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No somos estúpidos

En la campaña electoral a la presidencia de los EE.UU., un asesor de  Bill Clinton acuñó la frase “Es la economía, estúpidos”, que se popularizó por todo el país, y le dio la victoria a Clinton, que centro su campaña en la economía. La frase se extendió internacionalmente y se ha repetido infinidad de veces como algo generalmente aceptado. Con ella se quiere indicar que la economía es lo fundamental en la vida humana, lo que más nos importa a los seres humanos, y, por tanto, si no nos damos cuenta de eso, es que somos estúpidos. El problema es que eso no es verdad.

La aceptación de este pensamiento es consecuencia de la introducción en la sociedad de la mentalidad y la cultura capitalista, para la cual si es cierto que lo económico es lo básico para los seres humanos. Pero eso es la visión del Homo economicus, una figura concebida por los utilitaristas ingleses del siglo XIX, con John Stuart Mill a la cabeza, y supone una visión reduccionista de lo humano. Más allá  de lo económico existen unas aspiraciones y unos valores que guían nuestro comportamiento en ese terreno económico. En este fondo último de la humano encontramos el instinto de supervivencia, la búsqueda de la felicidad y las opciones éticas fundamentales de la persona.

Vivimos, y queremos seguir viviendo. La conocida frase: “La bolsa o la vida”, nos hace ver que, ante la amenaza de perder la vida, pocos dudarán en sacrificar la bolsa. Una persona tiene que sentirse muy desgraciada y sin esperanza para renunciar a la supervivencia. También es indudable que la búsqueda de la felicidad es un ansia universal en los seres humanos, y  que la cultura capitalista pone la felicidad en el consumo. Pero otros la ponen en los sitios más inesperados, u orientan toda su vida a conseguir una felicidad plena en el más allá, lo cual puede exigirles renunciar radicalmente a la riqueza. Pero nunca dejaremos de sentir el deseo de felicidad como la aspiración más profunda de la vida humana.

La dimensión espiritual de los seres humanos nos lleva al terreno insoslayable de las opciones éticas. Lo reconozcamos o no, todos tenemos unas opciones fundamentales en el terreno de lo ético y lo moral. Puede ser una opción en que predomine el egoísmo individualista, o una opción en que tenga un papel predominante la solidaridad. Una solidaridad que no nos obliga a dejar de buscar nuestra felicidad, pero que nunca sea a costa de la felicidad de los demás. Una felicidad para todos, para la comunidad humana de la que formamos parte.

Cuando vamos al terreno económico, llevamos en el fondo de nuestro espíritu unas líneas que nos orientan en un sentido u otro. Si buscamos nuestra felicidad en el consumo, nuestra visión de lo económico será radicalmente distinta de si ponemos la felicidad en nuestro desarrollo como personas, y en la satisfacción de un trabajo al servicio del bien común. Según  tengamos una opción fundamental por la solidaridad, o por el individualismo egoísta, (cosa que normalmente no reconoceremos, sino que diremos que es lo normal, lo que hace todo el mundo), nuestra forma de enfrentarnos a lo económico será muy distinta

No somos estúpidos. Somos conscientes de que detrás de lo económico existen unos valores humanos que nos guían en todos los aspectos de nuestra vida, también en el económico. Lo estúpido es pensar que nos reducimos al Homo economicus, con la pobre visión de la humano que eso supone. Y los que proclaman que somos estúpidos por no poner la economía en el plano superior de nuestras vidas, lo que dejan muy claro es cuáles son sus opciones fundamentales y sus valores humanos, que son bastante rastreros.

5 comentarios

  • Alberto Revuelta Lucerga

    Oscar, acabo de enterarme del 1-2 de los saudíes y no me atrevo ya casi ni a decirte que lo que pretendí era constatar que, de momento, la política puede embridar el desenfreno del dinero. Pero después de qye ni invocando al Dieguito, se enmiende el partido ya no sé dónde mirar. Un abrazo

    • oscar varela

      Gracias Tocayo!
      Yo llevo tantos años -más de la mitad “deportivos”-, que estoy acostumbrado a vivir “deportivamente” = esfuerzos felicitarios (para ambos contendientes)
      Gracias!

  • ana rodrigo

    La FIFA, y por tanto el deporte del futbol, se ha vendido por  muuuucho dinero a Qatar y, con la FIFA, los millones y millones de aficionados que no se van a perder el ver todos los partidos a pesar de que donde juegan, no existan los derechos humanos más elementales. La liga española (o como se llame) jugó también, no sé qué final español, en otro país con muchos petrodólares y que les pagó mucho dinero, mientras los aficionados españoles tuvieron que verlo por televisión, lo que cobran los futbolistas famosos y cómo exhiben sus colecciones de coches o sus mujeres las joyas, los abundantes Elon Tusk, con tantos miles de millones… y así sucesivamente… Pero ¿Dónde está la ética y los valores de solidaridad? ¿y los derechos humanos que se pisotean en tantos países desde sus leyes, las colas del hambre en nuestros países, las fatigas que, con crisis y sin crisis económica, tienen tantos millones de familias trabajadoras (es decir, que tienen un trabajo) para llegar a final de mes, los miles de sin techo, los muchos miles de desahuciados de sus casas por bancos millonarios, y un sin fin de desigualdad entre unos países y otros. ¿será la ausencia de valores la que provoca estas situaciones? Pues claro. ¿Que hay muchos estúpidos en el mundo? Pues sí. Sálvese quien pueda y quien quiera de esta hecatombe mundial de falta de valores. Y, a título individual, hagamos lo que esté en nuestras manos.

    “Poderoso caballero es don dinero”, y quien lo tiene, disfrutan de cosas que no pueden hacerlo quienes no lo tienen. La tesis capitalista es que los valores y la ética no da lo que da el dinero. Y en esas estamos. Después, están las excepciones que, afortunadamente las hay, pero no como estructura social, sino como pececillos nadando en un estanque.

  • Alberto Revuelta Lucerga

    Muestra de que desde valores que sugiere y reivindica el autor fotográficamente reconocido es el planteamiento que han  expuesto varios diputados de diversos Parlamentos del mundo defendiendo que crear un impuesto sobre la especulación constituiría una decisión clave para financiar la transición ecológica.  Es necesario encontrar sumas muy elevadas de dinero para enfrentar la crisis alimentaria, financiar el transporte público y la ayuda a los países del Sur para paliar los daños derivados del cambio climático. Y compensar a los países que reducen la explotación de sus reservas de energías fósiles y de gas. Proponen crear un impuesto sobre las transacciones financieras cuyos mercados están en niveles muy altos. Un impuesto del 0,1% sobre las transacciones financieras aportaría unos 57.000millones de euros al año. Crear este impuesto puede hacerse en un año

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