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Un poema vivencial

La vida es dura:
pero no perdura (AOO).

        La autora del amplio e intrigante poema Lucubraciones sobre la humana condición, Encarnación Ferré, es una escritora oscense como yo, pero partimos de Aragón al País Vasco para dar clases. Eran aquellos años de plomo que tratamos de superar culturalmente, hasta que finalmente volvimos a nuestros lares ya un poco maltrechos por la edad. El periodista Juan Domínguez Lasierra ha hecho de mediador para encontrarnos en el Seminario de san Carlos de Zaragoza bajo el espíritu de B.Gracián, un encuentro que fue un desencuentro porque yo estaba bajo los efectos de la quimioterapia, Juan bajo los defectos de su sordera y Encarnación bajo los afectos de su serena presencia callada. Una presencia silenciosa que rompía su voz grave, tal y como comparece en esta su escritura que emerge desde el huecograbado de su alma encarnada.

        Este poema sencillo y revelador, íntimo y exacto, tiene un tono más estoico que elegíaco, más sereno que perturbado o perturbador, más escéptico que asertivo, más interrogativo y abierto que responsivo y cerrado y, desde luego, más pesimista que optimista Yo lo situaría entre el libro bíblico del Eclesiastés (Qohelet) y la obra barroca de nuestro Baltasar Gracián, aunque cercana a la actual mentalidad contingencial o finitista, dubitativa, así como al ecologismo, naturalismo e incluso naturismo contemporáneo. Pero como bajo obstinado runrunea el paso movedizo del tiempo y la vieja pregunta de Jorge Manrique: “los infantes de Aragón, ¿qué se fizieron?”

        Aquí se glosa la evolución de todo y su involución, la humana condición y su incierto destino, la visión conjunta de lo vivo y de lo muerto, la locura de la vida y la enfermedad de la existencia. Frente a todo ello se reclama serenidad, para que el terror y la desazón existencial no nos acorralen. Por eso la humanidad amortigua su desasosiego a través de la niebla o nebulosa del pensamiento, cuyas teorías tratan de articular el caos de lo real, aunque el cuento resulte ilusorio a fin de cuentas.

        El realismo se afianza así frente a todo idealismo, el cual tendría el cometido humano de eufemizar el mundo, como diría el simbolista Gilbert Durand. Pero la eventualidad nos dirige y con ella el Hado y las fatas, el Hades y el destino a menudo como un desatino, la Parca que nos aparca donde y cuando quiere, un hipotético Dios desconocido y desconcertante (quizás desconcertado él mismo).

        Y en el origen y final, en el trasfondo, la nada al acecho, sin más truculencia que su silencio insomne, sin otra coloración que el blanco que es negro y viceversa. La ley de la entropía todo lo estropea y estropicia, “porque somos al fin fallecederos”, como dice bellamente nuestra literata coimplicando así lo fallido, el desfallecimiento y el propio fallecimiento. Al final se trataría de aceptar la muerte, asumiendo nuestra ventura y desventura, la agrura o sinsabor de la vida y su dulzor o dulzura. Hay que abajarse así del cielo platónico de Platón al inframundo plutónico de Plutón, viviendo no desde la altura de lo celeste sino desde la bajura de lo terrestre y los ínferos, como decía María Zambrano y recoge nuestra autora:

Refúgiate en la serenidad de lo sencillo.
No te empecines en andar sobre zancos
ni te encarames a un pedestal
ya que resultará más dura la caída
y más doloroso ver declinar la estrella.

        Todo parece albergar razón y sinrazón, sentido y sinsentido, positividad y negatividad. Por eso el camino del humano, hombre y mujer, es “anfractuoso”, así pues escarpado e irregular, lleno de quiebros y quiebras. Por lo mismo la búsqueda es eterna, quizá es lo único eterno, el caminar y dar vueltas como un reloj sin aparente relojero, aunque quién sabe, pues no sabemos nada del ser y aún menos de la nada. Mas la nada podría ser la verdad que nos espanta y, por eso, la ocultamos sigilosamente. Aunque en realidad la verdad humana es un “rayo de luna” (que no de sol), un intento de decir la indecible y de entender lo ininteligible.

        Causa especial impresión en este magnífico poema el desasimiento de su autora respecto al amor interhumano, considerado más bien como una trampa o cepo, como una pasión enfermiza y engañosa o engañadora. Pero todo tiene su explicación o implicación, pues “reí alguna vez, aunque he llorado muchas”, escribe Encarnación valientemente, encarnando así a la mujer y al hombre humanos (porque los hay inhumanos). Lo que ocurre es que la vida empuja, como decían el poeta y el cantor, y acabamos bebiendo “el veneno que nos vivifica y mata”, o sea, el veneno del bien y del mal, de la vida y la muerte, pues vivir es finalmente morir.

        He aquí que según nuestra autora la muerte se enfrenta y afronta a lo más sagrado: una sacralidad ella misma tan ambivalente que resulta fascinante y terrible, sublime y siniestra. La muerte es así la máxima ambivalencia, y yo quisiera aquí finalmente recuperarla radicalmente como solución disolutoria de la vida. La muerte es nuestra trascendencia, o sea, nuestro radical fracaso humano y mundano y nuestra salvación transmundana y transhumana. Continuando el hilo conductor de E.Ferré, estoy hablando de la muerte como trascendencia inmanente, así pues como salida del laberinto de la vida a la transvida: descanso eterno y luz perpetua (requies aeterna et pax perpetua). Pues al final, como dice la autora, todo es transitorio y la dicha se esfuma.

        Yo abriría la cuestión y diría que todo es “transistorio” y que la dicha se esfuma como fumo o humo de incienso. Queda pues ciertamente un hedor animal pero también un olor humano, un ángel del sentido y un diablo del sinsentido, un Dios del amor y un demonio del desamor. Se trataría entonces de asumir nuestra vida como nuestro ángel y demonio a la vez, ya que nos situamos entre ambos como entrambos: apertura y luz, así como apretura e implicación. Su mutua resolución queda para mañana por la mañana, o quizás al atardecer. De momento aquí quedamos, provectos y probados, a merced de la medicina y sus auxilios terapéuticos, hasta lograr alcanzar el ser-nada o la nada-ser. Crecimos como niños religiosos o religados, proseguimos como jóvenes amorosos, pasamos en la madurez a la política y finalmente recaemos en la medicina como nueva religión laica con sus curas o cuidados curativos y paliativos. Proseguiremos adelante hasta alcanzar la eternidad vacía o llena, oriental u occidental, cristiana o pagana, religiosa o secular: o quizás entrambas.

17 comentarios

  • Carmen

    Y yo me iré, y se quedarán los pájaros cantando.

    Y se quedará mi huerto con su verde árbol y con su pozo blanco.

    Todas las tardes el cielo será azul y plácido  y tocarán, como esta tarde están tocando, las campanas del campanario.

    Morirán aquellos que me amaron y el pueblo se hará nuevo cada año

    Y en el rincón aquel de mi huerto florido y encalado, mi espíritu errarå, nostálgico.

    Y yo me iré, y estaré solo, sin hogar, sin árbol verde, sin pozo blanco, sin cielo azul y plácido.

    Y se quedarán los pájaros cantando.

    J.R Jiménez.

     

    Es el poema más bonito que hable de la muerte.

    No estaremos bien hechos, pero hay quien es capaz de crear belleza cuando reflexiona sobre la muerte. Auténtica belleza.

    • juan antonio vinagre oviedo

      Carmen, permíteme que añada un pequeño poema sobre la FUGACIDAD, que viene a ser como la segunda parte del que citas de Juan Ramón:

      ¿Por qué me apego tanto a tantas cosas,
      por qué dominan tanto mi sentido,
      por qué me tienen ciego y convertido
      en fiel amigo… ¡esclavo con esposas!

      ¿Por qué las siento cual si fueran rosas
      y su perfume me haya seducido,
      si sé que su valor está invertido
      y pesan en mi contra como losas?

      Si soy consciente que el valor se estira,
      que la apariencia no tiene entidad,
      ¿por qué mi corazón aún las admira?

      Las cosas son en sí fugacidad,
      aunque yo me permito esta mentira:
      ¡amarlas porque son eternidad!

      Un cordial saludo, extensible a la “comunidad” atriera.

    • Carmen

      Muy bonito.
      Pero fíjese. J.R Jiménez no habla de cosas. Habla del agua, de los árboles, del cielo azul y plácido, de las campanas del campanario , de su hogar y de aquellos que le amaron.
      Acepta, sabe que todo eso pasará y que su espíritu, si pudiera, vagaría nostálgico por ese lugar, aunque ya no fuese lo que fue.
      Insiste mucho en el verbo quedar. Ello quedará cuando yo no esté. Todo seguirá siendo igual cuando yo no esté. Cuando mi tiempo pase.
      Era un maestro , un mago con las palabras.
      El poema se llama el adiós definitivo. Para mí es un poema magistral.
      Otro saludo cordial

    • Rodrigo Olvera

      Hola Carmen

      Gracias por el poema. A mí me gusta éste, que nunca he sabido realmente de quién es:

      Cuando muera, da lo que quede de mí a los niños.

      Si necesitas llorar, llora por la gente que camina a tu lado.

      Abraza a cualquiera y dale lo que necesitas darme.

      Deseo dejarte algo, algo mejor que las palabras o los sonidos.

      Buscame entre la gente que conocí y amé.

      Si no puedes vivir sin mí, entonces permíteme vivir en tus ojos, tu mente y en tus actos de bondad.

      El amor no muere; las personas sí.
      Por lo tanto, cuando lo único que quede de mi sea el amor… regálame

      • Mª Pilar García Martímez de Aguirre

        ¡¡¡Precioso Rodrigo, lo haré mío con tu permiso!!!

        Un gran abrazo entrañable y…lleno de esperanza… como los tuyos.
        pili

      • Carmen

        Qué bonito, qué bonito y qué bonito.

  • Santiago

    Es que sí somos diferentes del resto de los seres creados,… porque solamente nosotros tenemos conciencia de que vamos a morir…Decía mi profesor de patología médica que la dialéctica del enfermo se presenta a la hora de la enfermedad grave puesto que la “muerte es cierta, pero la hora incierta”…y el enfermo se hace la pregunta de que si aquella hora incierta de su “muerte cierta “habrá llegado…Y hay que tener en cuenta este sentimiento y este pensamiento…

    Solamente nosotros podemos llegar a captar, aunque tenuemente, el significado de este proceso…Y mientras que el existencialista puramente materialista interpreta negativamente la resistencia instintiva a la idea de la muerte como un naufragio total, al sentirse irremisiblemente encaminado a la nada, Unamuno con su disociación entre la cabeza que “niega” la inmortalidad, y el “corazón” que la afirma, hace una valoración al menos dubitativa y hasta simpatizante con la tendencia del corazón

    Sin embargo, precisamente en esa resistencia psicológica del ser humano a la idea del naufragio total, está y reside el argumento en favor de la inmortalidad y pervivencia después de la muerte. Porque el existencialismo cristiano en “Gaudium Et Spes”, del Vaticano II, NO valora esa resistencia instintiva como algo negativo, o como un mero sentimiento de miedo, ni tampoco como arrogancia o soberbia,… ni de modo dubitativo como hacía don Miguel de Unamuno, sino que hace de ella una valoración positiva interpretándola como semilla de inmortalidad, puesto que a la materia espiritual del ser humano no es posible otra valoración que no sea la positiva, a nor ser que se suponga que el ser humano “no está bien hecho” y que crea con Sartre que el ser humano es un “absurdo en si mismo”. Pues si el ser humano no fuera coherente y no estuviera “bien hecho” esto sería contra el sentido común y no sería posible pensar filosóficamente, y el ser humano se situaría contra la estructura de su propia naturaleza espiritual…

    “(El ser humano)…juzga con instinto certero cuando se resiste a aceptar la perspectiva de la ruina total y del adiós definitivo. La semilla de eternidad que en si lleva, por ser irreducible a la sola materia, se levanta contra la muerte. Todos los esfuerzos de la técnica moderna, por muy útiles que sean, no pueden calmar esta ansiedad del hombre: la prórroga de la longevidad que hoy proporciona la biología no puede satisfacer ese deseo del más allá que surge ineluctablemente del corazón humano” (Vat. II, Gaudium Et Spes, Cap. I, 18, BAC, pag. 230)

    Un saludo cordial

    Santiago Hernández

     

    • Carmen

      Es el problema que trae consigo la capacidad para reflexionar. Pagamos un precio muy alto. Pero no me importa. Las cosas importantes tienen su precio. Lo pago gustosa porque soy consciente de que soy un ser que en este momento está viviendo. Dentro de un instante no sé. Pero sí sé que he vivido.
      Suficiente.
      Un abrazo.

  • ana rodrigo

     
    Real como la vida misma, lo uno y lo contrario, y entre los dos, variedad de tonos y experiencias, tantas cuantas personas existen, porque los filtros individuales modifican y matizan realidades comunes, a pesar de que que haya “leyes” universales, que nos conducen por la vida.
     
    En la niñez, nadie piensa en la muerte, en la juventud estamos muy ocupados en buscar nuestro sitio en el mundo y en la vida, en la madurez, solemos estar centrados en las circunstancias que forman parte de nuestro día a día, y, finalmente, a partir de cierta edad, denominada vejez, hay que afrontar las circunstancias que, en ocasiones, no hemos elegido, sino que nos vienen dadas. Y aquí, más que nunca, nos agarramos a esa mochila que hemos ido llenando a lo largo de la vida de reflexiones, de lecciones, de experiencias, de vivir mientras hay vida, como dice la autora, “Refúgiate en la serenidad de lo sencillo.”
     

    • Rodrigo Olvera

      Hola querida Ana

      Dices que en la niñez nadie piensa en la muerte.
      Pues aquí te escribe alguien que ha tenido no solo el pensamiento sino la vivencia de la muerte como compañías constantes desde que tenía 4 años de edad.
      Y no soy yo el caso más extremo. Piensa en toda la niñez que vive enfermedades terminales
      Piensa en toda la niñez migrante y refugiada
      Piensa en la niñez en medio de conflictos armados, especialmente las niñas víctimas de violación sexual y homicidio, los niños soldados reclutados forzadamente
      Piensa en toda la niñez huérfana

      Hay mucha niñez pensando en la muerte, te lo aseguro

      Abrazos y esperanzas

      • ana rodrigo

        Querido Rodrigo, tienes razón de que hay millones de niños y niñas que, desgraciadamente, la muerte le pisa los talones en cada momento. Pero, yo pienso que eso no es lo “natural”, esas terribles situaciones deberían ser la excepción, aunque numéricamente no lo sean. Yo diría que lo que debería ser natural en la infancia sería vivir la felicidad aún en las adversidades.Cuando yo fui niña, en una época de postguerra, nos faltaban muchas cosas que hacen muy infelices a los niños y niñas de ahora cuando les falta, pero que a mí ni me hicieron sufrir ni me han dejado mella sicológica. Y recuerdo haber visto muerta a una niña de 5 o 6 años, pero no “filosofé” sobre la vida y la muerte. A esto me refería cuando dije que en la infancia no se pensaba en la muerte.

        Lo que no cabe duda es la existencia del sufrimiento de los niños y niñas por frío, por hambre, por enfermedad, por abandono familiar, por abusos sexuales, por miedo, etc. Ver a un niño o a una niña llorar, para mí es de lo más doloroso que puedo presenciar. Todavía se me parte el alma el recordar a una de mis nietas, que ahora tiene 15 años, cuando tenía dos añitos, llorando porque al subir de la playa para casa quería que la llevara en brazos y yo no podía hacerlo, por razones que no vienen al caso, pero su llanto no puedo ni recordarlo así como la impotencia de haberle podido evitar ese mal rato.

        Yo creo que, tanto en la infancia como en las otras etapas de la vida, lo principal es pensar en lo que tenemos y, en gran parte, está en nuestras manos,como es vivir, ya que la muerte siempre está ahí y nada podemos hacer cuando nos llega. La vida puede durar equis años, la muerte, es un instante, la vida lo es todo, la muerte es la nada. Otra cosa es la muerte de un ser querido, para mí más dura que lo que pueda ser la mía propia cuando pienso en ella.

        No sé si he conseguido explicarme bien. Un abrazo.

  • Rodrigo Olvera

    He tratado de localizar el poema que se comenta en esta entrada, pero en una búsqueda rápida no he tenido suerte. Será cosa de buscarlo cuando haya más tiempo.

     

    Partiendo de que se afirma que es vivencial el poema, y supongo que es vivencial el punto desde donde se comenta, respeto las vivencias que hay detrás (tanto del poema como del comentario al poema), empatizo con las personas que las vivieron, pero no me identifico con ellas.

     

    Respecto a vida, muerte y amor, estoy más cerca al poema Canción de la muerte enamorada

     

    Alguien llamó a mi puerta de madrugada.Era la vida vacía, el vivir por nada.“Sigue de largo” —le dije—, “aquí no entras,que aquí sólo entra la muerte enamorada”.Que aquí sólo entran las penas,que aquí sólo entran las ansias,que aquí sólo entra la rabia,y a veces, muy raras veces,la dicha entra.Alguien llamó a mi puerta al caer el alba.Era la muerte vacía, el morir por nada.“Sigue de largo” —le dije—, “aquí no entras,que aquí sólo entra la vida enamorada,enamorada”.

     

     

    Abrazos y esperanzas

    • Carmen

      Cenizas serán, pero tendrán sentido.
      Polvo será, mas polvo enamorado.
      ( Góngora)

      Cito de memoria. Está hablando de una ciudad destruida por una guerra, creo recordar.

      • Rodrigo Olvera

        Exacto querida Carmen!
        La disyuntiva fundamental no es entre vivir o morir; sino entre hacerlo con sentido o sin sentido.

  • Carmen

    Pero el miedo a la muerte existe.

    Si este señor no lo tiene, me alegro un montonazo por él.  La inmensa mayoría de los mortales tenemos miedo a la muerte. Y cuando alguien a quien quieres muere, te desgarras por dentro. Es un sentimiento muy, muy extendido.

    Creo. Me parece.

  • Antonio

    Me llegan a lo profundo las palabras de Andrés que rezuman sabiduría y vida, no miedo, en esos momentos pre-liminares a la consumación. No conocía a Encarnación. Ojalá tuviera más tiempo para dejarme impregnar de sus versos y sentimientos. Y confío en que seguiremos mucho tiempo recogiendo tus palabras de auténtica vida, que es y seguirá siempre siendo paradójica.

  • Carmen

    No entiendo por qué nos han educado en ese miedo a la muerte. Porque eso es educación a tope. Lo llevamos grabado a fuego en nuestra alma. Puro terror.

    Y no llego a entender el porqué. Le tengo pánico al dolor, pero pánico. Y si les digo que no le tengo miedo a la muerte, mentiría . Pero sé que es un error. Porque a veces la muerte es una liberación. Eso lo he visto con mis propios ojos , incluso he solicitado el final de alguna persona. Una de las experiencias más dura de mi vida. Pero me hizo enfrentar de cara la cuestión de la decrepitud y de la muerte.

    Creo que enfocamos mal el tema de la vida y eso nos lleva a tener ese miedo irracional a la muerte. No a la forma de morir , que eso lo encuentro lógico, me refiero a estar muerto. No tiene sentido.

    La vida es un puro milagro, pura magia, eso lo tengo clarísimo. A lo que los matemáticos llaman teoría del caos, lo llamo magia. Me gusta más. Ya saben, cuando en un sistema intervienen un número elevado de variables, ahí no hay quien pueda hacer una sola predicción, porque según ellos , es imposible controlarlas todas y sucederá lo que suceda, vaya usted a saber . Más o menos viene a decir eso.

    Pues a ver entonces la vida. Si pensamos un momento la de casualidades que se han tenido que producir para que un determinado óvulo de mi madre haya sido fecundado por un espermatozoide de mi padre en concreto, no veas, eso es mucho más difícil que ganar el Euromillón. Porque si no hubiesen sido esas dos células en concreto, hubiese nacido un hermano o hermana, pero no mi personica. Si a eso le añades que mis padres tenían 47 años cuando nací, pues a ver si esto no es pura magia.

    Y entonces nos empeñamos en vivir eternamente. No morir nunca porque no entendemos que el universo pueda seguir existiendo sin nosotros. Pero ya lo creo que puede.

    Además está el tema de que biológicamente el paso del tiempo nos va desgastando. Luego el final es que está clarísimo. Y sin embargo no podemos aceptar la muerte. Entonces entran las religiones en nuestra cabeza y campan a sus anchas: te ofrezco la vida eterna. No mueres, pasas a otro nivel.

    Bueno. O no.

    No entiendo. No logro entender. Qué nos pasa con la muerte? Es cultural? Y si lo es es posible que sea por una soberbia brutal del ser humano que nos creemos distintos a cualquier otro ser vivo de la creación? No lo sé.

    Sí se que la muerte forma parte del juego de la vida, porque únicamente un ser que vive puede morir.

    Sorry. Pero es que he leído este texto y últimamente se muere todo el mundo y otros están que verás tú. Y uf

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