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El proyecto de Jesús, madurando en el tiempo, 10

LOS DOS LÁZAROS 2/2

     La parábola de Lucas 16,19-31 donde se nombra al primer personaje llamado Lázaro termina asegurando que la Familia del dinero no reconocerá su fatídica equivocación ni aunque un muerto resucite:

      “no se dejarán convencer ni aunque uno resucite de la muerte” (v. 31).

9. El Lázaro de Juan

      En el cuarto evangelio, en cambio, encontramos un relato en el que sí acaba resucitando un muerto ya bastante muerto. Han pasado los días y no le han recogido los ángeles ni le han colocado a la vera de Abrahán ni le han ofrecido banquete alguno. Está muerto del todo.

      Da la coincidencia que este difunto era tocayo del finado de la parábola de Lucas. También respondía al nombre de Lázaro, aunque nada tenía que ver este con aquél. El de la parábola era un personaje de ficción. El del evangelio de Juan, alguien de carne y hueso.

      La pregunta que surge de inmediato es: ¿A quién se pretendía convencer con esta resurrección? Y, ¿para qué? Porque en el caso de la parábola, con la resurrección del fallecido Lázaro imaginario se perseguía lograr el cambio de mentalidad y comportamiento de los adinerados. Una gesta de proporciones inimaginables con efectos sociales y económicos de trascendencia histórica. ¿Hay alguna otra razón más poderosa que justifique la resurrección de este Lázaro real? Para encontrarla no tenemos más opción que proceder a un análisis del relato:

“38 Jesús entonces, reprimiéndose de nuevo, se dirigió al sepulcro. Era una cueva y una losa estaba puesta en la entrada.
39 Dijo Jesús:
– Quitad la losa.
Le dijo Marta, la hermana del difunto:
– Señor, ya huele mal, lleva cuatro días.
40 Le contestó Jesús:
– ¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?
41 Entonces quitaron la losa.
Jesús levantó los ojos a lo alto y dijo:
– Gracias, Padre, por haberme escuchado.
42 Yo sabía que siempre me escuchas, pero lo digo por la gente que está alrededor, para que crean que tú me has enviado.
43 Dicho esto gritó muy fuerte:
– ¡Lázaro, ven fuera!
44 Salió el muerto con las piernas y los brazos atados con vendas; su cara estaba envuelta en un sudario. Les dijo Jesús:
– Desatadlo y dejadlo que se marche.
45 Muchos de los judíos que habían ido a ver a María y habían presenciado lo que hizo, le dieron su adhesión.
46 Algunos de ellos, sin embargo, fueron a ver a los fariseos y les refirieron lo que había hecho Jesús”
(Jn 11,38-46).

 

10. Dudas y preguntas

      Una pausa tras la lectura de esta narración anima a reflexionar y permite al lector avezado plantearse un buen lote de dudas y preguntas:

a) ¿Por qué un hecho tan insólito y espectacular fue ignorado por los tres evangelistas anteriores a Juan? No encontramos en ellos ni una simple alusión a este acontecimiento. Es más, ninguno de ellos menciona siquiera el nombre del interfecto. ¿Acaso no les pareció importante para engrandecer la figura del Galileo? ¿O tal vez no conocían al tal Lázaro siendo tan amigo suyo?

b) Marcos y Mateo tampoco nombran a las hermanas de Lázaro, Marta y María.

      Solo Lucas lo hace en un episodio en donde intervienen las dos. Aunque de Lázaro, nada de nada. Ni siquiera cita su nombre. Y resulta muy extraño habiendo mencionado a sus dos hermanas y sabiendo que este evangelista presume al comienzo de su evangelio de haber investigado puntillosamente todos los hechos:

      “…he resuelto yo también, después de investigarlo todo de nuevo con rigor, ponértelo por escrito de forma conexa…” (Lc 1, 3).

c) Y Pablo, que tiene casi un tratado sobre la resurrección (I Cor 15,1-58),

      no dice ni pío respecto a la de Lázaro, cuando le habría supuesto contar con un irrebatible dato histórico en defensa de sus tesis.

d) Por si fueran pocas estas incomprensibles omisiones, surgen también dudas desde el mismo evangelio de Juan. El Galileo supo con anterioridad que su amigo Lázaro estaba enfermo. Las hermanas, preocupadas, le habían avisado con tiempo:

      “Las hermanas le enviaron recado:
            – Señor mira que tu amigo está enfermo” (Jn 11,3).

      Alguien capaz de resucitar a un muerto, ¿no podría haber evitado el trance? Esto es lo que algunos cercanos a la familia se planteaban:

      “Algunos de ellos dijeron:
            – Y este, que le abrió los ojos al ciego, ¿no podía hacer también que este otro no muriese?” (Jn 11, 37).

      El texto deja suponer que el Galileo conocía de antemano el final de Lázaro y se demoró a conciencia:

      “Al enterarse de que estaba enfermo, se quedó, aun así, dos días en el lugar que estaba” (Jn 11,6).

      Al parecer, aguardó la llegada de ese momento para actuar luego con un acto sublime y manifestar su propia gloria. Entendido así, parece repugnante dejar morir a alguien para poder mostrar una condición divina sabiendo el sufrimiento que tal suceso produce:

      “Esta enfermedad no es para muerte sino para la gloria de Dios; así se manifestará por ella la gloria del Hijo de Dios” (Jn 11,4).

      Esta actitud se confirma unos versos más adelante:

      “Entonces Jesús les dijo abiertamente:
            – Lázaro ha muerto, y me alegro por vosotros de no haber estado allí, para que lleguéis a creer” (Jn 11,15).

      Sin embargo, esa manera de actuar se contradice con la aflicción del Galileo ante la muerte de su amigo:

      “A Jesús se le saltaron las lágrimas” (Jn 11,35).

 

11. Sumando absurdos

a) Físicos: Por si no fueran suficientes discordancias, el relato en cuestión añade datos insoportables para la lógica: ¿cómo puede un muerto salir andando del sepulcro atado de pies y manos, y con la cara tapada? Eso resulta imposible hasta para un vivo:

      “Salió el muerto con las piernas y los brazos atados con vendas; su cara estaba envuelta en un sudario” (Jn 11, 44).

b) Sentimentales: No hay ni un solo gesto de alegría ante el portento. Faltan incomprensiblemente los abrazos, los besos, los nervios, las emociones. Ni un simple achuchón al muerto vivo. Nada; ni un grito ni una palabra ni una expresión de asombro. ¡Nada de nada! Y eso que el acontecimiento era para un escandaloso regocijo general y haber salido gritando a coro con el resucitado a hombros: ¡Oé…, oé, oé, oé!

c) Escenográficos: Y a todo esto se añade que el antes muerto tampoco habla; no pregunta qué ha pasado o por qué se encuentra como se encuentra, amarrado y de esa guisa. Tampoco expresa cómo se siente. Aparece alelado. Y para completar el elenco de absurdos, el Galileo retiene a los testigos del acontecimiento y ordena que dejen marchar al muerto. Él solo. Así, sin fiesta; sin conversación con el que ha revivido; sin una buena comida y una copichuela para celebrar su vuelta. Y, ¿a dónde iría? ¿No andaría algo desnortado?:

      “Les dijo Jesús:
            Desatadlo y dejadlo que se marche” (Jn 11,44).

      No hay salida para tanta paradoja cuando se comprende el texto desde su literalidad. Resulta insostenible su aceptación como hecho histórico. Se impone su análisis adentrándose en su sentido figurado para encontrar el mensaje que con él se nos ha querido transmitir.

 

12. Claves del cifrado

      Una afirmación previa del Galileo a una de las hermanas, Marta, adelanta el mensaje encerrado en este relato:

      “Le dijo Jesús:
            – Yo soy la resurrección y la vida; el que me presta adhesión, aunque muera, vivirá, pues todo el que vive y me presta adhesión no morirá nunca” (Jn 11, 25).

      La comunidad autora del cuarto evangelio transcribió su experiencia poniéndola en boca del Galileo: La muerte, según ellos, no interrumpe la Vida de que disfrutan. Esa Vida la supera. Llegar a ese convencimiento les supuso un proceso.

a) Insuficiencia del recurso a Dios.

      En esa conversación con Marta, esta se había quejado al Galileo por su retraso. Su hermana María actuará más tarde en el mismo sentido pronunciando prácticamente idéntica censura:

      “Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano” (Jn 11,21.32b).

     Marta piensa en la posibilidad de una curación milagrosa. Pero ante la realidad de la muerte solicita al Galileo su intercesión para conseguir que Dios actúe favorablemente y devuelva la vida a Lázaro:

      “…pero, incluso ahora, sé que todo lo que le pidas a Dios, Dios te lo dará” (Jn 11,22).

      Se sitúa en la esfera religiosa. Piensa en el recurso a Dios. Dios es para ella la solución. La religión es su agarradera. Su hermano ha perdido la vida. Es solo un cadáver. Ahora todo depende de Dios. Muestra una endeble adhesión al Proyecto. No ha comprendido todavía el valor definitivo de la Vida contenida en él: “Él contenía Vida y la Vida era la Luz del ser humano” (Jn 1,4).

      El Galileo trata de hacerla recapacitar. La Vida, no la muerte, es lo definitivo:

      “Jesús le dijo:
            – Tu hermano resucitará” (Jn 11,23).

      Pero Marta no sale de los criterios religiosos. No acaba de comprender. Piensa en la tradición recibida: en un tiempo muy alejado. Las palabras del Galileo no le consuelan ni representan para ella una novedad que revitalice su desaliento:

      “Ya sé que resucitará en la resurrección del último día” (Jn 11, 24).

      Para el Galileo, la resurrección y la Vida comienzan aquí y ahora. Ese tiempo distante del que hablaba Marta, el del último día, lo tiene a la mano, es el tiempo definitivo que él ha inaugurado. La comunidad del cuarto evangelio alcanzará a tener esa experiencia. La escena de la resurrección de Lázaro será su manera de explicarla.

b) La cueva mortuoria

      La escena se abre con el Galileo camino del sepulcro donde Lázaro ha sido enterrado. Se le nota una y otra vez su gran pena por la pérdida del amigo: “reprimiéndose de nuevo” (v.18a). No podía ocultar el sentimiento que le embargaba. La gente interpreta equivocadamente que acude al lugar del enterramiento para lamentarse:

      “Los judíos comentaban:
            – ¡Mirad cuánto lo quería!” (Jn 11, 36).

      A la llegada al sepulcro se ofrece un dato a no despreciar:

      “Era una cueva” (Jn 11,38b).

      Han colocado el cadáver alejado del espacio donde se desarrolla la vida. La caverna es el submundo. Como madriguera cerrada, la cueva se usa a modo de guarida buscando no ser detectado y a la espera de que pase el peligro:

      “Al oír a los jinetes y arqueros, huyen los vecinos, se meten en cuevas…” (Jer 4,29).

      Cueva y sepulcro están a la par:

      “…un pueblo rebelde,
      Que andaba por mal camino, siguiendo sus antojos…
      Que se agachaba en los sepulcros
      Y pernoctaba en grutas” (Is 65, 2.4a).

      El término griego σπήλαιον (‘cueva), además de aquí, solo aparece en los evangelios en boca del Galileo para referirse al Templo:

      “…Vosotros la tenéis convertida en una cueva de bandidos” (Mc 11,17b y paralelos).

      En la cueva, un lugar inapropiado para el despliegue de la vida, reinan las sombras. Allí falta la luz. Domina la Tiniebla. No es sitio para Lázaro. Pero los acompañantes del Galileo consideran que él está allí.

      A esta condición negativa de la cueva se suma el hecho de tener inaccesible su salida. Al taponar la entrada, han separado los dos espacios, el de la vida y el de la muerte. Resulta imposible el paso de un lugar a otro. La muerte es un final irremediable. No hay forma de escapar:

      “y una losa estaba puesta en la entrada” (Jn 1,38b).

 

13. Removiendo la losa sepulcral

      El Galileo no acepta la muerte como acabamiento de la vida. La muerte no es su desembocadura. La vida definitiva arranca aquí y ahora una vez dejada atrás la muerte-esclavitud. Ante la concepción de la muerte física como final, él ordena abrir el acceso a la cueva. Hará comprender a quienes tapiaron el paso, que la muerte no es el fin; hay salida:

      “Dijo Jesús:
            – Quitad la losa” (v. 39a).

      Son palabras mayores. Habrá resistencia a echarse atrás de la creencia tradicional. El mundo de los muertos es para los presentes otro mundo. Están separados. Abrir la puerta va contra la lógica. Los signos repulsivos de la muerte muestran la desaparición de la vida. El sepulcro no es sino el desguace en descomposición. Marta, la hermana del difunto, personaliza esta creencia y pone en tela de juicio la orden dada por el Galileo. La evidencia refuta dicha orden: El muerto no tiene ya solución; está muerto por los cuatro costados (el hecho de la muerte afecta a todo el universo humano; el número cuatro representa lo global, los cuatro puntos cardinales):

      “Le dijo Marta la hermana del difunto:
            – Señor, ya huele mal, lleva CUATRO días” (v. 39b).

      El Galileo no se achanta; porfía. Marta vacila. Ella habla por todos los presentes. Una adhesión al Proyecto (“y un dios era el Proyecto”) teórica y carente de firmeza no puede haber experimentado la energía vital del amor leal. El amor leal es la expresión de la Vida que no puede ser vencida por la muerte. El colectivo del sepulcro necesita consistencia para comprobar que en esa Vida se manifiesta la gloria de Dios:

      “Le contestó Jesús:
            – ¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?” (v. 40).

      Las palabras del Galileo sonaron a invitación a tomar partido. La comunidad ha de abandonar por inválidas las creencias tradicionales que sitúan la muerte como último momento de la vida. La experiencia del amor leal saca la Vida a flote y la muestra capaz de romper todos los muros. La comunidad distinguida por la hermandad de Marta, María y Lázaro optó por desprenderse de las arcaicas tradiciones. Ha tomado la decisión de abrir el paso de la muerte a la Vida:

      “Entonces quitaron la losa” (v. 41ª).

 

14. La gloria de Dios

      Tras renunciar a sus antiguas ideas, la comunidad está preparada para entender el verdadero horizonte de la Vida. La Vida que propone el Galileo no depende de un capricho divino, que la da o la quita a su antojo. Tampoco es invento suyo. Está contenida en el Proyecto del que está absolutamente convencido y se siente responsable de su realización. La Vida está ahí, al alcance de cualquiera, basta la aceptación de ese Proyecto humano y social. Como la tierra, que tiene todo lo necesario para recibir a la semilla y hacerla germinar, el ser humano reúne todas las condiciones para que la Vida se desarrolle hasta el punto de que la muerte no la derrote. Basta aceptar el amor leal como base de esa Vida. Por eso el Galileo no pide nada a Dios. Da gracias como signo de su certeza acerca de la excelencia y gratuidad de esa Vida. Agradeció, al igual que hizo en la escena de la división de los panes (ver en Atrio La semilla de la igualdad https://www.atrio.org/2010/11/la-semilla-de-la-igualdad-12/). Esa misma certidumbre es la que tiene que lograr la comunidad. A eso anima el Galileo:

      “Jesús levantó los ojos a lo alto y dijo:
            – Gracias, Padre, por haberme escuchado. Yo sabía que siempre me escuchas, pero lo digo por la gente que está alrededor, para que crean que tú me has enviado” (vv. 41b-42).

      El sepulcro manifiesta la muerte. En él tienen los ojos clavados las hermanas de Lázaro y quienes han acudido allí con ellas. Pero la Vida no puede ser enterrada. Para el Galileo resulta equivocada la creencia de la muerte física como acabamiento de la Vida. Aceptar el amor leal como principio vital erradica el temor a la muerte. El grito del Galileo certifica su absoluta convicción sobre el valor imperecedero de esa Vida a la que exige salir del lugar que no le corresponde:

      “Dicho esto, gritó muy fuerte:
            – ¡Lázaro, ven fuera!” (v. 43).

      Le Galileo intenta hacerles ver que, aunque el cadáver no puede salir. Lázaro, sí. La comunidad habrá de retirar su mirada de la cueva. Lázaro no ha quedado apresado entre sombras. Él está vivo. Ellos han querido atarle a ese cadáver. Lo han amarrado bien de pies y manos, como quién considera indiscutible que la muerte bloquea definitivamente la vida. No hay vida sin movimiento. Hasta le han ocultado el rostro pensando que ya no es persona. Les asusta la visión de sus restos. Los identifican equivocadamente con él. A pesar de ello, oyen la voz fuerte del Galileo animándolos a aceptar que Lázaro pertenece a la Luz, resplandor de la Vida:

      “esa luz brilla en la tiniebla
      y la tiniebla no la ha apagado” (Jn 1,5).

       El sitio de Lázaro está fuera de la cueva:

      “Salió el muerto con las piernas y los brazos atados con vendas; su cara estaba envuelta en un sudario” (v. 44b).

      La comunidad necesita progresar con un último movimiento. Supondrá liberarse por completo de su atadura a la resignación propuesta por la tradición y abrirse paso a la experiencia social de la Vida en la que fluye sin obstáculos el amor leal. Para conseguirlo deberá desanudar su concepción de la Vida. La perciben aún amarrada sin remedio a la muerte. Quienes han optado por la Vida tendrán la experiencia de su carácter definitivo. La comunidad ya no mira al sepulcro. Lázaro ha salido de esa esfera dominada por la Tiniebla. La Tiniebla y la idea de la muerte esclavizan. La Vida se distingue por la libertad. La comunidad ve la Luz. Ha perdido el miedo:

      “Les dijo Jesús:
            – Desatadlo y dejadlo que se marche” (v. 44b).

 

15. Adhesión leal o rechazo criminal al Proyecto

      El narrador termina afirmando que muchos de los receptores de la pedagogía del Galileo aceptaron su Proyecto y le dieron su adhesión. Se decantaron por La Vida definitiva:

      “Muchos de los judíos que habían ido a ver a María y habían presenciado lo que hizo, le dieron su adhesión” (v. 45).

      Otros, en cambio, siguieron encerrados en sus ideas tradicionales. Y viendo el peligro que el Proyecto del Galileo representaba para el sistema ideológico, acudieron a denunciarlo ante las autoridades religiosas. Aquel hombre de Nazaret desbarataba las creencias de siempre, anunciaba el reinado de la Vida y desterraba el miedo a la esclavitud que aniquila a la gente y a los pueblos.

      El hecho fue considerado por las autoridades de una gravedad extrema. No se equivocaban en su interpretación: La Vida y cómo obtenerla resultan una amenaza mortal para el orden injusto. El Proyecto no se reduce a la intimidad. Su efecto social atraviesa fronteras y llega a poner en riesgo al imperio dominante. Así lo entendieron los del Consejo Supremo de la nación:

      “Los sumos sacerdotes y los fariseos reunieron entonces una sesión del Consejo y decían:
            – ¿Qué hacemos?, porque ese hombre realiza muchas señales. Si lo dejamos seguir así, todos van a darle su adhesión y vendrán los romanos y quitarán de en medio nuestro lugar sagrado e incluso nuestra nación” (Jn 11,47-48).

      La Vida y la libertad son extremadamente peligrosas para el sistema injusto. El gerifalte de aquel año dará con la solución: Hay que cortar por lo sano:

      “Pero uno de ellos, Caifás, que era sumo sacerdote el año aquél, les dijo:
            – Vosotros no tenéis idea; ni siquiera calculáis que os conviene que un solo hombre muera por el pueblo antes que perezca la nación entera.</p/

      Así aquel día acordaron matarlo” (Jn 11, 49-50.53).

      El peligro estaba en la pedagogía del Galileo. La vida no se reduce a un movimiento encaminado inexorablemente hacia su derrumbe: la muerte. Es la grandiosa experiencia social que ha logrado dejarla atrás.

41 comentarios

  • Carmen

    Cuando le pedí a Salvador Santos que me explicase algo del apocalipsis porque es un libro horrible para mí cabeza, me dijo: dame 24 horas para hacer un milagro. Obviamente era broma. Porque algo me dice que no cree en los milagros.

    Y me mandó unos vídeos, muchos, de un curso que su compañero de trabajo y amigo Juan Mateos había dado a no sé quiénes y lo grabaron.

    Es como oír a Salvador hablar. Idéntico. Piensan igual.

    No se lo pierdan.

    Bueno, si les gusta esto de la exégesis. Es increíble la interpretación que hace el señor Mateos. Belleza por donde lo mires. Me refiero a esa interpretación.

    Si les gusta la novela gótica, romántica, de horror, es insuperable. Si no, pues no les gustará

    Ese señor, Juan creo que se llama, y digo creo porque ya no sé…transmite una esperanza brutal. Justo , justo, lo contrario de lo que creía.

    Y puestos a elegir… me quedo con la esperanza.

     

  • Asun Poudereux

    Hola, Salvador. Llevo semanas pensando en decirte esto: En si me puedes hacer llegar a través de Antonio D. tus escritos sobre el Apocalipsis. No dudo en que me van a gustar y sorprender muchísimo.  Muchas gracias.

    Ahora que pienso, creo que tu correo lo dejaste en respuesta a Carmen. Lo buscaré.

    Un abrazo.

  • Santiago

    Si nos resistimos a creer en milagros, tendríamos que dejar de ser humanos puesto que nuestra misma realidad humana es un milagro.

    Milagro es que pueda existir vida racional en un satélite de una pequeña  e s t r e l l a  situada en el borde de una de entre las mil millones de galaxias de que se compone el Universo. Esto ha sucedido contra toda probabilidad entre las improbables.

    Milagro de vida es la constante de Planck que fija “exactamente” la fuerza con que se mueven los electrones en los átomos de manera que si ésta tuviera un valor ligeramente superior o inferior, el producto sería completamente diferente. Lo mismo aplica para la constante de Avogadro para los gases y las leyes de Faraday para la electricidad.

    Milagro fue el inicio de la Creación cósmica cuando para la explosión inicial se requirió una causa eficiente de eficacia infinita pues la masa y temperatura eran virtualmente infinitas al instante inicial de la Creación donde los parámetros de medidas superaron a la física humana y prácticamente desaparecieron en ese instante.

    Y milagro es  que el mundo se sostenga  en un continuo  equilibrio inestable. Y milagro diario es que nuestras constantes vitales permanezcan afinadas e intactas para que sostengan nuestra vida. Sólo la fisiología del túbulo   renal es una imposibilidad si no se admite una información extrinseca extra-natural.

    Y no hablemos de la vida del átomo ni de la actividad celular pues entraremos en un mundo de maravillas continuas en el que estaríamos hablando por horas y horas.

    Si nuestra vida física racional no puede explicarse adecuadamente en el siglo XXI y con propiedad hablamos que es “milagroso” existir y sostenerse en la vida, con mas razón podemos pensar que haya hechos que superen toda explicación natural como es volver a la vida después de estar muerto o la curación súbita de una enfermedad establecida y real

    No tenemos pues derecho a negar “a priori” los milagros de Cristo por el hecho que superen “lo natural”. Ya vemos que el milagro es posible. La experiencia nos lo dice.

    Podemos creer o no creer. Vemos que ante la presencia de la resurrección de Lázaro, que, por cierto, fue sólo temporal, no la final, muchos creyeron en Cristo como el Hijo de Dios verdadero, pero otros, estando allí, y viéndolo todo NO creyeron. Por eso, la FE sigue siendo libre, puesto que se trata de una cabal decisión  de la voluntad.

    Un saludo cordial

    Santiago Hernández

    • Carmen

      Buenas noches. Vaya un madrugón que me he tenido que dar. He oído el despertador de puro milagro. Desde que me jubilé, lo jubilé también a él.
      Por fa. Consulte en el diccionario de la RAE, la definición de milagro. Verá como hay dos. Una de ellas se ajusta perfectamente a la primera parte de su escrito, y otra a los milagros de Jesús.
      Volvemos a lo de siempre. Dios elije a quien ayuda y a quién no? Pues vaya.

      Nunca aplico la palabra milagro cuando me quedo asombrada ante alguna maravilla, utilizó la palabra magia. Por ejemplo, a mis críos les decía que la clorofila es mágica porque tiene el poder de robar energía al sol , transmitirla a la materia inorgánica y convertirla en orgánica. Y entonces todos los seres vivos podemos nutrirnos. Tenía un compañero que me decía, cómo puedes utilizar la palabra Magia en una clase de ciencias? Luego los cojo yo y… Pues explicale tú lo de la transferencia de electrones, al final es pura magia.

      No. Una cosa es ver a Dios EN el universo, y otra cosa es pensar que caprichosamente puede cambiar las leyes cuando le apetezca para favorecer a unos y a otros que les pide lo mismo no les hace ni caso.

      No me gusta ese Dios. El mío es otro.
      Y no sé cómo decir ya que cada uno cree en lo que puede, no en lo que quiere.
      Buen día. Va a ser laaaaargo, largo.

      • Carmen

        Había una frase que decía algo así como que Dios trae la lluvia y el sol para justos y pecadores. Ese es el mío.

      • Carmen

        Y si me va a preguntar quién elaboró, ideó,las leyes de la naturaleza, ni idea. Solamente sé que si fuese eso que llamamos Dios, jamás las incumpliría
        caprichosamente. Sería un acto de Soberbia increíble, de demostraciøn de Poder que me asusta. No me gusta ese Dios.

        El mío es estilo Spinoza: Dios es la fuerza de mi fuerza. Es la mejor idea sobre Dios que he leído.
        Y me voy porque voy a llegar tarde a pesar del milagro de haber oído el despertador.

        • Salvador Santos Pacheco

          Hola Carmen

          Uno de los artículos publicados en ATRIO en 2010 perteneciente a la serie LA SEMILLA DE LA IGUALDAD (https://www.atrio.org/2010/11/la-semilla-de-la-igualdad-13/) apareció con el siguiente título:

          ¡NO HAY SEÑAL DEL CIELO QUE VALGA!

          El texto explicado en ese artículo es el de Mc 8, 10-13:

          “Se montó en la barca con sus discípulos y fue derecho a la región de Dalmanuta. Salieron unos fariseos y empezaron a discutir con él, exigiéndole para tentarlo, una señal del cielo. Dando un profundo suspiro, dijo:
          – ¡Cómo!, ¿esta gente exige una señal? Os aseguro que a esta gente no se le dará señal. Los dejó, se embarcó de nuevo y se marchó al otro lado”.

          En el evangelio de Juan aparece una primera señal con la caducidad de la Antigua Alianza y la llegada de la alegría con la Nueva en el relato de la boda de Caná (https://www.atrio.org/2020/10/el-proyecto-de-jesus-madurando-en-el-tiempo-7/) . La segunda, en el relato del funcionario real, indica que la igualdad da la vida al pueblo (https://www.atrio.org/2012/05/el-funcionario-real/).

          Un abrazo

          • Carmen

            Gracias.
            A veces me produce auténtica angustia sentirme sola cuando hablo de estas cosas. Por eso me estoy planteando dejarlo ya. Pero es que estamos en un momento tan crucial que me parece una cobardía.
            No sé.

      • Santiago

        No podemos establecer una definición de milagros, para incluir a unos, y otra para excluir a los de Cristo porque yo considere que NO pudieron o no pueden existir..Eso se llama “doble standard”

        Todos los testigos de los milagros de Cristo -que fue toda Su vida- murieron mártires por no querer negar lo que ellos vieron, oyeron, palparon..Son creíbles, ya que nadie muere en unanimidad por una mentira y porque no fueron alucinaciones colectivas sino que han sido múltiples hechos comprobables por cientos de personas que dieron testimonio durante todo el siglo I. Y esta fue una de las causas de la condena a muerte de Jesús instigada por Caifás: la negación del milagro de la divinidad de Cristo a partir de la Encarnación

        El hecho es que existen los milagros. Y los de Jesús ni siquiera han podido ser borrados de los Evangelios puesto que entonces TODO desaparecería. Pero Jesús es histórico como Pilato, como lo fue Tiberio, como lo ha sido Arquelao..y lo fue Nerón

        Por otro lado, el Creador del Universo no viola ninguna ley natural en el milagro. No es un capricho. Nada permite o realiza Dios que no vaya encaminado al bien “de los que lo aman”..Dios es el legislador y el creador de las leyes naturales y puede modificar temporalmente -y de hecho lo hace- su cronología y su esencia, de la misma manera que el jurista puede hacer una excepción modificando las leyes sustancialmente en su contenido y efecto. Dios NO esnaturaleza “ciega” e “inflexible” sino que es personal y es Amor por nosotros. El milagro siempre está dirigido a nuestra felicidad, no se dirige a nuestro mal. Es todo lo contrario

        Claro que podamos negar todos los milagros que queramos, especialmente los del Evangelio, aunque nunca llegaremos a desaparecerlos..ya que no ha podido hacerse en 21 siglos..Es mucho más difícil negar la fuerte evidencia del milagro que aceptar su posibilidad.

        Un saludo cordial
        Santiago Hernández

        • Carmen

          Santiago.
          Dos acepciones diferentes de la palabra milagro. Según nuestro idioma. Dos acepciones diferentes.
          Los pobres que murieron asesinados fue por motivos políticos en el fondo, los romanos no podían aceptar que se atentase contra la divinidad del emperador, porque entonces se les caía a ellos su montaje. Solían aceptar las religiones y costumbres de los pueblos que conquistan y, una vez masacrados,y limpio de traidores, los dejaban a su aire siempre que pagasen sus impuestos. Pero si el ejemplo está en el mismo pueblo judío. Además, dicen que esa postura era muy inteligente porque acababan convenciendolos de que en el imperio romano se vivía muy bien. Pero claro, empezaron a hacer responsable a los cristianos de una serie de cosas y los vieron una amenaza y, zas, a los leones.

          Querido amigo. Nada se caería. En absoluto. Solamente hay que cambiar el color del cristal con que se mira.
          Pero bueno, es hablar por hablar. Me alegro que usted lo tenga tan claro. De verdad. Me alegro. Lo que sucede es que me encanta discutir, ya se habrá dado cuenta.

          Un abrazo y cuídese mucho. Hoy le hacen la prueba del coronavirus a mí nieta, en diciembre hará cinco años.una profesora suya ha dado positivo. Estoy segura de que no habrá tenido la mala suerte de contagiarse y si lo ha hecho, se que la inmensa mayoría de los nenes son asintomáticos. Pero…

          En España está pegando muy fuerte. Y el problema de verdad lo tenemos los mayores y los que están un poco tocados en la salud.

          Así que cuídese mucho.

          Y que nadie me diga que esto lo hace un padre amoroso porque sabe, porque quiere y porque puede.

          No sé si me explico.

  • Carmen

    Hace ya décadas que se cuestiona la resurrección física, tal y como dice el término, resurrección de entre los muertos.

    Ahora hay una corriente de pensamiento teológico que apunta que la resurrección no es del cuerpo, sino del alma, aunque no sé si esa palabra se puede utilizar ya. Me refiero a una resurrección como del pensamiento, un cambio de enfoque de la vida.

    Y por supuesto se abunda en la idea de que Jesús, aún muerto está presente entre nosotros porque su memoria lo está. Algo así como el relato de Ray Bradbury en el Hombre Ilustrado. Era un señor que tenía todo su cuerpo lleno de tatuajes, de ahí su nombre, y si te quedabas fijamente mirando a una de sus ilustraciones cobraba vida y se reproducía la historia. Y la veías.

    Una de ellas es que en una época de esas de quema de libros, todos los autores inmortales están en un planeta. Y cuando quemaban su último libro, se deshacían en la nada. Un relato preciosisimo. Defiende la idea de que mientras que te recuerden a ti o a tu obra, sigues vivo.

    Pues en ese sentido he leído a no pocos teølogos. Pero claro. Es una idea que se carga la resurrección de Jesús tal y como nos la han contado.

    La verdad? Pues que cada uno, cada una piense como quiera, o como pueda.

    • Román Díaz Ayala

      Con esa virtud tuya de aletear haciendo despertar las inquietudes de la gentes en todo a un tema o problema, ahora nos planteas tu observación: ¿Hace décadas que se plantea la resurrección física?
      Sí y no, depende de hacia donde miremos.
      Quienes han conocido del cristianismo y lo han rechazado, ya sea calificándolo de fantasía, superchería o que no encaja con la lógica de cómo transcurren las cosas.

      ¿En el campo de la teología?
      Pues depende también hacia donde miremos.
      En el campo de la historia, tendríamos que remontarnos Richard Simon (siglo XVII), por ejemplo, para estudiar la evolución de “los biblistas”. Si añadimos la teología, ahora en el campo protestante, tenemos que señalar a Adolf Harnack y luego a Rudolf Bultmann en la crítica radical bíblica e histórica.
      Ahora cierto sector católico está inserto en la escuela liberal.
      A Harnack le debemos la teoría de la helenización del cristianismo y su influencia llega hasta hoy, y a Bultmann que el Cristo histórico nos ha llegado de una forma mítica, tal es el Cristo de la fe.

      El tema es muy amplio.
      Pero no estamos innovando nada, ni hemos descubierto algo nuevo.

      • Asun Poudereux

        Si se habla desde la vida interior personal, sí creo, Román, que hay cambios y transformaciones.

        Al ir liberándonos de tan pesadas cargas, especialmente las mujeres, que nos han ido imponiendo sin medios ni recursos de poder cambiar la mirada y con ella el corazón con los pies asentados en tierra. Sin miedos ni culpas de los desechos de otros.

        Lo que se haya escrito y reflexionado hasta ahora, ha ayudado a esta liberación. Quedémonos cada cual con lo que va dando sentido a nuestras vidas, pues viniendo de donde venimos, lo esencial permanece en movimiento emergente sin saber a donde nos lleva, pero sí de donde surge y emerge.

        Un abrazo a ti y a Carmen.

        • Carmen

          Asun, bonica. Lo que no podemos es cortar el paso a otros personas que quieran dar sentido a su vida.
          Eso es lo que hacemos, la gente no entiende nada. Ven el paso cerrado y buscan otro.
          El problema no para quienes somos capaces de saltar la valla del absurdo. El problema es para los que dan media vuelta y se van. Y no tienen acceso a ese mensaje liberador.
          Nosotros no importamos.
          Un abrazo

        • Román Díaz Ayala

          Hola, Asun,
          hablas de la vida interior, y claro, eso es otro tema, que podríamos formular de la siguiente manera:
          ¿Son las personas actuales más conscientes de si mismas que nuestros progenitores, las generaciones que nos van precediendo?
          Sí, por supuesto, porque el siglo que nos tocó vivir fue tan trágico y catastrófico y los cambios tan acelerados que nos ha tocado cuestionarnos hasta nuestra propia identidad.

          Carmen tiene una sensibilidad tan especial que transpira esos supuestos a la mínima que asomen y por eso fue mi intervención recogiendo el guante de su propuesta/desafío: ¿Quién cree en la resurrección y desde cuando?

          La respuesta tiene que darse desde nuestro interior, y no venir impuesta.
          ¡Tal es el nudo de la cuestión!

          El racionalismo bíblico no lo resuelve.

          • Carmen

            No Román. Amigo. No es quién es más o menos consciente. Mejor ni peor.
            Te prometo que no juzgo. Cómo voy a jugar a nadie? Soy maestra, gracias a dios, no juez. El día que mi hijo me dijo que no iba a preparar judicatura hice palmas con las orejas. Ahora es inspector de trabajo. No juzga. Informa de las irregularidades. Gracias a Dios.

            No hay que juzgar a nadie, pero sí puedo decir que , a día de hoy. De hoy. No de ayer. De hoy. La institución de la iglesia tiene que renovarse desde los cimientos hasta el humo que sale por la chimenea de la capillia sixtina cuando se proclama un papa nuevo.
            Porque lo de antes ya no se vale. Insisto. No para nosotros. Nosotros no importamos. Así somos. Podemos hablar por hablar, discutir, pelearnos y hasta dejarnos de hablar. Pero no somos futuro. Somos presente. Lo que importa es el futuro, por tus nietos, por los míos, por los de todos.

            Y te voy a decir una cosa, que supongo que ya lo habré dicho. Mi hijo, es anti, bueno, anti iglesia. Y un día me dijo, en una discusión de esas familiares: ya, ya… pero en lo único que tenía razón el maestro era en aquello de trata a los demás como te gusta que te traten a ti.

            Ese es el mensaje que no se puede perder. No me preguntes cómo fue capaz de verbalizar esa frase, pero estoy superorgullosa de él. De haber sido capaz de extraer ese mensaje en medio de tanta locura.

            Y ya me callo.
            Otro abrazo.
            Nos hacen mucha falta. Uuuuuufffffff.

          • Román Díaz Ayala

            Vamos a ver, no es cuestión de juzgar a nadie, de hacer juicios de valor, pues no estamos esas tesituras, ad hominem.
            ¿Que “las iglesias” piden a grito una renovación, incluida la católica, o particularmente ella? De acuerdo. Pero estamos hablando de instituciones.
            Yo me considero un cristiano reformado, y creo militar entre muchos más. De ahí mis enjuiciamientos de ciertos temas. Ni me dedico a fortificar murallas ni a cavar trincheras. Estoy en otra onda y así me manifiesto.
            Todo lo que creo entenderte a tí es lo que a veces dudo que tu comprendas.
            Pero estamos en el camino.

          • Carmen

            Que tú me entiendes ? Pues me alegro. La verdad, pensaba que no.

            A mí tampoco me van las trincheras, por favor, me va el diálogo hasta el fin del fin.

            Sorry por insistir. Pero no voy a dejar sin respuesta a esa insinuación de que no entiendo. Madre mía. Pero si mi profesión ha consistido justamente en entrar en la cabeza de los adolescentes. Tú sabes la mili que tengo hecha sobre entender al que tengo enfrente?

            Si. Entiendo. Ya lo creo que te entiendo.

      • Carmen

        Y qué es totalmente nuevo?
        Solamente sé que muchísimas personas echan al contador todo esto de Jesús porque hay cosas que no pueden aceptar. Su cabeza no les deja. Hacen un paquete y hala, al contenedor. Y a otra cosa. Y anda que no hay cosas…

        Para mí es una perdida tremenda para nosotros y nosotras. Para toda nuestra especie. Para mí.
        Nos detenemos en los árboles de la divinidad, de la resurrección, de los milagros, del juicio final, de la virginidad de la virgen, nunca mejor dicho, de que sí es inmaculada o no, que por cierto la mayoría de las personas piensan que es el día en que María se quedó embarazada, que si el Papa es el embajador del reino de los cielos, que si dios es uno, pero tres…

        Y nos perdemos el bosque maravilloso del pensamiento de Jesús.

        No te equivoques, no voy de saber teølogia, es justo al revés, he leído cosas para tratar de entender algo y descubrí que hay personas que son muy leídas en estas cosas y piensan de una manera muy parecida. Cómo por ejemplo el teólogo del artículo del amor y el error. Te aseguro que no me ha descubierto nada nuevo. Ni a ninguno de vosotros tampoco, vamos, por favor, aquí tontos no somos nadie. Unos sois más listos que otros, pero tontos, ni uno.

        Por supuesto que no se descubre nada nuevo, sencillamente se desentierra.

        Y sabes por qué esta grillica ha escogido este canto? Porque me parece fundamental retomar otra idea de Jesús.

        Pero me estoy cansando. Creo que ya he llegado a mi límite. Si lo sabéis, conocéis el problema porque se que le conocéis todos los que sabéis de estas cosas, a ver qué puedo hacer yo.

        Es asunto de los que sabéis de estas cosas. Solamente me limito a exponer la Realidad que conozco. Solamente eso.

        Pero ya está bien.

        Es que veo un artículo que toca el tema de la vida de las personas normales y antes de darme cuenta, zaaaaaaasss, ya he escrito un comentario. Sin ninguna otra intención de que os entereis como está , al menos, una parte importante de los que han sido bautizados, educados en la fe cristiana y no pueden creer.

        Pero, ya te digo, lo sabéis perfectamente.
        Un abrazo

  • José Ignacio Calleja Sáenz de Navarrete

    Por “visionario” en lo dicho, me refiero a Jesús, que es precisamente lo último que quiero pensar de él. Paz y bien.

    • m* pilar

      En el Proyecto De ¡Vida! Que Jesús proclamó:

      ¡No hay magia, hay Amor!

      Y cuando lo aceptas…sin magias de ninguna clase…te hace:

      ¡Hijo del Misterio! incomprensible que cada ser humano y que lleva grabado a fuego en sus entrañas.

      Deseo de todo corazón, que escuche su interior desde el silencio total, eso ayuda infinitamente a contemplar este hermoso Proyecto que de verdad:

      Limpio de todo andamiaje, que es del todo inverosímil, descubrir toda su fuerza, su valor, su capacidad de hacernos personas sin miedos, sin cargas totalmente vacías de contenido ni para uso personal ni comunitario.

      ¿Qué nos muestra la historia de las iglesias “poder” para el bien de las personas?

      Que llena las mentes de “ataduras” de devociones, de culpabilidades, que además, no nos llevan a frenar nuestras debilidades sino a esconderlas detrás de los confesionarios.

      Siempre he sentido el inmenso deseo de: Conocimiento profundo de Jesús, y he tenido el gozo de encontrarme personas admirables que:
      ¡Lo hacían Vida en su vida!
      Es una experiencia ¡Única! Y va despejando las preguntas que vienen a tu mente: ¿De verdad esto es así?
      Y la mirada interior, va mostrando otra vista de las “cosas”.

      Y entonces encaja su Vivir, con su Palabra, y comprendes el porque de su
      Proyecto.

      Repito una vez más: Es mi manera de Mirar y ver, y la piedra angular de mi vida.

      Y que distinto se comprende la Esencia de su Proyecto, te levanta del suelo, te libera del miedo, te hace responsable de tu caminar…y aprendes…a que en tu interior, llevas grabado a fuego renovador, cuánto necesitas para que la vida, camine hacia la: ¡¡¡Vida!!! No por ningún premio o paraíso, sino porque es su consecuencia.

      Morir físicamente, hagamos lo que hagamos moriremos, pero el soplo de Vida que nos completa, seguirá ¡yo no sé cómo, ni me importa! Vivo en el universo, sin desear nada de nada, será lo que está previsto y que nadie sabe ni conoce.

      Es ¡Mi idea y mi experiencia personal!
      Un abrazo entrañable.

  • José Ignacio Calleja Sáenz de Navarrete

                No tengo tanto tiempo como me gustaría para leer cada post y sus partes, sobre todo, cuando están muy elaborados. Es el caso de los de Salvador, pero también los de los demás. Los textos de base en cada hilo son de bandera y el tiempo apremia con esto y lo otro y ahí quedan, rumiados con prisa, y cuando algo se acoge con alguna prisa, el silencio casi es lo mejor.
    Si lo que provocan en un “¡sí, eso es, me has leído muy adentro!”, eso es fácil añadir. Pero sí por sus argumentos o su contenido, no te cogen tanto, y callas, y callas, a ver cómo crece y crece la buena nueva hasta que se te revele como a los demás, callas.
                Total, tanto lío introductorio, para confesar que sigo los textos de todos, y en el caso de Salvador y este tema, con el cuidado de un niño al que le cuentan una historia muy hermosa y ávido de captarla en cada detalle. Pero a mí no me llega. Me suena todo casi tan sofisticado como la dogmática católica. Me “pica” que una y otra vez la gente escriba “qué claro, qué evidente, qué luminoso y pleno de sentido”… porque yo no lo entiendo y lo que entiendo, lo veo al borde del proceder de un visionario.
                A fe que lo seguiré intentado entender con celo de converso; entender en su piedra angular, porque aún no veo el porqué. No he dicho nada, hermanos y hermanas, y lo dicho, ¡cómo me cuesta hacerlo público! Pero abriré el corazón hasta entenderlo.  Paz y bien.

    • Carmen

      Es que no hay quien lo entienda. Pero te puede gustar la historia.
      Con esto de los milagros, uf, es que…y ya con la resurrección de este amigo , Lázaro es imposible de entender.Creo recordar que también hizo una resurrección con una niña, pero eso puedes pensar, no estaría muerta, estaría dormidica por alguna historia de esas cerebrales, pero lo de Lázaro eso es alucinante.
      Y cada uno lo interpreta como puede.
      Qué quiere que le diga, me quedo con la idea de Saramago: nadie se merece morir dos veces.
      Pero el texto de Juan ahí está. Y se buscan explicaciones.
      Y claro, la gente que sabe mucho de esto de exégesis, como conoce la manera de pensar de aquella época y aquella cultura… y además su forma de contar historias tan tan simbólica y tan a su aire, pues eso, cada uno interpreta .

      Desde luego, no creo que resucitase a nadie. Pero claro, ahí está, en los textos elegidos como canónicos. Por lo visto querían dejar clarísima la idea de que Jesús, como dios mismo, tenía poder sobre la muerte. Es el señor de la vida y de la muerte.
      Y en esas seguimos.

      No se preocupe. Constrúyase su Jesús imaginario. La verdad es imposible saberla, salvo para los que son poseedores de ella.

      Buen día. No trabaje demasiado. No es bueno para la salud.

  • Santiago

    Yo tampoco creo que la historia de Lázaro de Betania haya sido mera ficción. La crítica interna y externa es más favorable a la veracidad. La comunidad de Éfeso no tenia la autoridad para inventar semejante relato sin una base cierta e histórica. El autor del Cuarto Evangelio no se presenta como “un colectivo” sino como un testigo presencial. (Juan 19:35 y 21:34). Juan Apóstol vivió hasta cerca del 100 AD. en Éfeso donde predicó y dirigió la redacción de su Evangelio a petición de los Obispos del Asia Menor. No es posible que un Apóstol de Cristo inventara una mentira con tantos detalles cronológicos y geográficos, y confundiera con “alegorías” y “símbolos” a la comunidad donde residía. Lo desmentirían los testigos de la vida de Cristo y sus seguidores que todavía vivieron hasta el siglo II.

    Lázaro de Betania fue un personaje histórico que sobrevivió su resurrección y fue después consagrado obispo, ejerciendo su ministerio por largos años. En su casa de Betania se alojaba Jesús cuando visitaba esa aldea situada cerca de Jerusalén como relatan los Sinópticos.

    Fue este portentoso milagro el que quizás decidió la muerte de Jesús puesto que los fariseos sabían la dificultad de desmentir a los testigos presenciales de esta resurrección de Lázaro y muchos “creyeron en El”…”pero algunos se fueron a los fariseos y les contaron lo que Jesús había hecho” (Juan 11:46)

    De nuevo, después de resucitar a Lázaro, “seis días antes de la Pascua” vino Jesús a Betania donde se hallaba Lázaro, a quien Jesús había resucitado de entre los muertos. Dispusieron pues en su obsequio una cena allí y Marta servía y Lázaro era uno de los que estaban a la mesa con El.” …Enteróse pues la turba numerosa de los judíos que estaba allí y vinieron, no por Jesús solamente sino también por ver a Lázaro a quien El había resucitado de entre los muertos” (Juan 12:1-11)

    No existe ningún rasgo de ficción.

    Saludos cordiales

    Santiago Hernández

     

    • Isidoro

      Amigo Santiago, piensa que los fariseos, no eran la encarnación del diablo, como les han pintado. Eran unos judíos muy piadosos, que esperaban un Mesías prometido, como el resto de judíos de la época, y hasta actuales.

      Si hubieran sido testigos directos de una resurrección de un muerto de cuatro días, ¿en qué cabeza cabe que se iban a enfadar y considerarlo como una afrenta?.

      Me recuerda mucho esta postura, al del chiste, del “contreras”, que ve y oye que un perro habla, pero muy descontento, aduce, que no pronuncia bien, o que no sabe varios idiomas.

      O a la anécdota de Madame Deffand, que ante el gran asombro de un tertuliano, de que San Denis, una vez decapitado, se había echado la cabeza bajo el sobaco, y ¡había caminado veinte kilómetros, hasta llegar a su futura iglesia!. La buena madame, dijo: Pero monsieur, no importan los veinte kilómetros andados, lo importante son los dos primeros pasos, luego lo demás es fácil.

      • Santiago

        Amigo Isidoro, yo nunca escribí ni sugerí que los fariseos se enfadaron sino que “convocaron los sumos sacerdotes y los fariseos al Sanedrín y decían ¿Que hacemos? Pues este hombre obra muchos milagros. Si le dejamos allí, todos creerán en él y vendrán los romanos y arruinarán nuestro templo y nuestra nación.
        Uno de ellos Caifás, que era aquel año Sumo Sacerdote les dijo: Vosotros no sabéis nada :¿No comprendéis que conviene que muera un hombre por todo el pueblo y no que perezca todo un pueblo? (Juan 11:47-49)

        No, los fariseos no eran “tan piadosos”..Ellos “no eran ciegos”. Sabían que Jesús era capaz de obrar milagros pero su soberbia les impedía ver en Jesús la Verdad y le atribuían estas maravillas a Belzebú, principe de los demonios, que conserva su poder angélico pero para el mal.

        Por otro lado, no todos creyeron en la resurrección de Lázaro. Por eso en la parábola de Lucas, Abrahán habla de la “resistencia” a la GRACIA pues “NO creerán aunque alguno resucitare de entre los muertos” (Lc 26:31)

        Un saludo cordial
        Santiago Hernández

        • Román Díaz Ayala

          Justamente tal es el punto que encuentro de unión entre los dos relatos-, el de Lucas y el de Juan:”NO creerán aunque alguno resucitare de entre los muertos”. Claro que en la lectura de Lucas se desprende que Jesús habla de sí mismo: la prueba definitiva de su mesianismo.
          Jesús lloró en aquel pasaje conmovedor cuando reprocha al pueblo su incredulidad, identificándose con una gallina que recoge a sus polluelos significando así el amor del Padre que le envió.
          La resurrección de lázaro tenía el doble sentido de reforzar la fe y la confianza de la comunidad ante los acontecimientos próximos a llegar con su prendimiento, pasión y muerte y una muestra más al pueblo y a sus autoridades religiosas de su legitimidad mesiánica. Pero aquellos fueron carbones encendidos sobre sus cabezas.
          Pero esto sólo se puede entender así, dándole el valor histórico que tiene la resurrección de Lázaro.

    • carmen

      Querido amigo. Le estaba esperando. Cómo le dijeron una vez,usted nunca defrauda.
      Menudo tema se aborda aquí, el de la resurrección de los muertos.
      No le voy a decir lo que pienso, lo sabe perfectamente. Ya hablamos de este señor llamado Lázaro.
      Solamente le quería decir las mismas palabras que ya le dijeron: usted nunca defrauda.

      Buen día. Cuídese mucho.

  • Pedro Bosch

    Estoy de acuerdo con el comentario  de Ana en una cosa, en otra no.

    Me explico, desde luego para entender pasajes cómo este del cuarto evangelio, hacen falta muchos Salvador, que lo expliquen de esta forma, para que se entienda.

    No estoy de acuerdo que sea un relato de ficción, porque no lo es. Es una experiencia de fe de la comunidad que escribe el evangelio. Evidentemente no es un hecho real, pero aquella comunidad era capaz de poner en boca de Jesús palabras y acciones que ellos creían que formaban parte de Él.

    La muerte no existe. Le llamamos así al tránsito de esta vida que tenemos a la vida absoluta que disfrutaremos con el Padre.

    No tiene mucho sentido que nos aterre porque en este mundo, o en la dimensión que vivimos nosotros, la inmensa mayoría vive en “un valle de lágrimas”.

    Muchas gracias Salvador y un fuerte abrazo.

    • ana rodrigo

      Hola, Pedro: “había una vez un pastor que todas las noches despertaba a sus vecinos diciendo que venía el lobo, al ver que era mentira, el día que vino el lobo, nadie acudió porque no lo creyeron” Hasta aquí, el cuento, la ficción. La moraleja, ya no es ficción, sino lección.

      En este sentido lo decía, ya sabemos que los géneros literarios hay que saber interpretarlos o bien explicárselos adecuadamente a quienes no saben (no sabemos) hacerlo. Y este es el problema que tienen las religiones, leer las versiones “sagradas” literalmente con el lenguaje con el que se escribieron, como si fuesen relatos históricos, y ahí tenemos el resultado, la rutina de oír ficción desde que nos llevaron a catequesis sin hacernos preguntas, y cuando nos las hacemos nos remiten a los dogmas… o a una teología especulativa.

      Hay mucho trabajo por hacer.

      Gracias, una vez más, Salvador.

  • carmen

    Es un texto precioso.

    Y además aborda un tema crucial. Nada menos que la muerte.

    Seguramente lo que voy a decir es una tontería, pero cómo estás acostumbrado…

    Creo que desde que el ser humano fue capaz de reflexionar se quedaba estupefacto ante la muerte. Cómo es posible? A dónde va la vida cuando abandona un cuerpo? Porque a algún sitio irá…digo yo que se preguntarían, tal cual me lo sigo preguntando.

    Y entonces vivieron las respuestas, cada cultura la suya. Es superinteresante la idea de los egipcios. Lo tenían clarísimo. La vida sigue en el mundo de los muertos, así que yo me preparo para cuando pase a ese mundo. No sé si fue la primera cultura que llegó a esa conclusión, no sé prácticamente nada de culturas antiguas. Bueno, tampoco de las de ahora. Además, habrán pasado a montones por nuestra historia.

    Creo, pienso, opino que esto de afrontar que la vida acaba, sencillamente no lo podemos hacer. Es impresionante el dolor que se siente cuando alguien al que quieres, pero de verdad, desaparece. Pasa de estar a no estar. Es indescriptible.

    Y creo que es un problema cultural. Si aceptasemos que un ser vivo es una maravilla andante, pero que lo mismo que nace, muere, porque así es la vida. No es para siempre. Porque nada es para siempre, nos hubiera ido mucho mejor a todos. Y lo que pase después, después pasará. Qué? Pues ni idea.

    Pero claro, llega el cristianismo y te ofrece nada menos que la vida eterna. Quién se puede resistir a eso?

    Pero no es cierto. Lo que entiendo que dice Jesús es que hay que construir una sociedad para ser felices y no dejar que nos opriman. Eso es lo que yo entiendo que dice. El mensaje se repite una y otra vez, de mil formas diferentes. Y lo tiene clarísimo. Nos tenemos que querer, que respetar unos a otros. Es la única forma.

     

    Pero claro. No nos han transmitido eso.  Por mil causas diferentes . Cuentan cosas de él. Y ponen ejemplos de resurrección de muertos. A ver quién no se hace un lío.

  • mª pilar

    He leído este texto…varias veces…con atención; pero algo me distrajo:

    “Aquí, si hay verdadera resurrección”

    Para mí, una vez aceptado su:

    ¡Mensaje-Proyecto de Vida!

    Todo el nos lleva a veces… (a trancas y barrancas) a esa mirada, donde solo la:

    ¡Vida!

    Tiene cabida en nuestra vida cotidiana.

    Recuperado el sentido que está lección encierra, debió ser muy importante para la comunidad…en constante caminar…

    No es fácil, despojarse de tantas ataduras impuestas, y salir desposeídos de todo ropaje al camino; porque los enemigos son fuertes, potentes en su poder y potentes con sus riquezas.

    Toda su realidad está atada y bien atada, y no es fácil desasirse de ella.

    Comprender, asumir, que para aceptar su Proyecto, hay que limpiar de polvo y paja, de poder, y de riquezas injustas, para poder hacerse poseedor de la Vida que no tiene fin.

    Gracias Salvador, por una labor tan minuciosa del texto primero, y ayudarnos a ver con claridad toda la fuerza que este hermoso Proyecto nos regala.

    Todo el, está lleno de fuerza, de Vida, que nos fortalecerá en nuestro caminar.

    Gracias Salvador, un abrazo entrañable.

     

  • ana rodrigo

    Ayer le escuché decir a Eduardo Mendoza que él no era creyente, que respetaba todas las religiones y que escribía sobre ellas porque no dejan de tener mucho de ficción.
    Pues eso, estas lecturas así, a palo seco, como tantas otras, son pura ficción y, para comprender lo que hay dentro y detrás de ellas, hay que tener estudios muy especializados, cosa que la gente, en general, no los tiene. Pero se siguen leyendo de forma literal al pueblo cristiano, hasta que a la gente se le abren los ojos de la lógica, y, o bien siguen a ciegas, o abandonan.
    Creo que las religiones nos llevan a vivir en el pasado, con su lenguaje, sus costumbres, sus creencias, sus ritos…Mientras no le hablemos a la sociedad actual con esos componentes, pero, actualizados, el evangelio, en concreto, queda vaciado de contenido.

    • carmen

      No me extraña que le guste escribir sobre ellas. Es un tema fascinante y que dice mucho de la evolución de nuestras cabezas.
      Además, este señor tiene un sentido del humor que me encanta.

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