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David Eagleman, el investigador de los secretos de nuestro cerebro

El neurocientífico estadounidense David Eagleman, uno de los escritores científicos más interesantes de nuestro tiempo, explica que cada vez que aprendemos algo, nuestras neuronas cambian. Y que si alguien pierde la vista, parte de las células con las que veía le ayudarán, por ejemplo, a que oiga mejor. JS.

Por JAVIER SAMPEDRO,  EL PAIS, 4 de febrero de 2024

Nada del cerebro le es ajeno a David Eagleman, neurocientífico, tecnólogo, empresario y uno de los escritores científicos más interesantes de nuestro tiempo. Nacido en Nuevo México hace 52 años, investiga en plasticidad cerebral, sinestesia, percepción del tiempo y lo que él llama neuroderecho, en la intersección entre el conocimiento del cerebro y sus implicaciones legales. Su libro Incógnito. Las vidas secretas del cerebro, de 2011, se tradujo a 28 idiomas, incluido el español en Anagrama, y ahora vuelve en la misma editorial con otra obra ambiciosa, Una red viva, que gira en torno a una idea fundamental de la neurociencia actual: que el cerebro está en cambio permanente para adaptarse a la experiencia y al aprendizaje.

Su ciencia no solo es de primera clase, sino también de primera mano, pero su escritura brillante y cristalina —un perfecto reflejo de su mente— convierte uno de los asuntos más complejos de la investigación actual en un paseo triunfal para el lector. Conversamos con él por videoconferencia en la primera entrevista que concede a un medio español en la última década.

—¿Podría el cerebro de un recién nacido aprender a vivir en un mundo de cinco dimensiones? “Aún no sabemos cuánto hay de genética y cuánto de experiencia en nuestro cerebro”, responde desde California por videoconferencia. “Si criáramos un bebé en un mundo de cinco dimensiones, lo que seguramente sería un experimento muy poco ético, puede que encontráramos que el niño puede averiguar cómo desenvolverse ahí. El tema general de la plasticidad cerebral es que todo es más sorprendente de lo que pensábamos, en el sentido de que el cerebro es un diseño capaz de aprender cualquier cosa que el entorno le presente”.

Eagleman saca de alguna parte un voluminoso cuenco de ensalada, se lleva a la boca lo que cabe en el tenedor y prosigue con su argumento: “Su ejemplo del mundo de cinco dimensiones es altamente hipotético, pero lo que sí sabemos, por supuesto, es que los bebés nacidos en cualquier lugar del mundo, ya sea en una cultura hiperreligiosa o en un país laico, en una economía basada en la agricultura o en otra superdesarrollada tecnológicamente, como aquí en Silicon Valley, ajustan su cerebro a cualquiera de esos entornos. Mis hijos se adaptan a usar una tableta o un móvil igual de bien que otros niños, en otros lugares, se adaptan a las herramientas agrícolas. Así que sí, sabemos que nuestro cerebro es realmente muy flexible”.

La distinción entre genética y experiencia, o entre naturaleza y crianza, no es tan nítida como puede parecer. Lo habitual es pensar que los genes construyen el cerebro y que después el entorno toma el relevo modificando la fuerza de las conexiones entre neuronas (sinapsis) o estableciendo nuevos contactos. Pero formar nuevas conexiones y modular las viejas requiere reactivar los mismos genes que construyeron el cerebro en primer lugar. Le planteo esta cuestión.

“La forma en que pensamos sobre la biología del cerebro es que la experiencia implica cambios a todos los niveles, de manera que sí, tiene usted razón, los genes tienen que estar implicados en la plasticidad cerebral. Es cierto que lo habitual es investigar la plasticidad al nivel de las células neuronales y de las sinapsis que forman, refuerzan o debilitan, pero la principal razón es que eso es más fácil de medir. La experiencia modifica el cerebro a todos los niveles, y la distinción entre sinapsis y genes no es real, sino una frontera arbitraria trazada por nosotros, los observadores humanos”, responde.

Un siglo largo de neurología ha establecido que el córtex (o corteza cerebral), la capa exterior que le da al cerebro su aspecto arrugado, está dividida en cientos de áreas especializadas: en ver, en oír, en hablar, en proyectar, en gestionar las emociones y todo lo demás. Sin embargo, los anatomistas no han encontrado grandes diferencias entre la arquitectura de circuitos de unas áreas y otras, y tampoco se conocen genes específicos de cada zona. ¿Qué quiere decir esto? Una de las lecciones del nuevo libro de Eagleman es que el cerebro es la misma cosa en todas partes. “El córtex usa el mismo truco, la misma arquitectura de circuitos, en cualquier área. La única razón por la que observamos distinciones —esta área se dedica a la información visual, esta otra a la audición— es porque cada una recibe distintos cables de entrada”, afirma el neurocientífico.

Por ejemplo, la información de los ojos entra por el nervio óptico hasta la parte de atrás del cerebro, y por eso esa zona se convierte en lo que llamamos córtex visual, pero si te quedas ciego ese mismo córtex se convierte en auditivo, táctil u otras cosas. Así que no hay nada fundamental en esa compartimentación del cerebro, según explica Eagleman: es solo una cuestión de qué cables de entrada están enchufados a un área o a otra, es decir, de qué tipo de información recibe.

Misteriosa evolución

La evolución del cerebro es de momento tan misteriosa como su funcionamiento. Los seis millones de años que nos separan de los chimpancés son apenas un pestañeo en las escalas evolutivas, y algunos científicos creen que la clave está en el mero aumento del tamaño del córtex, que se ha triplicado respecto a los chimpancés y los australopitecos. Eagleman es uno de ellos. “Nuestro córtex es mucho mayor que el de cualquiera de nuestros primos animales, y esto es una gran parte del cambio mágico respecto a ellos. Hay otros cambios paralelos, como una gran laringe que nos permite comunicarnos con rapidez a través del lenguaje hablado, o un pulgar oponible que es una gran ayuda también, pero la diferencia principal es el tamaño de nuestro córtex”.

El científico prosigue: “Eso implica que hay mucho más territorio entre el input y el output (la información de entrada y de salida), de modo que, cuando uno recibe información sensorial y tiene que emitir una respuesta, en la mayoría de los animales esas dos áreas están muy cerca una de otra, pero en nuestro caso están más separadas. El resultado es que, cuando ves algo, puedes tomar otro tipo de decisiones. Si me pones comida delante, puedo tomar en consideración que estoy a dieta, o que no quiero comer eso ahora porque estoy haciendo ayuno intermitente, o lo que sea, antes de tirarme sobre la comida”.

Eagleman enseña neurociencia en la Universidad de Stanford, California, pero su trabajo como investigador y docente se le queda muy corto a su mente profunda e inquieta. Es el jefe ejecutivo de Neosensory, una empresa que contribuyó a fundar y que se dedica a desarrollar tecnología para que los ciegos y los sordos puedan recuperar parte de sus facultades reclutando zonas del cerebro que normalmente se dedican a otras cosas para sustituir al sentido perdido. También es el jefe científico de BrainCheck, una plataforma digital para ayudar a los médicos a diagnosticar problemas cognitivos.

Además de escribir unos libros divulgativos de enorme calidad, escribe y presenta la serie de televisión The Brain with David Eagleman (el cerebro con David Eagleman) y el podcast El cosmos interior con David Eagleman. Si hay una columna vertebral de toda esa actividad frenética, es aprovechar el conocimiento del cerebro para ayudar a la medicina de formas innovadoras y creativas.

“La consciencia es el gran misterio no resuelto de la neurociencia. Hay quien cree que solo son algoritmos”

—La siguiente pregunta era inevitable. Y sí, Eagleman ha usado ChatGPT. Asegura que la parte fascinante de estos modelos grandes de lenguaje (large language models, LLM, el tipo de sistemas al que pertenece ChatGPT) es que ahora mismo estamos más en un tiempo de descubrimiento que de invención. De la mayoría de las cosas que hemos inventado en el pasado —una lavadora o una cafetera— sabemos exactamente cómo funcionan, puesto que las hemos ideado nosotros, afirma. Pero estos LLM están llenos de sorpresas y hacen cosas que nadie esperaba, ni siquiera sus programadores. “Esto es asombroso. Creo que lo que hacen realmente muy bien es hallar conexiones en las que no habíamos pensado. Los modelos LLM han leído todo lo que se ha publicado en el mundo, tienen una memoria que lo abarca todo y pueden encontrar víncu­los insospechados si les haces la pregunta correcta”.

Eagleman cree que esa habilidad de ChatGPT es extremadamente valiosa para la ciencia. “Cada mes salen 30.000 nuevos papers (artículos científicos revisados por pares) y yo no puedo leer todo eso, pero el LLM sí puede. He publicado un trabajo hace poco en el que propongo que hay descubrimientos científicos de dos niveles. Los de nivel uno consisten en reunir cosas que yo simplemente no sabía, y ChatGPT puede ser útil ahí. Pero eso es diferente de los descubrimientos de nivel dos, que requieren imaginar un modelo que no existe”.

“Albert Einstein”, sigue Eagleman, “se preguntó cómo vería la luz si estuviera montado en un fotón, y ese experimento mental le condujo a la teoría especial de la relatividad. Lo que hizo no fue reunir cosas que ya estaban en la literatura científica, sino imaginar un nuevo modelo y desarrollar una simulación con él. Y eso no estoy tan seguro de que la inteligencia artificial pueda hacerlo de momento. Creo que por eso los científicos tenemos trabajo todavía”.

Pero Eagleman también es un escritor. Y también cree que conservará el trabajo en esa otra faceta suya, porque, mientras que ChatGPT puede escribir respuestas “sorprendentemente molonas” sobre cuestiones diversas, como escritor no es particularmente creativo. “Usted y yo podemos estructurar los párrafos o hacer una llamada a un pasaje anterior, y ChatGPT está lejos de eso, al menos de momento. Así que no, tampoco estoy preocupado como escritor”, afirma.

Pero le digo que la IA le puede copiar:

—Usted es un maestro en encontrar analogías, metáforas y ejemplos ilustrativos. Quizá el modelo pueda analizar sus libros e imitarle en todo eso—, le pregunto.

Escribir es duro, usted lo sabe —responde cortésmente—. Me asombraría realmente que ChatGPT llegara a escribir un buen libro en 10 años, pero no estoy convencido de que pueda hacerlo. Escribir un buen libro implica poner juntas nuevas ideas, nuevos modelos, pensar sobre ellos y preguntarse: ¿qué tipo de historia puedo contar para empezar este capítulo e introducir ese concepto? ¿Cómo enlazarlo con lo que vendrá luego y luego y luego? Mientras escribo un libro estoy pensando en todos esos niveles a la vez, y en cómo puede ser la experiencia del lector, y cómo hacer una referencia a lo anterior, cómo está sonando el ritmo, es como si estuvieras componiendo una sinfonía. Como ChatGPT y el resto de LLM solo piensan en qué palabra escribir a continuación, no pueden pensar en todos los niveles a la vez.

Eagleman explica que lo que resulta tan difícil de imaginar sobre ChatGPT es que “se ha leído todos los libros que han existido, todos los blogs y las páginas web, y recuerda todo eso. Lo que esto ilustra es que, a un nivel fundamental, nosotros somos también algo parecido a una máquina estadística, y que si copias esas estadísticas y sabes qué palabra va cerca de otra en cada texto que ha producido la humanidad, el resultado es mucho mejor de lo que habíamos imaginado”.

Mente/máquina

Una de las áreas de investigación de Eagleman son las interfaces mente/máquina, pequeños paneles de electrodos que se implantan en el cerebro para ayudar a personas ciegas o sordas. ¿Cómo consiguen estos electrodos conectar con las neuronas correctas?

“Sabemos el área que interesa controlar. Por ejemplo, si se trata de mover un brazo robótico, pinchas la zona del córtex que normalmente controla el brazo, y además no registras una neurona, sino una colección entera. En una situación normal, si alguien te pone un peso en la muñeca, no tardarás en modular tus órdenes cerebrales para mover el brazo en esa nueva situación y no tirar la taza de café, y con los pacientes pasa lo mismo. Nuestro cerebro está acostumbrado a los cambios en el cuerpo, es como si dijera: este es el objetivo que quiero alcanzar, así que ¿cómo llego allí con lo que tengo? Por eso las interfaces mente/máquina no necesitan contactar con las neuronas exactas. La persona sabe que quiere mover un brazo robótico, y encuentra cómo hacerlo”.

El córtex está hecho de unas unidades repetitivas llamadas columnas, diminutas en superficie pero con millones de neuronas en una organización estereotipada de circuitos. Se repiten una y otra vez a lo largo de todo el córtex, dice Eagleman, “como las costillas de una serpiente”. Todo el mundo está interesado en saber qué hace esa columna, esa especie de unidad básica del cerebro. Hay muchos datos, pero no entendemos aún de qué va. Según él, “lo que hace la estructura del córtex es convertir los datos en representaciones que resulten útiles para actuar en el mundo, y ello requiere abstraer los detalles”.

—¿Alcanzarán las máquinas una forma de consciencia?

Todo el mundo tiene una opinión sobre ello, pero realmente no lo sabemos. La consciencia es el misterio central no resuelto de la neurociencia. Una idea es la hipótesis computacional, donde todo son algoritmos, y si replicamos esos algoritmos en silicio tendremos consciencia. Otras escuelas piensan que hay algo particular en la biología del cerebro que aún no hemos descubierto”.

Es increíble lo que da de sí una ensalada.

 

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25 comentarios

  • Javiierpelaez

    Ana gracias por contar lo de tu hija. Me ha hecho pensar bastante sobre los hijos,las dificultades de la vida,etc. Una experiencia digna de ser contada. 

  • oscar varela

    El proceso de integración genético/ambiental – Un abordaje de la Teoría de Sistemas Complejos Adaptativos

    • oscar varela

      La neurogénesis dura toda la vida.
      – El cerebro establece nuevas interacciones sinápticas y
      – crea nuevas neuronas.
      ………………………………….
      ROLANDO TORO ARANEDA (creador de “BIODANZA”)
       
      1- Los individuos se sienten aislados y deben comportarse competitivamente para sobrevivir. Es necesario encontrar las formas musicales que puedan tener ‘potencia deflagradora’ de respuestas emocionales específicas; así, por ejemplo, proponer una danza de alegría con música de acordes depresivos induce procesos disociativos.
       
      2- Los centros motores del cerebro y los que integran la percepción musical con las emociones, empiezan a actuar en forma disociada. Es necesario trabajar con estructuras coherentes de ‘música-movimiento-vivencia’ para no inducir procesos iatrogénicos que, en lugar de integrar, disocien.
       
      3- La Biodanza es un sistema de integración afectiva, renovación orgánica y re-aprendizaje de las funciones originarias de vida, basada en vivencias inducidas por la danza, el canto y situaciones de encuentro en grupo”.
       
      4- Mi propuesta es que las relaciones humanas que tienen un carácter de continuidad y frecuencia íntima crean una red neuroendocrina debido a la interacción entre los miembros de la pareja. Esta red representa verdaderas funciones nuevas dentro del sistema viviente de cada uno.
       
      5- Podríamos decir que las personas que nosotros frecuentamos se instalan en nuestras células. Esta es la razón por la cual la separación de los amantes es vivenciada como una muerte. Pero no se trata apenas de una muerte psicológica, con fantasías autodestructivas. A mi modo de ver, la separación de los amantes es una catástrofe biológica.
       
      6- Frente a la dificultad de unificar la experiencia cosmogónica en un sentido ahorcador, se han tomado -en Biodanza- elementos universales para reproducir, en una danza, la vivencia personal de la creación del mundo, las series de movimientos que conducen del caos al cosmos. Este proceso, en nuestra concepción, no se desenvuelve en un ciclo cerrado o lineal, sino que responde a un modelo evolutivo en espiral logarítmica.
       
      7- El universo, así, se perfecciona a través de sucesivos procesos de integración, en circuitos vitales cada vez más diferenciados. El mecanismo integrador es el amor comunitario, la conexión con la vida. El objetivo de la danza de la creación es inducir la vivencia de la creación cosmogónica y despertar en el danzante la potencialidad y la exaltación creadora.
       
      8- La música danza al danzarín: la ‘conciencia de identidad’ se disuelve en una especie de matriz del universo que está en movimiento orgánico y en que cada elemento forma parte de la danza mayor. La danza cósmica consiste en el viviente interjuego de todas las fuerzas presentes.
       
      9- El contacto permite la conexión con la energía de la vida que es de naturaleza cósmica y cuya repercusión en las personas que participan tiene efectos múltiples, desde reacciones químicas y eléctricas de los neurotransmisores y procesos de conducción neurológica hasta la fecundación de la vida con la vida.
       
      10- Siendo el organismo humano un sistema unitario y autorregulador la tarea futura de la psiconeuroinmunología es determinar qué tipos de vivencias generan tendencias bioquímicas específicas en el sistema de inmunorregulación.
       
      11- Considerando el concepto de ‘inconsciente personal’ de Freud y el de ‘inconsciente colectivo’, de Jung, Rolando Toro Araneda propuso el concepto de INCONSCIENTE VITAL. Según este concepto, los estados de humor están relacionados con la condición de equilibrio, vitalidad y salud del organismo.
       
      12- El inconsciente vital es el psiquismo de las células y órganos. Esto significa que las células y los órganos tienen memoria, sistemas de defensa, afinidad y rechazo, solidaridad entre ellas y una riquísima forma de comunicación. Es un verdadero funcionamiento integrado y es quien da origen a los estados de humor. Este psiquismo no trabaja con ideas ni con imágenes, sólo responde a estímulos externos y, principalmente, a los internos.
       
      13- El grupo es esencial en el proceso de cambio, porque induce nuevas formas de comunicación y vínculo afectivo. El grupo es una matriz de renacimiento, en el que cada participante encuentra continente afectivo y permiso para el cambio.
       
      14- Durante un siglo, la psicoterapia ha concentrado interés en el individuo como ser aislado, pero hoy día sabemos que no existe la posibilidad de una evolución solitaria. La presencia del semejante modifica el funcionamiento de las personas en todos sus niveles orgánicos y existenciales.
       
      15- Lo importante no es la tendencia o metodología de determinadas escuelas psicológicas, sino la integración de las ideas-fuerzas que han surgido sobre el ser humano, sobre la dinámica de su psiquismo y de su comportamiento.
       
      16- La imagen del ser humano actual no es obra de un sólo pensador, sino de una verdadera constelación de científicos, filósofos, antropólogos y artistas geniales, que han fecundado recíprocamente sus ideas. Biodanza, a partir del principio biocéntrico, encuentra inspiración y confirmaciones teóricas en infinidad de pensadores.
       
      17- Vivencia es una experiencia vivida, con gran intensidad, por un individuo, en un lapso de tiempo ‘aquí-ahora’ y que produce efectos emocionales, cenestésicos y viscerales; es la sensación intensa de estar vivo ‘aquí y ahora’. Es la intuición del instante de vida. Las vivencias son una puerta, a través de la cual penetramos en el puro espacio del ser, donde el tiempo deja de existir y donde somos nosotros aquí y ahora, para siempre.
       
      18- La expresión de emociones en Biodanza es muy intensa. Los ejercicios inducen emociones de alegría, erotismo, ternura y estados de regresión, a través de danzas integrativas y de comunión con el grupo.
       
      19- La evolución individual no se basa en los rendimientos alcanzados dentro de nuestra cultura, sino en el desarrollo e integración de los cinco canales de expresión del potencial genético: vitalidad, sexualidad, creatividad, afectividad y trascendencia. El proceso de integración induce estados de plenitud. Estos estados permiten al ser humano trascender su propia programación filogenética sin traicionar los gérmenes de la vida.
       
      20- El futuro no está completamente contenido en el pasado. El potencial genético es una fuerza activa que pertenece al presente y posee un don de génesis actual. La trascendencia consiste en crear más vida a partir de la vida.
       
      21- Las vivencias inducidas por la música en Biodanza, puede crear ‘efectos’ semejantes a estos neurotransmisores, así como los de algunas hormonas. Esto significa que algunos ejercicios específicos de Biodanza inducen ‘efectos dopaminérgicos’, ‘efecto endorfínico’, ‘efecto gaba’, etc.
       
      22- Nuestra hipótesis es que tales efectos inducidos por las vivencias de Biodanza activarían los circuitos neurológicos y glándulas en los que se producen sus respectivas acciones neurológicas, endocrinas o inmunológicas.
       
      – El aprendizaje cambia la estructura física del cerebro
      – Estos cambios estructurales alteran la organización funcional del cerebro, o sea,
      – el aprendizaje organiza y reorganiza el cerebro.
      – Diferentes partes del cerebro pueden estar listos para aprender a diferentes tiempos.
       
      23- La música utilizada en Biodanza es rigurosamente seleccionada en relación con los ejercicios y las vivencias que se pretende alcanzar. Para seleccionar la música se requiere preparación en semántica musical y conocimientos acerca de los efectos de ésta sobre el organismo.
       
      24- El desarrollo del potencial creativo a través de la existencia (ontogénesis) se articula con los ecofactores que estimulan o inhiben el potencial creativo.
       
      25- Frente a la dificultad de unificar la experiencia cosmogónica en un sentido ahorcador, se han tomado -en Biodanza- elementos universales para reproducir, en una danza, la vivencia personal de la creación del mundo, las series de movimientos que conducen del caos al cosmos. Este proceso, en nuestra concepción, no se desenvuelve en un ciclo cerrado o lineal, sino que responde a un modelo evolutivo en espiral logarítmica. El universo, así, se perfecciona a través de sucesivos procesos de integración, en circuitos vitales cada vez más diferenciados. El mecanismo integrador es el amor comunitario, la conexión con la vida.
       
      26- Martín Buber, Pichón Riviere, James Hillmann y Kenneth J. Gergen han comenzado la búsqueda del ser humano como ‘ser relacionar’. Ha nacido el ‘hombre ecológico’.
       
      27- La integración adaptativa es el proceso en que los potenciales genéticos, altamente diferenciados, se expresan y se organiza en sistemas cada vez más complejos, creando una red de interacciones que potencian la identidad.
       
      28- La caricia es uno de los instrumentos fundamentales de Biodanza, pues induce cambios funcionales en los ámbitos orgánico y existencial. La caricia despierta la fuente del deseo y expresa la identidad. Las terapias y la medicina poseen, generalmente, una alta tecnología y una semántica sofisticada, pero una total falta de afecto. El desenvolvimiento del erotismo es esencial en el proceso de cambio. Las motivaciones existenciales se enriquecen por la fuerza del eros y el deseo de amor.
       
      LA CONTROVERSIA NATURALEZA-CRIANZA (nature-nurture)
       
      29- El clásico criterio de que la herencia es rígida y fatal, mientras que el medio ambiente es flexible y multifacético, debe ser examinado. Visto el ambiente desde el estructuralismo de Lévi Strauss, quedan en evidencia las rígidas formas culturales que limitan las opciones del potencial genético.
       
      30- Es como si los sistemas de valores de cada cultura crearan canales de extrema rigidez, a través de los cuales el potencial genético debe manifestarse, dando origen a sociedades homogéneas en su patología y reprimidas en su creatividad
       
      31- Un modelo teórico debe posibilitar un intenso proceso de remodelación, cuestionando los factores culturales, para ajustarse a las auténticas necesidades de la vida.
       
      32- Si el acto de vivir es una manifestación sutil del portentoso movimiento de un universo biológicamente organizado y en permanente ‘creación actual’, la creatividad humana podría considerarse como una extensión de esas mismas fuerzas biocósmicas expresadas a través de cada individuo. Somos, al mismo tiempo, el mensaje, la criatura y el creador.
       
      33- Llegó la hora de asumir que nuestra grandeza no está en el espíritu, sino en la existencia. Y dicho de una manera aún más radical, nuestra grandeza es nuestra vida. Tenemos, por lo tanto, que abandonar los tradicionales enfoques de la psicología de la creatividad, para entrar de lleno en la narrativa de lo extraordinario.

    • oscar varela

      1- La morfogénesis no se comprende si no vemos en ella un proceso
      – regulado y dirigido por impulsos de dentro, que, en etapas ulteriores del desarrollo,
      – son transmitidas por la circulación humoral.
       
      2- Cada día parece más probable el gran papel
      – que en la morfogénesis corresponde a las secreciones internas.
       
      3- Como un nuncio animador,
      – llega a tal punto de la periferia corporal la hormona de servicio
      – y excita o inhibe la proliferación celular en aquel sitio.
       
      4- La secreción interna va siempre pulsada, en varia medida, por la emoción.
      – ¿Es tan sorprendente que digamos: EL ALMA ESCULPE EL CUERPO?
      ……………………
       
      5- Sin premeditarlo, el vulgo español ha unido inseparablemente
      la figura al genio individual,
      – adscribiendo ambos a la persona irremediablemente—hasta la sepultura.
      – Y es que ambos son dos haces de lo mismo:
      – la figura es expresión del carácter, y
      – el carácter, escultor de la figura.
      …………………………..
      (OCT2,590)

  • Isidoro García

        David Eagleman, escribió un artículo sobre un incidente que tuvo el actor Mel Gibson, que fue detenido por una patrulla de la policía que le sometió a un test para medir su grado de intoxicación alcohólica mientras conducía su coche de forma imprudente por una vía pública.

    • Isidoro García

      Mel, en plena euforia etílica, empezó a proferir insultos hacia los judíos, y contra la policía, con el agravante de que el policía que lo detuvo era judío.
          Total que además de la correspondiente multa, fue acusado de odio racial y xenofobia. En el juicio que hubo, Mel y su abogado, alegaron que él, en circunstancias normales, no era racista en absoluto, y que además su religión católica se lo prohibía terminantemente.
          Fue absuelto por el jurado popular, pero quedó en el aire la cuestión de si el alcohol, desinhibía el autocontrol, y daba suelta a lo que se pensaba en el fondo, o si incluso el alcohol, u otras sustancias, podían provocar delirios cognitivos ajenos al pensamiento de la persona en circunstancias normales.
            Este tema está muy ligado a Pablo, Romanos 7, 18- 24: “Pues no hago lo bueno que deseo, sino que obro lo malo que no deseo. Y si lo que no deseo es precisamente lo que hago, no soy yo el que lo realiza, sino el pecado que habita en mí. Así, pues, descubro la siguiente ley: yo quiero hacer lo bueno, pero lo que está a mi alcance es hacer el mal”.
          Y para resolver este dilema, es preciso conocer como funciona la mente humana, y por lo tanto su influencia en la conducta humana.
       
           La mente funciona mediante patrones de conocimiento y funcionales, que son agrupaciones específicas de neuronas, (de los que tenemos 300 millones en el neocórtex), para una función muy concreta.
            Estos patrones de conducta concretos, se agrupan en grupos temáticos, pues sirven a un propósito único, y todos no tiene más remedio que dirigirse inexorablemente hacia ese objetivo concreto, más amplio. Se relacionan entre sí por razones de proximidad semántica, o bien por el posible adyacente.
            Y estos superpatrones temáticos, Eagleman en su libro «Incógnito, las vidas secretas del cerebro», los denominan como “zombis”, que son autónomos, y no módulos, porque de alguna manera los sugieren como algo mecánico.
           Esta idea de la mente como un campo de lucha de elementos autónomos, fue Jerry Fiodor en 1983, expuso esta idea, que había sido enunciada ya por Henry James.
              Posteriormente Marvin Minsky, pionero de la I.A., en un libro de culto que se llama La sociedad de la mente” (1987), propuso que la complejidad del cerebro debería ser contemplada, como una diversidad de subrutinas, (o programas auxiliares), especializadas en una tarea concreta, cuya interacción sumatoria en un nivel superior, daría como resultado la inteligencia humana a través de la emergencia de propiedades nuevas.
            Esta idea de Minsky ha sido retomada recientemente por muchos investigadores evolutivos que han hablado de un cerebro modular algo así como una navaja suiza.
       
          Esta idea de Minsky ayuda a responder a la pregunta acerca de la culpabilidad de Gibson de xenofobia.
              Es obvio que en el cerebro de Gibson existe un módulo, una subrutina xenofóbica, lo cual no significa que Gibson sea xenófobo, puesto que esta rutina existe en todos y cada uno de los cerebros humanos, incluyendo a los del lobby judío.
           Y existe porque se trata un producto de la evolución, de la selección natural. Existe porque evitar los contactos con extraños es para nuestro cerebro esencial, y nuestro sistema de alarmas se activa ante lo que detectamos como peligroso.
             Un extranjero o desconocido, es potencial-mente peligroso, y nuestro “sistema de detección de humos” está ahí para eso, y se trata de una subrutina en el sentido de Minsky, o un zombi de Eagleman.
            Ahora bien, es cierto que si bien todos nosotros somos portadores de ese sistema de neuro-defensa, no todos lo activamos del mismo modo: unos pueden llegar a matar a alguien solo por ser extranjero y otros, -muchos- se dedican a excluir a ciertas etnias a las que consideran “extrañas”.
             La mayor parte como Gibson solo les insultan de modo genérico cuando se embriagan o van al fútbol.
             Depende del grado de activación o de importancia que tenga la amenaza en el sentido más primitivo de la palabra: homosexuales, extranjeros, minorías étnicas, religiones distintas o colores de la piel diferentes sirven para disparar la subrutina “xenofóbica”. El grado de socialización que haya alcanzado cada cual es la variable critica que vendrá a inhibir la respuesta fisiológica xenofóbica.
       
           Y además del nivel primario de patrón individual, (300 millones), y el nivel secundario de “zombi”, (= rutinas operativas y cognitivas, que utilizamos inconscientemente, para resolver problemas que nos acaecen. Y con carácter autónomo, como todo arquetipo junguiano), existe un tercer nivel superior.
           Y es el de los “egregores” = comunidad humana  ideológica, (como el arquetipo tribal, o iglesias, clubs de fútbol o partidos políticos), que adquiere una entidad psicológica propia, y aumenta su potencia psicológica en función del tamaño de la comunidad, activando e “infectando” en sus humanos integrantes, infeccionando a sus individuos integrantes, de los “virus – zombis”, que les son favorables para aumentar su fortaleza. Estas rutinas o zombis, son múltiples rutinas útiles, para aumentar su potencial, y es una buena explicación de la Psicología de las masas.
       
      Referencia: Culpa y biología  – Francisco Traver -2013 – https://pacotraver.wordpress.com/?s=Culpa+y+biolog%C3%ADa&submit=Buscar

  • ana rodrigo

    Os voy a contar una experiencia personal.

    • ana rodrigo

      Como es obvio, no sé nada de esta como de tantas otras materias, pero independientemente de lo que diga este científico, a mí personalmente me fascina el tema  que, en realidad, es saber algo de lo que realmente configura a un ser como humano. Algunas de las cosas que dice este científico, cualquiera las podemos deducir a partir de nuestra observación, como es la capacidad de adaptación a las circunstancias y, viceversa, cómo influyen las circunstancias en el funcionamiento cerebral. Dónde y qué manera ocurre eso, es lo que trata  la ciencia.
       
      Además, lo que dice el autor de cómo, cuando falta un sentido se produce la sobreactivación de otros sentidos, está a la vista de todo el mundo. Ya he dicho en varias ocasiones que yo tengo una hija que nació sorda y nadie de la familia nos enteramos que lo era hasta que tuvo un año, porque ella estaba con la vista en todo para suplir el oído, hasta que un día yo percibí un detalle me que hizo sospechar. A partir de entonces y con el diagnóstico correspondiente, siguió siendo la vista el vehículo para enseñarle, a hablar y a comprender el lenguaje, ¡¡muy, muy difícil y laborioso, las 24 horas del día de todos los días!!!. Por este motivo, antes las personas sordas se denominaban sordomudas, porque hay que saber y trabajar muchísimo y de forma constante, sin desalientos de ninguna clase y con una fe inmensa de que ese trabajo daría sus frutos a medio y largo plazo y a ver con qué resultados. Y yo, sin saber nada del tema….. Leyendo, informándome, e inventándome métodos para todo. Yo llegué a pensar en voz alta y a verbalizar cada cosa que hacía para que mi hija me viese la cara, no sólo los labios. Llegó a tal nivel su agudeza visual, que el más mínimo movimiento de mi cara o mi garganta, ella lo sabía interpretar.

      Otra cosa fue el lenguaje. Me negué a que fuera a un colegio de sordos. Es una larga historia, pero ella, en este momento, habla perfectamente y lee los mismos libros que yo.

      Cuando tenía 18 años yo me enteré que se existían los implantes cocleares, en una etapa muy inicial. En la clínica de Pamplona, que era pionera y de las pocas que lo hacían, mi hija fue la número 75; ahora hay millones en todas las clínicas y en todo el mundo. Y a partir de entonces tuve que partir de cero otra vez, porque su cerebro nunca había escuchado ningún sonido y, si yo me tapaba la boca y le decía a, su cerebro no lo identificaba  ni con la letra escrita ni con el sonido que ella misma utilizaba para hablar aprendido, como he dicho de forma visual, lo que supuso repetir y repetir, trabajar y trabajar, con la dificultad añadida de que, al igual que aprender un idioma a cierta edad el cerebro tiene más dificultad, pues a ella se le añadía esa dificultad. Ahora ponen los implantes cocleares a bebés cuando detectan o sospechan que hay o puede haber sordera y, en este caso, adquieren el lenguaje de forma normal y equivalente a una persona oyente. Con dos implantes de un número de electrodos debajo del cráneo y con unos auriculares externos. 
       
      Perdonad, por contaros una experiencia tan personal.

      Los últimos descubrimientos de la robótica o leer con la vista o, creo, que hay sistemas que leen hasta los pensamientos, es una maravilla.

      Otro tema es la asociación que tradicionalmente del cerebro con el alma y, con sentido dual, ya que al morir el cerebro se destruía pero el alma se iba a otra dimensión con distintas adjudicaciones. Y aún hay millones y millones de personas que siguen en esta creencia, pero eso ya es una cuestión personal. La ciencia ni dice ni creo que pueda decir nada de si eso es así.

      La IA, a mí me da qué pensar. Me preocupan mucho también las enfermedades mentales sin solución posible, como la esquizofrenia o las depresiones, y tantas otras enfermedades terribles para l@s pacientes y para sus familias

      • ana rodrigo

        Nota, en la Selectividad sacó una note de 8 en Francés y otro 8 en Inglés. Conduce su coche, es autónoma, hace 18 años que trabaja en una empresa, y me callo, porque se me cae la baba al verla tan sensata, tan inteligente, ya valiosa como persona. Un beso lleno de agradecimiento para mi hija.

        • Javiierpelaez

          Muchas felicidades. Eres una madre fantástica.

        • oscar varela

          Todo un ejemplo, Ana!
          Abrazo!

        • Juan A. Vinagre

          Amiga Ana: Me uno a lo que te dicen Javier y Oscar. Conozco un caso de sordera profunda que los padres no percibieron hasta que la niña tuvo 11 años. ¿Qué ocurrió? Que la niña, inteligente, con lo poquito que oía y adivinaba, más el recurso espontáneo a una lectura labial desarrolló el lenguaje con bastante normalidad, aprendió a leer y escribir al ritmo de las compañeras de su edad y aprobó los estudios de Primaria sin sospechas por parte de las profesoras. Después, ya con prótesis auditiva, hizo carrera, y ejerce. Sirva esto como un ejemplo más de la plasticidad-capacidad de reelaboración del cerebro humano.

        • Antonio Llaguno

          Te admniro, Ana.

          No sé, con certeza,si el ser humano tiene eso que lllamamos alma o hemos sido creados así por Dios o por una fluctuación azaorsa del vacío cuántico, pero me da igual. El ser humano es increible.

          Mi enhorabuena a a tu hija.

          Hace muchos años leí una novela de Morris West que como trama secundaria llevabaa la historia de una niña con síndrome de Dawn. El autor (A quien yo admiro mucho como escritor de novelas) defendía que las personas como esa niña eran “Los bufones de Dios”, es decir los seres que Dios ponía en la Tierra para su exclusivo deleite, sana diversión y gozo personal.

          No se si será así, pero las personas con discapacidad nos enseñan, a diario, que si queremos, odemos ser todos seres excepcionales.Por que ellos, como no les queda más remedio, lo son siempre.

          Un abrazo y mi admiración por tu hija y por ti.

        • mariano alvarez

          Ana, el amor siempre supera a la inteligencia y precisamente porque no tiene secretos que ocultar. El amor se da incondicionalmente y es la máxima expresión de la libertad. Recuerda: Obras son amores y no buenas razones. Te felicito por compartir tu experiencia personal que da testimonio de lo que el amor puede hacer. El amor es el mejor contraargumento a todo mecanicismo ilustrado, llámese IA o cualquier otra cosa.

          Un abrazo. No sabes cómo me has levantado el ánimo al leerte. El amor agudiza la inteligencia y no a la inversa…..

      • Mónica

        Hola Ana, tu experiencia es muy interesante y motivadora, un ejemplo a seguir.

        Si bien los implantes cocleares permiten a las personas sordas recibir y procesar sonidos y lenguaje, que no es poco,  sin embargo, estos dispositivos no restablecen la audición normal. Son herramientas que permiten procesar los sonidos y el lenguaje y transmitirlos al cerebro. Un avance importantísimo.

        En niños pequeños que son sordos o con problemas graves de audición, el uso de un implante coclear desde pequeños los expone a los sonidos durante un período crítico para el desarrollo de las habilidades del habla y del lenguaje. Las investigaciones han demostrado que cuando estos niños reciben un implante coclear seguido por terapia intensiva antes de los 18 meses, pueden ser capaces de escuchar, comprender el sonido y la música, y de hablar, aquí tenemos la experiencia de tu hija.

        No existe una cura para la esquizofrenia, pero muchas personas con la enfermedad pueden llevar vidas productivas y gratificantes con el debido tratamiento, podemos decir que un al menos un tercio de las personas que padecen esquizofrenia experimentan una remisión completa de los síntomas. Y la depresión es un trastorno mental que  bien diagnosticado y tratado se  cura.

        • ana rodrigo

          Gracias, Mónica por tus palabras. Efectivamente, lo que dices de los implantes es tal cual lo explicas, conozco casos de muchas situaciones diferentes y, como dice mi hija, “yo oigo, pero no sé como oís los oyentes”. El implante le llegó tarde a mi hija, pero le está sacando mucho provecho. Y, con todo lo que supone el implante, estas personas, siguen siendo sordas pues dependen de esta herramienta. Pero, entre el implante y lo que pasaba antes, hay un infinito. Si yo te contara cómo fue el trabajo antes del implante…: los sonidos guturales (por ej. vaca, vaga y baja) o las palabras sobre conceptos abstractos, el sentido del tiempo y los tiempos verbales…..; sonido a sonido, palabra a palabra, conceptos a concepto, todo a través de la vista. Con lo fácil que es que el lenguaje llegue al cerebro por el oído, y lo difícil comprender y, más que “,decir” “pronunciar”, -las dos cosas-, porque mi hija me explica lo mal que lo pasaba cuando comprendía una palabra y no sabía decir si le dolía algo, o si tenía hambre, y lloraba y no podía decirnos porqué. Como dice la canción ya citada por mí: “gracias a la vida que me dado tanto, me ha dado el sonido y el abecedario, con él las palabras que pienso y declaro, madre, amigo, hermano….”

           

          Hace falta mucha empatía con cada persona que tiene algún problema; de esto tú, Mónica, lo sabes todo  como profesional que eres, pero en la vida cotidiana, el saber escuchar y empatizar, es la base de las relaciones humanas.

           

          En fin, no quiero abusar más de vuestra amabilidad. Me dicen que hablo mucho y, yo, en broma, les digo, es que he sido capaz de hacer hablar a una personita destinada a ser muda.

           

          Un abrazo, amiga Mónica, tienes una profesión envidiable.

           

           

          • Mónica

            Querida Ana, mi profesión la hacen envidiable los pacientes, y las personas que como tu les acompañan con su cariño y su dedicación, en la curación de cualquier enfermedad esto es fundamental. Mi enhorabuena a las dos.

            Un abrazo.

      • ana rodrigo

        No me resisto a agradecer con todo mi corazón  a quienes habéis valorado mi trabajo con mi hija. Quise ubicar mi experiencia en el tema del que trata este artículo. Como en tantos otros temas, la experiencia vale más que mil teorías, por eso hice este relato sobrevolando por encima de una realidad muchísimo más amplia y compleja de lo que os cuento.

         

        Y sí, tenéis razón, el amor que se pone como madre, en mi caso (su padre se bloqueó mentalmente y quedó inactivo), no tiene límites, al mismo tiempo que estimula otras muchas capacidades que se nos vienen dadas con el propio cerebro humano. Pero también os digo que conocí a muchas madres y padres con la misma grandeza de corazón que yo podía tener, pero limitadas y dolidas por su incapacidad para poder salvar tantísimos obstáculos. Le recomendaban ir al colegio de sordos, pero allí le enseñaban la lengua de signos, mientras yo pensé, la sociedad en la que mi hija va a vivir es una sociedad parlante y normoyente, por eso la llevé a un colegio de oyentes. A todo lo demás, -“gracias a la vida”, como cantarían  Joan Báez y Mercedes Sosa-, me ayudó mi profesión de docente. Yo quise ayudar a otras familias con mi trabajo en la casa en el día a día, a través del colegio de sordos, pero el profesorado se lo tomó como si yo fuese una intrusa en su profesión, y sólo puede reunirme  con madres en una ocasión. Y estaban molestos porque no la había llevado al colegio de sordos, cosa que no se había dado en ningún otro caso.

         

        Y no sólo las madres y los padres carecíamos de información y herramientas para hacerle frente a este problema, también les pasaba a los mismos profesiones de la medicina. Al primer otorrino que la llevé, me dijo que no me preocupase si no hablaba con un año, porque él tenía un hermano que no habló hasta los tres años. Como no me convenció, fuimos, su padre y yo, a un segundo, y nos dijo que sí, era sorda, que llevásemos cuando tuviese dos años y medio para ponerle un audífono (craso error porque, como dije ayer, la estimulación auditiva hay que empezarla lo antes posible). Y no conformes, fuimos a un tercero otorrino a Madrid y, éste, sí nos explicó de toda la verdad pero nos dio esperanzas de que si trabajábamos con ella podría conseguir muchos logros. Yo estuve llorando no sé cuántos días, al final me dije, así no se pone solución a nada. Desde ese mismo momento, me puse en marcha con todas mis energías y, aunque los detalles del trabajo, no vienen al caso en este lugar, a mí no me paraba nada ni nadie. Mi herramienta de pequeña era el juego, pues mi hija no comprendía para que servía hablar. En el colegio de oyentes, la directora, no quería admitirla, pero yo la matriculé. Como no había apoyo en las clases, yo tenía que “traducirle” por escrito, previamente en casa, cada tema de cada asignatura al nivel de expresión y comprensión que tuviese en cada momento. Nunca suspendió ninguna asignatura. Ella sufría mucho también, pero se comportó como una jabata. Por ella me vine a vivir a Granada para poder seguir ayudándola en la universidad, a pesar de que me costó muchas lágrimas el poder venir, porque el jefe de personal de la Delegación de EC, no quería concederme una comisión de servicios para cambiar de ciudad pues decía, entre otras barbaridades, que mi hija “lo que necesitaba era irse de discotecas hasta las cuatro de la mañana y salir de las faldas de su madre”, literal. Mientras yo sabía de comisiones de servicio a compañeras mías por enchufe, y tenía que “morderme” la lengua para no empeorar las cosas.

         

        Ufffff, y así, sin límites. En Almería, donde vivíamos, de unas dos mil niñ@s y jóvenes sordos, mi hija fue la primera en estudiar bachillerato y en ir a la universidad.

         

        Conclusión, los seres humanos tenemos muchos recursos para humanizar, (aunque parezca una redundancia) aún con todo en contra.

         

        Nuevamente pido disculpas, pero me parece interesante compartir todo lo que he contado, para animarnos mutuamente cuando la vida se se nos pone al revés en tantas cosas, de las que a mí me tocó una buena parte de ellas. Repito “gracias a la vida, que me ha dado tanto….”

         

        Abrazos de corazón.

         

         

         

  • Mónica

    El entrevistado no es exactamente un neurólogo de prestigio, es más bien un showman, un divulgador científico,  está bien para los neófitos, pero nada aporta al conocimiento científico. Obviedades y nada más, es intrascendente e ignorado por un  profesional serio. Si se quiere poner un artículo que aporte conocimientos serios es mejor consultarlo entes aunque tampoco este espacio tiene por qué ser lo que no es.

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