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Tres libros recientes sobre realidad y concepto de Dios, 1

En estos días, tras publicar la Consulta sobre el concepto de Dios, por pura coincidencia, ha llegado a la redacción de ATRIO la noticia de tres libros recientes que abordan el tema desde el punto de vista científico y religioso. El primero es este publicado por PPC y coordinado por Jesús Martínez Gordo. AD.

DIÁLOGOS SOBRE “DIOS”

CRITICA RACIONAL Y CONVICCION DE FE, ATEA Y CREYENTE

Por Javier Madrazo Lavín, Jesús Martínez Gordo, Alejandro Sota Aira, Manuel J. Tello

        En el origen de este libro (PPC, Madrid, 2024) se encuentran algunas de las reacciones provocadas por la publicación de Ateos y creyentes: qué decimos cuando decimos ‘Dios’” (Ed. PPC, Madrid, 2019); un texto presidido por la sorpresa de la conversión al deísmo de Antony Flew, hasta ese momento, el defensor más apasionado de un antiteísmo, marcadamente cientifista y materialista, durante la segunda mitad del siglo XX. E, igualmente, por los también sorprendentes tránsitos a la creencia cristiana del genetista estadounidense, Francis S. Collins, y del pensador británico, Clive Staples Lewis, después de haberse autoidentificado ambos como ateos, durante una buena parte de su vida.

       Una vez repasados los argumentos de las explicaciones increyentes más habituales y contrastados con los de la creyente que brotaba del modo de proceder implementado por estos tres autores (a los que me atreví a llamar “nuevos creyentes”), volví a percatarme –como he adelantado– de que el detonante de tan singular desplazamiento de la increencia a la creencia había sido que Antony Flew, Francis S. Collins y Clive Staples Lewis se habían percatado de que las explicaciones deísta –e, incluso, la teísta– eran racionalmente más consistentes que las increyentes (ateas o antiteístas), ya fueran éstas de matriz argumentativa azarosa y casualista o materialista bruta.

       Tal es la tesis –o, si se prefiere, la hipótesis– que presidió la redacción de dicho libro. Y tal es la hipótesis que, hasta el presente, entiendo que no ha sido invalidada por otras explicaciones increyentes a partir de las evidencias científico-positivas que se vienen alcanzando en la astrofísica, en la protobiología y en la antropología cultural de nuestros días. Más bien, todo lo contrario: creo que dichas explicaciones creyentes quedan confirmadas en su consistencia racional cuando se dialoga con las azarosas o casualistas o con las materialistas brutas, las más extendidas en el universo de la increencia, sea ésta atea o antiteísta.

       El presente libro, en diálogo con un amigo antiteísta y con otros teístas, es, pretendidamente, una reafirmación –al menos, en mi caso– de dicha hipótesis, convertida, por ello, en tesis. Queda en manos del lector evaluar si tal pretensión es racionalmente consistente o si, por el contrario, es, más bien, una infundada hipótesis, posiblemente ahogada por la fuerza de las convicciones de fe, deístas y teístas, o, en el caso de la increencia, ateas o antiteístas.

9 comentarios

  • Antonio Llaguno

    Para empezar yo no he leído el libro de Martínez Gordo, pero todos los libros suyos que he leído sobre el tema aportaron algo de luz al respecto…

    • Antonio Llaguno

      No obstante y leyendo lo que Isidoro concluye y Mariano puntualiza, creo, con todos mis respetos, que la discusión actual no va por donde transita Isidoro.

      Precisamente si han surgido todas esas nuevas interpretaciones o nuevas visiones de la divinida o la ausencia de la misma es porque con las dos viejas opciones Teismo/Ateismo se han quedado manifiestamente cortas y el ser humano moderno busca algo más (O más bien percibe algo más)

      De ahi que afirmar que no existen conversiones serias o que el deista no es más que un agnóstico con prejuicios me parece una afirmación cuanto menos demasiado simplista.

      Entre otras cosas porque la justificación de que en este inmenso Universo existan miles de trillones de planetas rocosos como la Tierra capaces de albergar vida como la nuestra con seres vivos, conscientes y que podrían hacerse las mismas preguntas que nosotros no veo que concluya en nada.

      Porque a mi, particularmente, lo que me parece que a falta de que el Profesor Alcubierre o algún otro genio de la física descubra otras leyes de la física, veo muy difícil que podamos interactuar con ninguna otra forma de vida que las que habitan este pequeño planeta y si no podemos interactuar con ellos el que existan o no, no es más que una especulación de la que ni siquiera podemos establecer que probabilidad existe, puesto que a la famosa fórmula de casos posibles partido por casos totales le faltan tanto el numerador como el denominador.

      Quiero decir que hablar de vida extraterreste y aplicaciones futuras de la ciencia es tan especulativo como hablar de las caracterñisticas del Dios Amon Ra de los ejipcios o de la líbido del Jupiter romano, o la condición de Todopoderoso del Dios Cristiano.

      Ya que estamos especulando, haré mi propia especulación que no es más que la mía y probablemente no vale para nadie más.

      Si Dios existe, para poder existir de verdad debe existir en ralación a alguien más. la existencia de alguien por si solo y sin más “co existentes” es una existencia vacía puesto que sin “relación” la existencia no tiene cuestión: El que existe, si tiene consciencia, sabe que existe. Sólo lo pueden cuestionar los co-existentes.

      Pero no solamente deben existir más seres existentes sino que debe poder comunicarse con ellos, o lo que es lo mismo debe poder “Revelar” su existencia. Si Dios existiera pero no se revelara ¿Importaría su existencia? No, puesto que nadie podría relacionarse con él y sería como si no existiese.

      Entonces… ¿Por qué no se revela abiertamente? Como hacemos nosotros con nuestro perro (Ya se que es una comparación odiosa pero no me sale otra). Debe tener una poderosa razón para ello.

      Mi opinión (Y repito que sólo es la mía) es que debe haber alguna razón importante y una que me cuadraría es que si Dios es una inteligencia creadora, debe haber dotado  a sus criaturas de alguna condición importante que se ve perturbada por la revelación directa de Dios.

      Ojo que en esta reflexión sobre Dios cabe cualquier tipo de Dios, personal, antropomórfico o símplemente una inteligencia primordial. A mi eso me da igual.

      En el caso de nosotros, los seres humanos, intuyo que esa “condición” es el libre albedrío. Dios no interviene en nuestras vidas porque no las condiciona, mantiene ese libre albedrío permanente. Y aquí no he querido decir que “no quiere hacerlo” porque supondría una voluntad y daría un paso más hacia un concepto teista de Dios, y no quiero llegar a ahí, al menos de momento. Simplemente no interviene (Si miro en mi interior yo diría que no solo no quiere, ni siquiera puede)

      Pero habíamos pre establecido que Dios se debe “revelar” para poder existir de verdad.

      Yo creo que si miramos dentro de nosotros, en nuestra propia consciencia, Dios ha dejado codificada su revelación y que para conocer a Dios lo que debemos hacer es mirar dentro de nosotros mismos y encontrar esa revelación personal que Dios nos hace.

      Pero eso implica que podemos también conocer la revelación perosnal que le hace a los demás (Recordemos que, todos nosotros, somos los demás de los demás) por lo que Dios probablemente sea muy diferente para cada uno e incluso llegue a “no ser” para alguien con total tranquilidad, puesto que si mira y no lo encuentra, para él no será.

      Pero basta con que uno o una de nosotr@s lo encuentre para que Dios exista.

      Por eso me resulta tan apasionante descubrir el Dios que cada un@ tiene dentro de si, porque si unimos todas esas experiencias de Dios será cuando veamos al Dios “de verdad”.

      Y tengo que reconocer, que no tengo la más mínima idea de lo que saldría de ahí, pero me resulta bonito buscarlo.

      No se explicarlo mejor. Seguro que hay gente más lúcida o más letrada que yo que podría explicarlo mucho mejor, pero es que es sólo una intuición y es muy difícil poner letra a las intuiciones y mucho más para alguien con tan poco “conocimiento” (Que diría mi Tia Vicenta) como yo.

  • M. Luisa

    Leyendo a estos dos amigos Isidoro y Mariano  me han sobrevenido una serie de cuestiones que intentaré explanar en breves pinceladas. Isidoro dice y con razón  que  el tema planteado solo se podría resolver subiendo de nivel y perspectiva  lo cual para esto dice   hay que cambiar de paradigma y cosmovisión previa.  Exacto.  Sin embargo, él no lo hace. ¿Si solo se pudieran hacer hipótesis de la realidad existente   de dónde hubieran salido las diferentes  tesis que de un modo u otro, históricamente,  la han ido no desde luego conformando pero sí  configurando?  Él mismo lo reconoce cuando admite  la inclusión de cambios de paradigma en ella. Y en uno de estos paradigmas,     habría que situar  el horizonte desde el cual   Antony Flew se instala   para sus investigaciones si de verdad se le quiere comprender. Un poco de historia: Superado históricamente el horizonte de la nihilidad – creación, el de la finitud(Tomás) el de la veracidad(Descartes)  el de la posibilidad(Liebniz) surge el de la facticidad, el cual   es donde en mi opinión para sus investigaciones se instala  Antony Flew. Este  no parte    de ningún  supuesto  teológico o religioso   sino que como pensador e  intelectual  lo hace desde el deísmo filosófico. El deísmo filosófico no hace referencia a ninguna  metafísica general sino a “lo” metafísico de la realidad considerada estructuralmente. Es de  ahí que se puede hablar  de emergencia y en consecuencia  a partir   de ella aplicarse leyes, pero nunca a la inversa como veo que así lo hace Isidoro.  El que existan leyes corre por cuenta nuestra   es una construcción no una emergencia natural. Una piedra cae no por una ley, sino por el hecho gravitatorio mismo …en fin lo dejo aquí.      

    • Antonio Duato

      Muy buen comentario, M. Luisa, al que me adhiero, sobre todo por lo que dices al final y explica por qué algunos científicos que profundizan más en lo que son las mismas eteorías científicas sobre “la realidad” pasen de un ateísmo que creían probado a otras posibilidades de conocimiento. Dices: “Una piedra cae no por una ley, sino por el hecho gravitatorio mismo”.

      Muchos buscamos encontrar en nuestro trabajo interior la fe personal en que Dios (no representaciones, imaginaciones o conceptos imposibles de Él) están ahí no por argumentos o vías racionales sino porque está. ¿Sabes, Luisa? Tú has leído a Legaut desde tanto tiempo como yo. Pero ahora he vuelto a leerlo “da capo” y encuentro mucha más luz. Ayer y hoy he leído en los últimos capítulos de “El hombre en busca de su humanidad” lo de la fe personal en Dios y la fe ideológica en Dios (que comprende toda teología incluso las más maodernas) y se aclara todo mucho.

      • M. Luisa

        Muchas gracias Antonio, siempre ayuda el sentirse un poco apoyada  y más cuando tienes la sensación  de la no muy buena acogida  que tiene el  que se disienta en algo.
        Sobre lo de Marcel Légaut, no sabes tu bien   lo a mano que tengo todos sus libros,  sobre todo este que tú mismo nombras “El hombre en busca de su humanidad”  Está el pobre muy viejito de tanto consultarle. Es curioso que todos ellos  habiéndome   sido su lectura  algo crucial en una época determinada, sin embargo,    ahora que  vengo extendiéndome en lecturas varias  no solo no percibo ninguna discordancia entre ellas sino una idónea complementariedad. Fue precisamente en el siglo pasado cuando, por la complejidad de lo real,   se revirtieron los términos y al parecer Légaut fue pionero en ello.  Presentía cómo  la teoría había que subordinarse a la experiencia, y este cambio  a mi modo de ver es el que guía todas sus reflexiones.  La lectura y desarrollo que hace por ejemplo del apartado “ La fe en sí mismo no es confianza en uno mismo” da una buena prueba de ello. Gracias Antonio, un fuerte abrazo     

  • mariano alvarez

    Cuán largo me lo fiais, querido Isidoro. No sé si Tirso de Molina o Miguel de Cervantes confiarían mucho en tu planteamiento. El primero, a través de Don Juan en su obra “El burlador de Sevilla”, ya afirmaba que: “No hay plazo que no se cumpla ni deuda que no se pague, pues mientras el mundo viva, no es justo que nadie diga: ¡Cuán largo me lo fiais!, siendo tan breve el cobrarse.” …

    El segundo usaba esta misma expresión con su escudero Sancho, indicándole que cuando el plazo para que se cumpliera una determinada acción era largo, entonces las posibilidades de que no se cumpliera eran grandes. Ninguno de los dos eran matemáticos, evidentemente se podría argüir.Siempre me ha sorprendido tu seguridad y claridad explicativa sobre este tema, que argumentas con gran lógica, pero recuerda que la lógica sirve tanto para un roto como para un descosido, pudiendo dar lugar al pensamiento paradójico. Recordemos que toda paradoja es una idea contradictoria, pero sin contradicción lógica, lo que la convertiría en un sofisma. Toda paradoja es un razonamiento aparentemente válido, pero que contraviene al sentido común. ¡Cuántas paradojas se nos cuelan inconscientemente en nuestro llamado sentido común simplemente porque no rompen las reglas de la lógica!. En este punto tanto Tirso de Molina como Miguel de Cervantes están más próximos a la lógica de la vida que los matemáticos.En la actualidad, donde los tiempos corren aún más rápido, toda proyección demoscópica no sostiene un cierto grado de veracidad más allá de un lustro, especialmente en política…

    Solo una visión evolucionista se permite estirar el chicle del tiempo de los acontecimientos indefinidamente y tanto para el futuro como para el pasado.

    ¿No te parece que en tu análisis omites la tesis cristiana  de que el “Reino de Dios” que tu citas ya está aquí, y que tomada como hipótesis por tu parte cambiaría tu planteamiento. ¿Lo crees posible?.

    Es como decir que el acontecimiento que tu esperas ya ha acontecido pero que al no percibirlo no se te puede manifestar.

    Isidoro, siempre he manifestado mi admiración por tí, pues tengo la sensación que eres portador de un tesoro escondido para tí mismo, pero que está muy próximo a poder eclosionar y resplandecer en tí.

    • Isidoro García

      Amigo Mariano, en todos estos temas, solo se pueden hacer hipótesis, mas o menos razonables.

      Soy muy consciente de que como dijo Freud: “Aunque todos los elementos de un problema parezcan ordenarse como las piezas de un rompecabezas, habremos de recordar que lo probable no es necesariamente cierto, ni la verdad siempre es probable”. 

      Pero yo no veo ninguna contradicción en mis planteamientos especulativos, y tú no me señalas ninguna, y si existiese alguna, (lo que es muy probable), solo se podría resolver, subiendo de nivel y perspectiva del tema, y para eso hay que cambiar de paradigma y cosmovisión previa.

      La mayoría de nuestras contradicciones, provienen de las ideas previas de las que partimos, que no siempre son de fiar. Por eso para investigar hay que contar con mucha flexibilidad mental y la disposición a modificar nuestras ideas previas, si se ve necesario.

       

      Respecto a lo del críptico Reino de Dios, que es un tema habitual de especulación teológica, yo lo veo de dos formas posibles, distintas, pero quizás compatibles.

      Una visión “micro” y otra “macro”. La visión “micro”, sería el espíritu, que todos llevamos dentro de cada uno/a, con el reflejo fractal de las ideas de Dios con las que dirige el Universo. Sería una micro-revelación personal a cada persona. Y es compatible, con lo de que “ya está aquí”.

      La visión “macro”, es la que reflejaba yo en mi comentario, de que dicho Reino de Dios, podía ser el conjunto de inteligencias del Universo cercano, organizadas, y en la que la humanidad ha ría sido admitida, (aunque en régimen especial de crecimiento).

      Y eso explicaría el hecho de que Jesús, hubiese sido elegido como representante y director, (o “Señor” en términos religiosos), por ser el humano más adecuado para ello.

      Y eso también podría explicar la divinidad de Jesús, (con “d” minúscula), en el sentido de que todos los dirigentes de dichas especies inteligentes, rigen dicha Comunidad (o “Reino”), junto con el Director de dicha Comunidad, al que podríamos asociar al Padre. Y todo con el Dios Creador detrás, mirándolo complacidamente.

       

      La trinitización, de la dirección divina, es una buena metáfora de dicho Reino de Dios, pero para ello, hay que reinterpretar la visión clásica de Nicea, que responde a una visión puntual y antigua de Dios en un mundo sobrenatural.

      Pero contiene la potente idea, de una dirección comunal del Universo, en los que junto al Director-jefe, (el Padre), están los representantes de las especies inteligentes del mismo, (Jesús, como representante de la única que se creía entonces que había en el Universo, (“sentado a la derecha del Padre”).

      (En la Cábala judía, dichas especies inteligentes se denominan “sefirots”- estrellas, y existiría diez, que figuran en el Árbol de la Vida, y nosotros seríamos el décimo, por ahora…)

      Y la comunidad de los “ángeles”, con su pluralismo formal, que se indica en la “angeología” del pseudo-Dionisio, constaría de nueve clases de ángeles, (y nosotros seríamos los décimos…), y serían la versión cristiana tradicional de la ontología el Universo.

      Dicho Padre, (el Dios del Universo), y el resto, son también Creadores. Porque antiguamente la “creación”, tenía un concepto, no solo como creación exnihilo, (reservada al Dios Creador), sino como “organizador, civilizador, y diseñador”, de algo en bruto.

       

      Ya se que es mucha especulación, pero con este planteamiento, prácticamente todas las ideas reveladas, podrían explicarse como metáforas de dicha “realidad”, sin necesidad de crear un mundo sobrenatural, extraño y fuera del Universo.

      Que yo no digo que fuera del Universo, no haya nada, pero eso sí que es muy problemático de conocer.  Primero conozcamos el Universo, y luego ya veremos.

       

      No podemos mantener una cosmovisión de hace 2.000 años, en estos tiempos de avance científico. Y respecto a la Ciencia, todos los pasos que va dando, van en la dirección de que el Universo, es mucho mas complejo, que el erial vital que se nos ha pintado durante este tiempo.

       

      (Para que te salga el texto espaciado, tienes que responder a un comentario concreto, o si no, pone primero un comentario de un párrafo, y luego contestar a ti mismo).

  • Isidoro García

         Yo creo, que las “conversiones”, de ateos a deístas, son ficticias, y es un trampantojo, y solo es un asunto  de nombres. El ateísmo, tradicionalmente, ha sido una opción dentro del dipolo: creencia, (que necesariamente era teísta) – increencia. Existía el panteísmo y Spinoza, pero eso se consideraba tradicionalmente como una variante del ateísmo: el que cree que todo es Dios, cree que nada es Dios.

    • Isidoro García

      Pero como en los últimos siglos, gracias a la disminución drástica del poder cultural eclesiástico, y al aumento de la autonomía humana, ha crecido la sofisticación en el pensamiento de la cuestión divina, (panenteísmo), y se ha ampliado el polo fideísta, sofisticando el asunto, con el “deísmo”.

      Por la otra parte, el ateo tradicional racional, no podía decir que no había ningún Dios, pues eso no está a nuestro alcance ni para afirmarlo, ni para negarlo, y su variante, el agnosticismo lo que realmente decía era que no había ninguna intervención sobrenatural, en el devenir del Universo. La misma idea que es en esencia la idea del “deísmo.

      Ambas partes del dipolo ateísmo-teísmo, han dado un paso hacia la convergencia en forma agnosticismo-deísmo, que en la práctica es lo mismo. Al tiempo que desde el lado fideísta crece el traslado del teísmo al deísmo-no-teísta.

      Entre la hipótesis de que el Universo se auto creó y se auto rige, y la hipótesis de que quizás fue creado por “Algo” superpoderoso preexistente al Big bang, y se auto dirige autónomamente con las leyes del diseñador y creador, solo hay una pequeña diferencia teórica, sin ninguna consecuencia práctica.

      Porque aquí la cuestión práctica está en la religiosidad, o sea el sometimiento a las normas y creencias de una Corporación religiosa. La religiosidad es esencialmente teísta. Y en ese sentido, yo creo que un deísta auténtico, es fundamentalmente arreligioso y secular, trascendente y espiritual, (que atiende a su espíritu).

       

      Este es un tema especialmente especulativo, de uso fuerte de la imaginación y de potentes intuiciones personales. Y profundizando en el terreno especulativo racional, yo personalmente creo, que esa controversia, ha quedado obsoleta, y es de tiempos pasados. Estamos aquí discutiendo de galgos y de podencos, y quizás estemos muy cercanos a que nos atropelle en la autopista del tiempo, el camión de la realidad cósmica.

       

      Y es que quizás, estamos en puertas, de que en este s. XXI, (que en ese sentido creo que va a ser extraordinario), la hipótesis tradicional sea sustituída plenamente por otra hipótesis, más acorde con los descubrimientos modernos de la Ciencia, y que sustituye la intervención del Dios ignoto creador, (que desde el deísmo no se niega), por la de otras inteligencias del Universo, que pudieran haber intervenido de una forma sistemática aunque esporádica, en el devenir de la humanidad, y que pueden haber sido el origen de las “revelaciones”, de las que luego, con la imaginación del ser humano, han surgido las Corporaciones religiosas, y su dinámica histórica y cultural.

      (Quizás el mismo “deslumbramiento” que les pasó a los indios americanos con los caballos de los españoles, nos ha pasado toda la vida a los humanos, con los jueguitos de luces, ruido y humo, y la tecnología futurista y “mágica” del “Merkabá”, el carro de Yaveh).

       

      Los últimos descubrimientos de la Ciencia, van por ese camino. Va a hacer pronto 30 años, que se descubrió la existencia de múltiples planetas rocosos en el Universo cercano, capaces de albergar agua y seres vivos.

      Y continuamente se están encontrando rastros de complejas moléculas probióticas, en asteroides y en el espectro de la luz de algunos planetas extrasolares.

      Cada vez está mas claro que el surgimiento de la vida, no es un suceso semi imposible, sino que existen unas leyes emergentes, que tienden irremediablemente hacia el surgimiento de la vida, para lo que solo se necesita tiempo, y no demasiado, (en la Tierra surgió en unos pocos ciento de millones de años), y se precisan sitios donde pueda prosperar. Y lo que sobra en el Universo es sitio, y tiempo.

      Hoy día, casi cumplido el primer cuarto del s. XXI, se ha universalizado en la ciencia académica la búsqueda de vida en el Universo cercano, y todo indica, que con el tiempo suficiente, la evolución hacia la vida inteligente, será similar a lo ocurrido en la Tierra.

      Y eso hace altamente probable, que existan otros seres inteligentes, sujetos a las mismas leyes universales que nosotros, y por tanto con una deriva cultural similar a las nuestra.

      Nosotros hace 5.000 años que aprendimos a escribir y leer, y hace 150 años, íbamos a caballo, y ahora estamos donde estamos. ¿Cómo estaremos dentro de un millón de años, que cosmológicamente es casi nada?. ¿Cómo estaría una civilización de cinco o diez millones de años de antiguedad?.

      Cualquier especie si es inteligente, será curiosa y viajera, o al menos exploradora, y por supuesto muy interesada en otras civilizaciones emergentes, que pudieran se un peligro en el futuro.

      Se espera que sea inminente, (cinco años), que la Nasa proclame el descubrimiento de vida inferior fuera de la Tierra, y la acelerada dinámica del fenómeno Ovni, con recientes declaraciones extraoficiales del ejército americano, hacen previsible un futuro (veinte años), anuncio cósmico trascendental sobre el tema.

      (Lo que sería entre otras cosas tranquilizador, de cara a la posibilidad de un desastre nuclear civil o militar en la Tierra).

       

      Esta hipótesis futura, sería la perfecta síntesis entre gnosticismo-deísmo y teísmo. Un Dios creador “ausente”, y unos “dioses” culturales, teístas, que realizan las “revelaciones”, posiblemente en un afán de tutela y estímulo fraternal hacia nosotros, hermanos pequeños.

      Y quizás ese sea el famoso y tan buscado sentido del “Reino de Dios”.

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