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Principio-bondad: un proyecto de vida

          En términos de ética, no se deben juzgar los actos tomados solo en sí mismos. Ellos remiten a un proyecto de fondo. Son concretizaciones de ese proyecto fundamental.

          Todo ser humano de forma explícita o implícita se orienta por una decisión básica. Ella es la que confiere valor ético y moral a los actos que pavimentan su vida. Por tanto, ese proyecto fundamental es el que debe ser tomado en cuenta y juzgar si es bueno o malo. Como ambos vienen siempre mezclados, el dominante es el que se traduce por actos que definen una dirección en la vida. Preservada, queda la constatación de que bien y mal siempre andan juntos. Dicho en otras palabras: la realidad es siempre ambigua y acolitada por el bien y por el mal. Nunca están solo el bien por un lado y el mal por el otro.

          La razón de esto reside en el hecho de que nuestra condición humana, por creación y no por deficiencia, es siempre sapiente y demente, sombría y luminosa, con pulsiones de vida y con pulsiones de muerte. Y esto simultáneamente, sin que podamos separar, como dice el Evangelio, la cizaña del trigo.

          No obstante esta ambigüedad, lo que de verdad cuenta es la dimensión predominante, si es luminosa o sombría, bondadosa o malvada. Y aquí se funda el proyecto fundamental de la vida. Él define la dirección y el camino se hace caminando. Ese camino puede conocer desvíos, pues así es la condición ambigua humana, pero siempre puede volver a la dirección definida como fundamental.

          Los actos adquieren valor ético y moral a partir de ese proyecto fundamental. Él se afirma ante el tribunal de la conciencia, y para personas religiosas, es juzgado por Aquel que conoce nuestras intenciones más secretas y confiere el correspondiente valor al proyecto fundamental.

          Seamos concretos: a alguien se le mete en la cabeza que quiere ser, a toda costa, rico. Todos los medios para tal proyecto son considerados válidos: habilidad, engaños, ruptura de contratos, golpes financieros y apropiaciones de fondos públicos, falsificando datos aumentándoles el valor real y haciendo las obras sin la calidad exigida. Su proyecto es acumular bienes y ser rico. Es el principio-maldad, aunque haga algún bien aquí y allá y cuando es muy rico ayude a proyectos benéficos. Pero siempre que no comprometan su proyecto básico de ser rico.

          Otro se propone como proyecto fundamental ser siempre bueno, buscar la bondad en las personas e intentar que sus actos se alineen en esta dirección de bondad. Como es humano, en él también puede haber actos malos. Son desvíos del proyecto pero no son de tal envergadura que destruyan el proyecto fundamental de ser bueno. Se da cuenta de sus malos actos, se corrige, pide perdón y retoma el camino de vida definido: procurar ser bueno. Esto implica ser siempre, cada día, mejor y nunca desistir frente a las dificultades y caídas personales. Lo decisivo es reasumir el principio-bondad que puede crecer siempre indefinidamente. Nadie es bueno hasta cierto punto y después se para, por estimar que alcanzó su fin. La bondad así como otros valores positivos no conocen limitaciones.

          En nuestro país hemos vivido, incluyendo multitudes, bajo el principio-maldad. A partir de ese principio todo valía: la mentira, las fake news, la calumnia y la destrucción de biografias que, notoriamente, eran buenas. Fueron usados de forma abusiva los medios digitales, inspirados en el principio-maldad. Por esta razón, muchos miles de personas fueron víctimas de la Covid-19 cuando podrían haberse salvado. Indígenas, como los yanomami, fueron considerados infrahumanos e, intencionadamente, abandonados a su propia suerte. En estos fatídicos años de vigencia del principio-maldad más de 500 niños yanomami murieron de hambre y de enfermedades derivadas del hambre. Se desmontaron las principales instituciones de este país como la salud pública, la educación, la ciencia y el cuidado de la naturaleza. Finalmente, de forma insidiosa, se intentó un golpe de estado buscando destruir la democracia e imponer un régimen dictatorial, culturalmente retrógrado  y éticamente perverso por exaltar claramente la tortura.

          En ellos había también el principio-bondad pero fue reprimido o cubierto de cenizas por malas acciones que impedían su vigencia, sin destruirlo nunca totalmente porque forma parte de la esencia de lo humano.

          Pero el principio-bondad, a fin de cuentas siempre acaba triunfando. La llama sagrada que arde dentro de cada persona jamás puede ser apagada. Ella es la que sustenta la resistencia, inflama la crítica y confiere la fuerza invencible de lo justo y de lo recto. Era el principio-bondad que venía bajo el signo de la democracia, del estado de derecho y del respeto a los valores fundamentales del ciudadano.

          A pesar de todas las artimañas, violencias, atentados, amenazas y uso vergonzoso de los aparatos de estado, comprando literalmente la voluntad de las personas o impidiéndoles a manifestar su voto, los que se orientaban por el principio-maldad fueron derrotados. Pero nunca hasta hoy han reconocido la derrota. Ellos siguen con su acción destructiva, que hoy ha adquirido dimensiones planetarias con el ascenso de la extrema derecha. Pero deben ser contenidos y ganados por el despertar del principio-bondad que se encuentra en ellos.

          Juzgados y castigados tendrán que aprender la bondad de la vida y el bien de todo un pueblo y aportar su contribución.

          En la historia conocemos tragedias de los que se aferraron al principio-maldad hasta el punto de poner fin a su propia vida en vez de rescatar humildemente el principio-bondad y su humanidad más profunda.

          En este final nos inspira tal vez la palabra poética de un autor anónimo de hacia el año 900, que se canta en la fiesta cristiana de Pentecostés. Se refiere al Espíritu que actúa siempre en la naturaleza y en la historia:

Lava lo que es sórdido
Riega lo que es árido
Sana lo que está enfermo.

Dobla lo que es rígido
Calienta lo que es gélido
Guía lo desorientado.

*Leonardo Boff ha escrito El Espíritu Santo: fuego interior, dador de vida y Padre de los pobres, lPAVSA, Managua 2014.

Traducción de María José Gavito Milano

         

         

 

5 comentarios

  • Santiago

    Yo me adhiero en principio también – como vosotros- a que no debemos mezclar la política “partidista” con la fe. Ni la derecha ni la izquierda pueden definirnos totalmente puesto que nuestra meta es acceder al bien moral que se encuentra por encima de todo partido y de toda política.

    Como expresa muy bien Javier,  la “opción fundamental” nos impide aceptar una “verdad alternativa” porque la Verdad es una..y la “alternativa” es un escape relativo a lo que “está bien”…Pero si mi “partido político” se rige por diseños y principios con una base intrínsecamente mala, es obvio, que tenemos que abandonar lo que nos va a convertir en personas inmorales..a menos que nosotros cambiemos la ideología de ese grupo político.

    Por eso debemos y tenemos que optar siempre por el bien y la justicia total que trasciende todo lo demás a pesar de nuestras flaquezas y caídas..En cristianismo -en catolicismo evangélico- se trata de un “volver a empezar cada día” con un énfasis -que si nos adherimos a la gracia- no vamos a retroceder y caer en las adicciones desordenadas.

    Por eso nuestra opción “fundamental” y “primaria” hacia el bien-con nuestras graves caídas repetidas y consentidas- puede cambiar y y entonces destruir todo lo que habíamos construido con nuestros buenos actos.
    De ahí que Jesús recomienda a sus discípulos: “velad y orad para no caer…”

    Un saludo cordial

    Santiago Hernández

  • Javier Pelaez

    Es lo q en la moral se llama la opción fundamental de las personas o de los grupos humanos.Muy descriptivo lo de los q optan x ser ricos a cualquier precio.Por lo demás es muy tranquilizador porque muchas veces aunque tengamos una opción fundamental por la bondad las circunstancias no nos permiten ser tan honestos como quisiéramos,honestos o buenos.A veces lo bueno es enemigo de lo mejor. También como dice el artículo hay grupos q han inventado  conceptos realmente perversos como la “verdad alternativa”

  • Antonio Llaguno

    Creo que Boff es, como mínimo, bastante ingenuo.

    En primer lugar porque, feliz como está del triunfo de Lula, y aceptando que Bolsonaro, no por ser de derechas, sino por ser perversamente de derechas, es lo que podríamos llamar “el malo” en Brasil, parece pensar que tienen el triunfo perennemente en sus manos; y lamentablemente (Si. Yo lamento que esto sea así) no  es así.

    Bolsonaro o los Bolsonaristas (Ningún tirano está solo nunca) pueden regresar. De hecho, lo natural en democracia es que regresen. ¿Volverá el mal entonces a gobernar Brasil?

    La otra ingenuidad es comprensible en una persona tan ideologizada como Boff y es asimilar la bondad a proyectos de izquierda y la maldad a proyectos de derechas.

    Tampoco está eso tan claro. No creo que sea necesario recordar que junto con Adolf Hitler, los dos tiranos mas asesinos del siglo XX fueron Joseph Stalin y Pol Pot, y ambos tenían a Marx como pretexto para sus desmanes tiránicos y genocidas.

    Me voy a permitir, con todo el respeto que Ana me merece, que es mucho, darle l vuelta a su petición.

    Ana pide que no mezclemos las religiones en la política, y me parece bien. Porque lo que yo sugiero es que no mezclemos a la política en la fe.

    Para mi, mi fe es mucho más importante que mis ideas políticas y trato de mantenerlas en compartimentos estancos (Ventajas de ser varón y tener el cerebro estructurado en cajas aisladas. Algo bueno tenía que tener nacer varón).

    Siguiendo la reflexión de fondo de Boff, que es muy importante a mi juicio; lo fundamental es que el proyecto que haya detrás de nuestra vida, sea como profesionales, como partes de una familia, como miembros de un grupo de amigos, de un colectivo de personas que luchan por algo o (¿Por qué no?) de un partido o movimiento político, sea bueno, es decir esté basado en el bien común, en la ética, sea bondadoso, luminoso.

    Porque así, cuando lleguemos al Padre (Espero) y nos pregunte por lo fundamental; podamos presentarnos como el Rey de Roham de “El Señor de los Anillos” ante sus padres y antepasados  y “no pasar vergüenza”.

    Nota: Lo que cuenta Boff sobre los Yanomamis es una vergüenza (El hecho, no el que Boff lo cuente) y en Europa no es conocido. Se conoce a Bolsonaro y las barbaridades políticas que ha cometido pero eso, que ronda el genocidio, no se conoce. Debería hacerse aún más público.

  • ana rodrigo

    Dice Boff: “ese proyecto fundamental… se afirma ante el tribunal de la conciencia, y para personas religiosas, es juzgado por Aquel que conoce nuestras intenciones más secretas y confiere el correspondiente valor al proyecto fundamental.”

    Mezclar en estos tiempos la religión como fuente de la bondad pública, creo que es obsoleto, y, por lo que da a entender el autor, el mal en Brasil ha venido del gobierno de Bolsonaro, votado para el cargo de presidente por las religiones evangelistas, por tanto cristianas. El cristianismo triunfó como religión oficial en sus orígenes porque persiguieron a todo tipo de religiones existentes allí donde se imponía, después vinieron guerras de religión múltiples, a las que hay que añadir la Inquisición con todo tipo de torturas, ahora las ultraderechas políticas.

    En el momento actual la extrema derecha, en concreto, de Polonia, Hungría y VOX en España, se manifiestan explícitamente cristianas, fuentes de bien contra los malos, es decir los oponentes políticos. El PP llevó a su último congreso a una predicado de esta línea. Igualmente pasa en Israel con los ortodoxos y en el Islam con los islamistas.

    Si, de facto, cuanto más ultras políticamente, son más ultrareligiosos, ¿podemos afirmar que la fuente social de la bondad se consigue en las religiones? ¿O, a nivel individual, podemos encontrar esta fuente del bien en algunas religiones, pero a nivel socio-político esto no funciona?

    Acabo de leer una novela de una autora muy buena, Julia Navarro, titulada “De ninguna parte”, magníficamente escrita, pero cuyo argumento me ha incitado a tirarla a la basura hoy mismo por la repugnancia tan impresionante que me ha producido. Va de árabes islamistas y judíos ortodoxos, unos en nombre de “Alá es grande” otros por defender la patria que Dios dio a Israel. Publicado el libro este año de 2023, hablando ya de IA, y todo ello en torno al MAL con mayúsculas, horrible, horrible, pero muy real y actual.

    Defendamos una ética civil basada en los Derechos humanos y en valores laicos, y, en política, no metamos a las religiones que tanto daño han hecho en este terreo usándolas para los intereses propios del poder a cualquier costa. La bondad y la maldad surgen de nuestras conciencias individualmente, no de las instituciones de poder. Secularicemos definitivamente el poder político y quizá le vaya mejor a la humanidad y a las religiones.

     

     

     

     

    • Román Díaz Ayala

      Ana,

      Leonardo está  exultante con l vuelta de Lula al gobierno  de Brasil y le adjudica todas las bondades al mismo tiempo que ve en ello una vuelta social a los valores éticos  anteriores.

      No veo en el texto un posicionamiento  religioso, aunque sí matices  de una religiosidad  laica.Filosofia centrada  en la ética  y política  es lo que desprende este texto.

      En cuanto  a tus observaciones y reparos al uso político  de la religión resultaría  un tema recurrente tanto en Brasil con la extrema derecha como en España.

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