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El miedo a los símbolos

       Sabemos lo que es un símbolo. Una señal, creada por los humanos, para significar una realidad a la que alude. Para que un símbolo tenga fuerza, es preciso que sea inequívoco, que sea aceptado sin discusión por la totalidad de los miembros de la comunidad cultural donde se produce.

      El problema surge cuando la realidad a la que se refiere muda. Porque ha cambiado en sí o la percepción que tenemos de la misma. ¿La realidad se nos impone objetivamente como algo exterior o somos los seres humanos quienes la configuramos a través de nuestra percepción de la misma? Seguramente depende de ambos factores.

      ¿Qué hacemos con los símbolos que ya no reflejan la realidad como antes? ¿Los arrinconamos como inútiles, intentamos salvarlos en un esfuerzo de reinterpretación o nos esforzamos por crear otros nuevos, aunque lo hagamos con conciencia de su fugacidad? La aceleración del ritmo histórico trae consigo la conciencia de la provisionalidad de nuestros intentos por captarlo.

      Son bastantes los que creen que los antiguos símbolos deben conservarse. Se aferran a ellos por creerlos inmutables. Solo se trataría de traducirlos al lenguaje de hoy. Tienen miedo a la pérdida que supondría en el colectivo de la comunidad donde se crearon y mantenido. ¿No hay detrás el miedo a que se rebaje con ello su status jerárquico y doctrinal?

      Otros quieren arrasar los símbolos existentes y postulan comunidades sin símbolos. Olvidan que el ser humano es un animal simbólico y los necesita para expresar emocionalmente su vinculación comunitaria. Desterrar toda clase de símbolos supone el individualismo más extremado, la negación de toda suerte de vida comunitaria.

      ¿Cómo crear nuevos símbolos, inclusivos y con gancho? No pueden ser conceptualizaciones abstractas. Se necesita una fuerte inspiración poética, capaz de convertir lo más sencillo y cotidiano en aglutinante con atracción de vocación universal.

      Estamos viviendo tiempos convulsos. Las protestas antirracistas se centran ahora en la eliminación de símbolos que recuerden siglos de dominación explotadora. ¿No es una ingenuidad pensar que derruir símbolos acaba con una situación injusta?

      Se empieza a derribar estatuas de personajes que, o bien fueron directamente esclavistas o cuyas gestas, perpetuadas en monumentos, pudieran haber dado lugar a aniquilación de pueblos.

      Sesudos intelectuales están alzando la voz contra esos derribos. Acusan a los iconoclastas de fanáticos ignorantes de la historia.

      El derribo de estatuas de personajes es algo constante en la historia de la humanidad. Los romanos establecieron la pena de la “damnatio memoriae” (la condena de la memoria), al amparo de la cual se derribaron monumentos de gobernantes acusados de mal gobierno, de tiranía.

      En la Alemania posnazi, en la Rusia possoviética o en la España posfranquista, se hizo lo mismo con los símbolos del régimen anterior.

      ¿Podríamos considerar el derribo actual de estatuas como otra “damnatio memoriae”? Pero conviene destacar una diferencia fundamental: Las anteriores las han hecho los nuevos gobernantes. Las de ahora son mal vistas: se hacen o se pretenden hacer desde la calle, por gentes que no participan del poder y de las que ¿no se puede sospechar que quisieran derribar también ese poder al que ven como continuidad de esa explotación que ven simbolizada en las imágenes que ansían derruir?

Un comentario

  • carmen

    Si. Creo que se puede entender así. Desde luego lo entiendo así, porque , después de cinco siglos? Eso de destruir los símbolos, las estatuas y tal, creo, no lo sé, creo que se suele hacer cuando hay un cambio. Cuando lo ha habido recientemente, en caliente, que dicen. Esa es la idea que tengo.

    Y por supuesto cuando empieza el cambio, que es lo que creo que está sucediendo ahora.

    Me refiero al derribo de estatuas en América Latina.

    Pero usted plantea más cosas. También estoy de acuerdo con lo que dice. Se llama miedo a perder el Poder.

    Y también estoy de acuerdo con que los

    seres humanos necesitamos símbolos que nos aglutine. Así somos. De hecho las vírgenes de los pueblos y demás son auténticos símbolos aglutinantes, que van mucho más allá de la religión. Mediante ellas se conecta , pues con lo mismo que se conectaba con imágenes anteriores a ellas. Y por ello la iglesia, que tonta no es, las cogió de las tradiciones romanas y esas cosas.

    No sé por qué ha salido otro tipo de letra

    Sorry.

    Cuídese.

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