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ATRIO, para una vida responsable en los años veinte

Artículo editorial. Programa y buzón de sugerencias.

Por fin llegó el momento de renovar el editorial fijo de ATRIO, que sirve también de buzón de sugerencia.

De hecho en el anterior, ATRIO, para un renacimiento personal y global, estaba todo dicho ya y habrá que recordarlo. Aunque ya no como página de portada, queda en este enlace tanto los siete aspectos de renovación (personal, eclesial, económica, técnica, ecológica, política, destino final), como los 300 comentarios aportados por los visitadores o atrieros.

Desde el otoño de 2018 Atrio intuyó que su misión era ayudar a vivir con hondura personal el próximo decenio que se acercaba: Atrio se prepara para los años veinte fue la formulación de entonces muy semejantes al eslogan de hoy.

Claro que al intuir esos desafíos que nos esperaban, no podíamos prever el tremendo tsunami de la pandemia global. Y otros mayores que sin duda irán viniendo.

La pandemia y el confinamiento nos han golpeado duro. No con contagios personales, por fortuna. Sí con pasmo y estrés ante un sufrimiento tan global y ante tanta incertidumbre.

Pero empezamos septiembre con nuevos ánimos y renovadas iniciativas. Los mismos siete apartados que se presentaban en la navidad pasada como renacimiento personal y global nos los planteamos ahora como caminos de maduración.

Señalamos solo unas concreciones de lo proyectado por ahora, con el llamamiento a todos a participar activamente a atender y participar activamente en estas dos iniciativas:

  • Nuevo curso-taller promovido por Salvador Santos sobre El proyecto de Jesús, madurando en el tiempo, 0. Ya conocemos a Salvador. Como siempre sus comentarios al evangelio (esta vez, principalmente, al atribuido a Juan), continuando la escuela exegética de Juan Mateos, nace de la vida concreta y se dirige a la misma.
  • Asamblea telemática de ATRIO. Ya se celebró en marzo pasado un primer experimento: Iª ASAMBLEA TELEMÁTICA DE ATRIO. Allí se decidió repetir la experiencia una vez al mes. Por fin la establecemos a partir de este mes, fijándola ya en un día concreto que nos recuerda otra tradición centenaria: Los marte siguientes al primer lunes de mes. Ya anunciaremos en concreto la de este mes. Espero que muchos podáis participar en esta posibilidad de hacer de ATRIO un lugar de encuentro más real y más autogestionado.
  • Primacía por los artículos y series (la redacción valorará si es mejor un artículo largo o una serie de más breves) redactados por atrieros (visitantes y comentaristas habituales de ATRIO, pues no hay por ahora ningún tipo de asociación; el interactuar es totalmente libre, desde el formulario de un comentario hasta un correo enviado directamente a atrio@atrio.org). El objeto de lo escrito a ATRIO será siempre profundizar en la realidad:
    1. Empezar por establecer la verdad de los hechos, sobre todo los más ocultados.
    2. Profundizar en la interpretación de los mismos desde la mayor concientización.
    3. Promover acciones individuales y colectivas para reorientar la realidad al bien común.

3 comentarios

  • Jose Antonio Pastor M.

    La filosofía Alemana generadora de grandes científicos e ingenieros. La frialdad de la técnica y la contribución al nihilismo y el genocidio imperial de la segunda guerra mundial. Que extraño y curiosos la filosofía y ciencia Alemana de las más avanzadas del mundo, generadora en parte de todo lo que aconteció en Europa. Admiro a Ortega y Gasset pero nos podría haber traído a Hegel, y porque no, haber profundizado un poco en la filosofía Anglosajona. Bueno me conformo con que en el siglo pasado y parte de este hemos disfrutado de mi admirado y tristemente desaparecido Gustavo Bueno y el cierre categorial.

  • oscar varela

    Hola!
    Ofrezco lectura (destilada) de “CAMPOS PRAGMÁTICOS” (apartado de: Anejo: En torno al “Coloquio de Darmstadt”, 1951), en la que Ortega “corrige” a Heidegger en su propio terreno de la filología (Cfr. OCT9, págs.. 639-645)
    ……………………..
     
    1- Heidegger afirma que «construir» es «habitar».
    – Se construye para habitar como un medio para un fin,
    – pero este fin habitar –dice Heidegger-, preexiste al construir.
    – Porque ya el hombre habita— es decir,
    – está en el universo, en la tierra, ante el cielo, entre los mortales y hacia los dioses;
    construye, a fin de que su habitar llegue a ser un contemplar,
    – un cuidar de ese universo, un abrirse a él y hacer que sea lo que es
    – que la tierra sea tierra, cielo el cielo, mortal el mortal y el Dios inmortal.
     
    2- Ahora bien, toda esta faena dedicada al Universo es,
    – en última instancia, «pensar», meditar.
    – De aquí el título de la conferencia: Construir, Habitar, Pensar (Bauen, Wohnen, Denken).
     
    3- Para aceptar semejante doctrina encuentro dentro de mí algunos estorbos:
    – Primero: originariamente el hombre se encuentra, sí, en la tierra, pero no habita en ella.
    – Es precisamente lo que le diferencia de los demás seres—mineral, vegetal y animal.
    – La relación básica del hombre con la Tierra es bastante paradójica.
    – Es sabido que no se han encontrado diferencias anatómicas ni fisiológicas que separen al hombre de los animales superiores en forma que resulte clara.
     
    4- Sin embargo, el padre Teilhard, descubre un rasgo puramente zoológico:
    – mientras todos los demás animales habitan particulares regiones del globo,
    – solo el hombre habita en todas.
    – Este carácter radicalmente ecuménico del hombre es extrañísimo.
     
    – Cada especie zoológica o vegetal encuentra en la Tierra un espacio con condiciones determinadas donde, sin más, puede habitar.
    – Los biólogos le llaman su «habitat».
    – La planetaria ubicuidad del hombre significa que carece propiamente de «habitat»,
    – de un espacio donde, sin más, pueda habitar.
    – La Tierra es para el hombre originariamente inhabitable (unbewohnbar).
     
    5- Para poder subsistir intercala entre todo lugar terrestre y su persona
    – creaciones técnicas, construcciones que deforman, reforman y conforman la Tierra,
    – de suerte que resulte más o menos, habitable.
    – El habitar no le es dado, desde luego, sino que se lo fabrica él,
    (porque en el mundo, en la Tierra, no está previsto el hombre,
    y este es el síntoma más claro de que no es un animal,
    de que no pertenece a este mundo).
     
    6- El hombre es un intruso en la llamada naturaleza.
    – Viene de fuera de ella, incompatible con ella, esencialmente inadaptado a todo milieu.
    – Por eso, construye.
    – Y como en cualquier lugar del planeta puede construir,
    – es capaz, a posteriori, de habitar en todas partes.
     
    7- El hombre no está adscrito a ningún espacio determinado
    – y es, en rigor, heterogéneo a todo espacio.
    – Solo la técnica, solo el construir asimila el espacio al hombre, lo humaniza.
     
    8- Pero, a pesar de todos los progresos técnicos, no puede decirse que el hombre «habite».
    – Lo así llamado es deficiente, aproximativo y, como todo en el hombre, utópico.
    – Ni el hombre construye porque ya habita,
    – ni el modo de estar y ser el hombre en la tierra es un habitar.
    – Más bien todo lo contrario:
    – su estar en la tierra es malestar y, por lo mismo, un radical deseo de bienestar.
    (El ser básico del hombre es subsistente infelicidad. Es el único ser constitutivamente infeliz y lo es porque está en un ámbito de existencia —el mundo— que le es extraño y, últimamente, hostil).
    …………………….
    NOTA: (Acá empieza la disputa “etimológica”)
     
    9- Heidegger, se me ocurre, fue seducido hacia este camino errado
    – por una etimología atendida sin suficiente cautela. Bauen—buan y wohnen significan ambas «soy», es decir, vivo.
    – En ellas actúa la misma raíz indogermánica que da en latía una de las formas del verbo serfui— que aparece referida, sobre todo, al ser de la planta, con el sentido de crecimiento orgánico y más en general con el de curso normal de una existencia; en griego fysis.
    – En latín, tal vez por haber quedado como elemento del verbo ser, su significación fue trasladada a otra raíz —nascor, natura.
    – Pero es sobremanera improbable que el auténtico etymon de esas dos palabras bauen y wohnen significase «soy».
     
    10- Ser es idea demasiado abstracta para que se comience con ella
    – y no nació referida al hombre, sino precisamente a las demás cosas que le rodean.
    – Tan es así que en casi todas las lenguas el verbo “ser” tiene un curioso carácter de artificiosa elaboración que hace, sin más, patente su carácter de producto reciente.
    – Fue fabricado con palabras de raíces diferentes y que tenían significados mucho menos abstractos.
    – Así en español ser, viene de sedere = estar sentado.
     
    11- Es muy posible que sedere no signifique el simple hecho de estar sentado o asentado,
    – el hombre de aquel tiempo pensaba que
    solo se es plenamente cuando se está sentado o asentado.
    el hombre tiene conciencia de que su «ser o estar en la Tierra»
    – no es siempre ni constitutivamente habitar —wohnen—,
    – sino que el habitar es una situación privilegiada y deseada
    – a que algunas veces, más o menos aproximadamente se llega
    – y que, lograda, es la forma más plena de ser.
     
    12- cuando se busca el más antiguo y esencial sentido de una palabra,
    – no basta con atender a ella aislada y por sí.
    – Las palabras no existen, no funcionan aisladas,
    – sino que forman conjuntos que se refieren a una región de la realidad vital.
    – Porque nuestra vida consiste en la articulación de muchos pequeños mundos o comarcas:
    – hay el mundo de la religión y el mundo del saber, y el mundo del negocio y del arte, y del amor, etc.
    – En estas comarcas están repartidas y como localizadas todas las cosas con las cuales tenemos que habérnoslas.
     
    13- Nuestra vida no es más que un hacer inexorable con las cosas.
    – Por eso en la vida propiamente no hay «cosas».
    – Solo en la abstracción científica existen cosas, es decir, realidades que no tienen que hacer con nosotros, sino estar ahí, por sí independientes de nosotros.
    – Pero para nosotros toda cosa es algo con lo que tenemos que tener algún trato u ocupación y con lo cual hemos de ocuparnos necesariamente más pronto o más tarde.
    – Son «asuntos», es decir, algo que se ha de hacer —un faciendum—. Por esto la palabra griega para las cosas era pragmata (asuntos) —de prattein— hacer, actuar.
     
    14- Debemos, pues, contemplar nuestra vida como una articulación de campos pragmáticos.
    – A cada campo pragmático corresponde un campo lingüístico, una galaxia o vía láctea de palabras,
    – las cuales dicen algo, sobre todo gran asunto humano.
    – Dentro de esa galaxia están íntimamente ligadas, y sus significaciones son influidas unas por otras, de suerte que el sentido más importante se halla, por decirlo así, difuso en el conjunto.
    – El auténtico sentido etimológico de una palabra no se puede descubrir si la consideramos aislada.
    – Es preciso sumergirla en la galaxia a que pertenece y prestar atención a la significación general, a veces sutilísima, que como una atmósfera impregna la galaxia.
     
    15- Heidegger ha atendido solo a bauen y wohnen
    – y ha encontrado que ambos etimológicamente se unen en el vocablo buanich bin (yo soy). Con lo cual resultaría que el ser del hombre en la Tierra es tranquilamente habitar —wohnen—. No tanto construye para habitar cuanto habita para construir.
     
    16- Muy distinta idea llega a nosotros si ampliamos el horizonte verbal y advertimos que
    bauen, wohnen y buan no están aislados, sino que la misma raíz auna las palabras:
    gewinnen —esforzarse por algo—,
    wunsch—también aspirar a algo que nos falta, que no tenemos todavía—, y
    wahn.
    (Si consultan ustedes el Kluge-Golze, encontrarán que wahn significa «lo inseguro, lo esperado»; así, pues, algo que todavía no está ahí;
    – y aún más: «esperanza y esfuerzo», exactamente como gewinnen.
     
    17- Esto nos revela que wohnen —habitar— y Sein —ser—, es decir, buan,
    – no pueden tener ese sentido de algo logrado, tranquilo y positivo, sino, al contrario,
    – llevan en su fondo la idea de que el ser del hombre es
    – esfuerzo,
    – insatisfacción,
    – anhelo de algo que no se tiene,
    – quejumbre de algo esencial que falta,
    – esperanza de que se logre.
     
    18- Ahora adquiere mayor precisión mi fórmula antecedente;
    – que la tierra es para el hombre inhabitable.
    – Y ahora entrevemos que cuando el hombre dice que habita (wohnt)
    – ha de entenderse con un valor aproximativo y deficiente.
     
    19- El auténtico y pleno wohnen es una ilusión, un deseo, una Bedürfnis (necesidad),
    – no un logro, una realidad, una delición.
    – El hombre ha aspirado siempre a habitar (wohnen),
    – pero no lo ha conseguido nunca del todo.
    – Sin habitar no llega a ser.
    – Por esta causa se esfuerza en ello y produce edificios, caminos, puentes y utensilios.

  • Isidoro

       El otro día, oía no se donde, que hay que distinguir entre la sala de ser, de la sala de estar. Nosotros hasta ahora, estábamos en el Universo, pero deberíamos comprender que en realidad somos integrantes del Universo.
          Vivimos una especie de esquizofrenia donde la ciencia nos dice que somos uno con la Naturaleza, y la religión por el contrario que estamos aparte, (Pablo Malo). Y ese puede ser el auténtico Pecado original de nuestra cultura, origen y fuente de muchos desequilibrios y sufrimientos humanos.
     
        Cuando la humanidad pasó del Paleolítico cazador-recolector, al Neolítico agrícola y urbano, se produjo una crisis enorme de la humanidad. Algo similar a lo que sucede en la actualidad.
        Un gran cambio de mentalidad y de vida, supone un gran salto adelante en el bienestar de la humanidad, (la humanidad aumentó enormemente su población y supervivencia), pero con un gran precio también.
        La vida en núcleos de población mucho mas mayores y de forma sedentaria, la domesticación de animales, la generalización del comercio, el hacinamiento, todo ello aumentó enormemente las infecciones que asolaban la humanidad.
     
        Según el antropólogo George Murdock, esto llevó a un florecimiento del temor humano hacia “los espíritus” o los dioses malignos, que les traían las catástrofes y las pestes infecciosas. Y al pasar al monoteísmo, la humanidad se encontró que entonces era Dios el causante de ellas, por lo que había que encontrar una causa de esa actitud divina: y ahí nació el pecado.
        Y entonces, la miseria y las desgracias se convierten en un problema moral: Dios manda esas plagas porque somos pecadores y hemos hecho algo malo. Y la religión adquiere un valor sanitario: evitar sufrir pestes e infecciones, o al menos minimizarlas.
          “A lo largo del mundo antiguo los “sistemas de cuidado de salud” estaban integralmente relacionados con la religión. El cuidado médico fue una actividad religiosa”. (Carol Meyers).
         “Además del Sistema Inmune personal, existe lo que se llama un Sistema Inmune Conductual, es decir una serie de conductas que evitan que nos pongamos en contacto con los patógenos en primer lugar.
         Según el antropólogo evolucionista, Carel Van Schaik y el historiador Kai Michel, en su libro “The Good Book of Human Nature”, la Torá judía es un ejemplo de Sistema Inmune Conductual. Hay muchas reglas y rituales en la Torá que podríamos llamar “medicina aplicada” o “salud pública”.
       En la Biblia hebrea, estamos ante un tipo de protomedicina, un conjunto de medidas que evitaban las fuentes de infección y eran eficaces en reducir los contagios”.
          De una forma intuitiva y también, mediante una observación de la realidad, los primitivos sanadores, chamanes y sacerdotes de la religión, inferían una cierta relación causal entre ciertos fenómenos sociales, (contactos con extranjeros, costumbres sexuales y alimenticias, falta de higiene personal), con  la enfermedad, aunque tampoco es descartable en algunos casos, la pura casualidad.
    (https://evolucionyneurociencias.blogspot.com/2020/08/la-religion-como-forma-de-prevenir-las.html)
     
      De forma similar actualmente estamos sufriendo una nueva grave crisis de cambio. El futuro promete grandes logros y un salto cualitativo inimaginable en la humanidad, pero también trae consigo nuevos graves peligros.
            Y por eso, en esta grave Crisis que durará varios siglos, en la que nuestra mentalidad está sufriendo una enorme revolución mental, (sobre todo los jóvenes, los humanos del tercer Milenio), necesitamos también un cambio copernicano en el sistema referencial, de nuestro comportamiento: una nueva moral.
        Para ello, debemos acudir a nuestra guía interior, a esa necesidad interna, de no solo reanudar nuestra radicación en la Naturaleza, (estar en ella), sino de sentir que somos ella.
        De seguir ese instinto atávico de ser uno con el Cosmos, (como una piedra, como cualquier otro ser vivo), sujeto y protagonista de las Leyes del Universo, que muchos consideran la versión física de “Dios”. (Lo que hace, “sea lo que sea”, que el Universo se mueva).
           Por eso decía Einstein: “Sólo quiero conocer a Dios; lo demás son detalles”. Porque se conoce a Dios conociendo el Universo. Y el Dante decía que el Amor movía el Sol y las estrellas.
        Este sería el eje de la Nueva Religión del futuro, que ya no sería institucional, sino espiritual, cultural, y terapéutica.
         Y esto ya lo intuía Platón, cuando equiparaba el Amor, a las Leyes que rigen el Universo. Afirma que el Amor, es un divino arquitecto que bajó al mundo a fin de que todo en el universo viva en conexión”.
            Y siguiendo a Platón, Boecio en La Consolación de la Filosofía exclama: “¡Oh, feliz especie humana, / si rigiera en vuestras almas /el amor que rige al cielo!”.
          Esa sensación –convicción de que somos el Universo, nos relaciona con todos sus integrantes, especialmente con los de nuestra misma condición y especie.
        Cuando tenemos interrumpido ese enlace telúrico psicológico con la Naturaleza, con nuestra naturaleza cósmica, inconscientemente, lo intentamos neuróticamente, con diferentes sucedáneos, como la obsesión por la salud.
        Es un efecto mas de la llamada “nostalgia del Paraíso”, pretendiendo recuperar dicho Paraíso, con supersticiosos ritos, mitos, y normas morales igualmente supersticiosas, (en el sentido estricto del término), como los del culto “Cargo” de ciertos primitivos del Pacífico, después de la II Guerra Mundial.

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