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Valor y audacia para reinterpretar imaginativamente

Isidoro

Vamos acabar el año con una invitación de Isidoro a la audacia. Hoy la primera parte. Mañana seguirán los otros dos puntos: el salto en el vacío y la heterodoxia. Es la audacia a buscar el sentido profundo de todo a la que invita ATRIO todos los días del año, Y seguiremos adelante en 2016, año que os deseo muy feliz. AD.

     “Solo aquel que se arriesga a ir demasiado lejos es capaz de descubrir hasta donde puede uno llegar”.
T.S. Elliot

*

1. El conocimiento que entra por el oído

Toda búsqueda de sentido y significado de la vida, entraña peligros, especialmente el de errar el tiro, que es el sentido originario de la palabra pecado, (“hamartia”). Pero está en nuestra naturaleza el conocer. Donde un barco está a salvo es en el puerto, pero no es para eso para lo que ha sido construido. Y, además, la alternativa es mucho peor. Como dice Pablo Coelho, “si piensas que la aventura es peligrosa, prueba la rutina. Es mortal”.

Es claro que la necesaria especulación imaginativa que deberemos utilizar, conlleva muchos peligros de desvaríos fantasiosos. Y además puede servirnos, como advierte Agustín López, para complacer las veleidades espirituales del ego. Pero es un riesgo inevitable.

Decía Einstein que la imaginación es más importante que la cultura, porque el hombre que solo es culto termina rodeado de límites, mientras que la imaginación puede dar la vuelta al mundo. En la búsqueda espiritual el esfuerzo de reinterpretación imaginativa, es fundamental en el estudio de los textos de los sabios.

Pero esto exige un trabajo concienzudo. Es preciso analizar bien la génesis de esos textos. Así en el cristianismo, la mayor parte de la información nos viene de las narraciones de unos oyentes directos o indirectos de las predicaciones del Jesús vivo, o aparecido posteriormente a su muerte. Y hay que pensar en los graves errores de interpretación que todos cometemos habitualmente.

Los humanos vemos y oímos físicamente bastante mal, con una calidad biológica, mucho peor que la conseguida mediante la electrónica analógica y no digamos de la digital.

Y luego ese material de los sentidos llega al cerebro donde en zonas especializadas reinterpretamos y completamos lo recibido, y lo reelaboramos, en función de nuestro almacén de ideas de cómo son las cosas.

Por eso vemos y oímos mucho en función de lo que sabemos y creemos. Por eso no tiene de extraño que los oyentes de Jesús, que luego son los que transmitieron su mensaje indirectamente al escrito, pudieran entenderle en función de su mundo cultural. Si tu mundo cultural es muy distinto al del oyente, este te entenderá a lo mejor solo un 20 % acertadamente.

Decía alguien que “el informe de un hombre tonto acerca de lo que ha dicho un hombre inteligente nunca puede ser confiable, porque el tonto inconscientemente traduce lo que escucha en algo que pueda entender”. Si sustituimos la palabra “tonto”, por “normal”, sigue siendo igual de válida.

Todo profeta debe aceptar, que la mayoría de sus oyentes no le van a entender plenamente, pero que más tarde o más temprano algunos le entenderán. Quizás ese es el auténtico sentido de la parábola del sembrador: que unos pocos le entenderán de verdad, aunque la mayoría, no.

Por eso hay textos en los que se anuncia que al final de los tiempos entenderemos mejor y descubriremos los secretos ocultos. No es que los del final de la historia vamos a ser más listos, sino que nuestro mundo cultural, paulatinamente se habrá ido acercando cada vez más a la realidad, y por ello contamos con las claves para entender.

San Pablo, señala muy claramente, que “Mientras yo era niño, hablaba como un niño, sentía como un niño, razonaba como un niño, pero cuando me hice hombre, dejé a un lado las cosas de niño. Ahora vemos como en un espejo, confusamente; después veremos cara a cara. Ahora conozco todo imperfectamente; después conoceré como Dios me conoce a mí”.
2. Planteamientos “extraños”

Hay una especie de señal de alarma, que se nos debe encender, para mostrarnos la posible necesidad y conveniencia de una remirada valiente e imaginativa sobre una cuestión. Y es cuando un texto produce un grado excesivo de confusión.

Cuando en un planteamiento aparecen dosis excesivas de confusión, deberíamos buscar la existencia de unas reglas internas desconocidas, que simplifiquen todo, aunque no por eso deje de ser algo “extraño”.

Lo confuso no es lo mismo que lo “extraño”. Lo confuso es lo contrario de lo claro, lo “extraños”, es lo contrario de lo comúnmente admitido, lo “culturalmente correcto”.

Por otra parte, una cosa puede ser extraña y sencilla a la vez. Es extraña si está en un plano conceptual, y la contemplamos desde otro. Si conseguimos recolocarnos en su plano, y encontramos su lógica, lo extraño se nos puede volver sencillo.

Eso pasa también en el mundo espiritual. Cuando no lo entendemos bien, es porque no conseguimos dar el salto hacia el plano de su realidad.

Necesitamos una llave, una contraseña, que nos permita entrar en ese nuevo plano. Una vez metida la llave en la cerradura, se abre un campo nuevo, con una lógica interior propia y lo vemos todo con otros ojos.

Por eso todo pensador sueña con encontrar esa frase luminosa que lo diga todo en tres palabras. Pero desgraciadamente no existe. Todo es más complicado de lo que querríamos. Hay una frase del físico John Wheeler: “Comenzaremos a entender lo simple que es el universo, cuando aceptemos lo extraño que es”.

No hay que asociar la espiritualidad con lo “sobrenatural”. Estrictamente hablando solo es sobrenatural o extra-natural, el hipotético y desconocible Dios-Principio Supremo. Todos los demás integrantes del Universo, son naturales, regidos por las leyes del Universo.

Hay mentes timoratas, que piensan que no se puede intentar elaborar un “modelo naturalista” del mundo espiritual. Y no hay que confundir lo “natural” con lo estrictamente “material”. Hay formas de la existencia natural que no son estrictamente materiales, como por ejemplo la información, que es el primer objeto de la inteligencia.

Todo lo que existe en el Universo, tiene una forma-base, que puede adquirir unas características que a nuestro sistema perceptivo le puedan inducir a error. Ya se sabe que la tecnología hiperdesarrollada, se confunde fácilmente con la magia.

Por ello en la batalla entre razón y fe irracional, siempre debemos apoyar a la razón. No necesitamos menos razón, sino siempre más razón.

Hay que revalorizar, en su justa medida, a la razón y a la actividad del pensamiento en general como medio que conduce y predispone al hombre hacia la trascendencia y hacia la comprensión de lo incomprensible.

Merton es contundente al hablar del conocimiento conceptual adquirido por el individuo según su modalidad humana, y declara sin titubear:

“No sólo podemos, sino que debemos usar los medios ofrecidos por este conocimiento a fin de llegar a Dios. Veremos que hasta el oscuro conocimiento místico de Dios que está más allá de todo concepto depende, sin embargo, de la existencia de los conceptos. Ellos son su punto de partida, el trampolín desde donde se lanza hacia el abismo de Dios”.

12 comentarios

  • M.Luisa

    ¡Vaya sorpresa, querida Asun! He entrado un momento para responder brevemente al amigo Pablo y me encuentro con estas halagüeñas consideraciones tuyas. ¡Gracias amiga! ¡Eres un primor!

    Isidoro , ¡por Dios! Con lo de  “Marialuisesco” me has hecho reír un montón… pero no es para tanto querido! cuando pueda te digo algo…

    Y ahora, al amigo Pablo  Osés, cuatro palabras solamente.
    Sentir la eternidad en nuestra vida  es, pienso, intuir la trascendencia en ella. Es la intuición de la deidad en las cosas al hacer nuestra vida con ellas.

    ¡Un abrazo a todos!

  • Isidoro García

      Yo con M. Luisa, me atasco. Y la temo más que a un nublado. Porque con ella me pasan dos cosas. La primera, que reconozco que me encuentro en situación de inferioridad, pues no domino su materia, y por eso pienso: si lo dice M.Luisa, será así.

        Pero por otra parte, me rebelo, pues casi siempre entramos en cuestiones terminológicas, que no dejan de ser interpretaciones personales. Y en un texto lo que cuenta es la intención del autor.

        (Otra cosa es que diga: yo lo hubiese escrito de esta forma. Pero muy probablemente no era eso lo que quería decir el autor. Con los escritos, pasa como con un billete de diez euros en el suelo, que es del primero que lo encuentra).

        (Que quede claro. Vale discrepar de ideas, cada uno tiene las suyas. Pero al igual que Juan Ramón Jiménez, escribía todo con “jotas”, cada autor llama a cada cosa como quiere. No por capricho, sino porque constituye su “mundo” personal, su “imaginario” propio. Lo más que alcanzo a pensar es: M.Luisa me va a regañar por esto).
     
       Por ejemplo, yo no veo la distinción entre imaginación e intuición, a no ser que las definamos diferentes. Si equiparamos imaginación con fantasía, pero yo en este caso no las defino así.

        Dice Coleridge: “Tanto la fantasía como la imaginación conciernen a lo irreal, pero lo irreal de la fantasía distorsiona y contamina el mundo, sin embargo lo irreal de la imaginación existe en un mundo propio en que vagamos con libertad
    y plena conciencia de lo realmente real”.

       La imaginación a la que yo me refiero es a la “imaginación creadora”, que explica Henry Corbin, a propósito de Ibn Arabí. Es una imaginación, que se traduce en fomentar las intuiciones, y por eso consiste en dejar surgir del inconsciente, ese torrente de ideas que caracterizan la creación.

      Por eso leer un texto es levantar los ojos de la estricta palabra escrita e “imaginar” el significado real del texto, retraduciendo a nuestro imaginario propio, el imaginario del autor, que se deduce por el contexto. La maldición babélica de la polisemia, obliga a una interpretación del texto.

       (No te me enfades M. Luisa. Por si te sirve de algo, intento ser lo más Marialuisesco que puedo, aunque sé que no es suficiente).

  • Asun Poudereux

     
    Hola a  todos:
     
    He leído varias veces el texto del último comentario de M.Luisa, que recomiendo releerlo detenidamente,  en el que interviene a raíz de unos comentarios cruzados entre Isidoro y Luis, y en el que se esfuerza, con éxito, poniéndose en el punto de mira de nuestro articulista en aclarar tonalidades equívocas. Y la verdad es que me encanta. Pues tengo  que reconocer que me deja prendada en varias de sus manifestaciones, intentos que tratan de hacer ver  ese toparnos con el fondo de lo real, que,  según interpreta  su propia experiencia,   “nos tiene presos”:
     
    “La  imaginación    recae sobre el aspecto psicológico  de nuestra persona mientras que  la intuición pertenece a lo interno de ella  es el  “intus” de nuestra realidad. Es interioridad. De ahí que tú mismo conversando con Luis digas que la intuición es “saber” y yo a esto añadiría: es saber porque aunque sea sólo  por captación  esa captación al ser de realidad y no de  mera imaginación quedas en ella como captado sabiendo. Es un quedar que nos tiene presos”.
     
    Supongo que se refiere a cautivados, por el asombro que sobrecoge la apertura a un espacio que surge inesperadamente y en el que, sentimos,  sin pensar, siempre estamos en él.  
     
    Es el pasar  al pensamiento mental, el querer apropiarnos de ello, lo que lo desmorona, aunque sea un intento de plasmación, de dejar actuar la imaginación en ello.
     
    Todo viene dado en el ver sin ponerle obstáculos de interpretación, de apropiación.
     
    A todos y a todas un feliz día de Reyes. Dejemos vibrar la magia dentro y fuera de nosotros.    
     
        
     
     
     
     
     

  • Pablo Osés

     
    Queridos y medioleidos por mí  M.ª Luisa e Isidoro.

    Intuyo lo que decís y me imagino por qué lo decis.
    A mis 83 casi la única intuición que me ocupa es la de mi eternidad feliz. Me gustaría que expresases vuestras respectivas intuiciones sobre ello. Muchas gracias

  • M.Luisa

    No, Isidoro, no es ningún rollo, he seguido con admiración el hilo de tu comentario  y es que en él uno/a puede verse reflejado en su trayectoria vital. Lo único, si me permites, según leía y sin que ello  pueda  extrañar a quienes conocen mi línea de pensamiento,  me venía al encuentro,  como si de un ensayo se tratara,  relacionar lo expresado por ti con  el supuesto  categorial  de “realidad”   como si con él todo cobrara una comprensión más completa. (al menos para mí)

     

    Tú  expresas  ese término en el parágrafo 16 en forma de “realidad última” y dices “Cuando captamos esa “realidad última”, y abrimos el grifo del agua limpia,( …)”

     

    Déjame que desarrolle un poco  la idea que me asaltó al leerlo. Ahí hablas de captación  de esa realidad última, sin embargo,  y sin mencionar si estoy de acuerdo o no con lo que sigues diciendo   a continuación, esa captación  no es otra distinta a la que se tiene cuando al inicio de tu comentario hablas de intuición. La intuición también es captación de realidad en eso se diferencia de la imaginación.

     

    Según te leo estableces una dualidad entre imaginación-intuición y a mi modo de ver  ambas categorías pertenecen a esferas distintas irreductibles de nuestra realidad personal. La  imaginación    recae sobre el aspecto psicológico  de nuestra persona mientras que  la intuición pertenece a lo interno de ella  es el  “intus” de nuestra realidad. Es interioridad. De ahí que tú mismo conversando con Luis digas que la intuición es “saber” y yo a esto añadiría: es saber porque aunque sea sólo  por captación  esa captación al ser de realidad y no de  mera imaginación quedas en ella como captado sabiendo. Es un quedar que nos tiene presos. Ahora quizás se entienda  que en una filosofía de la realidad en donde ésta es anterior a su  ser perceptivo se recurra a términos como aprehensión, captación,etc.,   En todos ellos  hay un componente   de fuerza “una vis”   de la cual muy bien pudieran carecer los meros conceptos  descriptivos  de nuestras percepciones posteriores.   A este nivel primario no es lo mismo saber que conocer  pero sin embargo  a ese  conocimiento nos  sentimos llevados por lo real, por eso esto lo asocio con lo que tú mismo dices “O sea tenemos la convicción interna de que es así”

     

    Ahora bien, llegados a este punto   se ve con más claridad la distinción que al inicio hacía entre imaginación –intuición. Volviendo a la frase tuya que menciono más arriba, luego repensándola insistes y dices: “pero la realidad nos enseña que en muchas ocasiones esta convicción es errónea, porque nuestro mundo emocional, sigues diciendo, influye mucho en nuestras intuiciones y casi siempre intuimos cosas que nos “gustan” y no cosas que nos desagradan” Bien, ahí se palpa la mezcla en la que caemos  entre imaginación-intuición   atribuyéndoles  indiscriminadamente cualidades que no  les compete.

     

    Detengámonos un momento ahí. Es verdad que las cosas pueden gustarnos  pero  no por intuición sino por instinto. Es la realidad de las cosas  lo que nos da  su saber, su sabor intuitivo, distinto del concepto objetivo que de ella gustándonos “tengamos” y en ellos nos quedemos.  Son dos formas distintas de conocimiento uno adscrito a lo meramente emocional-psicológico,  a lo que de infantil hay todavía en nosotros  y otro conocimiento que surge  de  nuestro enfrentamiento  real y  por tanto cognitivo-respectivo con la realidad, lo cual viene al caso recordar  ahí lo que tú mismo escribes:  Dice el evangelio de Tomás, 5: “Dijo Jesús: Reconoce lo que tienes ante tu vista y se te manifestará lo que te está oculto, pues nada hay escondido que no llegue a ser manifiesto”.

     

    Perdona mi intromisión…un feliz domingo!

  • Isidoro García

    Amigo Luis: Aprovechando que en estas fechas hay poca actividad, al hilo de tu reflexión, se me ha ocurrido otra, sobre nuestros avatares con el Mundo Espiritual.

        La dualidad imaginación-intuición, (de la que hablas), son lo mismo, pero con una peligrosa pequeña diferencia semántica. De la imaginación desconfiamos, pero de la intuición, no, y eso es un peligro.

        La intuición como dices es “saber” cierto pero no saber por qué. Pero es un “saber”, con comillas. O sea tenemos la convicción interna de que es así, pero la realidad nos enseña que en muchas ocasiones esa convicción también es errónea. Porque nuestro mundo emocional influye mucho en nuestras intuiciones, y casi siempre intuímos cosas que nos “gustan”, y no cosas que nos desagradan.

       Ante algo invisible y desconocido, tenemos que formarnos una imagen de ello, (que eso es imaginar), y esa imagen es plenamente subjetiva en función de nuestra cosmovisión personal, de nuestra información acumulada, de nuestros pre-juicios. En resumen de nuestro grado de madurez psicológica.

       Y en función de esa imagen interna que nos montamos, luego tenemos unas prácticas y unas experiencias espirituales diversas. Hay algunos que imaginan el Mundo Espiritual como un Padre amoroso, que nos concede todo lo que le pidamos a nuestros ruegos. Esa imagen es un reflejo claro, del modelo primario de nuestra infancia. Es una clara regresión a esos tiempos mágicos que todo animal lactante tiene de que cuando tiene hambre o frío, llora y se le da comida y calor.
     
        Se nos ha quedado ese poderosísimo circuito neurológico conductual, ese “arquetipo” que tan buenos resultados nos dio durante un largo periodo de tiempo. Es la fase de la oración vocal repetitiva: pocas sutilezas, mucho lloro es lo más práctico: el que no llora no mama.

       En una segunda fase, pasada la dolorosa crisis del “destete” psicológico, con una fuerte sensación de abandono, que sufren todos los lactantes o los pajarillos alimentados por sus padres, en la adolescencia seguimos  activando ese arquetipo que tan buenos recuerdos tiene en nosotros, cuando imaginamos un Mundo espiritual, como un gran surtidor de influencias, de consuelos, (el “Espíritu-gran Consolador), y hasta de intuiciones cognitivas.

        Es la fase clásica de la espiritualidad, la del diálogo interior, en la que imaginamos una figura personal amiga/guía/tutora. Es la etapa del pedid, que se os abrirá, y se os concederá. Es una segunda fase mas elaborada, la de la oración mental, de la “conversación” amistosa con Dios, Jesús o la Virgen, que nos escuchan y nos hablan en nuestra imaginación. Es útil, pues fomenta la autoreflexión, la automentalización, y la autosugestión, bajo capa de conversación.

          Pero luego, siguiendo nuestro proceso perpetuo de maduración personal, (autorrealización, individuación, integración psicológica, etc.), cuando hemos dejado la fase infantil primero, y de adolescencia después, y hemos llegado a ser adultos, el Mundo Espiritual, se le ve como un gran Espejo que nos refleja a nosotros mismos, y a “algo” más.

        Sabemos que “Dios” es para nosotros lo que queramos que sea, un padre/madre amoroso, (1ª fase), o un amigo protector/ángel de la guarda, (2ª fase), o incluso en esta tercera fase, puede ser solo un señuelo, un gran atractor de nuestra concentración, un punto lejano a donde fijar la mirada, para no caernos de la bicicleta mientras pedaleamos.

         Sabremos que el Mundo Espiritual, (que es en sí algo objetivo y muy real), para cada uno de nosotros será agua para el sediento, pan para el hambriento, vino para el borracho, como la venta del camino de Machado. Es la época de la contemplación, la de no rezar, ni conversar, sino la de vivir nuestra vida, reflexionando constantemente lo que debemos hacer en ella.

       Es la época en que ya sabemos lo que tenemos que hacer (y queremos hacerlo), para ser felices nosotros, los nuestros y la humanidad que integramos. Aunque en nuestra imperfección seguiremos errando constantemente, sabemos que la clave sería hacerlo cada vez menos, y menos y menos,

       Dice el evangelio de Tomás, 5: “Dijo Jesús: Reconoce lo que tienes ante tu vista y se te manifestará lo que te está oculto, pues nada hay escondido que no llegue a ser manifiesto”.
       Y lo mismo la inscripción de Delfos: “Conócete a ti mismo y conocerás a los dioses”.

         Esa mayor conocimiento de todo, nos da también de regalo, “el otro conocimiento”. Y por ello hay que estar muy atentos, a oír nuestras intuiciones, que muchas veces no oímos por el ruido alrededor, y a aprender a depurarlas para comprenderlas bien y para minimizar paulatinamente nuestros sesgos internos.
     
      Es la fase del proceso contínuo de maduración personal, de ir purificando poco a poco nuestra agua sucia interior, cognitiva y emocionalmente. Dice Thomas Merton que “tiene que haber agua limpia en la mente para que el espíritu beba”.
     
        Cuando captamos esa “realidad última”, y abrimos el grifo del agua limpia, esta agua se mezcla con todas nuestras contaminaciones del odio, la ira, la ignorancia, y con todos nuestros demás errores mentales, aunque poco a poco, si seguimos bebiendo del manantial de aguas puras, nuestra agua interior se irá clarificando paulatina muy paulatinamente.
     
        Eso es el verdadero proceso de “iluminación”, y no las “grandes experiencias mágicas y místicas”, que no son más que fuegos artificiales para turistas espirituales superficiales.

        Esta tercera etapa indefinida e inconclusa de nuestra vida espiritual es de la que hablaba Thomas Merton cuando decía estas dos frases:
     
       “¿Piensas que yo tengo una vida espiritual?. Pues no, no la tengo en absoluto. Soy pura indigencia. Soy silencio. Soy pobreza. Soy soledad, porque he renunciado a la espiritualidad, para encontrar a Dios…”. 
     
     
    “Hemos de desprendernos de la vida espiritual, pero hemos de seguirla viviendo. Y el propósito de ese desprendimiento es solo hacernos capaces de vivirla a un nivel más alto”.

    (Perdón por el rollo).

  •     Isidoro:

     
    “ Claro que la práctica espiritual no es intelectual, pero exige el conocimiento previo del camino, o de un “mapa” del territorio donde caminamos”.

    Eso es evidente. Para llegar a la transracionalidad, a un campo de visión más amplio que el racional egoico, hemos de partir desde el mapa racional. Hay un tipo de literatura llamada “mandalica”, la que nos orienta al camino a seguir. Pero convendrás conmigo que se cuentan por miríadas  aquellos que confunden el mapa por el territorio.

       “  Mi teoría personal, es que el Mundo Espiritual de cada uno, es un constructo que nos creamos en nuestra cabeza,”

    Eso que dices, resulta evidente que te refieres al mapa inicial que todos tenemos. Pero lo realmente espiritual empieza cuando dejamos el mapa en una piedra y ponemos el pie en el territorio.
    Respecto a la imaginación. Creo que es un arma de doble filo. Sin imaginación no podríamos vivir. Necesitamos de la imaginación para proyectar la vida en todos los campos, el laboral, el personal, el social etc.
    Pero en catalán decimos de quien pierde pie en la realidad que “sumnia truitas” (sueña tortillas). Es decir la realidad no siempre acompaña a lo que imaginamos, eso todos lo sabemos.
    Prefiero hablar de intuición. La intuición es aquello que sabemos cierto y no sabemos porque. Eso entra en el campo de lo que es la transracionalidad. Y a eso llegamos con práctica espiritual…

    FELIZ VENTUROSO Y PROSPERO AÑO NUEVO A TODAS Y TODOS. Y A CADA UNA Y UNO.

  • Isidoro García

    Amigo Luis: Tocas varios puntos del tema, y uno de ellos es la diferencia entre la teoría y la práctica de cualquier actividad, en este caso de la espiritualidad.

         La práctica por definición es experiencial y personal. Pero la transmisión a otros de esa experiencia, mientras no podamos transmitir emociones empáticamente, no puede ser de otra forma que mediante la palabra oral o escrita.
     
         Claro que la práctica espiritual no es intelectual, pero exige el conocimiento previo del camino, o de un “mapa” del territorio donde caminamos.

        Mira, yo tengo un muy amigo que es ciego, y es superinteligente, y es una persona extraordinariamente adaptada a la vida normal, (en muchas cosas, más que yo). Y muchas veces me he preguntado, (no se lo he preguntado a él por pudor), como se imaginará él las cosas, si es que se las imagina de alguna forma. Lo que he descubierto es que cuando discrepamos de alguna cuestión sobre la localización de alguna tienda o lugar, casi siempre él lleva la razón.

        Mi teoría personal, es que el Mundo Espiritual de cada uno, es un constructo que nos creamos en nuestra cabeza, el “mapa” de mi amigo el ciego, que no ha visto nunca los sitios, pero los sitúa bastante bien, y aunque no lo hace perfectamente, le sirve.

         A mí, me gusta mucho el tema de la imaginación, pues es un tercer ojo, que nos permite ver y crear mundos nuevos. Es maravilloso, si funciona bien, porque si hay algo peor que no ver nada, es ver las cosas equivocadamente. La imaginación es el foco contra la obscuridad.

        En el proceso del conocimiento de la realidad, hay muchas veces que nos encontramos con  muchas cosas que intervienen pero no conocemos, y si no queremos paralizarnos y seguir adelante, actuamos muchas veces con paréntesis. Los paréntesis son nombres de cosas, le llamamos “x”, “y”, “z”, que no conocemos por ahora. Es lo que yo llamo “abstracciones”, (personalizo, porque como yo no sé filosofía, no sé cómo se llaman en lenguaje filosófico: M. Luisa nos podría decir).

         El uso de las abstracciones, es un recurso metodológico útil en pequeñas dosis, pero es muy peligroso cuando abusamos de él, y lo utilizamos excesivamente. Una abstracción en una frase, vale, la mente suple el vacío; dos ya tergiversa el sentido; tres y ya no sabemos de que estamos hablando. La mente humana no maneja bien las abstracciones.

          La confusión es el producto del uso excesivo de paréntesis, de “X”, de abstracciones en un discurso. Es el cáncer del pensamiento, pero como en todo, hay personas que se desenvuelven muy bien en ella, al igual que los poceros en las alcantarillas. Decía Tierno Galván, de un intelectualillo-político, (que aún vive): “Es un personaje maravilloso para desenvolverse en la confusión, pero incapaz de salir de ella”. Y de otro se decía que tenía una confusión clarísima.
     
        Aunque se dice que el que todo lo entiende es que está mal informado, la verdad nace antes del error que de la confusión. Como decía en otro comentario, la confusión por abuso de abstracciones, es un magnífico caldo de cultivo para la escritura. Con un buen uso del lenguaje, se pueden escribir páginas y páginas, sobre cualquier cosa, y la industria editorial del ensayo, lo sabe muy bien.

         Y como dice Peter, (el del Principio), “hoy día, si uno no está confuso, es que no piensa con claridad”. Y hasta se utiliza un equívoco eslogan publicitario, (como muchos otros, más profundo de lo que parece a primera vista): “Si dudas, lo tienes claro”.

        Hay una confusión que es natural: hay muchas cosas que aún no conocemos. Pero aquí me refiero a la confusión adquirida, al vicio por decirlo directamente. Porque ante esa confusión natural hay tres actitudes: O el respetuoso silencio, (y ya veremos mañana), o el tirar adelante, como sea y “añadir otra perla más al collar de la confusión”, o un tercer camino que es el de los imaginativos.
        Porque los imaginativos, usamos el foco de la imaginación para rellenar esos huecos cognitivos que o nos paralizan o nos sumergen en el océano de la confusión.
        (Perdonadme esta digresión sobre la confusión, estaba comentando a Luis, y me he calentado… El año que viene seguiremos… Feliz 2016 a todos/as, y cuidado con las uvas). Un abrazo cordial a todos.
     
     

  • Isidoro:

     
    Si hay pruebas empíricas del mundo espiritual. Un electroencelografo o EEG. Es un instrumento de la ciencia más objetiva. Pues bien: se ha conectado un aparato de estos al cerebro de un meditador experimentado y dio una frecuencia poco usual, la –Gamma-.
     Beta, Alfa, Theta, Delta según la frecuencia.  Y Gamma es la frecuencia más alta y apenas es conocida. Corresponde a un nivel de vibración por encima del “normal”. Según nuestro nivel vibratorio así actuamos, y así nos va la vida.
    Siempre hablando desde lo que creo es la verdad. Puedo asegurar que todo estriba en pugnar por conseguir vibrar cada vez mas sutilmente. Y para ello tenemos hoy toda una panoplia de tecnologías transformativas donde elegir. Según cada cual, será más proclive hacia el Zen, el Yoga, el sufismo, el taoísmo o la oración contemplativa, solo por poner algunos ejemplos, por ilustrar.
    Nos interesa “el principio activo” y este nucleo denso de la esencia,  todo es  igual en cualquier religión o tecnología transformativa.
    Transformarnos hacia un nivel de consciencia más amplio que el meramente racional. Ese es el abracadabra para entender cualquier tipo de espiritualidad, si es autentica o no, y si lo es cuanto tiene de autentico.
    La espiritualidad no es metafísica, es ciencia, porque cosechamos resultados concretos para nuestra vida. Comprobables y milenariamente comprobados por los místicos, cuya práctica los hacía y hace poetas, y personas brillantes y que atraen magnéticamente, como el imán al acero.
    Está bien saber, cuanto mas mejor. Y hasta cierto punto saber es imprescindible. Pero dicho esto, quiero también decir que intelectualmente progresaremos muy poco en la vía espiritual.
    La práctica espiritual no es para nada intelectual. Eso es andarse por las ramas. Es ponerse a comparar tradiciones espirituales y nuevas tecnologías transformativas, nos convertiremos en enciclopedias, pero espiritualmente seguiremos igual que cuando empezamos. Sabremos mucho de manzanas, pero nunca habremos mordido una y experimentado el sabor que tienen.
    (En fin Isidoro, me he sentado con intención de responderte, y mira que me ha salido. Pero ya paro, como comentario ya está bien…)

  • oscar varela

    Hola Isidoro!

    ¡Ta güena l’explicación que le das a Luis!

  • Isidoro García

         Llevas toda la razón, Luis. Este artículo es un capítulo de un libro-investigación personal que llevo escribiendo desde hace unos 10 años, al mismo estilo que nos contaba Jorge que él escribió el suyo: investigando con lecturas de aquí y de allá.

        El libro, trata sobre la realidad del “Mundo Espiritual”, todo ese “continente”, situado detrás del “Atlántico”, muy lejano y al tiempo muy cercano, del que hablan todos las religiones y todos los místicos e iniciados, pero de cuya existencia no hay pruebas tangibles hoy por hoy, y cuya existencia, o no, es la frontera entre los deístas / agnósticos / escépticos y los creyentes teístas.

      Un “Mundo oculto”, con una naturaleza cuyas características hipotéticas, diferencia a unos creyentes de otros, con las hipótesis ortodoxas de las religiones clásicas, y otras heterodoxas de los “gnósticos” de diverso pelaje.

       Toda la ingente literatura religiosa, de todas las teologías, la historia de las diversas religiones, etc., es un conglomerado de información sobre ese “Mundo Espiritual”.      

        Pero es tan plural, diversa, y divergentes, que hay tres alternativas: o abandonas, y consideras que todo no son mas que especulaciones fantasiosas o hasta delirantes, o te aferras a la doctrina que te enseñó el mundo cultural-religioso que te ha tocado en suerte, o intentas investigar entre toda esa ingente masa de información, buscando la salida del laberinto, y la llave traductora/interpretativa de todo, para que tenga un sentido donde no aparece.

      Es como el mito de la cueva de Alí Babá, llena de grandes tesoros ocultos, pero que se necesita un abracadabra que nos los muestre: ¡Ábrete “Sésamo”!
     
       Yo creo, y en mis comentarios lo muestro, que la base del cristianismo es la doctrina paulina del “Espíritu”-Cuerpo de Cristo-Comunión de los Santos, que coincide en su esencia, con el Nirvana budista, con la Supermente de Aurobindo, con el Paraíso islámico, con la Sekinah cabalística hebrea, con el simbólico Cristo Solar tuyo, que expande sus rayos de la influencia espiritual a todo el mundo, y con la Cristogénesis de Teilhard, (que es una versión evolutiva moderna de la idea paulina, y que ha sido el origen de mi especulación personal).

        Es curioso, pero toda la literatura religiosa y espiritual tiene claramente un esqueleto común, un común denominador único, y sin embargo nos empeñamos en no ver mas que las diferencias de ropaje exterior, culturales, que podían tener un sentido en el mundo compartimentado y regionalista de ayer, pero que carecen totalmente de interés en un mundo global de hoy y más aun del futuro.

       La religión del futuro, será espiritual o no será. Tendrá como eje básico el “Mundo Espiritual”, del que ya pertenecemos aquí, y que es el hinterland de nuestra hipotética vida después de la muerte.

       Esta futura religión, será verdaderamente pluralista, superadora e integradora de todas las religiones actuales, (sin que se necesite la desaparición de las variantes preferencias culturales personales), una religión que anunciaba justo hace cincuenta años, (en 1965), el teólogo Paul Tillich, en su última conferencia, la Religión del “Espíritu concreto”, y que no tuvo tiempo de explicar mejor.

       No es una idea anticristiana, todo lo contrario. Es la culminación del cristianismo, que posiblemente es la religión cuya doctrina simbólica, (el credo es el “símbolo” de la fe), es la que mas se acerca a esa Realidad de detrás de la “cortina”. Es el último paso del desarrollo del cristianismo: el Cristo Cósmico, o sea el conocimiento final de nuestra historia, nuestra posición y nuestro papel en el Universo, que no deja de ser el objeto de toda religión.   

    (Quede claro, que esto es de utilidad para todo aquel, para quienes sus creencias y su devoción actuales no les acabe de convencer del todo. A mí no se me ocurriría hablar de esto en un foro del Opus Dei.
     
       No pretendo sembrar inquietudes, sino al contrario, al que las tenga ya de fábrica, decirle que sí hay salida de futuro a la religión, en un mundo moderno). 

  • Excelente articulo. Echo en falta mas concreción. Hitos “kilometricos” que nos ilustren por donde camina el que escribe. De lo contrario se queda todo en fuego de artificio. Y cada cual pensará segun su mentalidad. Pero se trata aqui supongo, de decir siempre algo de interes del propio escribiente. ¿En que deberiamos tomar riesgo?.

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