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Una espiritualidad laica

Jesús Gil

(Leyendo al obispo anglicano J. Sh. Spong*)

Estas son las preguntas que se hace el obispo Spong a la hora de tratar el tema de la nueva espiritualidad desde una visión no teísta de Dios:

“Esta visión no teísta de Dios, la promesa de una nueva espiritualidad basada en la construcción de una vida íntegra, libre y plena ¿motivará en el futuro, a los seres humanos para acercarse al misterio trascendente de Dios? Los peregrinos en el exilio ¿buscarán un Dios en la tierra y en la profundidad de su propio ser, aunque no perciban una recompensa obvia? ¿Será suficiente sugerir que una vida plena, marcada por un amor generoso, y llamada a una nueva forma de ser, es la recompensa misma? ¿Existe la esperanza en una vida más allá de este mundo lejos de las imágenes teístas del pasado? (Spong, p. 202)

Hablar de espiritualidad en nuestra sociedad es casi sinónimo de evasión, de huída de este mundo limitado, finito y perverso, y traslado a los cielos en cuanto morada del Dios trascendente, infinito, todopoderoso y suprema bondad. Abandono de las realidades materiales que tenemos a nuestro alrededor y preocupación por lo trascendente e inmaterial. Pero esta no es la espiritualidad cristiana. Centrarse en construir una sociedad justa y humana se consideraba un objetivo limitado y poco exigente. Había que aspirar a metas más altas y definitivas, las del Dios en las alturas, que promete en el reino de los cielos una recompensa definitiva. Se hablaba de que este premio consistía en la visión beatífica de la esencia de Dios durante toda la eternidad. Pero esta imagen de Dios, que habita en los cielos y que promete la recompensa de una vida junto a él, gozando de su presencia, hoy ya no se puede sostener. Esta deidad teísta no es otra cosa que una proyección de nuestras aspiraciones humanas y solución a nuestras deficiencias. Ni el cielo es la morada de Dios, ni se dedica a controlar el comportamiento humano para premiar a los buenos y cumplidores con sus normas.

“Pero ahora sospechamos que esa deidad teísta es una proyección hacia el cielo de nuestras necesidades humanas. El conocimiento humano le ha quitado misterio e intriga a ese mismo cielo. Parece que ya no queda lugar en este universo nuestro para el cielo. Ha sido radicalmente descolocado del antiguo lugar encima de las nubes. Si el cielo ya no es un concepto localizable, entonces tenemos que reconocer que tampoco lo es Dios, puesto que el cielo era la morada de Dios. Podemos y debemos racionalizar esto diciendo que ese cielo no es un lugar y Dios no se puede pensar en conceptos de espacio… Es por eso por lo que hoy en día ya no se habla del cielo” (Spong p.206)

Este sentido de espiritualidad como evasión de las realidades materiales hacia lo celestial, ya no tiene sentido hoy. Cuando hablamos de espiritualidad nos referimos al talante, al espíritu que anima el modo de pensar y actuar, el comportamiento basado en la ética universal, que defiende los derechos y los valores humanos. Una espiritualidad consistente en la consecución de una vida digna y justa para todas y todos. La “cualidad humana profunda” que nos habla Mariá Corbí, o la “sensibilidad por lo esencial, por la dimensión profunda de la realidad diaria”, de Roger Lenaers. Una espiritualidad basada en la ética humanista de los derechos y valores humanos.

Hablamos en primer lugar de los derechos humanos contenidos fundamentalmente en la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948, que se resumen en el derecho a la vida, y que se concretan: en el derecho de todos a la sanidad pública; en el derecho a una educación de calidad; en el derecho a una vivienda digna (el “techo” del que habla el papa Francisco); el derecho a un trabajo humano no explotador; el derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; el derecho a la libertad de opinión y de expresión; el derecho a la libertad de reunión; el derecho a un nivel de vida adecuado, entre los más destacados.

En segundo lugar hablamos de los valores humanos, que conforman una vida digna y plenamente humana. Nos referimos al valor de la verdad, de decir la palabra sincera, de no comunicar la mentira, de ser verdad en definitiva. El valor de la coherencia en la vida, de la correspondencia entre lo que se piensa y el actuar. El valor de la igualdad de derechos de todas las personas, aunque sean diversas y diferentes El valor de la solidaridad entre los seres humanos, para conseguir una convivencia fraterno-sororal. El valor del cuidado de la fragilidad, de todos aquellos que necesitan de nuestra ocupación y cariño. El valor de la compasión con todos aquellos que sufren. El valor de practicar la justicia entre todos los seres. El valor, en definitiva, del amor hacia todos los seres vivos y la naturaleza, incluso a los enemigos, según la recomendación de Jesús de Nazaret.

Por lo tanto, se trata de una espiritualidad no religiosa, laica, sin que sea necesaria una referencia a ninguna deida. Una espiritualidad universal, común a todos los vivientes, basada principalmente en los derechos y valores humanos, en la ética humanista. Y este objetivo es plenamente suficiente para dar sentido a una vida. No es necesario acudir a un Dios de las alturas que premia a los cumplidores con la vida eterna, para que una vida tenga pleno sentido. Más aún, ese Dios que habita en los cielos y que promete la vida eterna a los buenos ya no se sostiene hoy.

“El deceso del cielo es un resultado directo de la muerte de la imagen teísta de Dios en la que se basa la tradición evangélica, con su visión personificada del cielo. Las personas que creen en el cielo como un premio a cambio de una vida de fe o de trabajo, también tienen que creer en Dios como deidad personal que reparte regalos y castigos ganados por méritos personales. Este Dios es una figura parental disfrazada que controla la conducta infantil por medio de amenazas y promesas (Spong, p. 205).

El centro de la espiritualidad no está pues en la promesa de vida eterna de un Dios que premia a los buenos. El centro de la espiritualidad está en la vida, vida que es infinita, trascendente y eterna, en la defensa de la vida, en el respeto a la vida, en la dignidad de la vida y en el disfrute de la vida para todas y todos (J. M. Castillo). Una espiritualidad que se toma en serio lo humano y el respeto a la tierra y los recursos naturales.

“No tengo ningún interés en un sistema de premios y castigos. No le encuentro ningún propósito a una vida después de la muerte pensada para motivar nuestro comportamiento aquí y ahora. Puedo vivir sin la idea del cielo, como un lugar de premio,, así como sin el infierno, como un lugar de castigo. Pero creo que la vida es infinita, y también creo que estamos llamados a explorar su profundidad y a saborear su profunda dulzura. Creo que la vida aquí es una imagen limitada y finita de la vida plena, que es ilimitada e infinita” (Spong, p.218).-

La espiritualidad laica por lo tanto, abarca la vida entera de la persona y está pidiendo nuevas mediaciones, no religiosas, sino políticas, transformadoras de este mundo. Una espiritualidad en que el primer analogado es el compromiso político, la lucha por la justicia, el compromiso por la transformación del mundo. Una espiritualidad que no mira al cielo, huyendo de lo humano, sino que busca el logro de la humanidad. Y este es el papel que tenemos los cristianos: lograr la vida, el amor y el ser para todos, conseguir una vida de todos los seres en plenitud. Vida que no se acaba con la muerte, sino que continúa posteriormente, de modo diferente y desconocido, participando de la resurrección de Jesús de Nazaret, el Viviente.

“Estoy seguro que uno se prepara para la eternidad, no siendo religioso y respetando las reglas, sino viviendo plenamente, con un amor generoso, y atreviéndonos a llevar nuestra capacidad al máximo. También afirmo que la única misión que tenemos los cristianos es lograr la vida, el amor y el ser para todos. Nuestra tarea no es convertir, nuestra tarea es llamar a la gente a la profundidad de su propia capacidad de ser” (Spong, p. 218-219)

*J. Sh. Spong. Por qué el cristianismo tiene que cambiar o morir, Editorial Abya Yala. Quito. Ecuador 2014.

25 comentarios

  • George R Porta

    La condición humana, sea esta lo que sea o cada uno piense, ofrece una base material común que hace las veces, metafóricamente hablando, de lienzo en el que pintar o proyectar nuestros deseos aunque esto último ocurra desde la particularidad histórica personal.
     
    La equivocidad del lenguaje no impide, sino enriquece, la intuición de “lo otro”, lo mismo para quien lo sitúe dentro de sí o fuera, a fin de evitar “dualismos”.
     
    Lo que parece imposible es tener certeza de que la realidad sea monolítica para decirlo de alguna forma. Desde luego si alguien lo prefiere, lo puede hipotetizar así.
     
    De ahí que cualquier noción de divinidad solo puede evocar la emoción del asombro. Igualmente ocurre con la noción de nada. La opacidad que se atribuye al color negro debe ser solo la superposición de todos los colores, pero el hecho de que todas las formas queden absorbidas en la negrura de la oscuridad o carencia de suficiente luz para que sea reflejada o translucida, no quiere decir que no exista en la oscuridad ninguna luz en absoluto.
     
    La humildad humana necesita acoger sin angustia esta incertidumbre parcial inevitable. La dificultad mayor es tener que bajar la testuz ante ella y respetarle su nombre: Misterio, como algo que es y no puede ser totalmente comprendido o aprehendido. Nada impide el optimismo infinito de la utopía de que la humanidad podrá llegar a conocer todo y conocerlo totalmente, aunque ello implique que se detenga el dinamismo de la realidad para que no pueda haber nuevas interrogantes una vez que la “curiosidad” sea saciada en absoluto y al fin, la leyenda sobre la curiosidad de Adán y Eva se vea realizada.
     
    Es interesante que la curiosidad haya sido penalizada por la divinidad única (monoteísta) imaginada por la mente humana desde su necesidad de preferencia o selección máxima entre todo otro grupo humano. Esta imaginación idolátrica de la divinidad es comparable a la imagen que los niños/as se forjan de quienes les dispensan cuidado o les atemorizan, cuando solo pueden relacionarse a través de su narcisismo primario, es decir cuando necesitan sentirse como objeto exclusivo del amor de los adultos cercanos o importantes.

  • Gonzalo Haya

    Quizás la mejor cualidad de Spong sea el provocar un diálogo en profundidad. Agradezco a todos la sinceridad con la que se expresan y que nos ofrecen diversos puntos de vista. Creo que todos nos encontramos ante algo que de alguna manera trasciende nuestros propios intereses, llámese misterio, Dios, valores éticos… Cada uno lo explicamos según nuestras experiencias personales y los conceptos básicos que nos ha proporcionado nuestra cultura o nuestra especialidad. Estas explicaciones no tienen fuerza definitiva y universal, pero pueden ilustrarnos a los demás para dar palabras a lo que quizás no acabamos de expresar. Estamos en un gran cambio cultural y necesitamos estas palabras para tratar de entenderlo. Gracias a todos.

  • George R Porta

    Pido disculpas por la tosudez de mi ordenador (esta vez no es mi error porque lo rectifiqué dos veces) que automáticamente retifica palabras que la ordenadora identifique como errada por asociación, es decir el efecto autocorrector automático de terminar palabras según un cierto léxico familiar.

    En mi comentario ultimo (16:02 h), en la tercera línea donde se lee “cultural” debiera decir “cultual” es decir, del culto religioso.

  • George R Porta

    Lamento haberme expresado deficientemente porque mi opinion es que la esperanza crea la afectividad. Es decir que la necesidad de afecto atrae la atención hacia las posibles Fuentes de de Amor. De ahí la imaginación teológica y, desafortunadamente, la idolatría cultural.

    Un fenómeno que solo menciono de pasada pero que argumenta en esta dirección que propongo es la historia de aparición y desaparición del lmonteísmo al sur del mediterráneo, sea en Egipto, sea en Israel, incluso con la posibilidad de que algunos politeísmos hayan sido solo intentos de comprender desde las diferentes necesidades humanas sentidas en el context de impotencia o ignorancia, de un único poder supremo mucho antes de que la síntesis correspondiente haya sido efectuada de manera institucional.

    En mi opinion la empatía hacia una deidad Buena origina la esperanza de que, en efecto, exista y el proceso proyectivo por el que se pretenda conocerla o comprenderla en su sentir y actuar, proyectando antropomórficamente la experiencia humana de auto-conocimiento. 

  • Román Díaz Ayala.

    Hermosa reflexión, la de George, sobre la esperanza.
    Ese  mencionar al Cantar de los Cantares ofrece una clave  de comprensión. La esperanza es un conocimiento relacional que aunque pareza que ella por  si misma crea el sentimiento afectivo, ha nacido de él, como las búsquedas de la amada y del Amado.
    Hemos de huir del amor mercenario, que es el amor pagado, pues es la prostitución del mismo, de quienes pretenden  comprarlo por sus obras, para decir que entran en en el seno de la misericordia por sus propios méritos.
    Para una persona cristiana no puede caber una espiritualidad sin Dios, porque ahí no tendría lugar ninguna relación amorosa.Algo más o distinto que la mera filantropía. (1ª Juan 4, 7 y 8)

  • George R Porta

    La importancia de la Esperanza como conocimiento relacional es grande y crea un sentimiento afectivo, campo real de la Esperanza, la actitud de quien anónimamente pregunta al centinela “desde Seir” por la llegada del alba. La Esperanza se hace en la afectividad empática, algo que Edith Stein consideraba como una especie de intuición receptora de quien o de lo que aún no se conoce por otro medio.

    La Fe, diferente aunque no contrariamente, ocurre intelectualmente y está orientada a la comprensión a la inteligencia, mientras que la Esperanza predispone a la acogida. La Esperanza puede ser angustiosa cuando se teme a quien se le espera o a lo esperado. Si quien se haya a la espera confía en lo poco que sepa sobre aquella persona a la que espera o sobre el evento que anticipa, la esperanza es vivida confiadamente. Quizá en ese sentido no es la Fe la que engendra la esperanza sino que la esperanza engendre a la Fe , como la pasion (patire) por el o la amada mueve al o la amante a conocerle major.

    Vivir sin esperanza no es possible, como no es possible vivir sin respirar o hidratación. Pero “imaginar” reduce la realidad auténtica e independiente de aquello que sea imaginado y de ahí el carácter idolátrico de las imaginaciones.

    Respeto a quien sienta o piense lo contrario, pero si la Fe precipita hacia la imaginación, la Esperanza (de la cual el Cantar de los Cantares ofrece un extraordinario ejemplo) mantiene la aperture incluso a la demora o a la ausencia que a su modo son enriquecimientos de la relación del sujeto que espera con el objeto de esperanza, sobre todo si se trata de otro sujeto. Le añaden una acogida aún mayor, inimaginable y por tanto más gratuita y más amorosa porque no espera retribuciones.

  • Román Díaz Ayala.

    Me resulta gratificante ese intento de explicar a Spong, desde el propio Spong que hace Manuel, porque tenemos que desligarlo de esos habituales  aquí  esfuerzos por elaborar los supuestos de una pretendida “espiritualidad laica” para huir del confesionalismo “católico”.
    Catolicismo Romano ( el de Trento)  y Reforma son dos caminos divergentes en nuestra Europa Occidental.
    La Reforma también sufrió su evolución porque ambos segmentos del Cristianismo de Occidente se vieron condicionado ( y fueron partícipes y protagonistas en muchos sentidos) por la modernidad nacida de la Ilustración, y en momentos históricos diferentes quisieron desembarzarse de los vestigios medievales. El protestantimo de los horrores teológicos-espirituales que amenazaban a la gente del medioevo, la culpa por el pecado, la desconfianza por la naturaleza humana y los sufrimientos de después de la muerte. Pero como hicieron de la fe algo esencialmente personal, sin la rémora de una mediación eclesiástica, han podido, mediante el libre examen explorar caminos nuevos antes que la gente católica. Desde  “esta cultura” dieron y dan diferentes respuestas que no tienen porque se todas acertadas.
    Cuando una persona católica habla de espiritualidad laica muchas veces lo que quiere decir ( y busca) es que se cuestiona el que la Iglesia sea algo así como la continuación de la Encarnación de Jesucristo, que no debe ser aceptada sin más a no ser como figura, esa Iglesia Mediadora entre Dios y los hombres (como única para la salvación) es una elaboración teológica que contradice el que Jesucristo es el único Mediador, que no pierde ni cede su trascendencia sobre la Iglesia.
    Cunato más grande sea nuestra esperanza, más claro es que tenemos una fe muy firme ( ambas cosas no se pueden dar por separado)

  • Manuel

    Un fuerte abrazo también para ti,  George.
    Hay una frase del que se le atribuye ser el fundador del deísmo teórico,  Thomas Paine que dice en el primer párrafo de su libro “La edad de la Razón” YO SOLO CREO EN DIOS, EN UN SOLO DIOS Y NADA MÁS Y CREO EN LA FELICIDAD MÁS ALLÁ DE ESTA VIDA. EN LA IGUALDAD.. EN LA JUSTICIA… Y EN ESFORZARSE EN HACER FELIZ AL PRÓJIMO…
    Semejante fe en tamaña simplicidad, es realmente  pasmosa y sorprendente. Se me ha venido a la cabeza cuando he leído tu aportación. Ojalá los creyentes puedan ser capaces imitar esa fe tan sencilla.  Si existe dios, eso es lo que esperaría de los creyentes.

  • George R Porta

    Estimado Manuel: Algo debo haber hecho que te he producido la impression justo de lo que no soy. Te pido disculpas por ello. Mi fe no es inquebrantable. Mi esperanza lo es. Y mi esperanza es confiada en que se cumplirán las promesas atribuidas a Jesús en los Evangelios (me refiero a las Bienaventuranzas y otras) pero de certezas nada. Si uno tuviera algo que ofrecer como muestra de reconocimiento y afecto a Dios, en el caso de que exista que tampoco me consta, yo solo pudiera ofrecerle el riesgo de mi confianza.

    En fin, perdona si me he expresado mal al punto de parecer lo que no quiero. De paso, permíteme asegurarte que la apologética nunca ha sido mi fuerte. Agradezco a quien me sacude mis esperanzas y me pone en mi lugar obligándome a prestart atención a lo que diga, me disguste o no. He sido psicoterapeuta por muchos años (pronto 36) porque a mis 72 aún veo algunos pacientes, y sé que la clave de la felicidad consiste en acariciar la vulnerabilidad humana, la propia y la ajena, de manera que nunca se añada sal a las heridas, ni que aumenten éstas por el maltrato. Así creo en la compassion y en la misericordia gratuitas, aunque no haya cielo, ni haya Dios, ni haya nada.
    La vida solo vale la pena de ser vivida en la compassion, libre de cualquier odio o miedo. Un abrazo cordial.

  • Manuel

    Estimado Isidoro.
    No, Isidoro, no. La trampa posmoderna de que las opiniones no son susceptibles de ser criticada y que hay que colocarlas a la altura del respeto que se merecen las personas, es un argumento falaz. Lo normal no es que cada uno tenga su opinión, lo normal (la opinión personal se presupone en cualquier diálogo) es que tu opinión, la mía, y la de todos estén sujetas al imperio del escrutinio de la razón.
    Esto no se puede convertir en un soliloquio que desde afuera te aplauden o te denuestan. Lo que opine el resto de los que nos lean es un objetivo secundario del blog. Lo principal es la confrontación de ideas y argumentos posicionados dialécticamente para alcanzar cada vez, un grado mayor de certidumbre.
    No, esto es un sitio donde tu opinión y la mía, puedan y deban ser censuradas, criticadas y rechazadas….sin perder el respeto a las personas.
    Sabes perfectamente que yo no he descalificado a nadie. Tampoco a ti.
    He censurado tu talante, tu conducta. Aquella que desmerece al otro porque no se ha caído de ningún caballo debido a un ataque epiléptico, creyendo que le hablaba un tal Jesús.
    La he censurado y lo seguiré haciendo cuando alguien pretenda mostrar su superioridad moral, intelectual o espiritual por el mero hecho de disfrutar de una fe religiosa sobre otro, que sencillamente, no sienta la necesidad de entretenerse con ella.
    He censurado la actitud de estigmatizar al que es distinto a ti, porque no cree en misterios, porque considera que los misterios no existen. Lo que existen son fenómenos por explicar, lo que existen son cosas desconocidas de las que no hay suficiente información, lo que existen son hechos por explicar no hechos inexplicables. Lo inexplicable no existe en un universo monista lo que existe son cosas inexplicadas.
    Es ese materialista, que en su prosaísmo “excluyente de todo misterio, el materialismo, que no acepta cosas que no se pueden pesar, ni medir, nos lleva a un empobrecimiento y una desertización cultural nihilista y depresiva de la vida”.
    Te he leído bien Isidoro. El poseso en la verdad, sea cristiana, islamista o liberal, puede creerse que el otro es el infierno. Y en el caso del materialista, estás convencido que quien sigue su ideario o se deja contaminar por él, se convierten en un capitidisminuido cultural, un peligroso impío nihilista y un patético ser con una depresión crónica.
    Y no te ha temblado el pulso al escribir eso, es más, creo que según tu respuesta, un indicio de mis “ladridos” es, que con ellos se certifica que estás en lo cierto.
    Dime, te voy a hacer otras preguntas a pesar de tu indisposición con ellas.
    ¿Te crees realmente una persona que dispones de los mecanismos intelectuales, de conocimiento y espirituales (entendido este último, como la sensibilidad de estar convencido de que la verdad absoluta, no la tiene ni el dios que tu cerebroha creado, que la belleza del poema de León Felipe “Sé todos los cuentos” le puede conmover a un creyente tanto, un poema de Bécquer  y que puede ver, sentir y compartir la bondad, la alteridad y el desprendimiento de un ateo como los pudiese desplegar igual Teresa de Calcuta) como para que en algún momento y a pesar de tu acérrima fe, puedas evitar y no desembocar en: una vida plagada de contradicciones culturales debido a la disonancia cognitiva por querer unir creencia y ciencia; de una conducta licenciosa que te la permitirías porque haces las cosas que le gusta a tu dios y si no fuese así te las perdonaría de todas formas y que por obedecer más a tu razón, llegases a un momento, que no le encontrases sentido a una vida porque descubrieses la fatuidad de lo sobrenatural y cayeses en una profunda tristeza, porque te has convencido que después de la muerte no hay un más allá?
    ¿No te podría pasar esto a ti? Y si crees que a ti no ocurriría semejante accidente padeciendo ninguno de esos síntomas semejantes al de un materialista ¿Sigues pensando a pesar de todo, que eso sí le ocurriría a un materialista de manera ineluctable por ser precisamente materialista?

    Tú no tienes una tesis sobre el pensamiento de Spong. Discúlpame Isidoro. Tú tienes una antítesis. Que también es muy positivo, y que tan necesario es como lo primero. Spong es anglicano y no pesa en él los dogmas tan tortuosamente elaborados por la ICAR. Spong no se mueve con catecismo alguno, ni con esos conceptos teológicos pre-modernos (de Modernidad) del que tú haces uso. Su teología descansa en una concepción de la divinidad rayana en el deísmo. Es una especie de deísmo jesuánico. Ni tampoco le preocupa el más allá porque de allí no ha vuelto nadie ha decir cómo es. Ni siquiera Jesús, sobre el que cunde la sospecha (de la que él participa) de que fue muy improbable su resurrección. Su pensamiento sobre la evolución, no tiene nada que ver con el periclitado Theilard.  Ayala, es un biólogo creyente además que ha “centrado en su diana” a los creacionistas que ven en la evolución una intención. La famosa teleología o Principio Antrópico. Ese referente del jesuita francés ha de ser rápidamente sustituido por otro y olvidarse del punto Alfa y Omega.

    Y una precisión más. El dios que tú pintas y que es irreconocible, no es sólo para mi Isidoro, es para el resto de todos los creyentes de todo el orbe porque cada ser humano ha creado a su dios a su imagen y semejanza. Es un contructo mental tuyo y de todos porque no hay un referente “que haya sido pesado, medido y tomado la temperatura” con un SMD cualquiera.
    Dios es no objetivable porque no hay constancia de su existencia que pueda ser comprobada para poder elaborar una teoría tan indiscutible como la ley Ohm. Por consiguiente tu dios, del que te nutre para conformarlo con las opiniones de los demás, es una ilusión que tu cerebro crea y que se esfuerza para ser comprendido por otra mente que tan procelosamente está haciendo los mismos esfuerzos que tú, en hacer algo mínimamente comprensible para la mente.

    Por último, para ti, estimado George. Reconozco el indiscutible ejemplo de respuesta apologética digna de una persona con una fe inquebrantable, que a la vez de inexpugnable a la duda, es impermeable a cualquier lluvia fina que tienda a disolver, el cemento de las creencias que son el fundamento de tu fe.
     

  • Isidoro García

    Ahora sin entrar en la discusión de ideas, que ilumina, pero dirige la atención quizás hacia temas de menor importancia, la clave aquí, y en muchos de los debates entre Ciencia y Religión, es si una persona puede ser plenamente científico y al tiempo tener creencias religiosas o “mágicas” las llamarían otros, o sea sin pruebas que lo determinen.
     
    Por eso repito que las cosas no son esto o lo otro, sino esto y lo otro. La Ciencia intenta conocer el Universo, pero todavía hay muchas cosas que no conocemos. ¿Es algo absurdo, que en materias de ese campo ignorado aún por la Ciencia, la religión elabore unas hipótesis, como hipótesis y no como certidumbre?.
     
    Como ambas vías del Conocimiento tratan sobre el conocimiento de lo mismo: del Universo, Ciencia y Religión tienen que converger, y no pueden afirmar cosas contradictorias. En caso de contradicción, siempre prevalecerá, lo mas probado, la Ciencia.
     
    La Ciencia trabaja con pruebas, y la Religión trabaja con indicios subjetivos, intuiciones personales y argumentos de razonabilidad o al menos de no contradicción de conocimientos ya probados. Y la Ciencia según va avanzando su conocimiento va a veces traspasando cosas que antes eran irracionales a racionales. Por ejemplo, si hace doscientos años, decimos que de una caja sale una musiquilla, diríamos que era algo de brujería, o mágico, o absurdo, y hoy día sabemos que es una radio sintonizada en Radiolé.
     
    Por eso  Arthur C. Clarke, estableció sus tres célebres leyes:
     
    Primera ley de Clarke: “Cuando un científico distinguido pero de edad avanzada afirma que algo es posible, casi con toda seguridad está en lo cierto. Cuando afirma que algo es imposible, muy probablemente se equivoca”.
     
    Segunda ley de Clarke: “La única manera de descubrir los límites de lo posible es aventurarse un poco más allá de dichos límites, en lo imposible”.
     
    Tercera ley de Clarke: “Cualquier tecnología suficientemente avanzada es indistinguible de la magia (actual)”.
     
    Se me dirá que en muchos casos la Religión trabaja con irracionalismos, y seguidismos ilógicos. Pero eso pasa con todo: hay gente pa’ todo. Hace tiempo señalé que en la España del siglo XXI, “Juan Carlos Gorostizaga y Milenko Bernadic, ambos profesores y doctores en matemáticas de la Universidad del País Vasco y de la Universidad de Murcia respectivamente, han saltado a la fama con un polémico libro titulado ‘Sin embargo no se mueve’, libro que destroza todo el conocimiento científico acumulado en los últimos milenios y afirma que la Tierra es el centro del universo”.
    “El libro parte de la idea del geocentrismo, una visión cosmológica que, según Gorostizaga, has sido injustamente olvidada y vilipendiada. Según esta visión, la Tierra no orbita alrededor del Sol, sino que es justamente al revés. La idea es que la Tierra está en el centro de todo y que las estrellas, el sol y la luna son los que giran a nuestro alrededor. Una idea que hace siglos que ha sido desechada. Según estos expertos el modelo astronómico válido es el de Tycho Brahe, que difundieron los jesuita por toda Europa pasada la Edad Media”.
     
     
    Lo podéis ver en cienciados.com/dos-matematicos-afirman-que-la-tierra-es-el-centro-del-universo/#more-1578

  • Isidoro García

    Amigo Manuel: Tu comentario en forma de interrogativos de extrañeza, (¿Cómo se puede decir esto…?), no es muy buen comienzo, aunque lo admito como recurso dialéctico.
     
    Porque indica, tu extrañeza a que alguien opine diferente que tú. LO NORMAL ES QUE CADA UNO TENGA SU OPINIÓN. Una vez sentado esto, cada uno expone sus argumentos, mejor o peor fundados, y los lectores se hacen su criterio y su opinión sobre la cuestión, que de eso es de lo que se trata en un foro cultural público.
     
    Y para contradecir o contraopinar unas ideas, es fundamental, leer bien esas ideas, no sea que nos estemos haciendo gigantes donde hay molinos, como sucede en varios puntos de tu comentario.
     
    Los que sostienen la teología liberal y materialista, están acostumbrados a confrontar dialécticamente con creyentes fundamentalistas y clásicos, (que es lo que más abunda), y cuando tienen enfrente ideas diferentes, les cuesta reconocerlas y cambiar de chip.
     
    Porque el problema básico aquí, es que no has leído bien mis escritos. Tú mismo lo dices cuando hablas de “un dios que me pintan irreconocible”. Comprendo que las cosas son algo complejas, y que en dos comentarios sueltos, (que necesariamente deben ser muy comprimidos y sintéticos, para no hacer los escritos ilegibles al lector), es difícil comprender las ideas del otro.
     
    Y además, sucede, que uno, en el fragor del enfrentamiento dialéctico de ideas, se calienta uno, y cae en el prejuicio de intenciones malvadas del contrario y en el ataque personal, lo cual es muy corriente, (desgraciadamente), pero deseable el evitarlo, entre gente de orden. Dices: “¿Cómo desde la fe en un dios que me pintan irreconocible, puede desprenderse una actitud tan a gusto consigo mismo y dando a entender que se dispone de una superioridad moral y de valores humanos proveniente de esa fe de la que se disfruta, cuando de lo que se trata es de potenciar el testimonio de la sencillez, la humildad y la crítica razonada?”.
     
    El tener unas ideas, y sostenerlas, dando todas las razones y argumentos que uno pueda, puede parecer al oyente, presunción de superioridad moral o intelectual. Eso es inevitable. Y si por eso, nos callásemos todos, acabaríamos en un desierto cultural, donde nadie diría nada, por si a alguien le pareciera presunción, o ínfulas de infalibilidad. (Ladran, luego cabalgamos).
     
    Respecto a tu sensación de que mis escritos desprenden una actitud de que me siento muy a gusto conmigo mismo, tiene la misma respuesta: prejuicio personal. Como comprenderás, no me voy ahora a disculpar aquí, sobre si me siento a gusto con mi vida o no, solo diré que no me arrepiento de haber dedicado muchos años de mi vida al estudio y la escritura, y si sé mas o menos, lo que sé no me ha tocado en una tómbola, sino que será fruto de esa vida “malgastada” en leer, cuando a lo mejor podía haberlo dedicado a otras cosas.
     
    El conocimiento lleva su tiempo, y su esfuerzo. Sor Juana Inés de la Cruz, se enfadaba mucho cuando calificaban de milagroso el suyo, siendo una monja y sobre todo siendo mujer: “¿Cómo milagroso?, ¡mi trabajo me ha costado!”. Y Esquines, le espetaba a su adversario Demóstenes, que si sabía más que él, era porque había gastado él más en aceite, (para las lámparas), que el otro en vino, (lo que se rumoreaba que era bastante).
     
    Así que sobran las descalificaciones personales y los juicios de intención, (y lo mismo vale para el amigo George), porque si no es así, daremos muy mal ejemplo, y no merecería la pena continuar. Hablemos de argumentos que es lo suyo.
     
    Yo soy una persona científica, como el que más. (No soy teólogo, soy Ingeniero Agrónomo, aunque ambas cosas, aunque significativas, no son decisivas). Y hablo desde la Ciencia, y lo que pretendo es hacer conciliable la Ciencia y el Cristianismo, dando su preminencia a la Ciencia, (en cuanto conocimiento cierto o al menos probable del Universo), pero sin cargarme el Cristianismo, no sea que se nos vaya el niño por el fregadero, de tanto lavarlo.
     
    Mi tesis, (porque yo tengo tesis, aunque a alguno le parezca presuntuoso), la expuse ayer a las 13, 30, y es que Spong, desmonta el religionismo infantil, del Dios que premia o castiga con cielos e infierno, pero eso le sirve para de un plumazo decir: como eso es una infantilidad, ese cielo no existe, y no contempla que cabe la posibilidad de que exista de una forma mucho más sofisticada y razonable. (Que por otra parte él conoce como el Cuerpo de Cristo y la Comunión de los Santos, pero que no lo asocia, a eso que otros llaman “el cielo”).
     
    Porque ¿qué es el cielo para un cristiano?: el sitio donde van los humanos después de morir. Y eso, justamente es lo que explica, toda la teología del Cuerpo de Cristo y de la Comunión de los Santos. El que los humanos estamos destinados a formar parte de una gran Organización-Mente Común, (Cristogénesis lo llamaba Teilhard de Chardin).
     
    La tesis 11 de Spong, con la que estoy totalmente de acuerdo dice: “La esperanza de una vida después de la muerte ha de quedar separada de toda concepción de premio o castigo. Por lo cual Iglesia no debe seguir apoyándose sobre la culpa para motivar una buena conducta”. Luego Spong, no descarta la esperanza de una vida después de la muerte, y ello indica que a algún sitio tendremos que ir, llámalo Cielo, llámalo Cristogénesis, o como quieras llamarlo.
     
    Con esto quiero decir que has equivocado de diana. Porque yo no solo no estoy contra Spong, sino que intento continuarlo y desarrollarlo. Porque toda mi tesis personal es desarrollar las tesis 1 y 2 de Spong.


    1. “El teísmo, como forma de hablar de Dios, es ya cosa muerta. Dios ya no puede ser comprendido con credibilidad como un Ser, de poder sobrenatural, viviendo por encima de los cielos y siempre preparado para invadir la historia humana para imponer su divina voluntad. Por lo cual casi todo nuestro hablar sobre Dios de hoy día no tiene ningún sentido, a no ser que encontremos una nueva manera de hablar de Dios”.
    2.  “Si Dios ya no puede ser comprendido en términos teísticos, el querer seguir entendiendo a Jesús como la encarnación de una divinidad teística se ha convertido en un sin-sentido. Por lo cual la cristología de épocas pasadas ha hecho “bancarrota””.
     
    Pero Spong, dice lo que no pueden ser Dios y Jesús, pero deja sin aclarar qué son. Habla de la necesidad de “encontrar una nueva manera de hablar de Dios”, y de la necesidad de encontrar una nueva cristología. Y eso es en lo que yo me entretengo estos últimos años.
     
    Spong, habla dialécticamente contra el cristianismo de catecismo, pero no contra la teología paulina y joánica, de la que ya se desprende que hay mucho más “Misterio” que el simple cielo de los niños de primera comunión. Es a ese “Misterio” al que yo me refiero siempre en mis escritos.
     
    El que, según tus palabras textuales, “no cree en misterios sino en cosas explicadas, informadas y respaldadas en la demostración incontestable”, será científico, será moderno, pero no será cristiano. Porque ser cristiano implica creer, (aunque sea con esfuerzo, y dudas), en cosas que no tienen demostración incontestable. Spong habla de una vida después de la muerte, ¿eso es algo probado e incontestable?.
     
    Y respecto a mis opiniones personales sobre que esa creencia en el “Misterio”, enriquece la vida interior y personal del creyente, no son más que eso: opiniones personales sin más. Ni descalifico al que no cree, o al que cree distinto, solo digo, mi experiencia personal, (yo he pasado por todas esa fases previas), y por ello es respetable como todas las demás. (Y si alguien cree ver descalificaciones al que opina distinto , sería fruto de haberme expresado mal, y las retiro en el acto).
     
    (Lo dejo por ahora, por no alargarme más y resultar más pesado de lo que soy normalmente).

  • George R Porta

    El fracaso de la idea de que el Cristianismo, tal y como lo hemos construido, sea la única vía de la humanidad y por tanto de la realidad total hacia alguna realización que aún permanece utópica, es responsabilidad del Cristianismo mismo o, para hacer más justicia, de la miopía de sus líderes y de la naturaleza bovina de los cristianos.

    Jesús mandó a sus seguidores a que fuesen a todas las naciones y sus seguidores estaban (y siguen seguros) de saber exactamente a qué se refería y cuales eran todas las naciones incluidas en esa “totalidad” de naciones”. Pero la realidad es que algunos de ellos malamente conocían sus desiertos y cuevas inmediatas, al alcance de la simple vista, y de lejos el mar y si encontraba un lago relativamente grande lo creía otro mar inmenso.

    Todo ocurrió de otra manera y los cristianos que siglos después pensaron que iban a la India navegando hacia Poniente, en busca de rutas comerciales y riquezas, llegaron a América y no tenían idea del estrecho de Bering o de la posibilidad de dar la vuelta al Mundo rompiendo hielos, bordeando Siberia y Alaska, entre otras razones porque estaban seguros de que el Planeta fuese plano.

    A veces parece que se escucha la lectura de un culebrón sobre la tristeza de Adán y Eva porque no puedan consolarse de lo que hayan perdido si, en efecto existieron y perdieron algo, que lo dudo, y todo por comerse un fruto prohibido por el Creador terco quien, sabiendo que eran tontos porque lo eran y ese Creador lo sabía todo, les exigió que no fueran curiosos, la única cualidad que podía garantizarles el constante desarrollo, el progreso en cumplimiento de la segunda tarea que esa misma divinidad les había encargado: Dominar la Tierra.

    Si una de las creencias Católicas es de sentido común es la de la libertad andariega e imposible de predecir del Espíritu, o quien quiera que sea, que pueda prodigar sabiduría y conocimiento e intuición donde quiera y como quiera porque nada hay más consistente con la invitación a la coexistencia y a la coexistencia solidaria, humilde, y respetuosa que la necesidad mutual que unos/as tengan de los/las otros/as.

    ¿En nombre de qué se puede afirmar de antemano el camino futuro de la Historia?
     
    El Capítulo 38 de Job contiene un poema extraordinario que debiera infundir una gran humildad y un inmenso decoro en el científico más sabio. Helo aquí:

    “El Señor se dirigió a Job desde la tormenta:
    2 ¿Quién es ese que confunde mis designios
    pronunciando tales desatinos?
    3 Si tienes agallas, cíñete los lomos;
    te preguntaré y tú me instruirás.

    4 ¿Dónde estabas cuando cimenté la tierra?
    Dímelo tú, si tanto sabes.
    5 ¿Sabes quién diseñó sus dimensiones
    o le aplicó la cinta de medir?
    6 ¿Dónde se asienta su basamento
    o quién colocó su piedra angular
    7 mientras aclamaban los astros matutinos
    y los vitoreaban los hijos de Dios?

    8 ¿Quién clausuró el mar con una puerta,
    cuando salía impetuoso de su seno;
    9 cuando le puse nubes por mantillas
    y nieblas por pañales;
    10 cuando determiné sus límites
    poniéndole puertas y cerrojos,
    11 y le dije: “De aquí no pasarás,
    aquí se estrellará el orgullo de tus olas”?

    12 ¿Has mandado alguna vez a la mañana
    o has señalado su puesto a la aurora
    13 para que agarre la tierra por los bordes
    y sacuda de ella a los malvados;
    14 para marcarla como arcilla bajo el sello
    y darle color como a un vestido;
    15 para negar la luz a los malvados
    y hacer trizas el brazo sublevado?

    16 ¿Has penetrado en las fuentes del Mar
    o paseado por la hondura del Abismo?
    17 ¿Te han enseñado las puertas de la Muerte
    o has visto los portales de las Sombras?
    18 ¿Has examinado las dimensiones de la tierra?
    Cuéntamelo, si lo sabes todo.

    19 ¿Dónde está la casa de la luz
    y dónde viven las tinieblas?
    20 ¿Podrías guiarlas a su país
    o indicarles el camino de casa?
    21 Lo sabrás, pues ya habías nacido:
    ¡tienes tantísimos años!

    22 ¿Has entrado en los silos de la nieve
    y observado los depósitos del granizo
    23 que reservo para la hora de la angustia,
    para el día de la guerra y del combate?
    24 ¿Por dónde se difunde la luz,
    por dónde se dispersa el viento del este?

    25 ¿Quién ha excavado un canal al aguacero
    y ha abierto un camino al rodar de los truenos,
    26 para que llueva en tierras despobladas,
    en el desierto no habitado por humanos;
    27 para que empape la estepa desolada
    y brote un vergel en el páramo?

    28 ¿Quién es el padre de la lluvia
    o quién engendra el rocío?,
    29 ¿de qué vientre sale el hielo
    o quién pare la escarcha del cielo,
    30 cuando el agua se endurece como piedra
    y se atasca la faz del Abismo?

    31 ¿Puedes atar los lazos de las Pléyades
    o soltar las riendas de Orión,
    32 hacer salir a su hora al Zodíaco,
    guiar a la Osa y a sus crías?
    33 ¿Conoces las leyes que rigen el cielo
    y haces que se cumplan en la tierra?
    34 ¿Puedes dar órdenes a las nubes
    para que envíen sobre ti un chaparrón?
    35 ¿Usas como mensajeros a los rayos,
    que acuden y te dicen: “A tus órdenes”?

    36 ¿Quién dio sabiduría al dosel de nubes
    y puso perspicacia en mi tienda celeste?
    37 ¿Quién sabe enumerar las nubes
    e inclina los cántaros del cielo,
    38 cuando el polvo se funde en una masa
    y se pegan los terrones entre sí?

    39 ¿Le cazas la presa a la leona
    o sacias el hambre de sus crías,
    40 cuando se encierran en sus guaridas
    o acechan agazapados en la maleza?
    41 ¿Quién da de comer al cuervo
    cuando sus crías graznan a Dios
    y aletean nerviosas por el hambre?

  • Nos encontramos actualmente en una fase decisiva del proceso que se viene desarrollando desde hace unos 500 años  y que conduce claramente a la formación de una sociedad y cultura global en nuestro mundo. En este proceso, la fe en el Dios de Jesucristo y en su voluntad de salvación universal ya no se contempla como el principio que confiere unidad a todo lo demás. A este sistema le llamo la CULTURA PLURALISTA.
    De Acuerdo a esta CULTURA, al cristianismo le correspondería la función de, dentro de una civilización multirreligiosa, es decir, en una sociedad marcada en diversos grados por el pluralismo cultural, conservar el “status quo”.
    Pero esto no puede aceptarse sin más desde el punto de vista de la fe cristiana. La fe cristiana contiene ya en sí, en razón de la comprensión que ella tiene de sí misma, la tensión interna entre comunidad de fe particular y su misión universal.  La comunidad de fe tiene que testimoniar, la voluntad salvífica universal de Dios y tiene que contribuir a su realización. La Iglesia no se puede entender a sí misma más que como “un sacramento en Cristo, o sea, signo de instrumento de la unión intima en Dios, y de la unidad de todo género humano” (LG 1).
    Los representantes de la llamada teoría pluralista de la religión intentan, desde perspectivas cristianas, reformular la confesión de fe clásica en Jesucristo de modo que ésta pueda conciliarse con la insuperable pluralidad de religiones y encaje armónicamente con todas.
    Esto significa que Jesucristo ya no puede ser comprendido en su existencia histórica como la autorrevelación de la palabra de Dios. Jesús desempeñaría a lo sumo una función como ejemplo normativo para la humanidad perfecta.
    La confesión cristiana en Jesús como único mediador de la salvación presta un servicio insustituible a los hombres en todas las religiones, precisamente porque perturba la perspectiva armónica según la cual al supuestamente mismo Dios sólo puede llegarse por caminos distintos.
    La confesión de fe cristiana afirma inequívocamente que nosotros los hombres nunca podríamos llegar a Dios más allá del mundo, si EL mismo no se nos hubiera revelado, en la contingencia de la historia y de la existencia humana, como el poder que vence a la muerte y es fuente de vida. Ningún hombre puede redimirse a sí mismo mediante ideas religiosas o mediante una práctica religiosa, si Dios no cualifica estos medios como instrumentos de la donación de su gracia.
    El cristianismo no puede entenderse en el contexto de las múltiples religiones del mundo como una cosmovisión religiosa culturalmente limitada. Sabe que se debe totalmente a la iniciativa de Dios en su testimonio y misión a servicio de los hombres.

  • George R Porta

    Manuel: Permítame el atrevimiento de aventurar algunas respuestas (R) a sus preguntas (P), desde luego, desde la premisa de que no pretenda poseer la exclusiva de nada, ni la totalidad de nada. Le agradezco el ejercicio y la oportunidad de validar mi propia esperanza.
     
    P. ¿Cómo se puede sostener hoy día, que quienes hacen del materialismo su norma de vida está abocado a llevar una vida culturalmente empobrecida, nihilista y depresiva?
    R: Porque es más fácil opinar sobre lo que no se conoce o se conoce mal o deficientemente si se siente la necesidad de autoafirmarse en la propia creencia.
     
    P. ¿No tiene parecido esa frase, al argumento que da la CEE de que la necesidad de creer en dios es fundamental para que el hombre alcance la felicidad?
    R: Los curas viven de sus prédicas, por eso los curas obreros fueron una amenaza y por eso dependen de los monjes para cultivar una espiritualidad o una mística. Luego, muy difícilmente necesitan demostrar fehacientemente que ellos practican lo que predican, pero la realidad es que llevan una doble vida. Ejemplos recientes de esa incongruencia pudieran ser la residencia de Benedicto en los jardines vaticanos y la escandalosa propiedad que posee Rouco Varela en un edificio madrileño en plena calle de Bailén.

    P. ¿Cómo no podemos dejar de entender en ese planteamiento, que quienes creen en dios no tiene una vida culturalmente pobre, ni una vida licenciosa ni además ¡¡no padecen depresión!!? No, me niego a poner ejemplos y mucho menos sobre la felicidad, la fe y la no creencia.
    R. La depresión no tiene una raíz racional o cognoscitiva. La tristeza sí, pero fabricarse sueños “a la medida del consumidor” siempre ha producido alguna clase de consuelo.

    P. ¿Cómo desde la fe en un dios que me pintan irreconocible, puede desprenderse  una actitud tan a gusto consigo mismo y dando a entender que se dispone de una superioridad moral y de valores humanos proveniente de esa fe de la que se disfruta, cuando de lo que se trata es de potenciar el testimonio de la sencillez, la humildad y la crítica razonada?
    R. Confieso que no sé si comprendo esta pregunta, pero me parece que esta respuesta pueda ser válida: “Los escándalos recientes de carácter sexual y el vacío de los noviciados y seminarios excepto en los países que más miseria padecen, responde a la falsedad de la afirmación a que su pregunta se puede referir.
     
    P. ¿Por qué quienes no son teo-adictos, creyentes en lo sobrenatural o simplemente poseedores de un  pensamiento dualista y no creen en misterios sino en cosas explicadas, informadas y respaldadas en la demostración incontestable, pueden incurrir en lo amante de la metafórica gastronomía como lo normativo de su vida?
    P. ¿Hay alguna otra forma de fabricarse un misterio a gusto del consumidor?

    P. ¿Por qué esa obsesión por descalificar a quienes exigen la carga de la prueba a quien afirma algo, a aportar pruebas extraordinarias a quien hace afirmaciones extraordinarias y que lo que se afirma sin prueba puede ser refutado sin pruebas como diría Hitchens?
    R. Hitchens no tenía derecho a fabricarse unas “reglas de evidencia” particulares. Si alguien quiere desestimar la validez de una respuesta es libre de hacerlo aunque sea absolutamente absurdo lo que hace. En efecto, lo que se afirma sin prueba, no debe ser refutado sin prueba porque precisamente es refutado por carecer de la misma. Cualquier afirmación requiere la confiabilidad y la validez necesaria. Por eso en las Ciencias, sobre todo experimentales, es necesario especificar el coeficiente de error aceptado para dar validez a la explicación o la teoría propuesta, a la demostración.
     
    P. ¿Qué tiene de perverso que se vaya por delante con la manzana para demostrar la ley de la gravedad y que quienes afirmen la existencia de un supuesto, traiga su pertinente manzana para sustentarlo?
    R. No estoy seguro de comprender esta pregunta, pero quizás se trate de lo que respondí a la pregunta anterior. Si aspiro a que una explicación que ofrezco sea aceptada debo hacerla aceptable independientemente de mí, persuasiva, es decir suficientemente válida y confiable. Mi proposición y mi método demostrativo han de tener suficiente validez interna, de manera que otra persona, por el mismo camino obtenga los mismos resultados. Si afirmo una cosa para solo creérmela yo y que los demás me crean porque soy el Papa de Roma y afirmo que soy infalible y mis colegas me secundan sosteniendo una tal afirmación, al refutar eso, cometo el mismo error de ellos si no aporto una evidencia suficientemente independiente y válida.

    ¿Por qué una espiritualidad (amor a la verdad, a la belleza, a la bondad) ha de ser patrimonio de los creyentes y el ateo, materialista o escéptico queda excluido cuando de no ser por el pensamiento crítico, alumbrado en la Ilustración que fue pura espiritualidad laica, todavía el creyente docto  no se hubiese movido del literalismo bíblico?
    R. Debo aclarar que el amor a la verdad, a la belleza, y a la bondad pertenecen a mi modo de pensar a la filosofía y que tanto la verdad, cuanto la belleza como la verdad son precisamente los tres valores teleológicos consagrados por los griegos en sus pensamiento ético. La literalidad bíblica es cosa de los fundamentalistas o integristas y aun así hoy día está en plena desaparición. Con todo Newton no era menos literal en su formulación teórica porque estaba convencido, en su momento, de lo que afirmaba. La cuestión es que la espiritualidad de fundamentación bíblica precisamente excluye la literalidad. La literalidad hermenéutica es religiosidad y, más que otra cosa, pensamiento mágico. La Crítica exegética es hermenéutica por propio derecho y es una forma de pensamiento crítico. De hecho es resultado del desarrollo del pensamiento crítico que es tan antiguo como el hombre, coetáneo con el pensamiento mágico de lo religioso.

    P. ¿Qué podría tener desde un punto de vista moral más motivo para estar satisfecho, quien defiende su fe desde la apuesta de Pascal como se sugiere en algunas de las intervenciones, o quienes se acogen a la apuesta George H. Smith?
    R. La persuasión depende en gran medida de la correspondencia entre la interpretación errada y la proposición alternativa. La apuesta misma de Pascal no fuera suficiente para quien fuera un purista que quiera desprenderse completamente del teísmo.  

    P. ¿Por qué es insostenible para la lógica del creyente, que una persona atea pueda temerle a la muerte por su imprevisible presencia, pero no al más allá plagado de torturas eternas, purgatorios y cielos para los buenos y en cuyo horripilante creador no cree ya, ni un solo creyente cuerdo y medianamente formado?
    R. Independientemente de que hay mucha gente que sí cree en un creador más o menos horripilante (hay religiones que están en auge), por lo demás el creyente no necesariamente le teme a la muerte y menos al rollo de los infiernos, castigos, etc. El ateo no debiera temer a la muerte obligatoriamente y me parece que hay una gama de alternativas a este respecto todas posibles, reales y válidas.

     
    P. ¿Cómo quienes hayan leído las 12 tesis de Spong, como resumen de su pensamiento teológico, no haya extraído de ahí, que él no cree en catecismo alguno y que la interpretación que tiene sobre Pablo y los evangelios está fundada en las posiciones de la teología liberal y crítica que difunde el  Jesus Seminar, y que no tiene nada que ver con la teología al uso que vislumbro en algunas de las aportaciones?
    R. En teología como en cualquier otra rama del conocimiento la credibilidad (validez, fiabilidad, validez interna, suficiencia evidenciaría) está determinada por la exigencia del receptor de la proposición más que de la capacidad de persuasión de quien la predique. Lo que sea válido para Spong, bueno, es válido para él. Siendo independiente yo puedo pensar lo opuesto, coincidir parcialmente o coincidir completamente o simplemente no interesarme.  El Jesus Seminar ha hecho aportes válidos a la comprensión de la historicidad del mensaje de Jesús y esclarecido muchos aspectos históricos del desarrollo de la esperanza cristiana.

  • Manuel

    ¿Cómo se puede sostener hoy día, que quienes hacen del materialismo su norma de vida está abocado a llevar una vida culturalmente empobrecida, nihilista y depresiva?
    ¿No tiene parecido esa frase, al argumento que da la CEE de que la necesidad de creer en dios es fundamental para que el hombre alcance la felicidad?
    ¿Cómo no podemos dejar de entender en ese planteamiento, que quienes creen en dios no tiene una vida culturalmente pobre, ni una vida licenciosa ni además ¡¡no padecen depresión!!? No, me niego a poner ejemplos y mucho menos sobre la felicidad, la fe y la no creencia.
    ¿Cómo desde la fe en un dios que me pintan irreconocible, puede desprenderse  una actitud tan a gusto consigo mismo y dando a entender que se dispone de una superioridad moral y de valores humanos proveniente de esa fe de la que se disfruta, cuando de lo que se trata es de potenciar el testimonio de la sencillez, la humildad y la crítica razonada?
    ¿Por qué quienes no son teoadictos, creyentes en lo sobrenatural o simplemente poseedores de un  pensamiento dualista y no creen en misterios sino en cosas explicadas, informadas y respaldadas en la demostración incontestable, pueden incurrir en lo amante de la metafórica gastronomía como lo normativo de su vida?
    ¿Por qué esa obsesión por descalificar a quienes exigen la carga de la prueba a quien afirma algo, a aportar pruebas extraordinarias a quien hace afirmaciones extraordinarias y que lo que se afirma sin prueba puede ser refutado sin pruebas como diría Hitchens? ¿Qué tiene de perverso que se vaya por delante con la manzana para demostrar la ley de la gravedad y que quienes afirmen la existencia de un supuesto, traiga su pertinente manzana para sustentarlo?
    ¿Por qué una espiritualidad (amor a la verdad, a la belleza, a la bondad) ha de ser patrimonio de los creyentes y el ateo, materialista o escéptico queda excluido cuando de no ser por el pensamiento crítico, alumbrado en la Ilustración que fue pura espiritualidad laica, todavía el creyente docto  no se hubiese movido del literalismo bíblico?
    ¿Qué podría tener desde un punto de vista moral más motivo para estar satisfecho, quien defiende su fe desde la apuesta de Pascal como se sugiere en algunas de las intervenciones, o quienes se acogen a la apuesta George H. Smith?
    ¿Por qué es insostenible para la lógica del creyente, que una persona atea pueda temerle a la muerte por su imprevisible presencia, pero no al más allá plagado de torturas eternas, purgatorios y cielos para los buenos y en cuyo horripilante creador no cree ya, ni un solo creyente cuerdo y medianamente formado?
     
    ¿Cómo quienes hayan leído las 12 tesis de Spong, como resumen de su pensamiento teológico, no haya extraído de ahí, que él no cree en catecismo alguno y que la interpretación que tiene sobre Pablo y los evangelios está fundada en las posiciones de la teología liberal y crítica que difunde el  Jesus Seminar, y que no tiene nada que ver con la teología al uso que vislumbro en algunas de las aportaciones?

  • George R Porta

    La justicia retributive, bien por bien, mal por mal, que exige una recompensa tras del vivir es una necesidad articifical. LO que dicha jurisprudencia trata de remediar es que siendo la obligación no hacer el mal-hacer el bien la realidad sea desordenada. La explicación religiosa no es necesariamente menos reductive que la a-religiosa. Prueba pudiera ser el hecho de que la justicia como instrumento terapéutico de corrección o de escarmiento también falla, porque hay estructuras neurológicas responsible de ciertas pulsiones y compulsiones que repercuten moral o éticamente de las que el individuo no puede escaper siempre.

    Que alguien experimente miedo a la muerte, que muchos experimenten miedo a la muerte merece el respeto de quienes profesen no temela. Y viceversa, el miedo a la muerte como cualquier otra forma de la ansiedad se puede resolver. Los monjes budistas y los santones hindúes, y los ancianos de las tribus aborígenes norteamericanas, por ejemplo se predisponen a la muerte del mismo modo que se entrenan para otras cosas más orientadas a subsistir. Y merecen respeto al punto que nadie deba cuestionar la sinceridad de su conducta.

    El apego es un instinto que se cultiva pero que se aprende. Por ejemplo la mayoría de los partos en medios acuosos demuestran que el bebito sabe nadir cuando nace y sin embargo todos aprendemos el miedo a la agua. Los mamíferos saben nadir cuando nacen y no lo aprenden. Sólo los humanos tienen que volver a aprender a nadir.

    Estas pontificaciones de que las cosas tengan que ser  así o miente quien difiera parece que sean necesarias a algunos y hacen bien en expresarlas, pero debiera haber espacio para que quienes difieren expresen su parecer sin los ataques ad-hominem de acusarlos de hipocresía o mentir. En su lugar se les puede solicitor evidencia de lo que creen a fin de quien piensa lo contrario pueda afirmar su propio parecer o, en consecuencia, rectificarlo, porque la totalidad de la verdad o de la certeza de la verdad que crea auténticamente verdadera, no la tiene nadie.

    En Ciencia o en Filosofía y lo es en la Esperanza, la conversación es más amable que la imposición temática y por lo tanto, por el propio instinto de la vida versus el de la muerte, es preferable a cualquier forma de intercambio en que se aplique la eliminación del otro/a o de lo que crea o piense.

  • Isidoro García

    Mi tesis es que Spong, da un paso, al atravesar el río, pero se queda en el medio, en vez de dar dos y atravesarlo. Va por el buen camino, pero es insuficiente.
     
     
    Desmonta el religionismo infantil, del Dios que premia o castiga con cielos e infierno, pero eso le sirve para de un plumazo decir: como eso es una infantilidad, ese cielo no existe, y no contempla que cabe la posibilidad de que exista de una forma mucho más sofisticada y razonable. (Que por otra parte él conoce como el Cuerpo de Cristo y la Comunión de los Santos, pero que no lo asocia, a eso que otros llaman “el cielo”).
     
    Para ser un obispo, comete el error teológico de trabajar dialécticamente contra el catecismo, pero no con la teología paulina y joánica, de la que ya se desprende que hay mucho más “misterio” que el simple cielo de los niños de primera comunión. (Ya sabemos que existen muchos creyentes maduros, que espiritualmente están a nivel de primera comunión, y a lo mejor sus parroquianos son así, como señala Román).
     
    Respecto al comentario de Manuel, no es una cuestión solo de “miedo a la nada” post mortem, (aunque que levante el dedo el que de verdad no siente preocupación por el tema, por mucho que saque pecho y quiera autoconvencerse y convencernos: yo hay “intrepideces” que no me creo, sobre todo cuando tienes 70 o casi).
     
    Pero no solo la cosa por ahí. La cosa va del enriquecimiento de la vida personal de cada uno. Cada uno puede vivir y organizar su vida como quiera, pero yo creo que cuanto mejor lo hagas, mejor para uno. Permitidme que hoy sea el pesado del día, y me alargue sobre el tema.

    Decía en el anterior comentario, que el que no crea o no pueda creer en la existencia de un “Misterio”, para él, todo es lo mismo. Pero yo creo que no decía la verdad del todo.

    Porque el prosaísmo excluyente de todo misterio, el materialismo, que no acepta cosas que no se pueden pesar, ni medir, nos lleva a un empobrecimiento y una desertización cultural nihilista y depresiva de la vida.

    La no contemplación de todas las cosas bajo una especie de dimensión de eternidad, nos convierte en personajes sanchopancescos, habitantes de un mundo que es una gran cocina, donde lo único que cuenta son las ollas y las sartenes, y donde las flores acaban poco más que como pequeños complementos en las ollas, de los repollos y las coles para hacer sopas. Y acabaremos arrancándolas del campo para dejar sitio a más repollos. Y acabaremos hasta las narices de comer tanto repollo.

    Y luego, los mismos que han propiciado ese empobrecimiento general, se quejan de que la gente solo piense en llenar la andorga, lo más y mejor posible, sin pensar mucho en los demás.

    Hay un pasaje evangélico, que muchos prefieren ignorar, porque es difícil entender su significado, e instintivamente, ignoramos y borramos de nuestra mente, lo que no entendemos. Y es el pasaje en el que Jesús, pospone la oportunidad del auxilio material a los pobres, por cubrir unas necesidades emocionales personales, y dice algo que puede sonar a excusa barata, (Marcos, 14,7, Mateo, 26,11, Juan, 12,8): “Porque a los pobres siempre los tendréis con vosotros; pero a mí no siempre me tendréis”.

    Casi siempre hay que dar un paso atrás para poder dar luego tres hacia adelante. Pasarse de austeridad y ascetismo cultural, privándose de ciertas concesiones a la imaginación, puede ser contraproducente.

    El pararse a contemplar el mundo con una visión más rica y hasta algo fantasiosa, es como pararse a tomar el bocadillo, para luego proseguir con mayores fuerzas nuestra tarea ordinaria.

    Por eso cuando no se sabe o no se permite uno, apreciar la riqueza simbólica de los “misterios” de las religiones, llenando nuestra visión con una mirada “poética” del mundo y de todo, empobrecemos nuestra vida, y nos privamos de un recurso psicológico que nos ayudará a seguir tirando hacia adelante (y no disponemos de muchos).

    Es como la persona, que no puede o no se permite disfrutar de la música. Puede vivir sin ella perfectamente, pero renuncia, sin ninguna contrapartida, a un placer “divino”.

    Todo sabe mejor, si lo miras con otros ojos, y lo vives con otra mirada. Es lo que Joan Manuel Serrat cantaba cuando cantaba al amor. Es saborear “el milagro de existir, el instinto de buscar, la fortuna de encontrar, el gusto de conocer, la ilusión de vislumbrar,…”

  • Manuel

    Aunque en principio podría resultar un oxímoron (que un creyente no contemple un cielo con el que convivir con su dios, como premio a los actos de su vida) el planteamiento de Spong, lo que en realidad sostiene, es una visión (¿tal vez más deísta?) menos pueril propia de un pensamiento mítico y mágico y más acorde  sin embargo, con un pensamiento crítico, racional y humanista sobre lo que se viene a llamar: “las verdades reveladas”
    Pero lo que más me llama la atención, es el miedo, un miedo atroz a la nada, que se destila, en algunas intervenciones muy aparentemente doctas. Un pavor indescriptible al vacío después de la muerte. Un estrés incontrolable, que es el que se encargan las religiones de amortiguar y que cuando se cierne el peligro de su cuestionamiento, se reacciona enérgicamente para conjurar su amenaza.
    No obstante, no va por ahí Spong, que no es que sugiera que no exista un cielo, lo que conllevaría la propia inexistencia de dios, si no que exista un cielo, pero gratis, para todos, como resultado de una decisión libérrima de ese dios que va a conceder ese disfrute, a todos los individuos de nuestra especie. Simplemente, per se.
    Y consciente de ese regalo, y libre de esa profunda preocupación, lo que nos queda es dedicarnos al cien por cien a la tarea de la justicia en este mundo

  • Gonzalo Haya

    Estoy de acuerdo con lo que comenta Isidoro. El mismo Spong reconoce “Pero creo que la vida es infinita, y también creo que estamos llamados a explorar su profundidad y a saborear su profunda dulzura. Creo que la vida aquí es una imagen limitada y finita de la vida plena, que es ilimitada e infinita” . Creo que ha sustituido la etiqueta “Dios” por la de “vida infinita”

  • Isidoro García

    Como complemento a lo anteriormente expuesto, y como prueba de que responde a una idea universal inscrita en la sabiduría perenne, copio un trozo del libro “Hua Hu Ching”, que es un texto taoísta escrito o compilado en el siglo IV d. C., por un taoísta chino llamado Wang Fu, aunque atribuido tradicionalmente a Lao Tse. En él, establece una cierta dialéctica respecto al budismo procedente de la India.

    “¡Ama la vida!  No tienes que esconderte en retiros espirituales. Puedes ser un bondadoso eremita contemplativo justo aquí, en medio del ajetreo del cotidiano vivir”.

    “No te dejes atrapar por superficialidades espirituales. Cantar no es más sagrado que escuchar el murmullo del arroyo, pasar entre tus dedos las cuentas de un rosario no es más sagrado que respirar, vestir hábitos religiosos no es más espiritual que usar ropa de trabajo”.

    “En el terreno de los pensamientos y de las ideologías nada es absoluto. La mayoría de las religiones refuerzan los apegos que se tiene a los falsos conceptos”.

    “Si te la pasas rindiendo culto a deidades y a instituciones religiosas como si fueran la fuente de la verdad sutil, colocarás intermediarios entre lo divino y tú y acabarás siendo un mendigo que busca afuera lo que abunda en el interior de su corazón”.

    “No traces una línea entre lo que es espiritual y lo que no lo es. Si separas tu vida espiritual de tu vida ordinaria, no estarás en el Sendero”.

  • Isidoro García

    “Como sabemos, el templo edificado sobre el fundamento de los santos, inspiró en el “Pastor de Hermas” una visión de una gran edificación en la que seres humanos, viniendo de los cuatro puntos cardinales, son insertados como piedras vivas, fundiéndose en ella “sin junturas””. C. G. Jung
     
    No quedé contento con mi comentario de ayer y quiero complementar algo. Lo primero es señalar que hay dos discursos diferentes, uno a los que quieren o pueden creer, (porque como dice Vicedo, la Fe es más querer, que saber), que existe ese “Misterio”, ese algo desconocido aún, que podemos denominar como “Cielo”, “Mundo Espiritual”, “Espíritu Santo”, “Cristogénesis” teilhardiana, “Cuerpo místico de Cristo” o “Comunión de los Santos” paulinos, “Nirvana” budista, “Supermente” de Aurobindo, o Shekina judaica.
     
    A estos, les digo que su creencia, aun no siendo algo probado, es algo de lo que hay indicios subjetivos, que a algunos, al igual que a ellos, nos sirven, y que además si comprendemos su verdadera naturaleza, tiene una lógica interna, y no es algo descabellado.
     
    Y el otro discurso es para los que no creen, ni tienen por qué creer en la existencia de ese “Misterio”. A estos, les digo, que todos estamos en el mismo camino, y que a los efectos prácticos, es lo mismo. Lo explico con un ejemplo:
     
    Imaginemos que estamos todos corriendo una maratón. Todos tenemos que correrla con el esfuerzo y el cansancio de nuestras piernas. Y todos llevamos puestos unos pinganillos en la oreja, a través del que nos van dando instrucciones útiles, y ánimos en los malos momentos. Pero no nos han dicho qué cosa es un pinganillo, y no sabemos cómo funciona. Solo oímos una voz que nos dice cosas. Hay unos que saben o se imaginan que detrás de la voz del pinganillo hay un experto que cuida de la carrera de todos. Y los que no saben lo que es un pinganillo, y que detrás hay alguien, pensarán que esa voz que oyen, es una voz interior más, como las muchas intuiciones que tenemos a lo largo de cada día, en que nos surgen ideas que parece que alguien nos dice al oído.
     
    ¿Qué diferencia hay entre uno y otro?. Ninguna. Solo que todos recibimos una ayuda, y unos lo saben u otros o lo saben. Nada más.
     
    La existencia de esa Organización – “Misterio”, con nuestra mentalidad lineal, dualista clásica, (del esto o lo otro), podría hacer parecer que la hipotética existencia de significa necesariamente la intervención de “Dios”, en el devenir de la Humanidad. Pero ya decía ayer, que el pensamiento complejo e integrador es la capacidad para mantener dos ideas diametralmente opuestas en sus cabezas, y saber conciliar éstas en cada situación. Pero esto solo se consigue mediante la incorporación de ideas imaginativas y novedosas: pensando lo de siempre, solo llegaremos a las conclusiones de siempre.
     
    Yo personalmente estoy plenamente convencido en que la humanidad es plenamente autónoma en su dinámica evolutiva, entre otras razones, porque tenemos que evolucionar, como lo han  hecho el resto de las especies a lo largo de la historia del Universo.
     
    La manera de conciliar la hipotética existencia de una Organización-Misterio, y al mismo tiempo la no intervención de un hipotético “Dios”, en el devenir de la humanidad, solo puede basarse en dos cuestiones. La primera, que su objetivo solo sea la observación, la tutela y sobre todo el estímulo y en cierto sentido algún tipo de inspiración.
     
    Y la segunda cuestión, en que la administración, manejo y funcionamiento de dicha organización de guía y estímulo a la evolución de la humanidad, sea realizada única y exclusivamente por humanos, dirigidos por una jerarquía de humanos, encabezada por un humano, el Cristo, con lo que será la humanidad la que, alcanzando la mayoría de edad, de una u otra forma lleva adelante su evolución y metamorfosis, por sí misma.
     
    “¿Cómo puede Cristo llegar a ser también Señor de los no-religiosos” en un “mundo adulto”, para el que “la hipó-tesis de Dios” resulta ya superflua? Ésta era la preocupación, a la vez existencial y teológica, del último Bonhoeffer en sus cartas de la cautividad.

  • Antonio Vicedo

    Si las razones y lo razonable solo es previo al acto libre de Fe que se da dentro de horizonte de la racionalidad en tanto no es liomitado por el absurdo, podemos aportar cuantas razones podamos y queramos sobre Dios, su Cielo y nuestro destino hacia él, tanto en sentido positivo, como negativo, sin más consecuencia que su debida formulación y la actitud de respeto mutuo; respeto exigido por el caracter inelidiblemente libre del acto de Fe. Porque la Fe es mas querer, que saber.
     
    Puede que avanzaríamos más para dar madurez a ambos procesos, el razonable y el de la Fe, si  atendierámos  con la máxima seriedad posible la coherencia o incoherencia prácticas  que acompañan a uno y otro proceso.
    La coherencia en ambos casos nos serviría mejor para vivenciar la actualidad y el final, o la esperanza en el futuro.
     
    El testimonio y mensaje de Jesús creo nos invita y casí nos condiciona;por discípul*s de Jesús a no confundir vida terrena y celestial, conpreeminencia de responsabilidad actual en nuestras circunstancias concretas de tiempo y lugar.
     
    Porque no hay verdad en quien dice amar a Dios a quien no ve, y no ama a sus hermanos a quienes ve.
     
    Jesús no nos pide en tanto creyentes y discípul*s suy*s  ni tonterias, ni IMPOSIBLES.

  • Román Díaz Ayala.

    Isidoro,
    me gustaría matizarte un poco tu observación ( ¡Ya veía yo que a alguien no se le iba a escapar el detalle!), porque esa mentalidad que localiza el cielo de la presencia de Dios en un lugar fuera o dentro del Universo, pero medible ( dentro del espacio-tiempo, de la realidad física) n o pertenece sólo a tiempos pasados.
    Spong escribe en su contexto y tenemos un concepto bastante equivoacado de la sociedad norteamericana, que la creemos más sofisticada. El americano medio es bastante ingenuo y se mueve por parámetros muy convencionales. No en balde el fundamentalismo bíblico arraigó y está fuertemente asentado incluso en niveles académicos.
     
    Pero Jesús Gil, que hace de comentarista, continúa erre que erre colocando sus tesis teológicas en una cuestión de terminologías.
     
    Pero George, seguro que tiene un mejor criterio que el mío.

  • Isidoro García

    “Las cosas más ocultas, mil veces las descubren las resultas”.
     
    El maestro Spong, de un plumazo se carga “el cielo”. “Parece que ya no queda lugar en este universo nuestro para el cielo. Ha sido radicalmente descolocado del antiguo lugar encima de las nubes. Si el cielo ya no es un concepto localizable, entonces tenemos que reconocer que tampoco lo es Dios, puesto que el cielo era la morada de Dios. Podemos y debemos racionalizar esto diciendo que ese cielo no es un lugar y Dios no se puede pensar en conceptos de espacio… Es por eso por lo que hoy en día ya no se habla del cielo”. (Spong p.206)
     
    El truco dialéctico de Spong y sus seguidores es muy conocido y muy sencillo: Establece una parodia simplona de la alternativa que desea contradecir y luego, “leña al mono”.
     
    Así habla de un “cielo” y de un Dios, de catequesis de primera Comunión, puerilizando las tesis que desea contradecir y a los seguidores de estas, (“Este Dios es una figura parental disfrazada que controla la conducta infantil por medio de amenazas y promesas”), y luego “le quita el caramelo al niño”, ¡que facilito es todo!.
     
    Es claro que hay mucha gente infantilizada por la religión, pero eso no prueba nada más, que el bajo nivel cultural de muchos, y sobre todo prueba la mucha mala praxis de las iglesias que han preferido contar con ovejas dóciles. La clave de toda verdadera religión, lo que las distingue de toda necesaria y justa filosofía humanista, (a las que no excluye, pues no es excluyente, sino que complementa), la da Gershom Scholem, cuando dice: «Si el sentimiento de que el mundo esconde un misterio desaparece alguna vez de la humanidad, todo habrá acabado».
     
    En el tema de la religión respecto al humanismo laico, hay que recalcar mil y una veces que no es cuestión de uno o lo otro, sino de uno y lo otro. Hay que alcanzar un pensamiento integrador del que habla Roger Martin que lo define como “la capacidad para mantener dos ideas diametralmente opuestas en sus cabezas, y saber conciliar éstas en cada situación”.
     
    Además de la construcción de un mundo mejor, (el “Reino de Dios” cristiano), y todo eso, que ya se da por descontado, la cuestión personal de cada uno, es: ¿Creo o no creo, tengo la intuición o no la tengo, de que en nuestro Universo, existe algo más de lo que aún conocemos, un “misterio” del que habla Scholem, el “mysterium tremendum, pavor numinoso que trasciende las categorías morales y se resiste a los intentos de domesticación” del que hablaba Rudolph Otto?.
     
    Y este misterio viene en la forma de un “Cielo”, de un “Mundo Espiritual”, que no es el cielo de los niños de primera comunión, sino que quizás sea algo más parecido a una forma de “Matrix”, y que reside en algún sitio, y ha sido construída por “alguien” naturalmente.
     
    Según Spong y sus seguidores, el conocimiento actual hace imposible la hipótesis de su existencia. Pero desgraciadamente Spong, y muchos otros, saben más de teología que de ciencia. Sufren el grave problema del hombre moderno: es inteligente pero no lo suficiente, saben, pero menos de lo que se creen.
     
    Pero, ¿hay pruebas de la existencia de ese “misterio”, de ese “Mundo Espiritual”?.  Es claro que todavía, no. Y cabe la posibilidad de que no se descubran nunca. Pero como dice el aforismo que precede este texto, “las cosas más ocultas, mil veces las descubren las resultas”. Muchas veces en Física, se ha descubierto antes la existencia de algo, por sus efectos, que directamente. Todos los días se están descubriendo nuevos planeta en muchas estrellas, (invisibles directamente), ya por su efecto gravitatorio, o incluso, por una pequeñísima variación lumínica de la luz de la estrella que nos llega.
     
    Los físicos recientemente, han deducido la necesaria existencia de gran cantidad de una “materia obscura”, invisible a nuestros ojos e instrumentos, no solo muy lejos en el Universo, sino incluso en nuestro espacio más cercano. Y se ha deducido por sus efectos gravitatorios teóricos, que hace que el Universo acelere, en vez de ralentice su dispersión.
     
    Pues con el Mundo Espiritual, o coloquialmente “el Cielo”, pasa algo similar. Ni sabemos dónde está, ni cómo es, ni nada a ciencia cierta, pero aun siendo una hipótesis objeto de intuición y de fe, es algo, que no se puede decir que sea algo fuera de lógica, que no es una hipótesis razonable.
     
    Es como por ejemplo, la hipótesis de que el Sol, estuviera acompañado de una estrella gemela, pero más pequeña y fría, (una enana marrón), y por ello indetectable lumínicamente formando un sistema binario, (lo que es lo habitual entre las estrellas del Universo). No está comprobado, y por ello no puede afirmarse, pero tampoco puede descartarse, pues es una hipótesis razonable, y que justificaría ciertos efectos gravitatorios “raros” que se han detectado.
     
    Lo que pasa es que para aceptar la posibilidad de hipótesis como esta, hay que cambiar de modelo inicial, sobre la situación del hombre en el Cosmos. El modelo tradicional, (que siguen sosteniendo personas que se creen muy progresistas), es el del hombre aquí, solos, y un hipotético “Dios” sobrenatural, fuera del Universo, que interaccionaría con nosotros.
     
    Ese modelo es el que hace aguas con la Modernidad. Pero mientras no cambiemos de modelo y lo ampliemos y perfeccionemos, por mucho que nos movamos, estamos en el modelo viejo, y somos hombre “viejos” que decía Merton: (“Mientras más cambia la cosa, más es la misma cosa”).
     
    Y lo “curioso”, es que releyendo bien lo que nos ha llegado del discurso de Jesús, vemos que cambia drásticamente ese modelo antiguo, (el judaico), con una novedosa, doble relación muy significativa, en el eje Padre-Hijo, y en el eje Hijo-“Espíritu Santo”, que es la personificación del hipotético “Mundo Espiritual”.
     
    (Perdona amigo George, mis especulaciones teológicas, que tanto te irritan, pero es que este Duato me provoca, y no me puedo contener. Pero leer esto seguro que te cuenta por tres días de Purgatorio).
     
     
     

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