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Meditación de la técnica, 10/12

  Curso-taller basado en libro del mismo nombre de José Ortega y Gasset (1933). Ver Índice y entradas anteriores

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LA TÉCNICA COMO ARTESANÍA—LA TÉCNICA DEL TÉCNICO

     

Destilado: La Artesanía es la técnica de la vieja Grecia, de la Roma pre-imperial y de la Edad Media.

Sus características serían:

  • Los actos técnicos se han hecho tan complicados que es preciso que ciertos hombres se encarguen de ellos: los artesanos,
  • no tienen conciencia de inventores; tienen que pasar por un largo aprendizaje para adquirir su técnica.
  • El invento sólo llega a producir instrumentos y no máquinas.

(una máquina es un instrumento que actúa por sí mismo).
(el utensilio es sólo suplemento del hombre.

Con la máquina, en cambio, pasará el instrumento a primer plano y no será él el que ayude al hombre, sino al revés: el hombre es quien ayuda a la máquina.

  • Toda técnica consiste en dos cosas: la invención de un plan de actividades, de un procedimiento, y la ejecución de ese plan.

     Pasemos al segundo estadio: la técnica del artesano. Es la técnica de la vieja Grecia, es la técnica de la Roma pre-imperial y de la Edad Media. He aquí, en rapidísima enumeración, algunos de sus caracteres:

      1.° El repertorio de actos técnicos ha crecido enormemente. No tanto, sin embargo—es importante advertirlo—, para que la súbita desaparición, crisis o atasco de las técnicas principales hiciera materialmente imposible la vida de las colectividades. Más claro aún: la diferencia entre la vida que lleva el hombre en este estadio con todas sus técnicas y la que llevaría sin ellas, no es tan radical que impidiera, fallidas o suspensas aquéllas, retrotraerse a una vida pri­mitiva o cuasi primitiva. Aun la proporción entre lo no técnico y lo técnico no es tal que lo técnico se haya hecho la base absoluta de sustentación. No: aun la base sobre que el hombre se apoya es lo natural —por lo menos, y esto es lo importante, así lo siente él—, y por eso, cuando comienzan las crisis técnicas, no se da cuenta de que éstas van a imposibilitar la vida que lleva; por eso no reacciona a tiempo y enérgicamente ante aquellas crisis.

      Pero hecha esta salvedad y comparando la nueva situación téc­nica que este segundo estadio representa con la primitiva, conviene subrayar lo contrario: el enorme crecimiento de los actos técnicos. No pocos de éstos se han hecho tan complicados que no puede ejercitarlos todo el mundo y cualquiera. Es preciso que ciertos hombres se encarguen a fondo de ellos, dediquen a ellos su vida: son los artesanos. Pero esto acarrea que el hombre adquiera ya una conciencia de la técnica como algo especial y aparte. Ve la actuación del artesano —zapatero, herrero, albañil, talabartero, etc.—, y entiende la técnica bajo la especie o figura de los técnicos que son los arte­sanos; quiero decir: aun no sabe que hay técnica, pero ya sabe que hay técnicos-hombres que poseen un repertorio peculiar de activi­dades que no son, sin más ni más, las generales y naturales en todo hombre.

      La lucha tan moderna de Sócrates con las gentes de su tiempo empieza por querer convencerles de que la técnica no es el técnico, sino una capacidad sui géneris, abstracta, peculiarísima, que no se confunde con este hombre determinado o con aquel otro. Para ellos, al contrario, la zapatería no es sino una destreza que poseen ciertos hombres llamados zapateros. Esa destreza podría ser mayor o menor y sufrir algunas pequeñas variaciones, exactamente como acontece con las destrezas naturales, el correr y el nadar, por ejem­plo; mejor aún, como el volar del pájaro y el cornear del toro. Bien entendido, ellos saben ya que la zapatería no es natural —quiero decir no es animal—, sino algo exclusivo del hombre, pero que lo posee como un dote fijo y dado de una vez para siempre. Lo que tiene de sólo humano es lo que tiene de extranatural, pero lo que tiene de fijo y limitado le da un carácter de naturaleza —pertenece, pues, la técnica a la naturaleza del hombre—, es un tesoro definido y sin ampliaciones sustantivas posibles. Lo mismo que el hombre se encuentra al vivir instalado en el sistema rígido de los movimientos de su cuerpo, así se encuentra instalado, además, en el sistema fijo de las artes, que es como se llaman en pueblos y épocas de este estadio las técnicas. El sentido propio techne en griego es ése.

      2.° Tampoco el modo de adquisición de las técnicas favorece la clara conciencia de ésta como función genérica e ilimitada. En este estadio se da aún menos que en el primitivo —aunque de pronto pensaría uno lo contrario—, ocasión para que el hecho de inventar haga surgir en la memoria la idea clara, aislada, exenta, de lo que la técnica es en verdad. Al fin y al cabo, los pocos inventos primi­tivos, tan fundamentales, debieron destacarse melodramáticamente sobre la cotidianeidad de los hábitos animales. Pero en la artesanía no se concibe la conciencia del invento. El artesano tiene que aprender en largo aprendizaje —es la época de maestros y aprendices— técnicas que ya están elaboradas y vienen de una insondable tradición. El artesano va inspirado por la norma de encajarse en esa tradición como tal: está vuelto al pasado y no abierto a posibles novedades. Sigue el uso constituido. Se producen, sin embargo, modificaciones, mejoras, en virtud de un desplazamiento continuo y por lo mismo imperceptible; modificaciones, mejoras, que se presentan con el carác­ter, no de innovaciones sustantivas, sino, más bien, como variaciones de estilo en las destrezas. Estos estilos de tal o cual maestro se transmiten en forma de escuelas; por tanto, con el carácter formal de tradición.

      3.° Otra razón hay, y decisiva, para que la idea de la técnica no se desprenda y aísle de la idea del hombre que la ejercita, y es que todavía el inventor sólo ha llegado a producir instrumentos y no máquinas. Esta distinción es esencial. La primera máquina pro­piamente tal, y con ello anticipo el tercer estadio, es el telar de Robert creado en 1825. Es la primera máquina, porque es el primer instrumento que actúa por sí mismo y por sí mismo produce el objeto. Por eso se llamó self-actor, y de aquí selfatinas. La técnica deja de ser lo que hasta entonces había sido, manipulación, maniobra, y se convierte sensu stricto en fabricación.

      En la artesanía el utensilio o trebejo es sólo suplemento del hombre. Éste, por tanto el hombre con sus actos «naturales», sigue siendo el actor principal. En la má­quina, en cambio, pasa el instrumento a primer plano y no es él quien ayuda al hombre, sino al revés: el hombre quien simplemente ayuda y suplementa a la máquina. Por eso ella, al trabajar por sí y desprenderse del hombre, ha hecho a éste caer intuitivamente en la cuenta de que la técnica es una función aparte del hombre natural, muy independiente de éste y no atenida a los límites de éste. Lo que un hombre con sus actividades fijas de animal puede hacer, lo sabe­mos de antemano: su horizonte es limitado. Pero lo que pueden hacer las máquinas que el hombre es capaz de inventar es, en prin­cipio, ilimitado.

      4.° Pero aún queda un rasgo de la artesanía que contribuye profundamente a impedir la conciencia adecuada de la técnica y, como los rasgos anteriores, tapa el hecho técnico en su pureza. Y es que toda técnica consiste en dos cosas: una, invención de un plan de actividad, de un método, procedimiento —mechané, decían los griegos—, y otra, ejecución de ese plan. Aquélla es en estricto sen­tido la técnica; ésta es sólo la operación y el obrar. En suma: hay el técnico y hay el obrero que ejercen en la unidad de la faena técnica dos funciones muy distintas.

      Pues bien: el artesano es, a la par e indivisamente, el técnico y el obrero. Y lo que más se ve de él es Su maniobra y lo que menos su «técnica» propiamente tal. La diso­ciación del artesano en sus dos ingredientes, la separación radical entre el obrero y el técnico, es uno de los síntomas principales del tercer estadio.

      Hemos anticipado alguno de sus caracteres. Le hemos denomi­nado «la técnica del técnico». El hombre adquiere la conciencia suficientemente clara de que posee una cierta capacidad por completo distinta de las rígidas, inmutables, que integran su porción natural o animal. Ve que la técnica no es un azar, como en el estadio pri­mitivo, ni un cierto tipo dado y limitado de hombre —el artesano—; que la técnica no es esta técnica ni aquella determinada y, por lo tanto, fijas, sino precisamente un hontanar de actividades humanas, en principio, ilimitadas.

      Esta nueva conciencia de la técnica como tal coloca al hombre, por vez primera, en una situación radicalmente distinta de la que nunca experimentó; en cierto modo, antitética. Porque hasta ella había predominado en la idea que el hombre tenía de su vida la conciencia de todo lo que no podía hacer, de lo que era incapaz de hacer; en suma, de su debilidad y de su limita­ción. Pero la idea que hoy tenemos de la técnica —reavive ahora cada uno de ustedes esa idea que tiene— nos coloca en la situación tragicómica -es decir, cómica, pero también trágica— de que cuando se nos ocurre la cosa más extravagante nos sorprendemos en azoramiento porque en nuestra última sinceridad no nos atrevemos a asegurar que esa extravagancia —el viaje a los astros, por ejemplo— es imposible de realizar. Tememos que, a lo mejor, en el momento de decir eso, llegase un periódico y nos comunicara que, habiéndose logrado proporcionar a un proyectil una velocidad de salida superior a la fuerza de gravedad, se había colocado un objeto terrestre en las inmediaciones de la Luna.

      Es decir, que el hombre está hoy, en su fondo, azorado precisamente por la conciencia de su principal ilimitación. Y acaso ello contribuye a que no sepa ya quién es —porque al hallarse, en principio, capaz de ser todo lo imaginable, ya no sabe qué es lo que efectivamente es. Y por si se me olvida o no tengo tiempo de decirlo, aun cuando pertenece a otro capítulo, aprovecho el conexo para hacer observar a ustedes que la técnica, al aparecer por un lado como capacidad, en principio ilimitada, hace que al hombre, puesto a vivir de fe en la técnica y sólo en ella, se le vacíe la vida. Porque ser técnico y sólo técnico es poder serlo todo y con­secuentemente no ser nada determinado. De puro llena de posibili­dades, la técnica es mera forma hueca —como la lógica más forma­lista—; es incapaz de, determinar el contenido de la vida. Por eso estos años en que vivimos, los más intensamente técnicos que ha habido en la historia humana, son de los más vacíos.

12 comentarios

  • oscar varela

    Hola!

     

    “Técnica cinematográfica”

    (teclear en Usuario Oscar)

    https://play.cine.ar/INCAA/produccion/4947

  • carmen

    Por favor

     

    Los virus también saben cómo atacar a la célula porque tiene nombre femenino? Y ellos son Los Virus.

    No hay solución.

    Con razón dice Bolsonaro que las mascarillas son cosa de los gays.

  • oscar varela

    Hola!
     
    “¡HOY LAS CIENCIAS AVANZAN
    QUE ES UNA BARBARIDAD!”
     
    “la idea que hoy tenemos de la técnica
    nos coloca en la situación tragicómica
    CÓMICA, pero también TRÁGICA
     
     En el artesano, sus actos «naturales» siguen siendo el actor principal.
    – En el técnico pasa la má­quina a primer plano
    (el “técnico”, al segundo = “mercable”)
     
    ¡Adiós las “sabidurías” de los viejos!
     
    “¡HOY LAS CIENCIAS AVANZARON
    QUE ES UNA BARBARIDAD!”
     
    ¡Adiós al “entenderse” con las nuevas Generaciones!
     
    Las Ciencias y Tecnologías del siglo
    parecen tener un sino de “ALEJAMIENTO
    ……………………………..
     
    Después de la “Técnica del Técnico”: ¿Qué?

  • oscar varela

    Hola!
     
    Alguien que supiera, podría desasnarme respecto a estas preguntas:
     
    1- ¿La Naturaleza tiene algo así como “técnica”?
     
    2- Si tuviera diversos “niveles” (el término “estadio” lo dejo para lo humano)
    ¿no habría que poner la “técnica” del Covid-19 en un 3er. Nivel?
    Porque el Covid-19 no ataca él, sino mediante una “técnica” de camuflaje casero,
    que engaña a la Célula Ama de casa que lo vio entrar creyéndolo “de la casa”,
    dejando, por lo tanto, abrir la heladera, servirse a sus anchas y RE-PRODUCIRSE!!!
     
    3- ¿no está el Covid-19 USANDO la Casa-Celular como un Fábrica-Máquina RE-PRODUCTORA?
     
    4- El muy desgraciadito Covid-19 HACE LABURAR; ¡ÉL NO LABURA!
     

    Si ésto le pasa a la Naturaleza en qué nos encontramos metidos, no?

  • oscar varela

    Hola!
    Cuatro cositas:
     
    UNA:
    Noto que a partir del Capítulo IX (LOS ESTADIOS DE LA TÉCNICA)
    Ortega empieza a “bizquear”, que es el “ir mirando pa’un la’o y p’al otro”.
    Ese es el Método recomendado al que hace Historia.
    (ya los antiguos nos enseñaron que el “movimiento” es eso y no otra cosa).
     
    En efecto: el C/Cap. siguiente notamos que c/Estadio se comprende en ese “entre-dos”;
    de “el que viene” y “al que va”.
    …………………..
     
    OTRA: La “profecía cumplida” (Misión del Apolo XI)
     
    “la idea que hoy tenemos de la técnica de que cuando se nos ocurre la cosa más extravagante nos sorprendemos en azoramiento porque en nuestra última sinceridad no nos atrevemos a asegurar que esa extravagancia es imposible de realizar.
     Tememos que, a lo mejor, en el momento de decir eso, se había colocado un objeto terrestre en las inmediaciones de la Luna.”
    …………………..
     
    Y OTRA MÁS:
    “el hombre está hoy, en su fondo, azorado precisamente por la conciencia de su principal ilimitación.
    – Y acaso ello contribuye a que no sepa ya quién es.
    – como capacidad, en principio ilimitada, hace que al hombre, puesto a vivir de fe en la técnica y sólo en ella, se le vacíe la vida.
    – Porque ser técnico y sólo técnico es poder serlo todo y con­secuentemente no ser nada determinado.
    – De puro llena de posibili­dades, la técnica es mera forma hueca;
    – es incapaz de determinar el contenido de la vida.”
    …………………..
     
    Y LA ÚLTIMA:
     “Por eso estos años en que vivimos,
    – los más intensamente técnicos que ha habido en la historia humana,
    – son de los más vacíos.
    …………………..
     
    ¿será –es ésta última, otra Profecía que se va cumpliendo?

  • mª pilar

    Lanzo, una sencilla pregunta.

    ¿Y… si las personas pudieran mirar su trabajo, como algo que les hace crecer, madurar, mejorar, y de alguna manera, mejorar la vida del lugar al que pertenecen?

    Sé, que hay trabajos… y trabajos…aun así, pienso, que en cada trabajo se puede hacer de varias maneras; en algunas de ellas, la persona que lo lleva a cabo, pone todo su saber, busca como mejorarlo y así, mejorar incluso su entorno.

    Cierto, que los responsables de las empresas, grandes o pequeñas; no suelen mirar a los trabajadores, como parte importante en su empresa, lo sé, lo he vivido; y a pesar de eso, sigo sintiendo, que es mejor ser positiv@s, porque eso es precisamente lo que le hace crecer como persona, mejora el ambiente, y puede…solo puede… que los responsables lo vean, y piensen en lo positivo… de pensar… que merece la pena mirar a las personas que les ayudan en sus empresas, como parte de ellas.

    De alguna manera, los avances que cada día aparecen para facilitar nuestra existencia; podemos cada cual, mejorarlos haciendo bien lo que tenemos que hacer.

    Quizá, me he ido un poco del tema…o mucho… pero a mí, lo que me preocupa es, que las personas que trabajan, sea donde sea, se sientan parte de la sociedad, y su buen hacer contribuya en que esta crezca más y mejor, no solo en capacidades (no todas las personas poseen las mismas)si no en general.

    Esto es lo que siempre he procurado hacer en mis trabajos; también, en el de casa como mujer de familia numerosa.

    Pido disculpas, si no toco el tema como lo hace el autor Ortega y Gasset, él, es un maestro, yo, una sencilla mujer que admira su saber, que cree comprender su mensaje, y bajarlo a la realidad de cada día, no para personas expertas; sino bajar al mundo de las personas que hacen posible, el que salga adelante la labor de quienes tienen el don de inventar o los especialistas en las distintas técnicas que nos rodean.

  • M. Luisa

    A mí si se me permite, en coherencia  con  mis reflexiones anteriores,  haría ya de entrada una salvedad pues considero que lo que constituye la técnica no son actos sino acciones.

    Es el acto mismo que por ser humano ha de abrirse  a la posibilidad de la técnica como  acción. El acto humano  es lo realmente inamovible, lo que de la técnica puede devenir  complicado  recaerá siempre en la acción.
    Seguiré leyendo.

    • M. Luisa

      Sí, he seguido leyendo pero sin poder dejar de hacer un alto en el camino de esos que se hacen a menudo yendo de un artículo a otro y me encontré con el que ayer se publicó de L. Boff cuyo título reza, ”El coronavirus: un ataque de la Tierra contra nosotros”.

      Leyéndolo, me preguntaba, no se estará denunciando la técnica empleada sobre todo en estos dos últimos siglos, como el propio articulo indica, al dar rienda suelta a todos nuestros deseos de bienestar?

      Para explicar la técnica no basta con atender al momento del saber como tan apremiantemente refleja aquella formulación, que ya nos salió al paso, según la cual el hombre se define como animal racional. Fórmula que ha pervivido más allá de la Ilustración periodo al cual se la potenció sofisticándola si cabe todavía más hasta bien entrada la modernidad.

      Para explicar la técnica es necesario integrar a ese saber el momento del hacer, el momento factitivo, sensible, aquel sobre el cual resbaló la filosofía antigua, inaugurando así el eslabón por donde se coló el dualismo clásico que hemos heredado.

      Es esta unidad entre el saber y el hacer la que configura el “acto”, el acto humano que, en tanto humano, necesariamente, le abre a la acción técnica. Y aquí se encuentra lo verdaderamente crucial y que de alguna manera respondería también al artículo de Boff con el que he comenzado a referirme. Porque como unidad entre el saber y el hacer el ser humano no sólo realiza acciones técnicas modificando las cosas por lo que tienen de específicas y en este sentido proporcionar soluciones a nuestros deseos, sino modificándolas por lo que tienen de realidad. Dominándolas pero no en el sentido de dominación, no, sino que es por el propio hacer específicamente humano por lo que también abarca lo hecho. Por esa misma unidad del hacer y del saber ha de hacerse cargo de lo hecho.

      Es por esta razón por lo que en toda intervención humana, en el mundo físico, están incoativamente dadas las tres dimensiones: la factitiva, la de saber y la de aplicación. La técnica, precisamente, por esa unidad entre el saber y el hacer, le es posible la invención de realidades, es decir, no solo porque son sentidas sino porque están hechas por una intelección sentiente.

  • Jose Antonio Pastor M.

    La técnica se ha complicado tanto que los técnicos artesanos que se encargan de ellas se llaman especialistas. Con esta especialización muchas veces se pierde la visión global del hecho de la técnica…pero es imprescindible para su evolución y para su desarrollo. La creación y la inventiva, el descubrimiento de nuevos procesos y nuevas técnicas pasa por la complejidad, si no, es imposible el avance hacia nuevas formas de tecnología…el mundo de los tecnócratas. Las posibilidades son infinitas, pero los problemas son siempre los mismos…sobre todo el vació existencial y saber que nos morimos.

    • Jose Antonio Pastor M.

      Añado un detalle…”el técnico y el obrero”…es importante por que no dice “el técnico, la tecnica y el trabajador o trabajadora”…no es lo mismo, ser obrero u obrera que trabajador o trabajadora…la dueña de un banco tal o cual, o el dueño de una multinacional que venda ropa tal o cual, puede ser trabajadora, trabajador respectivamente, pero nunca serán obreras.

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