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La guerra empieza aquí

Esta madrugada me he despertado temprano y, según mi costumbre, me he puesto el pinglanillo con la radio programada para apagarse tras un tiempo si me duermo, como suele acontecer. Pero no me he podido dormir pues el programa Tiempo de Fuga de hoy ha sido excepcional. Os recomiendo que paséis casi una hora de este fin de semana escuchando este audio. ¡Viva el buen periodismo del bueno en esta época de guerras mediáticas!  Solo un añadido: esta madrugada también Irán ha reconocido que derribó por error humano el avión que acaba de salir de Teherán. Y se ha sabido que “Estados Unidos lanzó sin éxito una operación para liquidar a un comandante iraní destacado en Yemen la misma noche en que mató al poderoso general Qasem Soleimani en Bagdad, el pasado 3 de enero”. AD.


Armas Españolas para Arabia Saudí –
Luto en Irán –
Incendios en Australia

El director del documental, Joseba Sanz, y el miembro de Ongi etorri Errefuxiatuak Víctor Pozas, denuncian la fabricación de armas en España que contribuyen a la guerra en Yemen

En marzo de 2017 el bombero vasco Ignacio Robles se negó a embarcar armas desde el puerto de Bilbao hacia Arabia Saudí. Por su acto fue expedientado, pudiendo haber perdido hasta cuatro años de empleo y sueldo, hasta que al año siguiente su expediente quedó en una falta leve.

Por su situación, el puerto de Bilbao es el principal punto de salida de armas para la exportación. Unas armas que serían luego utilizadas para la guerra en Yemen. Robles consiguió parar aquel envío de armas desde Bilbao y, aunque el barco siguió cargando desde otros puertos, su protesta se trasladó a varias zonas.

Ahora su historia ha dado pie al documental de Joseba Sanz “La guerra empieza aquí”. “Lo que primero me llamó la atención fue la cuestión ética”, cuenta el director, por el acto de insumisión de Robles que con su decisión personal “marcó el inicio de algo”. El bombero descubrió que estos barcos “visitaban diferentes puntos de Europa y llevaban armamento a Arabia Saudí para ser usado en el Yemen de una manera supuestamente legal porque los gobiernos lo autorizan, pero que a la vez contraviene el tratado de armas”.

Sanz se integró en una comisión del colectivo vasco Ongi etorri Errefuxiatuak en la que participa Víctor Pozas y empezaron a dar forma a este documental que ha servido para dar visibilidad a un tema que no se conocía entre la gente. “Sabemos que hay en torno a cien empresas de armas, pero no conocíamos que eso tenía una salida a un lugar tan conflictivo como era la guerra iniciada por Arabia Saudí en Yemen”, asegura Pozas.

En 12 meses salieron unas 14.000 toneladas de armas por el puerto de Bilbao, recuerda Sanz. Armas fabricadas en muchos casos en Euskadi, con una gran tradición de producción de armamento, pero también en otros lugares de España. “Hay una industria vasca muy tecnificada, ahora se están haciendo misiles, drones, propulsores para el eurofighter, etc”.

Para muchos de los trabajadores de la fabricación de armamento que aparecen en el documental su trabajo suponía un dilema ético. Víctor explica que “una gran multinacional solamente tiene un 25% de carga militar, el resto es carga civil, por lo que podría renunciar a esa carga militar, el problema es que les da prestigio de cara a los grandes clientes el fabricar con grandes empresas norteamericanas”.

Con la distribución del documental los autores han percibido que la gente no conocía esta realidad y han tenido una gran acogida. Ahora cuentan que van a hacer una pequeña gira por el norte de Italia, que tiene también la misma problemática con los barcos de la naviera saudí que visitan diferentes puertos europeos para cargar armamento.

España es el segundo país de la Unión Europea en exportación de armas a Arabia Saudí después de Reino Unido. Aunque las armas ahora ya no salgan de Bilbao, Víctor recuerda que las armas se siguen fabricando y se exportan a través de los puertos de Santander u otros lugares.

7 comentarios

  • juan antonio vinagre oviedo

    No quisiera ser demasiado pesimista, porque el ser humano es más que el sinsentido, cretino y trágico, que lleva a la construcción de armas para matar y destruir salvajemente… Pero si se piensa que con la ingente inversión en investigación para construir armas y en mantener ejércitos… se podría acabar con el hambre en el mundo y con mucho sufrimiento humano… Si se piensa que el mundo sería menos salvaje sin armas… o si se piensa que cuando el hombre se considera un pequeño dios, y para someter se comporta como el peor de los animales… Si se piensa en el trato dado a la naturaleza, nuestra casa, o en las guerras salvajes de hoy, que causan tantísimo dolor…  -no digo ya nada de tantos bloqueos políticos, inspirados y movidos por puros cálculos egoístas de unos pocos, a costa de muchos indefensos…-, ¿QUÉ PENSAR DEL HOMBRE? Del hombre que por intereses de poder descuida o ni le interesa una buena educación general en valores humanizadores, que contribuyan al desarrollo auténtico del ser humano…

    Ante estos y muchos otros datos, a veces cabe exclamar, como Pilatos, ECCE HOMO. O como pregunta un personaje de Shakespeare en una de sus tragedias: ¿ES ESTO EL HOMBRE?

    Decía al principio que no quiero ser demasiado negativo, porque la esperanza no puede perderse nunca o casi nunca. Un día el hombre más responsable entrará en razón y reflexionará y se arrepentirá humilde al ver su curriculum, y entonces ocurrirá una meta-noia, que lo lleve a cambiar de rumbo y a asumir valores más humanos, con más conciencia de su dignidad y de sentido solidario. El hombre es más que sus evidentes miserias…

     

    Aunque también hay, por fortuna, muchos-muchos aspectos positivos, ante estos hechos

  • juan antonio vinagre oviedo

    No quisiera ser demasiado pesimista, porque el ser humano es más que el sinsentido, cretino y trágico, que lleva a la construcción de armas para matar y destruir salvajemente…  La galopante y necia y carísima y atroz e inmoral construcción de armas, en la que estamos (en apariencia) tranquilamente instalados, indica nuestro nivel de desarrollo humano como sociedad. Como ya dije en otras ocasiones, nuestro nivel de desarrollo se parece muchas veces más propio de homínidos que de seres humanos inteligentes…

    Si se piensa que con la ingente inversión e investigación en armamentos y en mantener ejércitos se podría cavar con el hambre -y mucho sufrimiento humano- en el mundo. Si se piensa que la tierra sería menos salvaje sin armas… Si se piensa que cuando el hombre decide a abusar, a hacer sufrir y a hacer el mal se convierte en el peor y el más irracional de los animales…  Si se piensa que una mejor educación humana y humanizadora en valores, sin fronteras ni estratos sociales  -que al poder le interesa menos- podría reducirse tanta barbarie… En fin, si se piensa  -aparte de tantos devastadores incendios y maltrato a la naturaleza, nuestra casa- en tantas guerras salvajes sin más sentido que el egoísmo, ciego o fanático, humano que causan tantísimo dolor (no hablo ya de situaciones de bloqueos políticos, egoístas, a costa de los más débiles, a los que se ignora), ¿QUÉ PENSAR DEL HOMBRE?

    Aunque hay, por fortuna, muchos-muchos aspectos positivos, ante estos hechos a veces cabe exclamar, como Pilatos, “ECCE HOMO” (eh aquí al hombre))  Lo que me recuerda una pregunta de Shakespeare en una de sus tragedias: “¿Esto es el hombre?

    En efecto, es ta es la necesidad de cambio y de

  • mª pilar

    Es muy satisfactorio, encontrar personas como Ignacio Robles; mi más sincera enhorabuena por su acción, sin tener en cuenta el precio que tuvo que pagar por ello.

    ¿Cómo vamos a parar las guerras, si los poderosos solo piensan en atesorar bienes a cualquier precio?

    Mientras el capitalismo sea el rey de este planeta, solo se puede parar si nuestras conciencias se hacen responsables cueste lo que cueste.

    ¡Ignacio Robles! Y a Euskadi por no permitir que salgan más armas de su puerto.

    ¡¡¡Felicitaciones!!!

    • mª pilar

      Sé, que el problema es su fabricación, y eso solo tiene un remedio:

      Dedicar esas fábricas a elaborar otros productos valiosos …¡Para la vida!

      Es hora de poner los puntos sobre las íes, y empezar en serio a pensar, cómo dejar de fabricar armas, que cuestan tanto dolor y pérdidas humanas.

      • ana rodrigo

        Querida Pilar, desgraciadamente las guerras han sido una constante en la historia de la humanidad, con su origen en el poder y ambición de territorios de los que las promovían (siempre hombres), o por las religiones, como la Reconquista en España o las guerras de religión en Alemania y Francia, todo se resolvía con guerras. Todavía el otro día, el del día de La toma de Granada a los musulmanes, más la expulsión de los mismos y lo judíos, Ortega Esmith que vino a Granada a celebrarlo, dijo que la reconquista aún no había terminado, y lo dijo con recochineo
        ¡No hemos aprendido nada en este terreno!
        Un abrazo, querida Pili.

  • ana rodrigo

    Gracias, Antonio, buena reflexión a la que nos lleva una realidad tan contundente y tan poderosa que aplasta nuestras posibilidades de acción, porque son como mastodontes que tenemos encima.

    Lo máximo que podemos hacer en reaccionar desde los pequeños resquicios de fuga que tenemos a nuestro alcance.

    Respecto a la fabricación y el endiablado comercio de las mismas, son los gobiernos los únicos que permiten esto, junto a la parte de la sociedad implicada en sus puestos de trabajo. Hasta el alcalde más progresista de España, el de Cádiz, tuvo que aceptar la fabricación de regatas, ante la sublevación de los trabajadores y el problema del paro que tiene en su ciudad.

    Lo mismo nos pasa con la guerra, las guerras que otros traman y se llevan a efecto con las armas fabricadas en los países llamados “desarrollados” ¿desarrollados en qué, en la crueldad?

    Así como hay gobiernos, como el de Argentina (según nos informa Oscar) que tiene obligación de instruirse en cuestiones de Igualdad, vemos cómo, aunque aún sirva para poco, se va tomando conciencia de la cuestión climática, pero del comercio de las armas, no se habla, y de las guerras se ignoran, como si no existieran, somos meros espectadores.

    Lo tenemos difícil, pero sabemos cuál es la condición humana, y tenemos que hacer lo que podamos. Recuerdo cuando se anunció (incluido el flequillo y la cara dura de Aznar, en la Azores) la guerra de Irak, estuvimos meses y meses en todo el mundo saliendo masivamente todas las semanas a protestar, no sirvió para nada, y los desastres aún perduran.

    Así y todo, no podemos darnos por vencidos y cruzarnos de brazos. Cada generación tenemos que dejar una impronta positiva para las generaciones futuras.

     

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