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El retorno a la inocencia

Otro artículo de Isidoro que considero como un tesoro. Escrito desde Atrio y para Atrio. Vuelve sobre el subconsciente colectivo, pero para sacar de él la sabiduría primitiva del niño que está en todos, no el gallinero o la legión de demonios que también lo pueblan. No se trata de conceptualizar teorías, sino de manifestar sintonías o distonías desde nuestro interior más auténtico. He resaltado personalmente una frase en azul oscuro. AD.

  1. El material del que está compuesto el inconsciente colectivo heredado, está compuesto fundamentalmente de imágenes. Sería como una colección de “diapositivas” o cuadros en un museo.

       Cuando uno se sitúa delante de un cuadro, (especialmente figurativo), y lo reflexiona, afluyen toda una serie de conocimientos, de ideas sobre la realidad reflejada.

       De forma similar, cuando uno se enfrenta ante la comunicación de alguien, inevitablemente se encuentra ante una serie de flases de alguna imagen inconsciente, que afloran a la conciencia del comunicador, desde su profundo interior.

       Con esta perspectiva, algunos de los dichos de Jesús, mejor o peormente transcritos en los escritos evangélicos, parece que reflejan una poderosa imagen sapiencial, (que nosotros también tenemos enterrada en la profundidad de nuestra mente, y actúa como llave-clave), con lo que nos aflora una relectura nueva y moderna, muy alejada de sus apariencias culturales a veces arcaica.

       Un ejemplo de esto es la narración de la expulsión de los “demonios” de la endemoniada, que ellos mismos se autodenominan “legión”, y que van a parar a una piara de cerdos cercana, y que con la psicología moderna, adquiere un sentido alegórico nuevo, y muy actual.

       Se trataría, (bajo la apariencia de una narración primitiva y supersticiosa), de una imagen muy moderna y actual, de la psicología humana: estamos divididos, fraccionados en una “legión de demonios autónomos”. Y nuestra liberación consiste en “expulsarlos”, coordinándolos y unificándolos.

       Ya decía hace días que en la mente humana no hay un yo, todopoderoso, que ordena y manda lo que se hace, como el jockey de un caballo.

       La mente humana, es un campo de batalla entre toda una serie de sistemas neurológicos independientes y autónomos, (complejos, arquetipos, homúnculos-minipersonalidades, etc.), que se han ido creando en nuestra mente a lo largo de nuestro desarrollo humano, y fruto de nuestra educación. Y en cada caso hay un vencedor.

       El “yo”, es un sistema más, el más importante, porque controla nuestros recuerdos, que configuran nuestra personalidad, nuestra “careta”. Pero no controla más que de vez en cuando.

       Y cuando lo hace, en vez de hacerlo unificando y coordinando el “gallinero” de bots internos, mediante la conciliación de opuestos, y dando galones a nuestros programas sapienciales internos, muchas veces lo hace a base de reprimir fuertemente dicho “gallinero”, generando una inestabilidad psicológica, en un falso equilibrio inestable, que no tarda mucho en manifestarse de nuevo, en una lucha perpetua.

  1. En la simbólica narración bíblica del Pecado original, hay algo aparentemente poco claro. ¿Por qué comer del árbol del bien y del mal, es motivo de pecado?

       Se supone que el hombre primigenio, el humano “inocente” del Paraíso era el estado con el que el humano fue creado para vivir en la tierra, (Thomas Merton). Al adquirir el conocimiento, la ciencia, scientia, parece que se produce una desintegración, una desestructuración del humano, “el pecado original”.

       La inocencia original, es un actuar automáticamente, siguiendo nuestra naturaleza, como una flor o un árbol o un lobo. Es sencillo, como tener un reloj: son las tantas.

       Cuando vamos adquiriendo conocimientos, con cada uno de ellos, nos encontramos un nuevo reloj, que marca otra hora distinta. Y ahí empieza el lío. Necesitamos con cada nuevo reloj adquirido, reajustarlos todos, so pena de caer en un estado de confusión endémica.

       Hemos dejado de tener hora, hemos perdido la inocencia original. Y empezamos a dudar, y ante la duda, empezamos a taparnos nuestras partes pudendas con una hoja de parra, porque no estamos seguros de qué es lo que hay que hacer: nos entra la vergüenza.

       Estamos poseídos por una “legión” de relojes distintos, de “demonios”, tirando cada uno de ellos, de nosotros, volviéndonos locos, alienados.

       Entonces, ¿cómo hacemos para recuperar la inocencia, desestabilizada por el conocimiento, compatibilizándolos?

       Thomas Merton, en su diálogo con D. T. Suzuki, en su artículo “La reconquista del Paraíso”, lo aclara: “La inocencia no desplaza, ni destruye el conocimiento. Ambos van juntos”. Ahora bien, no se puede caer en el atajo de la inocencia quietista, la que corta por lo sano: si tu ojo te es motivo de pecado, ¡arráncatelo! Si el conocimiento de la realidad te es motivo de pérdida de la inocencia primigenia, ¡huye del conocimiento!

       Eso es confundir la inocencia primigenia con una ignorancia narcisista de bebé. No, el verdadero camino de recuperar la inocencia perdida, es una continua labor de resituación del conocimiento adquirido, para unificarlo en nuestro interior, con el resto: poner todos y cada nuevo reloj, a la hora buena, (que no necesariamente debe ser la del primer reloj).

       Ese es el arduo e inacabado camino de la sabiduría, o de la santidad, en términos tradicionales. Por eso sigue Merton: “En la inocencia original, todo se ha obrado en nosotros, pero sin nosotros. Pero debemos a aprender a obrar en el plano del conocimiento, scientia, donde la gracia hace su trabajo en nosotros, pero “no sin nosotros”.

       Lo que dicho en término psicológicos actuales, el trabajo lo hace ese núcleo “divino”, que tenemos dentro de nosotros instalado en el profundo inconsciente colectivo que está incorporado en nuestra naturaleza heredada.

       Solo que lo hace, si le abrimos camino hasta su afloramiento a la conciencia consciente, mediante la limpieza de tanto estorbo de ideas erróneas e inútiles: la “limpieza de corazón”, o la “vacuidad de morralla”. Y si lo deseamos de verdad.

  1. Inicia Merton su artículo, con una cita de “Los hermanos Karamazov”, en la que el Staretz Zósima, dice: “No comprendemos que la vida es el Paraíso; pues bastaría con que deseáramos comprenderlo, para que el paraíso se nos presentara en el acto, ante nuestros ojos, con toda su belleza”.

       (Para aclarar la frase, el Paraíso, no es equivalente al Cielo cristiano tradicional, quizás sucede lo contrario: quizás el verdadero Cielo cristiano sea ese mítico estado paradisíaco primigenio, -no porque haya sido realidad en el pasado histórico, sino porque es el estado utópico del humano que ha completado el desarrollo de su naturaleza potencial latente, mediante el duro y siempre inacabado proceso de maduración personal o “santificación”).

25 comentarios

  • Isidoro

    La moraleja del comentario de ayer, es que el ser humano moderno, es como un adolescente de 16-17 años. Ha salido de la infancia, en la que dependía de su familia, hacia una autonomía muy limitada y muy deficiente.

    Con la modernidad, el humano no ha pasado de la infancia a la madurez. Ha pasado al estado intermedio de la adolescencia, desde la que seguirá con suerte, hacia una primera madurez, y que culminará con suerte y tiempo, con una hipotética sabiduría y una auténtica etapa de madurez.

    La modernidad-adolescencia actual, es ese estado en que creemos que ya lo sabemos todo, en que nos molesta extraordinariamente toda tradición, porque nos huele a antiguo, (a cosas de los padres a los que no soportamos), en que nos metemos en muchos excesos de vida, (adicciones, inicio de alcoholismo, embarazos prematuros, falta de aprovechamiento escolar, etc.), que a veces pagamos muy caro en el futuro.

    Además nos sentimos incomprendidos y tratados injustamente por los demás, a los que echamos toda la culpa de nuestros problemas: no queremos reconocer la ayuda de los padres, pero clamamos por el papá-Estado. Y en general el lote completo de inmadurez y populismo infantiloide.

    ¡Pero somos ya muy mayores, y no admitimos lecciones de nadie, especialmente de padres y maestros, solo las de los amigos/as de la pandilla, y también, desgraciadamente, las  de los demagogos aduladores, que nos venden su moto interesada, para comernos el coco!.

     

    Pero el mensaje optimista y esperanzador del comentario, es que la naturaleza, con su gran aliado el tiempo, y siguiendo las leyes imperturbables de la evolución de todo, que juegan a nuestro favor, nos llevará, inevitablemente a que esa fase adolescente acabará un buen día.

    Y paulatinamente, según vayamos cumpliendo años, se irán produciendo cambios emergentes en la estructura neuronal de nuestra conciencia, y un buen día contemplaremos esta etapa actual, tan aciaga, como la edad del pavo de nuestra especie, y nos diremos:

    ¡Cómo he podido hacer y decir tantas tonterías, y qué ganas he tenido de complicarme tanto la vida y la de los demás!.

    Y ese día mutaremos a verdadero homo sapiens-sapiens, pero esta vez sapiens de verdad.

  • Isidoro

          El evolucionismo filosófico, nos da un hilo de Ariadna, al que podemos agarrarnos, para seguir los misteriosos caminos del futuro, que tan obscuro y tan angustioso nos resulta en esta noche sempiterna.
     
         Nos dice, que es posible, que todo en el Universo, evoluciona siguiendo unas leyes generales, que se van concretizando en cada caso determinado.
        Ya sabemos cómo el propio Universo, empezó de na determinada forma, en el instante 1, y las diferentes etapas que ha ido alcanzando hasta hoy, casi catorce mil millones de años después. Y ya se han hecho previsiones sobre su evolución final.
     
    Nosotros cuando estamos esperando un hijo, ya sabemos, las múltiples y sucesivas etapas, que el feto primero, el bebé, después y el niño más crecidito, irán atravesando en su desarrollo normal.
     
        Pues algo similar podemos inducir en el proceso de evolución de la especie humana, desde su inicio hace unos doscientos mil años, hasta su pleno e incierto desarrollo futuro. 
     
        Tanto en su versión religiosa de la implantación del “Reino de Dios”, hasta en su versión laica y psicológica, del proceso de maduración y auto-realización humana, toda la cuestión, e incertidumbre, no está en el objetivo que tenemos que alcanzar, sino en el cómo conseguirlo.
     
        ¿Y cómo lo consigue la naturaleza, el Universo?. Quizás conviene estudiar como lo hace.
     
        El ser humano, la especie “homo sapiens sapiens”, (mucho sapiens para tan poco pollo), hace unos tres mil años, inició una lenta deriva en la organización mental de su conciencia, y pasó de una generalizada conciencia tribal, a una conciencia auto-reflexiva y yoica.
     
       Fue el inicio de un lento proceso de maduración. Pasó de una mente plenamente infantil, dependiente de “otro”, a una autonomía personal. Es un proceso similar al que sucede en el niño de unos 12 años, en los que inicia su metamorfosis de niño a adolescente.
     
         En ese periodo, se producen cambios fisiológicos neuronales y bioquímicos. Según el psicólogo Dan Siegel, el cerebro se va remodelando, y la primera parte de este proceso es una cierta poda.
           A partir de los 12-13 años el cerebro empieza a suprimir buen número de conexiones sinápticas entre células y se destruyen algunas neuronas que estaban ahí desde la niñez.
           El siguiente proceso es el de la mielinización, rodear de mielina los axones, lo cual hace que las neuronas sean 3.000 veces más efectivas comunicándose entre sí. Este proceso no concluye hasta los 24-25 años”.
     
         Y además en la adolescencia la dopamina baja, disminuye. La dopamina aumenta cuando la gente se enfrenta a lo novedoso, lo incierto, lo no familiar.
     
         En palabras de Siegel: “la Naturaleza ha creado este cambio en el circuito de recompensa del cerebro para que tomar riesgos compense. La baja dopamina hace sentir al adolescente inquieto y aburrido con lo familiar y le empuja hacia algo nuevo”. (Pablo Malo)
     
          Es un proceso neuronal que estimula la autonomía personal, y la independización de la “tribalización” familiar.
     
         Pero este proceso tiene efectos negativos, que son muy visibles en la sociedad moderna. Porque aumenta mucho el sesgo psicológico hacia los aspectos novedosos y excitantes de cualquier decisión.
     
           Aumenta mucho la tendencia a probar cosas nuevas, muchas de ellas peligrosas, al desprecio y la desobediencia de los padres y lo establecido, a los que se culpa de todo lo mal que va el mundo. Lo cual indudablemente es un motor de progreso.
     
         En resumen, que “los cambios de la adolescencia no los podemos achacar simplemente a inmadurez, sino que esos cambios están orquestados por la naturaleza para que ocurran en el momento y la dirección en que se necesitan y tienen un sentido evolucionista”. (Pablo Malo)
     
         Pues si hacemos un paralelo entre la adolescencia personal, (insufrible para los padres y la sociedad mayor), y la adolescencia cultural, en la que se exige una autonomía personal, individualista a ultranza, y ya no se desea “tener niñeras”, (lo que es fuente de grandes problemas y desequilibrios sociales), podemos albergar la esperanza, de que al igual que al final de la adolescencia, a los veintipocos años, la mente se va asentando neuronalmente, y vamos entrando “en razón”, pase lo mismo con la conciencia social adolescente, en su camino hacia la conciencia cultural madura.
     
        Decía Mark Twain: “Cuando era un chico de 14 años, mi padre era tan ignorante, que a duras penas aguantaba tenerle delante. Pero cuando cumplí los 21, estaba asombrado, de lo mucho que el viejo había aprendido en 7 años”.

  • Isidoro

    Amiga M. Luisa, hablar de la mente, es especular una hipótesis, un modelo de estructura y funcionamiento. Todos sabemos que todo cacharro que funciona, mejor o peor, tiene una estructura interna, pero cuando queremos llegar a conocer los detalles de esa estructura, o lo desarmamos y desmontamos sus piezas, o no podemos hacer más que especular, y ver si ese modelo hipotético inferido, responde en la práctica mejor o peor a otros modelos.

    La ciencia en el fondo, avanza de especulación en especulación: la mayoría se rechazan, unas muy pocas triunfan y todas se superan más tarde o temprano.

    Lo de que la mente es un campo de batallas, es una hipótesis psicológica, que define muy bien algo de su estructura. Cuando en un sistema, hay conflictos y debates permanentemente, es porque su estructura así lo favorece o al menos su sistema de equilibrio homeostático de todo sistema estable, no lo consigue evitar.

     

    Para mí, la inocencia no es ningún estado utópico original al que se nos impele a volver. Es algo mucho más prosaico: simple y llanamente, es el estado de vivir sin complicaciones. Yo, sin saberlo, (muchos años hemos hablado en prosa, sin percatarnos), sentía esa nostalgia de la inocencia, cuando señalaba la envidia que me daban los animales, las plantas, las flores, y todos los seres vivos, que vivían, con sus dificultades, sí, pero sin dudar sobre lo que tenían que hacer.

    En contraposición a ellos, a todos nos ataca el miedo de vivir, de acertar, como señalaba Ana, le decía su hija. Por eso la virtud más preciada es la “discreción”, en el sentido de hacer en cada momento lo que hay que hacer.

    Merton señala como los Padres del desierto, (Casiano, San Antonio), lo captaron: “El instrumento con que abrieron los cerrojos sutiles del engaño espiritual fué una virtud llama discretio. A la discreción la calificó San Antonio como la más importante de las virtudes del desierto, y gracias a ella había aprendido el valor de la sencilla faena manual.

        La discreción, también llamada discernimiento de los espíritus, es hermana, en verdad, del reino del conocimiento, puesto que distingue lo bueno de lo malo”.

    La inocencia edénica, era la inocencia “animal”, o “inocencia.1”. Pero la maduración tiene ese precio: no hay nada gratis, todo tiene su precio. El conocimiento nos complejiza progresivamente el estado de la mente. Cuantas más piezas tiene el puzzle de nuestros conocimientos, más difícil es recolocar las piezas. (Tan complicados son algunos, que hay puzzles en los que la caja advierte que es para 4-6 años).

    Y por eso el retorno a la inocencia, (que es el  título de un vídeo musical maravilloso de “Enigma”, que conoceréis – lo podéis ver en Youtube), no es otra cosa que el camino de búsqueda de la sabiduría personal, que es saber lo que importa. Es volver a la “inocencia.2”.

    • oscar varela

      Hola!
      2 cositas:

      UNA: Tal vez la clave del “puzzle” de la “inocencia 2”
      sea la ejercida por el neoliberalismo financiero: FAKE NEWS.

      OTRA: “diálogo de atrieros”:
      1- “¡Hola amigo rengo! -¿cómo ANDA?
      2- “Como Ud. VE, amigo ciego … ¡como Ud. VE!

    • M. Luisa

      Claro Isidoro, cómo negar la existencia de especulaciones y además la necesidad que de ellas tenemos? Ahora, por ejemplo también y con respecto a la mente humana yo misma expondré otra especulación o teoría, naturalmente que sí, pero esto no quita que cuando ayer leí en la introducción evitar conceptuar teorías se me antojó la pregunta de inicio para distinguir entre las dos propuestas, una: “la mente humana es un campo de batalla” y dos: la mente humana es una estructura” (por conocer) cuál de ellas incentivaba más la experiencia y menos la teoría.

      Precisamente al decir tu mismo que cuando queremos conocer los detalles de una estructura interna necesitamos desmontar sus piezas, como ya decían los antiguos filósofos, se podría pensar que aquí comienza un proceso de experimentación.

      Ahora bien, cualquier estructura no nos sirve para nuestro caso, porque no es la misma la que dota a un ser vivo que a un ser humano. Tu mismo las distingues cuando en algún parágrafo nos dices la envidia que te daban los animales, las plantas etc., sí, pero es que los animales no dudan, actúan según estímulos no necesitan más. Podemos conocer su estructura interna externamente es decir, allí donde se agota su actividad, su término es la presa.

      Ahora bien, la estructura humana es mucho más compleja, no se puede conocer mediante la linealidad causa – efecto, en ella intervienen más factores de los determinantes en ésta.

      Estoy de acuerdo contigo en que este planteamiento de que la mente humana es un campo de batalla no deja de ser más que una hipótesis psicológica, pues más de una vez yo misma me he referido de que este ha sido siempre tu punto de partida: el psicológico.

      Sin embargo siendo verdad que dentro de la estructura cognitiva tenga lo psicológico su momento y su papel, la capacidad de ella los trasciende…en fin lo dejo aquí porque la mañana se me viene encima!!

      • Isidoro

        Amiga M.Luisa, las ciencias, son como la letra de “La lista de la compra”, de La cabra mecánica, con:
        “Una mano pide al cielo. La otra en el cajón del pan”.

        Toda ciencia, entre ellas la psicología, con una mano mira al suelo, (al cajón del pan), analiza los hechos, los casos particulares. Pero luego, si no quiere convertirse en una erudita mera colección de datos, tiene que levantar la mirada al cielo, (pide al cielo), y tiene que situar esos “hechos” en un contexto teórico general, coherente: es la labor de la filosofía de la ciencia.

        El ejemplo son Freud, Jung, y muchos otros, que eran médicos con consulta clínica, y atendían a muchos pacientes, y sin embargo lograron ser primeras luminarias en el mundo de la cultura, apoyándose en su práctica clínica.

        Por eso esa división constante entre psicología y filosofía es falsa, en el sentido de que todo, mal hecho, o parcialmente hecho, es muy distinto a si se hace bien.

        Decía no se quien: ¿Qué sabe de Inglaterra, aquel que no ha salido de Inglaterra?. Pues se puede decir: ¿Qué sabe de psicología, aquel que solo y exclusivamente practica la psicología y no teoriza?.

        Es la diferencia entre el artista y el artesano, (se puede ser un magnífico artesano, pero no es lo mismo), que era la misma trágica diferencia entre Salieri y Mozart.

        • M. Luisa

          No, querido Isidoro, no hay división entre ciencia y filosofía, y por tanto tampoco entre ciencia psicológica y filosofía, al menos yo nunca me he pronunciado en ese sentido.

          Me imagino que te debes referir a lo expresado en el último párrafo de mi comentario anterior. Pero allí hablo no de división sino de absorción. Si, física y filosóficamente de la mente o cognición humana se habla de estructura y psicológicamente obviando ésta se va directo a hablar de la conciencia subjetiva, entonces resulta evidente que ese actual nivel se encontrará subsumido dentro de la estructura de base.

          Creo entenderte cuando dices que toda ciencia con una mano pide al cielo y la otra en el cajón del pan. De alguna manera esto explica la utilidad que desde antiguo le era a la ciencia la filosofía para teorizar su objeto. Pero esto ahora ya no es así pues teniendo ambas un mismo objeto el modo de conocerlo es distinto, por la cual cosa ambas se necesitan.

          Ahora bien, piensa que estos “datos” de la ciencia que tú les llamas “hechos” y efectivamente los son, sin embargo, para la filosofía son “sucesos” lo cual ello implica variabilidad interna, es decir, una consideración de los mismos desde una perspectiva estructuralista. De ahí que te dijera el otro día que en la estructura cognitiva humana no hay causación sino funcionalidad interna.

          • M. Luisa

            …El retorno mismo a la inocencia, de producirse no se dará como un hecho objetivo analizable desde fuera, sino que de darse tendrá todos los caracteres de una experiencia interna, no un salto meramente sustancial sino cualitativo internamente y por tanto considerado sistémico…

          • Alberto Revuelta

            Y el buen profesor y rector Heidegger mete baza recordando que “Hacerse comprensible es el suicidio para la filosofía”. Lo cita Melvin Konner en “La especie espiritual”, pág. 34

          • M. Luisa

            Entiendo, Alberto, que con lo que nos dices que dice Heidegger hay una pretendida equiparación entre estos dos enunciados “Hacerse comprensible” y “el retorno a la inocencia”. Los dos parecen indicar un llegar a conocerse uno mismo en lo que realmente se es (ya lo decía Sócrates).

            Bien, pienso de todas maneras que siendo la “comprensión” el punto de arranque de la filosofía de Heidegger, ésta se fundamenta en la comprensión del “ser” es decir, aquí se comprende se llega a comprender el sentido de lo humano por su modo de ser, pero no nos dice nada de cómo es él en realidad, realmente. Por tanto no hay aquí ningún suicidio para la filosofía pues siempre el punto de arranque de la filosofía se ha centrado en la realidad.

            No conozco a Melvin Konner, pero con la facilidad que nos ofrece la Red me he asomado a él y por lo que dice, sobre que la creencia en lo invisible no puede ni debe desaparecer, pienso que parte de un mal enfoque.

            Me pregunto si es lo invisible o lo real el objeto de la creencia? si es lo primero bien podría derivar la creencia en ideología y de ahí se está ya a un paso para frenar la espiritualidad “La especie espiritual”. Si se trata de lo segundo, es decir, de lo real (que no de lo existente en contraposición de lo invisible) entonces nos acercamos más a la cuestión porque lo real es cambiante en las cosas y por tanto la creencia en ellas sufre variaciones, se va modulando como sucede en la ciencia en sus niveles de certeza. No sé si me explico…

            Un cordial saludo.

  • M. Luisa

    ¿La mente humana  es un campo de batalla – que, en efecto, lo puede llegar a ser – o, es una estructura dentro del organismo humano?

    Si hay que evitar  conceptuar teorías pienso que a ello se ajusta más lo segundo que lo primero porque decir que la mente humana es un campo de batalla no deja de ser  una teoría, una especulación, cosa que no sucede al referirnos a la mente humana  como estructura, lo cual significa tan solo  que es algo estructurado  en función de su objeto.

    Sí que, según sea nuestro desarrollo, para nuestros efectos, a la mente la podemos convertir  en un campo de batalla pero estos no afectan para nada a su estructura.  Si es posible el retorno a la inocencia es debido precisamente  a esa experiencia que proporciona la cognición humana  considerada como estructura.

    Isidoro nos pone el ejemplo de    “Cuando uno se sitúa delante de un cuadro, (especialmente figurativo), y lo reflexiona, afluyen toda una serie de conocimientos, de ideas sobre la realidad reflejada”.

    Pero pongámonos delante de un cuadro impresionista de estos originales que se encuentran en París, seguro que no nos viene ninguna idea, tenemos delante  la realidad misma que quiso pintar el autor  no de forma  desfigurada sino en forma impresiva  donde todavía no se ven contornos definidos, donde todo es impresión tanto para nuestro sentir como para el del propio  pintor.

    Tal desenfocamiento está sometido a nuestra visión  a un  enfoque progresivo  a modo  de  como lo hace una lente. Pero de ningún modo esta experiencia es  achacable a ningún movimiento automático definido a modo de inocencia original. Se identifica inocencia con impresión sensible y entonces se cree que para llegar al razonamiento de algo hay que abandonar ese primario nivel cuando los dos extremos son necesarios  para esta experiencia cíclica del retorno a  la inocencia.

    • Alberto Revuelta

      ¿Y la inmensa masa ignorada que no ha abandonado nunca la inocencia bautismal?. Oscar habla por ahí abajo de los salvajes in Unum. Los civilizados in Unum que forman legión son los preocupantes, social y políticamente. Dice Mauricio Wiesenthal que ser europeo es sentirse hijo de la civilización, del trabajo y del espíritu pues ser europeo es sentirse rico con una estantería llena de libros, dos cajas rebosantes de cartas y fotos y el alma repleta de pequeños recuerdos. Bon dia.

      • M. Luisa

        Buenos días, Alberto, no entiendo que de mi comentario extraigas esta deriva en la que tampoco alcanzo lo que en ella me quieres decir. Por otro lado a mí me encanta leer lo que Isidoro nos dice en sus artículos, considero que no sólo, en general, pueden ser enriquecedores sino que para mí, personalmente, lo son en grado sumo. Esto, empero, no quita, a mi modo de ver, que si en algún punto de ellos se discrepe, pueda expresarse dialogadamente porque de no ser así entonces sí que aquí le veo un problema.
        Un cordial saludo!

        • Alberto Revuelta

          Probablemente, seguramente he confundido mi observación al referirme al tercer párrafo del comentario, Maria Luisa. En la segunda sugerencia de la vuelta a la inocencia posibilitada por la estructura de la mente. Entiendo, que esa estructura se mantiene intacta, ampliada por las experiencias y las influencias ambientales y de terceros. Expresaba mi preocupación – malamente, está claro – por ese amplísimo número de personas que se mantienen cual las tribus a que se refiere Oscar. La cita quería expresar el ámbito de impresión sobre esa estructura que hoy no se percibe en muchos de nuestros civilizados compatriotas europeos. Pero me he liado y me excuso. Saludos

          • M. Luisa

            Nada, Alberto, para mí es un privilegio intercambiar contigo… lo siento, creo que no te tuteaba, pero en fin es lo más común aquí….aprovecho para decirte que estoy contenta con lo de Messi. Un saludo afectuoso!

  • Isidoro

    Amigo Oscar, el párrafo remarcado en azul en el artículo, “ese núcleo “divino”, que tenemos dentro de nosotros instalado en el profundo inconsciente colectivo que está incorporado en nuestra naturaleza heredada”, la realidad es que ha debido de ser un error en la edición por parte de Antonio, (he revisado el archivo mandado y no tenía ningún resalte).
         Pero si ha sido una casualidad, (Jung pensaba que muchas casualidades son “sincronías”), ha sido una casualidad “misteriosa”. Porque yo hace tiempo que pensé que ese párrafo es la piedra de Rosetta que unifica la religión con la ciencia, y por ello es el eje en el que gira la espiritualidad moderna.  Es como la clave del arco que sostiene toda la teoría espiritual.
         (Perdón por la especulación teórica que viene a continuación: permitidme que me dé el gustazo de especular un poco).
           Si “Dios”, (sea lo que sea), es algo que podamos entender, es inteligencia pura: lo sabe todo.
         Y especulando informáticamente sobre la naturaleza de Dios, (de qué está hecho y cómo funcionaría), se podría decir que sería un conjunto de billones, trillones o cuatrillones de algoritmos, en los que radica todo su saber, movido todo ello, por una serie enorme de potentísimos procesadores, y de una fuente de energía también cuasi-infinita, para su procesamiento. Sería algo parecido a un superordenador cuasi-infinito.
         Pues imaginemos, que de todos esos cuatrillones de algoritmos sapienciales, alguien hace una pequeña selección de unos diez mil algoritmos, útiles para el perfecto desarrollo del humano, y se les incorpora a su código genético.
       No es que necesariamente “alguien” los coloque allí. Sino que Dios llega a tener todos esos cuasi infinitos algoritmos, porque los ha ido adquiriendo, siguiendo unas leyes de aprendizaje automático, similar a lo que se está viendo en el aprendizaje autónomo de las modernas inteligencias artificiales.
        Y los seres vivos mediante ese proceso evolutivo emergente, paulatinamente, van acumulando esa colección de algoritmos útiles: los gusanos tendrán cien, los monos mil, y nosotros diez mil, (es un poner). Y vamos por el mismo camino que hace muchos eones, recorrió, nuestro actual “Dios” de nuestro Universo.
        Hay una teoría gnóstico-esotérica que dice que el Universo, podría ser el resultado del deseo de “Dios”, de tener descendencia, o sea de tener un hijo, de la misma naturaleza que él.
          Lo que pasa es que su gestación en vez de durar nueve meses, durará mucho más: por ahora ya llevamos casi catorce mil millones de años, y continua…
        Y la especie humana, entonces sería un episodio puntual del feto de dicho embarazo, al que pronto sucederá otro episodio puntual más desarrollado, y luego otro, y otro…
        En resumidas cuentas que a lo mejor lo de que somos hijos de Dios, a lo mejor no es solo una metáfora, y somos realmente una parte en proceso de desarrollo del auténtico hijo de “Dios”.
       (Son especulaciones, pero en hablando de Dios, seguro que nada es demasiado grande, ni suficientemente complejo).
     
          En resumen, tenemos dentro de nuestra mente, un trocito del software, de la sabiduría, de “Dios”. Y tenemos que utilizarla, o mejor dicho dejar que se manifieste en nosotros, porque todos esos algoritmos, son autónomos y se activan y ejecutan solos, sin intervención alguna de la voluntad de la conciencia. (De ahí que muchas veces nos parece oír una voz interior ajena a nosotros, que muchos achacan a “Dios” en persona).
        Eso lo han intuído muchos espirituales de todas las religiones, y además Jung, lo encontró empíricamente en el análisis de la mente de sus pacientes, (sueños y dibujos similares, etc., entre personas sin contactos previos, o de otros tiempos).
        Por eso yo creo que ese descubrimiento debería ser llamado la piedra de Jung, haciendo el paralelismo, con la de Rosetta, de los jeroglíficos egipcios.
         Toda la mitología, que es universal, y se repite en todas las culturas, es fruto del afloramiento a la conciencia de una serie de imágenes primordiales que todos tenemos ocultas en lo mas profundo de nuestra mente. Esa es otra “prueba” de su existencia.
         Por eso los mitos no son cuentos chinos, sino como dice el maestro Andrés Ortiz Osés, (que tanto nos honra con su presencia en este foro): “El mito es el cuento que cuenta, lo que cuenta, o sea lo que importa”, (lo valioso).

  • oscar varela

    1- Hay una imagen errónea que desorienta nuestra comprensión del hombre en general.
    – Suponemos que la personalidad humana se for­ma partiendo de un núcleo central,
    – que es lo más íntimo de ella, el cual, creciendo, engrosándose y perfeccionándose,
    – llega en su peri­feria a constituir nuestro yo social,
    – aquello de cada uno de nosotros que da hacia los demás.
     
    2- La verdad, sin embargo, ha sido siempre lo contrario.
    – Lo primero que del hombre se forma es su persona so­cial,
    – el repertorio de acciones, normas, ideas, hábitos, tendencias,
    – en que consiste nuestro trato con los prójimos.
     
    3- Puede llegarse a poseer una personalidad social muy civilizada,
    – muy estimable y llena de virtudes, o al menos des­trezas
    – cuando aún la intimidad casi no existe.
    – Tendríamos enton­ces que la persona podría representarse por una esfera hueca.
     
    4- La pa­red de la esfera—el espíritu social de la persona—es más o menos gruesa,
    – pero, al cabo, tras ella hay un vacío central.
    – Conforme pro­gresa la plenificación de su cultura personal, la pared crece hacia den­tro,}
    – va creando capas más internas del individuo.
    – El término ideal del desarrollo sería que la esfera espiritual en que consiste la persona fuera maciza y compacta.
     
    5- Nótese que ambas espiritualidades, la periférica y la íntima, son de muy distinto rango.
    – Aquélla está integrada por lo recibido y mostrenco.
    (son las ideas que piensa todo el mundo, los impulsos de conducta que el ambiente imprime en todos por igual, las prefe­rencias y repulsiones comunes. Se trata, pues, de la forma inferior de espiritualidad, en que ésta se confunde casi con lo mecánico).
     
    – En cambio, la intimidad comprende sólo los pensamientos que el individuo crea o recrea por sí,
    (las actitudes morales que nacen con plena independencia en la soledad original de su ser, aparte de los próji­mos).
    – Todo esto, que es lo más valioso, última potencia del espíritu,
    – es lo que tarda más en formarse dentro de la persona, y es lo que estimamos.
    – En definitiva, se trata de los criterios decisivos —intelectuales, morales, etc.
     
    6- Sólo cuando el hombre posee en su fondo estos criterios propios, firmes,
    – que son su sustancia inaliena­ble, decimos que es plenamente una persona.
    – El que sólo posee el repertorio de modos recibidos sólo funcionará con corrección en las situaciones rutinarias previstas por ese repertorio.
    – Colocadlo en una circunstancia nueva, y no sabrá qué hacer, su reacción será tor­pe, porque no puede recurrir al fondo creador de sus criterios propios.
    ………………………………………
     
    7- En los pueblos primitivos, como es sabido, no existe la per­sona individualizada.
    – Todos los salvajes de una tribu son espiri­tualmente iguales.
    – Dirán las mismas cosas, sentirán idénticos apeti­tos, se comportarán de parejo modo.
    – Habrá entre ellos diferencias temperamentales, pero no espirituales.
    – La reacción intelectual del uno ante cualquier problema será la misma que la del otro.
    – La ra­zón de esto es que el salvaje no tiene intimidad, que es esfera hueca, persona social y nada más.
    – Por eso nos presentan el tipo de hombre estandardizado.
     
    8- Que el norteamericano sea un hombre standard no obedece, pues, a ninguna condición peculiar
    – ni de la forma de su civilización ni de su sistema educativo,
    – sino que es síntoma inmediato de su primiti­vismo.
    – Sufre todavía este hombre de vacío interior.
    – Cuando en nuestro trato con él avanzamos de lo externo hacia su intimidad adver­timos claramente que pierde valor lo que de él vemos.
     
    9- Por lo mis­mo, no es tampoco nada peculiar la impresión de vacuidad que deja en nosotros el tipo medio de la mujer norteamericana.
    – Contrasta sorprendentemente el pulimento físico de su cuerpo y aderezo exte­rior, la energía y soltura de sus maneras sociales con su nulidad inter­na, su indiscreción, su frivolidad e inconsciencia.
    – Al ensayar el europeo intimar con una de estas mujeres, cuyo dintorno es tal vez el más atractivo que hoy existe en el mundo, realiza la experiencia de laboratorio que mejor confirma la doctrina sustentada.
    – Porque el amor es precisamente un viaje hacia lo íntimo,
    – es el afán de abandonar la periferia del ser amado que se ofrece por igual a todo el mundo
    – y apoderarse de su intimidad latente, secreta, que sólo a uno puede entregarse.
     
    10- Y la experiencia desoladora que hace ese europeo enamorado de la norteamericana
    – es que al dejar atrás la persona social de la mujer—lo que antes he llamado la pared de la esfera—,
    – en el momento, a un tiempo delicioso y dramático, de cap­turar la intimidad espiritual de la amada
    – se encuentra con que no existe, con que lo que ha dejado atrás es lo único que hay.
    – La mujer norteamericana es el ejemplo máximo de la incongruencia
    – entre la perfección del haz externo y la inmadurez del íntimo,
    – característica del primitivismo americano.
     
    11- Sería un defecto del lector que subentendiese bajo estas calificaciones
    – censura o desestima del modo de ser americano.
    – Con el mismo derecho podía entenderse en sentido peyorativo el atributo de juvenilidad aplicado a una persona.
    – Porque es evidente que, enten­dido a fondo este atributo, junto a las envidiables virtudes de la juventud
    – designa también su constitutiva manquedad.
    – Ser joven es no ser todavía.
    – Y esto es lo que acá se intenta sugerir respecto a América: América no es todavía.
     
    12- Es un error colocarse ante América del Norte o América del Sur
    – para decirnos lo que son, como si se tratase de pueblos viejos, cuyo espíritu es ya macizo y vive desde el centro radical de sí, mis­mo.
    – Este error le lleva a tomar como rasgos característicos modos transitorios y mostrencos de la vida colonial.
    – Todavía no se puede definir el ser americano por la sencilla razón de que aún no es,
    – aún no ha puesto irrevocablemente su existencia a un naipe, es decir,
    – a un modo de ser hombre deter­minado.
    – Aún no ha empezado su historia. Vive la prehistoria de sí mismo.
    – Y en la prehistoria no hay protagonistas, no hay destino particular, domina la pura circunstancia.
    – América no ha sido hasta ahora el nombre de un pueblo o de varios pueblos,
    – sino que es el nombre de una situación, de un estadio: la situación y el estadio coloniales.
     
    13- Convendría evitar la confusión de creer que América representa ya una norma nueva de vida.
    – Es como si el viejo, ante la nueva generación, dijese:
    – “¡Dia­blo, estos chicos han inventado una cosa inaudita y formidable: los veinte años!” –
    – En cambio, Amé­rica hará ahora lo más fundamental: hacer historia,
    – a entrar en las angustias que a todo pueblo esperan más allá de la etapa primitiva.
    – Porque, no se le dé vueltas:
    – vida colonial quiere decir, ante todo vida ex abundantia,
    – e historia, vida precaria, vida bajo la presión inexorable de un destino limitado.
    …………………………

  • ana rodrigo

    Como me dijo una vez una hija mía a las puertas de la preadolescencia, “yo no quiero ser mayor porque es muy complicado”. Realmente, es difícil vivir, para unos/as más que para otros/as, parque, para muchas personas, el vivir felices consiste en no tener demasiados obstáculos de esos que te vienen de fuera, y justamente las personas que le vienen todos los problemas de la vida encima, son las más vulnerables de dentro hacia afuera, mientras quienes todo les ha ido sobre ruedas, solamente con vivir lo que les viene dado, les parece normal ser afortunados/as, ya tienen su paraíso y, muchas veces ni son conscientes de ello.

    Ya sé que es una simpleza este comentario, pero es como vive la mayor parte de la gente. Después vienen las ciencias sociales y sicológicas, junto con las religiones a darles consejos de lo que deben hacer para ser felices. Quienes están pidiendo una limosna a la puerta de los templos, no necesitan entrar a escuchar los sermones, con sobrevivir ya tienen suficiente y un euro ya es parte de su paraíso.

    Perdonad por no ser capaces de levantar el vuelo hacia una mayor profundización de lo que es o debiera ser la vida. Isidoro lo ha explicado muy bien.

  • Alberto Revuelta

    Me he visto en la tesitura de dar la absolución sacramental, por elección del moribundo, a un sacerdote de quien fui coadjutor. “Quiyo, me equivoqué al no seguir vuestro camino, ahora no me arrepiento del error. Dame la absolución “.

  • oscar varela

    Hola!
    Me hago algunas preguntas nada inocentes:
     
    1- ¿puede hablarse de “retorno”
    en referencia a un libro que empieza
     con la palabra hebrea “beresit”?
     
    2- ¿a qué se refiere el “subconsciente colectivo”?
     
    3- la alegada “inocencia” ¿es un “proto-tipo” o un “arque-tipo”?
     
    4- ¿qué resalta la frase en azul oscuro?
     
    5- ¿qué tiene de “inconsciente colectivo” el “endemoniado” en la lengua del NT?
     
    Gracias!

  • Veronica pojmaevich

    El Yo hace de impluvio decantando en el self  lo más sabio; una función intuitiva actúa de filtro, le resuena algo q yace en lo profundo; luego se muestra un caleidoscopio ego/self en lo cotidiano; primero el trabajo es des-cubrir estos contenidos del self; luego el yo debe hacer un esfuerzo por transparentarlo; entonces ego/self van pareciéndose, ser y parecer una misma cosa q esto es lo más difícil, ajustar el ego al self; lo q va quedando amén de contenidos esenciales es una función afilada q sabe decantar lo sabio permanentemente y la asertividad. El libro “orar en un mundo roto” de Gonzalez buelta  aporta otras vetas de análisis A esta parábola del endemoniado y los cerdos. Mi cariño!

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