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La pregunta por la verdad

Para este sábado os propongo para lectura y debate un texto recio, forjado en los exigentes talleres del Instituto Mounier, que enlaza con temas relacionados, propuestos por el autor y otros Y que vienen a intentar responder  a la histórica pregunta de Pilato, para la que no esperó respuesta. ¿Qué es la verdad? Casi náa… AD 

Aristóteles en su libro de la metafísica comienza diciendo que: “El hombre quiere por necesidad saber y conocer la verdad” ya que, en todos los niveles de la realidad, no le da igual la verdad que la falsedad y mucho menos la mentira que es cuando aquella (la falsedad) está impregnada por una intencionalidad, queriéndola hacer pasar como verdad. Pues bien, a esa facultad humana que busca la verdad, hoy en día se le suele denominar dimensión científica del hombre.

A su vez, Platón, la denominó “episteme”, que es la máxima expresión del conocimiento que asciende hacia la verdad desde la mera opinión, la “doxa”, y así la verdad es un camino ascendente desde el ignorar al saber y todo saber es una tentación de poder.

Ha transcurrido mucho tiempo desde estas afirmaciones y el hombre de hoy sigue interesándose por la misma pregunta, solo que ahora ha constatado científicamente que lo que denomina por dimensión científica de la realidad, no le da respuesta firme y estable sobre la verdad de ninguna realidad y mucho menos de su realidad existencial.

¿Qué sucede, que el hombre se va a tener que pasar toda su vida y aún más, generación tras generación buscando la verdad de toda realidad incluida la suya propia y se va a tener que contentar con un progreso sin fin, cuando él mismo tiene fecha de caducidad?

El Hombre desde que es Hombre o, mejor dicho, la Persona desde que es Persona – para que al menos nadie confunda el sexo con el ser -, se ha hecho de alguna forma más o menos explícita y más o menos consciente tal pregunta y se la hace por una necesidad existencial en su vivir de cada día, de cada hora, de cada minuto, de cada segundo y en todos los órdenes de su praxis existencial, sea en su faceta de pensar como en la de actuar.

El Hombre cuando afirma cualquier creencia y cree estar en posesión firme de lo que afirma, realmente está en un error. Creer es dar crédito, es poner fuera de sí su confianza en sí. Es un acto de fe. Únicamente cuando este acto de fe cristaliza en objeto poseído, es cuando deja de ser fe para ser mera creencia petrificada, en la que el Hombre queda atrapado.

Si la Verdad es el camino ascendente del ignorar al saber a través del que el Hombre busca la razón de su existir, la mentira es el camino del saber al poder. El poder prostituye a la verdad   sustituyéndola por voluntad propia para que éste ocupe su lugar. Todo poder es la degradación del saber en el que la verdad se torna en mentira. El hombre degenera y con él la realidad que él pone en su mundo. Este hombre reniega de su principio existencial, la fe, como atributo único y diferenciador de cualquier otra realidad en todo lo existente.

La fe es el distintivo básico de la realidad Humana, es privativo de ella y solo de ella. Sin ella, ni científicamente, ni antropológicamente, ni fenomenológicamente, ni evolutivamente el Hombre sería Hombre, sería un ser más de la Naturaleza. La Fe es el principio capacitador al acceso a todo conocimiento que libera al Hombre del enclaustramiento de la propia Naturaleza, es la apertura que le posibilita su capacidad no solo de adaptación, sino también de ejercitar sus facultades creativas. La fe libera de todo rastro por el que el resto de seres existentes se desenvuelven en su existir, la propia fenomenología antropológica así lo evidencia cotidianamente. La propia praxis científica da razón continuamente de que sin fe la razón colapsa. La fe abre caminos de realidad a la realidad, sobrepasándola continuamente. Toda realidad para serlo tuvo que pasar de posibilidad a realidad gracias a que hubo un crédito previo hacia ella, una confianza que finalmente superó su estado de posibilidad, alcanzando el estado de realidad.

El Hombre en su existencia antes que ser “cre-yente” es ser “fe-yente”. La fe es el atributo imprescindible para que el hombre alcance la libertad, libertad que es su mayor anhelo y por eso cuando confunde libertad por poder, se pierde a sí mismo además de arrastrar tras de sí a todos los que le rodean.

La pregunta por la VERDAD sobrepasa el ámbito de toda ciencia y de toda filosofía, es una pregunta que atañe a la propia existencia de quien se la hace, el Hombre entero con su razón, con sus deseos, con sus limitaciones, es quien se pregunta y lo hace desde su propia cosmovisión. Esta pregunta es muy concreta, por lo que precisa de una respuesta también muy concreta, y por supuesto válida para cada instante de su existir y no para otro momento, ni para otra generación en la que él ya no estará presente, pero lo trágico es que la respuesta vendrá condicionada por ese camino que haya elegido a lo largo de su existir concreto y personal.

No las creencias y sí la fe, es quien nos abre la puerta para acceder a la VERDAD, lo que no implica que tengamos que renunciar a las creencias pues éstas son el medio práxico y existencial por el que la fe se manifiesta y opera en nuestro existir cotidiano. Así, toda creencia es como un vehículo movido por la energía de la fe, con lo que la propia creencia es una creencia dinámica no petrificada, una creencia viva, creencia que da crédito a Uno que es más que él y por el que puede optar por seguir dándole crédito en todo el tiempo de su existencia, o también todo lo contrario, negárselo, hasta el punto de poder concederse a sí mismo dicho crédito.

Si además de todo lo expuesto añadimos que el propio Hombre es creador de realidad, es decir su estar en el mundo es un estar también haciéndolo, evidentemente no como “naturaleza” sino como situaciones, relaciones, intereses, asuntos y sistemas como todo el vasto ordenamiento jurídico y todas las leyes de todo tipo, sociales, científicas etc., aspecto crucial y marginado en su análisis científico de la realidad, entonces obviamos por completo esa realidad que él mismo va introduciendo en cada acto de su existencia en el mundo. El mundo no está estáticamente y terminado frente al hombre. Este es un tema muy obviado tanto por el hombre de ciencia como por el que no lo es.

Esa pregunta por la verdad emerge desde las profundidades de su inconsciente y es previa a su capacidad de razonar. Es su a priori estructural, es su principio de realidad. Realidad por la que no puede obviar preguntarse continuamente por su fundamento, pues en cada acto que vaya a poner en la realidad se juega su existencia en términos de verdad o mentira y de ahí que parejo a dicho acto en potencia le acompañe ese otro existencial de su propia realidad en forma de temor y que acabará somatizando en las múltiples formas de miedo que experimentará a lo largo de su existencia.

En esta praxis cotidiana y globalizante, todo su ser Persona está envuelto por esa pregunta constantemente, y su existir, su pensamiento y su acción, son precisamente la respuesta que inconscientemente da a la misma. En cada acto de su existencia el Hombre concreto en su realidad personal, está afirmándola o negándola. Su existencia es un existir por y para la VERDAD, sí, en mayúsculas, pues no hay nombre más propio y único que éste y por tanto merecedor de dicho distintivo.

La pregunta por la VERDAD es un existencial de toda persona en cada momento de su existencia, a la vez que su existencia es la respuesta a dicha pregunta. La VERDAD no se hace esperar, siempre está abierta a nuestra libertad en cada instante de nuestra existencia particular y concreta.

LA VERDAD NO LA CAPTURAMOS, NO NOS PODEMOS APODERAR DE ELLA, LA AFIRMAMOS O LA NEGAMOS EN CADA ACTO DE NUESTRA EXISTENCIA, Y A LO MÁS QUE PODREMOS LLEGAR ES A PARTICIPPAR DE ELLA COMO DON GRATUITO.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

16 comentarios

  • Santiago

    No podemos capturar totalmente la Verdad Absoluta..No es que no exista la Verdad. No hay relativismo absoluto. Pero lo cierto es que nos encontramos todos nosotros, pues, en búsqueda..

    Es búsqueda por  la imposibilidad de llegar a la plenitud, cuando podamos “ver” la única Realidad….Es un camino que recorremos paso a paso del vivir cotidiano donde vamos encontrando, por etapas,  más claridad en el verdadero sentido de esa Realidad que perseguimos denodadamente y constantemente..

    “La verdad es la armonía del pensamiento con la realidad”…Pero lo que entendemos por “realidad” se encuentra -en esta vida terrestre- fragmentada para nosotros…Solamente “vemos” como “en penumbra” con dificultad,…y “como en un espejo”,.. y solamente la IMAGEN..No podemos todavía “penetrar” la profundidad inconmensurable de la Realidad Total..de ahí nuestra zozobra y nuestra búsqueda constante..con nuestros aciertos y errores..

    Y  que sólo por el don de la iluminación de la fe -que es esperanza cierta- podamos a acceder -a la certeza de la verdad- aunque de manera “tosca e incompleta”…Como dice el autor de este artículo, Mariano Álvarez, que sólo podremos “participar” de la Verdad como “don gratuito”…Pero ya es bastante para nosotros los que vamos como peregrinos por la vida

    Un saludo cordial

    Santiago Hernández

  • mariano alvarez

    Respuesta a M. Luisa:
    Nuevamente agradezco su fina crítica que me obliga a profundizar en mis convicciones respecto a lo que escribo, es estimulante el ejercicio al que me impulsa y que quiero adelantar que es un ejercicio saludable y siempre desde una experiencia personal existencial y no meramente teórica o racional, pues un tema como este de la verdad, es un tema que demanda a toda la persona, a lo que piensa, a lo que dice y a lo que hace.
    Menciona que encuentra ambigüedad en mis aclaraciones entre los ámbitos metafísico y ontológico y he de darle la razón, pero como he empezado diciendo, afronto este tema desde mi cosmovisión personalista (todos sin excepción cuando analizamos la realidad lo hacemos de forma consciente o inconsciente desde una cosmovisión previa, nunca desde una neutralidad racional, la realidad persona es todo lo contrario de un ser neutro).
    Empiezo: La historia del pensamiento (historia de la persona que busca su razón existencial), ha estado marcada en gran parte por el olvido del “ser”, ha estado mucho más orientada por el estudio del “ente”, de todo ente, desde la materia a Dios también como ente, ha habido una hiper-reflexión al respecto, acabando en una concepción del ser “onto-teológica”. Ha sido posteriormente cuando se ha abierto más hacia el “ser” al percibirse que éste es el horizonte del “ente”, pero ya no como “concepto”.
    Este desplazamiento tan trivial de analizar la realidad del ser persona no como concepto y sí como realidad percibida, captada y experimentada en su realidad más existencial más íntegra, manifestada en lo que piensa, en lo que dice y en lo que hace con toda su integridad corporal (material) y espiritual, es decir con la verdadera huella de su existencia, es lo que da entrada a un nuevo pensamiento, que es la antesala de toda su praxis existencial, en un pensamiento filosófico de los transcendentales, es decir, al “ser” en sus niveles más profundos y descubrirlo como una realidad “personal”, pues la realidad existencial que buscamos a través del pensamiento es una existencia auténtica y que sólo se da entre personas concretas y no entre razones o razonamientos abstractos, que siempre son una separación de la realidad, una abstracción que aísla a la realidad persona al desligarla de su carácter primordial de “relación”.
    La Persona sólo lo es en la relación, fuera de ella están los individuos que no pueden decir yo al carecer de su semejante en la diferencia complementaria de su ser. Este es otro tema interesantísimo sobre el que reflexionar, pero no es este el momento.
    Volvamos a la cuestión que ahora nos ocupa: Este nuevo pensamiento anclado en la realidad persona, nos obliga a superar la concepción clásica del concepto de metafísica, concebida en un principio para categorías propias del mundo de las cosas materiales, pues la persona también está anclada al mundo. La persona une a toda la realidad en una nueva realidad de sentido en la que ya no caben ambigüedades. En la persona toda metafísica queda integrada en su realidad más profunda. La persona es generadora de una nueva cosmovisión de la realidad.
    Comprendo la dificultad que siempre representa abandonar lo viejo. Lo viejo nos da seguridad, comodidad, estabilidad dentro de un orden asumido. Lo viejo siempre ejerce su poderío burgués a través de las creencias y por eso la fe siempre resulta incómoda en contra de los que muchos piensan. La fe es el Pepito Grillo de las conciencias. La fe que cristaliza en creencia es una fe muerta. La fe nos está incomodando continuamente para que encontremos razones que se superen continuamente. La fe no es el opio del creyente, es el opio del burgués, del comodón, creyente y no creyente, al que de momento todo le va bien, por eso hay más fe en los necesitados, en los excluidos, en los marginados. La fe no se contrapone a la razón, solo la razón que se pone por encima de la fe se acomoda a tener razón por encima de toda razón.
    También aquí la nueva metafísica ha abierto y demanda un nuevo lenguaje que nos libere de las concepciones caducas de las relaciones entre fe y razón.
    En cuanto a su no compartir la afirmación de N. Berdiaev de que la Verdad pertenece al ámbito de lo increado, supongo que lo puede repensar a partir de lo que aquí toscamente he intentado expresar. Aprovecho para expresarle que no soy filósofo por lo que mis fundamentos epistemológicos no son lo ortodoxos que muchas cuestiones requieren. Tengo en común con el filósofo la búsqueda de la verdad desde el ámbito de las ciencias matemáticas y de la ingeniería, ambas miradas focalizadas en la realidad abstracta de la primera y en la realidad concreta y material de la segunda, también por mis estudios de la ciencia psicológica (así autodenominada académicamente), también por mi pertenencia ya más de veinte años a una institución donde prima el pensamiento filosófico dentro de la corriente del existencialismo no nihilista del personalismo comunitario, y por supuesto como persona que desde bien pronto se pregunta por el sentido de su vida o mejor dicho de su existencia.
    Como veo que siente interés por estos temas existenciales, si le apetece puede asomarse a otros artículos míos recogidos en “mounier.org” y ojear alguno de los últimos publicados, como por ejemplo el de “Persona entre la Vida y la Existencia” o “Ahogados en el Tiempo”, en los que la cosmovisión personalista impregna a la vida, la existencia y al tiempo, pues ya sabe como moverse en dicha web y termino reiterándole mi agradecimiento a sus agudas puntualizaciones que me llevan por senderos que sin sus comentarios me permanecerían ocultos. Usted hace que me descubra más a mí mismo, pues cuando escribo, busco novedad incluso para mí, en caso contrario me aburriría, no me importa equivocarme, para ello tengo a los lectores que como usted me llevan a la novedad ausente en mí. Se lo agradezco enormemente.

    • M. Luisa

       Soy yo quien le está agradecida por su atención y su trato amable, algo no frecuente cuando nuestras apreciaciones no coinciden. En realidad no es que esto me ocurra con usted, pues valoro muchas cosas de las que dice, por lo que entonces mi esfuerzo consiste no tanto en sustituir sus conceptos, sino intentar absorberlos en los míos y a ver que resulta.

       Es un trabajo costoso, parecido a este que usted señala cuando habla de la gran dificultad que representa abandonar lo viejo. A veces hay que hacerlo sí, pero ya no como si de un proceso lento se tratase, sino que según las circunstancias, una persona lo habrá de hacer de forma inmediata y radical. Aunque, sobre todo teniendo cuidado de no tirar también al niño con el agua sucia de la bañera. Quiero decir que en mi caso un buen día por saturación en mi entorno tuve que suprimir toda connotación teológica de mi lenguaje.

      Con todo cómo no voy a coincidir con usted al considerar la “relación” una de las características propia de la persona en contra del aislamiento en que la deja todo razonamiento abstracto. Más siguiendo en esta línea deberíamos referirnos no a los trascendentales, sino a la trascendencia.

      Uno de los puntos en que difiero con usted es en esto que dice que desde antiguo en vez de hablar del ente se habló del ser y esto yo diría que con Parménides ambos conceptos se dislocaron. En cambio, referirnos a la trascendencia dada nuestra realidad personal es de alguna manera hablar de algo ya experimentado en nosotr@s.   

      Lo argumentado hasta aquí, sin haberme detenido demasiado en su  descontextualización, bien podría considerarse como una reafirmación de mi posición con respecto a N. Berdiaev, pues en la trascendencia sí está dada   tanto la verdad en su dimensión trascendental como la realidad misma que la alberga dimensionalmente… En fin seguiría, pero se me ha ido ya mucho tiempo. ¡Le estoy muy agradecida! Usted también me lleva a la reflexión.

  • M. Luisa

    Esta mañana no me podía entretener y ahora tampoco, pero sí que al menos le adelantaré que ya anteriormente cuando mostré plena sintonía con su exposición, luego con las posteriores lecturas (cosa que suelo hacer siempre) me di cuenta de que la sintonía no era al completo.  Es decir, que algo en ella debido tal vez a mi interpretación se tambaleaba.    
     
    Dice usted que la realidad, es la praxis que el hombre, la persona, ejercita en su dialéctica existencial entre la verdad y la fe, introduciendo en el mundo una realidad que supera e integra a la de aquel (al mundo o naturaleza). Pienso que esto no es del todo así.  Lo que en el mundo introduce la persona no es otra realidad paralela, sino dentro en la que ya se encuentra instalada y en virtud de esa fuerza de la verdad que le impele, la persona es constructora de valores, construye valores, son valores construidos. Realizados desde dentro de la realidad misma en la que se encuentra. ¿Y esto por qué? Por qué sucede así?. Pienso que es por la verdad misma de la realidad que nos  arrastra a construirlos. 
     

  • M. Luisa

     
    Muy interesantes las aclaraciones de su escrito D. Mariano, pero no consigo desprenderme de la ambigüedad que percibo en él.  Por un lado, parece argumentarlas en perspectiva ontológica y por otro en perspectiva metafísica. Desde esta última la verdad se fundaría en la realidad y en la de perspectiva ontológica la verdad se fundaría en el ser. 
     
    Por ejemplo, en la expresión “el hombre siendo el mismo nunca es lo mismo” Se trataría, al parecer, de una afirmación metafísica y en este sentido indicaría que la realidad suya, la realidad del hombre, aquello que le hace ser sí mismo,   es anterior al ser de su existencia, pues es esta su realidad la que en su estar siendo existencial va configurando su ser, es decir, el ser del hombre(sin salirme fuera de sus expresiones) es lo cambiante.
     
    Visto en perspectiva ontológica, se introduce en la expresión “el hombre siendo el mismo nunca es lo mismo” una visión finalista, teleológica de la realidad, es decir, aquella según la cual se entiende que el hombre debe llegar a ser lo que debe ser. ¿Dónde está escrito?         
     
    En otro orden de cosas con respecto a la verdad y su pertenencia a la realidad (mi punto de vista),   no es más que el reconocimiento       de esta experiencia del sí mismo, posibilitada por esa tendencia a la verdad que nos posee, precisamente la razón de ser de aquella versión hacia ella.  
     
    Con todo, ya se ve que no estoy de acuerdo con N. Berdiaev, quien decía respecto a la verdad que no pertenece a la realidad, que la verdad pertenece al ámbito de lo increado.
     
    Así pues, ¿volvemos a los sobrenaturalismos? ¿Una realidad aquí y otra allí?.  Que la verdad se apodere de nosotros hemos de entenderlo en el ámbito abierto de la realidad que precisamente por estar abierta  posibilita el movimiento de la libertad.     
     
    ¡Muchas gracias, D. Mariano! Un saludo cordial.

  • Isabel

    Mira lo que me chirría a mí:

    “… hemos de decir que es la verdad de la realidad la que se irá imponiendo sobre la lógica de nuestros criterios…”

    Es decir, que a ti te chirría que una persona crítica defienda una verdad, porque, por saber, sabes tanto que sabes que hay una que es la verdadera verdad de la buena que no tiene nadie pero que haberla hayla. Por supuesto, una para todos y todos para una. (Esos plurales) Y mientras no esté, pues a los cristales de colores.
    No se me ocurre una postura menos facilitadora para progresar en la convivencia y lograr acuerdos.

    En cuanto a D. Mariano, que como muy bien señala Isidoro
    “Eso de considerar la fe, como “que sin ella no seremos humanos”, y que solo con ella “se capacita para ejercitar sus facultades creativas”, y de que “sin fe, la razón colapsa”, son todo exageraciones apologéticas de creyente…”
    ¿Cómo te puede dar a entender que no llegaremos a poseer nunca la verdad cuándo él está pontificando con que tiene una que, como la tiene él, la hace extensible y necesaria a todos los humanos.
     
    En fin, sí.

    • M. Luisa

       
      No, Isabel, una persona crítica, loable donde las haya lo que defiende en situaciones semejantes, es una creencia o convicción suya sobre la verdad, pero no de lo que sea esta verdad   objeto de nuestra pregunta aquí y la mía, por ignorancia, de las primeras. ¡Rogaría que esto te quedase claro!
       
      Ahora, solamente a modo de diálogo, te diré que me parece absurdo calificar la verdad de verdadera. Lo que ha de dar verdad está en la realidad, por tanto, esta es la que nos habrá de mostrar como algo en ella es verdadero o falso. Así de sencillo.

  • M. Luisa

    Antes de dar unas breves pinceladas sobre el tema, me gustaría dejar claro que en el ejercicio de cualquier debate donde solo se emiten opiniones no tiene por qué arrogarse, ninguna de las partes estar en posesión de la verdad. ¡Ni por asomo! A mí también me chirrió tal manifestación, pero en fin, dejémoslo como está.   

    Ciertamente, el tratamiento que le da a la verdad D. Mariano en este artículo,   me da a entender que, en efecto, no la llegamos a poseer nunca, sino que más bien es ella, la verdad, la que se apodera de nosotros. Con este precedente, pues, podemos decir que la verdad surge de la realidad misma donde por nuestra inteligencia los humanos nos encontramos. Por tanto, existe este juego entre verdad, realidad e inteligencia, pero honestamente hemos de decir que es la verdad de la realidad la que se irá imponiendo sobre la lógica de nuestros criterios, dándoles así un sentido cada vez más verdadero. Pero solamente eso ni más ni menos. 
     
    Un cordial saludo 

  • Isabel

    Si se trata de no molestar a Mariano Álvarez, no hay problema, Ana. Cambio mi comentario de sitio y si Antonio lo tiene a bien que lo borre de aquí.

    Así se podrá debatir si se quiere …

  • Isabel

    Una de mis convicciones es esta:
     
    “La idea de derechos incondicionales, poseídos sólo después de que se reúnan, en cada caso concreto, ciertas condiciones para su aprobación por parte de otros, es una contradicción, en sí misma. Los derechos personales sólo son derechos incondicionales, si no están hechos depender del cumplimiento de alguna condición cualitativa, sobre la cual, los demás decidan quiénes son ya reconocidos miembros de la comunidad del Derecho y de los derechos. La humanidad no puede ser una comunidad de derecho en el sentido de un “negocio cerrado”; si lo fuera, entonces el axioma pacta sunt servanda sería válido, únicamente, con relación a quienes la mayoría ha consensuado en reconocerlos como sujetos de derechos. Solamente puede haber y debe haber, un único criterio para la personeidad: el de la pertenencia biológica a la raza humana. (Spaemann)
     
    Me podéis mandar a rezar, pero esto no tiene nada que ver con religión alguna ni con teísmos o no teísmos. Es una convicción fruto de la reflexión que me ha llevado a la conclusión de que esta es la mejor postura para el bien común de toda la humanidad.
     
    Dices, Ana
    “…partiendo del principio de que el embrión humano no es una persona jurídica…)
    “…si la ley lo permite en determinadas condiciones, allá cada cual y con sus actos. Mi respeto a quien tome la decisión que tome.”
    Es un pobre argumento y además desolador. De acuerdo a él, si un día, esperemos que no, llega al poder una mayoría suficiente como para negar el ser persona a ciertos colectivos o etnias, ¿qué dirías? ¿Allá cada cual con su conciencia si alguno decide acabar con el anciano demente puesto que la ley lo permite?
    Me dirás que un demente no es lo mismo que un feto. Ahora mismo no, o no del todo. Pero para Peter Singer y otros “grandes” pensadores a los que ya me referí son exactamente lo mismo: humanos “no personas”.
     
    Todo esto del cristal con que se mire, que no hay verdad, qué bueno sería cada cual a lo suyo; unido a las llamadas a la respetuosa tolerancia significa:
    . Déjame en paz con mi verdad (No vamos a buscarla)
    . Una exigencia al otro a renegar de sus convicciones para no ser intolerante, que las deje en meras hipótesis puesto que no hay verdad o todos la tienen, lo cual es lo mismo.

    Pero una cosa te digo, a eso no estoy dispuesta. Si el gobierno aprobase la pena de muerte, puedes estar segura de que les llamaría criminales, al ser un humano persona también con independencia de sus actos. ¿Por qué otra razón si no podría negarme a la pena de muerte?

    • ana rodrigo

      Isabel, no quiero trasladar aquí el tema de otro hilo, lo he citado por el tema de qué es la verdad cuando hay diferencia de criterios. El otro tema, dejémoslo donde está y quien quiera que opine.

      Quizá me he equivocado poniendo aquí este ejemplo. Perdón

    • mariano alvarez

      Aclaraciones:
      Ante todo, quiero agradecer los comentarios y muy en especial a los que discrepan, aunque también son de agradecer los que compartiendo lo expuesto, matizan, complementan o suplementan con sus propios argumentos el tema del artículo en cuestión, pues esa es la finalidad del mismo.
      Intentaré ser breve en mi respuesta, tema difícil a la hora de abordar tres conceptos como son, la verdad, la fe y la realidad, conceptos existenciales básicos y profundos de la realidad humana a la que me suelo referir con dos palabras sinónimas, que son las de hombre y persona, pero que refiriéndose a la misma realidad contienen un matiz intencional que las diferencia.
      El matiz al que me refiero es el de evidenciar la intención que aparentemente se oculta tras estas dos palabras. La primera, la de hombre, que según la cosmovisión cultural actual, eminentemente cientifista, que no científica, nos induce a contemplarlo como resultado de un proceso primordialmente evolutivo, en el que dicha realidad responde a una serie de causas y efectos gobernados por unas leyes propias de la naturaleza y así tratamos al hombre como un individuo de la especie Homo, en tanto que la segunda, la de persona, añade un plus diferenciador que trastoca la anterior cosmovisión de principio a fin y así poder afirmar que, “la persona teniendo naturaleza no es naturaleza” o también esta otra, “ el hombre siendo el mismo nunca es lo mismo”.  Expresiones contenidas, razonadas y argumentadas en una filosofía, una fenomenología y una antropología existencialista no meramente materialista, pues al despegarse de los determinismos de toda ley natural, abre un espacio nuevo en la realidad. De sobra soy consciente que este espacio metafísico reclama incluso un lenguaje nuevo, pero no se despega de la propia realidad, profundiza en sus entrañas, sin amenazar la realidad de las cosas que se perciben desde su nivel sensorial y evolutivo. Les da una mayor consistencia al elevarlas sobre la mera facticidad material y sensitiva, al introducirlas en la propia realidad personal con un sentido de finalidad, con un sentido teleológico y ontológico y no meramente óntico o fáctico.
      En este contexto, avalado por pensadores como Buber, Levinas, Mounier, Lacroix, Ricoeur, Nedoncelle, Marion, von Balthasar, Marcel, de la Peña y un sinfín más, dan credibilidad a las manifestaciones expresadas en el artículo, en lo relativo a estos tres conceptos de verdad, fe y realidad.
      El hombre, la persona es un ser desfondado, un ser que tiene que responder de sí desde la infirmidad de su ser, sin tener las pautas de conducta que le garantice el sentido y la finalidad de su existencia, a diferencia del resto de seres de la naturaleza. En este contexto he querido remarcar que dicho trio (verdad, fe y realidad) son privativos de todo hombre, de toda persona.
      N. Berdiaev, otro gran pensador existencialista decía respecto a la verdad que no pertenece a la realidad, que la verdad pertenece al ámbito de lo increado. Así resulta que la verdad ni se apodera de nosotros ni nosotros podemos apoderarnos de ella. La verdad pertenece al ámbito de la libertad creadora de toda realidad y como tal es aceptada o rechazada también en libertad
      La fe es la disposición intencional en la que el hombre, la persona, fundamenta su cosmovisión preconceptual de la realidad para salir al encuentro de la verdad, que al no pertenecer a la realidad es indemostrable.
      La realidad, es la praxis que el hombre, la persona, como ustedes quieran llamarle, ejercita en su dialéctica existencial entre la verdad y la fe, introduciendo en el mundo una realidad que supera e integra a la de aquel (al mundo o naturaleza)
      En conclusión, el hombre, la persona, es en sí realidad en proceso de ser lo que debe ser y en tanto no lo logre, será lo que no debe ser. Realidad fundamentada en la verdad. Esto no quiere decir que cuando no se fundamente en ella deje de ser realidad, será una realidad desestructurada, desintegrada y sin ser lo que debía ser, es decir fundamentada en la mentira.
      Con lo hasta aquí expuesto quiero testimoniar mi posicionamiento existencial desde un punto de vista antropológico más amplio que el meramente óntico de la razón científica. No pontifico en nada, pues no trato de demostrar lo que para mi es indemostrable. Usted querido lector con sus comentarios me ayuda a realizar una autocrítica, al igual que yo espero que usted también se la haga a partir de los míos, pues todos somos libres y responsables de lo que pensemos, digamos y hagamos con nuestra existencia que no con nuestra vida. De la primera somos responsables, de la segunda no, pues no nos la hemos dado a nosotros mismos.
      Recientemente he remitido a la redacción de Atrio unas reflexiones que bordean estos tres conceptos desde ámbitos distintos y que, si son publicados, espero acaben aclarando un poco más el tema.
      Pido disculpas por la extensión.
       

       

  • carmen

    Recuerdo que cuando tenía unos doce años, quizás trece, en mi colegio de monjas nos contaba la madre de religión lo de pilatos y esas cosas de semana Santa. A mí ese tema ,uf, no me iba, pero dijo algo que me enganchó totalmente. Por lo visto pilatos le dice en un determinado momento a Jesús algo así como: la verdad? Y qué es la verdad? Pero salió del lugar antes de que Jesús contestara, continuó mi profesora, así que perdimos la oportunidad de saber de boca de nuestro señor Jesucristo qué es La Verdad.

    Jolín, desde entonces de vez en cuando me acuerdo de aquella historia.

    Más adelante en literatura, creo que era Campoamor, pero a lo mejor era otro , ese señor escribía frases cortitas , una de ellas es la de la verdad y el cristal. Eso también me impresionó, tenía razón el señor porque a veces veía unas cosas y otros veían cosas diferentes sobre el mismo hecho. Seguía en el colegio, luego menos de 17 años.

    Y por fin leí a Antonio Machado. La, verdad? No, tu Verdad. La verdad ven conmigo a buscarla, la tuya, guárdatela.

    O algo así leí. En eso momento, quizás veintialgún años , entendí que No existe La Verdad. Sencillamente la buscamos, pero también buscamos qué hay más allá del arco iris. Creo que lo que hay son interpretaciones de la realidad. Propias, elaboradas por cada uno de nosotros y apoyándonos en otros. En los conocimientos de los otros. Pero los conocimientos cambian, evolucionan, luego La Verdad cambia. Porque La Verdad no es algo absoluto, es algo cambiante. El concepto de verdad supongo que estará en el diccionario, pero…no sé.

    Estoy absolutamente convencida de que el diálogo acerca a la verdad, porque te permite, si escuchas,  analizar las cosas con diferentes colores. Y mezclando los colores del arco iris, quizás nos acerquemos al color blanco, haciendo justo el proceso contrario que hizo Newton.

    No sé explicarlo mejor. Pero sé que nadie tiene La Verdad. Por eso me gusta hablar, dialogar, discutir. Y, escuchar.

    No sé si viene muy a cuento. A lo mejor me riñen porque digo lo que creo y este no es el lugar. No sé. Prometo que he leído el artículo. Pero , esto es lo que pienso acerca de La Verdad. Quizás por eso todo lo cuestiono. No es porque crea que tengo la verdad, en absoluto. Es para buscarla. Y me gusta buscarla.

    No sé.

    Un saludo señor Álvarez.

     

  • ana rodrigo

    En otro hilo, alguien recordaba el dicho popular de que “nada es verdad ni mentira, todo depende del color del cristal con que lo miras”.

    El tema que trata el amigo Mariano, es, como dice Antonio, recio desde el punto de vista teórico. Pero yo, que soy muy pedestre, bajo a la arena del día a día, y toda la teoría de definir qué es la verdad se me viene abajo.

    También en otro hilo de atrio se está debatiendo ardientemente sobre si el aborto es un crimen y las mujeres que abortan son unas criminales, contra quienes partiendo del principio de que el embrión humano no es una persona jurídica, defienden como derecho el abortar según la legislación correspondiente. Ambas partes se creen que están en la verdad ¿?

    Pues como este tema, la interacción en la vida cotidiana está llena de debates, discusiones, incluso, agresiones, porque alguna de las partes se creen su verdad como absoluta. De ahí que la convivencia tenga sus dificultadas cuando las personas implicadas tienen verdades absolutas y no escuchan a la otra parte las razones y los argumentos de su verdad.

    De aquí, y de tantas otras cosas, salieron los dioses como verdad absoluta, y de aquí la crisis religiosa de una sociedad madura que sabe pensar por sí misma y sabe respetar, o debe, a quien no piensa como yo.

    Gracias, Mariano por tu artículo que a mí me ha hecho pensar también en la relatividad.

    Un abrazo cordial.

  • Isidoro García

    El ser humano es preso de sus mecanismos internos, de la dinámica que lo constituye y explicita su naturaleza.

    Y al ser humano, lo constituyen unos valores instintivos, que tiene en lo más profundo de su mente: los tres grandes Valores universales.

    Estos son el instinto de Sintonía con el Universo, que se manifiesta en lo que se suele denominar “Belleza” o “Estética”, que más prácticamente podría denominarse como “Felicidad”.

    Y luego además tiene dos grandes instintos que rigen su vida: el del conocimiento de la Verdad, y el de la Bondad o Simpatía Universal, (que algunos denominan genéricamente como “Amor”).

    Estos tres grandes Valores-Instintos, englobados en lo que podemos denominar “espíritu Sapiencial”, son la última adquisición del humano en su largo proceso evolutivo, y lo que nos constituye como el primer ser que podemos catalogar de “inteligente”, en el proceso evolutivo en este planeta.

    Y como en todos los instintos, estos son unas tendencias con una fuerte carga de energía psicológica, una fuerte dosis e placer cuando se sigue, y una alta carga de insatisfacción y malestar, cuando de alguna forma, no se siguen dichos instintos.

    Esto se traduce en que cuando seguimos nuestro valor-instinto de sintonía con el Universo, nos acontecen fuertes descargas de satisfacción psicológica, que podemos asociar a la “Felicidad”, con una gran Alegría de vivir y un fuerte Sentido de nuestra vida. El no seguimiento de este instinto, nos genera la Insatisfacción existencial.

    Y lo mismo sucede con los otros dos Valores-instintos, el del conocimiento de la Verdad, y el de la Bondad-Simpatía Universal.

    Respecto a este último Valor de la Bondad, es una fuente más de felicidad personal.

    Adorno afirmaba que la amabilidad es la forma más modesta pero efectiva, de contribuir al bien común, y de extender una cierta concordia elemental y necesaria para la convivencia en paz. Y la cortesía expresaba nuestra disposición a valorar al otro con independencia de nuestros intereses.

     

    Después de este largo preámbulo, y ya que es la Verdad, el tema de este artículo, el gran premio que nuestra naturaleza nos otorga por seguir ese instinto-Valor universal del conocimiento de la Verdad, es el de una gran satisfacción personal y una fuerte sensación de que nuestras ideas y pensamientos son acertados y reflejan perfectamente la realidad.

    Nuestra experiencia, a poca que sea, nos dice, que esa sensación de poseer la verdad, es errónea y equivocada, pero no podemos remediar sentirlo así instintivamente. Es lo que somos, y así estamos hechos.

     

    Con este planteamiento, primero discrepo del concepto de mentira que aporta el amigo Mariano, en cuanto que “la mentira es cuando aquella (la falsedad), está impregnada por una intencionalidad, queriéndola hacer pasar como verdad”. 

    Esto solo sería así, cuando somos conscientes de su falsedad real, pero en la inmensa mayoría de los casos, exponemos algo que posiblemente no es real, pero creyendo internamente que es verdad. Una cosa es el error inconsciente y otra muy diferente la falsedad intencionada.

    Entonces todas las disquisiciones sobre el poder, la verdad y la mentira, no se muy bien si se refieren a la mentira consciente, o simplemente a la “mentira”-error inconsciente.

     

    Entonces, ¿qué podemos hacer para encontrar la Verdad?. Hay dos caminos: el lento y el rápido. El lento, que es el actual, consiste en estudio, más estudio, y reflexión y autoconocimiento personal. Es el camino del filósofo, que sea honrado intelectualmente.

    Respecto al camino rápido, uno de ellos es el atajo de la fe. Una fe que el amigo Mariano, considera “el principio existencial, (del humano), como atributo único y diferenciador de cualquier otra realidad en todo lo existente”.

    El principio existencial del humano, en mi opinión, es su inteligencia, y el desarrollo y uso de su naturaleza inteligente, no la fe.

    Toda fe, supone una confianza ciega, (aunque le busquemos razonabilidades), en un planteamiento que no está suficientemente comprobado, pero al que le damos una apuesta de veracidad. Y como todas las apuestas, epistemológicamente es un camino azaroso y conlleva un peligro muy grande de error.

    ¡Cuántas veces hemos sentido corazonadas e intuiciones fortísimas de algo, que luego no era verdad!. Sócrates, por ser Sócrates, pudo decir que su daimon no lo había dado un mal consejo nunca.

    Pero, ¿cuántos no Sócrates, hemos entendido e interpretado mal las intuiciones del “espíritu”, tergiversadas por nuestros errores cognitivos y nuestros sesgos mentales constitutivos de nuestra mente?.

    Ese es el largo y tortuoso camino de la sabiduría: equivocarse, y equivocarse, y equivocarse, aunque deseablemente, cada vez menos, y menos y menos.

     

    Yo creo que en una persona con mentalidad científica, poner la fe como sistema epistemológico para el acceso a la Verdad, es confundir las categorías, y equiparar un científico creyente, con un creyente científico, que no son ni mucho menos, lo mismo.

    Una cosa es el sustantivo, (de substancia), y otra el adjetivo que califica dicha substancia. Y la diferencia está en una pregunta personal que cada uno debe responderse honradamente: En el caso de no poder ser las dos cosas, ¿qué seríamos, y a qué renunciaríamos?.

    Eso de considerar la fe, como “que sin ella no seremos humanos”, y que solo con ella “se capacita para ejercitar sus facultades creativas”, y de que “sin fe, la razón colapsa”, son todo exageraciones apologéticas de creyente, locurillas de enamorado que considera a su novia la mujer más guapa del mundo, o quizás justificaciones de querer resolver a capón, la difícil conciliación de opuestos, que supone la Búsqueda de la Verdad, con nuestro escaso y deficiente equipamiento mental.

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