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Sacerdotes casados

 

Esta vez me atrevo a presentar en este “martes teológico” un artículo que me pidió la revista Concilium y que ha sido publicado este año en las seis diferentes lenguas (alemán, croata, español, inglés, italiano y portugués) en que se edita esta prestigiosa revista. Puede verse la ficha de la editorial y el sumario completo del número 340 cuyo título es Ser cristiano. Yo, desde ATRIO, lo dedico expresamente a Jerónimo y a Clelia, pioneros entrañables, y a todos los que en ATRIO buscan una auténtica nueva espiritualidad.

Una experiencia a tener en cuenta

Por Antonio Duato Gómez-Novella

Editor de Iglesia Viva y promotor de Atrio.org

 

Hablar de sacerdotes católicos casados no es un tema de futuro, que podría algún día permitirse en la Iglesia Católica. O un tema marginal: el de sacerdotes de rito oriental o procedentes del anglicanismo. Es una realidad ya existente, de la que hay una vastísima experiencia, presente ya en todas las diócesis del mundo y en número estadísticamente significativo: la de los sacerdotes que han dejado su ministerio sacerdotal por haber escogido la vida matrimonial. Empiezan a  aparecer estudios sociológicos sobre este tema, donde se recogen no sólo estadísticas sino, sobre todo, relatos vivos de esas vidas[1].

Basándome en estos relatos, en el conocimiento de otras muchas vidas y en mi propia experiencia –fui durante 34 años sacerdote católico en ejercicio y llevo otros 20 años de casado y padre de familia– me gustaría  señalar algunas reflexiones sobre la vida del sacerdote casado.

* * *

Existe el sacerdote casado clandestino. No deja su ministerio aunque viva plenamente una vida conyugal, a veces incluso con hijos y con algún tipo de reconocimiento civil del contrato matrimonial. Y aunque esta situación sea conocida, frecuentemente la permisividad del obispo y la comprensión de la comunidad le permiten seguir con el ministerio, mientras la convivencia se disimule con cualquier otro supuesto vínculo familiar. Parece que este tipo de sacerdotes casados se está extendiendo, evitando la salida de muchos sacerdotes necesarios para la atención de las comunidades. La vida conyugal y paterna hace con frecuencia al sacerdote una persona más comprensiva y centrada en su ministerio. Sin embargo, creo que un verdadero amor exige el hacerlo público, antes que nadie a los responsables y miembros de la comunidad cristiana. Es una violencia cruel tener que ocultarlo. Y resulta sobre todo injusto para la persona cónyuge que, aunque sea libremente, lo entrega todo a su ser amado sin que sea reconocida y tenida en cuenta en el trabajo sacerdotal ni en su vida social.

Existe el sacerdote casado que, aún habiendo hecho pública su vida familiar, no ha solicitado la reducción al estado secular ni renuncia a seguir ejerciendo su ministerio. Generalmente es porque la comunidad cristiana a la que sirve, aunque sea una parroquia oficial, le defiende frente a la pretensión episcopal de sustituirle. Los feligreses confían plenamente en él, ya que su condición de casado es asumida plenamente y valorada positivamente por la mayoría. En estos casos el amor no es clandestino y la presencia de la mujer es reconocida, pero se produce una insana tensión entre mantener el carácter institucional de su ministerio y contradecir expresamente una norma jurídica de esa institución. Es posible, como en el caso anterior de los sacerdotes casados clandestinos, justificar esa contravención de una norma canónica por motivos superiores de fidelidad a una comunidad cristiana a cuyo servicio se sienten dedicados. Pero implica estar continuamente replanteando interiormente por qué se está actuando oficialmente como ministro de una institución cuyas normas se inculcan manifiestamente. Y esto no lo considero psicológica y espiritualmente sano. [Añado para ATRIO: esta opción de no renunciar al ministerio, aún después de haber público el compromiso de pareja, tal vez deba ser más valorada estratégicamente. A veces se realiza con una serenidad y coherencia impresionantes, como en el caso de Julio Pérez Pinillos en España].

La situación sobre la que me gustaría seguir reflexionando es, en cambio, la del sacerdote que en un momento de su vida se ha abierto plenamente al amor conyugal y a la paternidad, haciéndolo público en su iglesia y en su sociedad, con todas las consecuencias. Esto supone la solicitud formal o la práctica de hecho de la secularización, con la pérdida de todo oficio en la iglesia que vaya ligado al ministerio sacerdotal. Generalmente comporta también la pérdida del trabajo docente en facultades eclesiásticas e incluso en centros civiles si se era profesor de religión. Éste sacerdote no considera como castigo el permanecer en la Iglesia como un simple laico. Para él es más bien una opción y una liberación, por muchos sacrificios que comporte. A este tipo de sacerdote casado me referiré en las consideraciones que siguen.

1. Una opción por el estado laical hecha por un sacerdote católico debe ser un acto plenamente libre y bien meditado. Para una persona que lleva muchos años (diez, veinte e incluso treinta o cuarenta) marcada por ese ministerio no es cuestión baladí, ni puede tomarse una decisión así bajo presión de acontecimientos o de otras personas, en depresión o “tiempo de turbación”. La persona deberá tener suficientes bagaje de conocimientos y de inteligencia emocional para analizar la complejidad de ese cambio en un momento determinado de su vida. Debe tener en cuenta el bien propio (incluidos sus sentimientos y mociones interiores) y también el bien de quienes dependen espiritualmente de él. El discernimiento del mejor camino a seguir lo debe hacer en solitario. En todo caso, se pueden seguir las normas clásicas de discreción de espíritus, como las que expone San Ignacio en los Ejercicios. Pero yo no recomiendo ni plantearlo al obispo o a otros compañeros sacerdotes hasta que no se haya tomado la decisión personal. También conviene tener plena sinceridad con uno mismo. Y si el planteamiento de cambio de estado ha surgido por el encuentro con una mujer, al abrírsele un nuevo proyecto de vida, hay que tener muy en cuenta este factor y no tratar de poner el acento en otros motivos. El enamoramiento no es una debilidad sino un momento de luz y creatividad. Y la mujer no está ahí para ser tentadora sino compañera de vida.

2. Comunicar la decisión tomada al superior, a los compañeros, a los íntimos y a la comunidad se suele hacer con la mayor naturalidad y transparencia. Ya han pasado afortunadamente los tiempos en que estos trances suponían un estigma social, una calificación –a veces interiorizada– de traición y generalmente una huída en secreto a otro lugar distante. Es muy conveniente en estos primeros momentos no dejar que juicios negativos lleguen a dañar la propia conciencia y la autoestima. Como tampoco permitir que halagos o mera curiosidad de otros le hagan a tal sacerdote un héroe o un iluminado. Creo que en ese momento de la ruptura, con todas las energías que proporciona una decisión vital de ese tipo, es conveniente un cierto retiro de lo público y la construcción de las bases de la futura vida: la familia y el trabajo civil sobre todo.

3. Es importante que en la nueva vida se conserven lazos con la comunidad eclesial para no sentirse totalmente desplazado de ella. Tengo la experiencia de muchos compañeros que han conocido una nueva dimensión de ser cristiano y miembro de la comunidad eclesial desde esta nueva perspectiva: participar en las eucaristías pero como uno más, sin presidirlas, asumir alguna responsabilidad de catequesis o asistencia social, seguir con una comunidad de base o con un grupo de trabajo teológico… Al dejar el sacerdocio ministerial se descubren nuevas vivencias del ser cristiano y del sacerdocio común.

4. En lo que más suelen coincidir quienes han pasado esa experiencia es en que han madurado como personas adultas, sabiendo lo que es trabajar como cualquier persona para alimentar una familia, tener la responsabilidad de seres muy concretos y con necesidades muy concretas. La vida se hace más real. El sacerdote casado se da cuenta de que su vida clerical estaba situada en un escenario irreal de privilegios. Teóricamente se privaba de tener una familia para servir mejor a los demás pero en la práctica era un solterón caprichoso. Parecía que antes  era una persona ocupada pero ahora ha aprendido que se puede hacer mucho más de lo que hacía. Muchos le llamaban padre pero de nadie era padre de verdad.

5. El sacerdote casado fundamentalmente cambia la comprensión de lo que es la mujer y la sexualidad. Puede haber sacerdotes que vivan con total integración y paz su celibato. Con mucha frecuencia, el sacerdote casado recuerda que la relación ocasional o profesional con una mujer representaba un despertar de la atracción sexual, una tentación que exigía control y dificultaba el trato normal. En cambio ahora, al estar centrada su vida en una mujer, trata a las demás con la naturalidad de compañeras o amigas. Por otra parte, nota el sacerdote casado cómo de repente un cierto atractivo indefinido e inconfesado que tenía su persona para las mujeres, sobre todo célibes pero también casadas insatisfechas o con instinto maternal, desaparece de repente. Deja de ser el oculto deseo de muchas mujeres porque ya es público que su vida pertenece a una concreta. Salvo excepciones que doy por supuestas, aunque he conocido más bien pocas, el celibato suele ser una máquina de obsesiones sexuales, tanto en activa como en pasiva. Cada uno se las arregla –sueña, juega, sustituye, sublima o reprime– como puede. Todo es muy humano y comprensible, mientras no constituya un abuso de poder, que con frecuencia ocurre y no sólo con menores. Pero el sacerdote casado aprende por primera vez lo que es de verdad normal entre el hombre y la mujer y se da cuenta con pena del mucho tiempo y energía espiritual que ha tenido que emplear para ir afrontando durante tantos años la irresuelta cuestión del sexo y de la mujer.

6. Aun con dificultades –porque desde la adolescencia y juventud no fue preparado para una sana relación de pareja sino para todo lo contrario– el sacerdote casado suele llegar a lo esencial del amor conyugal, la mutua entrega total de la vida, en cuerpo y alma. Vivir el realismo de este amor sin límites, en el que lo más corporal y lo más espiritual vibran al unísono, es una experiencia única para la realización personal. La espiritualidad cristiana que hemos vivido hacía de la carne un enemigo del espíritu y de la moción sexual una pasión desordenada. Pablo y, sobre todo, Agustín tienen mucho que ver en ello. Y se ha hablado mucho de amor, sin tener en cuenta que el analogatum princeps del amor ha sido y será siempre el amor conyugal concreto, en el que se unen eros y agapé. A partir de esta experiencia básica es como la persona se abre con naturalidad al amor y al respeto hacia otras personas. Hablando de esto un famoso teólogo me decía: “comprendo tu camino, pero yo me doy cuenta de que no he sido llamado al amor de proximidad. Sin quererlo le había salido una expresión lúcida pero tremendamente antievangélica[2].

7. Pero si el sacerdote casado ha recibido el don de ser padre, esta experiencia cambia más aún que el amor conyugal las estructuras más profundas de su personalidad. Si la experiencia del amor conyugal es vivida como una novedad por el sacerdote,  la experiencia de ser realmente padre en general no era ni sospechada por él con anterioridad a su cambio de estado. Si esta experiencia es transformante de la vida incluso de los más jóvenes, mucho más lo es de quien llega a ella con la madurez de años y experiencia. Ese largo proceso continuo, hora a hora, día a día, en cercanía y entrega total con el hijo que desde el momento de la concepción te va haciendo padre, es la gran sorpresa para la mayoría de los sacerdotes casados. Lo más tuyo es lo menos tuyo. El hijo engendrado depende totalmente de los padres, pero no es para los padres. Al ser padre entiendes a Dios, te sientes creador como Dios y a la vez totalmente receptor de un insospechado don que da sentido por sí sólo a toda tu vida. La responsabilidad surge, sin necesidad de otra fundamentación, de la experiencia de paternidad. Es absurdo que una organización como la Iglesia prive por principio, de una manera universal, a sus cuadros dirigentes de esta experiencia. Cualquier intento de asumir ese mismo sentido de responsabilidad respecto de los hijos espirituales es incapaz de sustituir esa experiencia primaria de la paternidad real. Cualquier sacerdote casado que haya vivido la doble experiencia de la responsabilidad pastoral y paterna puede atestiguarlo.

8. Finalmente, la espiritualidad de un sacerdote casado tiende a hacerse más profunda y realista. Es posible que alguno, en el momento traumático de la ruptura, haya preferido dejar arrinconada la fe o el trabajo espiritual. Otros muchos, desde el primer momento o más tarde, han continuado la búsqueda del Dios de Jesús en su nueva vida. En ese caso, el sacerdote casado experimenta que su fe se purifica y se hace más fuerte. Rechazará creencias y prácticas en las que ya no cree. Pero se afianzará en él el sentido profundo de adoración al misterio que está en lo más profundo de su vida real y de todas las personas.

El sacerdote casado que ha ido pasando por este proceso aquí descrito, en absoluto tiene la aspiración de volver a ejercer de nuevo el ministerio sacerdotal, tal como está concebido hoy en la Iglesia. Pero no deja de sentir su responsabilidad respecto a la suerte que pueda correr en el futuro esta su comunidad original de fe. Por eso sufre al ver que los responsables de la misma –obispos y jerarquías que fueron con frecuencia compañeros o discípulos suyos– viven tan lejos de la realidad, esperando el retorno de un mundo premoderno y conduciendo la Iglesia hacia el gueto. No se atreven a dar pasos ya imprescindibles para hacer de la iglesia un verdadero semillero de creyentes seguidores de Jesús en pleno siglo XXI. El sacerdote casado estaría dispuesto a poner a su disposición su experiencia y camino recorrido, que seguramente les podría ser muy útil.

antonio.duato@atrio.org


[1] En España, Núñez i Mosteo, Francesc. Les plegades. Capellans secularitzats. La identitat dels Ex. Tesis doctoral presentada en la Facultad de Sociología de la Universidad de Barcelona en 2005. El texto completo (en catalán, con abstract en inglés) en http://www.tdx.cat/TDX-0721106-124528 (accesible el 23-09-10). AA. VV.: ¿Por qué nos salimos los secularizados? Carena Editors, Valencia 2009, (www.carenaeditors.com). Quince sacerdotes secularizados (entre ellos el autor del presente artículo) relatan su experiencia. También Moceop-España (www.moceop.net) está a punto de publicar otro libro con 23 relatos parecidos.

[2] En este y en otros puntos tengo en cuenta tanto el análisis de E. Drewerman (Clérigos. Psicograma de un ideal, Trotta, Madrid 1995) sobre la vida clerical como el de Marcel Légaut (El hombre en busca de su Humanidad, AML-www.marcellegaut.org, Madrid 2001) sobre las experiencias fundantes de la persona humana.

32 comentarios

  • oscar varela

    Hola Diego!
     
    ¿Te referís al libro que el editor Jorge Cuadrado acaba de publicar, con el testimonio de cinco ex sacerdotes cordobeses (Nicolás Alessio, Adrián Vitali, Lucio Olmos, Horacio Fábregas y Elvio Alberione), que forman parte del grupo Angelelli y del grupo de curas casados en Córdoba (http://www.raizdedos.com.ar)?
     
    Según opinión de ese editor, son testimonios de sus propias vidas, con un fuerte cuestionamiento a ciertos dogmas de la Iglesia.
     
    Comenta Cuadrado que el libro está en las librerías de Córdoba desde el viernes y que está siendo todo un éxito.
     
    Conozco la de Adrián Vitali, que además es vocero del Grupo.
     
    Veremos qué pasa ¿no?
     
    ¡Vamos todavía! – Oscar.
     
    PS: He recibido comentarios de otra gente responsable en asuntos de Iglesia, que tienen algunos reparos en cuanto al “uso” que hace y hará la siempre  tramoyadora Prensa de los tales testimonios.

  • Diego

    Gracias Antonio por tan buen trabajo que expresa una dinamica de vida tan humana, tan divina.
    Yo tengo mi hermano que salio dela orden de los frailes menores luego de 11 años y con votos perpetuos tomados.
    Doy fe de todo este recorrido que expresas, porque he conocido vario sacerdotes en esta condicion que recuperan su huamnidad una vez secularizados.
    Estoy muy interesado en profundizar en este tema.
    Lo ire haciendo de a poco.
    Creo que es estrategico quedarse hoy en dia a militar desde adentro, pero igualmente, si se esta afuera, considero que hay que unirse para hacerse fuertes y para trabajar y celebrar el Reino. En Cordoba, Argentina, algo de esto ya esta sucediendo.
    es una perdida enorme para el pueblo de Dios la posibilidad de que un cura secularizado se aleje de las comunidades eclesiales.
    Un saludo.

  • Julián Díaz Lucio

    Estimado Antonio: muy  bien por el artículo. Te adjunto el comentario que hice a propósito del libro que se ha publicado en MOCEOP por si lo quieres adjuntar a estos sabrosos comentarios. Un abrazo

    CURAS CASADOS Historias de fe y ternura
    Ramón Alario y Tere Cortés
    Moceop 2006
    Se trata, sobre todo, de 23 testimonios de curas casados. En ellos relatan sus orígenes, mayoritariamente rural, en la España de la postguerra civil, en un ambiente de total cristiandad. Se entra en el seminario, porque era la única salida posible de promocionar a los hijos, dada la escasez económica en que se vivía.
    Todos coinciden en destacar la férrea disciplina a la que eran sometidos que, vista con ojos de hoy, parece excesiva y a veces absurda. Igualmente resaltan el dogmatismo imperante, la obediencia ciega y la fuerte conciencia de pecado que se les inculcaban, especialmente en lo sexual. De toda esta cerrazón no se era consciente entonces, y sólo después de la maduración realizada a través de la vida, se han dado perfectamente cuenta.
    Pero también destacan normalmente los fuertes lazos de amistad creados entre los compañeros, que en muchos casos han seguido manteniéndose después de muchos años.
    A través de estos testimonios no sólo nos descubren la intimidad y avatares de su crecimiento personal, sino que nos muestran una gran lección de cómo ser cristiano en la Iglesia y en el mundo de hoy. Me atrevería a decir que es un tratado práctico de pastoral, no de una pastoral uniformada, pero sí de una pastoral realista. Señalaré algunos aspectos o valores en la larga marcha de estos compañeros:
    · Pasar de ser alguien en la sociedad y en la Iglesia, a no ser nadie en valoración social e institucional. Esto supuso un gran dolor y sacrificio. Muchos las han pasado canutas a nivel económico.
    · De ahí se deduce una gran valentía para afrontar todas las situaciones, y superar todas las dificultades. Hubiera sido más fácil llevar una doble vida, incluso admitida por algunas Instancias eclesiásticas.
    · Me admira profundamente el compromiso evangelizador, tanto por anunciar con hechos y palabras a Jesús de Nazaret, como por construir su Reinado mediante la lucha por la justicia. Es asombroso la capacidad de trabajo y lucha que muestran algunos testimonios que aparecen en el libro. Pero, por lo que conozco, el nivel de entrega que muestran estos curas casados no se puede generalizar a todos los que se han secularizados. Depende mucho del nivel y tipo de compromiso vividos anterior a la secularización.
    · La teología del Vaticano II los ha marcado, los ha radicalizado (de ir a la raíz) y les ha ayudado tanto a dar el paso a su casamiento, como de permanecer en la misma línea de compromiso.
    · En esta línea teológica se tiene claro que la Iglesia es todo el pueblo de Dios, de donde surgen los diversos ministerios. De ahí la igualdad radical entre todos los miembros de la Iglesia.
    · Es de admirar igualmente la tozudez de permanecer en la Iglesia de Jesucristo, a pesar de todos los bofetones recibidos en ella. Se sienten comprometidos por un cambio más radical de la misma para responder mejor a la voluntad de Dios y a la realidad el mundo de hoy, especialmente a los más desfavorecidos.
    · Se esfuerzan constantemente por la renovación teológica. En sus encuentros hay siempre una aportación teológica de los mejores teólogos renovadores.
    · Igualmente sienten la necesidad de vivir en comunidad. Por ella luchan hasta conseguirlo, y en ella permanecen como alimento necesario de su fe cristiana. En ella se sienten realizados como personas y como curas. “No hay vida cristiana sin comunidad” había dicho hace más de cincuenta años Michonneau, cura francés, en un librito que traduce Robirosa y prologa Congar. Es en las pequeñas comunidades donde se sienten realizados como personas y como curas en unión con sus familias.
    · Del mismo modo es de admirar e imitar el que los aspectos teológicos y disciplinares que se van viendo claros, se lleven a la práctica, “Tiempo de hablar, tiempo de actuar”. Esto personalmente lo he defendido y lo he realizado en mi tiempo de ministerio oficial, tanto en la liturgia (confesión y absolución comunitaria), como en la acción pastoral en la JOC, e incluso en los criterios morales (control de natalidad). Sólo actuando conforme se van viendo claros los criterios en todos los aspectos (teológicos, morales, litúrgicos, etc), contrastados en comunidad y asesorados por peritos de solvencia, es como la Iglesia irá avanzando, sin esperar las bendiciones de Roma. Yo le decía a mi antiguo obispo Ciriaco Benavente, que si los autores de la reforma litúrgica acaecida en el Vaticano II hubiesen tenido que esperar el permiso de Roma, nunca se hubiese llegado a realizar.
    · Están realizando otra forma de ser cura, respetando y valorando a los que viven el carisma del celibato, pero abogando para que a la vez haya en la Iglesia la posibilidad de curas casados, que vivan de su trabajo y estén encarnados en sus ambientes de vida, ayudando a construir una Iglesia de iguales donde ejerzan su ministerio según se lo pidan las comunidades en las que participan.
    · Se barrunta, y a veces se explicita, el papel constructivo de la mujer en todos estos procesos humanos y espirituales. Ellas han sufrido las experiencias de sus compañeros, y ellas han constituido una palanca de esperanza en todos los avatares de su largo caminar. Pasan de se meras esposas de curas a corresponsables en igualdad de condiciones en las responsabilidades que sus maridos han ido asumiendo, hasta que en la actualidad una de ellas es la Coordinadora del Movimiento pro Celibato Opcional. ¡Hurra por ellas!
    Julián Díaz Lucio

  • oscar varela

    Hola!
     
    En año 2000 el Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, a través de su Directora Prof. Lidia González, junto al Sr. Luis I. García Conde editaron un librito de 180 páginas dedicadas a una larguísima ENTREVISTA periodística a Monseñor Jerónimo Podestá y Clelia Luro, titulado LA REVOLUCIÓN EN LA IGLESIA
     
    Copio algunas cosas para Atrio.org de págs. 120 a 124, porque es posible que no aparezcan por otro lado.
    ··················
    Podestá enfrentó tempranamente en su diócesis la CUESTIÓN DEL CELIBATO.
     
    LOS SACERDOTES DE MI DIÓCESIS QUE SE CASARON
     
    – “Si no les parece mal, puedo contar una anécdota: Un día uno de los sacerdotes me viene y me dice: “Mire si yo voy a guardar el celibato por el ejemplo que me da el párroco… Yo veo salir cada mañana a su cocinera de la pieza de él y a él salir de la pieza de la cocinera, así que a mí no me vengan con cuentos”.
     
    Entonces lo mandé a otra parroquia.
     
    En la otra parroquia el párroco me dice: “Y, pero anda enganchado con una chica y…”  Entonces yo le digo: – decile que venga a verme, que yo quiero conversar con él”.
     
    Viene y le digo: -“¿Vas a seguir engañando a la chica?”. Y me dice: “Lo que pasa es que no tengo plata para casarme”.
     
    “¡Ah!, pero eso no es problema —le digo—. Vamos a buscar un lotecito que vos vas a ir pagando después en mensualidades y yo te compro una prefabricada y la ponés ahí y te casás”.
     
    ¡Se asustó tanto el hombre que no quiso casarse? (risas).
     
    Ay, ay, ay… Pero al tiempo se casó. Pero primero se asustó (risas).
     
    Y varios otros se casaron. Y ¿por qué no les voy a decir? Antes estaba tan mal visto, pero ahora… Yo tuve también entre los sacerdotes, como les he contado, un párroco medio mujeriego, curitas que se casaron, también sacerdotes que cumplían con la ley del celibato. Sí señor. Entre ellos, dos que cumplían con el celibato pero juntaban un poquitito de plata. Otro que era muy cumplidor pero le gustaban los autos, cada uno tenía sus amorcitos ¿no? (risas).
     
    He tenido muy buenos sacerdotes y muy cumplidores, pero algunos casos algo deficientes. Entre ellos dos o tres con problemas de homosexualidad también.
     
    Eso es lo que puedo decir de mi experiencia que no fue percibida antes de ser obispo. Yo sabía que había alguno que otro, pero no lo creía tanto. Creía que todos cumplían, pero cuando llegué a ser obispo ahí descubrí que era un  problema real el cumplimiento del celibato.
     
    También había un sacerdote joven, argentino, que venía de Buenos Aires, yo lo recibí en la diócesis y lo mandé a hacer una temporadita en Brasil con una de las diócesis de obreros, en San Pablo. San Andrés se llama la diócesis. Un muchacho muy generoso, muy entusiasta pero, yo diría, todavía no muy maduro.
    Un día me viene -lo lindo que tiene esta experiencia es que había una gran comunicación conmigo, me contaban todo, no había secreto-, entonces un día me dice: “Mire padre, yo cometí un desliz feo”. -“¿Qué te pasa?”-. “Me acosté con la presidenta de la juventud femenina”. “Uy, uy, uy. Pero esa chica tiene un novio y el novio es el presidente. ¡Qué lio! (risas). No se puede andar jugando”- le digo. Y me dijo: “Sí, tiene, razón”. Aclaró su situación, puso las cosas en su lugar.
     
    Pero, al año siguiente me viene otra vez. “Hay un polaco que me quiere matar”. -“¿Qué te pasa?”. -“Y, yo estoy noviando con la hija. Y el polaco no quiere saber nada “- “Bueno, decile al polaco que venga a hablar conmigo “. Viene y le digo: -“Mire señor, si realmente ellos se quieren y desean unirse y casarse yo les voy a arreglar la situación”. “¡No! ¡Por qué con un cura!”. -“Yo le voy a arreglar la situación, le voy a conseguir la dispensa, pero no puede ser que usted lo esté amenazando con un revólver y que lo va a matar. Bueno —le dije—, además ¿un candidato más serio que éste? no va a encontrar. Y tiene toda la garantía” (risas).
     
    Así fue. Se casó. Se fue a Estados Unidos y allá están viviendo. Todavía seguía ahí. Encontró un lugar en una de esas grandes instituciones que tienen los yanquis, para el desarrollo catequístico. Consiguió un lugar medio de capo ahí, de jefe.
     
    Y ya les conté cómo actuaba en estos casos. Con comprensión, con apertura, tratando de dialogar con ellos, de comprenderlos y en caso de necesidad, de ayudarlos.
    ··················
    – “Acabo de escuchar que en el libro de Caparrós La Voluntad se me presenta como un sacerdote que estuve principalmente preocupado por el casamiento de los curas y quiero decir que eso no es verdad: yo cuando volví a Buenos Aires después de mi renuncia, pasé’ una temporada en casa de una persona que me decía: – “¿Por qué no haces una iglesia disidente?, mirá que los sacerdotes esperan que vos te erijas en líder para combatir el celibato”. Y yo le dije: – “No estoy de acuerdo, yo he seguido un camino personal, pero esto de combatir el celibato es delicado”.
     
    Porque los curas, son tan inmaduros los sacerdotes, tienen tal inmadurez afectiva que si milagrosamente viniera un Papa que dijese se acabó el celibato, los curas se pueden casar, se haría un desastre, primero porque los curas se casarían mal, porque no tienen preparación humana afectiva para eso, y segundo porque yo estoy convencido de que los grandes y profundos procesos humanos se hacen con una seria y ahondada evolución cultural. Tiene que enriquecerse… y sentir la mujer, en la cultura debe valorarse la mujer, la mujer debe ocupar su lugar, debe ponerse, no como competidora sino como colaboradora del hombre, cuando el ambiente cultural es… cuando se haya vencido esa visión negativa del sexo… que está fundada precisamente en eso, esa visión de la mujer pecadora, de la mujer tentación, de la mujer inferior, hasta que no se supere eso, no tiene sentido.
     
    Ahora, yo me he ocupado mucho, pero no en querer combatir el celibato, sino en querer dar apoyo, sostén, a los sacerdotes que, con honestidad, han decidido casarse; a los casados. No para hacer más casados, sino en dar apoyo a los casados, esa ha sido mi preocupación pero no la única, además mi gran preocupación es humanista.
     
    Clelia torna la palabra: … es una visión muy machista, o una visión… de un hombre que no sabe lo que es caminar, militar o consagrar su vida o jugarse la vida por valores, junto con una mujer, o la mujer junto con un hombre. En el caso nuestro, fue un camino de amor y lucha juntos. Yo acepto más cuando alguien me dice ‘compañera de lucha’, está bien. Pero que digan que la inquietud de Jerónimo era más por los sacerdotes casados es una actitud injusta, es una cosa absurda. Por lo pronto en Avellaneda, si yo lo conocí y empecé a caminar con él, es porque era un obispo al que le interesaba la gente, le interesaba la justicia, que se jugaba por todo lo que socialmente lo rodeaba: segundo porque después que salió y conmigo fue eso y mucho más porque éramos dos, el compromiso de él era el doble, si quedaba yo lo empujaba, si yo quedaba, él me empujaba.
     
    Cuando había silencio en el país, cuando nadie reaccionaba con lo que estaba pasando, cuando los Curas del Tercer Mundo hablaban, pero dentro de todo eran Curas del Tercer Mundo con una Institución detrás que todavía no los habían tirado al ruedo, tenían cierto respaldo, tal es así que llegaron a hacer un arreglo con el Cardenal Aramburu de no hacer pronunciamientos sin consultarle a él, y él no iba a hacer pronunciamientos en contra de ellos sin estar de acuerdo, sin hablarse. En cambio nosotros éramos dos aerolitos, porque él no tenía ninguna Institución atrás, y sin embargo nosotros estuvimos siempre comprometiéndonos con todo lo que pasaba en el país, porque la mejor prueba es que tuvimos que irnos al exilio. No nos mandaron al exilio por los curas casados, no tuvimos que estar ocho años fuera del país por los curas casados. No. Nos fuimos de acá en el 74 al Vaticano, a avisar al Vaticano que la Iglesia abriera la boca porque se venía un baño de sangre acá, y nadie escuchaba, todo eso lo hizo Jerónimo conmigo al lado.”-
    ……………..
     

  • Carmen (Almendralejo)


    Querido Antonio y María, y en vosotros dos tantas y tantas parejas que les tocó sufrir y tomar la decisión vuestras, la de formar una familia sin tener que estar escondida esta en el armario. Resulta curioso que, por coger una vida compartida y real se tenga que sacrificar otra vida, para nada importa lo que D*s dijo a Abraham “Ningún sacrificios vital, ninguna vida expuesta al rigor del altar”
    Y de ese resultado curioso pasamos, al desenlace del esperpento, de seguir con del celibato pora estar casado con la iglesia, que en definitiva no es otra cosa que estar casado y maltratado, en ese contrato perpetuo con la jerarquía eclesial ideado y trazado en una comparación de palabra y no más, porque en definitiva si de verdad estuvieseis casados con la Iglesia no tendríais la voz de ningún amo, sino que sería un libre matrimonio donde la Comunidad y el sacerdote tendrían la libertad de entender y disponer aquellas normas que toda relación dispone en sus manos, y no en las de otras.
    Con dolor he leído ciertos párrafos para comprobar que nuevamente se le exige a la mujer que pase por el duro trance de beber un cáliz que nos ha sido impuesto por el solo hecho de ser mujer y porque a la jerarquía le conviene ahora hacer cierta vista algo más que gorda, aunque la verdad esta vista gorda la hacen desde siempre y con quien ellos quieren, ya sena por tener una mujer, sea laica o monja que cierto obispo de Madrid le daba igual que el sacerdote viviese con una monja, con tal de que no dejará el sacerdocio, lo que le pasara a la monja (amiga mía) le importaba tres comino al obispo de Madrid de hace varias décadas.
    Aún queda mucho prejuicios sobre la vida del sacerdote, y las relaciones que este puede o debe mantener, y sobre todo de las mujeres que en algún momento han tenido cierta intimidad con ellas, intimidad que muchas veces solo han buscado el mero desahogo bajo el chantaje emocional que supone ser esa persona que esta entre ese dios y la persona laica y creyente en la línea que la jerarquía ha impuesto.
    Creo que quienes hablan con un mensaje ministerial y según les manda la jerarquía, pero al final vive como dicta la Naturaleza, una y otra están intoxicadas, por ese Rigor dogmático e inhumano, para nada tiene que ver con ese D*s que sale al encuentro del A.T hecho carne en una incipiente mujer y que es inmanente, transcendente en todo la revelación de Jesús, y que él mismo apartó de su vida.
    Su actuar y la ausencia de todo ese entramado arancelario de su religión quedó al descubierto y sin techo, en ese nacimiento que le relegó de toda obligación y perpetuación de Ser-Estar y Vivir, su Laicidad como la Relación con personas afines o no su religión u otra muy diferentes como fue también la romana.
    Estoy contigo, en que muchas veces, interviene y mucho el factor económico, y la forma de vida que hayan tenido muchos sacerdotes a la hora de recoger los bártulos y ponerte a Vivir la Vida con la puerta abierta y de cara a la feligresía. Y otra es perder ese estatus o la erótica del poder o púlpito, aunque parezca que no esta e otra de esas perdidas a las cuales muchos no están dispuesto. De ahí que sería conveniente que el sacerdocio no sea remunerado sino vocacional y libre para cualquiera que sienta esta vocación sin tener en cuenta su sexo o sexualidad, ni estado civil.
    Tengo un gran amigo religioso que entró cuando tenía 12 años y porque su madre le dijo él no estaba hecho para vivir y trabajar en el campo… Su dolor al relatar como fue su marcha y estar con más de mil niños con las mismas circunstancias es indescriptible, y tanto ha sido su sufrimiento que sufre unas depresiones de caballo, pero claro nadie le ha dicho jamás que lo que hicieron con él fue el sacrificio de Isaac. Se toma todas las pastillas nueva y por haber, pero sus psicólogos son tan afines al programa de la jerarquía que cuando no es uno de sus hermanos es cuñado de unos de ellos…
    Y estoy en total sintonía con la madurez de quienes rompen con esa esclavitud y vuelven a la vida… Porque desde ese tapiz del santo sanctórum poca nitidez tiene los problemas o alegrías de quines se acercan buscando muchas veces respuestas de las cuales ellos mismo ni conocen ni saben dar porque son unos imberbes por cuanto han recibido en esos seminarios donde solo los preparan para sermonear y para la disciplina de la jerarquía, eso sí se le aduce muy bien quienes o donde se encuentra el mal y la mala compañía, y sobre todo quienes le pueden provocar o incitar a hacer lo que ellos no quieren.
    Resulta muy curioso que al lugar donde van destinado el 90% sea de ese mimos sexo del cual han sido alertado como futurible tentación lo cual ellos ya van con la mosca detrás de la oreja viendo la falda que mejor se mueve, y lo que signifique cada uno de esos moviendo.
    Pero coincido con Sergio Zalba… El problema ya no es si casados o no, y es más si mujer sí o sí…. Sino que es algo pasado y desfasado porque para entablar una relación con D*s solo se necista a un* mism*s y para entablar relaciones con l*s demás solo se necesita estar en el mundo sin pared y templos que te custodién o guarden de…

  • Sergio Zalba

    Me gustó mucho la reflexión y el compartir de Antonio. De todos modos, y de cara al futuro inmediato, se me hace que el nudo del asunto no pasará por la cuestión del ‘sacerdote casado’, sino por la cuestión del sacerdocio en sí.
     
    Si el replanteo de sentido y forma del sacerdocio no se produce por genuino interés teológico-pastoral, se producirá por necesidad, cuando los curas  se acaben.

  • oscar varela

    Hola!
     
    El carisma o modo propio de Jero y Clelia no es el “casamiento”.
    En ese sentido, Podestá, primariamente, no es un sacerdote “casado”.
     
    La trayectoria de ambos,
    antes – durante y después
     de “encontrar-se”,
    lo muestra a las claras.
     
    El matrimonio –formar un hogar, una Morada para ellos e hijos, una “oikía” e.d., una “unidad económica común- les advino como un natural y social complemento a una vocación elegida libremente, como bien señala Héctor.
     
    Notemos que el tal matrimonio produce en la vida social el consiguiente patrimonio.
    ………………
    Jero y Clelia se encuentran al “estar andando por la misma Ruta”.
     
    Se trata de la Ruta trazada por Jesús. La de un “Hombre nuevo”.
     
    Este hombre nuevo no consiste en un reducido acaparamiento “sagrado”;
    Sino en un des-en-marcado Panorama de la Vida humana.
     
    Resulta, entonces, que la experiencia de Jerónimo y Clelia
    ponen en la picota de observación:
     
    * no sólo el significado del CASAMIENTO,
     
    * sino también el significado del SACERDOCIO.
    ————–
    ¿La seguimos?
     
    ¡Vamos todavía! – Oscar.
     
    NOTA P.S.: No se debe descuidar el elemento generacional, que es una “sensibilidad” diferente de las cosas de Mundo –el Mundo mismo (el Hombre y las Cosas que trata)-
     

  • Santiago

    Honorio,   admiro tu sinceridad, ademas de tu fe y de tu esperanza…por supuesto que sigues siendo sacerdote puesto que esto conlleva  algo indeleble, siempre he pensado que ese carisma estaba presente en todo lo que escribías..Yo creo -ya que hablas de amor- que se trata de eso…Pues como dicen “en todas partes cuecen habas”…y hay sacerdotes -yo los conozco- que viven su celibato con mucho amor y entrega a los demas..y otros que hacen mucho daño por su monstruoso egoísmo..y hay casados que hacen un perfecto matrimonio y otros que son una desgracia….Hay que recordar que la iglesia tiene sacerdocio casado en el rito oriental…También se ha escrito de esto,  sobre sus ventajas y desventajas..Por lo tanto, es la misma iglesia la que tiene que discernir, en el rito romano, que es lo mejor en el momento actual..Y como decía Antonio debemos discernir a la manera “ignaciana”, o sea, sobre el amor de Dios….un abrazo   de Santiago Hernadez 

  • María B

    Hola a tod@s! Soy la misma María que escribió antes (la que esta en pareja con un sacerdote con quien tengo un hermoso hijo!).  
    En primer lugar vuelvo a felicitar a Antonio por el artículo.  Está perfectamente claro que es su experiencia, su caminar, y el de otros que ha conocido.   Creo que los consejos que vierte tal vez puedan servir a otros sacerdotes que estén en la misma situación.   Yo veo reflejado mucho a mi compañero en sus palabras.  Cabe aclarar que él dejó su parroquia y sus funciones en Diciembre pasado.
    A fines del 2009, con nuestro hijo de 6 meses ya,  decidimos irnos a vivir juntos. A la mañana cada uno a su trabajo y nuestro retoño a la guardería. Por la tarde-noche, a encontrarnos y compartir lo vivido durante el día.  Una familia común.  Desde principios de Diciembre comenzó a  anunciar con toda naturalidad y tranquilidad (como dice Antonio) a los miembros mas cercanos a él dentro de la comunidad y en el barrio donde estaba, los porque de su decisión, y también a sus compañeros y superiores.  De todos no hemos recibido más que cariño, apoyo, acompañamiento. Muchos preocupados por el tema trabajo, ya que mi medio melón se quedó sin trabajo una vez que anunció que formaría una familia (o en todo caso, que asumiría públicamente la que tenía!). El cumplía funciones sacerdotales, acompañando la catequesis en una escuela. Hasta le pidieron que no fuera al acto de fin de año ya que muchos se habían enterado, y había padres que podían escandalizarse, que no se vería bien que fuera… fue muy doloroso para él y para mí también… (Y así hay tantos que pasan por situaciones similares). 
    No todas las experiencias son iguales y son todas válidas y muy ricas, y esta bueno poder compartirlas.  No hay que generalizar, por ejemplo, diciendo que a las mujeres de los curas no les interesan las problemáticas de sus conyugues (dicho sea de paso, nosotros no estamos casados, sino “emparejados” como dijo alguien por ahí.) Hay algunas a las cuales no les interesa, pero habemos muchas a las que sí.  
    El celibato debe ser opcional.  Desde nuestra experiencia lo digo.  Pueden atenderse a la vez las obligaciones de la tarea pastoral y a la familia.  Y con mas razón si hay una comunidad que acompaña, que comparte las responsabilidades con el sacerdote, donde prima el dialogo… Hay que seguir andando… no es una utopia!  
    Les dejo saludos y que tengan todos una linda tarde!

  • Héctor

    ¿Y si fuera que lo común y característico en la diversidad descerdotes casados estuviera en la  reconquista de la libertad?
    La libertad es sagrada y como dijo el teólogo J. Ratzinger, antes del santo oficio y antes de la tiara ponificia (1968):  “Aún por encima del papa como expresión de lo vinculante de la autoridad eclesiástica se halla la propia conciencia a la que hay que obedecer la primera”.
    El compromiso con la persona del Galileo supuso ante todo ser fiel a la propia conciencia. Sin ese compromiso no servimos para nada.  Un abrazo Héctor

  • oscar varela

    Hola!

    Cada Morada es un Mundo.
    Y “en la Casa de mi Padre hay muchas Moradas”.

    El mejor Mundo para mí:

    * tal vez sea el mejor Mundo para ti; o
    * tal vez NO sea e mejor para ti,
    sino otro igualmente perfecto al mío.
    ————
    El Artículo describe ALGUNAS MORADAS de la Casa del Padre:

    – “La situación sobre la que me gustaría seguir reflexionando es, en cambio, la del sacerdote que en un momento de su vida se ha abierto plenamente al amor conyugal y a la paternidad, haciéndolo público en su iglesia y en su sociedad, con todas las consecuencias.”-

    item 6. el sacerdote casado suele llegar a lo esencial del amor conyugal, la mutua entrega total de la vida, en cuerpo y alma.

    item 7. Pero si el sacerdote casado ha recibido el don de ser padre, esta experiencia cambia más aún que el amor conyugal las estructuras más profundas de su personalidad.
    …………..

    Los atrienses ya estamos anoticiados por el mismo Antonio Duato que esta es la perspectiva de M. Laguat, a cuya fundante “espiritualidad” se acoge lícita y con total perfección el Autor del Artículo. Es “su” Morada; y la de tantos otros.
    ——-
    Sólo quisera señalar en este comentario que en el Caserón paternal
    la construida Morada de Jero y Clelia es de otro estilo.

    Es una interpretación mia de que ellos tampoco están en la Foto.

    (¿será necesario acalara más que no hay nada en contra de la experiencia “duatense”?
    ¿que sólo se trata de esfumar los “marcos” para dejar paso a a multiplicidad del “panorama” o “escenografía” de este Conjunto “acerdotes casados”?
    ………….
    Veré de hacer otro comentario acerca de cuál sea la Morada “Jero-Cleliana”.
    Vaya a modo de anticipo la palabra clave: COMPAÑEROS.

    NOTA: en vista de lo esencial (vivencia y contagio del “Reino de Dios”) esta interpretación da lugar a que aun permaneciendo “célibe” (por las razones que sean) la PAREJA HUMANA pueden actuar ACOMPAÑÁNDOSE en plenitud sin tener que pasar por la Morada del Casamiento.

    Bueno, ya casi lo dije todo ¿no?

    ¡Vamos todavía! – Oscar.

  • Muy buen artículo, auténtico. Enhorabuena a Antonio y a todos los valientes que han dado el paso a la madurez.
     
    El celibato obligatorio no sólo no es evangélico sino que entre los requisitos para los que dirigen la comunidad cristiana están el ser casado con una sola mujer (ni con dos ni con tres) y tener hijos creyentes (Tito 1:6) Todo lo demás vino muchos siglos después unido a la profesionalización del sacerdocio, lo que no tiene nada que ver con el cristianismo original sino con los intereses que fue desarrollando la Iglesia de Roma.
     
    Y ahí está la cuestión (al menos así le pasó a nuestro párroco hace unos años) que para casarse como Dios manda uno deja de ser sacerdote y pierde su puesto de trabajo, estatus… En fin, que hay que ser muy valiente y querer de verdad a su compañera para dar el paso.

  • María Eugenia Hermosilla C.

    Gracias Antonio por tu valor y transparecia. Tus palabras iluninan la vida de muchos. Tambien dan  luz a la vida de matrimonios laicos que se juegan por una madurez en la fe, en el amor y la verdad. Creo que estamos despertando a lo que Jesús vino a  mostrarnos.

  • Antonio Vicedo

    h.cadarso
    13-Julio-2011 – 19:44 pm

    Ponle múltiplo a eso de tu cuarto de espadas y por allí estamos muchos. También gracias para tí por aquello de que el Padre abre sus secretos a quienes  caminan por las bajuras y lo esconde a quienes vuelan.
    Aunque justo es reconocer,  que  bastantes, con alas muy voladoras, caminan a ras de suelo y allí tenemos el gozo de reconocerlos por el amor con que se comprometen.
    Vamos dejando huellas parecidas por donde Él ha dejado las suyas.

     

  • mªpilar garcía

    Me encanta como lo comparte Antonio y otros sacerdotes casados.
     

    Estoy a favor de que sea libre la elección del celibato.
     

    Los que yo conozco, su “nuevo”… camino, no ha sido un camino de rosas.
     

    Estoy con Oscar, que sus compañeros, no les acogen de manera especial, sencillamente están ahí.
     

    Hay otro comportamiento dentro de los que se dicen célibes,  poco ético…
     

    Pensando especialmente en las mujeres, que acatan este papel de consoladoras de todos los males; ellos siguen en sus lugares y reconocimientos, mientras ellas, están en la oscuridad total y absoluta.
     

    Sé,  que esta opción es voluntaria, y pienso, que no ayuda a la maduración verdadera del varón y conocimiento del amor incondicional, que es entrega mutua en las luchas de cada día.
     

    Para ser coherentes, no se puede pedir más, de lo que habitualmente damos en resto; porque  no depende de si son o no curas, religiosos/as; depende de como es cada cual en particular.
     
     
    Hay personas geniales hasta cotas admirables, buenas, medianamente buenas, otras mediocres y otras desastre total.
     

    A cuantos sean capaces de vivir como Antonio y otros expresan ¡¡¡Felicidades!!! están en el camino de ser:
     

    ¡Personas en plenitud, allá donde estén, sean curas o no!

    mª pilar

  • h.cadarso

      Hablas, Duato, de que la secularización conlleva la privación de toda actividad sacerdotal y de cátedras en facultades eclesiásticas o en colegios etc…
      Yo no perdí nada de eso, porque no lo tenía; pasé de concsiliario de obreros a peón de un taller mecánico. Quizá por eso nuestro amigo Varela te ha dicho que él no sale en la foto, porque creo que efectivamente muchos no salimos en la foto, estamos ubicados más o menos en los aledaños del proletariado más proletario de nuestro país.
      Lo cual que quizá  esta ubicación nos da una filosofía-teología un tanto diferente de la que tú diseñas. O nos empuja a la frontera entre la fe y el agnosticismo, al atrio de los gentiles, al desamparo y la oración del huerto.
      Perdóname si le quito poesía y romanticismo a la “tema”; la “desformación” que hemos recibido ha podido inocular en nuestra psicosis una cierta “incapacidad” o algo parecido para vivir el amor con naturalidad y normalidad. Lo cual por supuesto engrandece más a nuestras compañeras que nos aguantan.
      Como consiliario de obreros, que evolucionaba hacia posturas de militante obrero, sindicalista y activista político a marchas forzadas, lo de ser sacerdote me resultaba muy problemático ya antes de dejarlo. Sigo sintiéndome sacerdote, tengo amistad y trato constante con mis compañeros de carrera, pero creo que vivir el sacerdocio como hoy pretende la iglesia oficial que se viva es negar ese mismo sacerdocio. Habría que tomar conciencia de que la comunidad entera es la depositaria del sacerdocio: “pueblo sacerdotal”, y de que el sacerdote tendría que ser elegido por su comunidad y confirmado por el obispo o por el Papa de Roma o por el Sursum corda, me da lo mismo. Y podría ser un hombre o una mujer, también me da lo mismo. Y debería seguir viviendo del fruto de su trabajo, que de eso San Pablo también creo que dijo algo… Y no tendría por qué ser un señor o una señora con carrera universitaria…”!horror!”, ¿por qué los hombres con títulos de licenciado para arriba han de gobernar nuestras vidas, nuestros cuerpos y nuestras almas? ¿En qué evangelio está escrito eso?
      Es bonito ser padre, por supuesto, Antonio, no hemos descubierto la luna. Y ser abuelo también. Y ver que tu familia se encamina por caminos nada eclesiales, pasa de sacramentos y recetas de salvación “ex opere operato”. Bueno, no es que sea bonito, pero te obliga a esperar en Dios y en la rectitud de tus hijos, y en que se salvarán como se salvó Isaac cuando su padre iba a sacrificarlo. Y en que la única educación posible es tu ejemplo.
      De todos modos,  Antonio, tu testimonio es muy rico, emotivo, sincero, cordial. Pero yo tenía ganas de echar mi cuarto a espadas.

  • oscar varela

    Hola Héctor!
     
    1.- Me dices: -“Te sales del Tema”- y tienes razón.
     
    Ya lo dije de entrada nomás: No estoy en-marcado en ese Cuadro.
    No salí en la foto, Héctor; aunque pertenecería a ese Conjunto de “Sacerdotes casados”.
     
    2.- La Info que tengo acerca de ese Conjunto es precaria, pero no veo que se aporte alguna estadística controlable.
    Se habla de 150.000 curas casados ¿ok?
    Mi estimación es que los que entran en la Foto (los con alguna referencia de Ministerio Sacerdotal) no llegarían al 5%.
     
    En Argentina no existe ningún Grupo de Curas casados, salvo el de Bs. As. (si digo 5 parejas exageraría), y tal vez uno mixturado en Córdoba. Las mujeres de esos curas prácticamente no asisten a nada y lo dicen claramente que no les interesa.
     
    En ningún otro país sudamericano hay Grupo funcionando, salvo en Ecuador (¿5 parejas?), y en Brasil que es el más amplio y funcionando a todo trapo muy a lo brasilero (idioma portugués)
     
    3.- Otro problemita –no sé en España- es que el curerío célibe no acuerda con el casado. Los ven –en el mejor de los casos- como sacerdotes de segunda. Y la feligresía “parroquial” acompaña ese sentimiento.
     
    4.- No temas, Héctor, no tengo nada en contra de los que salen en la Foto
     
    Habría que seguir un poco más ¿no?
     
    ¡Contame que te escucho! – Oscar.

  • Héctor

    Te sales del tema Oscar y esta vez porque haces los mismos  juicios universales que continuamente rechazas cuando los demás los hacemos.
     
    Prácticamente te estás atacando a ti mismo.  Nadie puede saber si a ninguna de  las compañeras de curas casados ” les interesa casi nada la problemática sacerdotal”.  Tú si lo sabes, según dices.  Quizás, quizás … – y esto  no lo sé tan cierto como tú que lo sabes todo –  quizás la frase te  sonaba bien y la soltaste a ver si encontraba eco.  Creo que no viste  el comentario de tres líneas de María anterior al mío.
    Pues verás: nosotros lo sabemos por cierto desde una experiencia vivida que quizás tú no conoces.    No es precisamente que se  interesen por  la problemática sacerdotal, ni falta que les hace,  sino que conviven con esas  personas que han sido sacerdotes para ayudarles a ser personas  de verdad, más cerca de Jesús que ante todo fue una persona auténtica,  comprometido totalmente con el Reino de Dios:  una nueva humanidad en un mundo nuevo.
    Las mujeres de sacerdotes que yo conozco nos están ayudando a vivir a en profundidad ese compromiso  con Jesús y con el Reino de Dios.
    Vamos Oscar, que todavía nos queda mucho por andar, un abrazo
    Héctor
     
     
     

  • P. Chasco

    No tengo el gusto de conocer a Antonio Duato.
    Considero formidable su relato testimonial y casi todas las reflexiones que lo acompañan. De hecho, al leerlo, me parecía estar repasando lo que un amigo mío ex-sacerdote (hace algunos años que no me he encontrado con él), G.J.F. exactamente ha vivido desde que pasó del ministerio sacerdotal a esa familia entrañable que forma con su esposa y sus dos hijas.
    Aún así, me gusta el título con que encabeza su relato Antonio: “Una experiencia a tener en cuenta”. Con ello se entiende que su camino no es necesariamente el mejor para todos. Hay formas, que pueden parecer antievangélicas,  de decir que uno “no se siente llamado al amor en proximidad”. Si Agustín, a quien se menosprecia en algún comentario porque antes de su conversión “no estuvo a la altura” del amor de verdad, y en su conversión se ve que deslumbrado por la forma en que vive el encuentro con el Amor, se da cuenta de que jamás había sido capaz de enamorarse y ahora sí lo ha conseguido. Precisamente de forma muy disitinta de quien funcionando en el ministerio sacerdotal en celibato, encuentra por fin de verdad el amor real y concreto. Pero también la experiencia inversa de quien como Agustín sale de la relación pasional dada por superada y encuentra el Amor y desde él empieza a vivir también el amor a los hermanos como lo vivía Jesús de Nazaret, más general y ¿más abstracto?, pero que desarrolla toda la psicología y dación del amor concreto, y realmente muy humano…
    ¿Que muchos de los embarcados en el ministerio sacerdotal y en celibato obligatorio para el que han sido “preparados” no aman propiamente a nadie? Pues bien, ello está pidiendo tres cosas: 1) Que la Iglesia deje de exigir celibatos. 2) Que quien acepta el celibato, aún impuesto, vaya aprendiendo a amar a todos. 3) Que quien se da cuenta de que no es esa su vocación, siga los pasos del amor a sabiendas de que “Dios es Amor y que quien permanece en el Amor permanece en Dios y Dios en él” .
    Y como digo que conozco un caso de exsacerdote similar en su trayectoria a la tan rica que Antonio nos describe, les cuento que conozco también a otros ex-sacerdotes cuya situación nueva es tan calamitosa como la anterior:
    – A. O. abandonó el sacerdocio y tuvo tres hijos con su esposa, pero ya mantenía relaciones con otras en ese tiempo y actualmente sigue más o menos estable con su tercera pareja.
    – V. G. dejó el sacerdocio y a los dos años ya la gente te contaba que golpeaba a su mujer de vez en cuando…
    ¿Qué quiero decir con estos ejemplos? 
    – Que hay personas que no son capaces de amar propiamente y su vida es una ruina en cualquier forma ¿de vocación?… Si han ido al sacerdocio es buscando una forma de ser alguien. Y si se han casado ha sido conjugando egoismos: “es mi tipo”, “me conviene, le convengo”…
    Pese a todas estas consideraciones, gracias a Antonio por su escrito vital.

  • Jaume PATUEL

    Felicidades y enhorabuena, Antonio, por tus reflexiones. En el nuevo “tiempo axial”  la Comunidad será también necesaria, como en todo tiempo. Ciertamente su forma y dinámica  van a ser diferentes. Incluso la función sacerdotal.  Esos sacerdotes valientes, comprometidos y decididos han abierto una nueva forma de ser y hacer.  La esperanza en el futuro  iluminará  a muchas personas a emprender nuevas formas de ser para dar luz,.coraje y ánimo a todo aquel que busca la profundidad del ser humano.   Una nueva espiritualidad emerge.

  • oscar varela

    Por ejemplo:

    La mayoría de los curitas casados
    se han emparejo-casado con mujeres
    (¡no perderlas de vista! -como exhulta Héctor)

    a esas mujeres no les interesa casi nada la problemática “sacerdotal”
    (para que Héctor baje los decibeles de la exhultación).

    Luego seguiré con otras perspectivas “des-enfocadas” del Cuadro acá trazado.

    Porque estimo importante la de: “des-profesionalización” del Sacerdocio.

    ¿puedo decir que ¡Voy todavía!? – Oscar.

  • oscar varela

    Hola Antonio Duato!

    La Grilla en-marcadora que has trazado:

    3 tipos, y
    6 items de desarrollo del 3er tipo

    tienen como referencia
    la Comunidad eclesial de Fe religiosa y/o Institucional.
    ————–
    No me encuentro en ese Cuadro.
    ¿Tan perdido andaré vagando por vaya a saber dónde en este mundo?

    ¿Se podrá ampliar el Cuadro?

    Tal vez si le sacáramos los Marcos que lo contienen …
    … ¿qué iría resultando …?

    ¡Vamos todavía! – Oscar.

  • Héctor

    Sacerdotes casados… ¡y las maravillosas mujeres que tienen a su lado!
     
    Ellas nos han hecho lo que somos.  Era algo nuevo,  estábamos inventando algo que no estaba escrito, algo para lo que la Iglesia no nos había  preparado.  Pero ahí están María, Reyes, Charo, Mercedes,  Lucía, Margarita, Tosiko, Mari… y la lista se hace ya inmensa. Ellas nos han ayudado a llevarlo  con alegría junto a los hijos que nos han dado.
    Los que no se animan a dar el paso no saben lo que se pierden.
    Gracias a todas por lo que habéis hecho por nosotros,
    Un beso muy fuerte Héctor

  • Maria

    Hola! Me pareció excelente el articulo! Estoy en pareja con un sacerdote, y tenemos un hermoso hijo de 2 años! Quisiera compartir esta nota en Facebook si se me permite ¿? Muchas gracias!!  

  • Todo mi apoyo y mi solidaridad con los sacerdotes casados que siempre serán sacerdotes. El voto de celibato es opcional y no debe ser obligatorio. Esto es lo evangélicamente y eclesialmente correcto.

  • Carlos Martínez Okrassa

    Antonio:
    Precioso artículo.  Bien vivido, y ¡qué grandes verdades dices! Es una lástima que como dijo Jesús, a propósito de Jerusalén, esto esté oculto para las personas que tendrían el poder para hacer los cambios necesarios.  Por eso hay tanta insatisfacción en la Iglesia, especialmente en todos los que se han dejado tocar por el Espíritu del Concilio Vaticano II.
    CMOkrassa.

  • Jesús

    Muy buena reflexión, Antonio.
    Subrayo:
    “no recomiendo ni plantearlo al obispo o a otros compañeros sacerdotes hasta que no se haya tomado la decisión personal”.
    “un escenario irreal de privilegios”.
    “se da cuenta con pena del mucho tiempo y energía espiritual…”  perdidos (me permito añadir).
    “desde la adolescencia y juventud no fue preparado para… tener en cuenta que el analogatum princeps del amor ha sido y será siempre el amor conyugal”. Cuando recuerdo al actual Arzobispo de Burgos en las clases dar la vuelta al VatII para invertir el orden de los fines del matrimonio, no puedo más que agradecer a Boff sus reflexiones sobre el matrimonio en “El destino del hombre y el mundo”.
    “la experiencia de ser realmente padre en general no era ni sospechada por él”. “Es absurdo que una organización como la Iglesia prive por principio, de una manera universal, a sus cuadros dirigentes de esta experiencia”.
    “en absoluto tiene la aspiración de volver a ejercer de nuevo el ministerio sacerdotal, tal como está concebido hoy en la Iglesia…….   les podría ser muy útil”.
     
    Excelente y serena reflexión desde tu experiencia. Y gracias porque releeré el texto más veces para continuar mi aprendizaje.
     
     
     
     
     
     

  • Gabriel Sánchez

    Un abrazo Antonio a ti y a Maria…y nadie podrá decir que no estas profetizando… tanto con lo que escribes, como con lo que vives.- Gabriel

  • olga larrazabal

    Muy bueno.  El testimonio de una experiencia personal es irremplazable.  Se entiende con el corazón y es irrebatible.  Vale más que trecientas mil teorías sobre el tema fabricadas por doctores de la Iglesia, célibes y sin una conyugalidad feliz.  Porque Pablo era soltero en un mundo judío donde la soltería no se estilaba y era vista con sospecha, y Agustín, que tuvo amante e hijo, y no estuvo a la altura de las circunstancias ya que los abandonó a ambos.

  • Asun

    Me ha gustado mucho el artículo, Antonio. Entras donde nadie puede, si no por la experiencia de vida, que es mucha,   la serenidad que rebosa y que seguramente hacía falta.
     
    Esta afirmación que transcribo, intuyo por dónde va, puede parecer que da por sentadas a primera vista muchas cosas, que creo tienes más que superadas, como por ejemplo, que sabemos cómo y quién es Dios, entre otras cosas. Dices:
     
    “Al ser padre entiendes a Dios, te sientes creador como Dios y a la vez totalmente receptor de un insospechado don que da sentido por sí sólo a toda tu vida”.
     
    Permíteme puntualizar hasta donde me es posible esto que dices, porque el sacerdote casado está capacitado también para experimentar en sus carnes,  aunque le cueste más,  a vivirlo desde y en el lado olvidado, tan oscurecido por la historia de la humanidad, que el hombre ha escrito doblemente en activa y pasiva: el de la apertura, el desprendimiento y la entrega femenina y maternal, donde hay no-dos.
     
     Hablas de entendimiento como padre, cuando supongo que se trata de experiencia de amor que se hace amor en el Amor, amando sin ser tú ni nadie quien ama, pues no hay nadie de fondo que espere nada a cambio. Ahí, es donde el ser humano se hace uno sin fisura alguna con lo que llamamos Dios, la Realidad, la Vida, compartiendo, con lo diverso y diferente, don y gratuidad permanente de amor, Consciencia que desde su interior crea y recrea fluyendo  a través nuestro y de todo el universo, dejando que sea.
     
    Muchas gracias por todo.

  • ana rodrigo

    Este problema de los sacerdotes se vivió con auténtico furor cuando aquella oleada de niños que en los años 40 y 50 fueron llevados a los seminarios y que 20 o 30 años después, con la libertad que el Concilio propuso en algunos aspectos, muchos de ellos, estaban en una edad difícil para sumir el celibato y tomaron la decisión de abandonar el sacerdocio. Yo conocí un montón, lo pasaron muy mal, tanto a nivel familiar como de parroquial como social. Quedaban estigmatizados como alguien que hace algo rechazable.
     
    Desconozco cómo está el problema actualmente, porque aquellas generaciones que no abandonaron el sacerdocio entonces, ya son mayores, y los sacerdotes jóvenes actuales provienen de grupos muy conservadores y les va a costar más abrirse a una realidad tan natural como es la vida en pareja, la sexualidad o la paternidad. Además los obispos aíslan a los seminaristas todo lo que pueden para que no se “contagien”, lo que agrava el problema.
     
    Yo pienso que en este momento debe ser la iglesia la que baje al terreno de los mortales, acepte las realidades terrenas, se deje de celestialismos, y entienda la comunidad cristiana de manera diferente a la actual, donde tanto un hombre como una mujer sena quienes coordinen, presidan y configuren la comunidad. Y como esto no parece que se vaya a producir, pues dejemos a que se terminen los sacerdotes, y que se las apañen como puedan.

  • Antonio Vicedo

    -Muy bueno Antonio y gracias por saber poner en claro lo que contigo hemos vivido y seguimos viviendo.
    Nos queda el desenlace de esa vivencia MATERNO- paternal, que no deja de estar impregnada de funcionalidad, para vivir la plenitud de la HERMANDAD,  en ese NOSOTROS que trasciende la FAMILIARIDAD próxima, para sumergirse en la HERMANDAD UNIVERSAL HUMANA.
    Es en ella en la que solo queda como ABBÁ , AQUEL que  nos dio a conocer JESÚS , y que en Él reconocemos como HERMANO y PADRE de TODA LA HUMANIDAD

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