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Feliz Año Nuevo

Estos días es lo más normal desear a todos los que nos encontramos un Feliz Año, que este año encuentren la felicidad. Porque  todos aspiramos a la felicidad, pero no basta que la deseemos o nos la deseen, el problema es cómo conseguirla. A  lo largo de la historia muchos filósofos y pensadores se han preguntado por la felicidad: dónde se encuentra, cómo alcanzarla, pero nadie ha dado con la fórmula mágica para conseguirla.

          Ya en la antigua Roma el cordobés Lucio Anneo Séneca escribe: «Todos quieren vivir felizmente, hermano, pero al considerar qué es lo que produce una vida feliz caminan sin rumbo claro. Pues no es fácil conseguir la vida feliz, ya que uno se distancia tanto más de ella cuanto más empeñadamente avanza, si es que se da el caso de haber equivocado el camino».

          No hay duda de que el capitalismo, con su ideal de bienestar basado en el consumo, ha equivocado el camino. La civilización consumista lleva a nuestro pequeño planeta al desastre medioambiental. Pero es que, además, los grandes capitalistas  nos muestran que tener miles de millones y consumir lo que les de la gana no  deja satisfechos, siguen peleando  como lobos para tener más y más.

          Por el  contrario, nos acercamos a la felicidad cuando nos desarrollamos como personas completas y equilibradas. El polo opuesto al hombre unidimensional que retrata Marcuse, para el cual sólo lo económico es realmente importante, un hombre que tiene atrofiados aspectos fundamentales como persona humana. Vamos hacia nuestra felicidad cuando cultivamos nuestra inteligencia y alcanzamos un pensamiento propio, crítico y sólido a la vez, no manipulado desde fuera. Cuando desarrollamos nuestra sensibilidad ante la belleza y el arte. Cuando desplegamos nuestra capacidad creadora en una actividad positiva, que pueda dar sentido a una vida humana.

Nos acercamos a una existencia feliz cuando diseñamos nuestro propio proyecto vital, en una decisión de nuestra libertad, con sensatez y responsabilidad. Cuando actuamos como seres sociales, conscientes de la importancia de las relaciones humanas en nuestra vida, en nuestro bienestar. Cuando potenciamos nuestras cualidades más positivas, como el amor, la generosidad, el sentido de justicia y la rectitud ética. Cuando procuramos una psicología sana, liberada de miedos y obsesiones.

Que en el nuevo año busquemos la felicidad por el buen camino

5 comentarios

  • Isidoro García

        La felicidad, ¡qué gran malentendido utópico!. Cuando Albert Camús hablaba del Sísifo “feliz”, («A Sísifo hay que imaginarlo feliz»), se refería que Sísifo seguía su naturaleza, lo que en su realidad ambiente, le causa muchos sinsabores, …pero sin embargo, sigue una y otra vez,… y es “feliz”.

    • Isidoro García

      Porque la felicidad no es un estado de celestial placidez y bonanza, sino un estado de sentirse conectado e integrado con el Universo, a través del cumplimiento de la naturaleza que el Universo le ha dado.

      El existencialismo de la Modernidad, por boca de Camús, para imaginar a Sísifo feliz, insta a persistir en los trabajos de la vida, sin ceder a la desesperación, solo aceptando lo absurdo de la vida.

      Pero la antropología “espiritual”, de la superación de la Modernidad, o sea la Transmodernidad, no acepta el absurdo de la vida, sino que reconoce que aún desconocemos la lógica interna del Universo, por lo que nos puede parecer absurda la vida, según nuestra limitada lógica humana.

      Y por eso la felicidad humana, es algo un poco de “locos”, o sea fuera de la lógica clásica, porque es adaptarse a una lógica del Universo, que intuimos con el “espíritu”, pero que en el fondo desconocemos su desarrollo completo.

      Decía Jean François Revel: “Sentimos que estamos destinados a algo, pero no podemos hacernos idea de ese algo, con lo cual somos semejantes a relojes, que careciendo de una esfera para marcar las horas, movieran sus engranajes dotados de inteligencia, hasta que estuviesen totalmente gastados, sin saber el porqué de todo ello, y no obstante, diciendo continuamente: “debo tener algún fin, puesto que me muevo”. 

      Ante tal carencia de esfera del reloj, la búsqueda de la felicidad es algo parecido a un juego de cartas, llamado Eleusis, en el que el “mano” o director de la jugada, fija una regla secreta, (que se escribe para comprobarla a posteriori), y en función de esa regla o algoritmo, acepta o rechaza las cartas que los otros jugadores, van colocando junto a la carta con la que se ha salido.

      El jugador va a ciegas, intentando adivinar experiencialmente la regla de juego. Y gana el que deduce antes dicha regla y consigue colocar el primero, todas sus cartas.

      Pues eso nos pasa con la felicidad. Que vamos dando tumbos en pos de ella, y nos sucede como en las siete y media, “que es un juego …y un juego vil, que no hay que jugarlo a ciegas, pues juegas cien veces, mil, y de las mil, ves febril, que o te pasas o no llegas.

              Y el no llegar da dolor, pues indica que mal tasas y eres del otro deudor. Mas ¡ay de ti si te pasas! ¡Si te pasas es peor!”.

  • Román Díaz Ayala

    La esperanza no es una simple espera, ni el disfrute de lo que te da o te ofrece la vida con el ánimo de que lo  prolongue. La,esperanza  es saber disfrutar de lo que Dios te tiene preparado con la mirada puesta en Él. El ejercicio del amor la conlleva, pues  nos vamos  haciendo más  semejante a Él.

  • Santiago

    No será posible alcanzar la plena felicidad en esta vida puesto que siempre aspiramos a más y a lo mejor, y los bienes de esta vida son incapaces de saciar esos deseos infinitos que se encuentran anclados en lo profundo de nuestro ser…

    Lejos de cifrarlo en el bienestar económico debemos remontarnos a nuestra esencia espiritual que coexiste con nuestro sustrato biológico en està hipóstasis personal. El objeto de nuestra felicidad plena tendrá que ser perfectísimo y permanente en nosotros para que pueda saciarnos plenamente.

    Pero en esta vida no existe este ser que pueda cumplir todas nuestras aspiraciones…sólo podemos aproximarnos a la felicidad  con la rectitud intencional en la búsqueda del bien. Por eso ningún régimen o sistema político o social puede proporcionarnos esa felicidad trascendente, ni el capitalismo consumista, ni el modelo materialista dialectico  de base marxista-hegeliano. El primero en su expresión radical explota al ser humano y lo convierte en un objeto mercantil y el segundo convierte al ser humano en un esclavo del Estado-dios despojándolo de toda libertad de expresión individual y motivación humana. Por tanto, ni lo uno, ni lo otro. La solución reside en la Revelación de Cristo que vino para restaurar nuestra dignidad humana perdida por la introducción del mal en el mundo y abrirnos el camino hacia la verdadera felicidad plena  que buscamos que se encuentra -no en esta breve y pasajera vida terrenal-sino en la vida eterna que nos promete con certera claridad Jesùs de Nazaret en el Evangelio.

    Feliz Año Nuevo también para ti Antonio Z y para todos mis amigos de Atrio.
    Santiago Hernández  

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