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La rebelión de las mujeres en la Iglesia

Artículo que nos envía Juan José Tamayo, publicado ayer en Infolibre.

La rebelión tiene lugar a nivel personal y colectivo, en el interior de las religiones y en la sociedad. A nivel personal, viven la experiencia religiosa desde su propia subjetividad, sin tener que recurrir a la mediación de los varones, y desafían y transgreden conscientemente las normas y orientaciones en materia de sexualidad, relaciones de pareja, modelos de familia, planificación familiar, interrupción voluntaria del embarazo, derechos sexuales y reproductivos, LGTBIQ, opciones políticas, etc., que les impone el patriarcado religioso. Y lo hacen sin conciencia de culpa.

En el interior de las religiones se crean movimientos y asociaciones de mujeres que se organizan autónomamente, sin dependencia de las autoridades religiosas masculinas: dentro del cristianismo, por ejemplo, La Revuelta de las Mujeres en la Iglesia, María 2.0, Mujeres y Teología, Asociación de Teólogas Españolas Sínodo de Mujeres, Voices of Faith, Católicas por el Derecho a Decidir, Tras las Huellas de Sofía, Mujeres Sacerdotes en la Iglesia Romana, etc. En el terreno doctrinal, elaboran su propia reflexión teológica, y en el moral, una ética no represiva.

El 1 de marzo de 2020 se celebraron concentraciones organizadas por colectivos feministas cristianos ante las catedrales y los edificios religiosos de varias ciudades españolas bajo el lema “Revuelta de las mujeres en la Iglesia. Hasta que la igualdad se haga costumbre”. Yo participé en la concentración ante la catedral madrileña de La Almudena. Por delante de las personas reunidas pasaban de largo clérigos que se dirigían al recinto catedralicio sin preguntar qué hacíamos allí, ni mostrar interés alguno por las pancartas con mensajes evangélicos y retratos de mujeres cristianas empoderadas como María Magdalena, Hildegarda de Bingen, Margarita Porete, Teresa de Jesús, Mary Ward, Simone Weil… ¿Insensibilidad patriarcal, desprecio, misoginia? Quizá las tres cosas.

La Revuelta se celebró en un clima festivo y reivindicativo fraterno-sororal, con la denuncia del patriarcado eclesiástico y de la exclusión de las mujeres de los diferentes ministerios eclesiales al servicio de la comunidad y de los espacios de responsabilidad, y la propuesta de alternativas inclusivas de las mujeres. La mirada estaba puesta en la utopía de “Otra Iglesia es posible y necesaria ya”, teniendo como referencia el movimiento de Jesús de Nazaret como comunidad de iguales y el feminismo como teoría de género, guía para el análisis del poder patriarcal y movimiento reivindicativo.

Consideran que ellas son las manos y el corazón de la Iglesia y que esta se sostiene gracias a su colaboración. Y así es

Este año, varios cientos de mujeres han vuelto a concentrarse el 5 de marzo en una veintena de ciudades del Estado Español ante las catedrales, iglesias y obispados convocadas por el movimiento “Revuelta de las Mujeres en la Iglesia-Alcem la veu” bajo el lema “Caminamos juntas por la igualdad y la dignidad dentro de la Iglesia”. Consideran que ellas son las manos y el corazón de la Iglesia y que esta se sostiene gracias a su colaboración. Y así es. Critican el lenguaje patriarcal y denuncian la masculinidad hegemónica, los abusos de poder, sexuales y de conciencia, la profunda discriminación en todos los terrenos, la injusticia de género y la invisibilización que sufren las mujeres en la Iglesia.

Reclaman el reconocimiento de las mujeres como sujetos de pleno derecho, con voz y voto, el acceso al diaconado y al presbiterado femenino, y su plena incorporación en la estructura eclesial. Piden el reconocimiento de la Teología Feminista, de la diversidad de los modelos de familia, de las identidades y orientaciones sexuales, la denuncia del modelo económico neoliberal que genera la feminización de la pobreza y la explotación laboral y sexual de las mujeres.

En la sociedad participan activamente en los movimientos feministas, apoyan sus reivindicaciones y están presentes en las ONG’s y movimientos sociales como expresión de la convergencia en las luchas por el reconocimiento de la dignidad y libertad de las mujeres en las religiones y las luchas por su emancipación y el compromiso en defensa de los sectores más vulnerables de la sociedad.

Ejemplo de dicha participación fue la importante y numerosa presencia de mujeres y colectivos de mujeres de diferentes religiones en las manifestaciones del 8 de marzo de 2019. Ese día, un grupo de monjas se sumó a la huelga feminista, que consideraron su huelga. Y ello para denunciar el patriarcado y el machismo institucional que sufren las mujeres en la Iglesia católica y en la sociedad, poner fin a la violencia contra el cuerpo de las mujeres y “tejer sororidad y visibilizar que las mujeres queremos cambiar el mundo”.

Responden con argumentos éticos y religiosos a los mensajes homófobos, machistas y patriarcales de partidos y organizaciones de extrema derecha, a las acusaciones de “feminazis” y “supremacistas feministas”, a las falsas noticias y al negacionismo de la violencia machista contra las mujeres por parte de las organizaciones políticas y religiosas de la extrema derecha. Siguen el consejo de Simone de Beauvoir: “No olvidéis jamás que bastará una crisis política, económica o religiosa para que los derechos de las mujeres vuelvan a ser cuestionados. Esos derechos nunca se dan por adquiridos. Debéis permanecer vigilantes durante toda vuestra vida”.

La Revuelta de las mujeres en la Iglesia ha enviado a la Conferencia Episcopal Española y a otras instituciones católicas un documento en el que piden, entre otras cosas, desterrar el clericalismo, lograr una Iglesia circular al servicio de las personas empobrecidas y excluidas, fomentar el lenguaje inclusivo y la simbología femenina en la liturgia.

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Juan José Tamayo es director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones “Ignacio Ellacuría” en la Universidad Carlos III de Madrid.

Un comentario

  • ana rodrigo

    De otras religiones sólo tengo noticias del Islam, de las demás, desconozco el grado de rebelión de las mujeres.

    Pero en la religión católica, las mujeres se han plantado, desde dentro de la Iglesia, frente al clero, el gran problema que tiene la Institución Iglesia, el clericalismo exclusivamente masculino.

     

    Dice Tamayo: se muestran críticas de su moral misógina, su doctrina androcéntrica, su organización patriarcal y su imagen masculina de dios” Esto es un dato cien por cien real, además sigue diciendo el autor: sin tener que recurrir a la mediación de los varones, y desafían y transgreden conscientemente las normas”  Muy importante esta nota.

    Es decir, las mujeres, sin ser reconocidas como sujeto con voz y, por supuesto sin voto, la han tomado ellas la voz, sin el paternalismo y el patriarcado de la estructura androcéntrica sin resquicios. Pues sin resquicios, se han plantado y están hablando sobre el anacronismo, la misoginia, cien por cien, en una Iglesia que no da más razones que la Tradición y una mala exégesis del Evangelio. Ni siquiera la concepción humana  -a Dios nadie lo ha visto- que se ha hecho de Dios como Padre, tiene sentido la marginación absoluta del 50% de la población. Es decir, no hay razones para tamaña injusticia y sin sentido, en una sociedad actual donde todas la declaraciones internacionales, declaran la igualdad de hombres y mujeres.

    Esto lleva a lo que dice Tamayo y está a la vista de todo el mundo quiera ver, confirmando el refrán de que “no hay mayor ciego que quien no quiere ver”. El resultado es “la profunda discriminación en todos los terrenos, la injusticia de género y la invisibilización que sufren las mujeres en la Iglesia.”

    Y no sólo denuncian, denunciamos, el machismo y el patriarcado al que somos sometidas sino que hacemos propuestas desde una sensata responsabilidad, como nos recuerda Tamayo: “Piden el reconocimiento de la Teología Feminista, de la diversidad de los modelos de familia, de las identidades y orientaciones sexuales, la denuncia del modelo económico neoliberal que genera la feminización de la pobreza y la explotación laboral y sexual de las mujeres”

    Esta revuelta organizada de las mujeres en la iglesia a nivel mundial es la primera vez que ocurre en estos niveles y como nos recuerda el autor, no podemos dan un paso atrás: “Simone de Beauvoir: “No olvidéis jamás que bastará una crisis política, económica o religiosa para que los derechos de las mujeres vuelvan a ser cuestionados. Esos derechos nunca se dan por adquiridos. Debéis permanecer vigilantes durante toda vuestra vida”.

    No podemos bajar la guardia, puesto que, no sólo los avatares de la historia, sino la fuerte oposición en el clero sacarán al uñas si se consigue romper este inmenso muro que nos deja fuera a todas, todas, todas las mujeres en nombre de Dios, ¡¡horror!!!.

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