Otros temas

Autores

Archivo de entradas

5526 Artículos. - 87913 Comentarios.

Meditación de la técnica, 8/12

Curso-taller basado en libro del mismo nombre de José Ortega y Gasset (1933). Ver Índice y entradas anteriores 

 VIII

LAS COSAS Y SU «SER»—LA PRE-COSA—EL HOMBRE, EL ANIMAL Y LOS INSTRUMENTOS—LA EVOLUCIÓN DE LA TÉCNICA

     

Destilado: Técnica e imaginación.
Se analiza aquí un último supuesto de la técnica:
* su relación con la inteligencia, la memoria y la imaginación.
Es en la imaginación y no en la inteligencia donde propiamente hay que buscar la posibilidad de la técnica.

      He gastado este poco de tiempo en desarrollar, aunque brevísimamente, los anteriores ejemplos, movido por el afán de que no quedase abstracto y confuso en la mente de ustedes qué sea ese programa, ese ser extranatural del hombre, en realizar el cual consiste nuestra vida, y, por otra parte, mostrar, aunque sea muy vagamente, cierta funcionalidad entre la cuantía o dirección de la técnica y el modo de ser hombre que se ha escogido.

      Por supuesto que todo este problema de la vida, del ser del hombre, tiene una última di­mensión estrictamente filosófica, que yo he procurado eludir en este ensayo. Me urgía en él subrayar aquellos supuestos o implicaciones que el hecho de la técnica contiene y que suelen pasar desapercibidos, no obstante constituir lo más esencial en la esencia de la técnica. Porque una cosa es, ante todo, la serie de condiciones que la hacen posible —Kant decía «condiciones de su posibilidad», y, más sobria y claramente, Leibniz sus «ingredientes», sus «requisitos». Y es cu­rioso observar que de ordinario esos más auténticos ingredientes o requisitos de una cosa son los que nos pasan inadvertidos, los que dejamos a nuestra espalda, como si no fueran lo que son: el ser más profundo de la cosa. Con casi toda seguridad algunos de ustedes, que pertenezcan a un tipo de oyentes cuya psicología no quiero hacer ahora, para quienes oír es ir a buscar lo que ellos ya saben, sea en detalle, sea en vaga aproximación, en vez de, por lo pronto, ya que han decidido escuchar, abrirse sin más a lo que venga, cuanto más imprevisto, mejor; ésos, digo, habrán pensado: Bueno, pero eso no es la técnica, yo no veo ahí la técnica en su realidad, que es fun­cionando.

      No se advierte que, en efecto, para responder a la pregunta: ¿Qué es tal cosa?, lo que hacemos es deshacerla; precisamente recurrir de su forma, tal y como está ahí funcionando, a sus in­gredientes, que procuramos aislar y definir. Y claro está que, suelto, cada uno de los ingredientes no es la cosa: ésta es el resultado de sus ingredientes, y para que esté ahí funcionando es preciso que los ingredientes desaparezcan de nuestra vista como tales y sueltos. Para que veamos agua es preciso que desaparezcan ante nosotros el hidró­geno y el oxígeno. La definición de una cosa, el enumerar sus ingre­dientes, sus supuestos, lo que ella implica si ha de ser —se convierte, por tanto, en algo así como la pre-cosa. Pues esa pre-cosa es el ser de la cosa, y es lo que hay que buscar, porque ésta ya está ahí: no hay que buscarla. En cambio, el ser y la definición, la pre-cosa, nos muestra la cosa en statu nascendi, y sólo se conoce bien lo que, en uno u otro sentido, se ve nacer.

      Los supuestos por mí subrayados hasta aquí no son ciertamente, los únicos, pero son los más radicales; por lo mismo, los más ocultos y, en consecuencia, los que suelen pasar más desapercibidos.

      En cambio, a todo el mundo se le ocurre advertir que si el hombre no tuviese inteligencia capaz de descubrir nuevas relaciones entre las cosas que le rodean, no inventaría instrumentos ni métodos venta­josos para satisfacer sus necesidades. Por lo mismo que esto es obvio, no urgía decirlo. Es tan obvio, que se pasa y lleva a un error: a creer que cuando un ente posee una cierta clase de actividad, basta el hecho de que la posee para explicar que la ejercite. A pesar de que con harta frecuencia observamos hombres que tienen ojos para ver y que, no obstante, no ven lo que les pasa por delante, merced, sencillamente, a que están absortos meditando algo. Aunque pueden ver, no ven; no ejercitan esta actividad, porque no les interesa lo que pase por delante de ellos, y, en cambio, les interesa lo que pasa en su interior. Hay quien tiene talento para matemáticas, pero no lo ejer­cita porque no le interesa.

      No basta, pues, poder hacer algo para que lo hagamos, ni basta que el hombre posea inteligencia técnica para que la técnica exista. La inteligencia técnica es una capacidad, pero la técnica es el ejercicio efectivo de esa capacidad, que muy bien podía quedar en vacación. Y la cuestión importante no es apuntar si el hombre tiene tal o cual aptitud para la técnica, sino por qué se da el hecho de ésta y ello sólo se hace inteligible cuando se descubre que el hombre, quiera o no, tiene que ser técnico, sean mejores o peores sus dotes para ello. Y eso es lo que he intentado hacer en las lecciones anteriores.

      Es muy obvio, repito, hablar de la inteligencia en cuanto se habla de la técnica, y con excesiva celeridad atribuir a aquélla la distancia entre el hombre y el animal. No se puede hoy con la misma tranquila convicción que hace un siglo, definir al hombre como hace Franklin, llamándole animal instrumentificum, animal tools making. No sólo en los famosos estudios de Köhler sobre los chimpancés, sino en otras muchas provincias de la psicología animal, aparece más o menos problemáticamente la capacidad del animal para producir instrumen­tos elementales. Lo importante en todas estas observaciones es advertir que la inteligencia estrictamente requerida para la invención del instrumento parece existir en él. La insuficiencia, lo que en efecto hace imposible al animal llegar con eficaz plenitud a la posesión del instrumento, no está, pues, en la inteligencia sensu stricto, sino en otro lado de su condición. Así Köhler muestra que lo esencialmente defectuoso del chimpancé es la memoria, su incapacidad de conservar lo que poco antes le ha pasado y, consecuentemente, la escasísima materia que ofrece a su inteligencia para la combinación creadora.

      Sin embargo, la diferencia decisiva entre el animal y el hombre no está tanto en la primaria que se encuentra comparando sus meca­nismos psíquicos, sino en los resultados que esta diferencia primaria trae consigo y que dan a la existencia animal una estructura comple­tamente distinta de la humana. Si el animal tiene poca imaginación, será incapaz de formarse un proyecto de vida distinto de la mera reiteración de lo que ha hecho hasta el momento. Basta esto para diferenciar radicalmente la realidad vital de uno y otro ente. Pero si la vida no es realización de un proyecto, la inteligencia se convierte en una función puramente mecánica, sin disciplina ni orientación. Se olvida demasiado que la inteligencia, por muy vigorosa que sea, no puede sacar de sí su propia dirección; no puede, por tanto, llegar a verdaderos descubrimientos técnicos. Ella, por sí, no sabe cuáles, entre las infinitas cosas que se pueden «inventar», conviene preferir, y se pierde en sus infinitas posibilidades. Sólo en una entidad donde la inteligencia funciona al servicio de una imaginación no técnica, sino creadora de proyectos vitales, puede constituirse la capacidad técnica.

      Lo dicho hasta aquí, entre sus múltiples intenciones, llevaba una: la de reobrar contra una tendencia, tan espontánea como exce­siva, reinante en nuestro tiempo, a creer que, en fin de cuentas, no hay verdaderamente más que una técnica, la actual europeo-americana, y que todo lo demás fue sólo torpe rudimento y balbuceo hacia ella. Yo necesitaba contrarrestar esta tendencia y sumergir la técnica actual, como una de tantas en el panorama vastísimo y multiforme de las humanas técnicas, relativizando así su sentido y mostrando cómo a cada proyecto y módulo de humanidad corres­ponde la suya.

      Pero una vez hecho eso, claro está que necesito des­tacar lo que la técnica actual, tiene de peculiar, lo que en ella da lugar precisamente a ese espejismo que, con algún viso de verdad, nos la presenta como la técnica por antonomasia. Por muchas razo­nes, en efecto, la técnica ha llegado hoy a una colocación, en el sistema de factores integrantes de la vida humana, que no había tenido nunca. La importancia que siempre le ha correspondido, aun aparte de los razonamientos en que he procurado demostrarla, trasparecería sin más en el simple hecho de que, cuando el historiador toma ante sus ojos vastos ámbitos de tiempo, se encuentra con que no puede denominarlos si no es aludiendo a la peculiaridad de su técnica. La edad más primitiva de la humanidad, que inciertamente, como entre dos luces, logra entreverse, se llama la edad auroral de la piedra o eolítica —luego es la edad de la piedra vieja e impoluta paleolítica, la edad del bronce, etc. Pues bien, no sería descaminado situar en esa lista nuestro tiempo, calificándolo como la edad, no de esta o la otra técnica, sino simplemente de la «técnica» como tal.

      ¿Qué ha pasado en la evolución de la capacidad técnica del hombre para que llegue una época en que, a pesar de haber sido él siempre técnico, merezca con alguna congruencia ser fichada formalmente por la técnica?

      Evidentemente, esto no ha podido acontecer sino porque la relación entre el hombre y la técnica se ha elevado a una potencia peculiarísima que conviene precisar, y esa elevación, a su vez, sólo ha podido producirse porque la función técnica misma se haya modifi­cado en algún sentido muy sustancial.

      Para hacernos cargo, pues, de lo que es nuestra técnica, conviene de intento destacar su peculiar silueta sobre el fondo de todo el pasado técnico del hombre; en suma, conviene dibujar, aunque sea somerísimamente, los grandes cambios que la función técnica misma ha su­frido o, dicho todavía con otras palabras, sería oportuno definir los grandes estadios en la evolución de la técnica. De este modo, haciendo algunos cortes en el pasado o peraltando algunos jalones, ese pretérito confuso adquirirá perspectiva y movimiento; nos dejará ver de dónde, de qué formas ha ido viniendo y hacia dónde, a qué forma ha ido llegando la técnica.

13 comentarios

  • oscar varela

    -“no tengo prisa alguna porque se me dé la razón.
    La razón no es un tren que parte a hora fija.
    – Prisa la tiene sólo el enfermo y el ambicioso.”
    …………………….
     
    ¿Qué es filosofía? – Lección X
    (Una realidad nueva y una nueva idea de la realidad.- El ser indigente.- Vivir es encontrarse en el mundo.- Vivir es constantemente decidir lo que vamos a ser.)
     
    En la lección anterior hemos encontrado como dato radical del Universo, por tanto, como realidad primordial, algo completamente nuevo, distinto del ser cósmico de que partían los antiguos y distinto del ser subjetivo de que partían los modernos. Pero oír que hemos hallado una realidad, un ser nuevo, ignorado antes, no llena del todo, al que me escucha, el significado de estas palabras. Cree que, a lo sumo, se trata de una cosa nueva, distinta de las ya conocidas, pero al fin y al cabo “cosa” como las demás -que se trata de un ser o realidad distinto de los seres y realidades ya notorios, pero que, a la postre, responde a lo que significan desde siempre las palabras “realidad” y “ser” -en suma, que de uno u otro tamaño el descubrimiento es del mismo género que si se descubre en zoología un nuevo animal, el cual será nuevo, pero no es más ni menos animal que los ya conocidos; por tanto, que vale para él el concepto “animal”. Siento mucho tener que decir que se trata de algo harto más importante y decisivo que todo esto. Hemos hallado una realidad radical nueva -por tanto, algo radicalmente distinto de lo conocido en filosofía-, por tanto, algo para la cual los conceptos de realidad y de ser tradicionales no sirven. Si, no obstante, los usamos es porque antes de descubrirlo y al descubrirlo no tenemos otros. Para formarnos un concepto nuevo necesitamos antes tener y ver algo novísimo. De donde resulta que el hallazgo es, además de una realidad nueva, la iniciación de una nueva idea del ser, de una nueva ontología -de una nueva filosofía y, en la medida en que ésta influye en la vida, de toda una nueva vida- vita nova.
     
    No es posible que ahora, de pronto, ni el más pintado se dé clara cuenta de las proyecciones y perspectivas que este hallazgo contiene y envolverá. Tampoco me urge. No es necesario que hoy se justiprecie la importancia de lo dicho en la anterior lección –no tengo prisa alguna porque se me dé la razón. La razón no es un tren que parte a hora fija. Prisa la tiene sólo el enfermo y el ambicioso. Lo único que deseo es que si, entre los muchachos que me escuchan, hay algunos con alma profundamente varonil y, por lo tanto, muy sensible a aventuras de intelecto, inscriban las palabras pronunciadas por mí el viernes pasado en su fresca memoria, y, andando el tiempo, un día de entre los días, generosos, las recuerden. Para los antiguos, realidad, ser, significaba “cosa”; para los modernos, ser significaba “intimidad, subjetividad”; para nosotros, ser significa “vivir” -por tanto-, intimidad consigo y con las cosas. Confirmamos que hemos llegado a un nivel espiritual más alto porque si miramos a nuestros pies, a nuestro punto de partida -el “vivir”- hallamos que en él están conservadas, integradas una con otra y superadas, la antigüedad y la modernidad. Estamos a un nivel más alto -estamos a nuestro nivel-, estamos a la altura de los tiempos. El concepto de altura de los tiempos no es una frase -es una realidad, según veremos muy pronto.
    ……………..

  • M. Luisa

    ¿Démosle un poco de vidilla al CURSO,  no?

    Para ello la discrepancia ayuda…

    No creo que sea por la poca imaginación que tiene el animal que sea incapaz de formarse un proyecto de vida,  sino porque, como quedó claro en anteriores exposiciones, la finalidad última del animal es su adaptación al medio. No necesita más. Es absurdo, por tanto asignarle cualquier tipo de proyecto vital  y aun  pretender compararlo con el del humano. De ahí la importancia de distinguir lo vital de la vida de las vivencias de la vida.

    Pienso que en el tema de la técnica si se quiere ir por la vía de la  contraposición,  la diferencia  habrá  que  situarla en un ámbito previo a aquellas pruebas experimentales que llevaron la cuestión por la vía de la imaginación por lo que, como previo,  ese ámbito  se encontrará  filogenéticamente  en los sentidos.

    ¿En ellos, qué nos diferencia, pues?

    Como proceso el sentir animal se agota en las cosas, por lo dicho, en aquellas que encuentra en su medio para vivir.  En cambio el sentir humano,  sintiendo las mismas cosas,  éstas  las siente como reales. Queda por su inteligencia lanzado “hacia” (ámbito técnico) todo lo real y esta asimetría entre lo real y el sentir será la base estructural del carácter técnico de nuestra inteligencia.

    Ahora bien, para que esta breve reflexión  se comprenda correctamente es preciso  distinguir la clásica teoría sobre  la inteligencia  con el concepto de intelección  al cual me vengo refiriendo asiduamente y que ahora  me he servido de él para exponer estas líneas.

  • oscar varela

    Hola!

     

    TÉCNICA argentina ante el Covid-19:

     

    https://www.youtube.com/watch?v=41QPUh3lgXU

    • Jose Antonio Pastor M.

      “Es el momento de Ortega y Gasset, ahora hay que dar a conocer su pensamiento como estamos haciendo aquí, porque es de máxima actualidad en cuanto al tema de la técnica”.
      P.D.- Cuando se baila un tango con sombrero ¿La persona lleva al sombrero o es el sombrero que lleva a la persona?

  • oscar varela

    1- La historia de cada lugar es función de muchas variables.
    – Una de ellas es el estado de la técnica que emplea.
    – Pero este estado de la técnica, a su vez,
    – depende de la figura de vida de la gente de ese lugar
    – Por tanto, hay siempre que contar, pri­mero, con cómo sea el hombre.
     
    2- Cuando los primeros misioneros exponían a los esquimales la doctrina cristiana
    y les describían las felicidades de la beatitud en el Paraíso celestial, los esquimales preguntaron:
    —Pero ¿en el cielo hay focas?
    Y como los misioneros respondieron que no las había, los esqui­males sacudieron preocupados la cabeza y dijeron:
    —Entonces, el cielo cristiano no sirve para los esquimales. Porque ¿qué hace un esquimal sin focas?
     
    3- Esta broma de Heine, fundada, tal vez, en el relato de algún misionero,
    – expresa con gracia la efec­tiva y permanente situación del hombre respecto a su contorno no en la otra vida, pero sí en esta.
    – Hay que llegar a estas cuestiones desde un punto de vista mucho más radical,
    – decisivo y previo a tal consideración biológica y zoológica.
     
    4- La cuestión del puesto zoológico del hombre,
    – el problema filogenético del hom­bre,
    – es secundaria y para nada decisiva.
    – Lo que caracteriza al hombre es la ubérrima abundancia de la fantasía
    – de que son tan parcas las otras especies.
    – Por tanto, que el hombre es un animal fantástico y que
    – la historia universal es el esfuerzo gigantesco y mil veces milenario
    – de ir, poco a poco, poniendo algún orden en la loca fantasía.
     
    5- La historia de la razón es la his­toria de los estadios
    – por los que ha ido pasando la domesticación de nuestro desaforado imaginar.
    – No hay otra manera si no de entender
    – cómo se ha ido produciendo ese afinamiento de la mente humana.
     
    6- Las ciencias surgen dentro y a causa de la perspectiva fundamental y originaria
    – que es el simple hecho de vivir.
    – Nos transfieren como a una última instancia a la realidad radical que es nuestra vida
    – la humana vida, la cual es siempre y por lo pronto la de cada cual.
     
    7- Esta realidad radical que es mi vida
    – no es porque la considere como la única realidad, ni siquiera como la superior,
    – sino simplemente porque es para mí la raíz de todas las demás,
    – las cuales, para serme tales realidades,
    – tienen que aparecer o anunciarse de alguna manera dentro de mi vida.
     
    8- El hombre es un perenne inadaptado e in­adaptable.
    – Por eso tropieza con el mundo y por eso tiene mundo.
    – Porque el mundo no existe sino porque es tropiezo.
    – De aquí que su comportamiento sea inverso al de los demás animales,
    – los cuales se adaptan al medio,
    – mientras que él procura adaptar el medio a su persona.
     
    9- Tiene, pues, que esforzarse en transformar este mundo que no coincide con él,
    – que le es extraño, que no es, por tanto, el suyo;
    – transfor­marle en otro en que se cumplan sus deseos.
    – Porque el hombre es un sistema de deseos imposibles en este mundo.
    – Crear, pues, otro mundo del que pueda decir que es su mundo.
     
    10- la idea de un mundo coincidente con el deseo es lo que se llama FELICIDAD.
    – El hombre se siente infeliz y, precisamente por ello, su destino es la felicidad.
    – Ahora bien, no tiene otro instrumento para transformar este mundo
    – en el mundo que puede ser suyo y con él coincidir que LA TÉCNICA, y
    – la física es la posibilidad de una técnica ilimitada. De donde tenemos que
    la física es el órgano de la felicidad humana y que
    la instauración de esta ciencia ha sida dentro de lo humano el hecho más importante de la historia universal.

  • M. Luisa

    Es interesante el punto donde nos ha conducido las precedentes lecciones. Para ello,  nos dice Ortega, hablando de la inteligencia, que es menester no confundir de la imaginación, una característica de ella, sus dos vertientes: la de imaginación técnica que sería la propia del animal (recuérdese cómo se dio comienzo el curso) y la de la imaginación “creadora”  propia del hombre (antropo-) donde recaería el pleno significado de la técnica.

    Sin embargo, desde este punto de vista a mí me parece dotar de poca suficiencia a la inteligencia. En un punto de esa lectura Ortega nos dice: “Se olvida demasiado que la inteligencia, por muy vigorosa que sea, no puede sacar de sí su propia dirección; no puede, por tanto, llegar a verdaderos descubrimientos técnico”

    Pregunto:¿la inteligencia es unidireccional? Tal vez sea así si se la analiza por separado sin hacer entrar en el análisis  el objeto que le es propio.

    Porque si se le hace entrar, en este caso ya se hablaría no de inteligencia sino de “intelección”, es decir,   de unidad intelectiva y por tanto,  ya en ella,  la fuente de todas las  posibilidades   hasta la de un proyecto de vida en el cual la propia vida  adquiera sentido.

    Pienso, por lo dicho, que la técnica contemporánea se mueve en un plano estrictamente intelectivo. Es un hacer que exige esencialmente una profundización en las estructuras últimas de la realidad y por tanto inseparable de un saber que indaga en la estructura profunda de lo real.

    • M. Luisa

      Ahondando un poco más en este comentario incidiré, ahora, en lo que dije sobre lo que me parecía de insuficiencia caracterizar la inteligencia sólo por lo que tiene de imaginativa.

      Claro está que la técnica implica imaginación y ésta a su vez implica invención, pero esto no significa que a la inteligencia se la defina por ser imaginativa sino que la imaginación es de ella sólo una nota dimensional. La inteligencia antes de abrirse a la imaginación, mejor dicho, si puede abrirse a la imaginación es porque antes lo está, está inexorablemente abierta a la realidad.

      No es cuestión de poca o mucha imaginación para formarse un proyecto de vida como al parecer así piensa Ortega, sino que, en mi humilde opinión, como ya dejé expresada anteriormente, la posibilidad de que el proyecto de vida cobre sentido en su realización es porque donde queda inscrito el proyecto es en la realidad misma. Este es el objeto, el término de la inteligencia, la realidad.

      De ahí que si se la analiza con ella, con el objeto que le es propio, no unidireccionalmente, lo que nos da es la intelección, la unidad entre el hacer y el saber. Y ahí sí es donde los animales no tienen acceso, por tanto no creo que lo que nos diferencia sea cuestión de imaginación.

  • oscar varela

    1- El animal que se convirtió en el primer hombre habitaba, al parecer, en los árboles.
    (su pie no es adecuado para caminar sobre el suelo, sino más bien para trepar).
    – Vivía sobre terrenos pantanosos en que abundan enfermedades epidémicas.
     
    2- Esta especie enfermó de malaria, o de otra cosa, pero no llegó a morir.
    – La especie quedó intoxicada, y
    – esta intoxicación trajo consigo una hipertrofia de los órganos cerebrales.
    – Esta hipertrofia acarreó, a su vez, un hiper-función cerebral, y en ello radica todo.
     
    3- Los animales superiores que preceden al hombre tienen entendimiento,
    – pero no tienen, o apenas tienen memoria; o, lo que es lo mismo, no tienen fantasía.
     
    4- Este animal que se convirtió en el primer hombre, ha encontrado súbitamente
    – una enorme riqueza de figuras imaginarias en sí mismo.
    – Estaba loco, lleno de fantasía, como no la había tenido ningún animal antes que él,
    – frente al mundo circundante era el único que encontró, en sí, un mundo interior,
    – un dentro, lo que otros animales no pueden tener en absoluto.
     
    5- Y esto trajo consigo el más maravilloso de los fenómenos,
    – que es imposible de explicar desde el punto de vista puramente zoológico,
    – porque es lo más opuesto a la orientación natural de la atención en los animales.
     
    6- Los animales dirigen su atención totalmente hacia el mundo exterior el entorno,
    – porque este mundo circundante es para ellos un horizonte lleno de peligros y riesgos.
     
    7- Pero cuando este animal que se convirtió en el primer hombre
    – encontró tal riqueza en imágenes internas,
    – la dirección de su atención realizó el más grande y patético giro desde fuera hacia dentro.
    – Empezó a prestar atención a su interior, es decir, entró en sí mismo:
    – era el primer animal que se encontraba dentro de sí: fue el ser humano.
    ………………………..
     
    8- Este ser se encontró ante dos repertorios distintos de proyectos, de propósitos:
    – ante los instintivos, que aún alentaban en él y
    – ante los fantásticos,
    – y por eso tenía que elegir, seleccionar.
    – tendrá que ser, desde el principio, un animal esencialmente elector.
     
    9- Elegir, escoger, seleccionar, se dice eligere;
    – y al que lo hacía, lo llamaban eligens o elegens, o elegans.
    – El elegans o elegante no es más que el que elige y elige bien.
    – desvaída por el uso la palabra elegans y el hecho del “elegante”
    – se empezó a decir intellegans, intellegentia: inteligente.
     
    10- Así pues, el hombre es inteligente, en los casos en que lo es, porque necesita elegir.
    – Y porque tiene que elegir, tiene que hacerse libre.
    – De ahí procede esta famosa libertad del hombre, esta terrible libertad del hombre,
    – que es también su más alto privilegio.
    – Solo se hizo libre porque se vio obligado a elegir, y esto se produjo
    – porque tenía una fantasía tan rica, porque encontró en sí tantas locas visiones imaginarias.
    – Somos, sin duda, hijos de la fantasía.
    ………………………..
     
    11- Esto trajo consigo que los deseos del hombre,
    – no tengan que ver con los instintos, con la naturaleza, sino que
    – solo son deseos fantásticos.
    – Este es nuestro privilegio y nuestro drama.
    – Percibimos que precisamente lo que más en el fondo deseamos
    – es hasta tal punto imposible, que se siente infeliz.
     
    12-  Los animales no conocen la infelicidad,
    – pero el hombre actúa siempre en contra de su mayor deseo, que es el de llegar a ser feliz,
    – es, esencialmente, un insatisfecho, y esto –la insatisfacción
    – es lo más alto que el hombre posee, precisamente
    — porque se trata de una insatisfacción,
    – porque desea tener cosas que no ha tenido nunca, es
    – como un amor sin amada o
    – como un dolor que sentimos en unos miembros que nunca hemos tenido.
     
    13- Se nos aparece el hombre, pues, como un animal desgraciado,
    – en la medida en que es hombre.
    – Por eso no está adecuado al mundo,
    – por eso no pertenece al mundo,
    – por eso necesita un mundo nuevo.
    ………………………..
     
    14- ESTE MITO NOS MUESTRA LA VICTORIA DE LA TÉCNICA:
    – ésta quiere crear un mundo nuevo para nosotros,
    – porque el mundo originario no nos va,
    – porque en él hemos enfermado.
    – El nuevo mundo de la técnica es, por tanto, como un gigantesco aparato ortopédico
    – que los técnicos, quieren crear.
    – toda técnica tiene esta maravillosa y dramática tendencia y cualidad de ser
    UNA FABULOSA Y GRANDE ORTOPEDIA.

    • m* pilar

      ¡Gracias!
      Abrazo.

    • Jose Antonio Pastor M.

      Leo… 7- Pero cuando este animal que se convirtió en el primer hombre
      – encontró tal riqueza en imágenes internas,
      – la dirección de su atención realizó el más grande y patético giro desde fuera hacia dentro.
      – Empezó a prestar atención a su interior, es decir, entró en sí mismo:
      – era el primer animal que se encontraba dentro de sí: fue el ser humano.

      Ahí, en ese momento comenzó la primera revolución del ser humano y como todas las revoluciones de la historia los protagonistas no fueron conscientes, porque era una evolución, o mejor dicho una re-volucion silenciosa, como todas, como la que hay ahora en marcha, como las que habrá en el futuro…todas silenciosas.

  • mª pilar

    ¡Gracias, me ha encantado este nuevo paso… gracias!

    Sigo gozando con este curso, gracias.

  • Jose Antonio Pastor M.

    Destilado: Técnica e imaginación.Se analiza aquí un último supuesto de la técnica:* su relación con la inteligencia, la memoria y la imaginación.Es en la imaginación y no en la inteligencia donde propiamente hay que buscar la posibilidad de la técnica.

    Yo añadiría voluntad e imaginación y no inteligencia donde buscar la posibilidad de la técnica.

    La imaginación decían que era poder, pues es la creadora de los mundos de ahora y de los que vendrán. Pero como decía alguien en algún libro que ahora no recuerdo, una imaginación colectiva de una generación, que impondrá su imaginación al resto, y no sera porque esa otra generación cambie y acepte de la noche a la mañana esos parámetros nuevos, sino que se impondrá porque esa generación anterior habrá desaparecido por la ley natural que es nuestro paso efímero por la vida, y el cambio generacional.

    P.D.- Hace poco, viendo la biografía de Ernesto Che Guevara, hablaba este mito revolucionario, que se preocupo mucho por la técnica y los técnicos en sus discursos, como digo hablaba de un sociólogo de Estados Hundidos…perdón de Estados Unidos. Este sociólogo y escritor se llamaba Charles Wright Mills y entre otros libros escribió uno que tiene relación con el tema que toca, su titulo “La imaginación Sociológica”.

Deja un comentario