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La tesis central de Hans Joas en cinco puntos

Javier Elzo ya nos ha ofrecida muchas veces pistas para analizar los orígenes de lo religioso en todas las culturas, incluso en las más evolucioadas y secularizadas. Últimamente nos está haciendo el servicio de presentarnos en España a Hans Joas, que para muchos está revolucionando la sociología religiosa. Con sencillez nos presenta en este artículo los cinco puntos claves de Joas. Con un poco de atención cualquiera podrá comprenderlos. En los comentarios podemos sacar conclusiones y ver si ayuda a entender por que la religiosidad o el sentido de lo sagrado no será borrado de las sociedades del futuro como muchos auguran. AD.

Hans Joas, sociólogo católico muniqués, profesor en Chicago y en Berlín, desarrolla cinco puntos, que, “sí se los adopta conjuntamente, constituyen los delineamientos de una teoría de la sacralización que pueda, entonces, servir de fundamento a las argumentaciones históricas”[1].Me sirvo de mi trabajo “La religión desde las ciencias sociales. Tras una lectura de Hans Joas pensando en la sociedad actual”. Ediciones Bubok. San Sebastián 2022, 297 p. El libro puede adquirirse gratuitamente en la propia editorial, en formato electrónico, y por siete euros en formato papel.

 

  • Punto 1°. La “creatividad situada” en el actuar humano

Hans Joas, siguiendo a los representantes del pragmatismo americano (James, Royce, Dewey, Sanders…) sostiene que el actuar humano, la acción humana, no es solamente, ni principalmente, el resultado de una decisión intelectual, sino el resultado de su relación con el mundo que le rodea. Propone el concepto de ‘creatividad situada’. La creatividad no designa un tipo de acción particular, la acción creadora, sino una cualidad que reviene a todo actuar humano. La idea fundamental es que el organismo ‘ser humano’ hace la experiencia viva de tensiones en su relación con el medio ambiente. Estás tensiones deben ser afrontadas. Y, en cada ocasión, es el punto de partida para nuevas variantes de acciones que entran entonces, a su vez, en el repertorio de las acciones de rutina.

“Está idea fundamental de una ‘creatividad situada’ modifica la forma como se comprende la actividad científica. En primer lugar, en psicología y después en el conjunto de las ciencias sociales y culturales”[2]. Se abre la posibilidad de comprender todas las realizaciones específicamente humanas” a partir de la función propia de los humanos (la creatividad situada) para permitir al organismo humano afrontar activamente su medio ambiente”[3].

 

  • Punto 2°. La teoría antropológica de la autorrealización de la persona, del “sí mismo”.

Sobre la base del modelo pragmatista de la acción, emergió al final del siglo XIX en la psicología social americana, una teoría de la constitución del ‘sí mismo’ a partir de procesos de interacción social. Es una teoría antropológica sobre los caracteres específicos de la comunicación y de la socialidad humanas, a partir de la cual se desarrolló un análisis del desarrollo del ‘self’ en el niño y en el adulto. Según está teoría, el ‘sí mismo’  no designa la individualidad biológica del niño ni la estructura de la personalidad adulta que se forma progresivamente, “sino la estructura de la auto- realización de una persona en tanto que llega, a lo largo de su vida, a sintetizar las relaciones con los diferentes, con los otros, de una forma que tienda a la coherencia”[4].

Punto 3°. Las experiencias pasivas de “autotrascendencia”, a lo largo de la vida, externas al sujeto, como acontecimientos fuertes

“Si él ‘sí mismo’ del ser humano no es algo simplemente dado y no se desarrolla tampoco solamente por medio del proceso de maduración, pero representa, por el contrario, el proceso de un afrontamiento activo de conflictos entre las esferas de los otros y la percepción que cada uno tiene de ‘si mismo’, no se puede entonces postular que este proceso de la formación de sí mismo encontrará, de una vez por todas, su conclusión en un momento u otro de la biografía de la persona”[5].

Ciertamente hay muchas personas que llegan a alcanzar un cierto grado de estabilidad en un momento u otro de su vida, pero así y todo hay experiencias posteriores, por ejemplo, el envejecimiento, acontecimientos no esperables, como la muerte de un ser querido, que pueden destruir de nuevo esta estabilidad y necesitan una reestructuración de la comprensión de ‘sí mismo’.

Este punto es, realmente, un eslabón clave en la organización del pensamiento de Joas. La idea es muy simple: determinados acontecimientos en la vida de las personas suponen un “choque vital” en su configuración simbólica de la realidad. Pero más aún, son capaces de rediseñar su vida futura, sea de forma permanente, sea durante un periodo de su vida. Además, estos “choques”, no necesariamente similares, pueden producirse en otras ocasiones vitales, exigiendo de nuevo otro rediseño de su vida, de su configuración simbólica, de tal suerte que, la vida de una persona, por mor de tales acontecimientos, está siempre abierta a nuevas configuraciones, creencias, modos de vida, nuevos valores, etc.

Para estos golpes de la vida – que sean positivos o negativos- Hans Joas utiliza el concepto de ‘autotrascendencia’. Con este concepto no se tematiza solamente el desafío que representa para sí mismo la necesidad de afrontar activamente una nueva situación. Las experiencias de las que hablamos son, en efecto, experiencias que muestran una dimensión fundamentalmente pasiva – experiencias en las cuales no se adoptan posiciones de acción. Por el contrario, se es secuestrado, (o atrapado, saisi en francés, idioma en el que he leído el texto de Joas) por personas o por ideales.

“Más allá de las experiencias de éxtasis colectivo esta fenomenología tiene que dejar espacio, por ejemplo, a las experiencias de la relación amorosa y del amor, de la apertura del yo en el diálogo fructífero, en la conmoción de la piedad, pero, también, debe dejar espacio a las experiencias eufóricas de la superación de sí mismo (romper o superar los muros de sí mismo) en las experiencias de relación. Y ahí también tienen su lugar las experiencias religiosas que no se reagrupan solamente en las experiencias accesibles en general a una interpretación religiosa, sino también en las experiencias que presuponen la fe lo que denomina Joas, ‘experiencias sacramentales’”.

Continúa Joas en este texto soberbio y capital de su pensamiento, referenciando a Paul Tillich [6] sosteniendo que “tal fenomenología no puede limitarse solamente a las experiencias de autotrascendencia acompañadas de sentimientos entusiastas. Debe dejar espacio  también, a las experiencias del miedo, en las cuales el hombre deviene consciente de su propia vulnerabilidad y finitud, que sea con ocasión de la enfermedad o del miedo a morir, el sufrimiento y la pérdida de seres queridos; también a las experiencias en las cuales el mundo pierde, para nosotros, lo que nos estimula a la acción, por lo que caemos en la depresión frente a la ausencia de sentido de nuestra experiencia; en las experiencias, en fin, en las cuales el sentimiento de falta por las acciones cometidas u omitidas, nos priva de nuestra comprensión de nosotros mismos como seres morales. A las experiencias de autotrascendencia entusiasta, en las cuales se constituyen nuestras relaciones con las personas y con los valores, y a las experiencias de miedo en las cuales nosotros no superamos las fronteras de nuestro yo, pero somos conscientes de ello, vienen a añadirse las fuerzas destructivas y autodestructivas de la superación (dépassement) de las fronteras del yo. Pues todas las aperturas de estas fronteras no se producen de forma voluntaria. Nosotros podemos devenir víctimas de violencias, de una violación no solamente de nuestro cuerpo sino de nuestro yo mismo. En la continuidad de nuestra vida no podemos tampoco liberarnos de esas experiencias que nos han conducido a las relaciones  con las personas y los valores que son constitutivos de nuestra identidad.

Puede suceder también, continúa Joas, que nosotros no podamos llegar a cerrar de nuevo las fronteras de nuestro yo después de un choque vital (éxtasis escribe Joas), incluso cuando nosotros lo hayamos provocado a propósito, o después de experiencias de miedo y de violencia; nosotros recordamos entonces esas experiencias como las de una perdida, y no como de una transformación que nos conduzca a algo nuevo”[7].

Hans Joas distingue muy bien la experiencia cotidiana de la extra -cotidiana. Pero en el anterior texto vemos también, cómo distingue experiencias cotidianas que pueden tener una lectura extra- cotidiana, sea de signo profano (el miedo a la muerte en algunas situaciones) o de signo religioso cuando a esas mismas experiencias se les da una lectura religiosa, de otras experiencias que, etiqueta directamente de experiencias de fe, a las que denomina, lo recuerdo, experiencias sacramentales.

 

  • Punto 4º Sobre “ser atrapado” por las experiencias de autotrascendencia

El cuarto punto, en su concreción y densidad merece ser citado casi en su totalidad. Tampoco es demasiado largo y es otro de los puntales de la construcción de Joas en su propuesta de religión y religiosidad de nuestros días.

“El punto cuarto, escribe Joas, procede inmediatamente del tercero. Esta dimensión pasiva del ser atrapado (être-saisi) en las experiencias de autotrascendencia es, necesariamente, la experiencia de fuerzas que nos impactan y atrapan añado yo, JE. Algo debe darse si los individuos o las colectividades son arrancados de las fronteras, hasta entonces estabilizadas, de su propio yo. Las experiencias inauditas (inouis) de una pérdida de sí mismo provisional, y de un entusiasmo que sobrepasa todo lo que es cotidiano, confieren una carga emocional a la situación en la que esta experiencia tiene lugar. Experiencias de apertura de sí mismo (de decloissonement) o de superación (dépassement) de sí mismo, contienen una certeza afectiva que llena los elementos de la situación con una fuerza de adhesión pre – reflexiva, cuyo poder es superior al de toda experiencia cotidiana. Es lo que Durkheim tiene en vista cuando habla de ‘sagrado’. Las experiencias de autotrascendencia conducen necesariamente a la atribución de la calidad de ‘sagrado’ sin que sea, necesario utilizar este término. Este ‘sagrado’ es una cualidad que proviene de las fuerzas que nos atrapan; no es de ninguna de las formas, al menos al comienzo, idéntica al Bien o a cualquier otra evaluación positiva como lo Verdadero o lo Bello. Lo diabólico y lo demoníaco caen también en esta categoría. Es por eso que yo he utilizado, sigue Joas, para el proceso de la formación de ideales lo que sabemos de la dinámica de procesos de sacralización, pero sin embargo yo me he guardado bien de hacer de cada proceso de sacralización un proceso de formación de ideal. Estamos ante una formación de ideal solamente cuando una experiencia de lo sagrado recibe un carácter ético, y que ese contenido ético puede ser abstraído en una forma articulada de la intensidad vivida en esa experiencia sobre un modo pre – reflexivo[8].

“Être saisi “, es una expresión francesa que, en el Larousse de la lengua, tiene dos acepciones similares: “quedarse paralizado por la sorpresa” y “quedarse repentina y fuertemente afectado por un sentimiento, por una emoción “. Se trata, pues, de una experiencia fuerte, impactante. Pone, como ejemplos, el diccionario francés, “quedarse sin habla” y “sentir pánico”. En este sentido, lo que subraya Joas en la lectura que hace de las experiencias vividas y que pueden estar en el origen de lo religioso, es la de “ser atrapado” por algo que es externo a la persona. Es, prácticamente, lo contrario del planteamiento de Feuerbach.

En efecto, Hans Joas (en realidad su traductor al francés, Jean- Marc Tétaz, que lo es también de otras obras de Joas, luego le conoce bien) aplica este término a las experiencias que etiqueta de auto transcendencias, que tienen, de entrada, dos notas importantes a retener: 1º son experiencias extra -cotidianas (aunque sucedan en su vida ordinaria) y 2º son experiencias que provienen de fuerzas externas a su persona, esto es, no son el resultado de proyecciones propias de situaciones de ansiedad, miedo, júbilo, por ejemplo, cuando el equipo de sus colores marca el gol definitivo[9].

Como escribe Jesús Martinez Gordo “la tesis de Feuerbach y la de los ateos solo son comprensibles cuando se da por incuestionable que únicamente lo material, al ser objetivo, determinado y concreto, es verdadero y racional.

Sin embargo, prosiguen los deístas y teístas, continúa Jesus Martinez Gordo, Dios no es una cosa más, o una persona o una realidad entre otras de nuestro mundo. Si lo fuera, no estaríamos hablando de Dios, sino del cosmos, de la historia o del ser humano en cuanto tales, es decir, de sus transparencias o – siguiendo con la analogía – de los anillos, de Hamlet o de La Pedrera o del Big Bang. Pero que Dios no sea una realidad empírica, medible, tangible, pesable o cuantificable como lo es una barra de pan, un monte, un avión o una persona de carne y hueso no quiere decir que no sea real ni perceptible de manera semejante a como lo son Shakespeare por sus escritos, Gaudí por su obra artística, el amor en los anillos intercambiados entre dos enamorados y las leyes en la materia viva o inerte. Ni el escritor inglés, ni el genio catalán, ni el amor compartido entre dos personas, o las leyes que mueven el cosmos son tangibles, medibles, pesables o materiales. Lo mismo sucede con Dios: es perceptible como Inteligencia, Poder, Orden o Amor que, transparentándose en la realidad cósmica, biológica, antropológica e histórica, no se confunde ni se reduce a materia. Y se hace perceptible como existente por sí mismo, independientemente de ella”[10]. Excelente reflexión de Jesús Martinez Gordo.

Hay otros tres aspectos a retener de este 4º punto de Joas. Por un lado, que se trata de una experiencia pre – reflexiva, luego, de nuevo, no es una proyección de una reflexión previa y, por otra parte, que no toda sacralidad supone o conduce a una formación de ideales.

En segundo lugar, solamente la condición de sagrado (de meta-cotidiano, siguiendo a Durkheim) adquiere la dimensión de ideal, cuando la experiencia de lo sagrado adopta y contiene una dimensión ética. Y esto vale para la sacralidad religiosa como para la laica o secular.

En tercer y trascendental lugar, retener, que el contenido ético puede ser abstraído en una forma articulada en la sacralidad de tal situación, situación que es vivida, como acabamos de subrayar, sobre un modo pre -reflexivo”. Y, es a esta articulación que Joas va a consagrar la parte final de su propuesta.

Punto 5. De la experiencia colectiva a la individual. De la distinción entre la autotrascendencia y la interpretación personal de la misma

Haciendo referencia a Durkheim, escribe Hans Joas que “en el caso de una experiencia de fusión extremadamente intensa en el seno de una colectividad, es inevitable que esta experiencia compartida requiera a un momento dado una interpretación individual. Para esta interpretación no se puede presuponer, tampoco, que se dará una única interpretación compartida por todos. La misma distinción entre la experiencia y la interpretación de la experiencia se aplica, de toda evidencia, también a las experiencias que los individuos hacen para ellos mismos independientemente de los otros. Aquí también sería absurdo atribuir a la interpretación de la experiencia la misma evidencia que las cualidades emotivas de la misma. Nuevas experiencias particularmente intensas pueden motivar a los hombres a convertirse a un nuevo sistema de valores y de interpretación; pero incluso sin nuevas experiencias, nuevas interpretaciones de sus experiencias anteriores, pueden presentarse a ellos y parecerles más convincentes que las que le incitaron anteriormente a la conversión”[11].

No hay que entender el término “conversión”, como conversión a una religión determinada, sino trastrueque o cambio, en el personal sistema de valores e ideales, luego, conclusión clave: una religión (y una fe religiosa o laica) basada, en gran parte en experiencias fuertes, es una religión en construcción (o destrucción) permanente. De ahí la importancia de la reflexión personal, y añado, de la oración de escucha, quiero decir, estar abierto al Espíritu. Y, no olvidar, a Durkheim cuando incluye la Iglesia en su definición de religión.

Para el análisis de la diferenciación entre la experiencia y su interpretación, Hans Joas echa mano de Charles Taylor cuando este utiliza el concepto de ‘articulación’. Escribe Joas que “en los análisis de los procesos de articulación, Taylor distingue cuatro niveles que Joas denomina 1º el nivel de la situación vivida, 2º el de la experiencia reflexiva, 3º el de la interpretación individual de las experiencias y 4º el de los recursos culturales utilizados en los modelos interpretativos. (…)

Dicho de otro modo:  Nosotros, los humanos, nos movemos constantemente entre

  • 1º datos de una situación, datos que existen independientemente de nosotros,
  • 2º nuestra experiencia holística de esa situación,
  • 3º la presente interpretación de nuestra experiencia y
  • 4º las interpretaciones públicamente establecidas, o las que dábamos nosotros mismos, anteriormente.

Se pueden producir continuamente fricciones entre esos cuatro niveles. Otros acontecimientos pueden aparecer en contradicción con la percepción que nosotros teníamos hasta ese momento de la situación; la forma en la que nosotros articulábamos hasta ese momento nuestra experiencia nos puede parecer, de pronto, inadecuada; las interpretaciones públicamente disponibles pierden la plausibilidad que podían tener. Taylor ilustra la complejidad de estos procesos con un ejemplo de la experiencia de una minoría étnica discriminada. La atribución cultural de inferioridad puede conducir a la formación de sentimientos de inferioridad en los individuos concernidos si estos se apropian de esa atribución. Pero puede también conducir a la resistencia contra una imagen del mundo establecido, movilizando interpretaciones que provienen de otras tradiciones y de otras culturas. El proceso de articulación puede, pues, muy bien, producir algo nuevo”[12].

En este punto debemos hacer un alto. Cuando Joas escribe que “la forma en la que nosotros articulábamos hasta ese momento nuestra experiencia nos puede parecer, de pronto, inadecuada” y que “las interpretaciones públicamente disponibles pierden la plausibilidad que podían tener” nos da unas evidentes pistas para afrontar la realidad que vivimos en estos momentos, tanto en la fe personal de los creyentes como en la lectura que se hace de lo religioso en las instituciones, como la Iglesia Católica.

Añade Joas, que “la reflexión debe estar atenta a la diferencia entre las experiencias, sus simbolizaciones y lo que es simbolizado en esas simbolizaciones. Es la razón por la que no nos podríamos contentar en fijarnos solamente en los fenómenos clasificados por convención como ‘religión’ o en aquellos por los cuales los individuos recurren al concepto de ‘religión’ en la descripción que dan de sus prácticas o de sus creencias”[13]. Piénsese, sin más, añado yo, cuando ante una actividad que no queremos realizar, utilizamos, coloquialmente, la expresión “mi religión me lo impide”.

Apunta Hans Joas, que su objetivo es tomar en consideración toda la paleta de fenómenos que aparecen cuando nosotros pensamos en experiencias humanas que conducen a la atribución de cualidades de sacralidad. El concepto de ´sacralidad´ ciertamente es también objeto de controversias conceptuales; no podría ser de otra forma. Este concepto no es utilizado aquí como un concepto con el cual los hombres describen las experiencias que ellos hacen. Sirve, por el contrario, para designar un complejo de cualidades afectivas que resultan de las experiencias de autotrascendencia; estas cualidades pueden estar presentes incluso allí donde los individuos rechazan con vehemencia este concepto en razón de las connotaciones que recuerdan a las religiones tradicionales e institucionalizadas. Y, añade:

“No existen salidas definitivas a estas controversias conceptuales. La única solución consiste en reenviar siempre de nuevo a los fenómenos de los que se trata de encontrar la comprensión. Este libro, escribe Joas, no defiende, pues, la tesis de la universalidad de la religión. Sería manifiestamente insostenible después de las críticas de la religión y de las corrientes antirreligiosas que ha conocido Europa desde el siglo XVIII, y después de los procesos de secularización que han conducido al abandono, obligado o voluntario, de las tradiciones religiosas sin que se vea aparecer nuevas religiones. Lo que este libro afirma, por el contrario, es la universalidad antropológica de las experiencias de ‘autotrascendencia’ y de las atribuciones de ‘sacralidad’ que resultan de ello. Está tesis no recibe su pleno sentido más que en el marco de la concepción de conjunto de la acción y de la experiencia, de la constitución y de la transformación de sí, de la articulación y de la simbolización. Luego, concluye Joas, hablar de ´los poderes de lo sagrado´ aparece, en consecuencia, como algo legítimo”[14].

Personalmente sugiero la relectura del anterior párrafo donde, en una formulación algo diferente, estamos ante algunas ideas centrales del pensamiento de Hans Joas. Según él, debemos siempre partir de los fenómenos que tratamos de analizar, esto es, de las experiencias que dan lugar a la autotrascendencia, experiencias de universalidad antropológica, pero no limitadas a las experiencias religiosas, pues pueden ser profanas o seculares. De ahí que no se pueda hablar de universalidad de la religión, lo que los datos empíricos infirman, aun cuando la gran mayoría de las personas del planeta, del orden del 85%[15], simbolizan tales experiencias como religiosas, lo que nos obliga a definir el concepto de religión, un trabajo sin fin. Sin embargo, como sucede con otros conceptos, como el de terrorismo, también polisémico donde los haya, es preciso, y más que legítimo, abordar cómo afrontarlo, aún en la nebulosa, o disparidad de lo que unos y otros entienden y simbolizan con el término “terrorismo”. Es evidente, en todo caso, que lo sagrado tiene un gran poder sobre la vida y las acciones de los humanos. Para bien o para mal. Lo que exige otra reflexión, para más adelante, quizá.

Donostia San Sebastián junio de 2023

Javier Elzo, Catedrático Emérito de la Universidad de Deusto

NOTAS:

[1] Hans Joas, “Les pouvoirs du sacré. Une alternative au récit du désenchantement” (Seuil, mars de 2020, 439 p. (de las que 102 p. de notas, índice de nombres y bibliografía). Es la traducción, de Jean-Marc Tétaz, del original alemán “Die Macht des Heiligen: Eine Alternative zur Geschichte von der Entzauberung, editado en octubre de 2019. Ver p. 10-11 del texto francés

[2] Hay libros en castellano de Hans Joas sobre “La creatividad de la acción”, “Creatividad, acción, valores”, aunque de forma más concreta al tema que comentamos sugiero el trabajo de Pablo Beytía: Creatividad situada, contingencia y modernidad. Entrevista a Hans Joas, en la Revista “Andamios” vol. 9, no. 19, México mayo /agosto 2012

[3] Hans Joas, “Les Pouvoirs du sacré“, o. p. 290-291

[4] Ibid., p. 292

[5] Ibid., p. 293

[6] Paul Tillich, “Le courage d´être “, Labor et Fides, Genève 2014, pp.70-85. Hay traducción al castellano reciente, Avarigani editores 2018, 204 páginas

[7] Hans Joas, “Les pouvoirs du sacré“, o. c. p. 295

[8] Ibid., p. 296. Yo subrayo.

[9] Yo subrayo. Escribí estas líneas coincidiendo con la final de la Copa del Rey, entre el Athletic y la Real Sociedad, el 3 de abril de 2021. Escribí un artículo en el que utilizaba el concepto de sacralidad secular o sacralidad laica, para explicar la pasión y apego de muchos aficionados a su equipo y la exaltación o decepción cruel que sufren según quien meta el gol y quien gane el partido.

[10] Jesús Martinez Gordo “Ateos y creyentes ¿Que decimos cuando decimos Dios?”. PPC. 2019 p. 117-118

[11] Ibid., p. 296- 297

[12] Ibid., p. 297.

[13] Hans Joas, “Les pouvoirs du sacré“, pp 298-299

[14] Hans Joas, “Les Pouvoirs du sacré“. O. pp. 298- 299. Para las tres citaciones del párrafo anterior

[15] Trabajamos con los datos de una encuesta de Pew Research Center, presentada el 29 de mayo de 2018, “Being Christian in Western Europe”, con trabajo de campo entre abril y agosto de 2017 en 15 países, todos del norte y del occidente europea (católicos y protestantes), luego faltan los que estuvieran en la órbita de la URSS y Grecia (ortodoxos).

3 comentarios

  • Alberto Revuelta Lucerga

    Glosa marginal:  El oficio exequial en memoria de Luis Diez Maestro ha tenido lugar esta tarde. Se ha cantado el Versa est in luctum, de Vitoria. Silencio mayor.

  • Antonio Duato

    Podemos discrepar,Isidoro, y desde hace tiempo discrepamos en nuestros contactos personales y en diálogos aquí. Pero tal vez no estén tan lejos nuestros itinerarios. Los dos tuvimos una juventud con una fe cristiana consciente y libremente asumida, no supercifial y de rebaño. Más recientemente, a tí te atrajo, como me has comentado a veces, las experiencias de new age y las ciencias de la psicología profunda que explican esas experiencias de trascendencia. Con las explicaciones de Jung y los arquetipos universales subconscientes parece que te has dado por satisfecho en la búsqueda y solo esperas que las ciencias neurológicas avancen en darnos explicaciones (¿o hipótesis mas bien, no?) sobre cómo de las originales partículas subatómicas, o de los quanta o cuerdas aún anteriores, se llega a esa compleja formación de arquetipos universales en el universo o en este microsistema del self de cada uno (unos cuatrillones de partículas en ordenada relación que es mi existencia personal). Y yo respeto ese itinerario tuyo y ese estado de expectativa que no te permite reafirmar la fe en Dios o en un “X” real, no imaginario, que orientó tu juventud.

    De mí sabes de sobra que hace ya unos cicuenta años, cuando mis dudas sobre toda fe y toda espiritualidad se hacían más arrolladoras por experiencias vividas, la lectura de los libros de Marcel Légaut me proporcionaron un método de búsqueda interior sin fideísmos ni creencias atávicas, pero con el suficiente rigor analítico para fundamentar una fe en mi mismo, en los otros y en el Otro, que no eran aceptación de lo de siempre, de creencias y dogmas heredados, pero que conservaban la posibilidad de revivir la auténtica y universal fe de Jesús en sí mismo, en todo ser humano, en Abba que se comunicabba con él y en el Espíritu que guiaba su vida y deseó para los que le siguieran.

    Esa fé mía, personal y sometida continuamente a qualquier duda y replanteamiento, se ha conservado creo que plenamente viva y crecida. Es la que me impulsa a seguir proponiendo a todos los que acerquen por Atrio una libre exposición de sus ideas y sentires, siempre que se haga sin imposiciones, sin descalificaciones y con actitud de escucha al otro y respeto por su itinerario personal.

    Seguimos pues buscando juntos, dejando lo aclaración sobre lo que dice en verdad Joas a otros expertos en sociología religiosa como Javier Elzo.

    Un abrazo y sabes de verdad, Isidoro, que eres para mí como un hermano y más.  

  • Isidoro García

            Mucho me temo, que mi comentario le va a decepcionar al amigo Duato. Porque yo creo que Joas, lo que está anunciando es el fin del mundo religioso… tal como lo conocemos, (como el título de la canción de REM).
               En la historia hay momentos de cambio, y estamos en uno de ellos. Otro sucedió cuando vivió Jesús. Habría que entender lo pensaba Jesús, de una religión basada en el Templo, como residencia única de Dios, y donde se le sacrificaban animales, para aplacar su ira y poder.
              (Y encima, cuando en realidad, el Templo se había convertido en un mercado y matadero de animales, donde se quemaba simbólicamente un trocito de ellos, y el resto, la mayor parte, iba al pago de los sacerdotes, ya en especie o vendiéndolos en el mercado adjunto).
             No es de extrañar que Jesús, viera el Templo, con ojos de cosa muy antigua, pasada, anacrónica. Y proponía una religión en el interior de cada uno, sin templos, sincera, sin ritualismos, y con conversación directa con Dios.
              Pues en la misma línea, en la actualidad sucede exactamente, algo similar. Actualmente se está produciendo una nueva vuelta de tuerca histórica y la cultura actual, el “espíritu del tiempo”, no concuerda con la religión antigua, tal y como está organizada, con su antropología y su psicología humana atrasadas.
             Una nueva época donde los psicólogos científicos, ya estudian la “auto trascendencia”, como una nueva emoción humana y universal.

            Una nueva época, donde la controversia ya no es la antigua entre religión y ateísmo materialista, sino entre religión y un materialismo complejo teilhardiano, en el que se vivencia la espiritualidad-trascendencia laica, y se busca la incardinación del ser humano en el seno del Universo, y sus leyes, que van mucho más allá de las simples leyes físicas de la cosmología.
            Ambas épocas, tienen una solución de continuidad, un pastiche-pegamento, entre ambos mundos distintos. Y en ese “pastiche” estamos viviendo, cuando lo viejo todavía no ha muerto, y lo nuevo todavía no ha nacido del todo.
            Por eso en estos momentos, hay personas, mirando para atrás, y cierran los ojos hacia el futuro, intentando tapar y esconder las grietas del edificio en ruinas, con un revoco de cal,- y otros, que rechazan el presente-antiguo, y se encuentran desamparados, huérfanos de una cosmovisión con sentido, colgados de una brocha, y se refugian en pseudo remedios, en placebos como el consumismo, o el idealismo materialista, que al final no son mas que fuentes de frustración.  

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