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El programa de Jesús (23)

UNA FRATERNIDAD AVALADA Y CON INICIATIVA

1. El Padre: Aval de la Fraternidad

          En la exposición detallada de su Programa, Jesús había planteado con insistencia al colectivo que le rodeaba en lo más arriba del monte la necesidad indispensable de cejar en la obcecación por ganar una posición económica como medio de asegurarse la vida. El dinero no garantiza la vida, la exprime embarcándola en un entorno artificial que mortifica a las personas y machaca la naturaleza. La vida se alcanza en toda su plenitud y queda a resguardo con el aval del Padre. Esa vida conseguida bajo su Soberanía coincide con el anhelo universal. El Reino con su justicia es lo natural del ser humano (https://www.atrio.org/2012/08/leyendo-a-marcos-10/).

          Ese espacio incomparable es de responsabilidad del colectivo que lo integra. A él le toca cuidarlo, mantenerlo y hacerlo progresar. Los farsantes que buscan por todos los medios reemplazarlo por un ideario para implantar su dominio representan un grave peligro. La comunidad habrá de guardarse de entregar a los farsantes del sistema lo más sagrado, el tesoro de la fraternidad: “No deis lo sagrado a los perros ni les echéis vuestras perlas a los cerdos”.

          Frente a las resistencias y las sacudidas del orden injusto por desbaratar la fraternidad de la sociedad alternativa, el Galileo animará a continuación a los suyos a llevar adelante su cometido confiando en el Padre. En Él tienen al más potente y seguro fiador:

7,7 Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y os abrirán; 8 porque todo el que pide recibe, el que busca encuentra y al que llama le abren”.

 

2. Para la dinámica de esa comunidad

          El plural señala al colectivo de discípulos de Jesús como destinataria de esta recomendación suya. A dicho colectivo corresponde la iniciativa. El texto señala, pues, a la comunidad como actuante de la operación descrita por los tres verbos base de la proposición del Galileo: ‘Pedir’ (αἰτέω), ‘buscar’ (ζητέω) y ‘llamar’ (κρούω). Los tres verbos presentan un carácter dinámico. No hablan de sujetos pasivos, sino de emprendedores. Sus sentidos confluyen en un único cauce, el que transmite el esfuerzo por satisfacer las necesitades vitales de la comunidad. La acción de cada uno de estos verbos está compuesta por tres movimientos:

  • una firme resolución de actuar persiguiendo una finalidad,
  • llevarla a cabo sin desmayo y
  • resistir hasta obtener la consecución de lo pretendido.

          Por consiguiente, ni la petición ni la búsqueda ni el aporreo de la puerta se reducen a cuestiones propias de la mente de individuos indolentes en actitud de espera. Incluyen un deseo inalienable, una praxis decidida y la disposición a aceptar la realidad requerida.

 

3. Las tres propuestas: ‘pedir/dar’, ‘buscar/encontrar’ y ‘llamar/abrir’

          En una lectura rápida las tres actuaciones parecen frenadas en la abstracción. Se diría que dicen lo mismo, aunque de distintas maneras. Sin embargo, con una observación más detenida se aprecian los diferentes matices de estas tres actividades. Y en los otros tres verbos correspondientes a cada una de las acciones: ‘Dar’ (δίδωμι), ‘encontrar’ (εὑρίσκω) y ‘abrir’ (ἀνοίγω), se perciben los relieves de la realidad anhelada y conseguida.

          Las tres propuestas animan a actuar y aseguran su éxito:

 

4. La primera: “Pedid y se os dará” (Αἰτεῖτε, καὶ δοθήσεται ὑμῖν)

          tiene su referencia directa en el Padre nuestro. La comunidad de los que han optado por el Programa de Jesús conoce al dedillo sus necesidades. Las más extensas, complicadas y apremiantes afectan a todo el género humano (https://www.atrio.org/2022/10/el-programa-de-jesus-18/). Las restantes atañen a la vida ordinaria de la comunidad (https://www.atrio.org/2022/10/). Respecto a unas y otras, el colectivo trabaja con afán por conseguirlas.

 

5. La segunda: “Buscad y encontraréis” (ζητεῖτε, καὶ εὑρήσετε)

anima a emprender una andadura con el fin de dar con algo. No especifica la identidad de esa realidad a encontrar. Resulta innecesario; la comunidad ya lo sabe. Conoce por una enseñanza anterior que ha de dejar de estar ocupada por hallar seguridades para entregarse a esa búsqueda: “BUSCAD primero (ζητεῖτε πρῶτον) que reine su justicia”. ( https://www.atrio.org/2022/11/el-programa-de-jesus-20/). La búsqueda acaba al hallar lo más preciado y sagrado: La fraternidad. Esa es la justicia con mayúsculas, la del Reino.

 

6. La tercera: “Llamad y os abrirán” ( κρούετε, καὶ ἀνοιγήσεται)

recibe luz del texto paralelo de Lucas.

          6.1 Ejemplo en Lucas

          Tras el Padre nuestro y este fragmento incitando a pedir, buscar y llamar, este evangelista introduce la siguiente parábola:

“Suponed que uno de vosotros tiene un amigo, y que llega a mitad de la noche diciendo: <<Amigo, préstame tres panes, que un amigo mío ha venido de viaje y no tengo nada que ofrecerle>>. Y que, desde dentro, el otro le responde: <<Déjame en paz; la puerta está ya cerrada, los niños y yo estamos ya acostados; no puedo levantarme a dártelos>>. Os digo que, si no se levanta a dárselos por ser amigo suyo, al menos por su impertinencia se levantará a darle lo que necesita”. (Lc 11,5-8).

          El ejemplo deja entrever que la propia necesidad es la del amigo. Y hay que embarcarse en solucionarla. No importa que haya llegado a las tantas de la noche ni que el otro haya puesto la tranca de la puerta, con el trastorno que supone quitarla y despertar a toda la familia, que duerme apelotonada sobre esteras y alfombras en la única habitación de la casa. La inoportunidad no ha sido obstáculo para ir a llamar. El atrevimiento y la porfía han demostrado su acierto en confiar; ha logrado superar todas las dificultades. Lo merecía el amigo.

          La parábola de Lucas aclara el sentido de esta proposición de Jesús a la comunidad. La llamada se realiza superando impedimentos físicos o momentos a deshoras. Mandan las necesidades. Y las de los otros tienen la prioridad. Son las que les pueden proporcionar la vida… ¡y la alegría!

          6.2. Ejemplo en Hechos

          Ni Marcos ni Juan hacen uso de este verbo: κρούω (‘llamar’). Sí en cambio, lo encontramos junto con el verbo ‘abrir’ (ἀνοίγω) repetido dos veces en una escena que tiene a Pedro por protagonista. Tras conseguir liberarse del ideario nacionalista judío, Pedro renuncia a volver a la comunidad oficial de Jerusalén, dominada por los judaizantes. Se dirigió a otra, reunida en casa de una mujer de nombre María, la madre de Marcos: “Una vez que cayó en la cuenta fue a la casa de María, la madre de Juan, el llamado Marcos…” (Hech 12,12). Allí no lo esperaban. Pedro LLAMÓ a la puerta (κρούσαντος δὲ αὐτοῦ τὴν θύραν). El alborozo al saber que era él dio lugar al desconcierto y tardaron en abrir. Pedro tuvo que insistir en su llamada: “Pedro seguía llamando” (ὁ δὲ Πέτρος ἐπέμενεν κρούων) hasta que por fin le ABRIERON (ἀνοίξαντες).

 

7. La casa: Lugar de encuentro y satisfacción

          Tras la opción de abandonar las amarras al orden injusto, se llama a la casa donde anda reunida la comunidad que transmite con lealtad (Marcos) la Buena Noticia. No hay resistencia, sino alegría. Las puertas se abren a tope. El acceso a la sociedad donde reina el Padre solo requiere libertad y decisión:

“…porque todo el que pide recibe, el que busca encuentra y al que llama le abren”.

 

8. Un lugar seguro, con mesa, para hacer vida

           Con un sencillo ejemplo explica el Galileo a continuación la seguridad de recibir lo que más se anhela: el sustento de la vida:

7,9 O es que si a uno de vosotros le pide su hijo pan, ¿le va a ofrecer una piedra? 10 O si le pide un pescado, ¿le va a ofrecer una serpiente? 11 Pues si vosotros, aún si sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre del cielo se las dará a los que se las piden!”

          El texto sigue teniendo a la comunidad como referente. Cualquiera de sus integrantes puede, por lógica o por su propia experiencia, comprobar la verdad de lo que el ejemplo afirma. Jesús conduce el símil hasta la mente de cada uno. Les impulsa a desempeñar el rol de padres. Ellos mismos, los integrantes de la comunidad, estarán representados en el caso expuesto por los que hacen el papel de hijos. Estos piden aquello que más necesitan, lo que les da la vida: ‘Pan (ἄρτος) y pescado (ἰχθὑς), comida ordinaria del pueblo en la Palestina del siglo I. Ante tal solicitud, cualquier padre responde de inmediato. A nadie se le ocurriría dar en su lugar a su hijo algo peligroso. Un doble interrogante con una buena carga de exageración subraya que no hay otra respuesta ante la petición del hijo: “¿le va a ofrecer una piedra?” y “¿le va a ofrecer una serpiente?”.

          Una vez sobre la mesa la obviedad de la respuesta inmediata y positiva de cualquier padre ante la necesidad vital de su hijo, Jesús extrae la consecuencia de que el Padre responderá al punto ante la petición de los miembros de la comunidad: SUS HIJOS: “Pues si vosotros, aún si sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre del cielo se las dará a los que se las piden!”.

 

9. Un padre confiable

          Jesús habla de un hecho cierto y comprobable: El Padre no defrauda. La recepción del pedido está garantizada. La cuestión a plantear y no dejar sin respuesta es: ¿Cómo hace el Padre la entrega?

          Mateo da la respuesta más adelante en un texto (Mt 14,15-21) recogido del relato de Marcos sobre la multiplicación de los panes y los peces (Mc 6,35-44) (https://www.atrio.org/2010/09/la-semilla-de-la-igualdad-5/; https://www.atrio.org/2010/09/2690/).

          Los discípulos quieren deshacerse de la multitud viendo su necesidad de alimentarse. Para ellos la solución de la necesidad pasa por la disgregación para que cada uno adquiera la comida que necesita. Piensan en clave de dinero: “Despide a las multitudes, que vayan a las aldeas y se compren comida” (v. 15b). Jesús rechaza ese planteamiento. Los discípulos deben responsabilizarse de la necesidad de la gente: “Jesús les contestó: No necesitan ir; dadles vosotros de comer” (v 16). Los discípulos tienen la fórmula para solventar la necesidad de la gente, pero guardan sin querer compartir la comida de que disponen: “¡Si aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces!”. El PAN (ἄρτος) y el PESCADO (ἰχθὑς), alimento ordinario del pueblo, aparecen aquí dando la pista de la cuestión planteada: ¿Cómo hace el Padre la entrega? Son los hijos del Padre los que van haciendo realidad en la tierra su designio del cielo. A ellos les compete llevar la iniciativa: “Jesús les contestó: No necesitar ir; dadles vosotros de comer”.

 

10. Resumen: La fraternidad plena y desinteresada como ruta

          El grupo de mujeres y hombres alrededor del Galileo en la cima del monte no pierden el hilo de su enseñanza. La mayoría de ellos, de origen judío, habían sido instruidos, bajo el magisterio de los maestros de la Ley, con las explicaciones de los sagrados libros del AT. Jesús expondrá en dos líneas dónde desemboca el contenido del antiguo Pacto y cómo ellos han de ser avanzadilla marcando la ruta a seguir por todo el universo humano:

7,12 En resumen: Todo lo que querríais que hicieran los demás por vosotros, hacedlo vosotros por ellos, porque eso significan la Ley y los Profetas”

          El final de estas palabras: “eso significan la Ley y los Profetas” alude a otras anteriores pronunciadas para tranquilizar la inquietud y zanjar las dudas y los recelos de la comunidad:

“¡No penséis que he venido a echar abajo la Ley ni los Profetas! No he venido a echar abajo, sino a dar cumplimiento” (Mt 5,17) (https://www.atrio.org/2022/04/el-programa-de-jesus-7/)

 

           Con estas breves palabras condensando todo el AT, Jesús da remate (“En resumen”) a la lealtad a observar por los integrantes del Nuevo Pacto. Principios aproximados a este se conocían fuera de las fronteras del mundo judío. Entre las enseñanzas de los maestros de la Ley, hacia el año 20 antes del nacimiento de Jesús, el famoso Rabí Hillel llegó a la conclusión de que el AT se resumía en esta norma moralizante: “No hagas a tu prójimo lo que no quisieras que te hagan a ti”. Esta idea tenía sus antecedentes en algunos textos del AT, como el de Tobías 4,15a: “No hagas a los demás lo que a ti no te agrada”. El sentido negativo de estas proposiciones se desliza hacia la pasividad, incita a dejar las cosas como están. El planteamiento de Jesús es positivo, anima a la comunidad adherida a su Proyecto a llevar la delantera en establecer las relaciones que la humanidad necesita.

          Jesús se remite en su propuesta a la acción. En su formulación utiliza el plural. Se refiere, pues, al colectivo. Sus palabras no se reducen al acogimiento de una doctrina o el sostenimiento de una creencia. Aquí el Galileo habla de praxis. El verbo griego ποιέω (‘hacer’), repetido por dos veces, llama a actuar y no quedarse enfrascado en elucubraciones. La comunidad es el sujeto de la actividad. Por ella debe destacarse. Jesús no excluye nada en su propuesta de tareas a realizar: “Todo”. La totalidad no deja rendijas ni permite escapatorias. Distingue al enunciado referido por ella por su absoluta ambición. Abarca al conjunto integro de los bienes y beneficios que la comunidad desearía obtener: “…lo que querríais que hicieran por vosotros…”. El sujeto de referencia está descrito también en plural: οἱ ἄνθρωποι (‘los seres humanos’, ‘los hombres’: traducido: “los demás”). La generalización abre el abanico en todo su horizonte. Ese anhelo ilimitado se configura como modelo de actuación de la comunidad hacia todo el género humano: “hacedlo vosotros por ellos”. La exposición es diáfana. Aquí no se plantea una amplia norma moral ni un intercambio, sino el estreno de la actividad social de la sociedad alternativa donde reina el Padre a través de la fraternidad. Se habla del modo práctico como se va desarrollando el Programa de Jesús. Este esquema de actuación concuerda a la perfección con el Padre nuestro: lo que se pide coincide con lo que se desea y con aquello por lo que se trabaja. Es equivocado pensar que la actitud esencial de la comunidad consiste en estar a la espera. El Galileo exige a los suyos tomar la iniciativa.

 

3 comentarios

  • carmen

    Hola Salvador.

    Es que lo entiendo así también. No porque me haya venido el espíritu divino y me haya iluminado. En absoluto. He leído a muchos autores, lo siento, hablo en masculino. Me  interesa el tema. Me gusta. Lo encuentro absolutamente importante en mi cultura. Y también  creo importante la interpretación que se ha hecho de todo esto que dicen que dicen los evangelios. Pero esa es otra historia .

    Y, me gusta lo que escribes. Creo que tú exégesis es magnífica. Sé de tu preparación y de tu honestidad intelectual. Y diría, me parece, tengo la impresión de que no mezclas lo que piensas personalmente con tu trabajo profesional. Y mira que hay quien lo ha intentado.

    Y eso te quería decir.

    Pásatelo en grande con tu familia y descansa cuando te dejen.

    Hasta la vista.

  • Alberto Revuelta Lucerga

    Los trabajos de Salvador cumplen sobradamente el viejo adagio “ Divina scriptura cum

    legente crescit”. Conforme leemos, así crecemos.

  • ana rodrigo

    Se te entiende todo, Salvador. Gracias

    Pues pa`lante, con voluntad, con coraje, con todas nuestras, pocas o muchas, posibilidades. ”
    “Jesús conduce el símil hasta la mente de cada uno” 
    “dadles vosotros de comer””.
    Sin desánimo, porque ni siquiera Jesús arregló el mundo en el que vivió, pero no cesó en su empeño hasta su muerte. A veces la impotencia ante tantos problemas nos paraliza, y eso es lo que hay que evitar.

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