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El miedo a saber

El miedo es aquella emoción primaria, por lo tanto, necesario para poder sobrevivir y vivir después. Así y todo, esa emoción es preciso saberla gestionar, no siempre es negativa.

Saber es conocer con la cabeza, el corazón y las manos. Lugares, personas, aspectos que son necesarios para poder vivir, crecer, madurar.

Pues bien, puede existir y así es, por otro lado, un miedo a este saber. Un miedo a   crecer. Un miedo a querer contemplar tanto las partes maravillosas de la profundidad de todo ser humano, como la hondura reptiliana, emociones  feroces que todo ser humano tiene, como depredador.

Saber en el sentido que uso aquí, es decir, un saber no sólo de información  o conocimiento sino integrado en la estructura mental de toda persona. Un saber que puede comprender y ser comprendido de aquello que puede emerger en un momento dado. Y como indicaba antes, abrazando cabeza, corazón y manos.

Y el miedo a saber, a remover vivencias, a conocer la verdad del diagnóstico. Este miedo no favorece ni la curación ni el crecimiento ni la paz o tranquilidad interiores.  Por eso podríamos decir, el saber del miedo. Y ver cómo  el miedo contiene una sabiduría, una prudencia, un saber pero cuidadoso para poder asimilarlo.

Y así,  nos encontramos hoy en día el miedo a saber de las  autoridades correspondientes a ámbitos diferentes, pero en plena actividad. No es preciso qué clase de autoridad, sino toda clase de autoridad. La autoridad tiene miedo a saber que el pueblo, la gente, piensa. Que la gente quiere un cambio. Que  la gente –como decía en el artículo anterior cuyo libro ha salido en castellano, publicado por Destino Planeta: Indignaos– está indignada. El miedo a saber las autoridades que no guían, sino que son guiados. El miedo a saber que la situación se les escapa de la mano. Y que es otra mano (digamos la financiera) que aplasta. O la mano de la poltrona que no permite levantarse. El miedo a saber la verdad, cuando la verdad hace libres, hace crecer, hace madurar. Lleva a la paz.

Por eso, la sociedad o los dirigentes quieren controlar los departamentos de enseñanza para programa lo que les interesa y no necesitan  los otros. Enseñar pero en el sentido de domeñar, inculcar, imponer. Y a eso le llaman “educar”.

Y el miedo a saber es una reacción a superar. No la actitud de Adán y Eva en el paraíso saber para ser como dioses sino de la saber para conocer los propios límites y ser  humanos.

Por eso, a más del miedo a saber, hay el anhelo de saber. Cuando la palabra anhelo quiere decir momento que un o arriesga permanecer sin respirar.  Sin aliento. E inspira fuertemente. Este anhelo de respirar, de vivir,  puede producir miedo y angustia ya que lleva a otros niveles de existencia, de conocimiento que probablemente el yo, débil y ansioso, no se atreve a comprender por la implicaciones que pueden comportar.

Y hoy, más que en otras épocas o tal vez como en todas las épocas, conviene pensar por uno mismo, La locura de la prensa puede convertirnos a todos en psicóticos  o perversos o psicópatas. Porque neuróticos ya lo somos todos, en el sentido que tenemos que gestionar conflictos internos, queramos o no. Ver miedos donde no hay ¿sino qué misión tienen los leads o entradas  de la prensa  en las páginas, como un zoom? Ponen aspectos muy parciales. Los intereses ideológicos están en juego. Y cada día hacen crecer el miedo a saber. El miedo a caer las pensiones, a caer la seguridad,  al terrorismo.  Miedo a tantas cosas. I en verdad están, pero quieren hacerlas ver de forma total cuando sólo son parciales, vistas sólo con el zoom.  No quieren ver el conjunto. La parte por el todo. Si el odio y el mal destruyen, el amor y la solidaridad construyen a pesar de todo, El odio se mira de forma zoòmica, de lo cual se habla, pero el amor es de mirada amplia y se hace silencio.

Pero para ser muy realistas, es preciso comenzar a perder el miedo a o de saber de nosotros mismos. Por aquí iba el oráculo de Delfos con Layo, el padre de Edipo como Freud en su interpretación del Complejo de Edipo, ambos se quedaron a medio camino.  Los dos vivían el miedo saber más cosas de sus padres. La Humanidad, en mayúscula, avanza a pesar de todo. Muchos seres individuales, desgraciadamente, caen y se hunden, otros emergen. Pero todo avanza.

Concretaría este miedo a saber, como indicaba antes,  en un aspecto muy peculiar: El miedo a  saber por uno mismo de sí mismo. A pensar  por uno mismo, A saber qué hay dentro de nosotros.  Buscar, indagar por uno mismo. Las autoridades correspondientes dirán: No pienses porque dejarás de creer. Tú cree, calla,  obedecí y serás feliz. Y algunos añadirían: Y Dios te amará. La pregunta emergente sería: ¿qué “dios”? O en otras creencias: “Confía en el partido y calla”.

Y cuando uno se encuentra solo y piensa por sí mismo, el miedo a volverse loco, a ver coses que cree locas, es un riesgo que hay que correr. Porque  lo que hay no es locura sino clarividencia. Clarividencia de la locura de la prensa, de las autoridades, de los sistemas ideológicos, de unas creencias anacrónicas y sobre todo la clarividencia que el mal no lo hacen  unos hombres o pocos sino que todos estamos implicados en el progreso de la Humanidad. Y en nuestro metro cuadrado donde vivimos, residimos,   habitamos es el lugar para comenzar a no tener  miedo a saber, para transformarlo y sobre todo amarlo por encima del odio o las  propias emociones destructivas, las cuales son muy sibilinas, sofisticadas Nuestros mecanismos de defensa  o obturación inconscientes son muy poderosos. Por eso la psicología académica o llamada científica no le interesa saber nada de la psicología de lo profundo  porque no la puede  cuantificar, medir y controlar sus variables. Hay miedo al no control. Sino ¿dónde permanece la ciencia sin el control?

Y el miedo a saber de dónde venimos, dónde vamos, qué hacemos. El miedo a  saber de qué estamos hechos. A saber qué piensa el pueblo. A saber qué pienso yo. Y las neurociencias facilitan explicaciones de un buen control de las neuronas del cerebro, pero,  ¿y la subjetividad del que indaga o explica? Una auténtica petitio principii o razonamiento circular.

Si queréis para acabar. El miedo a saber muchas cosas negativas, destructivas que hay fuera es un espejo de nuestra profundidad depredadora: envidia, celos, dominio, egonomia. Pero  esto no se acepta en uno mismo, pero se padece. No se quiere saber, pero se sabe a otros niveles. Y como no se soporta, se  descalifica, se hunde al enemigo. Si no lo conozco en mi y no lo acepto, ¿cómo lo anulo? Atacando  al otro. El gran miedo a saber sobre uno mismo o la colectividad. Como también a contemplar lo maravilloso de la vida, del tiempo, de la naturaleza, de la bondad, el amor son espejo también de nuestro fontanar  humano.

Y con Arturo Graf podemos decir: Tiene mejor conocimiento  del mundo no el que más ha vivido, sino el que más ha observado.

11 comentarios

  • fernando

    Sugerente el artículo. Pero el miedo no es opcional. Simplemente “esta”. Por eso el oráculo “aude sapere”. Atreverse es salir, puede ser confiar, pero también desesperarse…Una huída hacia adelante.
    Conocer nuestros límites no es tanto como lo que después podemos hacer con “nuestro saber”. Aceptar, aceptar hasta nuestro tuétano mas profundo y de ahí, tal vez, surja nuestro anhelo…
    Paz y Bien

  • Carmen (Almendralejo)

    El miedo a tocar, acariciar…

  • JESÚS OLLORA OLARTE

    Gracias Jaume Patuel por esta reflexión tan profunda y gracias también a los comentaristas por profundizar tanto sobre el tema.
    Me han encantado las reflexiones sobre el miedo, me las he apuntado para leerlas con calma, ahora no me atrevo a añadir nada sobre ello, gracias a todos, pero me ha emocionado sobre manera Ana Rodrigo.
    Permitidme comentar un par de frases:
    Nos dice: “Saber es conocer con la cabeza, el corazón y las manos. Lugares, personas, aspectos que son necesarios para poder vivir, crecer, madurar”. Dejadme añadir “Saber también es conocer con las tripas” . Ya que según el DRAE sacar las tripas a otra persona es como sacarle el alma.
    Y en cuanto a la última frase de Patuel citando a  Arturo Graf:, Tiene mejor conocimiento  del mundo no el que más ha vivido, sino el que más ha observado.
    Me gustaría citar otra frase creo que de San Agustín sobre Plinio.
    “Tanto leyó y tanto vió Plinio que no comprendemos cómo le quedó tiempo para escribir”
    Me apunto para reflexionar unos cuantos verbos: Saber, conocer, observar, ver, leer, sentir, notar, meditar… y en definitiva …vivir.
    Por tanto es importante el vivir una vida intensa y plena pero hay que leer no sólo en los libros de papel sino en el libro de la vida, en el libro de dentro de nuestra persona y en libro del prójimo.  
    Un saludo afectuoso para todos.
    Jesús.
     

  • pepe sala

    Lo peor del miedo es que imposibilita para asumir la REALIDAD,  y no tener que comprometerse personalmente si se asume la VERDAD sin miedo.
     
    Un ejemplo que está muy  en boga actualmente. Películas, documentales, entrevistas, artículos periodísticos, conferencias… lo que haga falta, oiga, para esconder la jodida REALIDAD que tanto miedo nos da reconocer.
     
    http://gasteizgorria.blogcindario.com/2006/02/00004-23-f-25-anos-despues-el-papel-del-rey-en-el-golpe-de-estado.html
    Y ciertamente, el miedo, es libre. Pero el miedo instintivo que cualquier naturaleza sufre, hace responder de modos muy distintos.
     
    Los perros, por ejemplo no morderían si no sintiesen miedo a ser atacados ( o porque algún bestia les ha enseñado que si muerden serán premiados con un buen sueldo y con precios muy favorables en los economatos, además de piso gratis)
     
    Cierto es que algunas razas poderosas ( el mastín) se enfrentan por un sentido de resposabilidad y son capaces de dejar el pellejo antes de abandonar a su rebaño frente a los lobos. Pero en un sentido de morder por morder, sólo y exclusivamente lo harán por miedo y porque se sienten atacados. ( los gatos tienen el mismo instinto, las ratas también ) Hay muy pocos animales que no atacarían al sentirse intimidados. Las ovejas ( y los borregos) son una de las excepciones a la regla general. No me consta que los humanos dejen de atacar al sentirse intimidados, y si lo hacen estarán a la altura de los borregos y las ovejas.
     
    Saludos, pues.

  • ana rodrigo

     Uno de los tipos de miedo, mencionado por Jaume en este post, el miedo a saber, es idiotizante, es el miedo que se dice del avestruz, es dejar que las cosas circulen, puesto que es como que si yo no las conozco es como si no existiesen.

    Este tipo de miedo se da en mil circunstancias de la vida, pero el miedo a saber de un gobernante, en relación con los acontecimientos de la actualidad en los países árabes, el opresor-dictador que no quiere saber lo que la ciudadanía pide, queriendo taparlo con represión, como estamos viendo hoy mismo en Libia, además del sufrimiento de las víctimas, es de idiotas, querer hacer desaparecer la realidad ignorándola. Esperemos que Gadafi, acabe igual que sus colegas de Túnez o Egipto.

  • Carmen (Almendralejo)

    La verdad nos hace libre, pero también nos hace encontrarnos con nuestras cavernas, con todo aquello que no hacer ver el propio límite y a la vez, el límite de l*s otr*s hacía nuestra persona.
    No hemos sido educad*s en la Verdad, y con la responsabilidad que conlleva saber esta, de ahí que al crecer con cuentos, hayamos desarrollado como personas adultas, sin llegar a la adultez de conciencia, para asumir la responsabilidad como persona que debe Ser y Estar en verdad y con la verdad por delante, aunque esto signifique seguir sintiendo un vacio en la boca del estómago.
    Por eso es tan fácil amedrartar , a las colectividades… incluso hacernos creer que vamos a perder lo que no hemos tenido nunca porque se nos fue robado desde antes de nacer.

  • ana rodrigo

    Cuando he leido el artículo de Jaume, he pensado, buen tema para la reflexión. Y me he puesto a reflexionar, fruto de ello es lo que voy a escribir, sin pretensión alguna que no sea compartir con vosotros y con vosotras lo que se me ha “ocurrido”.En primer lugar, voy a dar unas ligeras impresiones personales acerca del miedo
     
    El DRAE define el miedo de la siguiente manera:
     Perturbación angustiosa del ánimo por un riesgo o daño real o imaginario.
     Recelo o aprensión que alguien tiene de que le suceda algo contrario a lo que desea.

    Si el miedo es una emoción común a determinadas especies animales y a los seres humanos, querrá decir que todos y todas sabemos algo sobre el miedo, ya sea en sus diferentes tipos ya sea en su intensidad, o en ambas cosas a la vez. Habrá, pues, tantos estudios sobre el tema que quizá esté ya todo dicho sobre el mismo a nivel teórico. Lo que ocurre es que cuando el tema se lleva a la experiencia personal, habrá tantos matices como seres humanos.
     
    La ausencia de miedo nos hace unos insensatos. En la infancia carecemos de miedo y por eso mismo corremos tantos riesgos y somos tan vulnerables.

     La vida nos va enseñando y nos pone en alerta, aunque a veces somos sujetos pasivos, como el caso de una enfermedad o catástrofe natural. El miedo puede ser el resultado del efecto bumerang de nuestros propios actos, Es decir, en ocasiones hacemos o decimos algo ingenuamente, y se nos echa encima un chaparrón de tal magnitud que nos deja paralizados, asustados o dolidos, así como que nos produce el efecto de “gato escaldado” y nos genera el estado de alerta, que es casi consustancial al miedo, quedando marcados ya de por vida, en sentido positivo o negativo.

    Como efecto positivo, este estado de alerta no espabila, nos hace ser más juiciosos, más sensatos, más oportunos, más maduros, más precavidos, nos enseña a sortear todo aquello que nos pueda hacer daño. Y como efecto negativo, puede dejar secuelas terribles de por vida, como una violación, los malos tratos, etc.

  • Sarrionandia

    La alternativa es evangélica: miedo o confianza que, en realidad, se convierte en vida o muerte
    Se trata del trance en que aceptamos la libertad o la ignoramos. aunque, de hecho, aceptamos o rechazamos nuestro mismo Ser!

  • Gabriel Sánchez

    El miedo es un ingrediente propio del ser humano (bueno existen animales que lo sienten), de hecho hay grados y tipos de miedo, que son olidos por los animales y que producen reacciones fisicas…Pero parece Jaume entrar en un miedo un tanto más filosofico… Existen hoy un bombardeo constante desde todos los medios de ideologizarnos e hacernos instrumenales, uno puede aislarse y vivir (por miedo), a ser manipulado, instrumentado en la negación…No tener miedo es escuchar las campanas, formar el propio juicio Y ACTUAR EN CONSECUENCIA, EL MEDIO NEGATIVO ES EL QUE NOS PARALIZA…NOS INSENCIBILIZA O NOS AISLA…y ese miedo como decía dolores Aleixandre es una tiniebla persistente…Tal vez una de las cosas más valiosas dichas en una pelicula de dibujitos animados (Creo que era Kung Fun Panda), el sabio guia que era una tortuga (  Maestro Oogway  ) le decia a otro maestro (Sifu)…Olvida la ilusión del Control…parece una buena clave desde la que leer nuestros miedos…no debemos tener miedo a saber, de pensar y de actuar…con toda la fuerza y pasión de que somos capaces, incluso ante el riesgo de equivocarnos, …si  perimtimos que el miedo nos esclavice, si pretendemos tener control de todo…, el miedo nos reducira a seres aislados, arrinconados y temblorosos…Gracias Jaume…Con cariño Gabriel

  • Jaume PATUEL

    Asun, comparto todo tu comentario que es profundizar el tema, que da para mucho.
    Cómo manipula la prensa los eventos! Se ve la mota en el ojo ajeno, pero no se ve la vida del propio. 
    Un abrazo y gracias. 

  • Asun


    Me gusta el tema que tocas, Jaume. Gracias por sacudirnos del miedo y hacerlo presente en nuestra ignorancia.
     
    Es difícil trascender  el miedo neurótico que nos sobrecoge inesperadamente en una situación conflictiva,  olvidadizos como somos de lo que nos desagrada en nosotros, cuando no se quiere aceptar que lo que nos impulsa a reaccionar o sobre-reaccionar no está fuera de nosotros,  forma parte de lo que somos, pero también el miedo a saber, el miedo a hacer introspección y verse tal como se es, el miedo a relacionarse,  a verbalizar en coherencia, el miedo a ser cuestionado por la verdad,  a internarse en ella y hacerse uno con toda ella.
     
     Y esto, claro,  facilita las cosas a los que  detentan todo tipo de poder. Lo saben y se apoyan en infinitos recursos para su despliegue de aturdimiento, de distracción. Es descaradamente notorio en el mundo mediático. Los sustos previos, las medias verdades  con soluciones incorporadas mediatizadas, porque el  miedo a saber en ellos es doblemente experimentado o ignorado.
     
    Por eso mantenerse a distancia en la observación, en la no colaboración ni participación en provocar y suscitar miedos innecesarios, lejos de ser pasotismo o indiferencia, es un integrador  aprendizaje de fidelidad a  uno mismo, a los otros, a lo real,  a aproximarse y descansar en la verdad, verdad que  se vive íntimamente en la paz que somos de fondo.
     
    Esto del miedo y del saber es, pues,  un trabajo de crecimiento interior minucioso, lento, dinámico y perturbador, que no acaba nunca de sorprender,  pero liberador, el del conocimiento que no existe en libro alguno.
     
    Gracias a todos y buenas noches.
     

     

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