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Lamento a Dios por Haití

Hay un viacrucis de sufrimiento con estaciones que nunca terminan en el pequeño y pobre país de Haití. Sufrimiento en el cuerpo, en el alma, en el corazón, en la mente asaltada por fantasmas de pánico y de muerte. También hay mucho sufrimiento en todos los seres humanos que no han perdido el sentido mínimo de humanidad y de solidaridad.

De esta compasión universal nace una misteriosa comunidad que anula las diferencias, las religiones, las ideologías que antes nos separaban y nos dividían. Ahora sólo cuenta la común humanitas absurdamente maltratada, que debe ser socorrida.

Con cada haitiano que sufre bajo los escombros o que muere de sed y de hambre, también nosotros morimos un poco con él. A fin de cuentas somos hermanos y hermanas de la única y misma familia. ¿Cómo no sufrir?

Pero hay también un sufrimiento profundo y desgarrador en las personas de fe que proclaman que Dios es Padre y Madre de bondad y de amor. ¿Cómo seguir creyendo? Quejosos nos preguntamos: «Dios, ¿dónde estabas cuando se formó aquel temblor que diezmó a tus hijos e hijas más pobres y sufridos de todo Occidente? ¿Por qué no interviniste? ¿No eres el Creador de la Tierra con sus continentes y sus placas tectónicas? ¿No eres Padre y Madre de ternura, especialmente de aquéllos que son como tu Hijo Jesús los injustamente crucificados de la historia? ¿Por qué?».

Este silencio de Dios es aterrador, porque simplemente no tiene respuesta. Por más que genios como Job, Buda, San Agustín, Tomás de Aquino, Leibniz hayan diseñado argumentos para eximir a Dios y explicar el dolor, no por eso el dolor desaparece ni la tragedia deja de existir. La comprensión del dolor no elimina el dolor, del mismo modo que oír recetas de cocina no quita el hambre.

El mismo Jesús no estuvo exento de la angustia y el sufrimiento. Desde lo alto de la cruz lanzó un grito desgarrador al cielo, quejándose: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?».

Damos la razón a Job, irritado con sus «amigos» que le querían explicar el sentido de su dolor: «Vosotros no sois más que
charlatanes y falsos médicos: si al menos os callaseis, los hombres os tomarían por sabios». Pero no podemos callar. Hay demasiado dolor y la noche es tenebrosa. Necesitamos alguna luz.

Aun incluso sin luz, seguimos creyendo con el corazón partido, porque estamos convencidos de que el caos y la tragedia no pueden tener la última palabra. Dios es tan poderoso que puede sacar bien del mal, sólo que no sabemos cómo. Esperanzados, apostamos por esta posibilidad que no deja que nuestras lágrimas sean en vano. Creemos además que Dios puede ser aquello que no comprendemos. Por encima de la razón que quiere explicaciones, está el misterio que pide silencio y reverencia. Él esconde el sentido secreto de todos los eventos, también de los trágicos.

Me identifico con el poema de un gran argentino, Juan Gelman, que perdió un hijo durante la represión militar:

    «Padre,
    desde los cielos bájate, he olvidado
    las oraciones que me enseñó la abuela,
    pobrecita, ella reposa ahora,
    no tiene que lavar, limpiar, no tiene que preocuparse andando el día por la ropa,
    no tiene que velar la noche, pena y pena,
    rezar, pedirte cosas, rezongarte dulcemente.Desde los cielos bájate, si estás, bájate entonces,
    que me muero de hambre en esta esquina,
    que no sé de qué sirve haber nacido,
    que me miro las manos rechazadas,
    que no hay trabajo, no hay,
            bájate un poco, contempla
    esto que soy, este zapato roto,
    esta angustia, este estómago vacío,
    esta ciudad sin pan para mis dientes, la fiebre
    cavándome la carne,
            este dormir así,
    bajo la lluvia, castigado por el frío, perseguido
    te digo que no entiendo, Padre, bájate,
    tócame el alma, mírame
    el corazón,
    yo no robé, no asesiné, fui niño
    y en cambio me golpean y golpean,
    te digo que no entiendo, Padre, bájate,
    si estás, que busco
    resignación en mí y no tengo y voy
    a agarrarme la rabia y a afilarla
    para pegar y voy
    a gritar a sangre en cuello
    por que no puedo más, tengo riñones
    y soy un hombre,
            bájate, ¿qué han hecho
    de tu criatura, Padre?
            ¿un animal furioso
    que mastica la piedra de la calle?»

Que el Padre baje sobre el pueblo haitiano con su amor.

[Traducción de MJG]

15 comentarios

  • Gabriel Sanchez

    Es interesante mientras EE.UU. sigue entorpeciendo…Que los desalojados medicos cubanos, siguen con sus hospitales de campañay se núclean con ellos medicos de todos lados, los medicos yanquis…atienden aparte….tengo noticias que de toda América estan saliendo voluntarios para la reconstrucción…Es un acto malevolo, el intentar lograr que Haiti se reoganice politicamente sin consultar al pueblo Haitiano…Gabriel

  • MARIANA

    Les comparto estas bellas y dolorosas palabras del compositor brasileño Caetano Veloso…
    nos regalan una mirada lúcida y un corazón conmovido sobre “la verdad” de este mundo
    una mirada de denuncia y a la vez de imperiosa necesidad a tomar partido
    los abrazo desde Buenos Aires, Argentina
    Mariana
     
    Haití
    (Tropicalia 2, 1993)
    Cuando seas invitado a subir a la terraza
    de la Fundación-Casa de Jorge Amado
    para ver desde lo alto la fila de soldados, casi todos negros
    dándole palazos en la nuca a malandras negros
    a ladrones mulatos y a otros casi blancos
    tratados como negros
    sólo para mostrarle a los otros casi negros
    (y son casi todos negros)
    y a los casi blancos pobres como negros
    cómo se trata a los negros, los pobres, los mulatos
    y a los casi blancos casi negros de tan pobres.
    Y no importa si los ojos del mundo entero
    giran por un momento hacia el lugar
    donde se castigaba a los esclavos
    y hoy una batucada, una batucada*
    con la pureza de los niños uniformados
    de la escuela secundaria en día de desfile
    y la grandeza épica de un pueblo en formación
    nos atrae, nos deslumbra y nos estimula.
    No importa nada:
    ni el trazo de la edificación
    ni la lente de Fantástico
    ni el disco de Paul Simon
    nadie, nadie es ciudadano.
    Si vas a la fiesta de Pelourinho y si no vas también,
    piensa en Haití, reza por Haití.
    Haití es aquí.
    Haití no es aquí.

    Y si ves en la TV un diputado disimulando mal el pánico
    ante cualquier, pero cualquier, cualquier, cualquier
    plan de educación que parezca fácil
    que parezca fácil y rápido
    y que pueda representar una amenaza de democratización
    de la educación básica,
    y si ese mismo diputado defiende la adopción de la pena capital
    y el venerable cardenal dice que ve tanto espíritu en un feto
    y nada en un marginal.
    Y si al frenar por la luz roja, la vieja luz roja habitual
    pillaras a un hombre meando en la esquina de la calle
    sobre una bolsa brillante de basura de Leblon**
    y al escuchar el silencio cómplice de San Pablo
    ante la masacre de 111 presos indefensos
    pero los presos son casi todos negros
    o casi negros, o casi blancos casi negros de tan pobres
    y los pobres son como peste y todos saben cómo se trata a los negros.
    Y cuando te des una vuelta por el Caribe
    y cuando tengas sexo sin preservativo
    y cuando presentes tu participación inteligente al bloqueo a Cuba,
    piensa en Haití, reza por Haití.
    Haití es aquí.
    Haití no es aquí.

    *   Golpe de tambores
    ** Barrio rico de Rio de Janeiro.

  • María

    No me parece complicado de de entender este texto. Leonardo Boff se hace eco de las preguntas que los cristianos y cristianas de  a pie hemos hecho ante la catastrofe de Haití. Las hace suyas y trata de reflexionar sobre ellas.  Muchos otros teólogos han escrito también textos con preguntas parecidas,  motivados tal vez por las que les han hecho a ellos. Un grupo de teólogos de la asociacion Juan XXIII, Jose María Castillo, Xabier Pikaza, y otros .  Luego cada cual ha tratado de responderlas a su manera, de acuerdo a distintos planteamientos. Esto es magnífico y nos enriquece a todos que haya distintas respuestas y no un pensamiento uniforme.  El pensamiento uniforme mata la fe viva y personal que cada creyente debe tener.

     
     

  • Gabriel Sanchez

    Soldados de EEUU impiden a médicos cubanos prestar ayuda en Haití
     

     

    Gara
     
     
    Soldados estadounidenses y efectivos de la Misión de la ONU están impidiendo a médicos cuba- nos prestar asistencia sanitaria a los heridos por el terremoto del pasado 12 de enero, según varias denuncias de organizaciones de defensa de derechos humanos.
    Los militares obligan a los médicos cubanos, presentes en la isla antes del devastador seísmo, a levantar sus campamentos y a abandonar las áreas que ellos controlan, impidiéndoles prestar ayuda a los damnificados.
    Mientras sus soldados obstaculizan las labores de ayuda de los médicos cubanos, EEUU anunció la intención de retomar desde ayer mismo los vuelos sanitarios de los haitianos que resultaron heridos de gravedad. Esos vuelos habían sido suspendidos el pasado miércoles, debido a una polémica sobre quién se hará cargo del coste económico de esos cuidados médicos, después de que algunos estados demandaron al Gobierno federal que se hiciera cargo de parte de esos gastos.
    «Hemos determinado que podemos retomar esos vuelos indispensables», confirmó un portavoz de la Casa Blanca.
    http://www.rebelion.org/noticia.php?id=99759

    Dicen que en su ocaso…los dioses, se vuelven hambrientos de carne humana…Gabriel

  • jftamames

    No sé de que habla este buen hombre.
    La compasión univeral es un invento de Bush y los neoconservadores. Ya me gustaría que esa soberbia de quien está en posición de tener “compasión” sea algún día Caridad.

  • Gabriel Sanchez

    Bien Lali…Señor… te encomiendo mi Espiriti (Lc. 23,46)

  • Lali

    Me resulta contradictorio que alguien que dice creer que Dios ha intervenido en la historia humana a través de Jesús, haga afirmaciones como ésta: “Este silencio de Dios es aterrador, porque simplemente no tiene respuesta”. ¿En qué quedamos, ha hablado Dios o no lo ha hecho? ¿O quizá se pretende que hable todos los días?
    Los terremotos no matan, matan las techumbres de los pobres que se desploman sobre ellos. Porque la embajada de los Estados Unidos y las casas de los barrios ricos siguen en pie, ¿no es así? Por lo tanto, ¿a qué viene preguntarse por Dios?, ¿a qué viene pedir su intervención en las situaciones extremas originadas por la codicia del sistema injusto? Pedir explicaciones a Dios, ¿no nos sitúa en la neutralidad cómplice de ese orden global?
     
    Y respecto a la cita de las palabras de Jesús diciendo: “Desde lo alto de la cruz lanzó un grito desgarrador al cielo, quejándose: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”, me parece conveniente decir que el sentido de esas palabras sólo se entiende cuando se ha leído entero el formidable salmo 22, que comienza:
     
    “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”
     
    y termina diciendo:
     
    “Los desvalidos comerán hasta saciarse,
    Y alabarán al Señor lo que lo buscan:
    ¡no perdáis nunca el ánimo!…       
    …ante él se inclinarán los que bajan al polvo;
    A mí me dará vida.
    Mi descendencia le servirá y hablará del Señor,
    A la generación venidera le anunciará su rectitud,
    Al pueblo que ha de nacer, lo que él hizo”.
    Un saludo a todos
    Lali

  • María

    Hay un magnífico libro de Gustavo Gutiérrez, Hablar de Dios ante el sufrimiento del inocente, que es un comentario al libro de Job, donde se plantea esta tesis: ¿Es posible creer en Dios de forma desinteresada, sin esperar recompensas ni castigos, a pesar del sufrimiento humano? Los que tienen una concepción mercantil de la religión lo niegan, Job desmuestra por el contrario que sí es posible la fe gratuita, aunque el dolor y el sufrimiento sean una dificultad para creer en Dios.

    Boff se mantiene en esta misma línea. Se lamenta, y mucho de tanto dolor, pero no trata de justificar a Dios, ni intenta dar alguna respuesta a las muchas preguntas que él mismo se hace. Es honesto, humildemente reconoce que no las hay. Pero “aun incluso sin luz” hace un acto de fe en el Misterio, que tiene el sentido último de todas las cosas. Y nos invita a creer.

  • Antonio Vicedo

    No sólo nuestra mente o conciencia profunda son medios de correlación con otros, también y de un modo previo y constante son los sentimientos, o percepción y acción de nuestros sentidos (que seguro son más de cinco) los medios que más sensiblemente nos entrelazan con las personas y las cosas a lo largo de nuestra vida enmarcada en lugares y tiempos.
    Si nuestro ser está condicionado por la relatividad, desde ella hay que afrontar el proceso de la vida y los distintos avatares que la acompañan, dolorosos a veces, otras meramente pasivos y como insensibles y otras gozosos y felices, para llegar a un momento generalizado que llamamos muerte y del que sólo tenemos experiencia y sabemos algo porque nuestros sentidos llegan al término de su finalidad cuando la vida les quita su apoyo.
    Si algo esencial y profundo nos plantea la muerte, desde nuestra relatividad para con la Realidad TRASCENDENTE o Absoluto del que no tenemos experiencia clara y definitiva y con la que nos relacionamos por fe aceptándola o negándola, es que es cierta, general, e imprevisible en sus circunstancias normales.
    Se trata de UN MOMENTO de la vida considerado como definitivo final de nuestro ser porque así nos lo creemos (No podemos probarlo, pues ni siquiera tenemos prueba completa de LO QUE SOMOS); o como un TRÁNSITO MÁS, aunque definitivo hacia OTRA PERMANENCIA DEFINITIVA, entre los casi indefinidos, por sucesiva permanencia en los que algo cambia en nosotros (millones de nuestras células) y algo o alguien se mantiene permanente como sujeto agente y pasivo de ese permanente nacer y morir de nuestra corporeidad.
    Desde esta perspectiva, que es desde la que las gentes sencillas acomodan su existencia temporal como puente a recorrer entre un origen y un final natural, es como tenemos que encajar TODA MUERTE; la natural, como algo que escapa a nuestro conocimiento y control, consecuente con nuestra relatividad o contingencia; y la no natural, para explicarnos los por qué o para qué de la misma, por responsabilidad propia o ajena de su circunstancial realidad.
    Porque algo admitido hasta por cualquier conciencia de grado elemental de desarrollo, es que NO ES LO MISMO MORIR, que DEJAR MORIR con complicidad, O MATAR. Y esto es lo que en Haití y en cualquier parte, nos implica, no a Dios, sino a los HUMANOS. Porque LA VIDA HUMANA, o es de QUIEN la vive, o no es posesión o medio instrumental de NADIE.

  • Gabriel Sanchez

    Algunas cosas interesantes,
    Si yo fuera Judío, recordaría esta parte de la Biblia Job. 42, 1-3…

    Luego voy a volver a insistir la defensa que ya he hecho no de Leonardo, sino de todos los que sentimos a la creación como seres que Dios creó y que situó en perfecto equilibrio y comunión…y a la Gaia como uno de esos seres…Quienes no ignoramos el papel del hombre, a tal punto, que tiene la capacidad de edificar y de destruir…El Papa ya nos ha hecho la acusación de que creemos en la Gaia, como si habláramos de Dios…es decir sic de Zenith… “…Benedicto XVI no ha faltado a la cita, pero reafirmando su propia enseñanza y, por tanto, sin contentar probablemente una vez más a todos aquellos que tienden a cargar los temas ecológicos de excesivos forzamientos ideológicos.
    El punto central del Mensaje es en mi opinión un pasaje del párrafo 13, donde el Papa dice que “una correcta concepción de la relación del hombre con el ambiente no lleva a absolutizar la naturaleza ni a considerarla más importante que la propia persona”.
    La Iglesia – continúa – expresa perplejidad “ante una concepción del medio ambiente inspirada por el ecocentrismo y en el biocentrismo”, porque elimina la diferencia entre el hombre y los demás seres, “favoreciendo una visión igualitarista de la dignidad de todos los seres vivientes”.
    “Se da lugar así a un nuevo panteísmo, con acentos neopaganos, que hacen derivar de la sola naturaleza, entendida en sentido puramente naturalista, la salvación para el hombre”…

    Seguramente habrá en algún lado una concepción semejante, pero no desde la teología de la liberación que conozco, esta claro la importancia central ser humano es el único hecho a imagen y semejanza de Dios, no existe corriente que niegue esto, ni que piense que la naturaleza, sin el hombre…puede hacer “derivar de la sola naturaleza, entendida en sentido puramente naturalista, la salvación para el hombre”… El hombre no existe fuera de la creación que es un todo, entonces el cuidar a los seres de la naturaleza, creados por Dios, para la edificación humana y para su Mayor gloria de Dios… (la gloria de Dios es que el hombre tenga Vida)…
    Ergo la Vida no es posible sin los seres de la naturaleza, no entender esto y acusar de idolatría, o panteísmo neopagano a los teólogos de la liberación, es no entenderlos…simplemente…y es menospreciar una espiritualidad de COMUNIÒN CON TODA LA CREACIÒN…que es un gesto de alabanza y de preocupación de la manutención de los equilibrios ecosistémicos que Dios ha creado, para que la vida sea posible…y acusar de ideología a quienes nos preocupamos por mantener esos equilibrios y que un sistema injusto y depredador no termine rompiéndolos, es un acto profundamente cargado de ideología… Nadie confunde la Gaia con Dios…a tal punto de que ella sin la acción benéfica de todos los otros seres de la naturaleza y EN ESPECIAL DEL HOMBRE, no puede mantenerse viva…incluso es el hombre el UNICO CAPAZ DE SEMBRAR LA MUERTE EN TODA LA CREACIÓN…
    Finalmente Oscar tiene razón…no es suficiente…desde nuestros dolores de parto, clamamos a Dios por Alivio…y quienes creemos en las dinámicas Pascuales, entendemos que a veces la respuesta es la Cruz, pero no podemos evitar gemir ante el dolor…si embargo desde allí es desde Donde el Dios de la Vida OBRA LA RESURRECCIÓN… (Podría poner una cita bíblica en cada frase, pero les ahorro el agobio)… y a la oración de Juan Gelman digo AMEN…Con cariño respetuoso para todos quienes opinen igual y quienes diferente…desde un caluroso Montevideo.- Gabriel

  • Carmen (Almendralejo)

    A veces ya me resulta que todo cuanto hablamos no sea más que el blas, blas que otras personas utilizan para sus intereses, y aunque sé que este no es el motivo que nos insta a decir hasta la saciedad ¿Dónde está D*s?

    Por qué D*s no actúa y previene la muerte de personas inocentes, no deja de parecerme estéril, tan estéril como las oraciones que hacemos cuando vemos que el agua nos llega al cuello, da igual por el motivo que sea, el caso es que esta agua nos atenaza y pretende asfixiarnos, de dolor, de pena o de soledad…

    Lamentarnos a D*s, acomodarnos con los acontecimientos y sobre todo acostúmbranos a ver un día en la vecindad, en el pueblo de al lado, país vecino o continente vecino, ¡Qué más da!

    Da igual porque al cabo de unas semanas o meses quedarán en la retina y dispuesto para que alguien avispada opte por sacar tajada de las desgracias humanas, es el mismo cuento de siempre, es la historia narrada en los textos Sagrados.
    Los autores de ellos hicieron de ellas su particular pelotazo, quedando eso sí como algo adjudicado a ese dios, o dioses, que ellos mostraban como fiel, justo, enfadado o cruel.

    Hoy seguimos adjudicando parte de nuestras desgracias, de nuestras riquezas, aunque somos capaces de organizar un entremés de aquellas miserias o malas acciones de una parte de la humanidad hacía más de las tres cuartas partes de ella.

    Otra vez rentabilizaremos las desgracias que ciertas personas sufren, para adjudicarle la no acción a ese D*s que siempre supo Caminar en silencio y sin decir palabra. Son nuestras torpes palabras las que pone voz al dolor que por desgracia dejaremos de tener dentro de una hora.

    Ni la ciencia tiene la verdad absoluta sobre la vida y duración humana, ni D*s existe a la carta de ciertos arquetipos teológicos y filosóficos, del hombre. Todo lo que codiciosamente se fue adhiriendo, para a la vez descomponer y sepultar de su más recóndita raíz y del ser y estar, de la propia realidad para empotrarlo en un armario sellado para después preguntarle el por qué no sale para responder y socorrernos…

    El temblor, que como madre sabe que doloroso pero forzoso, y que esta nuestra madre naturaleza responde no es diferente a aquel otro quejido de aquellas personas secuestradas, sin luz, sin pan y sin ninguno de los privilegios de los cuales no nos privamos pero que cuando los tenemos “Creemos ser justamente merecedor*s de ellos”

  • Me atrevo desde mi incultura a aventurar algo que pienso.
    Ante Dios aparentemente impasible, ante la tragedia humana, y hurgando en mi mente las respuestas de Dios ante nuestra incomprensión. Me respondo que para Dios, vida y muerte, todo es uno. Es una balanza inestable, unas veces gana la vida otras la muerte. Pero nosotros no podemos admitir la muerte. Nuestro yo separado, busca siempre –ser-, y no admite el no-ser que representa la muerte.
    Como no admitimos la muerte, nos buscamos como los antiguos egipcios, vidas eternas. Cuando hoy se sabe que la eternidad no es mucho tiempo de reloj.
    Si admitimos que la tragedia y la muerte, acompaña inseparablemente a nuestras vidas. Entonces esta tragedia y esta muerte, pierden su virulencia y no nos perturban y entonces hacemos sitio en nuestro pequeño yo al Yo Superior, que nos permite vivir en este mundo de dolor, con serenidad y alegría. Porque nos hacemos inmunes al sufrimiento. Porque hasta el dolor, lo vivimos con un fondo de alegría. Entonces hemos alcanzado la gloria y podemos contemplar a Dios. En este mundo…
    El mundo no se ha de adaptar a nuestro pequeño yo. Somos nosotros los que hemos de adaptarnos al mundo tal cual es.

  • pepe blanco

    Ayer mismo te preguntabas, Oscar Varela, ”…qué dirá Boff … si tuviera algo que decir al respecto”, [después de habernos batido el parche hasta el cansancio con una “Gaia” viviente, en cuya “vida”, la nuestra (vida humana) se encontraría incluida – inserta y coicidente.”]

    Pues ya tenemos la respuesta: nada. Ni mu. De repente, la Gran Madre parece haber desaparecido momentáneamente del imaginario de Leonardo Boff. Tal vez haya decidido preservar la santidad de Gaia, silenciando su aspecto más asesino.

    De pronto, Boff se vuelve hacia la espiritualidad más clásica, dirigiéndose a ese Dios cristiano, supuestamente personal, pero inevitablemente distante y silencioso: «Dios, ¿dónde estabas cuando se formó aquel temblor que diezmó a tus hijos e hijas más pobres y sufridos de todo Occidente? ¿Por qué no interviniste? ¿No eres el Creador de la Tierra con sus continentes y sus placas tectónicas? ¿No eres Padre y Madre de ternura, especialmente de aquéllos que son como tu Hijo Jesús los injustamente crucificados de la historia? ¿Por qué?».

    ¿Y por qué no se lo pregunta a Gaia? ¿Dónde estabas, Gaia, cuando formaste aquel temblor que diezmó a tus hijos e hijas más pobres y sufridos de todo Occidente? ¿Por qué lo hiciste, Gaia?

    Además, en mi opinión, hubiera sido más consecuente que, en vez de asegurar que ”seguimos creyendo con el corazón partido, porque estamos convencidos de que el caos y la tragedia no pueden tener la última palabra. Dios es tan poderoso que puede sacar bien del mal, sólo que no sabemos cómo.”, hubiera dicho algo así pero referido a Gaia. Téngase en cuenta que en la hipótesis Gaia más radical, que parece ser la que defiende Boff, Gaia es un ser consciente, tiene consciencia. Por tanto, es natural pensar que quién posee y conoce el sentido del mal producido por un terremoto no es Dios, sino Gaia.

    (Por otra parte, advierto una cierta confusión en el uso que Boff hace del género. Me parece bien que hable de Dios como Padre y Madre pero, ¿por qué habitualmente habla de Gaia solamente como de la Gran Madre y no como Gran Madre y Gran Padre?)

  • Miguel González

    Parece que también Boff se ha vuelto nietzscheano. Tal vez, sí, sea la hora de pedirle a Dios que se haga responsable de su obra. Se acabó de suplicar y tal vez haya que tener mucha más fe…

  • oscar varela

    Hola!

    A mí me parece bien que Boff diga esto.

    Lo que no me parece es que sea “suficiente”.

    Yo ¡voy y apuesto por más todavía! – Oscar.

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