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Despedirse para renacer

Artículo editorial planteando el futuro de ATRIO

      La Navidad y su soporte en el solsticio de invierno, en este hemisferio, es una invitación a vivir el marchitamiento vital con esperanza de renacimiento, las noches vitales con la seguridad de nuevas auroras. “A los que habitaban en sombras de muerte, una Luz les brilló”. “Si uno no nace de nuevo, no puede vislumbrar el reino de Dios”. ¡Feliz Navidad a todas y todos!

      Hoy tengo que anunciar en ATRIO un apagón. No de la web sino del proyecto de nueva fundación que había surgido, apoyado por un grupo de atrieros y amigos como patrocinadores, para asegurar el mantenimiento y desarrollo de ATRIO. Creímos que debía asegurarse la continuidad de este sitio digital, como promotor de todo lo que significa cultura del encuentro y diálogo entre personas a nivel global. Afloró ese proyecto desde lo más profundo de esos veintidós años de colaboración con personas maravillosas que han ido tejiendo esa historia de ATRIO, con más de 7.000 entradas y 107.000 comentarios en los últimos 14 años. Son textos que permanecen vivos y actuales en la base de datos de ATRIO, junto con otros de años anteriores. A veces yo mismo me maravillo, como cuando el otro día, en un comentario, resucité una entrada de Juan Luis Herrero del Pozo y los comentarios que siguieron.

      Porque ATRIO ha sido obra de muchos constructores, como todos los proyectos (algunos conseguidos, otros abortados o fracasados) que he ido impulsando en mi vida.  De los protagonistas de ATRIO muchos nos han ido dejando y otros siguen aún entre nosotros, aunque en su mayoría cargados de años. Y se van añadiendo algunos jóvenes, brotes verdes abiertos al futuro. Las estadísticas muestran que las visitas a ATRIO ha seguido creciendo en 2023 hasta alcanzar casi las 10.000 diarias.

      Respecto de la fundación, teníamos ya los estatutos acordados y registrado el nombre. Pero ha fallado el obtener los fondos necesarios para constituir la fundación y asegurar el funcionamiento de una mínima estructura orgánica. Por lo visto no hemos sabido interesar a las personas o instituciones que poseen el dinero o a una multitud de personas que estén dispuestas a poner sus “dos leptos”. Sea como sea, como el plazo del intento era hasta final de 2023, doy por cerrado ese proyecto, aunque puede surgir quien o quienes quieran resucitarlo. Les facilitaré todo lo que esté en mis manos. Pero yo no podré ya ponerme al frente como estaba ahora.

 

¿Y qué va a pasar ahora con ATRIO?

      No se va a cerrar. Continuará más o menos como hasta ahora. Aunque yo personalmente, desde 2024, me voy a retirar de la responsabilidad de dirigirlo, moderarlo y editarlo como hasta ahora. Las secciones fijas, como las de Alberto Revuelta y Salvador Santos seguirán. Yo mismo, mientras no encuentre otro sustituto (eso depende de ofertas de voluntariado o de aportaciones suficiente que aseguren una gratificación al trabajo) subiré sus escritos semanales mientras sigan enviándolos. Lo mismo que los de otros autores que me presenten sus escritos o referencias a otros artículos, siempre en Word y con las oportunas entradillas para simplificar la edición. Pero ya no me preocuparé de buscar entradas para cada día o para cada tema de actualidad.

      ¿Habrá alguna persona o grupo responsable de la otra función de dirigir y moderar los comentarios? Eso depende de vosotros, amigos y lectores. De lo que proyectéis y de lo que ofrezcáis como individuos o grupo para haceros cargo de las tareas. Todos los proyectos y ofrecimientos que nos lleguen en comentarios o por correo a atrio@atrio org , serán tomados en consideración. Y podríamos tener dentro de un mes, en la segunda quincena de enero, una Asamblea General de ATRIO (como tuvimos otras hace un par de años) a la que serán invitados todos los colaboradores y donantes de ATRIO.

 

Nuevo diseño de web en proyecto

      Por otra parte, está en marcha la construcción de una nueva web, que completaría la actual, con un nuevo diseño y una mayor atención a los tres tipos de conocimiento y centros de interés que se vienen entrelazando en el ATRIO actual:

  • Llegar a hechos y medios tecnológicos de comunicación que marcan y marcarán la vida cada vez más. Proporcionar luz a lo que está oculto o es manipulado intencionalmente en otros medios.
  • Pensar y dialogar críticamente sobre lo que es y significa el Universo y el ser humano en él. Argumentar las propias visiones y atender a las de los demás con uso de razón y lógica.
  • Buscar en el interior de cada uno y en los demás el sentido y las convicciones últimas que marcan los itinerarios personales. Fe personal o compartida, religiosa o laica, que no pueden argumentarse y son difícilmente expresable en conceptos y doctrina.

      Esta web podrá empezar a actuar simultáneamente a la otra, hasta que muestre su funcionalidad y pase la actualidad a la nueva, quedado la anterior como archivo histórico. Lo mismo o están ahora las de periodos precedentes: 2001-2005 y 2006-2009.

      Las dos webs, al no haber fundación o entidad que se haga cargo, seguirán perteneciendo a la sociedad familiar de mis iniciales (ADG-N, SL) que es la que hasta el momento ha puesto los recursos y el trabajo para que ATRIO funcionase. Respeto a la propiedad, mientras no haya otra institución que pueda acogerla, está asegurada la continuidad esté o no yo activo.

      Lo importante es que siga habiendo recursos para hacer frente a los diversos gastos que implica mantener la actividad interesante y atractiva. Por eso, desde este editorial, insto a todos a hacer aportaciones y suscripciones.

 

ATRIO es un Lugar de Encuentro, aconfesional y laico, para buscadores de sentido.
Su acceso es libre y sin publicidad.
Se mantiene y mejora gracias a la generosa ayuda de usuarios.

  APORTACIONES

146 comentarios

  • Isidoro García

        La joven filósofa, (y antigua diputada de “Sumar” en Madrid), Clara Ramas, (1986), acaba de publicar un libro, (‘El tiempo perdido’, Arpa), que es un alegato contra los “melancólicos”, aquellos que, dice, quieren convertir su nostalgia por el pasado en un programa político, reivindicando una “Edad Dorada”, que solo existe en recuerdos idealizados por el paso del tiempo, lo que considera un problema tanto en la derecha como en la izquierda.

    • Isidoro García

           En “El Confidencial”, del sábado, 11-5, Ángel Villarino, la hace una magnífica entrevista, muy lúcida y esclarecedora para mí.
             Clara Ramas, cuenta que siente que se está viviendo el final de algo. Un momento de decadencia, de estar en su final. Un tono crepuscular, que resuena con mucha fuerza hoy en día.
               Más allá de la crisis climática global, los problemas de salud mental, una profunda angustia existencial y los crecientes niveles de desigualdad, hay una creciente sensación, de que no somos capaces de formarnos una imagen coherente del mundo.
           Carecemos de un mapa, ni siquiera mental, para entender los poderes en juego que nos abruman como algo casi sobrenatural.
             Y la sensación de que las fuerzas que gobiernan nuestras vidas están completamente descontroladas y fuera de nuestro alcance.
           Hemos perdido el mapa anterior, y no lo hemos sustituído por otro, lo que nos genera una fuerte sensación de incertidumbre y angustia.
           Y nos hemos convertido en unos nuevos melancólicos, que creen en la existencia de una Edad Dorada, y que van en busca del objeto perdido, porque creemos que somos los únicos guardianes de lo valioso. Y cualquier proyecto o cambio se percibe como una catástrofe.
               Una Edad Dorada, que es más una proyección de nuestras propias angustias y necesidades actuales, que una representación precisa de lo que realmente existió.
           Una Edad Dorada, en la que creíamos tener una identidad completa basada en un objeto idealizado, ya sea la sociedad, los valores, la familia o la patria.
               Teníamos esa certeza en torno a unos roles estables e inmutables. Ahora, en el presente, sentimos que hemos perdido esa certeza, pero estamos convencidos de que podemos recuperar esa Edad Dorada en el futuro.
              Así, el único proyecto para el futuro, desde esta perspectiva melancólica, es repetir esa Edad dorada del pasado.
              La sensación crepuscular, está relacionada con esta sensación de pérdida, porque últimamente hay una creciente ausencia de futuro.
       
             Esa melancolía que genera la sensación crepuscular, no se atribuye exclusivamente a lo que históricamente ha sido la derecha; también recorre las posiciones tradicionales de la izquierda. Es transversal. Y genera un movimiento de reacción.
            El capitalismo, desmantela todas las formas tradicionales de comunidad u organización social, dejando solo la mercancía y el valor económico como mediadores sociales.
               Este fenómeno trastoca todas las estructuras tradicionales, como las religiosas y comunitarias. Y a medida que estas formas se desintegran, surge un movimiento de reacción, mas que simplemente conservador.
             El capitalismo ya ha destruido esas formas tradicionales, así que no quieren conservar nada, pero sí reaccionan ante la amenaza percibida por la disolución de las certezas y estabilidades.
           Esto les confiere un carácter peculiar, al combinar valores aparentemente tradicionales, con elementos modernos y hasta contradictorios.
              La idea de restaurar una especie de “Edad Dorada”, que en realidad nunca existió, es impotente frente al presente.
             Y sobre todo, no nos permite comprender el mundo actual, y es un programa político vano, porque ese supuesto pasado está idealizado desde el presente.
            Y esta melancolía, en su evolución extrema, desemboca en nihilismo, que es la consecuencia última de esta postura melancólica.
             Debemos tratar de comprender el malestar actual y encontrar caminos más creativos, mejor escritos y más imaginativos. Necesitamos mitologías y simbologías más poderosas que las actuales.
               Las respuestas no deben transitar por los caminos del resentimiento hacia el presente, sino avanzar con creatividad y apertura, hacia un futuro mejor.
       
          En resumen, es una entrevista interesantísima para comprender la complejidad de la situación actual, y las perspectivas de futuro. Porque como decía Carl Sagan: «El mero pensamiento crítico, sin reflexiones creativas e intuitivas, sin la búsqueda de nuevos patrones cognitivos y de actuación, es estéril y está condenado al fracaso.
               Para resolver problemas complejos en circunstancias cambiantes, se requiere la actividad de ambos hemisferios cerebrales”.

      • Isidoro García

        Dice Clara Ramas, que “El capitalismo, desmantela todas las formas tradicionales de comunidad u organización social, dejando solo la mercancía y el valor económico como mediadores sociales.
                Este fenómeno trastoca todas las estructuras tradicionales, como las religiosas y comunitarias. Y a medida que estas formas se desintegran, surge un movimiento de reacción, mas que simplemente conservador”.
             Yo creo que aquí, la lúcida filósofa, Ramas, realiza un reduccionismo materialista, y está atribuyendo al “capitalismo”, el protagonismo de una subversión social y cultural, cuando toda esta revolución se debe a la Postmodernidad, que es el resultado de la toma de conciencia de la complejidad de todo en el Universo. Y concretamente a la complejidad en la vida humana, individual y colectiva.
             Ese percibir con mucho más detalle, toda la realidad humana, supone una auténtica conmoción del mapa de significados antiguo, de todo, y genera un proceso imparable de limpieza general y reforma o eliminación, de todas las instituciones de nuestra vida anterior. Incluyendo al mismo capitalismo tradicional, que ha sido modificado por la globalización, la automatización, y la revolución informática.
              Nuestra antigua cosmovisión, ha sufrido un proceso similar al de la limpieza de esos cuadros antiguos, que parecen todo un manchurrón obscuro y negro, y que una vez limpios de la suciedad del tiempo, aparece una figura bella, clara y maravillosa. Y otras veces se ve que contenía elementos e instituciones míticos, supersticiosos, y hasta falsos.
                   La postmodernidad supone el escrutinio permanente de todo, ahondando en su complejidad, con múltiples causas y múltiples efectos de todo, lo que ha destrozado el mapa antiguo de significados, y con ello, ha destrozado las antiguas instituciones, (religiones, universidades, empresas, partidos políticos, sindicatos,…), lo que genera esa sensación crepuscular, de final de un mundo conocido.
               Y esos cambios, generan una gran desorientación y resentimiento hacia esos cambios, y una fuerte reacción ante la amenaza percibida por la disolución de las certezas y estabilidades. Lo que genera incluso que muchos antiguos progresistas adopten posturas conservadoras.
         
            Señala Joseph Campbell, como nuestros tiempos han cambiado tan rápido que lo que era conveniente hace cincuenta años ya no lo es hoy”. Y que “Las virtudes del pasado son los vicios de hoy”.
             Por ejemplo, Albert Einstein, se preguntaba en 1950: «¿Cómo debe comportarse el hombre si el Estado le obliga a ciertas acciones, si la sociedad espera de él cierta actitud que su conciencia considera injusta?».
             La objeción personal a la guerra de tu país, hace años, era algo antisocial y propia de individualistas egoístas. Hoy día, es al revés. La obediencia ciega a las órdenes de tu país, o tu iglesia, se considera una falta de madurez y desarrollo personal.
             Así estamos, que no sabemos si subir o bajar, si ir a la derecha o a la izquierda, y los que lo tienen claro, es porque ya hace mucho tiempo, han decidido dejarse guiar por un catecismo que les gustó en algún momento de su vida, y ya no han vuelto a plantearse nada más.
            Casi habría que seguir el cínico consejo de Joaquín Bartrina: “¡Si quieres ser feliz, como me dices, no analices, muchacho, no analices!”.
             Pero no podemos permitírnoslo. Los problemas que amenazan a la Humanidad son demasiado graves.

        • Isidoro García

                  “Las pobrezas son innumerables, tantas como heridas y sufrimientos en los hombres y mujeres de nuestro tiempo”. José Luis Sánchez García, (vicario de Cultura de Valencia).
           
               La mente de los niños, se va complejizando paulatinamente. Por ejemplo, en el cálculo, se inicia con el cálculo sencillito de sumar y restar. Luego llegan las operaciones de multiplicar y dividir.
               Después llegan las de elevar a una potencia. Luego las raíces al cuadrado y cúbicas. Y luego el cálculo infinitesimal de las derivadas e integrales, y acaba en el cálculo matricial, y posiblemente haya algo mas complejo que yo ignoro.
               Pues lo mismo pasa con las cosmovisiones o conciencia de la realidad en el ser humano.
               Después de las fases arcaica, mágica, mitológica y racional egoica, esta culmina en la “Modernidad”, en la que la Realidad se analiza en clave reduccionista de una causa-efecto, principal y semiúnica.
               La Postmodernidad, supone amplai mucho el abanico causa efectos, a múltiples causas, que producen múltiples efectos, lo que complejiza muchísimo el análisis.
               La Modernidad, ponía el enfoque principal en la economía, y la consideraba como casi el único elemento causante de la felicidad y del sufrimiento humano.
                  Aunque parezca mentira, los modernos, incluidos los marxistas, tienen un único lema: “El consumo es lo que da la felicidad, y la falta de capacidad de consumo es la causa de la desgracia humana”.
              Y dividió a la humanidad, en dos únicas clases: los pobres, y los ricos. Y exceptuando a los pobres-pobres sin la alimentación mínima asegurada, todos los demás “somos ricos”, y por ello, egoístamente felices, lo cual genera mas desconcierto en la mayoría de nosotros, que tenemos un mínimo de renta económica, pero somos tan tontos, que no conseguimos ser felices con ello.
               Como se ve, es un dualismo muy simple y claramente insuficiente.
               Pero seguimos evolucionando, y la Postmodernidad, se inició con otro lema distinto: “Los ricos también lloran”, que pone el dedo en la herida de que no basta la capacidad económica de consumo, para asegurar un nivel adecuado de felicidad, al que todos aspiramos.
              De repente, las categorías modernas, que dividían a las personas, en de izquierdas y de derechas, se han derrumbado, pues han surgido múltiples elementos identitarios distintos, en función de toda una serie de elementos que intervienen muy fuertemente en la felicidad humana.
                Han surgido múltiples y variables clases de pobres “desgraciados”, que se unen a los pobres-pobres de hambruna.
               Además por supuesto, del factor económico, existen factores como
          -la identidad sexual;
          – el nivel y calidad de salud física;
          – la salud mental y los problemas emocionales; deprimidos, ansiosos, traumatizados, etc., generados por una sociedad moderna, a la que nos cuesta adaptarnos.
          – la soledad no deseada y la necesidad de recibir afecto y autoestima;
          – las dolorosas crisis existenciales y la falta de sentido de la vida, no resueltas aún.
          – los trastornos de la personalidad, y/o enfermedades del “carácter”, como la melancolía, apatía, tristeza y amargura.
          – la intolerancia social del “distinto”, ya por raza, religión, o creencias personales;
          – la posibilidad de dar rienda suelta a la creatividad natural;
          – y en general todos los valores deseables de la pirámide de Maslow, que llevan a la auto-realización personal.
           
              Total, que el análisis de “pobres y ricos”, me parece una infantilidad. Y ya va siendo hora de sustituirlo por “felices y desgraciados”. Eso debería ser en esta nueva era de la postmodernidad, la nueva mirada de los políticos
                 Y de hecho, si os dais cuenta, paulatinamente, la política se va transformando más en una cuestión psicológica, que meramente económica.

  • Isidoro García

    Acabo de leer mi artículo del año, de Francisco Traver, (no podía ser otro), sobre “el sentido de la vida”, que no es para mí, un tema importante: es mi único tema existencial, alrededor del cual, ha girado toda mi vida, sin yo ser consciente de ello, la mayoría del tiempo. 

    Y ahora, cuando creo que ya empiezo a estar preparado para entender, es cuando aparece el maestro, como dice el Zen.

    • Isidoro García

      El maestro Traver, (no pongo que es psiquiatra, porque esa era solo su profesión -está jubilado- ahora es un gran filósofo de la Ciencia y de la Vida, con toda su lucidez natural, y el bagaje de sus muchas lecturas y experiencias clínicas sobre el ser humano).

      Dice Traver:

      – “La vida tiene explicación, pero no sentido, y por eso es absurda, pues sentido es una explicación que conecta con algo personal, algo que nos interpela, no se trata de explicarnos la vida como haría un fisiólogo, se trata de encontrarle un sentido personal, un sentido con carne.

      – Se dice que el absurdismo, la filosofía del absurdo es una idea existencialista, y que Albert Camus es uno de sus sumos sacerdotes, pero lo cierto es que el absurdo es el estilo que abordó Franz Kafka.

      Existen tres soluciones al absurdo de la vida: pero es condición inicial que el sujeto acepte esta falta de sentido.

      – El sentido puede crearse ex profeso. Un sentido a la medida de cada cual, después de aceptar el sin sentido claro.

      – Camus nos da tres soluciones para enfrentar ese sinsentido: 1.- El suicidio, 2.- La trascendencia a través de Dios, y 3.- La aceptación.

      – En esta 3ª solución, hay que abandonar toda idea de trascendencia, de agradecimiento o de gratitud por parte de los otros. 

              Hay que vivir en el mundo sin estar en él como dice Junger, pues el mundo es una trama de reglas consensuadas que son casi siempre falsas, y otras arbitrarias.

             No hay que esforzarse por pertenecer a nada, mas allá de los íntimos, para que te reconozcan, por formar parte de algo”.

       

      Yo personalmente, con mi hipótesis-convicción de la existencia en cada humano del “espíritu personal”, concuerdo con ese planteamiento de Traver, aunque lo matizo.

      De entrada, ese fortísimo instinto de vacío existencial y de falta de sentido de la vida, debe tener un origen en el interior de todo ser humano, en las profundidades de nuestra mente.

      Y esa fortísima angustia existencial, no es algo aislado y sin causa. Todos los instintos funcionan en los seres vivos, mediante un doble mecanismo de premio-castigo. Te otorga un placer si los satisfaces, y un displacer o sufrimiento si no lo haces.

      Pues esa angustia existencial de la falta de sentido de la vida, es sencillamente, la “sed” del instinto de beber líquido, o el “hambre” del instinto de alimentarse, o incluso la libido, del instinto de vivir. Es el castigo de todo instinto vital y existencial no satisfecho.

      El “espíritu personal”, es un mecanismo que nos ancla en el Universo, y nos facilita la labor mediante imágenes primordiales arquetípicas, con patrones de ideas cognitivas, y de comportamientos adecuados y oportunos para ir en sintonía con el “Viento del Universo”.

      Pero anterior a ello, en el “espíritu personal”, nos viene marcado un fortísimo instinto de armonización con el Universo, que nos impulsa hacia los tres grandes Valores Universales: la Verdad, la Bondad, y la Belleza-Felicidad personal.

      Esta armonización general con el Universo, es un proceso que si se va en su línea, nos otorga una gran y auténtica Felicidad, pero si no atendemos a ese instinto, porque no lo sabemos comprender, nos castiga con una fuete vacío existencial, que a intentamos tapar mediante sucedáneos falsos, inútiles, y sobre todo autodestructivos.

      El sentido de la vida, como afirma Traver, no es algo exclusivamente racional, que responda a una paradoja lógica, o a una falta cognitiva de argumentos.

      Es algo muy profundo, muy visceral, muy inconsciente, porque es una explicación que tiene que conectar con algo personal, algo que nos interpela en lo profundo de nuestra mente.

      Por eso todo sucedáneo que intentemos encontrar a base de razón y de voluntad racional o ética, es falsa, inútil y muchas veces nos complica la vida más aún que antes.

      Solo podemos apagar la sed, echando el tipo de “agua” que nos exige el “espíritu”, que es de donde proviene la herida existencial. (Me resuena: “Con el agua que yo te de, no volverás a tener sed nunca”).

       

      Referencia: https://pacotraver.wordpress.com/2024/04/22/sisifo-y-el-absurdismo/

       

    • oscar varela

      LA VIDA ES UNA HERIDA ABSURDA

       

  • carmen

    Hola  Antonio Duato.

    No te asustes, no voy a volver. De todas formas, una palabra tuya bastará para callarme , ya sabes que hay temas en los que salto. Pero una palabra tuya. De nadie más.

    Cuidate mucho.

  • carmen

    Y, sabe? Un discurso idéntico al suyo he leído ya aquí. Por lo visto, las personas que se fueron de España en los ochenta y han vuelto décadas después, no la reconocen. Me lo creo totalmente. Los que estamos aquí desde todos los siempres tampoco la reconocemos. Ni a Europa, tampoco.

    Me apetecía decírselo. 

  • carmen

    Hola Miguel.Debe de ser usted de mi quinta. En la década de los ochenta, viví la mía de los treinta.

    Efectivamente, las cosas han cambiado mucho. Me temo que no únicamente en España. Si así fuera, no habría gran problema. Se solucionarían. Si fuimos capaces de hacer la Transición de una dictadura de cuarenta años que fue instaurada  por el bando que ganó una guerra civil horrible, como todas las guerras y más si son civiles. Y con la ayuda del fascismo, porque de todos es sabido , bueno, muchas cosas, entre otras que el territorio español sirvió como campo de pruebas para bombardeos  que más tarde se utilizaron en la segunda guerra, o en la segunda parte de la Gran Guerra,  si fuimos capaces de remontar, somos capaces de todo.

    Pero claro, en los años ochenta,  Europa era otra. El Mundo entero era otro.No. No es un problema de España. Fíjese, estoy muy orgullosa de ser Española. Supongo que no lo entenderá muy bien. Es que si le digo que también lo estoy de ser Murciana, se echará las manos a la cabeza. Así que no me haga mucho caso.

    Perdone que insista. Es cierto que la  España de ahora nada tiene que ver con la de los años ochenta. Y tiene algo que ver la Europa de hoy, el Mundo Mundial de hoy , con el de los años ochenta? Pregunto.

    Y los responsables somos todos. Absolutamente todos. No únicamente los políticos, les dejamos hacer y…’de aquellos polvos, estos lodos’ . Dicen.

    Un saludo cordial Buen día. 

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