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Valor y audacia para reinterpretar imaginativamente, y 2

Isidoro
Segunda y última parte del artículo iniciado ayer

3. Hay que saltar sobre el vacío.

Anteriormente distinguíamos entre los conceptos de extraño y complicado. Un mundo desconocido y oculto como el mundo espiritual pertenece a un plano de la realidad distinto al del mundo habitual, pero eso no quiere decir que no tenga que mantener una lógica interna.

Por eso cuando contemplamos el mundo espiritual desde nuestra cosmovisión habitual “culturalmente correcta”, las manifestaciones de todo “iniciado”, no solo nos parecerán algo extraño, sino que al aplicarle nuestra lógica habitual también nos parecerá muy complicado y confuso.

A este respecto escribía el Maestro Eckhart: “Quien no entienda este discurso, no debe afligirse, pues mientras el hombre no se haga semejante a esta verdad, no lo entenderá”. Hacerse semejante a la verdad, es situarse en el plano conceptual, en la cosmovisión en la que autor estaba al decirla.

Ante la evidente frustración que nos producen nuestras limitaciones para la resolución del problema insoluble de ese laberinto intelectual, hay solo tres posibles actuaciones. O desesperarnos, y tirar la toalla definitivamente, o proseguir nuestra investigación sin ninguna hipótesis de apoyo, corriendo de aquí para allá, como pollos sin cabeza, o jugárnosla asumiendo una hipótesis previa inicial sobre el tema, hipótesis que podemos ir modificando en función del devenir de nuestros descubrimientos.

El problema es muy complejo. Culturalmente nos encontramos en un verdadero callejón sin salida, en mucho parte causado por el progresivo deterioro del discurso cultural imperante, con un desgaste progresivo de las palabras del mismo, que lo convierten en irreconocible.

Si en una carta, se cambia una palabra, se puede suplir deduciendo el sentido. Si se cambian dos, la dificultad aumenta y así sucesivamente, hasta que se llega a un momento en que el sentido se ha perdido totalmente, y se ha convertido en una sucesión de palabras vacías.

Hay que reiniciar de nuevo la lectura, y necesariamente hay que hacerlo violentando las palabras, reinventándolo (= redescubriéndolo) todo. Es el momento de los imaginativos y de rezar a “Dios” porque nos ilumine en nuestra fuente de intuiciones.

Escribía Martin Heidegger: “Las violencias del lenguaje no son, en este campo de investigación una arbitrariedad, sino una necesidad fundamentada en la cosa”.

Eso exige hacer saltos en el vacío. Escribe Kristi Bowman: “Hay momentos de la vida en los que necesitamos un salto de fe. Pero recuerda, que en el salto no se trata de llegar de un punto a otro. Se trata simplemente de dar el salto confiando que el aire, el aliento universal, apoyará tus alas para que puedas volar”.

En este proceso de localización de pistas, y de reconstrucción de ideas, en bastantes momentos hay muchas encrucijadas en que nos encontramos como ante un monstruo amenazante que nos cierra el camino. Su amenaza es doble.

Por una parte, amenaza con devorarnos haciéndonos equivocar el rumbo, y desviarnos del camino correcto, mediante un error cognitivo o interpretativo. Por otra parte, nos amenaza con paralizarnos de incertidumbre y miedo, con dejarnos inmóviles en nuestro sitio, sin saber que hacer.

Por eso el camino del grial de Indiana Jones está repleto de restos de cadáveres, algunos de ellos despedazados por el enemigo, y los otros enteros, de aquellos que se han quedado allí a morir paralizados, de inanición, sin saber qué hacer.

Yo aconsejo hacer como Indiana ante la sima, cerrar los ojos, recitar nuestra oración y dar un paso adelante, confiando en que aparecerá debajo de nuestros pies ese camino invisible y salvador que nos llevará a la otra orilla. Si hemos de morir, ¿qué más da como quedarán los huesos de nuestro cadáver, si juntitos o todos revueltos?

Son tantas las dificultades, y es tan complejo el proceso, que es una auténtica locura intentarlo. Las posibilidades de éxito total son nulas, y solo podemos aspirar a acercarnos lo más posible en el camino, con la esperanza de ceder la antorcha de nuestra búsqueda a los investigadores del futuro, al igual que nosotros la hemos recibido, de nuestros coetáneos y de nuestros antepasados.

Confesaba José Saramago: “No encuentro respuesta, las respuestas no llegan siempre cuando uno las necesita, muchas veces ocurre que quedarse esperando es la única respuesta posible”. Pero la espera no debe ser muy larga.

4.Heterodoxia

Dice Henry Corbin: “Quien se quede en la orilla nunca podrá descubrir los secretos de la alta mar”.

Naturalmente el cultivo de la imaginación te lleva inevitablemente a la heterodoxia. Y ese camino tiene sus ventajas, pero también sus sinsabores. Decía Henry Miller que “la imaginación es la voz del atrevimiento”.

Y por eso ocasiona rechazos, pero por otra parte te proporciona vía libre a la creatividad de tus intuiciones y a la receptividad de unas hipotéticas “inspiraciones”.

Es claro que estos planteamientos son heterodoxos, pero como dice Schuon, no se debe plantear la “heterodoxia” en términos de verdad o falsedad, sino más bien de oportunidad o inoportunidad, y por eso afirmaba que «la herejía no es el error objetivo sino la inoportunidad subjetiva». Y este nuevo planteamiento es todo menos inoportuno.

Todo el mundo concuerda en que las visiones ortodoxas de la espiritualidad se encuentran en un gran punto muerto, presa de su gran inadaptación a los tiempos modernos, lo que ellos intentan vanamente resolver, demonizando la ciencia y la modernidad, aislándose cada vez más en reductos inmovilistas.

Y en su defensa, los “ortodoxos”, enseguida acusarán al imaginativo, (quizás con parte de razón), de exacerbación del ego, y hasta de sujeto de delirios y alucinaciones.

Porque es verdad que como sigue advirtiendo Agustín López “recurrir al maestro interior, del que hablan y al que apelan numerosas tradiciones, tiene de manera obvia, sus riesgos: es posible dejarse arrastrar por las voces engañosas del ego, tomándolas por lo que no son”.

Y siempre puede haber algo de todo eso, en mayor o menor medida. Y siempre le asaltará al buscador la duda sobre la idoneidad de sus hipótesis.

Por otra parte, los ortodoxos, como sigue diciendo Agustín López, quizás tras su férrea ortodoxia, más que humildad escondan “una fácil excusa para tranquilizarse a sí mismo, no asumir riesgos necesarios, eximirse de responsabilidades, y en definitiva, buscar la innegable comodidad que puede suponer el dejar que otras instancias decidan por uno y nos eviten enfrentarnos a la duda, a vacíos diversos, a una siempre difícil libertad”.

Muchos se agarran a la utilización en estos temas a un abusivo uso de un falso y vacío lenguaje simbólico, que no significa nada. El verdadero lenguaje simbólico es una descripción imperfecta de la Realidad. Y por ello es un continuo desafío a la inteligencia del hombre a descifrar y mejorar esa descripción.

Ese desafío entraña mucho peligro de errar. Pero algunos por impotencia, pereza o por falsa humildad, reniegan de esa obligación como señala el salmo: “Es potestad de Dios esconder sus misterios, pero es honor del hombre descubrirlos”.

Existe una antigua copia de los evangelios, el Código Bezae, que contiene el evangelio de Lucas, con algunas adiciones respecto a las versiones oficiales.

En él, hay una cita apócrifa de Jesús posterior al común de Lucas 6:4+ , que dice: “Aquel mismo día, vio a alguien trabajando en el sábado, y le dijo: Hombre, si en verdad entiendes lo que haces, eres bendito; si en verdad no entiendes, eres maldito y transgresor de la Torah”.

Esta frase de Jesús, que tiene toda la impresión de ser cierta, es todo un canto a la libertad de conciencia del hombre y da la impresión de haber sido retirada a posteriori, por miedo de la jerarquía a los excesos y abusos que toda libertad, inevitablemente puede ocasionar.

También en la parábola evangélica de las minas, en la que cada siervo devuelve las minas del Señor, unos habiéndolas invertido y otro no, se maldice al siervo cómodo, que se limita a guardarlas y se las devuelve sin más.

Pero se echa en falta un tercer caso. El del que laboriosamente las invirtió y las perdió en el camino, y no puede devolverle nada. Se podría suponer que si maldijo al que no devolvió más que lo depositado, el que no devuelve nada estaría peor aún. Pero el espíritu de la parábola, alaba la intención, no el rendimiento en sí.

Es claro que el que anda, puede tropezar, y que el que busca la verdad, puede equivocar el camino. Pero aprendemos a andar cayéndonos una y otra vez, y levantándonos una y otra vez.

6 comentarios

  • Isidoro García

        Lo primero que quiero decir es que a mí no me gustan los lloriqueos. Son un ejercicio de masoquismo que no conducen a nada positivo. Todo eso de Legaut, de “captar su aspecto dramático: * arrojados a la vida, * en soledad, * a medio camino en la vía de llegar a ser, * sumergidos a veces en un cúmulo de tinieblas interiores, * inmersos sin cesar en contingencias efímeras de todo tipo, que disipan o perturban”, me parece justo eso, un lloriqueo infantiloide.

     ¿Acaso se quejan las flores, las plantas, los árboles, hasta las estrellas, de que tienen un principio, un desarrollo azaroso y lleno de peligros, y un final mortal?. Las quejas al maestro armero se solía decir en la mili.

    ¿Que preferiríamos ser Dios: eternamente jóvenes, guapos e inteligentes?. Pues claro. Pero es que no proceden esas ínfulas. ¿O acaso preferiríamos ser gusano, o ameba microscópica, o pececillo indefenso ante los meros o los tiburones?. Cada uno es lo que es.

      Lo malo del ser humano es que somos listos, pero no lo suficientemente listos, y estamos colgados de la brocha, con un quiero y no puedo, y unas aspiraciones que no corresponden a nuestra naturaleza de especie evolutiva muy manifiestamente mejorable.

    Lo primero que nos dicen los psicólogos es que es imprescindible la autoestima. Pero la autoestima no es pensar que somos lo que no somos. Como decía un sufrido padre de familia, a todo hombre le gustaría ser tan guapo como le decía su mamá de pequeñito, tener tanto dinero como creen sus hijos que tiene, cuando le piden dinero, y tener tantos líos, como le atribuye su celosa esposa.

    La autoestima es valorar lo que realmente somos, aunque no es mucho a nivel cósmico, (aunque a nivel terráqueo somos los mejores por ahora). Y los cristianos tenemos la ventaja adicional de la esperanza, (quizás ilusoria, o quizás no), de que por el favor de los que pueden hacerlo, se no haya concedido a esta especie intermedia, la posibilidad de disfrutar de las ventajas inherentes y propias de la especie sucesora nuestra, la de nuestros tataranietos.

    Como sabéis, yo soy “evolucionario”, que significa, (y aquí aprovecho para contestar a Pablo Osés, en el hilo paralelo, sobre mis intuiciones personales), que creo que la actual especie humana, es una especie de paso, en el proceso evolutivo, que la vida, está desarrollando aquí en este planeta nuestro.

    (¿Ninguno se ha preguntado alguna vez, que será de las especies anteriores desaparecida en el proceso: los homínidos, los autralopitecos, los homo habilis, los homo erectus, los homo antecessor, y los homo de neandethal?. ¿Tienen derecho a ser consideradas humanas de verdad?. ¿Y tendrían en el campo religioso algún derecho a la redención o a algún trato especial que no tienen los animales?. ¿Dónde está la línea roja, que separa el antes y el después?.

    No lo sabemos. Pero muy posiblemente son asociados a los animales superiores. Y a nadie se le ocurre pensar en que los animales también sufren, sienten y mueren: es el devenir normal de todos los elementos del Universo, y hasta el mismo Universo desaparecerá.

    Mi intuición personal, es que con nosotros se produjo una controversia cósmica. ¿Somos animales creciditos o “ángeles”, (o seres inteligentes), torpones?. En la mitología existe un mito de que hubo “ángeles”, que no quisieron reconocer al humano como uno de los suyos, (de los seres inteligentes del Universo), y por ello con derecho a la autonomía y el autogobierno del planeta Tierra.

    Y mi intuición personal, es que justo aquí, en ese momento cósmico, y en esa tesitura, gracias a la generosidad del Mando cósmico, (llámalo “Dios”, el “Padre”, el Director/a de la Vía Láctea, como lo llamaba el biólogo J.B.S. Haldane, o como queramos), se nos pasó al lado bueno de la raya, con los derechos correspondientes.

       Pero con el compromiso de que teníamos que conseguir por nuestros propios medios humanos, suplementar mediante el uso de nuestra inteligencia, con el aprendizaje y la creatividad adecuados, un mínimo nivel de conocimiento de la Realidad, con el consiguiente nivel de sabiduría que se demostrase mediante un comportamiento civilizado y justo.

           Y a pilotar y llevar a buen puerto, este proceso de aprendizaje y metamorfosis general de la humanidad, por nosotros mismos, suplementando lo que la evolución darwiniana genética no nos ha proporcionado, es a lo que se comprometió el designado Jefe de la Humanidad, el “Cristo”, y ese trabajo fuerte y esforzado, es lo que constituye la verdadera “redención”.

    Y este proceso general de metamorfosis, y que tenemos que hacer cada uno individualmente, es lo que Jesús llamaría construir el “Reino de Dios”. Y según esta promesa, que constituye nuestra esperanza, todos “sobreviviremos”, mediante nuestra incorporación a una entidad humana global, encabezada por la Jerarquía de la humanidad.

     Y disfrutaremos entonces de nuestra nueva categoría de “ángeles”, sin serlo. Como en el mito de Prometeo, que robó el fuego a los dioses, el “Jefe”, nos habrá conseguido un estado privilegiado, que según la naturaleza no nos correspondía. Esa es mi fé y mi esperanza cristiana.

      Para tirarnos de la lengua, pregunta el amigo Oscar, lo que yo creo que ya sabe: “Si todos estamos “llamados a ser” ¿cómo es que seamos tan distintos? Por ejemplo: varones y mujeres; una Generación y Otra; un madrileño y un catalán; un español y un alemán; un “yo” cuando joven y “otro-yo” cuando adulto o viejo; etc.?.¿Qué mentamos con “devenir”?.

       Yo creo que en ese proceso de autoperfeccionamiento, seguiremos conservando nuestra personalidad y autonomía individuales, pero coordinados entre todos, como los miembros de un equipo de trabajo, cada uno tiene sus características, pero todos con un mismo objetivo.

    Seremos todos más similares y con menos diferencias, porque las diferencias que nos dan nuestros defectos desaparecerán, pero permanecerán las buena diferencias. Pasará como en la primera línea de “Ana Karenina”: “Todas las familias felices se parecen, pero las infelices lo son cada una a su manera”.
     

  • oscar varela

    Hola Antonio Duato!

    Leo en tu Comentario:

    – “El ser es devenir.

    Me lo gravó en lo profundo mi maestro Légaut”-

    PLEGARIAS DE HOMBRE – Plegaria V – [Comentario del Link]

    Marcel Légaut la estimaba especialmente.

    Estar en presencia de sí para estar en presencia de Dios implica

    asumir con lucidez la condición propia del hombre y captar su aspecto dramático:

    * arrojados a la vida,

    * en soledad,

    * a medio camino en la vía de llegar a ser,

    * sumergidos a veces en un cúmulo de tinieblas interiores,

    * inmersos sin cesar en contingencias efímeras de todo tipo, que disipan o perturban,

    – y, sin embargo, por la fe y la fidelidad-,

    * alcanzar, poco a poco, una existencia que llega a resultar única en su

                – unidad,

                – consistencia y

                – estabilidad.

    Estar en presencia de sí para estar en presencia de Dios implica

    ·         desposar la propia condición de hombre,

    ·          dar gracias por ella, y, de ese modo,

    ·          afirmar la esperanza y la fe.

    ……

    Ok!

    ,,,,,,,

    Resaltas, en el Poema, la frase: “llamados a ser”.

    ¿tiene relación con lo que dices: -“El ser es devenir”?

    Si todos estamos “llamados a ser” ¿cómo es que seamos tan distintos?

    Por ejemplo: varones y mujeres; una Generación y Otra; un madrileño y un catalán; un español y un alemán; un “yo” cuando joven y “otro-yo” cuando adulto o viejo; etc.?

    ¿Qué mentamos con “devenir”?

    Tal vez algún Cumpa pueda ayudar a de-velarla; o el mismo Isidoro con su sabio refranero ¿no?

    ¡Voy todavía! – Óscar.

  • Antonio Duato

    Sugerente texto de Isidoro para finalizar 2015.

    Y ricos comentarios de principio de 2016.

    Estamos tocando la médula de ATRIO.

    Una frase de Oscar resume lo que quise en mi editorial de invierno:

    * La vida es un gerundio y no un participio: un faciendum y no un factum.

    El ser es devenir. Me lo gravó en lo profundo mi maestro Légaut, de quien este poema:

      Ínfimos y efímeros
      pero necesarios;
      sepultados en lo inmenso
      pero conscientes;
      perdidos en lo innumerable
      pero únicos.

      Sometidos a la desgracia,
      destinados a la muerte,
      pero llamados a ser.

    [Se puede ver todo el poema en Plegarias de Hombre]

  • oscar varela

    Hola! UN AÑO MÁS
    Cuando el médico, sorprendido de que Fontenelle cumpliese en plena salud sus cien años, le preguntaba qué sentía, el centenario respondió: Rien, rien du tout… Seulment une certaine difficulté d’être.
    Digamos que la vida, no solo a los cien años, sino siempre, consiste en difficulté d’être.

    Su modo de ser es ser difícil, un ser que consiste en problemática tarea.

    Frente al ser suficiente de la sustancia o cosa, la vida es:

    * el ser indigente,

    * el ente que lo único que tiene es, propiamente, menesteres.

    El astro, en cambio, va, dormido como un niño en su cuna, por el carril de su órbita.

    …………………

    Lo que encuentra el ser humano para existir son puras dificultades y puras facilidades.

    El existir mismo no le es dado «hecho» y regalado como a la piedra,

    * lo único que encuentra es no tener más remedio que hacer algo para no dejar de existir.

    * el modo de ser de la vida no es ser ya,

    * lo único que nos es dado y que hay es tener que hacérsela, cada cual la suya.

    La vida es un gerundio y no un participio: un faciendum y no un factum.

    La vida es quehacer. La vida, en efecto, da mucho que hacer.

    ………………..

    El hombre es el ente que se hace a sí mismo,

    * un ente que la ontología tradicional solo topaba cuando concluía y

    * que renunciaba a entender: la causa sui.

    La causa sui solo tenía que «esforzarse» en ser la causa de sí mismo,

    pero no en determinar qué sí mismo iba a causar.

    Pero el hombre no solo tiene que hacerse a sí mismo,

    sino que lo más grave que tiene que hacer es determinar lo que va a ser.

    Es causa sui en segunda potencia.

    ………………..

    La doctrina del ser viviente solo encuentra en la tradición como conceptos aproximadamente utilizables los que intentó pensar la doctrina del ser divino.

    ………………..

    Si el que leyó hasta acá resuelve seguir leyendo será porque hacer eso es

    * lo que mejor concuerda con el programa general que para su vida ha adoptado.

    Este programa vital es el yo de cada hombre, el cual ha elegido entre diversas posibilidades de ser que en cada instante se abren ante él.

    Sobre estas posibilidades de ser importa decir lo siguiente:

    UNO: que esas posibilidades no le son regaladas, sino que tiene que inventárselas,

    (sea originalmente, sea por recepción de los demás hombres)

    * Inventa proyectos de hacer y de ser en vista de las circunstancias.

    * Eso es lo único que encuentra y que le es dado: la circunstancia.

    * Yo no soy más que un ingrediente de esa realidad radical «mi vida»,

    * cuyo otro ingrediente es la circunstancia.

    Se olvida demasiado que el hombre es imposible sin imaginación, sin la capacidad de inventarse una figura de vida, de «idear» el personaje que va a ser.

    El hombre es novelista de sí mismo, original o plagiario.

    (Los estoicos hablaban de una «imaginación de sí mismo»)

    …………………………

    DOS: Entre esas posibilidades: tiene que elegir. Es libre.

    * Pero, entiéndase bien, es por fuerza libre, lo es quiera o no.

    * La libertad no es una actividad que ejercita un ente, el cual aparte y antes de ejercitarla, tiene ya un ser fijo.

    * Ser libre quiere decir carecer de identidad constitutiva, no estar adscrito a un ser determinado, poder ser otro del que se era y no poder instalarse de una vez y para siempre en ningún ser determinado.

    * Lo único que hay de ser fijo y estable en el ser libre es la constitutiva inestabilidad.

    ………………..

    Repasemos algunas cosas que el hombre ha sido, es decir, que ha hecho de sí:

    * desde el «salvaje» paleolítico hasta el joven surrealista de París.

    * de la hembra paleolítica han salido madame Pompadour y Lucila de Chateaubriand;

    * del indígena que no puede contar arriba de cinco salieron Newton y Enrique Poincaré.

    * en 1873 vive todavía el liberal Stuart Mill, y en 1903 el liberalísimo Herbert Spencer,

    * y que en 1921 ya están ahí mandando Stalin y Mussolini.

    ……………….

    La vida humana no es una entidad que cambia accidentalmente, sino, al revés,

    * en ella la «sustancia» es precisamente cambio.

    Como la vida es un «drama» que acontece y el «sujeto» a quien le acontece no es una «cosa» aparte y antes de su drama, sino que es función de él,

    * quiere decirse que la «sustancia» sería su argumento.

    Pero si este varía, quiere decirse que la variación es «sustancial».

    ……………………

    Los conceptos que quieran pensar la auténtica realidad -la vida-, son «ocasionales».

    Lo cual no es extraño, porque la vida es pura ocasión.

    El cardenal Cusano llama al hombre un Deus occasionatus, porque según él,

    * al ser libre, es creador como Dios: es un ente creador de su propia entidad.

    * pero, a diferencia de Dios, su creación no es absoluta, sino limitada por la ocasión.

    * el hombre se hace a sí mismo en vista de la circunstancia: es un Dios de ocasión.

    ……………………….

  • Gonzalo Haya

    Agradezco a Isidoro este artículo -estos dos artículos- fruto de mucha reflexión y experiencia personal, que expresa y analiza muy bien la clave hermenéutica del cambio cultural que estamos experimentando. Todos nuestros conocimientos, incluso en el mundo material, son interpretación. Ya decía santo Tomás que lo que se recibe se adapta a la capacidad del que lo recibe; y esta capacidad se va ampliando con la reflexión pluricultural. Ayer mismo leía una cita de Miguel Molinos: “la propia tradición coincide con superarla; crecer más allá de ella no es dejarla sino ampliarla; y ser fiel a ella coincide con estar sin estar en ella, o con salir sin salir de ella”. Estamos en “el salto al vacío”, guiados por la buena voluntad de nuestra conciencia. A mí me gusta repetir “bienaventurados los limpios de corazón porque ellos verán a Dios”. Caeremos en expresiones todavía reinterpretables, pero al menos más acordes y comprensibles con nuestro conjunto cultural. El riesgo de toda institución es acomodarse en la ley de la inercia.

     

  • oscar varela

     
    Hola!
    Pregunto: ¿Tendrá relación lo de Isidoro con los sabios consejos:

    (espiritual):En tiempo de desolación nunca hacer mudanza“. (Ejer. Esp. EE318).

    (campero):desensillar hasta que aclare”?

    ¡Voy todavía! – Óscar.

    ……………

    NOTA del “tanguito imprescindible”

    DESENSILLÁ HASTA QUE ACLARE

    Hermano, la noche nos viene corriendo,
    el mundo está loco de necesidad,
    el odio y la bronca se van extendiendo,
    ya nada es sagrado ni nada es verdad.
    Hermano, la vida se pone muy fiera,
    Quien quiera vencerla tendrá que sufrir;
    no gastés tus fuerzas, arriá tu bandera
    y hacé las del gaucho que sabe vivir.

    Desensillá hasta que aclare,
    para qué vas a luchar
    si la vida es una hembra
    y hay que saberla esperar.
    No te aflijas por la plata
    ni por las penas de amor,
    y seguí mirando el humo
    sin pasiones ni rencor.
    Si esto ya no hay quien lo pare
    hacé lo del gaucho vos,
    desensillá hasta que aclare
    y después… ya dirá Dios…

    Hermano, la gente, perdido ya el rumbo,
    con hambre y ultrajes que quiere vengar,
    protesta y avanza y va dando tumbos
    y arrolla al que ciego la quiere atajar.
    La vida es muy brava y es loco el que intenta
    con vanos esfuerzos quererla vencer.
    Cruzate los brazos, capeá la tormenta
    y hacé las del gaucho que ve oscurecer.

    Desensillá hasta que aclare,
    si es al ñudo acometer,
    el que atropella más tarde
    es el que saber correr…
    Esperá el alba tranquilo,
    sin que te haga estremecer
    la traición en el amigo
    ni el engaño en la mujer.
    Si esto ya no hay quien lo pare
    hacé la del gaucho vos,
    desensillá hasta que aclare
    y después… ya dirá Dios…

    …………………

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