera, y de última hora, es necesario hacer un esfuerzo de no mirar al pasado, (en estos temas cincuenta años, son milenios), y sobre todo mirar el futuro, con la mente muy, muy abierta, y los religiosos, sin miedos, ni apriorismos doctrinales, pues al final la Verdad, triunfará, ya sea con Roma o sin Roma. Y si es sin Roma, será por culpa de Roma, no de la Verdad.
    Contra el Universo no se puede luchar, y contra su Inteligencia, (el Santo Espíritu) menos. El chulito de Jacob se encontró por los suelos con una pierna rota).

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