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Una virtud casi heroica: salir ilesos tras navegar en aguas turbulentas

¡Qué buena ocasión para vuelva a aparecer por ATRIO esta gran persona, nuestro amigo George, catalán cubano residente en Florida, psidicoperapeuta humanista jubilado, casi congelado por el reciente vórtice polar, enorme conocedor de todas las tramas eclesiástica y fino analista. ¡Gracias, George-Jorge-Jordi! Y sigue informando cuando leas el libro del bello Georg -otro encomendado a la protección del mítico matadragones-  y nos desmenuces tamaños enredos. AD. 

El pequeño escándalo del guineano cardenal Robert Sarah fue resuelto borrando el nombre de Benedicto XVI de la carátula del libro, pero dejó abierta la cuestión del atrevimiento de Sarah implicando en falso al Papa emérito. La mediación del secretario Ganswein solo añadió grosor al tema: como secretario y como prefecto de la casa pontificia estaba presente a ambos el Papa Ratzinger y Francisco cuando el escándalo ocurrió e incluso antes. Su implicación en el affaire Sarah, sugiere que pudo haber impedido que el asunto llegara a escandalizar. El arzobispo Ganswein, también recibió su rapapolvo. (Cf. https://infovaticana.com/blogs/sandro-magister/el-silencio-de-francisco-las-lagrimas-de-ratzinger-y-su-declaracion-nunca-publicada/).

Siendo la institución eclesiástica un organismo que se aferra tan fuertemente a lo tradicional y se defiende con igual agresividad frente a lo novedoso, al menos aparentemente, cabe preguntarse qué papel juega Ganswein en la resistencia y el sabotaje contra la reforma que auspicia Francisco.

Ganswein ha permanecido muy allegado a la Universidad Pontificia del Opus Dei en Roma (Santa Croce) donde enseña Derecho Canónico. Una muestra de su cercanía es, por ejemplo, el hecho de que el 21 de mayo de 2021, presidiera la ordenación sacerdotal de 27 miembros del Opus Dei en la sede de la Prelatura en Roma.

Menciono todo esto porque la desaparición de Benedicto lo deja expuesto a todos estos factores negativos y afecta la protección que su cercanía al otrora poderoso Benedicto pudiera proporcionarle y sin la cual es muy riesgoso disentir en el vaticano. Además, dentro de poco aparecerá en librería un nuevo libro de Ganswein con el título de «Nada más que la verdad. Mi vida junto a Benedicto XVI» que quienes están más informados esperan que creará algo así como un tsunami de revelaciones. Pero no es necesario pedir prudencia cuando se trata de chismes de prensa. Es cierto que el libro saldrá a la venta porque ya lo compré a precio de preventa en Amazon.com. Que sea escandaloso o no queda por ver.

Pienso que la sugerencia que hizo el cardenal Bagnasco acerca de la posible designación de Benedicto como Doctor de la Iglesia, está justificada mirando a su corpus doctrinal. Pero no sería fácil. El escollo mayor lo representa el ineludible paso de la demostración de heroicidad de virtudes.

La corrupción en la que estuvo implicado bajo Juan Pablo II, su estilo como Gran Inquisidor desde la Congregación para la Doctrina de la Fe, la persistente negligencia en el trato que dio a las víctimas de su poder, de la pedofilia clerical y de los correspondientes encubrimientos episcopales; su parte pasiva en archivar el proceso de beatificación de Óscar Romero bajo la influencia de ciertos poderosos cardenales latinoamericanos (sobre todo, según V. Paglia, Alfonso López Trujillo, Cf. https://elpais.com/internacional/2015/02/04/actualidad/1423089630_451905.html). Esto solo añade dificultades, aunque para algo están los milagros.

Con todo, como los gatos que tanto le gustaron, siempre caen de pie, dice la voz popular, quizás él y Ganswein sobrevivirán con éxito los procesos que mediarán, con rapidez como desea el cardenal Bagnasco, a la lista de Papas modernos que han sido declarados santos. Ojalá que Ganswein no se convierta en otro Stanislaw Dziwisz (Cf. «He vivido con un santo.» Roma, La Esfera de los Libros, 2014, pp. 135-136.)

 

3 comentarios

  • Antonio Errarte Garay

    El Vaticano debería  cerrarse a todos los efectos religiosos. El Papa y los Cardenales deberían ser itinerantes por todo el mundo, para ver la realidad de cada sitio y colaborar en la solucion de los problemas y no perderse por los pasillos de los palacios elucubrando sobre sus propias miserias y mezquindades.  Tendrían que cobijarse en los conventos de religiosas-sos y dejar el Vaticano para museo y para estudio de los interesados. Las cuentas pueden llevar civiles. Y los sacerdotes dedicarse a la tarea religiosa. La Iglesia tiene que volver a las catacumbas para ser auténtica, que fue cuando estaba en ellas. Cuando salieron empezó el derrumbe y está llegando a su fín. Jesucristo dijo que el camino del cielo era estrecho y duro, pero ahora hay quien quiere que sea una autopista en la que cabe de todo y para todos, sin esfuerzo y sin  trabajo.  Y eso no puede ser y será el fin de una Iglesia que hasta ahora ha sido exigente con su imperecedera doctrina.

  • ana rodrigo

    Qué alegría leerte de nuevo, querido  George, doble alegría “verte” y ver que estás en plena forma.

    De lo que comentas, por mi parte digo que la primera vez que escuché a Francisco hablar de chismorreos, me extrañó, por la vulgaridad del término,  refiriendo éste a quienes se mueven por el Vaticano y las altas instancias que allí mal-conviven.

    Lo he ido entendiendo y constato que “los dimes y diretes” sobre cuestiones muy serias, la propia Curia, utiliza un muy bajo nivel, que conduce a frivolizar lo que debiera ser su alta responsabilidad eclesial. Miserias de lucha por el poder, envidias, masculinidades poderosas, individualismos, rivalidades, revanchas, amenazas, venganzas, etc. etc. En fin, un cóctel muy conocido en ámbitos de poder vaticano a lo largo de su historia. ¿Qué autoridad moral pueden darles tantas bajezas humanas como para utilizar el nombre de Dios y del Espíritu Santo si no es en vano?

    Un fuerte abrazo, George.

  • Alberto Revuelta Lucerga

    Bendito sea el Señor y el arca de Noé que nos permite decirte como a Elias, ¿que te trae por aquí George?…..el celo por mi Señor. Me alegra leerte y espero que no olvides el almuerzo a orillas del Guadalquivir en Abades viendo la Torre del Oro y la Giralda, ahora que ha pasado la pandemia y, de momento, Trump. Me preguntaba un periodista anteayer cuál me parecía a mi que iba a ser la decisión sobre este alemán al que le ordenó no presentarse al trabajo. “ Lo nombrará arzobispo titular de Antioquia de Pisidia para que pueda dialogar con Erdogan”. Un abrazo y no te ocultes como nuestro Guadiana.

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