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El programa de Jesús (24)

HACIA LA VIDA, SORTEANDO ENGAÑOS

1. En las calles de la ciudad

                La comunidad de los adheridos al Programa de Jesús no se caracteriza por su quietud, sino por su dinamismo. Sus miembros no aspiran a quedarse encerrados entre muros escapando del resto del mundo; están a todas horas predispuestos a salir a la calle y embarcarse en la realidad con proyectos que vayan sembrando fraternidad y justicia. Su objetivo nada tiene que ver con la búsqueda de la perfección personal, sino con el compromiso y la iniciativa de actuar como servidores, atentos a las necesidades y anhelos de los más desprotegidos e insignificantes. Trabajan sobre la plantilla heredada del Maestro y Señor, el que siempre anduvo con el delantal puesto. Sin desviarse de ese trayecto marcado por el Galileo, van deslumbrando con la vida en una sociedad apagada que deambula confusa por rutas inciertas.

        En su Programa, Jesús señaló con claridad a los suyos el rumbo de su andadura y los márgenes de su itinerario. Ahora les avisará del riesgo de dejarse llevar por los acostumbrados y atrayentes caminos; también les advertirá del peligro que representan determinados personajes impostores, maestros en el extravío. El primer caso lo presentará aludiendo a las puertas de entrada a una ciudad; en el otro, hablará de falsos profetas.

 

2 ¿Por qué Puerta entrar?       

7,13 Entrad por la puerta angosta; porque ancha es la puerta y amplia la calle que llevan a la perdición, y muchos entran por ellas. 14 ¡Qué angosta es la puerta y qué estrecho el callejón que llevan a la vida! Y pocos dan con ellos”.  

        2.1. Para andar con los otros, no para quedar pasivo

        Entender estas palabras aisladas de su contexto general (el Programa de Jesús desde la cumbre) y del próximo (la instrucción que precede: “Todo lo que querríais que hicieran los demás por vosotros, hacedlo vosotros por ellos”) es la mejor manera de no dar con su sentido. Como hemos indicado más arriba, el Galileo marcó con su vida una ruta alternativa. A los discípulos les toca llevar la delantera en un mundo constreñido, abriendo nuevos cauces de relación humana.

        La pasividad, en cambio (“No hagas a tu prójimo lo que no quisieras que he hagan a ti”), distingue a quienes militan en el conformismo generalizado. Además de cómoda, parece la postura más prudente. De ahí que sea la aconsejada por la ideología oficial y la preferida por la gran mayoría de sus obedientes. El orden injusto apremia a transitar por caminos habituales, los señalizados a cada metro en su intento por impedir a toda costa que se encuentren y se sigan otros trayectos inéditos al margen de su control.

        2.2. La andadura fraternal

        Al Galileo no se le escapan esas oscuras maniobras que trabajan en el moldeo de la querencia de la gente. Y pondrá en alerta a la multitud. Y aleccionará a los suyos. El texto que habla de las puertas sigue teniendo como destinatarios al conjunto de mujeres y hombres posicionados en corro alrededor del Galileo. Su contenido anima a la comunidad a emprender la andadura en la dirección antes señalada: “Todo lo que querríais que hicieran los demás por vosotros, hacedlo vosotros por ellos”. Esa vía está lejos de ser la acostumbrada, la que la mayoría recorre de continuo, pero él la defenderá como la que colma todas las expectativas.

 

3. Decidirse por una de las dos Puertas de entrada a la ciudad

        Jesús lo indica con un ejemplo que presenta dos recorridos distintos. Están trazados con precisión. Los términos con que han sido dibujados subrayan sus sentidos contrapuestos. Dos puertas (πύλη; ‘puerta’, ‘entrada’, ‘paso’) abren paso a dichos trayectos (ὁδός; ‘camino’, ‘vía’, ‘carretera’). Una de esas puertas es estrecha (στενός; ‘estrecho’, ‘reducido’) y da acceso a un callejón también angosto; la otra, por el contrario, destaca por su anchura (πλατύς; ‘ancho’) y se abre a una calle espaciosa. Pero Jesús advierte a los suyos. No han de dejarse llevar por las apariencias: Esta amplia puerta y la gran calle que con ella se inicia conducen a la ruina (ἀπώλεια; ‘perdición’, ‘destrucción’, ‘ruina’). En cambio, la estrecha y su pasadizo llevan directo a la vida (ζωή; ‘vida’). A pesar de ese beneficioso e incomparable destino, la gran mayoría (πολλοί; ‘muchos’) de las personas pasa por la ancha puerta y circula por su amplia calle; Muy pocos (ὀλίγοι; ‘pocos’), sin embargos, encuentran la pequeña puerta que da al estrecho callejón.

        3.1. Las dos puertas; era lo que había

        El Galileo expone su enseñanza con base en la realidad y la cultura de su tiempo. Quienes se mantienen en su derredor tienen fácil captar cada detalle del ejemplo. Está hablando de una ciudad. No importa cuál. Los elementos reales que utiliza tienen sentido figurado. La ciudad representa el espacio humano donde la gente se concentra para desarrollar su existencia. Las ciudades en el mundo contemporáneo a Jesús estaban amuralladas por motivos de seguridad. Contaban con una gran puerta principal fortificada que abría paso a la ancha calle, la más importante y distinguida de la urbe. La extensa muralla que rodeaba la capital, Jerusalén, tenía otras puertas, usadas para diferentes servicios. En el capítulo 3 del libro de Nehemías, al hablar de la reconstrucción de la muralla, se da noticia de las diferentes puertas con que contaba. Las ciudades tenían además en su muro una puerta secreta, desconocida por los no residentes. Era una abertura angosta que daba acceso a un callejón de trazado oblicuo al del grueso muro para disimular la entrada y hacerla prácticamente invisible ante los ataques y asedios de enemigos.

        3.2. El ejemplo no remite a moralinas

        Jesús, con su método pedagógico habitual, emplea la imagen de esas dos puertas para explicar su mensaje en forma gráfica. No hay nada en el texto que indique que el tránsito por la puerta y el callejón estrechos suponga tener dificultades para atravesarlos, de manera que el pasar conlleve hacer sacrificios y soportar padecimientos. Aquí no se habla de ascética ni mortificaciones, austeridad o éticas rigurosas. Y la puerta espaciosa nada tiene que ver con relativismo, proceder disipado, inmoralidades o conductas depravadas. El ejemplo hace uso de una sencilla realidad, la de unas puertas que han sido construidas para cumplir una función relacionada con la vida ordinaria de la gente.

 

4. La ciudad como arquitectura del dinero…

        La ciudad es el centro neurálgico de la vida social. Se caracteriza por ser unidad económica de una colectividad humana. Es también centro que recoge y aglutina el fruto del sistema productivo. En su núcleo se apiñan todos los poderes que ordenan y dirigen la actividad. A su alrededor, acaudalados, privilegiados, acomodados, favorecidos, serviles, sumisos… En la periferia solo domina la escasez. Fuera de los muros, reina el abandono, se extiende la miseria y abundan excluidos. La atracción la ejerce su centro de gravedad: el dinero.

        4.1. …que fluye por la avenida de la Puerta ancha

        La puerta ancha y su calle espaciosa han sido pensadas como vías obligadas de acceso al espacio donde se concentra con velocidad creciente el ajetreo social. La atracción la ejerce el gran sumidero de la vida, centro de atracción de tal trajín diario: El Dinero. Enormes multitudes (πολλοί; ‘muchos’) fluyen de continuo por esa ruta. Vienen y van. Han sido educados para seguir ese itinerario sin rechistar. Aceptan no tener otra alternativa que pertenecer al clasificado enjambre, asumiendo la función conseguida tiempo atrás con algún tipo de esfuerzo. Cada movimiento supone mayor consolidación del sistema. Jesús asegura sin paliativos que ese itinerario conduce a una situación desgraciada: “…porque ancha es la puerta y amplia la calle que llevan a la perdición”. La expresión: “a la perdición” (εἰς τὴν ἀπώλειαν) no alude a ninguna condenación en el más allá, sino al fracaso existencial de haber arruinado la vida sumándose al corro de los seducidos por el brillo del dios metálico.

        4.2. Por el estrecho Callejón y la Puerta angosta fluye, cuidadosa, la vitalidad cotidiana

        La puerta disimulada en el muro encauza, por el contrario, de modo directo adonde late la vida. Entrando por ella se evita el flujo imparable de las masas de sumisos, el control de la puerta y el desfile por la hilera de focos especializados en sugestionar y atolondrar a incautos. No se trata de una vida celeste, sino de la que toca suelo. Esa puerta pequeña hecha de piedras no presenta dificultades para entrar, sino para ser vista. La atracción ejercida por la principal favorece el desinterés por hallarla. El texto supone que los distribuidos en derredor del Galileo en la cumbre conocen su existencia y saben del lugar del muro donde se ubica. Jesús no invita a buscarla, sino a colarse por ella: “ENTRAD por la puerta angosta”. El imperativo εἰσέλθατε (traducido: “entrad”), del verbo ἔρχομαι (‘ir’, ‘venir’, ‘marchar’, ’caminar’), manifiesta la exigencia de emprender una andadura determinada. Los discípulos ya conocen el significado de esa andadura, traspasando esa puerta y recorriendo el callejón. El amor leal, distintivo de los adheridos al Programa de Jesús, ha sido llevado al detalle por Jesús. El significado de la puerta estrecha y el callejón angosto hila con la instrucción precedente: “…todo lo que querríais que hicieran los demás por vosotros, hacedlo vosotros por ellos”.

        El Galileo recalca las características especiales de esa entrada a la ciudad camuflada por razones de seguridad. Lo hace con énfasis en tono exclamativo. Despierta, así, el interés respecto a ella: “¡Qué angosta es la puerta y qué estrecho el callejón que llevan a la vida!”. Quienes permanecían en el corro rodeando al Galileo captan el sentido de su aseveración. No necesitaban aclaraciones. La presenta en forma sugerente, animando a llegar hasta dicha puerta. Se trataba sin duda de la abertura en el muro que, desconocida por los enemigos, en momentos de peligro permitía un acceso rápido a la urbe poniendo la vida a resguardo.

        4.3. Sin embargo, al Callejón y a su angosta Puerta no los hallan

        Al contrario de lo que ocurría con la puerta principal, por este reducido hueco, puerta y callejón, entraba poca gente. Ahora bien, extraña el hecho de que ante tanto esmero por destacar los detalles físicos de una y otra puerta, Jesús añada un matiz alejado de la realidad:

        “Y pocos dan con ellos”.

        No declara que no quieran entrar por ese hueco, sino que no lo localizan. Esta afirmación causa extrañeza tratándose de habitantes de la ciudad, conocedores de todos sus rincones. ¿Cómo es posible que ignoren la localización de esa entrada secreta que puede garantizarles la vida? Rige la ingenuidad del sentido figurado y el hondo sentido de la afirmación de Jesús. El amigo de Galilea ha usado la imagen de las puertas de la ciudad para explicar los dos trayectos que se exponen a consideración de la gente. Uno establecido por el dios metálico, muy visible, ancho, atractivo, aceptado por la mayoría como exclusivo e indiscutible. El otro, el presentado por Jesús como alternativa.

        4.4. ¿Por qué no la encuentran?: Porque no la buscan

         La clave de interpretación de este dicho de Jesús: “Y pocos dan con ellos” la da el verbo griego εὑρίσκω (‘hallar’, ‘encontrar’, ‘descubrir’). Ese verbo explica la razón por la que la mayoría de ciudadanos no conoce la citada entrada. Ese mismo verbo se ha usado repetido por dos veces en el relato precedente: “Buscad y ENCONTRARÉIS” y “el que busca ENCUENTRA” (Mt 7,7; https://www.atrio.org/2022/11/el-programa-de-jesus-23/#more-23577). La idea aparece nítida: No encuentran la ruta alternativa, sencillamente, ¡PORQUE NO LA BUSCAN! La tienen a la vuelta de la esquina. Se requiere abandonar la sumisión al dios dinero el que presume de abrir todas las puertas. Una vez rechazada su invitación a entrar a sus dominios, la búsqueda de la alternativa que da acceso a la vida y a la plenitud humana está a la mano. Es fácil encontrarla; solo depende de no decaer.

        4.5. Avenida y Callejón: dos caminos que no se juntan ni se cruzan

        Entre un itinerario y otro hay deferencias esenciales: Por la puerta principal y la amplia calle se impone la competición y se acepta el pisarse unos a otros. A los triunfadores se les promete con engaño ganar la vida. Por la pequeña puerta la vida se conquista a través del amor y la lealtad. Y eso genera animadversión del orden este:

“No os extrañéis, hermanos, si el mundo os odia. Nosotros sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida porque amamos a los hermanos” (I Jn 3,13-14).

 

5. Todavía falta; falta Entrar

        No bastará, sin embargo, dar con la puerta. Habrá que entrar por ella. Es lo que Jesús pide a los suyos: “ENTRAD por la puerta angosta”. Los intentos por abortar la entrada a ese trayecto alternativo serán constantes. Jesús advertirá a la comunidad respecto a las diversas tentativas de desviar por otros derroteros. Ese será el intento de los falsos profetas:       

7,15 Cuidado con los profetas falsos, esos que se os acercan con piel de oveja, pero por dentro son lobos rapaces. 16 Por sus frutos los conoceréis; a ver, ¿se cosechan uvas de las zarzas o higos de los cardos?”

        5.1. Peligros que acechan

        El texto comienza con un imperativo: “Cuidado”. Es una llamada de atención. Reclama a la comunidad estar alerta respecto a un grave peligro. Avisa del riesgo que representan unos determinados personajes. Con ese mismo imperativo (Προσέχετε; ‘atended’, ‘poned atención’) apercibió a la comunidad frente a la manera de actuar de los religiosos fariseos (https://www.atrio.org/2022/09/el-programa-de-jesus-15/). En esta ocasión el peligro proviene de los falsos profetas (ψευδο-προφήτης). Profeta se dice de quien habla en nombre de otro siendo fiel al mensaje que este le encarga transmitir (https://www.atrio.org/2018/02/profeta/). El falso profeta se presenta como portavoz de la divinidad, pero en vez de trasladar el mensaje que se le ha confiado, emite uno distinto, uno de su propio interés. Es un farsante; no habla por otro, sino por sí mismo. Interviene con pretensiones ocultas y ambiciosas. Los comediantes fariseos (ὑποκριτής: ‘actor’, ‘comediante’, hipócrita’) y los profetas embusteros andan en la misma onda y pertenecen al mismo gremio, el presidido por el Embaucador Global.

        5.2. Charlatanes interesados que demoran y desvían

        En este contexto de las dos puertas con sus correspondientes trayectos, Jesús se refiere a personajes que se presentarán hablando en su nombre. El peligro de tales individuos estriba en el engaño. El objetivo pretendido por ellos consiste en desencaminar. Usan el embuste para alejar del itinerario alternativo. Distorsionan, por tanto, el mensaje de Jesús buscando conducir a la gente hacia la ruta donde ellos actúan agregados a la camarilla de los embaucadores. Para ello hacen creer que la puerta estrecha está asociada a la resignación y a los sacrificios, y que el premio de la vida se consigue en el más allá. En el más acá, nada ha de cambiarse, todo debe quedar según está establecido.

        El Galileo los descubre. Habla de ellos en plural. Son más de uno. Aparentan pertenecer al rebaño de los dóciles; se muestran inocentes, indefensos… Simulan pacifismo, suavidad y dulzura. En realidad, son integrantes de la manada de depredadores humanos, siempre acechantes, diestros en el camuflaje, prontos a la emboscada, inclementes y agresivos. El peligro está en sus fauces con las que despedazan a la comunidad: “…esos que se os acercan con piel de oveja, pero por dentro son lobos rapaces”.

        5.3. Detectarlos y quitarles la careta religiosa

        No bastará la prevención ante dichos sujetos de modales apacibles. La comunidad necesitará desenmascararlos para que no despisten a ingenuos. Jesús aporta la pista. Los delatarán sus prácticas, su forma de vivir y actuar: “Por sus frutos los conoceréis”. Al respecto, presenta un ejemplo para hacer pensar: “…a ver, ¿se cosechan uvas de las zarzas o higos de los cardos?”. El verbo griego συλλέγω (‘reunir’, ‘recoger’) pregunta por el rendimiento y la recogida de lo producido mediante una actividad: “¿se cosechan…?” (συλλέγουσιν). La recogida de lo que la comunidad necesita: “uvas” e “higos”, no pueden salir de quienes producen rasguños y heridas (“zarzas” y “cardos”) a quienes se les aproximan. Los falseadores del mensaje engatusan prometiendo futuros e inigualables tesoros, pero ellos solo se han desenvuelto en la quincalla.

        Los comediantes fariseos destacaban por su religiosidad. Presumían ante los demás como defensores intransigentes de la más pura ortodoxia. Se presentaban como los inmaculados representantes de la voluntad divina, que interpretaban a su conveniencia. Llegaban a tal punto de osadía que conocían al dedillo todo cuanto Dios quiere. Jesús advierte de la amenaza que supone para la comunidad la intervención de esos falsos profetas. Su aleccionamiento respecto a estos retorcidos personajes deja a un lado la palabrería que ellos dominan y se centra en lo que hacen. Y otra vez más recurre en sus explicaciones a ejemplos de la naturaleza:       

7, 17 Así, los árboles sanos dan frutos buenos; los árboles dañados dan frutos malos. 18 Un árbol sano no puede dar frutos malos, ni un árbol dañado dar frutos buenos, 19 y todo árbol que no da fruto bueno se corta y se echa al fuego. 20 Total, que por sus frutos los conoceréis”

5.4. Se los conoce por lo que hacen y su fruto fraudulento

        El discurso no confirma la autenticidad de quien lo emite. La aseveración final repite al pie de la letra lo indicado con anterioridad (v.16): la huella por la que reconocer a estos fraudulentos individuos: “Por sus frutos los conoceréis” (ἀπὸ τῶν καρπῶν αὐτῶν ἐπιγνώσεσθε αὐτούς). La insistencia en esta idea demuestra el prolongado interés de Jesús porque la comunidad se mantenga en la trayectoria marcada por su Programa. Para ello, necesita detectar y reconocer a quienes se presentan como legítimos portavoces de Dios desviando hacia rutas desatinadas. El timo queda descubierto por sus praxis y el resultado de sus desencaminadas propuestas.

        5.5. Un ejemplo para fijarlo en la memoria: el árbol y su fruto

        El Galileo se ayudará de la lógica e invitará a los suyos a seguirla. Escoge un ejemplo sencillo conocido por todos: la energía productiva de los árboles. Al igual que sus frutos dependen de su naturaleza: “…los árboles sanos dan frutos buenos; los árboles dañados dan frutos malos”, la calidad personal y la autenticidad de cada uno quedarán refrendadas solo por el rendimiento de sus actuaciones. Los hechos dan la pista y demuestran la opción tomada. La adhesión al Proyecto produce resultados acordes a dicha anexión. Otra cosa muy distinta ocurre con quienes han apostado por desplegar su vida siguiendo el croquis establecido por los manejadores del dios metálico: “Un árbol sano no puede dar frutos malos, ni un árbol dañado dar frutos buenos”. El dinero, el dominio, la sumisión, la injusticia, el miedo, la pesadumbre, la miseria, el hambre, la esclavitud… son signos inequívocos que descubren el itinerario de la puerta grande y la calle espaciosa. La vida, el amor y la lealtad evidencian el haber atravesado la pequeña puerta y recorrido el estrecho callejón.

        El Galileo aclara, en fin, que los falsos profetas, obcecados por distanciar a los integrantes de la comunidad de la ruta que lleva a la vida, se enfrentan a un negro porvenir: “y todo árbol que no da fruto bueno se corta y se echa al fuego”. Estas palabras repiten al pie de la letra (πᾶν δὲνδρον μὴ πὸιοῦν καρπὸν καλὸν ἐκκόπτεται καὶ εἰς πῦρ βάλλεται) la denuncia del Bautista:

“¡Camada de víboras!… …dad el fruto que corresponde a la enmienda… …el hacha está ya tocando la base de los árboles, y TODO ÁRBOL QUE NO DA BUEN FRUTO SERÁ CORTADO Y ECHADO AL FUEGO” (Mt 3,7.8.10).

        Con esta alusión, Jesús revela el origen de la falsedad de estos impostores: No han llegado a convertirse. Se han quedado a las puertas de renunciar de una vez por todas a la injusticia. Y se hallan atrapados, por tanto, en la pura apariencia. Les espera un infortunado destino. La dura frase: “será cortado y echado al fuego” no ha de interpretarse en sentido literal ni hace referencia a castigos eternos. Pertenece al conjunto de antiguas expresiones de tinte amenazante (p.e.: “Allí será el llanto y el rechinar de dientes” (Mt 8,12) o “Y su señor, indignado, lo entregó a los verdugos, hasta que pagara toda su deuda”) (Mt 18,34), que lejos de asegurar una condena en un juicio divino, declaran el FRACASO EXISTENCIAL.

        5.6. La religiosidad es un retroceso

        Engañan los falsos profetas insistiendo en la vía del ideario religioso. A la sociedad alternativa que ha aceptado la soberanía del Padre no se llega reduciendo el objetivo de la existencia a la religiosidad. Requiere andadura siguiendo el recorrido apuntado por el Galileo. No basta ser admirador empedernido de Jesús. Ni siquiera su reconocimiento expreso como Señor. Se requiere hacer realidad lo que se anhela y se solicita con sinceridad en el Padre nuestro:       

7, 21 No basta decirme: <<¡Señor, Señor!>>, para entrar en el reino de Dios; no, hay que PONER POR OBRA el designio de mi Padre del cielo”.

        El contraste entre hablar (λέγω; ‘hablar’, ‘decir’) y hacer (ποιέω; ‘hacer’) resulta evidente. La expresión: “¡Señor, Señor!” dirigida a Jesús declara ser creyente a quien así se manifiesta, pero ni creer o decir lo que se cree concede el formar parte del reino de Dios. La tenaz insistencia histórica contradiciendo esta declaración del Galileo por quienes se presentan como sus portavoces autorizados ayuda a entender el énfasis que puso Jesús en advertir a la comunidad respecto a la necesidad de desenmascarar a los falsos profetas. A la sociedad alternativa, constituida por los que han aceptado la Soberanía del Padre, solo se accede por la tarea de hacer realidad su Designio. Ese es el deseo de la comunidad y así lo enseñó a pedir el Maestro: “Realícese en la tierra tu designio del cielo” (Mt 6,10b).

        El Designio del cielo, determinado en la Carta Constitucional presentada por Jesús en la cumbre del monte (Mt,5,3-10), consiste en la realización de una sociedad fraterna. La experiencia de la hermandad facilita constatar la condición de hijos. Permite, además, poder decir con coherencia y sinceridad absoluta: “Padre nuestro”. Y, en consecuencia, desear que ese apelativo: Padre sea reconocido desde la experiencia por todo el universo humano: “Proclámese ese nombre tuyo”.

 

6. Jesús advierte ahora a los falsos profetas:       

7,22 Aquel día muchos me dirán: <<Señor, Señor>>, ¡si hemos profetizado en tu nombre y echado demonios en tu nombre y hecho muchos prodigios en tu nombre!>> 23 Y entonces yo les declararé:

        -Nunca os he conocido. ¡Lejos de mí los que practicáis la iniquidad!”.       

        Los adheridos al Proyecto del Galileo no tienen por misión realizar obras prodigiosas, sino trabajar en la construcción de la sociedad alternativa o reinado de Dios. El texto original griego empieza poniendo en su cabecera a quienes se declaran haber actuado en su nombre: “Muchos me dirán”. Y añade un dato temporal, aunque de apariencia indeterminada: “…aquel día”. Ese apunte hace referencia a una expresión venida del AT: “El día de Yahvé”, indicativa de una acción definitiva de Dios con la que pondría todas las cosas en su sitio. A mi juicio, puesta en boca de Jesús, alude al día en que el orden establecido, con el imperio dominante en sus funciones, evidenció su gran desatino ejecutando a quien había señalado la puerta y el callejón que daban a la vida. En ese día, se estableció definitivamente la Soberanía del Padre. Su sociedad alternativa significaba la salvación de la parálisis y la muerte que la sociedad injusta genera.

        6.1. Por más que nombren a Jesús ¡él los desconocerá!

        Desde aquel día señalado hay quienes repiten la fórmula invocatoria anterior: “Señor, Señor” (Κύριε, κύριε). Los sujetos que las pronuncian presentan sus actuaciones como credenciales que justifican su adhesión. Se repite por tres veces la coletilla “en tu nombre” (τῷ σῷ ὀνόματι). Son los destacados del ideario religioso actuando como profetas. Así se declaran en el primer enunciado: “si hemos profetizado en tu nombre”. Como avales de su adhesión exhiben acciones portentosas: “echado demonios en tu nombre y hecho muchos prodigios en tu nombre”. Pero, a pesar de esta exuberante apariencia de cristianos, resultan extraños a Jesús: “Entonces yo les declararé: Nunca os he conocido”. Jamás han formado parte de su comunidad, la distinguida por la fraternidad. Están lejos de ella. Su tarea no ha consistido en poner por obra el Designio del Padre. Pertenecen, pues, al orden injusto: “¡Lejos de mí los que practicáis la iniquidad!”. La iniquidad es la moneda común en el espacio dominado por la puerta grande y la amplia calle. La vida exige buscar la disimulada abertura en el muro y traspasar el callejón que lleva a ella. Los engaños están a la orden del día. El Galileo instruyó a los suyos en la forma de sortearlos.

5 comentarios

  • Juan A. Vinagre

    Amigo Salvador: Después de leer tu exposición y de volver a recordar textos evangélicos, que tanto invitan a la reflexión, deduzco una vez más estas lecciones:            1. Que Jesús nos invita a buscar y dar sentido sólido y profundo a la vida. Sin frivolizarla o vaciarla de contenido, viviendo solo de facilonas apariencias hipócritas o simplistas. 2. Ese sentido debe estar vertebrado por una jerarquía de valores, entre los que destaca la autenticidad personal y las obras-frutos-compromisos solidarios, priorizando las necesidades personales.  3. Que para ello es necesario cultivo y poda personal y social. Las mejoras siempre requieren podas…  Sin podas -íntimas y sociales- no son posibles las mejoras.       4. En el fondo de esta búsqueda-asunción de sentido se encuentra una opción: APOSTAR por el amor y la esperanza, que son los que dan y refuerzan el valor de ese sentido. Este es, de modo expreso o implícito, el valor de ese gran Mensaje del Reino, que empieza aquí, pero que no es de este mundo. Por eso, el amor y la esperanza dan-son el mayor sentido.            Un cordial saludo.

    • oscar varela

      Hola Juan!
      Te leo:
      “Reino, que empieza aquí, pero que no es de este mundo”

       

      Ofreces LO CONTRARIO de lo que yo interpreto de Salvador.

       

      ¿Qué macana, no?

      • Juan A. Vinagre

        Hola, Oscar: Gracias por leerme. También yo te leo, y a veces comento. Pero permíteme decir que tanto yo -por este orden- como tú y como Salvador etc. con mucha frecuencia interpretamos y nuestras interpretaciones unas veces son acertadas y otras discutibles o acaso erróneas. Por otra parte, no siempre se trata de interpretar, a veces uno  expresa una opinión por mera asociación  -o cierta conexión-evocación- con el texto. Por eso, no veo ninguna “macana”. (aunque no sé bien qué sentido le das a esa palabra. Mi léxico es limitado.)     Un cordial abrazo.

        • oscar varela

          Te leí:“Reino, que empieza aquí, pero que no es de este mundo”

          A tus palabras:

          1) Tu “empieza” se entiende como que:

          a) ‘sigue‘ en un procesamiento (el famoso “ya – todavía no”), Y

          b) ‘… en otro mundo‘ (después de ‘este’.

           

          Salvador no habla de ningún ‘otro mundo‘ contrapuesto a ‘este mundo

          Para Salvador a ‘este mundo‘ se le contrapone  ‘el mundo este” (inicuo)

           

          Para mí, sencillamente, hay ‘el ser humano arremangándose‘;

          e.d.: “su destino concreto es la reabsorción de su circunstancia“.

          ……………………….

          Si la 1.a.b.) es lo que quisiste decir: queda claro que no concuerdo

          Si Salvador habla del ‘Reino’ (de Dios-Padre)

          – me vale como mi pasado en lugar y tiempo de Jesús

          – no me vale para mi presente.

           

          Gracias a vos, Juan!

  • Francisca Balaguer Nadal

    Gracias Salvador!!!

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