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Civilización china y civilizaciones

Una buena lectura, repleta de cultura y actualidad, para este problemático fin de semana. AD.

      Nos hemos basado para la redacción de este articulo, entre otros, en los siguientes textos:

  •       JULIEN, F., La China da que pensar. Anthropos, Barcelona, 2005
  •       LO, A., Hegel´s interpretation of chinese history, Master University Hamilton. Ontario.
  •       MONTOBBIO, M., Ideas chinas, 2017.
  •        [Un libro del autor del que ofrece a ATRIO acceso directo: La China del siglo XXI. AD.]

           El coronavirus y la civilización china

      La pandemia del coronavirus nos está interpelando en muchos aspectos. Muy claramente en la forma de reaccionar el gobierno y la sociedad civil china tan diferente, en primea instancia, a la nuestra (aunque luego hemos seguido, en gran medida sus pautas). Nos ha sorprendido una reacción tan fuerte, tan drástica, tan disciplinada, tan colectiva, y hemos especulado mucho sobre la palanca que las ha posibilitado.

      Para muchos de nuestros analistas esa palanca ha sido el autoritarismo de su gobierno y sus resortes represivos de toda disidencia. Pero han empezado a aparecer otras claves que explicarían, al menos complementariamente, la reacción china colectiva frente a la pandemia, que se resumirían en su componente civilizatorio: los valores tradicionales confucianos como la primacía de lo colectivo sobre lo individual, el respeto a la autoridad jerarquizada –desde la familia al Estado–, el valor de la comunitario… Desde el individualismo de nuestra sociedad occidental, agudizado por el ultra individualismo neoliberal nos interpela una reacción basada en esos otros valores predominantes en la sociedad china y su gobierno

           China es otro mundo?

       “La existencia misma de China crea un problema para los relatos occidentales de la historia mundial… comenzando con la China primitiva…”Alexander Lo, Hegel´s interpretation of chinese history, MASTER UNIVERSITY Hamilton. Ontario.

      “Occidente ha descubierto que existe China, un gran imperio, con una larga historia y un glorioso pasado. Un nuevo mundo ha emergido”. (“Las tres grandes tradiciones…y la emergencia de la civilización china”, Gang Yang, Centro de Estudios Asiáticos de Hong Kong)

     Tenemos la imagen de la civilización china como una civilización milenaria, algo que existió, de perfiles imprecisos, tintes románticos y, a veces, cargados de exotismo. Pero no, quizá, la de una civilización avanzada, plenamente vigente hoy día, en su sentido más profundo: “el conjunto de ideas, creencias, ciencias, técnicas, artes y costumbres.”, como describe nuestro diccionario, ni siquiera, quizá la de una civilización.

      Muchos, desde Occidente, se resisten a aceptar que China sea una civilización, quizá por el complejo eurocéntrico de que nosotros somos los ”civilizados” y “los otros”, por ejemplo, los chinos, se van civilizando, van pareciéndose a nosotros conforme progresan en lo económico, lo político o lo cultural. Nos resistimos a aceptar que “nosotros” no somos los únicos civilizados, sino que, simplemente, pertenecemos a una civilización, que no es la única. Y mucho menos aceptar que tampoco es la más importante en la historia, aunque haya predominado en los últimos siglos en una buena parte del mundo y haya utilizado ese predominio sobre el resto del mundo, prevaleciendo la visión occidental de la historia.

      Y nuestra curiosidad, en todo caso, por ese otro mundo no es por la civilización china, sino por cómo los chinos se van “occidentalizando”, a medida que se hacen más ricos.

      Huntington afirma en su libro “Choque de civilizaciones”:

      “La creencia occidental de que todo el mundo debe alcanzar los valores institucionales y culturales occidentales, por ser los más elevados, más modernos, más racionales y civilizados del género humano…es una tesis falsa, inmoral y peligrosa…Occidente intenta mantener su preeminencia y sus intereses como si fueran los de toda la Humanidad…”

      No pocos de los que hemos vivido y convivido con la sociedad china durante un tiempo largo hemos descubierto nuestra realidad de occidentales, como pertenecientes a otro mundo, a una civilización diferenciada, la “occidental”. Nos hemos percibido, porque así nos consideran nuestros amigos chinos, “western”, “occidental”, diferente de ellos, y hemos descubierto su mundo, civilización, como diferente, como “de gentes de otro planeta”, según la expresión de Leibniz.

      Sin embargo hablar de China como civilización milenaria, es casi un tópico periodístico, sin “imagen” concreta unida a una realidad visible, y a una sociedad avanzada.

      No lo entendieron así nuestros “ilustrados” europeos de los siglos XVII y XVIII, que consideraron, con los pocos datos con los que contaban, pero con gran admiración, a China como la cuna de una civilización milenaria y muy avanzada.

      Voltaire, en sus “Lettres Philosophiques”, opina:

      “la historia milenaria china, que se pierde en la noche de los tiempos…Una antigüedad fabulosa, frente a la irrisoria cronología judeocristiana…”.

      Y en su artículo “Historia” de la “Enciclopedia”:

      “… ni sus leyes, ni sus costumbres, ni su lengua…han cambiado en casi cuatro mil años…China ha inventado casi todas las artes antes que nosotros…con China comienza la Historia del mundo, el desarrollo de la civilización, de las artes y las ciencias…”

      Leibniz considera la cultura china como

       “…de gentes de otro planeta…que nos pueden aportar luces más considerables y…útiles que el conocimiento de…griegos y romanos a los que se entregan tantos sabios…”

      Y, en sus “Novissima sinica”, o “últimas noticias chinas”:

       “… Existe en China una moral pública digna de admiración en varios aspectos, ligada a una doctrina filosófica… que es honorable por su antigüedad, unos 3000 años, muy anterior a la filosofía de los griegos… Por ello sería muy poco inteligente y arrogante de nuestra parte que nosotros, novatos en comparación con los chinos y apenas salidos de la barbarie, condenásemos una doctrina tan antigua sólo porque, a primera vista, no parece concordar con los conceptos escolásticos que nos son familiares…” Y, en ese mismo tratado, intenta una fascinante, y difícil, síntesis entre los principios fundamentales del confucianismo y la filosofía occidental…

       Más contemporáneamente, J. Needham, después de estudiar, en 15 volúmenes, la “Ciencia y Civilización en China”, concluye:

       “En términos tecnológicos y científicos, China se encontraba en una posición dominante…respecto a Europa”.

       Si los ilustrados europeos actuales no tenemos esa imagen de la China civilizada, es, en gran parte, por desconocimiento de su civilización milenaria, que apenas se estudia en nuestras Universidades, de sus diferentes etapas históricas, de sus épocas de esplendor o decadencia, de su arte, de su ciencia….

       La conocían mejor nuestros antepasados ilustrados del XVII y XVIII, con muchos menos medios para estudiarla. Y, sorprendentemente, los ilustrados chinos de hoy con frecuencia conocen más de nuestra civilización que nosotros de la suya.

       El conocimiento de la China civilizada, la recibieron los filósofos de la Ilustración a través de otros ilustrados, los jesuitas que llegaron a China en esa época, que la estudiaron y la intentaron comprender debatiendo con letrados confucianos. El más conocido, Matteo Ricci, fue el primero en traducir al chino los principales textos científicos y filosóficos de Europa y debatirlos con los letrados chinos: quizá fue ése el mayor esfuerzo –recalca Leibniz– de diálogo entre la civilización occidental y la china.

 

           Algunos rasgos definitorios de la civilización china

      La civilización china, como tal, se desarrolla a lo largo de unos cinco mil años. Pero la identidad cultural china y su civilización, se perfilan más definidas desde el siglo II a.n.e., desde la dinastía Han, que da nombre a la etnia mayoritaria en China. En esa época se formularon las bases del proyecto imperial chino, como imperio centralizado, con la filosofía confuciana como núcleo de pensamiento, que se desarrolló en los dos siguientes milenios, a pesar de las tormentosas interrupciones entre dinastías.

       Durante esos 2.200 años, se mantienen y se modulan las instituciones, la estructura del poder político y la filosofía confuciana, apoyadas en el complejo aparato de funcionarios, responsables del gobierno, elegidos conforme a criterios meritocráticos; y se prolongan, como Imperio del Centro, hasta mediados del siglo XIX, cuando China, gobernada por la dinastía Qin, entra en declive como consecuencia de la degradación política de la administración y las agresiones del exterior, occidentales y japonesa, que llevan al país a una crisis política no superada hasta mediados del siglo XX.

       Es la misma civilización que persiste hoy con características muy definidas, por encima del aparente barniz marxista y, que, quizá nos obliga a replantearnos nuestro concepto de civilización.

       Como dice Montobbio: “No es la nuestra (la occidental) la civilización que debemos difundir, sino desde la que podemos contribuir a la construcción de la cultura global… en un mundo en que numerosas antiguas civilizaciones renacen y contribuyen… diferentes… floreciendo al mismo tiempo, enriqueciéndose… en un nivel superior a lo alcanzado hasta ahora”…

      Vivimos en una era de des-occidentalización, con emergencia de vías alternativas hacia la modernidad…, hacia un mundo no configurado por una cultura dominante, sino por varias que coexisten e interactúan en una era global hacia la conformación de la civilización de civilizaciones. Dialogo intercultural…un mundo de civilizaciones plurales y pluralistas con visiones comunes y diferentes…” (Montobbio, “Ideas chinas”).

      Esta visión de Montobbio puede enmarcarse en la “utopía del diálogo de civilizaciones”; utopía en el sentido de lo no realizable a corto ni medio plazo, pero que puede ser hoja de ruta para la acción política global.

      Aunque hoy más bien estamos sufriendo un enfrentamiento de civilizaciones, agudizado por la resistencia a escuchar e incorporar aportaciones y visiones distintas de las nuestras, en un mundo cada día más globalizado en todos los ámbitos, todavía muy poco en el ámbito civilizatorio, en la aceptación del diferente.

      En ese mundo afloran con más fuerza, pero no dialogan, civilizaciones diversas con sus contenidos específicos, supeditados con frecuencia a sus diferentes religiones; entre ellas destacan las cuatro civilizaciones con influencia en mayor número de personas, en más de mil millones de personas cada una: la civilización occidental, la hindú, la islámica y la china. La china y la hindú, netamente orientales, se enmarcan, además, en dos potencias emergentes y suman casi la mitad de la humanidad. La occidental ha monopolizado el concepto mayoritario de civilización en los cuatro últimos siglos. La islámica emerge con diversos fundamentalismos.

      El Foro “Alianza de Civilizaciones” de la ONU, entiende las civilizaciones, o las confunde, con las religiones; y, por otra parte, casi reduce esa hipotética “alianza” a la civilización islámica y la occidental. Y habla de “alianza”, cuando es imposible aliar a filosofías o religiones antagónicas en sus valores o conceptos, o en la consideración de la persona en sociedad. Debería, creemos, hablarse de diálogo, de debate, de intercambio sobre los valores éticos que puedan configurar el orden global, partiendo de la persona humana y sus derechos inalienables, al margen de toda creencia o moral religiosa, si se quiere impulsar el diálogo entre civilizaciones, en plural.

      Para centrarnos en la relación China-Europa, podemos circunscribirnos ahora al diálogo entre la filosofía china confuciana y la filosofía europea ilustrada, como exponentes más claros de ambas civilizaciones.

      “En el Partido se despreció el confucianismo en la Revolución Cultural (lo subraya como ex ´guardia rojo´), incluso se le atacó en la persona del Primer Ministro Zhou Enlai, para mí un auténtico letrado confuciano. Quizá fue uno de los mayores errores de ese período, porque el marxismo nos ha dado herramientas de análisis político, pero el confucianismo debe seguir siendo la base de nuestra filosofía ética y política. Y –enfatizó– si algún día somos capaces de reeditar el diálogo de Ricci –al que Lao Huang admiraba– entre letrados confucianos y filósofos occidentales de hoy, quizá se habrá iniciado un diálogo fecundo entre China y Occidente, pero estamos lejos de ello”, sentenció.

      Nuestra civilización occidental defiende unos valores, que se basan en la dignidad de la persona humana en sociedad, bajo la ética kantiana de la razón práctica: “no hagas a los demás lo que no quieras que te hagan a ti”; y de ahí los derechos humanos, ratificados por primera vez, en 1798, en la Asamblea Nacional  francesa, y aceptados por todos los países en la Asamblea General de la ONU en 1948; frente a todas las tiranías que los han intentado suprimir a lo largo de los dos últimos siglos, y aun hoy.

      Por su parte, la civilización china se fundamente en la ética confuciana, con una formulación de Confucio, similar y casi literal, a la versión occidental kantiana de nuestra filosofía de la Ilustración: “compórtate con los demás, como quieres que lo hagan contigo”, y de ahí la valoración china de la persona en sociedad y su continuidad histórica en la familia.

En esas dos visiones, occidental y china, hay una base sólida para el dialogo entre nuestras dos civilizaciones.

       La civilización occidental aporta toda una historia de pensamiento, legislación y práctica política democrática y el principio: la legitimidad del poder dimana de la elección democrática.

       La civilización china aporta la ética confuciana inmanente, que no dimana de autoridad ni moral religiosa alguna, y se fundamente en la continuidad histórica de los seres humanos en sociedad, y en la autonomía de la sociedad frente a la religión, –en lo que también coincide con la filosofía de la Ilustración– aunque sin tradición democrática: la legitimidad del poder emana de su ejercicio en beneficio del conjunto de la sociedad y en la meritocracia, no de ningún ”poder” religioso.

       La civilización occidental y la china se diferencian, incluso se contraponen en su concepción política, pero expresan un ideal ético, que puede ser la base ética convergente para el diálogo, lejos de fundamentalismos religioso-políticos y de sometimiento a “moral” religiosa alguna.

       El diálogo profundo entre ellas es muy posible y podría facilitar el entendimiento con las otras civilizaciones, –y con los elementos más integristas de la civilización occidental– supeditadas a las creencias y morales religiosas individuales. Un diálogo imprescindible y urgente en este mundo en el que los valores éticos sucumben ante la inmediatez de los programas políticos o el atractivo del mero desarrollismo económico o tecnológico, o a la supeditación a los fundamentalismos.

      Y, como hemos apuntado al hablar de la cooperación China-Unión Europea, son precisamente China y Europa los dos poderes que mejor pueden desarrollar este diálogo, por su fuerza en este mundo globalizado, y la responsabilidad que tienen en ello.

      Como nos decían, en mayo de 2018, en un coloquio en Madrid los Directores de Departamentos de Derechos Humanos de la Asamblea Nacional China y de la Sociedad de estudios sobre Derechos Humanos de Pekín: nos podemos y debemos entender, pero necesitamos hablar, estudiar y debatir mucho para encontrar los puntos de encuentro entre nuestros dos mundos y nuestras diferentes concepciones de la sociedad civil.

       La Declaración Universal de Derechos Humanos, aprobada por la Asamblea General de la Onu en 1948, y posteriormente, ratificada, interpretada y completada, es una buena hoja de ruta para ese diálogo, como dice su preámbulo: un “ideal común por el que todos los pueblos y naciones…promuevan, mediante la enseñanza y la educación, el respeto a estos derechos y libertades, y aseguren, por medidas progresivas de carácter nacional e internacional, su reconocimiento y aplicación universales y efectivos…”

      Este diálogo entre la civilización occidental y civilización china, ha comenzado en múltiples foros, en think tanks, en revistas especializadas, en debates públicos… Y también en múltiples encuentros internacionales, en China y fuera de China, entre expertos de Occidente y China. Pero es todavía escaso e insuficiente.

      El pasado mayo 2018, por ejemplo, el Insituto Berggruen, think tank especializado en el debate de ideas de gobernanza global, anunció la inversión de 25 millones en un nuevo centro de investigación en la Universidad de Pekín, en cooperación con las de Tsinghua, también en Peking, y Fudan en Shanghai y con el Instituto para Estrategia de Innovación y Desarrollo de China (CIIDS); un lugar de diálogo entre Occidente y China, “desde una perspectiva china”, como aseguró su director.

      Es un objetivo ambicioso para este siglo XXI, una hoja de ruta hacia el encuentro y diálogo entre civilizaciones, nada fácil, y a largo plazo, para todo el siglo XXI. La concepción confuciana de la ética cívica es trabajar para las próximas generaciones.

      Y, dada la deriva aislacionista y supremacista de Estados Unidos, deberán trabajar juntas la Unión Europea, por su tradición de defensa y desarrollo de los derechos humanos, y China, por la especificidad de su filosofía confuciana, atenta al hombre en sociedad.

      Un objetivo, siguiendo la mentalidad confuciana, no para las próximas elecciones, sino para las próximas generaciones, si nos queda un atisbo de utopía. Todo el siglo XXI para acercar esa utopía a la realidad.

      Marcelo Muñoz, Presidente emérito de Cátedra China, decano en China, jesuita emérito

     

     

13 comentarios

  • Juan A. Vinagre Oviedo

    Antes de exponer este comentario, estuve dudando si era oportuno participar, porque el tema requiere mucho matiz -que no es posible, o yo no soy capaz de hacerlo, en una reflexión de media página-. Por otra parte, no soy un experto en el tema, aunque sí me he interesado por Lao Tse y por Confucio, como grandes maestros con un pensamiento innovador, muy humano, con sentido social y espiritual… Confucio, en concreto, fue un hombre de un gran sentido social y ético, tanto que en algún momento le llevó a aceptar una gestión política, dolido por la corrupción pública que veía en su medio, político y social… Fue un hombre ejemplar y coherente, aunque en su vida familiar parece que poco afortunado. (Errores personales?)

    Expongo, pues, muy brevemente, no una visión de la cultura china, sino una reflexión al hilo del artículo de Marcelo y de los comentarios que le siguen.    Abusos y opresiones ha habido en todas las culturas. El comportamiento humano es muy parecido en todos los pueblos y poderes. En este sentido la China antigua es de este mundo, aunque presente una visión en parte distinta y unos valores mejores que otros pueblos. Entre esos valores, teóricos, destacaría éstos:

    –LO COMÚN es más importante y debe prevalecer sobre lo particular. (Compárese este principio con el mundo greco-romano y con el occidental moderno, en el que prevalece lo individual -el individualismo- desmadrado…)

    –Debe imponerse un CONTROL sobre el egoísmo humano. (Control que tanto ha costado y cuesta ejercer en nuestra cultura “superior” occidental.)

    –El bien común prevalece sobre la libertad, si ésta no se autolimita o trata de imponerse. (Esto exige una clarificación del concepto y el valor de la libertad, también hoy. Quizá más hoy, que clara o sutilmente tanto se utiliza y deforma. La ética debe prevalecer sobre la libertad…, incluida la libertad de expresión, que tanto se reivindica. Libertad con ética.)

    –Por tanto, una sociedad más justa, con ética. Sin excesos ni reivindicaciones excesivas. Confucio defiende la moderación, incluso en la solución de conflictos.  (¿Es el “in medio virtus” de los estoicos?)

    Si comparamos estos principios con los valores actuales occidentales, ¿éstos son superiores, sobre todo hoy?  Más en concreto, ¿la democracia occidental, supercontrolada, a veces más bien ficticia  -y yo aún así la prefiero- es muy superior al centralismo actual chino? ¿La democracia occidental no es una espléndida palabra para encubrir vasallajes y manipulaciones…? ¿Qué es mejor -o peor-: el capitalismo de Estado o el neoliberalismo que resta poder al Estado y lo exprime…? Con su capitalismo de Estado, China crea más puestos de trabajo y desarrollo que muchos países “democráticos” de corte “neoliberal”… (Estas son preguntas que uno se hace, reconociendo -insisto- que, pese a todo, me quedo con la democracia occidental.)

    Todo lo cual lleva a una pregunta, que no es nueva: ¿No es hora de revisar nuestros valores  -de unos y otros-  y crear un nuevo sistema social con lo mejor de cada uno?

    Digo de unos y otros, porque si los chinos se van occidentazando, como dicen muchos, entonces la política de China, en el fondo, sería un más de lo mismo, que hemos vivido en occidente. Es decir, no avanzaríamos, más bien retrocederíamos a valores y a esquemas mentales de los siglos XIX-XX.

    Con esta reflexión quiero decir que China, en vez de ayudarnos a avanzar, pude reforzar valores y políticas del pasado…, en contra de su propia historia y cultura. En suma, en contra del sueño de un mundo dirigido por un Gobierno mundial, con más ÉTICA, principio fundamental de toda cultura que se precie.

    Es necesario el “Diálogo de culturas distintas”, SÍ. Pero un diálogo anténtico, que exige apertura mental y cambio en el modo de pensar, si no queremos utilizar las culturas para encubrir monólogos prejuiciados, que impiden el acercamiento. Y a veces propician enfrentamientos obtusos. Lo cual sugiere que es preciso relativizar ciertos llamados “principios”, a fin de poder entendernos…

    Sé que he entrado en unos temas vidriosos… Confío en que los buenos entendedores de Atrio completen o maticen esta reflexión, si les parece oportuno.

  • Podemos hacer todas las matizaciones que queramos. Pero China está ahí y nos interpela. La civilización china tiene muchas lecturas; como la civilización occidental Yo hago una: no es la única, ni probablemente la mejor, pero es la que más me parece refleja le realidad, la que he aprendido de mis amigos chinos, intelectuales y políticos. Y creo firmemente que aporta unos valores distintos, muy a tener en cuenta, si queremos ir a un diálogo fructífero. Y que esos valores, en diálogo con los valores europeos,  podrían servir de base para la ética global que el mundo necesita hacia el futuro.

    Claro, el confucianismo no es unívoco, como no lo es el aristotelismo o el tomismo…Lo que defiendo, en consonancia con mis amigos y diversos autores, es que el confucianismo, trufado de taísmo,legismo etc. es el núcleo básico de lo que es la civilización china en la historia y lo que es la civilización china en la mente actual de la sociedad china, los valores que aprenden en la escuela, la familia…Lo que no quita que la realidad no sea pura ni perfecta,como si describimos el núcleo ético de la civilización europea y lo contrastamos con la realidad impura

    Soy jesuíta emérito, porque lo fuí de lleno -hace mucho- y dejé de serlo porque me pareció incompatible con la teologia de la liberación.

    Soy ciudadano europeo y me considero ciudadano global.

    Atentos a China! Lo explico en “La China del siglo XXI”

    Que nuestro eurocentrismo no nos haga miopes.

    Seguimos cuando queráis. Un abrazo. Marcelo

     

    • carmen

      Ya se que no se dirige a mí, pero estoy en casa, hace calor y todavía no me atrevo a salir.
      Sorry.
      Creo, pienso que el mundo está sufriendo un cambio brutal y rápido. No lo sé explicar mejor. No sé las causas profundas, pero presentí el día aquel del 89 en el que oficialmente se dió el telón de acero por destruido que se acercaba un cambio , pues en todo, pero no podía ni imaginar las dimensiones. Cuando empezó a llegar a todas las casas, digo a todas, la célebre red , me sonó totalmente a ciencia ficción. Parecía una historia de Bradbury, pero era la realidad.
      Empezó a hablarse de comercio globalizado. Entramos en el Euro. En la región en la que vivo tenemos una huerta increíble, aprendimos de los árabes, y cuando pagué por primera vez un kilo de tomates a cinco euros, que son más de ochocientas pesetas me asusté. No por los cinco euros, gracias a dios hasta ahí llego, sino por lo que se nos venía encima. Lo recuerdo perfectamente. Fue una sensación impactante.

      No le voy a decir nada del liberalismo económico y todo eso. Es obvio. Tampoco le voy a hablar de si es mejor o peor una sociedad basada en una economía marxista. No lo sé.

      Pero sí se que la solución no está en modelos económicos que ya están superados.
      Se que usted no habla de esto. Pero yo sí. Porque al final de todo lo que se persigue es un mundo más justo, más solidario, con más sentido. Y eso está estrechamente relacionado con la economía .
      Tiene usted toda la razón. Occidente tendrá que aprender mucho de oriente. Mucho. Y efectivamente, ahí está China. Un gigante económico, con todo lo que eso conlleva. Y cuando digo todo, digo todo. Por eso se habla tanto de China.

      Y creo, me parece que oriente también tiene que aprender mucho de occidente. Mucho.
      Usted dice que es ciudadano del mundo. Yo me considero ciudadana del planeta Tierra, que no es exactamente lo mismo. Nunca he salido de Europa. A lo mejor es eso por lo que me siento identificada con ella. Posiblemente. Y me siento orgullosa de serlo. Quiere eso decir que Europa no tiene nada que aprende de oriente, de China en concreto? Por favor. Lo que pienso es que vayamos aprendido juntos, compartamos cultura, conocimientos, pero cuando hay cualquier tipo de negociación creo que el que representa a una de las partes implicadas tiene que tener claro cuál es su posición de partida. De las otras partes ya se encargarán los otros.

      Siempre que oigo o leo la palabra eurocentrismo con un matiz que no me gusta y tengo ocasión, repito como un mantra: soy europea y estoy orgullosa de serlo. Es un mal punto de partida? Creo que no.

      Perdón. Me apetecía decirlo.

      Gracias por su artículo. Tiene mucha razón. Quizás mi persona tenga un poquito.

  • Veronica pojmaevich

    Creo en el respeto al ser humano; la palabra autoridad quizás fue un invento del patriarcado, imagino que en sociedades matriarcales todo ha sido circular; creo en liderazgos o coordinaciones. Creo en una democracia profunda. En este contexto evolucionar hasta que un niño pueda decir luego de la golpiza del padre “el papá de Mariano mi amigo no le grita ni le pega” porque observa otros modelos de padre; en la sociedad que sueño los padres le dicen al niño ”nadie puede maltratarte y tenés derecho a pedir lo que necesites a la maestra y ser escuchado”, o cualquier ciudadano está profundamente educado y tiene criterios y auto-afirmación, legitimada además, para consentir o disentir de la decisión del gobierno de turno, y además mecanismos ágiles para frenar una decisión desacertada.

    Mis estudiantes me dan la clase a mi, yo les doy la bibliografía de base y les pido que investiguen, agreguen algún aporte teórico y en exposición oral ellos dan la clase; como están acostumbrados a recibir todo masticado me preguntan “profe, cuándo va a dar la clase?”; además doy siempre un artículo o algo para que hagan una reflexión personal, que la mitad es criterioso y la otra mitad no; los más avivados (1 o 2 por curso) me lo cuestionan “profe, no estoy de acuerdo con tal cosa” y contra argumentan. A lo que yo les respondo “te felicito por tu pensamiento crítico” y amplío la reflexión al grupo “nunca tomen de nada ni nadie el 100% de lo que afirma, piensen por ustedes mismos”.

    En el apego seguro, está el desarrollo de la autonomía y la afectividad; entonces yo le enseño a mi hija una técnica “base” de atar los cordones; la felicito cuando lo hace sola y luego le digo “hay un montón de alternativas a la que mamá te enseño de atar los cordones, busca la propia”. Con esto me aseguro de que no se siente abandonada porque la dejé sola a la hora de aprender un recurso nuevo, le doy el recurso, pero le aclaro que es solo la base.

    “Observe que todas las personas poseen un lado positivo y un lado negativo. A nuestro niño interior le agrada convertir a la gente en dioses. Cada vez que convertimos a alguien en gurú, nos degradamos nosotros: Comuníquele a su niño interior que usted será su gurú”. John Bradshaw  “Nuestro niño interior”.

  • carmen

    Pues que hablen. Pero creo que hablan desde ópticas diferentes.

    Personalmente nunca he entendido eso de las misiones. No sé con qué idea fueron los primeros jesuitas para China. Pero por lo que sé de otros sitios me puedo hacer una idea.

    Apuesto lo que sea a que Rodrigo Olvera aplaude el comportamiento de la China actual.  Pero cómo le hablen de misiones y tal , le da algo. Porque es que creo que es mexicano. Sabe lo que es eso en su propia cultura.

    Y además, se da la circunstancia de que es profundamente cristiano. Y profundamente marxista. Esa es la idea al menos que tengo .

    Lo que creo que hay es una clara intención de la iglesia a que el cristianismo se abra camino en China. Porque es que son muuuuuuchas personas. Sería un triunfo a largo plazo brutal. Pero chocamos de frente con una idea muy muy fuerte también , el marxismo orientalizado, son ideas muy difíciles de combinar. Únicamente son capaces de hacerlo personas con una fuerte dosis de idealismo, como Horio, como Rodrigo. Pero aseguraría que los dirigentes chinos no están por la labor.

    Y luego estamos las mal pensadas.

    Y es que, como mujer que soy, no tengo solución. La mismísima serpiente  .

    • carmen

      Supongo que casaldiga y mucha gente que no conozco y que lucharon por la teología de la liberación en América Latina, también eran profundamente idealista. Y Óscar Fortín también lo es. Y muchos otros más que no conozco.
      Me dicen cual ha sido la posición de la iglesia oficial ante esta Teología? Y me tengo que creer que oficialmente la iglesia está de acuerdo con una teología parecida en China? Digo la iglesia oficial. La que mueve los hilos.

      Es que, de verdad.

  • Honorio Cadarso

    Aquí hay mucha tela que cortar, Rodrigo Olvera…A lo mejor un intercambio de ideas y visiones de la historia desde tu punto de vista y el de Marcelo nos sería muy útil a todos.

    De todos modos, me duele el clima de menosprecio que se registra en Occidente ante la realidad de China. Aquí el que más habla de China es Trump, y por lo que tocas a Atrio, contaría con los dedos de dos manos o de una los atrieros que se arriesgan a decir algo sobre China. Como si fuese un problema menor para la sociedad mundial y para la iglesia…Aquí sí que yo alucino…

    Tengo la impresión de que el diálogo de los Ilustrados europeos, de Ricci y los chinos, no lo abordas en el conjunto. De que eres muy indulgente con la respuesta que dió Europa y la Iglesia a esa apertura del diálogo que intentó abrir Ricci y los ilustrados europeos con él, al drama de las misiones del Paraguay que le fue contemporáneo a esa apertura abortada…Es evidente que la religión en China no tiene ni siquiera el 5% de importancia que tiene para Trump, Bolsonaro, la jerarquía católica de Venezuela y de España y de todos los países occidentales, aunque puedo admitir que Marcelo se va al extremo opuesto…

    No, no tengo dinero para comprar ese mamotreto de la universidad de Cambridge. De todos modos, ¿qué puede decir de China y de Gibraltar y de las Malvinas y de la UE un lord de Cambridge? !Lagarto, lagarto…!

    Acabo de leer en el diario El Mundo de Madrid un comentario sobre Casaldáliga vomitivo…Parecido a lo que podría escribir Trump sobre Fidel Castro…

    El caso es que Marcelo ha pasado muchos años en China, y ha dialogado horas, horas, años y años con intelectuales chinos.

    Evidente que el confucionismo actual es un fruto muy elaborado de todos los chinos. Eso pasa con todas las culturas. Y a propósito, no dices nada sobre la influencia que ha tenido en el pensamiento y la política china actual el marxismo y su cruce con la cultura china. Y el sincretismo con que la cultura china actual y la praxis política y economica china acepta y aplica actuaciones y principios occidentales, por ejemplo con relación a la economía de mercado…

    O sea, que hay mucha tela que cortar. Y que muchas gracias por tu intervención. He saludo a Fray Juan de Zumárraga de tu parte. ¿Sabes? aquel que introdujo en México y en América el asno. Yo lo incluiría a él en el Tribunal de la Inquisición que sueño para estos tiempos, con Bartolomé de las Casas…Y con el Che como asesor externo.

  • carmen

    Alguien me puede decir qué significa jesuita emérito?

    Es como ser jesuita sin papeles que decía Díaz Alegría?

     

  • carmen

    Si es que no tengo que entrar.

    Pero estoy alucinanda.

    No entiendo a los de Murcia, Ni a España en su conjunto. No entiendo a Alemania, A Rusia, a Estados Unidos, me parece de locos el problema árabe israelí. Tampoco entiendo a los países árabes, los del petróleo. América Latina para mí es un misterio …

    Y tengo ahora que entender la cultura China?

    Dios mío, ayúdame.

    Y solamente un apunte. Nuestra cultura no se centra en Kant, la frase no hagas al otro lo que no quieras que te hagan a ti, creo recordar que ya se decía por Egipto, antes de antes. La llamaban la regla de oro. Jesús de Nazaret la transformó un poquito. Ama al que esté a tu lado como a ti mismo. Porque los judíos tuvieron relación con Egipto. O eso dicen ellos mismos. A lo mejor no.

    Soy europea. Me siento orgullosa de serlo. Creo en los ideales de Europa aunque nadie se guíe por ellos. También pienso y lo he dicho mil veces que el mundo ha cambiado. Que hay que…en fin. Mil veces lo he dicho. Pero no tengo títulos que me respalden.

    Coincido con lo que ha dicho Rodrigo Olvera. Y eso que él cogería muchas cosas de la China actual, al menos eso intuyo.

    En fin.

    Y que conste que no he hablado de Dios ni de sus cosas.

     

  • Gonzoalo Haya

    Agradezco estos artículos que nos sacan de nuestro eurocentrismo y nos abren a un pluralismo universal.

  • Rodrigo Olvera

    Lo lamento, pero una vez más tengo profundas divergencias con la presentación sintética que hace Marcelo de la historia de China.

     

    No. La civilización china no nace con el confucionismo ni se reduce al confucionismo. El mismo Confucio decía de sí mismo que él no era más que un repetidor de las enseñanzas antiguas que él lamentaba se estaban perdiendo, refiriéndose al ruismo de la dinastía Zhou; condensado en los Cuatro Libros y los Cinco Clásicos.

    No. El neo-confucionismo no es el confucionismo. Es una mezcla sincrética y pragmática entre confucionismo, legalismo, taoismo y budismo. Presentar al confucionismo como si fuera una única tradición “sin casi cambios” desde Confucio hasta hoy es tan falso como presentar al cristianismo como si fuera una única tradición sin cambios desde Jesús hasta hoy. Así como Jesús no reconocería su enseñanza en los textos del Concilio Vaticano II, así Confucio no reconocería la suya en las especulaciones cosmogónicas de los textos confucionistas de la dinastía Han, ni mucho menos en los textos neoconfucionistas de la dinastía Qin.

    No. La ética del confucionismo no se fundamenta en la autonomía de la sociedad frente a la religión. Uno de los Cinco Clásicos que Confucio consideraba indispensables y que por ello se volvieron material de estudio de los exámenes para asumir cargos de gobierno es justamente el Libro de los Ritos. Confucio mismo es considerado el autor del conjunto de comentarios llamado las  Diez Alas del Libro de los Cambios, y en esos comentarios un elemento esencial para la vida y la ética es la religión y sus ritos.

    No. Presentar la historia de la civilización china como un proceso de desarrollo armonioso y estable desde la dinastía Han hasta el siglo XIX es ajeno a la realidad. En el artículo previo de Marcelo ya puse muchos ejemplos, con el ascenso y caída de distintas dinastías. Pero agrego ahora que ésta idea de prosperidad hasta el siglo XIX en la decadencia por las potencias europeas no toma en cuenta, por ejemplo, el sometimiento de China al Imperio Mongol, en lo que se conoce como la dinastía Manchú.

    No. No se debe idealizar la “meritocracia” de la burocracia imperial china. El sistema imperial nunca fue realmente meritocrático. Las constantes purgas de funcionarios meritorios – y ascenso de funcionarios sin mérito- debidas a conspiraciones políticas o caprichos imperiales llenan varias páginas.

    Sí. Tenemos mucho que aprender de las múltiples expresiones civilizatorias que se han desarrollado en el territorio que ahora conocemos como China.

     

    Abrazos y esperanzas

    • Rodrigo Olvera

      P.D.
      A quien le interese explorar la diversidad filosófica de la filosofía china antigua, y pueda comprender inglés, le recomiendo el libro Virtue Ethics and Consequentalism in Early Chinese Philosphy, de la Universidad Cambridge. El libro nuevo es caro, unos 120 dólares; pero en Amazon y otros servicios pueden conseguirse copias semiusadas a precios razonables.

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