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Florencia y el Mediterráneo, un encuentro de ciudades

Permitidme que hoy traiga a ATRIO una invitación a un acto organizado por la revista florentina TESTIMONIANZE, que se encuadra dentro de un gran ENCUENTRO DE ALCALDES Y OBISPOSde ciudades mediterráneas que se celebrará partir de mañana. El espíritu de ese encuentro se remonta a quien fue alcalde de Florencia, Giorgio La Pira. Yo le conocí, visitándole junto a Ernesto Balducci, el fundador de Testimonianze.  Severino Saccardi, actual director, me envía este artículo junto a esta ivitación: “Sobre el mismo tema, el miércoles 23, a las 18 horas, Piero Meucci y yo dirigiremos, con importantes invitados (mañana, el programa completo), una videoconferencia que podrá seguirse en el canal You Tube de Rivista Testimonianze. AD.

Severino Saccardi escribió el domingo 20 febrero, 2022 en Stamp Toscana.

Florencia – “Los Estados pasan, pero las ciudades permanecen”, decía Giorgio La Pira. La ciudad, frente al carácter “artificial” y cambiante de los regímenes y las fronteras, era para él una especie de comunidad natural. “No se pueden destruir las ciudades”, reiteraba al convocar a los alcaldes de todo el mundo a Florencia por la paz.  Son palabras e imágenes cuya fuerza destaca en un momento en el que los vientos de la guerra vuelven a soplar sobre Europa. Y vienen espontáneamente a la mente en vísperas de la gran conferencia que se celebrará en Florencia para discutir la paz y el destino del Mediterráneo.

Habrá alcaldes y obispos. Es decir, representantes de territorios y ciudades. Y luego, se espera al Papa. Que es también, y quizás ante todo, el obispo de Roma. Volviendo a La Pira, fue precisamente con motivo del hermanamiento de la capital de la Toscana con la ciudad marroquí de Fez cuando el “santo alcalde” reiteró la antigua invitación franciscana a ser hermanos de todos. El Papa Bergoglio, que se inspiró en el Poverello de Asís ya desde la elección de su nombre, lo convirtió en el título (y la sustancia) de una encíclica.

En la estrategia de La Pira de “diplomacia desde abajo” (en la que los territorios y las comunidades locales hablan directamente entre sí), los hermanamientos (no sólo las reuniones y conferencias de rango) tenían una importancia evidente. No eran un evento formal. Representaron momentos de conocimiento, intercambio, superación de estereotipos y prejuicios. Se trata de una intuición que, paradójicamente, en la era de la interdependencia y del “mundo global”, es aún más pertinente hoy en día.

Esta no es una reflexión nueva. En un momento en el que los Estados-nación (que, con la emergencia de la pandemia, parecen haber recuperado temporalmente su importancia) deben replantearse su papel (y buscar agregaciones más amplias), cobra importancia la idea de la fuerza de las realidades locales (ciudades, territorios, regiones) que, entre ellas, pueden entretejer relaciones culturales, desarrollar proyectos comunes y desarrollar intercambios provechosos. Por supuesto, para dar fuerza y sentido a dicha estrategia, la ciudad (toda ciudad) debe preservar su vitalidad, velar por la prosperidad (material y cultural) de su propia comunidad y ser plenamente consciente de su propia historia e identidad.

No es un asunto menor para Florencia, que hoy está en el centro de la atención y que tiene el mérito de acoger esta gran reunión sobre el tema de la convivencia pacífica y la solidaridad en el Mediterráneo, Europa y el mundo. Por otra parte, como escribió Ernesto Balducci (cuyo centenario de nacimiento se cumple en 2022), ¿quién podría dudar de que “en el libre entrelazamiento de sus calles, en el diálogo aéreo entre sus torres y campanarios, en la convergencia de los tejados y colinas circundantes en un centro perspectivo, la cúpula de Brunelleschi, (…) Florencia fue construida según un ideal de paz?”.

Como dijo un no florentino (que, sin embargo, estaba en casa en esta ciudad) como el sacerdote-poeta David María Turoldo, Florencia tiene un alma especial que es a la vez “teológica y humana”. Palabras que emanan una fuerte sugestión, pero que también tienen un sonido muy exigente. Hacen un llamamiento a la conciencia y a la responsabilidad. Las ciudades tienen un alma y la cultura de las ciudades es una dimensión antigua, que siempre hay que reconocer y renovar.

Los alcaldes, los obispos, el propio Papa hablarán de temas importantes y vitales: el Mediterráneo y la convivencia de sus pueblos, la defensa de los derechos, la oposición a los impulsos agresivos que corren el riesgo de incendiar Europa. Por eso estoy aquí. Pero están aquí, y están juntos, en nombre de algo que los une. La cultura de la ciudad. Es decir, la conciencia, expresada por Agustín de Hipona, de que “la ciudad no está hecha de piedras y torres, sino de ciudadanos”. Tal vez sea aquí donde debamos volver a empezar, a reconocer la dignidad de nuestras diferentes afiliaciones, no para encerrarlas en los recintos de la desconfianza y la exclusión, sino para resaltar su valor, proyectándolas en esa única dimensión que nos une a todos y que nos convierte en ciudadanos del mundo.

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