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Nosotros los animales y la nada

Elucubraciones de fin de año

      Al final de un año aciago uno se plantea el sentido y el sinsentido de este universo desbocado. El origen del auténtico filosofar se basa en la admiración positiva y negativa del mundo, por el estupor que nos causa su realidad. Admiración por el funcionamiento del cosmos y estupor por sus disfunciones, admiración por la belleza de la tierra y estupor por sus catástrofes naturales, admiración por la vida y estupor por la muerte.

      Tras su esplendor y resplandor, el firmamento oculta oscuridades desgarradoras, mientras que la tierra esconde tras el verdor de las selvas y el azul de los mares la cruel lucha animalesca por la vida. La vida es supervivencia y, por tanto, lucha a muerte: nosotros los animales albergamos una larga lucha de encuentros empáticos y encontronazos patéticos. Ahora bien, el tránsito del animal al animal humano puede entreverse en el proceso de domesticación de animales salvajes en nuestros perros o gatos domésticos.

      El proceso de domesticación humana del animal que somos se basa en la urdimbre existencial que constituye la casa (domus), en cuanto ámbito de psico-socialización que posibilita la emergencia del afecto en medio del conflicto. El amor casero o casador es así el factor clave en la hominización y posterior humanización del animal humano, un amor posibilitado por esa casa doméstica que enlaza y domestica a los miembros de la familia a través de un lenguaje común/comunitario. La casa significa el abandono de la caza exterior o silvestre, a favor del encuentro interior o doméstico.

      Es este encuentro doméstico o domesticador el que “doma” nuestros instintos naturales o animales en pulsiones culturales o humanas a través del lenguaje psico-socializador. De esta forma, se configura o conforma una empatía o simpatía en medio del conflicto, ya que el propio amor humanizador es un amor de contrastes y diferencias, cuya comunicación y articulación hay que favorecer para sobrevivir humanamente. En este contexto de sobrevivencia humana el sexo animal se transforma en eros o erótica, la caza exterior en casa interior y la ley del más fuerte en la ley del más sensible o inteligente.

      Pues bien, es esta inteligencia sensible la que nos hace saber que somos y no somos de este mundo, porque hemos venido a él y de él partiremos. Aquí se fundan las religiones para elevarnos a los cielos por encima de la tierra, una operación religiosa que tiene su correspondencia empírica o inmanente en el deseo científico de superar o sobrepasar este mundo en otro mundo u otros mundos, planetas o galaxias. Se trata de utopías religiosas o científicas, puesto que sin la tierra el hombre pierde pié dado que es humus terrestre, quedando así desarraigado como supuesto superhombre. En el cual se repetiría la admiración de ser flotando sobre el éter y el estupor de ser cayendo en el abismo de la muerte como paradójico refugio final.

 

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La nada que nos salva

Nada es más real que la nada
dice Samuel Beckett
porque el trasfondo de la realidad
es la nada de que todo procede
y a la que todo vuelve mística
misteriosamente.
Nada nos salva y en consecuencia lógica
la nada es la que nos salva ilógicamente
del ser del tiempo crudamente creado
o proyectado
mas luego acogido en el espacio vacío
de inclemencias errores y terrores.

La nada define la deidad de Eckhart
vaciada aún de posteriores dioses y hombres
deidad que es nadidad originaria de que surge
la navidad o natividad en la que todos nacemos
y la vacuidad final de la muerte en la que todos
nos desvanecemos.
No es un panteísmo sino un panenteísmo
traducido en un nihilismo soteriológico
presidido por el pre-ser y poscedido por un pos-ser
vacío de sí mismo
como un alma vaciada de su cuerpo
y retornada a su origen verdadero.

La nada es ese círculo sin centro que coimplica
los seres en su ausencia y presencia
la preexistencia que precede a la existencia
y la posexistencia que recoge su esencia deyecta
acogida cual muerte que nos salva
de toda posterior mortalidad.
La nada es apertura inicial y abandono final
la nada que nos salva de la nada
el ab-soluto disolutor y liberador de toda absolutez
el que nos libra de la necesidad de ser encadenados
entitativamente al destino implacable de este mundo
impío así aplacado piadosamente.

3 comentarios

  • oscar varela

    Hola!

    Leer a AOO, auténticamente,

    es “jugar” su “juego”;

    el de un alcohólico espiral lingüístico.

     

  • carmen

    Pues como mi cabeza no es de esas brillantes sino normalica, la muerte en sí no me asusta, ni me produce angustia vital, el dolor es otra historia. Me da terror no poder soportarlo y sobre todo en no poder respirar. Le tengo pánico a la asfixia.

    Pero la muerte? No sé. Sencillamente volveremos al sitio de cual procedemos. Está claro que a la tierra. No veo el problema. Fuimos construidos gracias a un proceso totalmente maravilloso donde la clorofila, robándole energía al sol, dio el paso de elaborar la materia orgánica partiendo de la inorgánica.

    Pues cuando acaba la vida, esa materia orgánica sufrirá el proceso inverso, se irá descomponiendo poco a poco hasta volver a ser inorgánica. No sin antes dar verde a los pinos y amarillo a la genista.

    Y la parte reflexiva, esa que nos hace tomar conciencia de que estamos vivos? Dónde irá? Pues supongo que sucederá algo parecido. Volverá al sitio de dónde procedemos. Y cuál es? Pues si tienen la respuesta no dejen de escribirla aquí, por favor. No tengo ni idea. Puede ser que a la Nada, puede ser  al Todo…y yo qué sé…

    Feliz Año a todos. Seguro que va a ser mejor que el 2020.

     

  • Alberto Revuelta

    Luchando contra la nada: 2020 nos permite conocer que los neandertales no eran tan diferentes al homo sapiens. Un estudio publicado en la revista Nature demuestra que hace 41.000 años, ya se realizaban entierros. El descubrimiento del esqueleto de un niño de dos años en La Ferrassie junto con otros huesos confirmó que los entierros se realizaba ya mucho antes de que el homo sapiens los llevase a cabo.

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