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RELEYENDO A JUAN LUIS HERRERO DEL POZO 4

Seguimos de la mano de Juan Luis en su empeño y lucidez, algo que le viene dado, le trasciende y le hace ser más él mismo en ese empeño de ayudar a otros a adentrarse a ver en la desnudez y con humildad el asombro confiado de que todo lo que Es, es. “Todo trasparenta a Dios en la creación si se caen las escamas de los ojos”. Nada ni nadie queda excluido de esta atracción de Vida presente y ausente a la vez.

              En esta entrega nos abre su intimidad, en la medida en que es posible, su relación sorprendente con un Dios personal en un diálogo de Tú a tú, porque todo hombre en su limitación y finitud, y más aún la mujer, es, en sus entrañas, dolor y soledad ante la ignorancia e indiferencia de los otros humanos, pero cuando ya ha visto es confianza plena en la Vida que ni nace ni muere. “Oh, Dios, ¿qué es el hombre para que te acuerdes de él? Ni más ni menos que un crucificado sanguinolento y asediado de desesperanza que está a punto de llenarse de luz y belleza en los brazos del Padre”.

              Cuesta percibir el nuevo idioma de la “encarnación” que habla de la no separación entre lo humano y lo divino, como que toda carne está pletórica de Dios. Cuesta intentar desbloquear la percepción heterónoma en la que las religiones siguen inmersas y en la que se respira por doquier, para poder hacerlo nuestro en el día a día, hacer y dejarse hacer la transformación que vive Jesús, como máxima expresión de lo divino en lo humano.

              Ciertamente hay muchas cosmovisiones que impiden vislumbrar la realidad que es y somos, todavía muchas de ellas impregnadas de magia, de escisión confusa y separación con lo trascendente aún en nuestros días y si cabe mucho más por el modo de vida que llevamos y el conocimiento de las cosas, que nos alejan del camino de la no-dualidad. Llama la atención ejemplos de ello en estas simples afirmaciones: “lo hago para que Dios esté contento”, la vivencia de un “Dios” juez separado de lo humano. “Tengo la suerte de ser elegido por Dios”, el ego que separa y segrega se suele colar incluso en lo espiritual. ” Dios, no sé si existe, pero a la Virgen que nadie me la toque”, típica exaltación que suele oírse en romerías y procesiones. “Hay que moverse para que no nos invada el Islam”, la falta de fe-confianza en Lo que Es y en quien somos hace crecer la inseguridad y la amenaza en lo diferente. “No creo en nada de Iglesia, pero cuando voy de nazareno, llevando las andas, lo siento muy hondo y me lleno de lágrimas”, separación confusa entre lo sagrado y lo profano que se ha transmitido dejando escindido, empequeñecido, oscurecido y aislado el verdadero ser que de fondo somos. “No tengo fe en esas cosas, pero hay algo en mí que se remueve con agrado y gusta escuchar a alguien hablar de su experiencia de lo trascendente”, rechazo a la tradición religiosa fosilizada, pero impotencia ante el vislumbre de lo que se es, identidad de fondo que todos compartimos.

              En medio de todo esto, está la confianza del sencillo, que ha llegado a ver, irrumpe en la vida cotidiana y “des-bloquea”, no es la de un teólogo ni la del exegeta, es experiencia del que se siente sostenido, nunca solo y del todo abandonado, a pesar de estar en la peor de las situaciones económicas, fuera del país y prácticamente sin esperanzas inmediatas “A pesar de todo, tengo fe, confianza, eso va siempre conmigo”.

              El despliegue experiencial consciente de quienes somos y de lo que somos nos hace percibir la “encarnación” en cada ser humano, en un abrazo en el que nada ni nadie queda fuera, porque todo en el universo está pletórico de Dios, lo impregna de sabor siempre amoroso, en íntima relación. Al mismo tiempo la unicidad es cualidad de lo múltiple y diverso que comparte a la vez un fondo común de fundamento y sustento que entrelaza todo, su ser y mismidad en un fluir inagotable de Vida y de expansión de Conciencia.

              Jesús, espejo de lo que todos, sin excepción, somos, lo experimenta muy pronto, dentro y fuera de todo tiempo y espacio, en su despliegue personal de humanidad, en su ser único e irrepetible, en el que ya todo es, no viviéndose separado de la Fuente y de todo lo que es fluir inter-relación y amor en la vida, saturado de unión y confianza en su Abbá, en Lo Que Es, en su dejar darse abierto a los más marginados, discriminados de su tiempo, en su perdonar sin condiciones los prejuicios, las palabras, omisiones y hechos a los que lleva la ignorancia de lo que une y sustenta a todos los seres humanos, lo que en conciencia les hace ser en su mismidad, integrar lo humano en lo divino y lo divino en lo humano, sin separaciones ni fisuras, actuando en coherencia.

  

              El ser humano máxima encarnación de Dios

Por Juan Luis Herrero del Pozo             

Que Dios se hace carne en la creación es la idea básica del presente desarrollo sobre el nuevo paradigma. Dentro de la creación resta por ver algunos elementos constitutivos de ella : el ser humano, los grandes testigos de Dios, en especial Jesús de Nazaret, y la resurrección como consecución de la Plenitud a que está destinado todo ser humano por el hecho de serlo.

  • 1 La emergencia del homo sapiens

Cuando en la inmensidad del universo y en lo dilatado de los siglos se topara un foráneo con un ser humano quedaría alucinado por el portento que se le ofrece. ¡Qué presencia y energía creadora debió habitar el diminuto núcleo inicial (precedido de otros tal vez indefinidamente) que se originó con el big bang!. Fue el comienzo de todo como para alcanzar el grado de ser de ese “milagro” de un niño que nos hace extasiarnos y buscar más allá de él. Lo he dicho más de una vez, ante mi nieto juguetón mi impulso a duras penas reprimido sería caer de rodillas consciente de que transparenta al Indecible.

Todo trasparenta a Dios en la creación si se caen las escamas de los ojos. Cierto que muchos seres humanos, cualquiera de nosotros, lo cela igualmente con la porquería que acumulamos. No importa. La vista se puede hacer penetrante y más allá de la miseria física y moral de un borracho pordiosero en las escaleras de un Metro se acaba vislumbrando la grandeza que se esconde.

Oh, Dios, ¿qué es el hombre para que te acuerdes de él? Ni más ni menos que un crucificado sanguinolento y asediado de desesperanza que está apunto de llenarse de luz y belleza en los brazos del Padre.
La evolución cósmica ha parido un cuasi-Dios. Al cabo de un milenario proceso de imperceptible perfeccionamiento, dejando atrás bifurcaciones miles en busca de la emergencia de lo más perfecto, las galaxias, los planetas menos inhóspitos, las primeras células vivas, los microorganismos de los océanos, y así de ‘salto’ en ‘salto’ evolutivo hasta unos primates que se alzan en pie y en su cerebro se dibuja el rústico instrumento de un palo, en sus ojos apuntan unas lágrimas al morir un hijo junto al que entierra su manjar preferido para el camino; se dibuja una sonrisa furtivamente dirigida a un congénere con el que antiguamente se disputaba a dentelladas un manjar. Quedan siglos y avatares de evolución pero ha surgido una mente que se mira sorprendida a sí misma, se siente hacedora de su historia y, no sé cómo ni en qué momento, apuntan ciertas preguntas todavía borrosas ¿Quién soy? ¿Qué hago aquí? ¿Para qué me afano? ¿De dónde vengo? ¿ Me escucha alguien cuando estalla el relámpago o amenaza el volcán?

¿Son éstas fantasías o aproximaciones a la emergencia de la mente inteligente

  • 2 La mente, una chispa del Logos. El Logos se hizo carne.

Chispa del Logos es una metáfora, no tenemos otro lenguaje. Si cada criatura, carente de ultimidad de consistencia y sentido, apunta más allá de sí misma a un Fundamento Último de todo ser de quien es modesta e imperfecta transparencia, la mente del homo sapiens es el espejo más bruñido y revelador. A Dios no le ha visto nadie y nada se puede decir de él pero en el espejo creatural se manifiesta al menos cómo no es Dios aunque también en los rasgos de la imagen reflejada se vislumbra el Modelo. Y, dado que la conciencia percibe al Dador de sentido, se inicia un diálogo libre. El diálogo es esencialmente comunicación entre dos ‘logos’ que lo son aunque medie un abismo.

Es el modo más básico, radical, poderoso, fontal e insuperable de ‘encarnación’ de Dios. Dios es Don y se entrega sin medida. No cabe ninguna elección arbitraria, discriminatoria o excluyente vista la donación desde el lado de Dios.

El diálogo es comunicación pero ésta es posible porque la chispa del Logos habita la del ser humano haciéndolo ser. Y haciéndolo ser en su autonomía es como se le está comunicando en un Don sin medida que no se entrega a retazos sino en plenitud. Plenitud nunca deficiente (Dios no se arrepiente de su Alianza creadora), ilimitada en sí misma, sólo limitada por la apertura que le ofrecemos.

La chispa creadora del Logos, simple y total en sí misma, no hace emerger un ser acabado sino esencialmente extendido en una evolución histórica. Es decir, la creación confiere (como Fundante no como Causa eficiente) la capacidad de desplegarse hasta el infinito: la evolución es “la apertura infinita de la conciencia y de la libertad” (Torres Queiruga). Es una trampa imaginativa pensar que la capacidad de evolución, tanto física como espiritual, está colgada de un surtidor de intervenciones de lo alto sucesivas y calculadas. Ello sería volver a los viejos esquemas y olvidar el profundo sentido de la autonomía de lo creado a que nos abrió la ilustración.

(Una precaución para las personas de buena voluntad: cuando rechazamos el pensamiento mágico como destructor de la autonomía de lo creado, de ningún modo ponemos en tela de juicio la conciencia subjetiva que acierta en su relación con Dios pese a que el sustrato metafísico inconsciente de su percepción esté objetivamente equivocado)

              En la literatura cristiana disponemos de una bellísima metáfora en el cuarto evangelio: el logos, la sabiduría de Dios, el ser inteligente de Dios se comunica desde la eclosión misma de todo ser, y por antonomasia al ser humano y así “El Verbo de Dios se hace carne y habita entre nosotros” (literalmente “planta su tienda entre nosotros”).
Es el modo germinal más radical de ‘encarnación’ de Dios, llamado a superarse sin medida. Dios es Don y se entrega sin cicatería. De nuevo la medida sólo adviene desde el receptor, desde la acogida que se presta al Don: “Estoy a la puerta y llamo, si alguien me abre entraré y cenaré con él”. (Apocalipsis) Si alguien, es decir, cualquiera, la sola condición es la de abrir, la llamada es indiscriminada, no preselecciona al comensal. Desde una sana idea de ‘creación’, desde un planteamiento religioso hecho desde la racionalidad, rotundamente, no cabe la noción bíblica de “elección” salvo como lenguaje antropomorfo del orgulloso seleccionado.

La encarnación sin medida de Dios en el ser humano es tanto como decir que el objetivo y fin últimos de una conciencia abierta al Infinito es alcanzar la Plenitud de que el ser inteligente es capaz. Ahora bien, dado que la Plenitud de Dios es inigualable ningún cielo imaginado será una situación de reposo aburrido. Ver a Dios “cara a cara” es introducirse en un chorro de plenitud de gozo desbordante, siempre creciente y renovado.
Tal es la evolución constructora de nuestro ser NATURAL en virtud del proyecto creador. Ningún añadido “sobre-natural” por parte de Dios es pensable. A ninguna mediación tiene por qué subordinar Dios su cercanía plenificadora. Las mediaciones (nunca exentas de pecado), religiones, iglesias, símbolos, instituciones, liturgias, procesiones se las busca el ser humano desde su necesidad expresiva en su precariedad de caminante.

[Para ver los capítulos anteriores y la continuación de esre, acudir al Taller de Secularidad y Fe ]

7 comentarios

  • Sarrionandia

    La vida que «ES» es perdurable o eterna. Por consiguiente, es trascendente al nacimiento (al tiempo y al espacio) y a la muerte. Los mitos, que son las teorías de antaño, pueden suavizarse con lubricación poética, pero lo esencial y fundamental de la vida es que el  SER es indestrucrible: nada ni nadie es capaz de mutar el SER en NO-SER!
    El tiempo de la vida es un paréntesis en la “realidad” de la vida para poder aceptar libremente el ser o rechazarlo responsablemente. Esre paréntesis se abre con el nacimiento y se cierra con la muerte. volviendo así a lo que es en el presente divino sin pasado ni futuro.
    Esta sería la filigrana para entender lo que nos explica Asun

  • MAR Medina

    Todo transparenta a Dios en la creación si se nos caen las escamas de los ojos.
    Qué gran verdad. Pero es difícil caer en la cuenta porque nos quedamos con frecuencia en la superficie de las cosas, en una percepción de apariencias, los velos que ocultan la realidad de los sufíes.

    Esa es la única manera que entiendo la encarnación. No en una persona que vivió una vez, no en el suceso extraordinario de una encarnación divina y única en una de las tradiciones de la humanidad, sino en la creación entera, aunque solo los seres humanos somos capaces de tener conciencia de ello (hasta donde sabemos). No obstante, me siento deudora de Jesús a este respecto, entre otros, porque él sí fue consciente de su naturaleza como la de todo ser humano, y creo esta es la gran aportación del cristianismo a la sabiduría de la humanidad, su contribución a la expansión de la Conciencia que menciona Asun.

    Muchas gracias, Asun, por tu reflexión y tu ayuda. Y sigo leyendo a Juan Luis, atenta a cada semana para reflexionar con vosotros.

    Saludos cordiales

  • Asun

    Gracias, a ti, M. Luisa.  Tu último comentario apunta creo hacia la autonomía del creyente y de todo ser humano que busca autenticidad y coherencia,  como si este despertar incrementara la fe desnudándola  de creencias que impiden su complicidad armónica con la vida que es y somos.

    Un fuerte abrazo  

  • M. Luisa

    Continuaré, si no te importa, querida Asun  en este trabajo  que nos ofreces, a dar salida a una  idea que me ha quedado pendiente por expresar  en la tercera entrega de este mismo tema.
     
    Otras de las reflexiones  que se extraen del libro de Juan Luis, a parte de la ya mencionada, como digo,  en el otro hilo, es  a mi modo de ver la que  precisamente,  al percibirse Juan Luis autor de su propia vida  no la subordina a cualquier cosa,  sino que  por fidelidad a su fe se da cuenta que  es ésta la que se subordina  a su experiencia. En este leve movimiento  personal  se produce, al mismo tiempo, para nosotros y para quienes lo quieran ver,  el cambio de paradigma,  punto nuclear del problema. La estructura que lo  hace posible  no es conceptual sino  física y real.
     
    Gracias, Asun, un abrazo

  • mªpilar garcía

    Leer a Juan Luis Herreo del Pozo es:
     

    Como volar por encima de todas las dificultades, desatar las ataduras inútiles, caminar con esperanza renovada, esperar…
     

    ¡Esperar siempre!
     

    En la posibilidad de cambio, crecimiento, búsqueda, encuentro, plenitud…


    …”La encarnación sin medida de Dios en el ser humano es tanto como decir que el objetivo y fin últimos de una conciencia abierta al Infinito es alcanzar la Plenitud de que el ser inteligente es capaz”…

    ¡Gracias José Luis! por toda tu obra en favor, de toda persona que quiera crecer, comprender, y vivir sin magia; sí en plenitud, la hermosa realidad de la Encarnación de Dios en el ser humano.

    ¡Gracias Asunción P.!  Por el desarrollo de este profundo tema.

    mª pilar

  • Mi entorno está repleto de personas no creyentes, que cuento entre mis mejores amig@s y con las que comparto mi cotidianeidad. Y cuando hemos podido hablar de fe, conceptos de trascendencia y espiritualidad siempre ha estado claro que lo que rechazan de plano ( y yo con ellos) es esa interpretación mágica-mítica que como dice la introducción aún persiste no sé si en todas las Religiones pero desde luego sí en el Catolicismo “oficial” u “ortodoxo”. Es más fácil intentar hablar de esa chispa de Energía, de Luz, de Libertad, de Amor incondicional que intuyo dentro de mí, (siendo en mí) yo la llamo Dios. Jesús no la intuyó, la experimentó. Y no como una chispa, sino como una hoguera, como su propia identidad. El la llamó Abbá…

  • Sarrionandia

    La mente, una chispa del Logos.- Bien dicho. Juanito! Y la chispa es luz de luz.
    Gracias también a tí, Asun. por el desarrollo de estas ideas que anuncian un nuevo paso evolutivo en la conciencia humana. Ideas chispa que prometen tiempos de felicidad a las puertas de la eternidad gloriosa.

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