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Entre el Tabor y el Calvario. Una Espiritualidad ‘con carne’

Jesús Martínez Gordo es el teólogo que más claramente ha tomado posición coincidente con la mía en el Debate sobre No Teísmo. Hoy os invito a seguir la presentación de su libro que se celebrará en Bilbao, HOY a la 18h.: https://youtu.be/b-NmH33TOJg . Y también invito a leer la entrevista que con ocasión del libro le hizo Noticias Obreras. Esta claro que él, como yo, defienden que sin fe personal en Dios se pude cultivar una espiritualidad laica, llena de fes en valores. Pero no una espiritualidad del tipo jesu-cristiano, que sí se puede enriquecer de prácticas y experiencias desde afuera, pero sin renunciar al núcleo de fe. AD.

La espiritualidad tiene que ver con cómo nos relacionamos con la trascendencia. Es una relación, hay una alteridad. Y en función de cómo sea ese vínculo nos relacionamos con nuestra realidad y con nosotros mismos ¿Se puede hablar de una espiritualidad sin carne?

La espiritualidad tiene que ver con el Espíritu del que en el credo nicenoconstantinopolitano se dice que es “Señor y dador de vida”. Por eso, la entiendo como participación de la Vida en plenitud de la que nuestra existencia es una anticipación. Así experimentada y formulada, tiene que ver con la vida personal y social y, por supuesto, con el mundo en el que existimos, es decir, con lo que me atrevo a llamar la “carne”.

Además, como “jesu-cristiano”, no me parece aceptable erigir la distinción conceptual entre “carne” y Espíritu, Jesús y Cristo, inmanencia y trascendencia o yo y lo otro como si reflejaran una separación real. La vida es una. Por eso, entiendo que es un error tratar de experimentar y entender lo que es fruto de distinciones conceptuales como realidades no interrelacionadas, es decir, separadas.

A diferencia de estos dualismos, una espiritualidad “jesu-cristiana” es la que nos ayuda a vivir y dar razón de la unidad en la que vivimos, nos movemos y existimos; imposible “sin carne”.

¿Las espiritualidades ateas, si es que existen, pueden aportar algún punto de encuentro hoy para los cristianos en el diálogo con nuestra sociedad, con esta cultura?

Existen las espiritualidades (también llamadas “místicas”) ateas o “sin Dios”, profanas, agnósticas y nihilistas. Es más. Se están poniendo de moda estos últimos años en algunos círculos; sobre todo, europeos.

Lo cierto es que las ha habido desde siempre, por más que haya increyentes -y también creyentes- que las nieguen o miren con recelo, desprecien e, incluso, combatan de manera beligerante. Supongo que porque parecen cuartear ciertas convicciones -o, quizá, prejuicios- obligándoles a reajustarlos. Y uno de ellos es la imposibilidad de una experiencia de relación con lo que se transparenta en la realidad y es denominado, entre otras expresiones, como el “todo”, el “absoluto”, “el sí eterno”, el “vacío”, “la nada”, la oscuridad o el silencio.

Pues bien, a pesar de lo que sostienen estas personas, hay increyentes que reconocen la existencia de esa relación y unión con dichos “todo”, “absoluto”, “sí eterno”, vacío o “nada”, diferenciándose unas experiencias de otras por sus explicaciones. Tal es el caso, entre otros, de André Comte-Sponville, George Bataille, J. C. Bologne o L. Wittgenstein. Y mucho antes que ellos, Plotino, el autor de las “Enéadas”, en el siglo tercero.

Cuando creyentes e increyentes dialogan, a partir de este terreno común, el debate consiste en precisar el grado -mayor o menor- de consistencia racional o argumentativa de las diversas explicaciones aportadas a partir de las comunes y, a la vez, diferenciadas, experiencias de relación con la realidad. Y, por supuesto, sobre la capacidad integradora de dichas experiencias. Por ejemplo, con lenguaje “jesu-cristiano”, si son experiencias de las que brotan o en las que se fundan un programa de vida (el de las Bienaventuranzas); si consuelan y reconfortan, estimulando a vivir de manera agradecida y esperanzadora (lo que se simboliza con el monte Tabor) y si hay sitio en ellas para una vida solidaria y fraterna con los últimos de nuestro mundo (lo que se significa con el Calvario y sus actualizaciones).

Pero, sobre todo, si son experiencias y discursos en los que hay circulación, articulación, equilibrio y mutuo enriquecimiento (con sus legítimas diferencias) entre estos tres montes simbólicos.

Existen, ciertamente, otros lenguajes y explicaciones de estas experiencias comunes, además del “jesu-cristiano”, pero éste es el que yo propongo en este libro y desde el que leo, con empatía crítica, la experiencia y explicación “sin Dios” de André Comte-Sponville y de aquellas aportaciones que tipifico como propias de los que denomino “agnósticos trágicos” cuando dicen mantener una relación con lo que está “más allá de la finitud” en términos de maravilla, agonía o lucha y ética o cuidado.

¿Qué tiene que aportar esta espiritualidad “jesu-cristiana” a la cultura de hoy y a otras espiritualidades? ¿la carne? ¿la alteridad?

En primer lugar, la importancia de la unidad y de la distinción sin separación entre la cabeza, el corazón, los pies y las manos: de la cabeza, como sede simbólica del discurso racional y del programa; del corazón, como “lugar” de la experiencia y de los pies y de las manos, mediaciones del compromiso transformador. Y la excelencia que son, como fruto de dicha distinción sin separación, la gran cantidad de espiritualidades, teologías y explicaciones; incluidas las agnósticas y nihilistas, además de las ateas o “sin Dios”.

Pero también la importancia de la comunión. Las diferentes espiritualidades y teologías de las que hablo se complementan y enriquecen entre sí con sus respectivos y legítimos acentos. De ahí la relevancia de una fecunda interrelación entre todas ellas: que el Dios de Jesús de Nazareth es “uni-trinitario” quiere decir que es, a la vez, uno y comunión o articulación de diferentes. La pluralidad espiritual y teológica se encuentran en el código genético del catolicismo; por más que, a veces, pueda resultar complicada de gestionar; como sucede en la vida de cada día y en toda cultura.

Puede haber, por ejemplo, personas partidarias de espiritualidades y teologías más atentas al programa del monte de las Bienaventuranzas o del reino de Dios, es decir, al discurso, al anuncio y a la profecía, pero, si son “uni-trinitarias”, se pasearán, aunque sea de vez en cuando, por los otros dos montes, el del Tabor y el del Calvario. Y otro tanto hay que decir de quienes priman, como residencia preferente, dichos Tabor o Calvario.

En resumen, lo que los “católicos” podemos “aportar”- mejor, testimoniar- a la cultura de hoy y a otras espiritualidades es, por más que pueda parecer tópico, la unidad “jesu-cristiana” y la comunión o articulación “uni-trinitaria”.

A veces, hay cristianos muy comprometidos, que no paran, que no están quietos, pero que a lo mejor no transmiten alegría ni esperanza. ¿Qué tiene que ver en ello la ideología de la solidaridad?

Desde las llamadas “nuevas espiritualidades” se critica a los cristianos que han hecho del Calvario o del compromiso por la justicia y la liberación la residencia preferente de su espiritualidad y teología, que no atienden adecuadamente a reponer las fuerzas, algo que solo sería posible encontrándose con Dios, sobre todo, en la intimidad de uno mismo (lo que llaman la “mismidad”) o en el “silencio”. Y que, por eso, son legión los que acaban agotados, desalentados y tirados en las cunetas de la vida, sin fuerzas ni esperanza alguna.

Es a esto a lo que algunos promotores de estas “nuevas espiritualidades” llaman “ideología de la solidaridad” o “del altruismo”.

No creo que sea una expresión muy feliz. Y no lo es porque evidencia una absolutización de dichas “mismidad” y “silencio”, con desprecio de la fraternidad o del encuentro, gratuito y desinteresado, con los demás y en su lucha por la justicia como manantiales de unión con lo que decimos cuando decimos “Dios”. Pero, más allá de esta importante observación critica, creo que hay algo que merece la pena tenerse en cuenta: sospecho que a Jesús de Nazareth no le agrada encontrarse en los Calvarios contemporáneos con más cadáveres, aunque sean por un exceso de generosidad, lucha y compromiso. Intuyo que prefiere encontrarse con personas espiritualmente enteras y animosas porque reponen fuerzas al circular, aunque sea de vez en cuando, por los actuales Tabores y montes de las Bienaventuranzas; en particular, cuando no es posible refrescarse en los “Calvarios”.

Los “jesu-cristianos” estamos convocados a la santidad, es decir, a la vida en plenitud y bienaventurada, compartida con todos y, de manera particular, con los últimos; no al martirio. Éste solo es “de recibo” cuando sobrevenga por coherencia evangélica, pero no creo que pueda ser buscado por sí mismo. El cristianismo no es exaltación de la Cruz, sino proclamación y experiencia de que el Crucificado ha resucitado y de que, por eso, podemos y debemos estar al lado de los crucificados de nuestros días para contribuir a erradicar tales Calvarios y evitar más dolor, muerte y desolación.

Ésta, normalmente, suele ser una carrera de fondo en la que, además de encontrarnos, sin buscarlo, con el martirio, también nos hallamos con infinidad de “chispazos”, anticipaciones o murmullos -gozosos, gratuitos e inesperados- que hemos de poner en valor o que, por lo menos, hemos de cuidar bastante más; en particular, quienes hacen del encuentro con Dios en los Calvarios contemporáneos el santo y seña de su existencia. También en los “Calvarios” actuales existen dichos “chispazos” o murmullos de plenitud; no solo en la llamada “mismidad” o en el “silencio”, tal y como los entienden algunos promotores de las nuevas espiritualidades. Y si no las hay o se encuentran, no queda más remedio que transitar por otros “Tabores”; que haberlos, haylos.

Así pues, quienes critican a los cristianos comprometidos de incurrir en la “ideología del altruismo” -dejando al margen las extrapolaciones en las que pueden caer- creo que llaman la atención sobre un asunto que, por lo menos, yo estoy dispuesto a acoger y tomar en consideración: no puedo correr la maratón de la vida como si fuera un sprint. Y más, si sé que me ronda un altísimo riesgo de acabar quemado. No creo que la entrega -y más si acaba siendo sistemáticamente achicharrante o autodestructora- sea característica propia de una espiritualidad y teología “jesu-cristiana” con residencia preferente en el Calvario. Cuando menos, procuraría que no lo fuera.

Por su parte, quienes acentúan desmedidamente la presencia en los actuales Tabores o montes de las Bienaventuranzas también tienen sus problemas, diferentes a los de quienes han hecho del Calvario su residencia espiritual y teológica preferente. Es lo que voy desgranando a lo largo del libro.

La carta de Claude Corbon al Obispo Dupanloup en 1877 es significativa: habéis perdido al mundo obrero porque habéis confundido vuestra causa con la de un partido político. ¿Cuáles son los factores por los que una espiritualidad compasiva y provocadora, como la cristiana se queda en una causa más entre muchas? ¿Es posible aspirar a la caridad sin justicia? ¿Y a la justicia sin caridad?

Cuando me adentro en el estudio histórico de la espiritualidad y teología latinas de los últimos siglos, me resulta difícil encontrar socializada la evangélica identificación de Jesús con los pobres o con los últimos. Por eso, no me extraña que aparezca un doble y preocupante proceso presidido, en primer lugar, por una jerarquía eclesiástica más atenta a incrementar o conservar su poder que a cuidar su identidad y espiritualidad como sucesores de los apóstoles y, por ello, defensores de los pobres. El resultado es -salvo alguna honrosa excepción- su progresiva y escandalosa mundanización hasta acabar siendo una jerarquía cortesana que nada tiene que ver con la voluntad de Jesús explicitada en el programa del monte de las Bienaventuranzas. Este es el contexto en el que Claude Corbon se dirige al Obispo Dupanloup en 1877 con una claridad, contundencia y radicalidad evangélicas admirables.

Desgraciadamente, este es también el contexto en el que se ven envueltos, bien a su pesar, cristianos y cristianas, santos y teólogos que, a pesar de haber acogido como propia la causa de los obreros y de los últimos, van a ser fusilados, por ejemplo, en la Comuna parisina (1871) porque los parias levantados en armas los perciben más como correas de transmisión de esta casta eclesiástica, aliada con los burgueses y explotadores, que como compañeros en su viaje liberador. Y esto mismo volverá a pasar con muchos cristianos ortodoxos en la revolución rusa de 1917 y con no pocos católicos en la guerra civil española de 1936-1939, tanto en un bando como en otro.

Así pues, también existen, como acabo de indicar, cristianos y cristianas, santos y teólogos que, a pesar de ser una minoría, han sido (y siguen siendo en la actualidad) una luz, que, en su modestia, testimonian -incluso con su sangre- cómo la espiritualidad y la teología “jesu-cristianas” solo son posibles “con carne”. Gracias a ellos se ha ido reconociendo, por ejemplo, a lo largo de la historia, los diferentes rostros del Crucificado no solo en los pobres socioeconómicos, sino también en los cautivos, indios, obreros, esclavos, negros o mujeres. Y, también gracias a ellos se han puesto en marcha muchos programas de intervención samaritanos: limosna e impuestos, sanidad o educación (anticipaciones de lo que hoy reconocemos como los buques insignias del estado del Bienestar Social), además de las bases para la declaración universal de los derechos humanos.

A lo largo del libro voy detallando algunos de esos programas de intervención con referencias a los problemas que presenta en nuestros días a la espiritualidad “jesu-cristiana” la permanencia en los mismos o su descuido. Y, por supuesto, también algunos de los vericuetos espirituales y teológicos por los que va pasando la conquista de lo que, con el tiempo, será el reconocimiento de los derechos fundamentales para todos los seres humanos, independientemente de su condición social o estatus formativo y económico.

Son urgencias que, evidentemente, solo puedo formular, sin entrar en más detalles: cada una de ellas podría ser objeto de un nuevo libro y, si se me apura, hasta de una enciclopedia… Pero, como eso es, hoy por hoy, imposible, voy a impartir en la Facultad de teología de Vitoria-Gasteiz, con inicio a primeros de febrero de 2022, un curso de postgrado sobre estos y otros asuntos que recojo en el libro de manera esquemática. Y antes, espero presentarlo detenidamente, entre otros días y lugares, el próximo 20 de noviembre de 10 a 13 de la mañana, en Cristianisme i Justicia (Carrer Roger de Llúria 13, Barcelona).

18 comentarios

  • Santiago

    Y comentando lo que escribe Antonio en su comentario introductor, podemos entender mejor que en la Encarnación el Hijo asumió para siempre nuestra humanidad y así todos los valores “laicos” de nuestra naturaleza excepto el mal, se incorporan a la vida de Dios,  y nosotros también como hijos “por adopción” a El participando de su vida divina. Así podremos alcanzar mejor su paternidad misericordiosa.

    Un saludo cordial

    Santiago Hernández

  • Santiago

    El camino de Jesús debe ser el nuestro. La espiritualidad cristiana es realista, no idealista en el sentido metafísico. Es corazón y cabeza al mismo tiempo. Y ya los primeros cristianos sabían que el sufrimiento puede ser transformado mediante la gracia en un medio de salvación y que de la Cruz brotó la vida, y es en la obediencia a la Voluntad del Padre como Jesus triunfó en la Resurrección abriéndonos las puertas de la gloria y de su vida divina. Por eso la Misa es sacrificio “de acción de gracias” por el triunfo de Cristo que ya “fue” y nosotros somos los beneficiados actuales.

    Un saludo cordial

    Santiago Hernández

  • Román Díaz Ayala

    Esta entrevista  del autor para Noticias Obreras ( de la HOAC) hay que leerla en conjunción con su anterior trabajo del 25 de septiembre para Atrio ( “¿Por qué, además de “jesu-cristiano”, soy “uni-trinitario”). Giran en torno a su nuevo libro.

    Quienes se quejan el lenguaje tan especializado de la controversia del No-teísmo en sus supuestos teológicos-filosóficos, encontrarán aquí en las preguntas del entrevistador un tono mucho más claro, a ras de tierra, de entrevistador  y en las respuestas del entrevistado, ceñidas en su contexto a una militancia cristiana que ha tenido que bregar con una sociedad y unos ambientes, antes marginados y ahora ampliamente secularizados. Eran los tiempos entonces de los movimientos apostólicos (HOAC) dentro de un Estado confesional y son los tiempos ahora de una  sociedad laica, progresivamente alejada de connotaciones religiosas.

    Ambas partes, quienes preguntan y quien responde, participan en complicidad de lo mismo; que una espiritualidad, con relación al Misterio que se revela, pero descarnada y queriendo vivir (“hagamos tres tiendas”) en la ausencia de este mundo está tan fuera de lugar frente a esas nuevas espiritualidades que han hecho del Calvario o del compromiso por la justicia y la liberación la residencia preferente de su espiritualidad y teología;  ninguna de ellas, por separado, llegan a cumplimentar el programa de vida del Monte de las Bienaventuranzas.

     

  • El Cristo de Dali.
     
    El difunto pintor Dali dejo un conocido cuadro que representa a Jesús en su cruz pero visto desde arriba de esta.
    Al margen de otras consideraciones, que las hay… creo que Jesús vería a sus verdugos desde arriba de esa su cruz. Y ¿qué dice? “Padre perdónalos que no saben lo que hacen”.
    Como digo, sin entrar en el tema de la polémica historicidad de Jesús. Sin entrar en otros de los muchos aspectos del Jesús de la cruz. Creo que ha tenido la religión cristiana tantos seguidores en estos dos milenios grosso modo, porque ofrece una enseñanza digna de tomar en cuenta y de seguir.
    Por encima de los posibles trágicos avatares de la vida del galileo Jesús, este nos muestra un estadio de consciencia superior al egóico. Pase lo que pase en su vida el mora en el ojo del huracán donde reina la calma. Siempre mira desde arriba, sea desde su cruz o desde el monte Tabor.
    Esa es la enseñanza del cristianismo, Se trata de encontrar las tecnologías espirituales o místicas transformativas para, utilizándolas, conseguir mirar desde arriba la realidad, tal como enseña Jesús. Hoy tenemos al alcance toda una panoplia de estas.
    Todo lo demás es anécdota

  • Carmen

    Ay, Román.

    Qué bien me conoces. Y mira que hemos discutido. Y mira que pensamos diametralmente en todas estas cosas de Dios de manera diferente. Y la de veces que te he pedido disculpas a ti y a Santiago.

    Tienes razón. Voy a la raíz. Porque , sabes qué pienso? Que en el fondo es todo muy sencillo, lenguaje binario. Sí o no. Como los ordenadores. Por eso están triunfando.

    Aquí lo que se discute, es el modelo de Dios. No otra cosa. Y sus implicaciones, es decir, la iglesia. Ese es el debate.

    Sabes qué? Me da lo mismo la iglesia como institución, que no las personas. Exactamente igual. Porque hace años, exactamente once o doce, algo dentro de mí , cuando estaba con unos jaleeeeeeos tremendos con este tema de Dios y sus cosas , algo me dijo. Y qué? Qué más pruebas quieres de que existo? Y , ahora, imagíname como quieras.

    Y posteriormente a eso, posteriormente empecé a leer cosas de estas. No veas, había algunas personas que escribían para mí, como en la canción. Cómo es posible? Respuesta muy sencilla, porque no eres la única persona que así piensa.

    Y llegamos a este debate. Atrio es lo que es y el señor Arregi y sus amigos están muy solicos aquí. Pero comparto su visión de la espiritualidad. Coincide con la mía, teologías aparte. Me da también igual la teología. Pero en este tema es necesaria. En los temas de este tipo de discusiones hacen falta teóricos, porque en realidad todo son teorías. Todo elucubraciones.

    Hace un par de años leí que Atrio había subido de lectores, la gente entra. Lee, calla. Habría que preguntarse por qué entra, quizás le guste ver opiniones diferentes. O no. No sé la razón. Pero sí se que la gente que entra aquí, fundamentalmente es porque le interesa el tema. Pero no tienen por qué ser todos teølogos. Seguros que hay muchas personas como yo, que sencillamente, buscan respuestas. Por qué entonces no voy a decir lo que pienso si me ha llevado décadas de reflexión y al menos una década de lecturas? No sé, entre gente normal nos entendemos mejor.

    Al menos esa es mi intención.

    Ahora bien. Que lo que tengan que decir se lo digan a los teólogos y no a las tontas del grupo. Ya está bien. Creo que he cumplido. Lo que no voy a permitir es, bueno, pues ya ves, lo que no permito.

    Te preguntarás por qué sigo entonces. Pues por una razón muy sencilla, como todo, al final todo es sencillo. Os he cogido mucho cariño a muchas personas y me cuesta romper.

    Un abrazo.

     

     

  • Isidoro García

    Amiga Carmen, perdona que me entrometa. Pero no comprendo tu repetitiva obsesión porque “tenemos derecho a que haya teølogos que nos digan: no os preocupéis, fuera de la iglesia sí hay salvación, porque la salvación está aquí, depende de nosotros. Y el infierno también está aquí. También depende de nosotros. Y eso que llaman Dios, pues no sabemos qué es. Buscalo por donde pueda  Estar. Escucha tu voz interior. A lo mejor lo tienes dentro. No sé. No sabemos”.

     

    Si todo eso, tú ya lo sabes, ¿para qué necesitas que unos señores te digan lo que ya sabes?.

    Da la impresión de que lo que quieres es que te den la razón, que ya sabemos que siempre es muy grato para la autoestima, pero en realidad, si ya lo sabes, tira para adelante y sanseacabó.

    Uno de los argumentos psicológicos fundamentales para un misionero-vendedor de ideas o creencias, es que para una persona, de la que nadie se interesa por sus ideas y creencias, el que venga un señor, (y si es un señor “teólogo”, mejor), e intente convencerte de algo. Nos da la sensación de que “importamos” a alguien, y eso siempre es muy grato.

    Pero no te engañes, al vendedor le importas un bledo, lo que quiere es tu dinero, y el misionero-párroco, lo que busca puede ser solo un triunfo personal, una muesca más en su cinturón, o quizás una justificación de su trabajo, aunque aunque sienta la sensación de que te está haciendo un bien, (siempre hay que creer en la buena voluntad).

    Porque luego además te digan lo que te digan, tú vas a hacer y pensar lo que tu discernimiento diga. Así que, ¿qué mas da que un teólogo te diga arre o so?. Díselo a un león, y verás el caso que te hace. (“¿Qué somos leones o huevones?: leones, leones…”).

     

    Eso no quiere decir, que no se busque conocer la opinión sobre todos los temas, de diferentes personas, especialmente si no están interesadas personalmente en convencerte de algo.

    Pero nunca le preguntes a un peluquero, si necesitas un corte de pelo. No hay pregunta mas tonta que hacemos todos, que preguntarle al frutero, (si no tienes una amistad personal con él, en cuyo caso preguntas al amigo y no al frutero), si esas sandía son buenas: ¿qué te va a decir?.

    • Isidoro García

      En el fondo, con el anterior comentario, abro un melón, (hablando de frutas), sobre el papel que en el diálogo intelectual laico, tienen los teólogos “orgánicos”, los que son profesionales a cargo de la Iglesia Católica.

      Es lógico y tienen derecho a que cada uno de su opinión, pero siempre sin que se nos olvide, que son defensores “profesionales” de parte, como un abogado defensor cualquiera.

      Ese querer que se nos olvide ese “pequeño detalle”, ya es significativo. En general, tanto para médicos, políticos, o profesionales en general, deberíamos saber detrás de cada opinión, quien paga a ese pensador los garbanzos de cada día o las vacaciones en el Caribe, o el prestigio de cátedras, convenciones y/o facilidad de publicación de libros, y demás honores.

      Por ejemplo en toda la crítica científica sobre la historia del cristianismo, se pone en el mismo nivel, personas “neutrales”, (que pueden estar equivocadas o no), con personas “orgánicas”, que saben antes de empezar lo que tienen que decir al final de la “investigación”. (Todo es bueno para el convento).

    • Carmen

      Querido

      No me entiendes en absoluto. Pero claro, tampoco te entiendo a ti.
      De verdad crees que tengo la necesidad de que me den la razón?

      Pues ya sois dos. Antonio y tú.
      Genial.

      Gracias por ayudarme a dejar esto.

      • Isidoro García

        Perdona si te he ofendido. No era mi intención. y yo mismo te reconozco, que luego, te digan lo que te digan, tú vas a hacer lo que consideres oportuno, como es normal.

        No seas tan susceptible, mujer, que la vida son tres días, y no merece la pena.

        Repito: lo siento.

      • Carmen

        Esa también está bonica. La etiqueta de susceptible. No veo que a nadie de aquí cuestionado como persona. No es mi caso.
        Pero, sabes qué te digo? Es algo frecuente cuando faltan argumentos el cuestionar a la persona. Muy, muy frecuente. Por ahí hay una cita que supongo que sabrás. Sobre todo si es alguien con el que lo puedes hacer, por mil motivos diferentes.
        El ser humano es como es, no lo he inventado yoooooooo.

    • Isidoro García

      Añadido: (Perdón por enrollarme) A todos nos gusta que nos den la razón, el que diga lo contrario miente como un bellaco. Todos necesitamos un mucho de cariño.

      Pero muchas veces, si dices 95 verdades y cometes cinco errores, ya puedes darte por perdido: te los señalarán uno tras otro, y a veces si no los hay, se inventan.

      Así que, lo mejor, es partir de la base, que el cariño o te lo das tú, o nadie te lo va a dar. Pero eso nos hace mas fuertes, y si no mas fuertes, mas duros.

  • Carmen

    Y me pregunto.

    Por qué esa manía de que personas con muchos años vividos en la fe católica y les gusta y les resulta acogedora, gratificante, esperanzadora … tiene que cambiar sus creencias?

    No lo entiendo.

    Otra cosa es mirar al futuro.  Puede haber otro enfoque de, pues de todo, o no lo puede haber?

    Creo, pienso, opino que leído lo leído a lo largo de los años que llevo entrando en Atrio, no va a ser posible dentro del cristianismo. Pues muy bien. El cristianismo es lo que es. Se cree en un Hombre que es Dios. Puede haber  un Dios más antropomorfo? Lo dudo.

    Pues habrá que buscar otros caminos para los que no somos cristianos en el sentido de creer en Jesús de Nazaret como el Cristo Resucitado. Eso no afecta a los evangelios. Porque ellos sí que aceptan otras exégesis. No atañe a Jesús de Nazaret y a su proyecto, que diría Salvador Santos y me encanta. Bueno, hay muchos otros que están en esa línea. No es el único.

    Dónde está el problema? No lo veo por ningún sitio.

    El problema lo tiene La Iglesia como institución porque la gente sencillamente abandona. No porque seamos ateos irredentos, sino porque no entendemos ni el Dios que proclaman ni la gestión económica de la iglesia institución, ni el comportamiento de la iglesia como institución en muchísimos aspectos.

    Dios me libre de decir nada de los sacerdotes, ni de nadie, por favor. Otra vez, no, por favor. Hablo de la institución a través de muuuuuchos siglos. Porque la pederastia es un tema reciente, pero no el único. En este momento estoy pensando en su santidad Pío XII  en la segunda guerra mundial, o en el de Pablo VI y Juan XXIII con el Franquismo.

    Por ejemplo.

    Es que hay cosas que no resisten un análisis. El problema no es eso que llaman evangelio y que cada cual lo utiliza a su antojo, según convenga.

    Es que nuestra concepción del universo ha cambiado y aquí tenemos a internet. Eso unido a que  hemos  pasado por la escuela obligatoriamente desde hace cincuenta años y nos enseñaron a leer, pues…

    Si no cabemos dentro de la iglesia católica, pues nos vamos y tan amigos. Pero tenemos derecho a que haya teølogos que nos digan: no os preocupéis, fuera de la iglesia sí hay salvación, porque la salvación está aquí, depende de nosotros. Y el infierno también está aquí. También depende de nosotros. Y eso que llaman Dios, pues no sabemos qué es. Buscalo por donde pueda  Estar. Escucha tu voz interior. A lo mejor lo tienes dentro. No sé. No sabemos.

    A lo mejor no son teølogos católicos. Pues bueno. Qué le vamos a hacer.

    No sé.

    Así pienso.

    Buenas noches.

     

  • Isidoro García

    A mí, ese discurso de los tres montes, tan grato a Martínez Gordo, me parece un poco artificial y cogido por los pelos.

    A mí, desde una espiritualidad laica, solo me interesa uno, y a medias: el de las Bienaventuranzas, y traducido y mejor explicado, por el “Espíritu”, (sea lo que sea, que no sabemos, solo suponemos), que tenemos dentro de nosotros.

    El monte Tabor, la unión o visión directa de lo Inefable, me parece un escapismo, una aventura espiritual, un coleccionar “experiencias”, que caso siempre son autosugestionadas en la mente humana, (digo “casi”): lo malo de la espiritualidad es que casi siempre encuentras lo que buscas, y más si lo buscas ansiosamente, (lo cual no es bueno necesariamente).

    Y el Calvario, para mí, en el caso de que no fuera producto de una anécdota biográfica, trágica  y desgraciada, solo me sirve para ver a un Jesús, solidario con todos los demás humanos, que de una forma o de otra, todos sufrimos nuestro Calvario personal.

    El monte de las Bienaventuranzas, (tal como está reflejado en los evangelios), es un intento fallido, de explicar a la humanidad, el camino de la maduración personal, y por eso se promete a los que sigan esa ascesis, ese método o ese camino, los “disfrutes” del “éxito personal” en nuestra aventura de maduración.

    El camino de las Bienaventuranzas, es muy difuso y confuso, (tal y como viene reflejado en los textos que lo transcribieron cincuenta años después de pronunciarlo Jesús).

    Por eso la Iglesia, muy posteriormente, desarrolló y fijó, dicho camino hacia la “perfección”, (que hoy traducimos como maduración personal), a su buen y leal saber y entender.

    Y ese corpus teórico-práctico constituye la espiritualidad católica oficial, con sus reglas, sacramentos, prácticas devocionales y demás.

    Pero ese camino, produce ciertos frutos, pero no es lo perfecto que sería de desear, (como ponía de relieve en mi comentario de hoy sobre el tema de la pederastia en la Iglesia).

    Entonces, ¿qué podemos hacer?. ¿Confiar a ver si esta vez aciertan de una vez, un lobby de señores muy mayores, y muy clericalizados?, (veremos el parto de lo de la sinodolidad).

    Yo, mientras tanto, creo en dos cosas a hacer. La primera, atender a la Ciencia, en el conocimiento de la realidad, sobre el Universo, y el Humano. Si partimos de planteamientos acientíficos, a priori muy mal vamos. (“Quien falla al abrocharse el primer botón / ni el del medio, ni el último adivina”, Giordano Bruno).

    La segunda y principal, escuchar al Espíritu de sabiduría, el Cristo interior, que todos llevamos dentro. Dejarle hablar, oírle bien, interpretarle bien, y seguir sus dictados. No es fácil.

    Esa es una fuente de agua clara, que nos ayudará a discernir, los detalles que no se reflejaron en las Bienaventuranzas, que tanto echamos en falta, y que tan necesarios nos son para nuestro camino de maduración.

    Ayer, Fernando Cuervo-Arango, (en un comentario excepcional, para mí), nos describía así esa fuente de agua clara:

     “La tintineante y frágil llama de la lucecita de mi consciencia, es el único candil que dispongo para navegar por las tinieblas de los profundos misterios del Ser, luce en lo consciente y en el abismo interior, ha ido superando tormentas y bonanzas, muy a menudo se esconde tras los nubarrones de la consciencia. ¡Un buen escondite!”.

    (No he podido leer lo último de Luis).

  • “Existen las espiritualidades (también llamadas “místicas”) ateas o “sin Dios”, profanas, agnósticas y nihilistas. Es más. Se están poniendo de moda estos últimos años en algunos círculos; sobre todo, europeos.”

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    Entiendo que si la espiritualidad no es mística, no es tal espiritualidad. Y no hay espiritualidades hay una sola espiritualidad con ropaje cultural diferente. ¿Es místico el cristianismo “niceoconstantinopolitano”?. Un rotundo NO. Y esto porque le falta la parte esotérica que los cristianos literalistas sepultaron al perseguir el cristianismo gnóstico. Desde entonces solo tenemos un cristianismo exotérico. Un cascaron huero vació de la espiritualidad místico-transformativa. Con el cristianismo que conocemos tenemos una religión meramente traslativa es decir, unas muletas que nos acompañaban desde el nacimiento a la muerte, mero consuelo opiáceo.

    Si entendemos por agnóstico el que sin negar la existencia de Dios, considera inaccesible para el entendimiento humano la noción de lo absoluto y, especialmente, de Dios. Entonces las “espiritualidades” místicas si son agnósticas.

    Y si el nihilismo es positivo, también las “espiritualidades” místicas son nihilistas. De otro modo no…

    ” Hay autores que al nihilismo, entendido como negación de todo dogma para dar apertura a opciones infinitas no determinadas, le llaman nihilismo positivo, mientras que al sentido de negación de todo principio ético que conlleve la negligencia o la autodestrucción le llaman nihilismo negativo, aunque también se los conoce como nihilismo activo y nihilismo pasivo.”

    (De Google)

    La evolución en el pueblo hacia una autentica espiritualidad transformativa que nos sutiliza y consecuentemente nos eleva consciencialmente el autor lo despacha con un “se está poniendo de moda estos últimos años en algunos circulo”.
    Mientras los templos cristianos se quedan vacíos, hay una clase de buscadores que “están de moda”  y no buscan precisamente en el catecismo cristiano sea de la vertiente que sea. Preguntaos cristianos ¿porqué?.

    “Esta moda” a que me refiero ha venido para quedarse. Y esta de moda sobre todo la apostasía del cristianismo. Y yo apostillo. Por falso e ineficaz para transformarnos, por lo que profusamente explico, aquí ahora, en ATRIO y en otros sitios.

    Y por ultimo: ¿se puede llamar ateo a quien busca la trascendencia y experimentar en su pecho el Absoluto?. Ateo pero de un Dios inventado por la mente humana. Unos experimentan y otros se pierden en un farrago de palabras intentando atrapar el Misterio con la mente. Que estupidez…

     

     

     

     

     

     

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