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Mesa compartida, sí; ni sacrificio, ni sacerdocio

Estimulado por el interés suscitado por el artículo anterior y como contestación global a quienes lo han comentado, José María nos envía este otro dando un paso adelante.

Todas las culturas tienen su religión. Todas las religiones tienen su sacerdocio. Esta institución, la religión, tiene la tarea de mediación entre los dioses y el pueblo. Los dioses imponen su voluntad a la gente, tienen que cumplir las normas que provienen del Olimpo. Y el que no las cumpla es objeto de castigo, personal o socialmente. Se castiga a los individuos y al pueblo entero que no cumplen sus mandatos. Las enfermedades son un “castigo” divino, personal. Las tormentas, la sequía, son un castigo colectivo. Así, Júpiter, el rey de los dioses, se “enfada” enviando rayos y truenos, al territorio de un pueblo que no obedece sus órdenes. Entonces, el sacerdote ofrece sacrificios para aplacar la ira de los dioses. El sacerdote es un ser especial, apartado de la gente, una persona sagrada y consagrada para ejercer un culto a los dioses. Es una persona que tiene poder para tener propicios a los dioses, celebrando cultos, sacrificios, ritos expiatorios, como la inmolación del cordero pascual. Se le da carácter divino, como personas escogidas por dios. Existe, pues, una relación entre el sacerdote, el sacrificio y el pueblo. El acceso al dios se realiza mediante los ritos que el sacerdote ofrece a los dioses, en reparación por los pecados. El sacerdote está más cerca del dios que el resto de la gente. Por eso, se acude a él y le ofrecen dones, animales, dinero, etc. para estar a buenas con dios.

Esta mentalidad ancestral es la que se ha trasladado al cristianismo. El sacerdocio hace de mediación entre Dios y la comunidad cristiana. El sacerdocio de Cristo es el único mediador entre el Padre y los fieles. Los fieles han pecado, han desobedecido órdenes, mandatos, (los 10 mandamientos), y necesitan una reparación para no cargar con la ira de Dios (“ab ira tua, libera nos, Domine”, De tu ira líbranos Señor! ¿recuerdan?) La muerte de Cristo, dicen algunos teólogos, es una reparación sacrificial por nuestros pecados. Esto es lo que dice la teología tradicional “Dios no perdona ni a su propio Hijo y lo entrega por todos nosotros”. La idea de que Dios necesita del sacrificio, y muerte, para perdonar los pecados, es sencillamente repugnante. ¿Qué clase de Dios es éste? ¿Acaso la muerte de Cristo fue un sacrificio sacerdotal?

Las primeras comunidades judeocristianas asocian la celebración eucarística con los sacrificios del AT que están muy presentes en su cultura religiosa. Eran práctica habitual en el templo de Jerusalén. No podía ser de otro modo. Seguían lo ritos propios de las religiones antiguas. Durante mucho tiempo se decía, y todavía se sigue repitiendo, que Jesús es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.

Todo esto se ha ido fraguando en el cristianismo, y surge la imagen de la Eucaristía como sacrificio. Se repite el tema de las religiones: la liberación del pecado por medio del rito de la muerte. Se ha dicho con machacona insistencia por teólogos, pastores y el pueblo cristiano que el culto al que hay que asistir los domingos y fiestas de guardar, le llamen el “santo sacrifico de la Misa”. Resulta sorprendente la cantidad de veces que se emplea la palabra sacrificio en los textos de la Misa.

Orad, hermanos, para que este sacrificio, mío y vuestro, sea agradable a Dios, Padre Todopoderoso. El Señor reciba de tus manos este sacrificio

En la Plegaria Eucarística II, se dice textualmente:

“Así, pues, Padre,
al celebrar ahora el memorial
de la pasión salvadora de tu Hijo,
de su admirable resurrección y ascensión al cielo,
mientras esperamos su venida gloriosa,
te ofrecemos, en esta acción de gracias,
el sacrificio vivo y santo”.

De nuevo, el sacrificio. Pero continúa la Plegaria

“Dirige tu mirada sobre la ofrenda de tu Iglesia,
y reconoce en ella la Víctima
por cuya inmolación

quisiste devolvernos tu amistad,…”

Estas frases suenan a blasfemia: Dios nos devuelve su amistad gracias a la inmolación de una víctima que es su Hijo… El Hijo es sustituido por el Cordero. Y el cordero hay que inmolarlo en el altar de los sacrificios para aplacar al Dios que está enojado con su pueblo por sus pecados ¿Tan cruel es Dios? ¿Necesita la sangre y la sangre de su Hijo, para recuperar la amistad con los seres humanos (SH)? El Dios de Jesús no necesita sangre para perdonar los pecados. Jesús fue asesinado, no “sacrificado”. Se ha sustituido el altar por la mesa. El sacrificio, por el disfrute de la mesa compartida, es decir, por la comensalía, en la que se comparte la comida para todos, que nadie pase hambre en el mundo, se comparte la vida, para todos los seres humanos, porque todos son hijos de Dios.

El rito, el culto religioso, que se realiza es para establecer o restablecer, la comunicación con Dios. Cristo estableció una comunicación perfecta, directa y definitiva entre el SH y Dios. No necesita de mediaciones. Jesús, al morir como murió, no ofreció a Dios ni un rito religioso, ni una ceremonia sagrada, ni un culto reparador, sino que se ofreció a sí mismo. No ofreció sangre de animales, ni pan ni vino, sino que ofreció su vida, su propia sangre. Su ofrenda consistió en ofrecer su propia humanidad. Jesús rompió con las normas y prácticas religiosas, porque para él lo importante no son los ritos sagrados que le relacionan con Dios, sino la relación humana solidaria entre todos los seres humanos en la realidad de la vida, la fraternidad universal. Lo importante en cualquier religión, no es Dios, sino la gente, las personas. Dios no necesita nuestra adoración, ni nuestra alabanza ni nuestro servicio, ni nuestros ritos. Para muchos jerarcas, sacerdotes y teólogos, el culto es el centro de la religión. Es lo que pasa en muchas religiones que el culto lo es todo. En la iglesia católica actual el culto tiende a ser casi la única expresión de la iglesia.

La gran revolución religiosa llevada a cabo por Jesús consiste en haber abierto a los seres humanos otro camino de relación con Dios, distinta del culto, de lo sagrado, distinta de los ritos y ceremonias religiosas. Es decir, el camino sencillo de la relación con el prójimo que no pasa por la Ley. Y la relación ética, no religiosa, vivida como servicio al prójimo y llevada hasta el sacrificio de uno mismo. Jesús abrió otra vía de acceso a Dios a través de su propia persona, aceptando pagar con su vida al combatir esa creencia de que el culto religioso de los sacerdotes tenía el monopolio de la salvación. La salvación venía de otra parte. Jesús denunció los abusos del poder religioso y del poder político. “Jesús dejó sentado que el camino hacia Dios no pasa por el Poder, ni por el Templo, ni por el Sacerdocio, ni por la Ley. Pasa por los excluidos de la historia.” (González Faus) En adelante ya no hay sacerdocio que valga. La comunicación con Dios es una relación filial, de Padre a Hijos, no de mediación sacerdotal. Ni el sacerdocio personal, ni el llamado sacerdocio de los fieles.

Sacerdocio, propiamente tal, no existe ninguno en la Iglesia. En todo el N.T. sólo se habla de sacerdocio cristiano aplicándolo a Cristo, pero en el sentido de una transformación revolucionaria en el concepto mismo de sacerdocio. Porque el sacerdocio de Cristo no es un sacerdocio ritual, sino existencial. Es decir, se trata del sacerdocio que se realiza y se vive en la existencia entera. No limitado a los ritos y ceremonias del Templo y del culto sagrado.

En la Iglesia se empezó a hablar de sacerdocio en el s. III, aplicado a los dirigentes (presbíteros) de las comunidades. Hay una alusión en la 1 Carta de Pedro donde se habla de un “pueblo sacerdotal”, pero eso no pasa de ser una pura denominación. Y además una usurpación que hizo la Iglesia de algo que correspondía, más bien, al judaísmo.

El sacerdocio de los fieles, del pueblo de Dios, es una de tantas interpretaciones, bonita, pero innecesaria. ¿Qué intermediación o qué sacrificio ofrecen? La comunidad como tal no es tampoco mediadora entre Dios-Padre y los creyentes. Son los creyentes mismos los que se relacionan directamente con Dios. La religión que Dios quiere, la comunicación con Dios que nos ha dejado Jesús como horizonte, es el culto, personal y comunitario, de la propia vida, la vida honrada, honesta, bondadosa, compasiva, servicial y solidaria.

 

17 comentarios

  • Santiago

    Cristo es el sacerdote eterno…porque, así como el sacerdote en la Antigua  Alianza era el oferente de la víctima ofrecida que era un cordero….y se necesitaba pues el que ofrecía y la ofrenda…Jesús fue a la vez el oferente y la ofrenda….”El cual..habiendo ofrecido plegarias y súplicas al que le podía salvar de la muerte..aún con ser Hijo, aprendió de las cosas que padeció lo que era obedicencia, y consumado, vino a ser para todos los que le obedecen, causa de salud eterna” (Hebr. 5, 7-9)

    Este sacerdocio eterno es al que Cristo asoció su Iglesia…especialmente a los Doce y sus sucesores…La Iglesia siguió el mandato de Jesús de bautizar, confirmar, perdonar pecados, celebrar la Eucaristía, bendecir el matrimonio, curar a los enfermos de alma y cuerpo, y continuar el ministerio..Jamás la Iglesia, como Pueblo de Dios, podría haber inventado ritos extraños sacramentales…donde se perdonaban pecados y se comía carne y se bebía sangre…Para los judíos no era mas que una tremenda blasfemia…Sin embargo, los discípulos lo oyeron claramente en boca de Jesús…e hicieron los que los ordenó…

    Por eso el rescate y la expiación es permanente y continuará hasta “la consumación de los siglos” “El Hijo del hombre no vino a ser servido sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos” (Marcos 10,45)

    Jesús es quien “quita el pecado del mundo” (Juan 1:29)..”Jesús es propiciación por los pecados y es tambien expiación por ellos (1 Juan 2:2)

    Jesús “El cual fue entregado por causa de nuestras transgresiones” (Rom 4,25)

    “Esto es Mi cuerpo que por vosotros se entrega” (Mc 14,22)

    “Esta es mi sangre que se derrama por muchos para la remisión de los pecados” (Mt. 26, 26)

    “Haced esto en Mi memoria” (1 Cor. 1, 24)

    “Porque cuantas veces coméis de este pan y bebéis de este caliz, anunciáis la muerte del Señor hasta que

    venga” (1 Cor. 11, 26)

    Un saludo cordial

    Santiago Hernández

  • h.cadarso

    Yo me repito mucho, perdónenme…Hay un camino hacia Dios a ras de suelo, que no une con todos los seres humanos y con todo lo creado, y en ellos vemos a Dios y le adoramos. Pero hay otro camino en vertical, el que nos señala el Padre nuestro. Cuando llegamos al final de ese camino a ras de suelo que nos une a todo lo humano y a todo lo creado, se nos presenta ese otro camino vertical, vemos al Padre. Lo que pasa es que de tanto intentar volar en vertical, tanto dejar de lado a los hermanos, terminamos por perderlos a ellos de vista y al perderlos a ellos perdemos al Padre y nos quedamos solos, estériles, como la higuera que se secó porque no daba fruto.

    El culto, la oración, la búsqueda de Dios más allá del camino a ras de suelo, es el complemento necesario e ineludible. Al final del amor de los hermanos está siempre Dios esperándonos, nos abraza, se nos da…

     

     

     

     

  • M.Luisa

    Te entiendo perfectamente Asun  y es que conociendo, como presumo, tu pensamiento  no puede ser de otro modo.  Sólo que , según el sentido que le doy,  la frase   “La Religión que Dios quiere…” debido a todo lo anterior críticamente  expuesto por el autor, no debería ser interpretada, creo, más que  considerándola como una manera de hablar, es decir, sin una previa depuración  sobre la idea de Dios y  la idea de religión que tan erróneamente han circulado en la historia de la iglesia, pienso que tal presunción   bien podría venir dada   por parte  de los lectores/as  ya que  aquí de sobras se ha hablado  y mucho  de lo innecesario de la mediación sacerdotal y de cómo para su supervivencia de tal privilegio se agarra la iglesia.

    Un abrazo también para ti!

  • Asun Poudereux

    Está muy bien, M.Luisa, que insistas en ello y te lo agradezco de verdad, porque es muy claro lo que en tu último comentario expresas para todo aquel que ya está situado en esa visión, o al menos en su umbral. Además de dar al autor el reconocimiento que merece al compartirlo. Y puedo vislumbrar que el autor habla de modo abierto, conocedor y muy sincero, sin desear ir más lejos de lo que provoca mi sospecha.

    Lo que a mi parecer, puede seguir confundiendo en la necesidad de la religión, sin cuestionarse mucho más, es el proclamar a modo de conclusión, “La Religión que Dios quiere…”, pues no puedo evitar de sentir sospechas de más de lo mismo, aunque esto no sea la intención ni el caso del Sr. García-Mauriño, al que pido disculpas por mis cuestionamientos, que, acertados o no, son abiertos y dirigidos a la religión tal como nos ha llegado y en mi manera personal de verlo.

    Insisto , pues, en que la Iglesia Institución, como hemos visto a lo largo de la historia ha sabido muy bien, digamos, en líneas generales, inculturalizar, ir cambiando, integrando y armonizando en apariencia, gestos y palabras, pero al final, no parece que haya ido, ni va más allá de seguir manteniendo sus privilegios conquistados e incuestionables, y entre ellos, ser intermediarios de Dios, conocedores de Su Voluntad. Aquellos no se cuestionan, por tanto, ya que es bien sabido, que en la Iglesia Institución no existe la democracia participativa, y es más, incluso desde ella, se habla y se publica desde las más altas instancias de la imposibilidad que así sea. Por lo que, cuando se habla de comunidad en sentido religioso, se hace difícil no visualizar al rebaño.

    Y finalmente, creo que en esto estamos de acuerdo los participantes: en el camino se ha tergiversado a Jesús y su experiencia de Vida, al no poner todo en la realidad de la persona y sus múltiples potencialidades, en el ser humano armónico, en lo intrapersonal e interpersonal conjunto, que va descubriendo su sentido y profundidad, desplegándose en consciencia, madurez y compromiso coherente, en libertad y amor a la vida que es y somos.

    Conclusión: la formación y educación constructo-proselitistas, hasta ahora conocidas, con todos sus condicionamientos, tradicionales e históricos, están fuera de lugar.

    Un abrazo.

  • M.Luisa

    Discúlpeseme que insista, la frase final del autor creo que no ha sido bien interpretada. No comprendo porque  de ella se extrae que el autor quede encerrado en el horizonte de la “Religión y del Culto” cuando el núcleo de su argumentación sobre  la accesibilidad  a Dios es, ensalzar precisamente nuestra inmediatez en contra a cualquier mediación religiosa.

    Mi interpretación de esta frase:

    ” La religión que Dios quiere, la comunicación con Dios que nos ha dejado Jesús como horizonte, es el culto, personal y comunitario, de la propia vida, la vida honrada, honesta, bondadosa, compasiva, servicial y solidaria”.

    La oriento teniendo en cuenta que la expresión “la religión que Dios quiere”  con respecto a lo dicho por el propio autor anteriormente no es aquella que mediante un saber especulativo nos vincula a un objeto (al objeto Dios) atándonos   a él mentalmente.  No se trata de vinculación objetiva sino de religación sentida, (su realidad y la nuestra propia) este es el horizonte traído por Jesús. Es un horizonte físico terrenal, real y ascendente que él mismo ( que el mismo horizonte en que estamos, vivimos) nos impele, nos impulsa, nos obliga a cultivar.

  • Si Mª Luisa. Lo he visto gracias. No sigo con el dialogo. Porque es ajeno al hilo de Tamayo y este.

    Te dejo el enlace a un blog cutre que tengo. Puedes poner el comentario que quieras. Que te contestaré.

    http://artesaniaydemas.blogspot.com.es/

  • M.Luisa

    No sé si habrás visto Luis mi comentario de ayer que te envié sobre la lectura del libro de Pearl, lo dejé en el mismo portal donde dialogamos.

  • ” Para muchos jerarcas, sacerdotes y teólogos, el culto es el centro de la religión. Es lo que pasa en muchas religiones que el culto lo es todo. En la iglesia católica actual el culto tiende a ser casi la única expresión de la iglesia.”

    Es triste que una millonada de gente 1200 millones dicen. Tengan como referente espiritual una religión que no es mas que fachada. Hacen de Dios un TU, y entre ese tu y el fiel, se interpone el sacerdote. Triste.

    Al margen de si se cree en la historicidad de Jesús o no. Los evangelios albergan mucha sabiduría. Proveniente de la rica espiritualidad egipcia.

    Una cosa es leer la biblia para aprender. Y otra. Las “expresiones externas” de un sentimiento interior, que la Iglesia hace se quede en la superficie.

    Dios está en nuestro interior. Lo descubrimos introspectivamente. Sobran sacerdotes, y sobra Iglesia. Maestra de lo exoterico, no de lo esotérico.

     

  • M.Luisa

    Pienso que es todo lo contrario, el autor no se queda encerrado en el horizonte de la “Religión del Culto” sino que retrocede  más allá de él para explicarse y para explicarnos la situación anterior a todo este tinglado  y entender de alguna manera cómo se ha llegado a él,   y lo que descubre es que con la religión del culto   precisamente se cerró la posibilidad de realizarnos por nosotros mismos  en el  horizonte  abierto por Jesús. Este es el horizonte “ de lo real, de la realidad , del Reino, que por “estar” en él nos religa, nos tiene religados. Fue más tarde que vino la iglesia y con ella la religión ¿No os acordáis de la frase le Alfred Loisy, el teólogo modernista? ¡Jesús anunció el Reino y lo que vino fue la iglesia!

  • M.Luisa

    No será, teniendo en cuenta la lucidez de todo el escrito y su coherencia interna, que culto no haga referencia a culto religioso sino a cultivo, a cultivar lo personal, cultivar: cultivar la tierra, cultivar de profundizar.

    Profundizar la vida, lo dado… lo dice él mismo,  según entiendo: cultivar  la propia vida, lograr que sea  vida honrada, honesta, bondadosa, compasiva, servicial y solidaria. Esto es lo que antes de toda religión nos religa.     

  • oscar varela

    Hola!
    Leo de la Cumpa  Asun:
    – “me entran ciertas dudas con la frase final conclusiva”-
    Asun lo expresa bien.
    ……………………
    A mí, la duda que me “entra”
    (nota filosófica: parece que el ser humano no puede “quedarse” en la duda, sino que lo vemos “entrando-saliendo” de ella)
    es la de que el Autor (Cumpa José María) –después de lo muy significativo que hubo dicho- se haya quedado encerrado en el horizonte de la “Religión y del Culto”. A eso se refiere mi Alerta-calificatorio del Lampeduza (gatopardismo).
    Mi duda se inclina más a favor del Autor. Pero eso lo dirá él.
    …………………….
    Por otra parte es de felicitar su enfronte claro y sin tiquis-miquis de Sacristía.
    …………………….
     
    PS.: El Título habla de una Mesa, donde todos damos por entendido su significado (Misa). Sin embargo pienso que podría tratarse de una cooptación reduccionista de la Propuesta de Jesús.

  • Asun Poudereux

    Gracias al autor de este artículo, y a Atrio, su publicación.

    Es, sin dudarlo y en principio, un paso hacia adelante que intenta dejar atrás lo que en estos tiempos es ya imposible de admitir, si tan solo se es capaz de atisbar lo que el amor es y conlleva en la vida, sin más conocimientos bíblicos y exegéticos.

    Sí, de acuerdo, vuelvo a lo mismo, eso puede ser, un pasito hacia adelante, pero me entran ciertas dudas con la frase final conclusiva, que Oscar empieza, y M. Pilar continúa en la parte mejor del todo que parece implicar.

    Y por qué no decirlo, muy mal tienen que estar las cosas en Religión para que se opte, en teoría hasta ahora, por el vale más perder que más perder, para afirmar, incluso, lo dicho al final del artículo. Cuando tal y como se nos dice también en el artículo lo que Jesús hace es dar la espalda a la tradición religiosa basada en la Ley y en la intermediación sacerdotal.

    Jesús se libera de ello, lo que no le hace olvidar y no olvida, en la experiencia de la vida cotidiana al ser humano en interrelación con todo lo que es, no excluyéndole de su relación directa e inmediata con lo que Jesús llamó Padre y que seguimos, dada la fuerte inercia, llamando Dios.

    Sí, sin saber ni conocer LO QUE ES, Jesús es el primero que lo admite, pero anima a experimentar e intuir un qué sé yo, al acoger y amar al otro como a uno mismo y que nadie puede arrebatar, lo que es más parte nuestra que nosotros mismos.

  • ana rodrigo

    Poco o nada que añadir a lo expuesto por Mauriño.

    En Comunidades Cristianas Populares ya hace mucho tiempo que celebramos el encuentro comunitario como un compartir, simbólico del pan y el vino, y real en lo que se refiere a compartir objetivos, reflexiones, vida, etc. con el fin de llevarlo en nuestra vida real y cotidiana permanentemente, no sólo el ratito de la celebración. La fórmula de la memoria de la cena con sus amigos y amigas, hemos elegido una de las cuatro o cinco que aparecen en el NT en las que se habla de alianza no de sacrificio.

    En segundo lugar, y a pesar de lo urgente que es limpiar de todo culto a la muerte de Jesús como chivo expiatorio de nuestros pecados, quizá sea lo más difícil de reformar para la Iglesia, porque, como dice José María, “En la iglesia católica actual el culto tiende a ser casi la única expresión de la iglesia”. Popularmente se dice “yo soy creyente pero no practicante, es decir no voy a misa ni nada de eso”. O aquella persona que me dice un sábado al salir de misa “bueno, ya hemos cumplido”. A eso se reduce la asistencia a misa por parte de la mayoría de la gente.

    Y no hablemos de las lamentables y pobres homilías de los sacerdotes, revestidos, no sólo de sus solemnes, obsoletos y ridículos ropajes, sino de autoridad sagrada y absoluta en el templo. La mayoría de sacerdotes, si son mayores (que los son la mayoría), muchos no han actualizado su formación teológica, y si son jóvenes, casi peor, porque deberían actualizarse ellos mismos y no lo hacen. Me refiero a las homilías, pues al rito no hay quien lo toque. Siempre hay excepciones, pero la mayoría de la gente sale de la misa igual que entró, su celebración no ha cambiado nada sus vidas, y la gente que es buena, lo es porque su conciencia ética se lo indica, no por lo que el cura ha dicho, y menos por asistir a un rito tan arcaico que no les dice nada, es una rutina hueca, sin cuestionamiento alguno de tantos porqués como aquí nos dice Mauriño.

    A pesar de que pedir un cambio profundo es causa perdida, habrá que ir empujando para conseguir pequeños pero significativos avances.

  • mª pilar

    la comunicación con Dios que nos ha dejado Jesús como horizonte, es el culto, personal y comunitario, de la propia vida, la vida honrada, honesta, bondadosa, compasiva, servicial y solidaria.

    Esta mirada… ¡Me encanta!

    Lo que nos han metido a sangre y fuego en nuestras mentes y corazón, es como explica el art. otra bien distinta.

    Y ha causado tanto daño a los “creyentes”… diría mejor, a las personas que necesitan ser llevados. No porque estén convencidos, sino quizá por temor … al castigo que con tanta fuerza, siguen “predicando los “pastores”.

    ¿Ellos están convencidos de lo que siguen predicando?

    Pienso, que a poquito que pensemos… si de verdad:

    ¡Escuchamos las Palabras de Jesús! 

    Algo tendría que removernos por dentro.

    Las preguntas tendrían que llevarnos a buscar, experimentar, optar.

    Claro… eso conlleva un precio; o seguimos como ovejas al matadero… o nos dejamos impregnar por la inmensa grandeza del Mensaje de Jesús, que se destila sin remedio de su lectura serena, silenciosa… ¿para qué?:

     ¡Para que sea ella misma la que se ilumine y nos ilumine!

    Jesús así lo vivió, y esa fue la causa de su tremendo final; en el, se nos muestra, nuestra dureza de corazón, cuando nuestras falsas “seguridades” están en peligro; y nos repetimos:

    “Más vale pájaro en mano… que ciento volando” 

    Y volvemos una y otra vez… a las “seguridades” que el temor a perder, no sabemos muy bien que es; pero el “más allá” nos asusta, nos previene.

    ¿Y si hay… lo que nos dicen que hay?

    Ahí está la fuerza que entra en nuestro psique, ante lo desconocido.

    Me he preguntado desde muy temprana edad, el porque de el nulo interés por descubrir, qué impera dentro de mi mente y corazón.

    Cierto es, que esto acarrea “problemas” ¡por supuesto, ninguno tan serio que rompa nuestras vidas!

    Bueno, solo en aquellas personas que lo tienen muy claro el seguimiento de Jesús, y ponen toda la carne en el asador… hasta dar la vida si esto fuera necesario, en defensa de aquello a lo que se habían entregado.

    Todas nuestras posibles dudas, si buscamos con verdad, están ya resueltas en sus palabras… en la suyas… no en los “apaños” o las comodidades que el miedo… a perder las prerrogativas  conseguidas… como muy bien nos explica este art.

    No hay duda razonable, que el Mensaje de Jesús, no nos responda con claridad a cada una de ellas; otra cosa es..:

     ¡Que nos guste lo que nos dice!

    Acabo de escuchar en la SER, el estudio que han realizado, sobre nuestro pensar, respecto a la:

    ¡Desigualdad!

    Resultado (no recuerdo el porcentaje, pero pueden buscarlo y escucharlo en directo)  la gran mayoría de las personas encuestadas… prefieren..:

    ¡Quedarse como están, que luchar por un mundo mejor y más igualitario!

    Es muy triste, pero es lo que vemos cada día en nuestro cotidiano vivir.

    mª pilar

     

     

  • Gonzalo Haya

    José María defiende, con acierto y entusiasmo, un Jesús laico que propone una espiritualidad laica, el Reino de Dios. Otra cosa es si los pueblos necesitan concretar la espiritualidad en doctrinas, preceptos, y ritos; es decir, en religiones. Pero esto sería tema de sociólogos; Jesús concretó lo más profundo de la espiritualidad en la fraternidad con los más necesitados, y rehuyó las normas y ritos de su religión judía. Creo que a la exégesis bíblica le queda la tarea de aclarar los matices de los cuatro relatos de la Última Cena (o cinco, si incluimos a Juan); y especialmente la mención (¿original?) de la alianza y el haced esto en memoria mía.

  • George R Porta

    La razón de ser de cualquier sacerdocio es la religión. Hablar de religión sin sacerdocio carece de sentido.
    En la actualidad, hay suficiente número de creyentes que no requieren mediación con la divinidad. La misma noción de divinidad está en disputa porque es de origen muy antiguo y no se sabe qué significado tiene. El cristianismo la heredó de los judíos quienes no fueron siempre monoteístas y del paganismo politeísta y henoteista de los griegos y romanos.
    La religión, per sé, no es necesaria, hay muchas personas no religiosas que llevan una vida honorable y Buena.
    La lectura sacrificial del asesinato de Jesús el Galileo de Nazareth que hizo Anselmo en el siglo xi, aunque no fue el primero, nunca ha sido dogmatizada porque es demasiado controversial y descansa sobre todo en la tradición sacerdotal que en el NT la compleja Carta a los hebreos propone y promueve.
     

     

  • oscar varela

    Hola!
    Leo:
    – “La religión que Dios quiere,
    la comunicación con Dios que nos ha dejado Jesús
    es el culto …”-
    Dicho esto así, todo lo demás es mero bla bla bla
    ¡Siue la religión!
    El Gatopardismo tiene la sutileza de ser “imperceptible”.
    ¿No?

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