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¿Por qué hemos llegado adonde estamos?: los peligros planetarios

Esta misma semana he oído a un comentarista político de derechas atribuir al libro “Los límites del desarrollo” (1982) la actual “histeria ecologista” que dificulta cada vez más el progreso tecnológico, incluso en la agricultura. ¡Qué necesarias son reflexiones como las de Leonardo para frenar el ultra-liberalismo que amenaza el mundo, con negacionistas al poder como Milei y, probablemente, Trump! AD.

A nadie se le pasa por la cabeza que la situación mundial sea buena. Lo que presenciamos por los medios digitales/sociales son escenas de guerra, niños inocentes asesinados por la furia de los ataques contra Hamas, sacrificando ilegítimamente a todo el pueblo palestino de la Franja de Gaza, la guerra entre Rusia y Ucrania que dura ya dos años y otros 18 lugares de violencia y crímenes de guerra en África y otras partes.

Según la famosa ONG Oxfam, en 2024, la fortuna personal de los 36 individuos más ricos del mundo, equivale a los ingresos de más de la mitad de la humanidad, concretamente, a 4.700 millones de personas. En Brasil los 3.390 más ricos (el 0.0016%) poseen el 16% de toda la riqueza del país, más que 182 millones de brasileros (el 85% de la población).

La misma fuente nos afirma que cada cinco segundos un niño de menos de diez años muere de hambre o de sus consecuencias más inmediatas. ¿Quién no se conmueve, en su humanidad mínima, con tales escenas dramáticas, verdaderas tragedias humanas? Parecería que hemos tocado los límites del fin de los tiempos. Son escenas que podrían estar en el libro del Apocalipsis.

Para entender la crisis actual, debemos retroceder al siglo XVII/XVIII con la aparición del paradigma de la modernidad. Los padres fundadores, Francis Bacon y especialmente René Descartes y otros rompieron con una larga tradición de la humanidad. Esta entendía la naturaleza, la Tierra y el propio cosmos como algo vivo y cargado de propósito.

Pero he aquí que surge Descartes e introduce un dualismo fundamental de graves consecuencias históricas. Él distinguió la res cogitans, el ser pensante y portador de espíritu, de la res extensa, cosa extensa y material, los demás seres. El único portador del espíritu, res cogitans, es el ser humano. Los demás seres, la res extensa, obran mecánicamente y sin un sentido manifiesto. Con esto introdujo por un lado un severo antropocentrismo y por otro, un craso materialismo. La Tierra y la naturaleza solo tienen algún sentido en la medida en que se ordenan al ser humano que las trata como le apetece. Esta concepción materialista del mundo no humano abrió espacio para todo tipo de uso y abusos, inclusive en la propia investigación científica, sin preocupación ética de las consecuencias que de ella se podrían derivar.

De ahí nacieron todas las ciencias modernas y su aplicación práctica en una operación técnica. La tecnociencia fue el gran instrumento al servicio de los únicos portadores del espíritu, los seres humanos, separados de la naturaleza y “dueños y señores” de ella (Descartes), transformados después en colonizadores, esclavócratas y devastadores sistemáticos de la naturaleza. La ciencia no fue puesta al servicio de la vida sino de la dominación de los otros y de la naturaleza.

De ese dualismo inicial surgieron otros dualismos: espíritu y materia, cultura y naturaleza, civilizado y salvaje, idealismo y materialismo, que desgarran la experiencia humana. Se perdió la visión de la totalidad.

Con estos presupuestos se proyectó la arquitectónica del saber atomizado, sin relacionar un saber con los otros saberes, hasta el punto de saber cada vez más sobre cada vez menos.

Indudablemente, este paradigma de la modernidad trajo grandes beneficios en todos los ámbitos de la vida humana, haciéndola menos penosa, refinando los medios de curación, creando los instrumentos de locomoción, las grandes avenidas de comunicación digital y nos llevó hasta el espacio exterior, a la Luna y a Marte y al universo más distante, fuera ya del sistema solar.

Ese paradigma se concentra en el reino de los medios, sin definir salvo raramente (o nunca colectivamente) los fines para los cuales los medios deben servir. El capitalismo entendió bien la cuestión y le definió un fin: un crecimiento ilimitado a través de la acumulación individual de riqueza, en la lógica de la mayor competición posible, explotando lo más que pueda los recursos de la naturaleza, suponiendo falsamente que la Tierra también posee recursos ilimitados.

A partir de 1972 con el documento Los límites del crecimiento, la conciencia colectiva despertó al hecho de los límites de la Tierra y de su incapacidad de sostener un proyecto ilimitado. El gran sistema de producción nunca dio mucha importancia a tal hecho. Lo decisivo es garantizar las ganancias y la riqueza.

Los empresarios y los grandes consorcios económicos y financieros están poniendo su confianza en la omnipotencia de la tecnociencia que sería capaz de dar una solución a todos los problemas. Esa fue y sigue siendo su gran ilusión. Su sistema económico-financiero, mundialmente integrado, está de tal forma engrasado que le faltan las condiciones y las ganas de parar. Parar sería abandonar su fin, la acumulación ilimitada, cambiar de la relación de explotación a una relación amigable con la naturaleza, es decir, implicaría negarse a sí mismo. Ahora está quedando claro que el sistema mundial está agónico, dados los cambios de la faz de la Tierra.

Frente a la voracidad del sistema mundial de explotación/devastación de la naturaleza, la Tierra viva viene reaccionando de distintas formas: con eventos extremos, con la liberación de virus, algunos misteriosos, el virus X, diez veces más letal que el coronavirus, cubriendo todo el planeta. Ha vuelto obsoletas las fronteras entre las naciones y afectado peligrosamente a toda la humanidad.

Últimamente el cambio climático parece haber alcanzado un punto irreversible. La Tierra ha cambiado debido a las prácticas irresponsables (antropoceno) de los que toman las decisiones políticas, controlan el curso mundial de los capitales y de las finanzas y persisten en la devastación de la naturaleza. Sería injusto atribuir simplemente ese cambio climático a la actividad de las grandes mayorías empobrecidas que, comparadas con las citadas, poco contribuyen. Estamos presenciando a nivel mundial los efectos deletéreos de esos cambios: los eventos extremos. La ciencia y la técnica ya no podrán revertir esta mutación, solo advertir la llegada de los eventos amenazadores (inundaciones, vendavales, tsunamis, sequías prolongadas y nevadas aterradoras) y aminorar sus efectos dañinos.

Ahora podemos responder: ¿por qué hemos llegado adonde estamos? Porque desde hace ya tres siglos, los países dominantes situados en el Norte Global decidieron habitar de esta forma peligrosa y devastadora la única Casa Común que tenemos. Impusieron a todo el mundo su modo de vivir, de producir, de competir y de consumir. No se nos ve como ciudadanos sino como clientes y consumidores.

Actualmente, debido al acúmulo de crisis planetarias y a nuestra capacidad de autodestruirnos con armas atómicas, hemos llegado a un punto en el que el retorno se vuelve prácticamente imposible. De seguir por el camino inaugurado hace siglos, vamos camino de nuestra propia sepultura.

Estoy de acuerdo con el viejo Martin Heidegger: “Sólo un Dios nos podrá salvar”.

*Leonardo Boff ha escrito La búsqueda de la justa medida: como equilibrar el planeta Tierra, Vozes 2013; Cuidar la Tierra-proteger la vida: cómo escapar del fin del mundo, Nueva Utopía 2010.

Traducción de MªJosé Gavito Milano

11 comentarios

  • olga Larrazabal

    Creo que el mayor peligro consiste en el capricho de la vida, de la cual somos hijos, de proliferar en un planeta que no es un reloj y que está sometido a fuerzas de la naturaleza que no podemos manejar, como la evolución.

    La tierra no tenía atmósfera y la aparición de la vegetación que dejaba como residuo oxígeno, permitió que ciertas formas de vida usaran este oxígeno como combustible, para poder crecer y moverse. Y así siguió la cadena hasta utilizar combustibles fósiles  para el trabajo.  Pero además la tierra tiene sus propias variaciones independientes de nosotros.Cometas que pasan y dejan una cola en la atmósfera arruinando miles de años de evolución de la vida. Volcanes que explotan como el año 583 de nuestra Era, el sol no se vio por muchos meses, se perdieron las cosechas, vino la peste y los barbaros atravesaron los limites del Imperio Romano de Oriente etc etc  Y se piensa que la caída de los Imperios de la Edad del Bronce en el Mediterráneo pueda haber tenido su origen en la sequía producida por el cambio climático de algún volcán, quizás Santorini.

    Yo, que vivo en país de terremotos, sé que cualquier día mi edificio que está construido arriba de una falla geológica, pueda no resistir el baile.

    Lo que quiero decir que ralentizar las economías produciendo una catástrofe económica que nos haga volver al Neolítico, no va a resolver el problema, sino que nos está llevando a una serie de guerras y desastres sociales que no mejoran el clima.Lo que no quiere decir que no haya que ser prudente, pero tampoco majadero con el tema.

  • Juan A. Vinagre

    Ante el panorama de una catástrofe colectiva, que sugiere, como posible, L. Boff (y también muchos otros), parece que solo cabe concluir con las palabras de M. Heidegger, que cita Leonardo: “Solo un Dios nos podrá salvar”.  O también: “solo una catástrofe apocalíptica que afecte TAMBIÉN AL PODER LE-nos hará entrar en razón y producir en nosotros un nuevo y más sano modo de pensar y de reconocer-descubrir valores auténticamente humanos”. Así el ego del Poder, que dicta valores a la carta -siempre muy elitistas-, podrá tomar consciencia de que lleva un rumbo equivocado, tan torpe que conduce al exterminio y al suicidio. Sabemos que la adicción al poder ciega, y que esa adicción aliena…, pero también cabe la esperanza de que el neocórtex del “homo sapiens” madure la capacidad de ver y -¡por fin!- VEA Y PIENSE Y ORDENE VALORES y se vuelva SAPIENS de verdad. Mientras esto no ocurra, este pobre sapiens, que es más limitado de lo que piensa -ahí está su historia, también la de hoy, la de estos días-, no será capaz de discernir…, o se amnistiará de los males y barbaries que causan tantas tragedias…  ¡El poder es el que crea la moral-ética que salva!  ¡No Dios, sino el Poder, que sabe discriminar bien, es el que salva, repiten y reiteran!  En estas circunstancias, siempre concluyo con lo mismo: Solo el Dios de Jesús de Nazaret y su Mensaje del Reino puede salvarnos y hacernos V E R…, aunque solo sea para hacernos más HUMANOS. ¡Si somos más humanos -humanos de verdad- estamos en el buen camino! 

  • Santiago

    Ha de tener sentido la vida, puesto que tenemos “conciencia pensante y sentiente” por la cual sabemos y experimentamos nuestra realidad, la cual no fue de nuestro propio ingenio, sino que dependió y depende de una Inteligencia Creadora -Amor Absoluto- que nos llamó -sin pedirlo- a nuestra humana existencia..ya que es imposible nuestra propia “auto-creación”…

    No somos Dios… No podremos encontrar el sentido “pleno” de la vida en las cosas y avatares del mundo…porque la felicidad total siempre se escapa…no es permanente, ni infinita aquí en la tierra…

    Es por eso que sabemos que existe lo trascendente que responderá a nuestros “deseos infinitos”  que son insaciables en este mundo..pero que se cumplirán cuando “lo corruptible se revista de incorruptibilidad”… Por eso, a pesar de que el mundo parece avanzar irremisiblemente hacia su aniquilación total, esto sólo es “aparente” puesto que la  “Inmanencia”  es necesariamente trascendente y lo corruptible e intrascendente pasará, solo sobrevivirá el espíritu infuso  que es incorruptible e inmortal. Todo pasa, está pasando y pasará. Nada permanecerá bajo el firmamento sino el Amor trascedente que todo lo abarca y sostiene.

    Un saludo cordial
    Santiago Hernández

  • Nacho Dueñas

    Sinánimus incordiandi:

    • Nacho Dueñas

      Peligros sistémicos que amenazan a la humanidad:

      -El hambre: Cerca de 1000 millones la padecen. Sobra tecnología y falta voluntad política.

      -El cambio climático: Mayor-Zaragoza y Al Gore llevan décadas avisando. Y Leonardo Boff unos años. En estos años estamos cruzando el punto de no retorno. Y sin reducir drásticamente los niveles de consumo no hay solución, mal que le pese al fundamentalismo tecnolátrico (de masiva difusión).

      -La robotización de la humanidad: Esta es la peor, porque es más intensa, más reciente, y aún, salvo algunos pensadores, nadie ve el problema. Pero de seguir así, lo más probable es que en 20 años nos hayamos extinguido.

      -La guerra nuclear. Caída la URSS, respiramos tranquilas, pero con la guerra fría inminente EEUU-China, que podrá pasar a guerra real, por Taiwán (agárrense que viene curvas), esa posibilidad se va a hacer muy real.

      Por último, no sé, Óscar, si solo un dio nos podrá salvar. Pero está claro que el ser humano no se va a salvar a sí mismo. Y aunque no soy teísta, tengo al respecto más fe en el tao que en la tecnología. Esta humanidad tan progresista, tan racionalista y tan laica, creyéndose atea lo que ha hecho es cambiar de dios: la tecnología. y confía (vano empeño) en confiar que ella nos sacará de todo esto,, confundiendo veneno con medicina.

      Besos.

      Nacho.

      • oscar varela

        Te leo:
        “está claro que el ser humano no se va a salvar a sí mismo”
         
        ¿Qué te diré?
         
        Ya sabés lo que pienso:
         
        UNA: “el ser humano” es una abstracción
        Yo veo a los seres humanos “concretos”:
        Graciela, Guillemo, … yo mismo, etc.
         
        DOS: los veo moviéndose, viviendo, ‘haciendo’ algo
        ‘por’ algo y ‘para’ algo …
         
        TRES: … en las ‘cosas’ del mundo
         
        «Mi vida está hecha de mí y de todo lo que me rodea»
        [Jorge Mañach estima, así, enriquecer la frase: “Yo soy yo y …”
         
        ¿Tenés algo más consistente y contundente donde asentar “tu vida”?
         
        Aun esas mismas ‘frase’ son ‘productos’
        – que fabricaron seres humanos concretos.
        También la Tecnología, el Tao, Dios, etc.
         
        Habrá que ‘fabricar’ instrumentos nuevos;
        – la ‘razón física’ fue una y dio grandísimos resultados.
        – hoy -luego de pasarnos- le vemos el traste y algunas ‘cagadas’
         
        Yo me anoto a la “razón vital (histórica)’
        Ya sabés de Quién.
         
        ¿Y vos?
         
        Abrazo!

        • Nacho Dueñas

          ¿Y vos?”, me preguntas.

          Respondo:

          -Yo sí creo que además de los individuos concretos con rasgos propios, están los pueblos con rasgos propios, y la humanidad con rasgos propios, y el universo con rasgos propios. Microcosmos y macrocosmos que no se anulan sino que se complementan.

          -Creo que la humanidad es la “enésima autobiografía de un fracaso” (escribió Aute, refiriéndose a otra cosa), o “el feroz, la fiera que grita y canta ciega, ese animal remoto que devora y devora primaveras” (Silvio Rodríguez).

          -La mayor parte de las personas que conozco me parecen buenas gentes, y las aprecio, pero la  humanidad en conjunto me parece un triste tumor del que el planeta se va a liberar para evitar que salgamos al cosmos y nos transformemos en una metástasis.

          -No obstante, hay minorías (místicos, santos, contraculturales, revolucionarios) que aportan a la humanidad un poquiiiito de luz. Y algunos gigantes sueltos (Cristo, S Fco de Asís, Gandhi, Casaldáliga…).

          -Mi estrategia es buscar esos referentes minoritarios a escala y nivel doméstico y cotidiano, procurar unirme a las causas que valgan la pena (revolución, contracultura, ecotecnología y tiempo-eje), y otras causas micro (Cuba, Venezuela, correísmo…), mientras preparo mi camino de vuelta (aún me quedan unas décadas, pero las cosas deben ser preparadas con tiempo) al universo, preparación que ejerzo con un poquillo de meditación, reflexión, y una vida que intento sencilla, amorosa y lúcida.

          Joder, te he contado mi vida.

          Un abrazo.

          Nacho.

      • Antonio Llaguno

        Creo que hay que ser más realista y menos aLgorero.

        Quiero decir lo siguiente:

        – El hambre en el mundo es evidente y aunque la situaciación ha cambiado mucho para mejor (Hay mucha menos hambre que hace 200 años por ejemplo) sigue siendo el principal problema, en especial cuando es posible crear un mucno autosuficiente, pero debería cambviar la mentalidad egñísta del hombre y los estados (Y no solo los capitalistas, que donde más hambre hay suelen ser régimenes comunistas. Que se lo digan a Cuba y Venezuela, por ejemplo)

        – El cambio climatico. También es evidente que el clima está cambiando, pero ¿Dejó de cambiar alguna vez a lo largo de la historia? Lo que nunca ha estado es quieto. Y me refiero al clima, en global. No al tiempo atmosférico.

        Hoy sale en prensa que la Royal Astronomical Society y Valentina Zarkova de la Universidad de Northumbria, afirman que a partir de 2030 entraremos en una mini edad del hielo o mini glaciación, en especial en el hemisferio norte… precisamente debido al cambio climático y al calentamiento global.

        Es seguro que el planeta, hace 1000 años estaba mucho más cvaliente (Groenlandia era Greenland o Tierre Verde y Terranova Vineland o Tierra del Vino, por lo fértil de sus valles), es decir: ¿Hay cambio climático ? Sí. Nunca dejó de haberlo. ¿Tiene influencia la acción humana? Sí. ¿Sabemos cuales son las consecuencias ? NO. Ni las sabemos ni podremos saberlas.

        Y lo que digan Al Gore (Con intereses económicos enormes en la promoción de determninadas soluciones supuestamente ecológicas, Federico Mayor Zaragoza (Claramente ideologizado al respecto) o Leonardo Boff (Que nos habla de la pachamama y la hipótesis Gaia) no me parece especialmente significativo.

        Entre otras cosas porque la sobre producción de origen humano de CO2 es de apenas un 7% de la misma y lo verdaderamente problemático es la producción de vapor de agua, no de CO2.

        Por otra parte las implicaciones de las emisiones de  CO2 en el desarrollo de los pueblos son mucho más importantes que en el cambio climático, pero eso no importa ni a Al Gore ni a Mayor Zaragoza (Algo más a Boff, eso sí)

        Y no soy negacionista. Pero no me gusta que me estafen.

        – La robotización. Isidoro te diría , Nacho, que no es ningún problema y que lo que debemos hacer es resignarnos a acabar siendo robots con conciencia. Yo no lo tengo tan claro.

        Lo que sí tengo claro es que ya hemos pasado por esto. Se dijo lo mismo cuando la revolución industrial y toso ha quedado en agonías de salón. Y no se dijo lo mismo con la revolución agraria porque no estaba el planeta lo suficientemente globalizado. Es milenarismo de lo más vulgar. La robotización se regulará y sea lo que sea que venga, no va a pasar mañana.

        No nos extnguiremos en el año 30.

        Nos extinguiremos, Nacho. Ten eso por seguro. Pero no lo verán tus ojos.

        – Sobre la guerra nuclear, hay poco que decir. Si no nos tiramos las bombas en 1963, tengo mis dudas de que algún día lo hagamos, pero el riesgo está ahí.

        Tendremos que vivir con él. Nuestros abuelos vivieron con un riesgo de guerra nuclear mucho mayor.

        Pero la guerra China-USA se pantea en un terreno mucho más incruento aunque no menos peligroso: las finanzas y Rusia no ha dicho aún su última palabra.

        Los gobiernos de China y USA me parecen mucho más de fiar que el psicópata de Putin (Salvo que elijan a Trump, claro)

        – Y me llama la atención a que no te hayas referido al mayor peligro de todos: la crisis demográfica. Los países más pobres están superpoblados mientras que los países ricos están cada cez más vacíos de originarios de ese país. Eso creará corrientes migratorias, crisis de refugiados, hambre, miseria cambios culturales… lo que ha pasado siempre, es verdad. Solo que ahora lo sabemos.

        Y no Nacho. Ningún Dios va a venir a salvarmos de eso.

        Hay muchas razones para expresar eso y no es la más baladí el hecho de que si Dios existiera (Que lo que yo crea o no crea es aquí intrascendente), no tenddría por qué tener el mismo puntyo de vista que nosotros y lo que a nosotros nos parece un problema, quizás no lo sea para Él desde su perspectiva (En caso de que tenga eso que llamamos perspectiva)

        Dios no puede hacer nada que no hagas tú (O yo, o nosotros) en su nombre, o como decían en mi pueblo cuando corríamos las vaquillas en San Miguel: “Fíate de la Virgen y no corras”

  • oscar varela

    Estoy de acuerdo; pero …

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