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El camino sinodal alemán a debate

Ya hemos gablado de ello. El Synodale Weg es para alguos esperanza de adviento y papa otros división cismática. Precisamente quien más nos ha informado sobre ello, Jesús Martínez Gordo, presentó ayer  un interesante coloquio con una de las protagonistas principales de ese proceso de la Iglesia alemana: la teóloga Margit Eckholt.  Por prblemas técnicos no pudo seguirse en directo como estaba previsto. Pero invito a quienes estén interesados a seguir el acto en diferido con este vídeo de YouTube. Es una buena oportunidad y vale la pena dedicar a ello una hora de nuestro fin de semana. Después podemos debatirlo aquí. Y entre hoy o mañana publicaré algo sobre la crisis de Perú y el cumpleaños del papa Francisco. AD.


18 comentarios

  • José María Valderas Gallardo

    A Antonio LLaguno, continuación.

    No existe, para el católico, la doble verdad, una verdad científica y una verdad teológica. Si algo es científicamente verdadero, no puede ser contradicho por ningún enunciado de fe. El católico sólo admite una sola verdad, la verdad a secas, porque es Dios el autor de la Verdad, de quien procede todo. Es una aberración para un creyente la idea de que una verdad de fe es contradicha por una verdad científica. Propio de la fe es buscar la coherencia de la doctrina con la razón, lo que se denomina “preambula fidei”. Y eso vale para los sacramentos como para los milagros. El tema de los milagros, donde se suspenden las leyes de la física, ha sido objeto de estudio de obras pioneras como la de Dominique Dubarle, “Approches d´une théologie de la science” (pp.77-100), físico de formación.

    Quien dice milagros, dice Resurrección, la verdad que nos liberó y nos redimió. Ramón Menéndez Pidal fue un agnóstico empedernido que, llegada la hora de la muerte, llamó a Xavier Zubiri para que le aclarase por qué el filósofo creía (y él no). “Resucitó, don Ramón, resucitó”. Es la explicación paulina: “Si Cristo no hubiera resucitado y vana sería nuestra fe”. Es manifiesto que un cuerpo muerto no vuelve a la vida, que se degrada y pasa a ser parte del ciclo de los elementos. Sólo quien es Autor de la vida puede hacer que resucitemos con El. Eso se le escapa a la ciencia.

    Afirma usted que los sacramentos le parecen poco menos que magia y superstición. La verdad es que son el fundamento de la Iglesia. Creados por el mismo Cristo es El quien actúa a través de ellos y dan cumplimiento a lo que se reconoce en los mismos, lo que en un latinajo más se llama ex opere operato.

    Me he extendido demasiado. Sobre la moral tiempo habrá para exponer la doctrina de la Iglesia genuina sobre la ética individual, la familiar y la social. Que nuestra sociedad piense así o asá de determinados comportamientos no indica que ese pensamiento esté ajustado a la verdad. Durante los siglos de la modernidad, la doctrina moral dominante fue la deontológica y, más recientemente, la utilitarista, todavía vigente en muchos comités de bioética. Sólo en los últimos decenios se ha vuelto con fuerza a la moral de Aristóteles, expuesta en sus tres éticas y, muy en particular en la Etica a Nicómaco. En su nueva formulación se conoce por ética de virtudes. Esta vincula la moral a la persona, en especial cuando se trata de aspectos cruciales de la neurología, la manipulación genética y la inteligencia artificial.

    La explicación del onanismo como doctrina de la Iglesia es sesgada. La Iglesia entiende la sexualidad como apertura, no sólo ordenada a la reproducción, sino también lo que se llama remedio de la concupiscencia. Recuerdo que en un campamento del Movimiento Junior, donde un servidor cumplía funciones de monitor, cierto compañero se enfrentó a otro que seguía creyendo que la masturbación bloqueaba el desarrollo y otros dislates similares. Todavía me sigo riendo de la confesión que un compañero de facultad, divertidísimo hasta que empezó a trabajar de secretario de juzgado en una población vascongada en los tiempos de ETA: “Hijo tú te tocas. Más que un mono, Padre”. Yo creo que es cuestión de pedagogía, más que de amenazar con castigos furibundos.

    Algún día, si la ocasión se presenta, podríamos hablar de cuestiones éticas palpitantes, que, para nuestra desgracia están completamente desquiciadas en santa Marta. Y eso sí es gravísimo.

    • Antonio Llaguno

      Pues ese es uno (Solo uno más) de los problemas José María que hacen que yo ya no me considere católico. Y lo fui, y muy devoto y comprometido, por mucho tiempo.

      El que un católico deba afirmar que es poseedor de la verdad, a mi que soy un mar de dudas y un almacén de curiosidad, me saca del juego.

      Entre otras cosas porque ambos (Y yo te respeto mucho como divulgador científico, cosa que yo no soy) vemos el mismo “conflicto” con la ciencia y ambos lo atacamos de forma diferente.

      Tu afirmas que la verdad viene de Dios, y yo que me da igual de donde venga pero que ni Dios puede contradecir a la verdad.

      Otra cosa es aquello a lo que llamemos verdad. Porque tú afirmas que es propio de la fe hallar la coherencia con la razón (Ciencia incluída, claro), pero eso se da de bruces con lo que, tradicionalmente, la Iglesia ha aceptado como dicha coherencia.

      Y no me refiero a los milagros.

      Me refiero a que cuando una creencia tradicional es contradicha por la ciencia (O por el conocimiento de las cosas, que no siempre es científico), la doctrina, en vez de reconocerlo y buscar la “esencia” de ese dogma y tratar de hacer “pedagogía del mismo” se limita a retorcer doctrina y dogma (Cuando no a hacerlo aún más increíble) para poder mantener la estupidez innecesaria de que SIEMPRE ha tenido “La Verdad” en su poder. Cuando eso ni es necesario ni siquiera importante, a mi juicio.

      Pongo un ejemplo, muy sangrente para mi.

      Yo soy un gran devoto de la Sra. María. Soy hijo de mi madre (Presidenta de la Asociación de maría Auxiliadora de la Parroquia de Estrecho), Antiguo Alumno y Cooperador Salesiano, ex cófrade de la Virgen de las Angustias de Cuenca y asiduo visitante de cuanto templo mariano llega a mi conocimiento.

      Vamos, más mariano que Rajoy.

      Pero para tener esa devoción mariana y ese amor profundo hacia la Sra. María no me resulta ni siquiera interesante que la Sra. maría fuera virgen (Fisiológicamente hablando)

      Y puedo entender que, para poder reafirmarse en la profecía de Isaías y dado que en su época los conocimientos de la fisiología de la reproducción eran limitadísimos (Comparados con los que tenemos hoy), los evangelistas afirmaran que María de Nazareth era virgen. Era una manera de decirnos: “Cristo es Dios y Dios no puede rebajarse a que su hijo sea un hijo de mujer normal y concebido de una manera tan pecaminosa como el sexo normal”… ergo maría es virgen y se confirma la profecía de Isaías.

      Pero yo es que en mi ignorancia no puedo entender para que webs tendría que saltarse Dios las leyes de la física y la fisiología  de forma tan innecesaria e increíble y no me sirve que me diga el cura de turno: “No puedes alcanzar la razón de Dios”

      Si no puedo alcanzar la razón de Dios es que no es razón. Es otra cosa.

      Y si tengo que recurrir a la fe para “creerlo” prefiero emplearlo para dogmas realmente importantes como el de la Resurrección.

      Pero a eso, la Iglesia, en vez de decirnos lo maravillosa que fue la Sra. María, como fue capaz de dar a luz un hijo cojonudo, maravilloso, tanto que el propio Dios lo reconoció como Hijo (Eso dice el texto del Bautismo de Cristo) y algo tendría ella que ver en el resultado de su Hijo, que yo al menos soy en un 80% lo que mi madre hizo de mi.

      Cuando yo era catequista católico y el cura de turno venía a preguntarme (Créeme, lo hicieron varias veces) si yo creía en la virginidad de maría, me limitaba a contestarle: “Mira yo soy un caballero y un caballero nunca pregunta a una señora si folla con su marido o no. Si ella ha dicho que es virgen lo es con sábana manchada de sangre o limpia”

      Es solo un ejemplo.

      Y la explicación que tu das sobre la masturbación, no me parece mala. lo que pasa es que en los términos en que tú la expones, es discutible. Discutible porque términos como “ordenada” o “abierta” son relativos y por que alguien debería explicar la razón por la cual el que algo esté dispuesto a la reproducción es más ordenado y abierto que aquello que no lo está.

      Si nos empleamos en explicaciones racionales hay que estar dispuesto a dudar de casi todo y a tratar de justificar casi todo.

      Por eso y a raíz de la rebeldía cometida por este humilde mortal cuando me empeñé en que se permitiera confirmar a uno de mis muchach@s, abiertamente gay, y en contra del Sr. Parroco y el Sr. Vicario (Y se confirmó. Y es que hoy ya los curas no se atreven a afirmar lo que cada uno tiene particularmente en su cabeza) ya nos oy catequista católico y ni siquiera me considero como tal.

      En cuanto a lo que “sale de Sta. Marta”, podría responderte, dado que ya no me considero católico, a lo Felipe González” (“Constato que no me afecta”), pero no esconderé que el papa me es simpático, me cae muy bien y reconozco su buena voluntad y los esfuerzos que está haciendo por reformar una Iglesia que necesita las reformas más que Ukrania la paz (Que ya es decir), y me solidarizo con ese esfuerzo.

      Se que no llegará tan lejos como me gustaría. Se que, probablemente, si hablara con él me diría que estoy equivocado y que no puedo sentirme católico (No problem, Pope); pero a diferencia de muchos “tradis”, no me juzgaría y no me condenaría a la hoguera y eso ya es mucho más que lo que yo podría esperar de alguno de sus predecesores (En especial del llegado del Este).

      Por lo tanto, yo tampoco lo juzgo. Lo respeto. Y rezo para que sus mejores intenciones se cumplan.

      Pero es que yo no creo estar en posesión de “La Verdad”. Aunque, con todo el respeto y cariño de que soy capaz, tampoco creo que tú lo estés (Ni la Iglesia Católica Romana tampoco). Aunque los dos seamos honestos de pensamiento y sinceros en lo que decimos.

      Un saludo y Feliz Navidad

       

  • Isidoro García

    Diferencia bien Llaguno entre tradición y conservadurismo. Y Valderas hace un canto a la Tradición. Y dice que “la Tradición es una cosa muy seria, no una suerte de fuerza obscura y retrógrada”, y yo quiero unirme a esa línea de pensamiento, y profundizar un poco más.

     

    La Tradición, o filosofía perenne, se supone que es la versión más acertada de la Realidad. Sería algo así como la Wikipedia de la Realidad cósmica. Si queremos saber algo que no está en nuestras manos conocer por ahora, tenemos esa Wikipedia sacra o cósmica.

    Sobre este tema, lógicamente,

    -los teístas, creen que ese saber lo inspira Dios, directamente al humano.

    – muchos de los creyentes materialistas, y modernistas, creen que es una entelequia, un deseo iluso.

    – y los espiritualistas, creemos que dicha Tradición está contenida en las imágenes primordiales arquetípicas universales, que heredamos genéticamente junto con el resto del inconsciente colectivo junguiano.

    Ahora bien, el problema es que estas imágenes arquetípicas hay que traducirlas a palabras por parte de la razón, y en ese proceso de traducción entra de pleno la inculturación de cada persona.

    Y aquí entra el babelismo y el pluralismo humano, con diversidad de cosmovisiones, que inevitablemente van evolucionando y modificándose con el avance de la historia y los conocimientos generales que vamos obteniendo.

    Aquí es donde se entrecruza la polaridad conservadurismo-modernismo, junto con esa tradición-sabiduría perenne.

    El origen de la Tradición, son intuiciones-satoris-awareness, como revelaciones privadas, y personales del Papa y de los obispos del momento histórico en que se cristalizan los diversos elementos de la Tradición.

    Ni siquiera hay un texto previo, como en los evangelios, que se puede presumir de “inspirado” directamente por Dios. Solo se puede argüir un cierto consenso generalizado, pero eso no siempre se ha dado en la historia, como ejemplifican las polémicas arrianas y otras.

    La Iglesia, con el argumento del apoyo exclusivo y monopolístico del Espíritu Santo, se arrogó durante los primeros siglos de historia de la Iglesia, como la exclusividad de la interpretación de dicho consenso general.

    Y dicha interpretación, inculturizada en ese momento histórico, ya no se puede modificar. Eso es el conservadurismo: la falta de adaptación de la Tradición a los nuevos tiempos.

    Decía Teilhard de Chardin, que “la mística es la gran ciencia y el gran arte, el único capaz de sintetizar las riquezas acumuladas por las demás formas de la actividad humana”. 

    Aquí lo de la “mística”, yo entiendo que hay que interpretarlo como la espiritualidad, o sea el escuchar e interpretar bien, la sabiduría interior con la que ha sido dotada nuestra naturaleza.

    Y lo define como instrumento de nuevos conocimientos, sintetizando y plasmando lo encontrado en cada momento. Los arquetipos según Jung, no proporcionan conocimientos nuevos, sino una perspectiva nueva de todo lo adquirido mediante la experiencia y el estudio.

    Por eso las imágenes arquetípicas primordiales que inspiran la Tradición, proporcionan un orden, un esquema de la realidad, que hay que rellenar con nuestros conocimientos de cada momento histórico.

    (Por ejemplo un arquetipo de “coche”, es un habitáculo, con ruedas debajo, que se mueve. Pero no es lo mismo un carro de caballos, que un Ferrari de F1).

    Por eso todo conservadurismo literalista de la Tradición es absurdo, pues va en contra de la naturaleza de lo que es la Tradición.

     

    Naturalmente esa es simplemente mi opinión personal.

  • ana rodrigo

    Mamma mía, aquí mismo en ATRIO, estamos presenciando una representación “viva” de costumbres, normas, moral y creencias que van desde el Éxodo o Deuteronomio, hasta la sociedad del siglo XXI con una Iglesia, un Papa y una propuesta de sinodalidad, es decir, de escucha del PUEBLO de Dios.

    Casi ná, que los seres humanos creyentes piensen, razonen, evolucionen en racionalidad ad infinitum, -que para eso estamos dotados de razón-, o nos quedemos en la época de la piedra, con los mandamientos escritos? en piedra por dios mismo?. El cerebro no está hecho de piedra y aquí la ciencia tiene mucho que decir y el ser humano también, tiene el derecho a decir. Allá cada cual.

    Como decía el chiste: para las mujeres sólo existen nueve mandamientos, pues el sexto no tiene que ver con las mujeres. Absurdo y tontuno, ¿verdad?, pues, a veces, ese parece ser el intento de diálogo entre una parte de creyentes y otra, desde el absurdo hasta la racionalidad que sea posible en cuestiones religiosas, las cuestiones científicas van por otros derroteros siempre que se puedan demostrar. La transustanciación es cuestión de fe, y contra la ciencia.

    Llaguno lo ha explicado muy bien. Estoy de acuerdo con lo que dices en los comentarios al respecto del tema que tratamos. O la Iglesia se pone al día, o será irrelevante para la sociedad en continua evolución.

    La desconexión social, la estamos viendo, las reformas, yo creo que no las veré, porque, como con el caso de Galileo, cuando lleguen ya será tarde.

    Menos mal que nos queda el Evangelio, mucho más avanzado que la dogmática actual de la Iglesia. Jesús ni quiso ser sacerdote, ni le importaban los ritos sacralizados por el judaísmo, nunca marginó a la mujer, ni habló de sexo, ni de homosexualidad, aunque ya se sabe de sabios griegos que lo eran, y por tanto los había en  su sociedad,  porque siempre han existido, la naturaleza humana siempre ha sido la que es.

     

  • ana rodrigo

    Qué oportunidad perdió la Iglesia si en el siglo XVI, en vez de hacer una Contrarreforma, se hubiese empleado a fondo en una profunda reforma, que falta le hacía, como el vender indulgencias a cambio de dinero para construir edificios ostentosos muy ajenos a la vida de Jesús que no tenía ni donde reposar su cabeza, y tantas otras cosas….

    A ver si con la genial idea de la sinodalidad, escucha a creyentes de todo el mundo que viven en esta época, no en siglos ya pasados con tantos errores y horrores (Inquisición corrupción, etc. etc. etc.) como ha cometido.

    A ver lo que le llega al Vaticano, sin filtros.

  • oscar varela

    Hola!

    Vayamos al ‘quid’ de nuestro tiempo
    -llamado ‘axial’ para algunos-
     
    Parece no poder negarse que
    la Religión ‘DA SENTIDO A LA VIDA
    -a la Vida, a la Muerte y Más Allá-
     
    ¿No será que LOS VIVIENTES –al vivir-
    es lo que estamos HACIENDO?
    Desde NOSOTROS MISMOS;
    no desde una CREENCIA FALLANDO.
     
    Habría que agregar que:
    PODEMOS ESTAR ‘METIENDO LA PATA’
    Nada ni nadie nos ASEGURA el Acierto.
    Sin embargo:
    no estamos excusados de intentarlo.

  • José María Valderas Gallardo

    Inevitablemente, el Synodale Weg alemán trae a la memoria el Philosophenweg de Heidelberg. En mi época profesional activa solía cruzar el Neckar y, por una escalinata y caminito estrecho subir hasta esa vereda magnífica que permite contemplar la ciudad. Para el viajero hay paneles indicativos de lo que se divisa allende el río; la torre de la Iglesia tal, el noviciado de las monjas cuales, el juniorado jesuita, la biblioteca de los agustinos…en tiempos de la Reforma, porque con la ruptura de Lutero aquellas monjas y aquellos religiosos se pasaron en bloque al Protestantismo.

    Lo he cotejado, quizá demasiado sumariamente, con las tesis propuestas por el Sínodo Alemán, y me encuentro con un sorprendente paralelismo. No sólo de la Iglesia Católica y la Confesión Protestante, sino, lo que me interesa de manera señalada y no he visto estudiado, entre las tesis sínodo y la ciencia. La frivolidad con que despacha los temas relativos a la naturaleza humana dimórfica, con su expresión anatómica, incluida la cerebral y hormonal, le lleva a unas consecuencias  intelectuales y morales, cuando menos aberrantes.

    Parece claro que han encontrado en Francisco el instrumento eficacísimo para su obra. Leía hoy también las declaraciones a ABC y su esperpento sobre tradición e innovación. Esperpento por cuanto habla a humo de pajas sin aclarar qué es la tradición que defiende –si dogma, qué dogmas, y si moral, qué moral privada, social, familiar. ¿A qué innovación se refiere? ¿A la Eucaristía, al misterio trinitario? Porque en las declaraciones al periodista de La Reppublica hemos leído de todo. Y no sólo al redactor en cuestión. ¿A qué innovación en moral se refiere? ¿A la homosexual tan contundentemente condenada por san Pablo? ¿A la adulterina cuando no es mero comercio carnal? El desastre doctrinal de Francisco va mucho más allá. Las declaraciones que salen en punto a moral desde los aledaños de santa Marta son abracadabrantes y van desde la consideración del aborto como medida para atajar la explosión demográfica, hasta la manipulación embrionaria. Y más.

     

    No tiene sntido invocar a cada momento que todo es obra del Espíritu Santo. También a este respecto rechina la declaración de Francisco a ABC sobre lo que le inspira la Tercera Persona. ç

    Resulta sumamente ilustrativo pasear por el Philosophen Weg reflexionando sobre las declaraciones emitidas desde el Synodale Weg.Sencillamente, hemos perdido el norte. No queda más remedio que refugiarse en lo avanzado sobre dimorfismo sexual en biología, en todos los frentes, del molecular al anatómico pasando por el genético. En lo avanzado sobre etología de primates. En lo avanzado en antropología cultural. Y olvidarse de progres y tradicionalistas. Hay amplio margen para el debate con referencias objetivas. Dejando también de lado eufemismos buenisas que no por buena voluntad de sus proponentes carecen de base.

    Desde el punto de vista de historia de la teología el sínodo del Kahal de Yahvé es otra cosa. Muy distinta.

     

     

    • Antonio Llaguno

      Precisamente ahí está el problema: El sínodo Alemán se ha quedado corto.

      Ante el temor a que lo consideraran una “Protestización de lo católico”, dejan caer pequeñas sugerencias de avances pero no se atreven a entrar en lo que realmente es necesario: Una profunda revisión de los dogmas y doctrinas que impiden una verdadera relación con Dios y prefieren primar lo “católico” ante lo “verdadero”.

      Y es que Cristo no fue católico. Ni siquiera era cristiano. Era judío y bastante poco ortodoxo, por cierto.

      Otra cosa son los ritmos y los tiempos. Es cierto que los cambios en la Iglesia nunca han sido inmediatos (Salvo cuando han ido a peor como en Trento) y no pasa nada, mejor hacerlo despacio que hacerlo mal.

      Pero sin un cambio valiente y radical en la doctrina y el dogma, no habrá verdadero cambio en la Iglesia y ésta irá languideciendo lentamente ante uno de los enemigos más terribles de cualquier estructura: la Indiferencia.

      Eso es algo que los jerarcas de la Iglesia Alemana saben con certeza, y lo están viviendo en sus carnes (Y en sus bolsillos) más que otras Iglesias más tradicionales como la española, o las africanas y latinoamericanas (Colonizadas todas ellas por el carquerío más absoluto, incluida la española); pero no tienen el valor suficiente para plantear una verdadera ruptura.

      Eso no es tan grave como parece porque el tradicionalismo radical católico, que se encuentra en Iglesias reconocidamente carcas como la de USA (Casada con el dinero de sus patrocinadores y adalid de la “Teología de la Prosperidad”) o Argentina (Heredera del golpe de estado de los generales y connivente con él y de donde han salido algunos de los Institutos religiosos más antievangélicos que hay como el Instituto del Verbo Encarnado o la Orden de San Elías), tampoco tienen el  valor suficiente para “cismarse ” de una vez y ahí estamos, protestando unos y otros y “la casa sin barrer”.

      Ni hay, ni habrá ruptura traumática. Desgraciadamente.

      Francisco tiene que lidiar con los dos tipos de Iglesia que son tremendamente incompatibles entrambas, la nueva que busca retornar a las prédicas de Jesucristo y limpiarla de los añadidos posteriores (Empezando por los de Saulo de Tarso) y la vieja que está anclada en Trento y que pretende perpetuar sus privilegios como aliada del poder, especialmente económico.

      Podría parecer evidente cual debería ser su elección, pero, también él, está influenciado por su propia educación y teología recibidas.

      En fin, que ninguno de nosotros veremos “el cambio”, pero no os quepa duda que el cambio llegará, por que si no la Iglesia Católica Romana se tendrá que enfrentar con un enemigo implacable con el que nunca se ha enfrentado y que no hace prisioneros: La indiferencia.

      Irá perdiendo poco a poco fieles hasta quedar en el mayor de los ostracismos. no hay más que ver su evolución en países occidentales, España incluida, y no nos engañemos con su crecimiento en América latina o África. El crecimiento de las visiones protestantes del cristianismo es mucho mayor y acabará fagocitando a la Iglesia Católica que quedará como un residuo supersticioso e incluso objeto de burla y chanza entre los seres humanos mortales, cosa que ya pasa en el Occidente Europeo, donde la población tiene un mayor acceso a la cultura que en África, América Latina y USA (No estoy siendo presuntuoso. Es la puñetera verdad, guste a quien guste) y es mucho más difícil de engañar con dogmas sin sentido.

      Basta ver la aceptación de la moral sexual católica. ¡¡¡Es ridícula!!! Ningún jóven (o “jóvena”) hoy tiene el más mínimo problema con “pecados” otrora terribles como la masturbación, el sexo extramatrimonial o la homosexualidad, ¡¡¡Ninguno!!! pecados que hoy en día en otros lugares se castigan incluso con la muerte, para escándalo mundial y que vemos a esos países (Fundamentalmente musulmanes talibanes) como criminales abyectos.

      Mientras no se ataque el principal problema que es una doctrina obsoleta, supersticiosa, amiga del poder y del dinero y consecuencia de la ignorancia del ser humano, durante siglos, sobre la naturaleza del mundo y la ciencia, no habrá cambio y seguiremos en las mismas.

      Esto a los tradis no les importa. Prefieren ser lo que llaman “el referente fiel”; pero eso tiene muy poco recorrido y se acabará con la muerte (de los tradis), que a todos nos ha de llegar… salvo a la puñetera indiferencia a la que el tiempo no mata sino engorda.

      Es lo que hay y Francisco lo sabe. Pero no puede o no quiere hacer nada.

      Vayan acostumbrándose a ello

      • José María Valderas Gallardo

        Desde el Concilio de Jerusalén no ha habido otro concilio tan importante para la Iglesia que el Concilio de Trento. Muy por encima de concilios tan decisivos como el de Ferrara-Florencia o el Vaticano I. El Vaticano II se propuso como concilio pastoral y queda un tanto al margen de lo doctrnal, no obstante sus extraordinarias aportaciones a la naturaleza de la Iglesia.

        Me cuesta acostumbrarme a los disparates de Francisco, no me van a costar los errores dogmáticos y morales del Synodale Weg. La teología –Thomas dixit– nos enseña que la negación de un dogma de ge supone la negación entera del Credo. Porque entonces no se cree, sino que se filtra lo que uno está de acuerdo y lo que no, pero no se acepta la enseñanza de la Iglesia. Para no perdernos en dibujos, sea el misterio de la Eucaristía. Para entenderlo, nada más explícito que el Tantum ergo, también de Santo Tomás de Aquino. El católico cree en la transustanciación, en la conversión del pan y vino en el cuerpo y en la sangre de Cristo. El protestante, desde Juan Calvino y Martín Lutero, con los otros Reformadores, no cree en la presencia real, sino en puro simbolismo. Prefiguran –diría Karl Barth, el máximo teólogo protestante de nuestro tiempo– la cena de Cristo con sus apóstoles la noche de la Pascua.

        La Eucaristía está reservada al ministro ordenado. Pero el sacramento como tal no es admitido por el protestante, que sólo reconoce el bautismo como centro y poder del creyente. No hay orden sacerdotal (ni episcopal sensu stricto) en la Confesión Protestante. Cualquier fiel puede presidir la Asamblea, siendo la Palabra la única fuerza del cristianismo. Una palabra que sólo ella tiene vigencia salvífica.

        Una palabra a través de la cual Dios habla directamente a sus fieles. No cabe mediación profética sacerdotal, ni por tanto tiene sentido los dogmas que ellos llaman romanos (Infalibilidad). No hay más sacerdocio que el sacerdocio de los fieles. Quien ha desarrollado esta tesis en nuestros días ha sido especialmente Oskar Cullman.

        Por eso, para los Protestantes, Trento es la bicha. Para ciertos teólogos católicos, o así llamados, también. Trento, en efecto, es el gran sistematizador del fundamento sacramental de la Iglesia. Los teólogos centroeuropeos que han sido conscientes de sus valor doctrinal, de su solidez roqueña, repito como ningún otro concilio, no digamos sinodo y otros “conventus” que dirían los clásicos, han intentado resquebrajar ese granito estudiando las actas conciliares en busca de de resquicios que pudieran desdibujarlo. Estoy pensando en un teólogo al que conocí personalmente y que resultaba estimulante: Edward Schillebeeks, que hizo la tesis doctoral sobre el sacramento en Trento, tesis si no recuerdo mal por otro gigante que la hizo sobre Karl Barth y fue Secretario de la Congregación para la Unión de los Cristianos, Jerome Hamer, un belga de casi dos metros de altura, a quien tuve también la fortuna de conocer y verlo rezar. Cómo rezaba Hamer tras celebrar la Misa… Una Misa que no existe en el Protestantismo.

        Vayamos a la moral. A diferencia del dogma, con el Credo y los resúmenes del Denzinger y el Catecismo de la Iglesia Católica, la moral católica tiene en la ley natural su bastión principal. Los diez mandamientos, su código ético, no son más que una expresión bíblica de la misma. La ley natural es la ley de la razón desde Aristóteles hasta nuestros días. El católico, siguiendo a santo Tomás, le dirá que es una razón debilitada por el pecado original. Pero los enunciados de la misma están ahí. La razón apunta la moral en el concepto de persona. Todo lo que atente contra la persona es inmoral. Una persona que es social. Como persona, consciente o no, tiene dignidad, que ha de respetarse desde el primer aliento de vida.

        Mucha gente confunde la ley natural con la naturaleza animal, puesto que animales somos. Si en el mundo animal la homosexualidad no es insólita, en particular si faltan hembras o no se es macho dominante, por tanto diríase que la homosexualidad es natural. Eso es una falacia. El ético aristotélico entiende por natural en el hombre aquello que es acorde a la razón.

        La persona sometida a su razón no tiene por qué admitir que lo que hace el común de los mortales sea lo que haya que hacer. O lo que le pide el cuerpo. Los primeros cristianos lo sabían y san Pablo se lo repetía. Como el Maestro. El Apostol lo resumía en una frase: cuyo Dios es su vientre, para referirse a todo tipo de desviaciones, no sólo al comer y fornicar.

        No se trata de progres y conservadores o tradicionalistas. Toda mi vida la he entregado a la difusión de la ciencia. En ciencia no hay tradicionalistas y progresos. Hay científicos o gente que disparata. Estos días nos ha llegado la gratísima noticia de la fusión nuclear lograda en el laboratorio de Livermore. Sólo a un necio se le ocurrirá decir que es un logro progre y que los tradicionalistas quieren el carbón. Los que esgrimen esas polarizaciones no son más que personas sin formación, ayunos de conocimiento en la disciplina en cuestión. Viva el tokamak. Una lástima que no tengamos uno en España y que los españolitos especialistas en ese aparato estén en el extranjero.

         

         

        • Antonio Llaguno

          José María,

          desde un punto de vista tradicionalista (Verás que no uso la palabra “conservador”), es lógico que consideres Trento como el más importante concilio de la Iglesia.

          Desde mi punto de vista, modernista y reformador, Trento fue la gran oportunidad perdida de la Iglesia de hacer una reforma necesaria y pertinente.

          Reforma que deberá hacerse antes o después si no quiere caer en la más profunda insignificancia (Ya está muy muy cerca de ella) y a la que los católicos llegarán (3ª persona del plural) tarde, mal y, algunos, nunca.

          No me interesa demasiado el asunto del trato dado por Trento a los sacramentos. En mi modesta opinión la teología católica ha dotado a los sacramentos de un aspecto mágico  y supersticioso difícilmente sostenible. El ejemplo de la eucaristía y la famosa transubstanciación es, quizás,  el más evidente. Mantener una “Presencia real” de cristo en el pan y vino consagrado, atenta contra todo sentido común (Nadie que yo conozca, al comulgar ha podido ingerir nada más que pan y vino), contra todo análisis científico (Usted como importante divulgador científico no podrá encontrar ningún argumento científico que lo sostenga) y, además, ha soportado tradicionalmente algunas acusaciones estúpidas por parte de los enemigos de la Iglesia católica (Como las de canibalismo. ¡Hay que joderse!) que no deberían haberse producido (Y es que hay adversarios de la Iglesia Católica que son aún más inaceptables que la propia Iglesia Católica).

          Es verdad que la misa no existe entre los protestantes; pero le contaré una anécdota (Cada día me parezco más a Lolita Flores y sus anécdotas). Hace años, en Taize, nos encontrábamos en Pascua más de 20.000 personas, la mayoría jóvenes (Yo no tanto) y el domingo de pascua se celebro una oración que fue oficiada por varios “ministros”, en ella se “consagraron” algunas hostias y los católicos pudimos comulgar (En ese momento, yo aún lo era) así como los ortodoxos. Algunos protestantes acudieron a comulgar. Nadie se lo impidió. lo importante no era la presencia “REAL” sino lo que cada quién creía cuando acudía a la eucaristía.

          Hay quien llamaría a eso “Sacrilegio” yo prefiero llamarlo “Comunión” o lo que es lo mismo y usando la primera definición de la RAE “Participación en lo común”

          En cuanto a la moral, yo no pongo en duda la utilidad de los mandamientos. De hecho, me parecen poco. En especial si nos referimos al decálogo escrito en Deuteronomio y no a la formulación interesada y retorcida que ha dado la Iglesia Católica al Decálogo en su catecismo donde cambia (Interesadamente) el adulterio por los “actos impuros” y la codicia de la mujer y los bienes ajenos por los “pensamientos y deseos impuros” (Siempre pensando en la bragueta).

          Lo que no estoy dispuesto a asumir, es el giro interesado que la Iglesia Católica ha dado a ese decálogo y junto a ese decálogo al resto de la moral católica.

          Póngase un ejemplo: El pecado de masturbación, también llamado Onanismo.

          1) Es considerado un acto impuro y lo circunscriben al sexto mandamiento que en origen advertía contra el adulterio. Un adulterio que difícilmente puede cometerse entre uno y uno mismo.

          2) Se emplea el relato veterotestamentario de Onan para justificar su “castigo” y sólo ese relato (No hay más relatos en la Biblia que hablen del asunto, que tiene pinta no era demasiado importante para los judíos): pero cualquier persona con lectura comprensiva incluso de no muy alto nivel se da cuenta de que, en primer lugar, en el relato de Onán no hay masturbación sino eyaculación fuera del cuerpo de la mujer (Coitus interruptus) y en segundo lugar lo que critica el relato no es ese acto en si, sino el del engaño de Onán a Tamar, su cuñada y después esposa, para quedarse con la herencia de su hermano.

          Como los argumento son muy endebles, se recurre a condenar el sexo sin destino reproductivo, condena que no tiene nada que ver con la “Ley natural” (A menos que uno piense que los bonobos son grandes pecadores), puesto que no perjudica a absolutamente nadie.

          Es solo un ejemplo.

          La moral católica, en especial la sexual, que ha sido el pretexto de la Iglesia Católica para justificar su preocupación por la moral en vez de preocuparse por la moral que verdaderamente importa que es la social (Y que es, la social,  de la que no dejó de hablar Jesucristo) se sostiene menos que el Atleti en Champions y el problema que tiene hoy la Iglesia es que los jóvenes están mucho más instruidos que los que vivían en los tiempos de Trento y ya no se les puede convencer con argumentos sin sentido.

          Efectivamente lleva razón. En la ciencia no hay progresistas y conservadores (Aunque sí tradicionalistas y “modernos”, baste asistir a la polémica Einstein-Bohr sobre el determinismo científico que aún persiste aunque cada vez menos), pero es que la religión no es ciencia ni nunca lo será.

          Siempre habrá experiencias religiosas distintas (En mi opinión una por cada ser humano y en ocasiones varias) y eso hará que discutamos y tengamos diferencias, en ocasiones considerables, sobre los asuntos religiosos.

          Bienvenidas sean.

          Una vez te liberas de la opresión del dogma y te abres a toda experiencia de los demás (Tratando de analizarlas y re-vivirlas con la mayor honestidad con uno mismo), te das cuentas de que efectivamente el onanismo no es bueno.

          Pero me refiero al onanismo intelectual

          • José María Valderas Gallardo

            Querido Antonio,

            Sobre el dogma y, en particular, del eucarístico. Los dogmas son misterios incomprensibles por la razón humana. Se creen en ellos a través de una doble fuente, la Revelación y la Tradición. La Tradición es una cosa muy seria, no una suerte de fuerza obscura y retrógrada, que los seguidores de Francisco confunden con el retroceso o el indiestrismo. No conocen el sentido teológico de la Tradición. De eso no tenemos la culpa quienes sentimos escalofríos cada vez que habla el Pontífice.

            No hay mayor galimatías que el misterio de la Trinidad, tres personas y una sola naturaleza. Un solo Dios. Que supera los sentidos y la razón, no cabe la menor duda. No le anda en zaga el misterio de la Eucaristía, que, desde un comienzo, se prestó a chanza y a acusaciones de canibalismo. Desde los primeros cristianos. Y hasta artículos de El País. Recuerdo en particular artículos ridiculizando ese canibalismo de gentes atrasadas y miedosas aparecidos en plumas de dicho periódico tenidas por progresistas y cultas.

            Pero es que podemos pasar uno a uno los artículos del Credo y ponerlo en solfa y befa.

            Si no se cree en el Credo, evidentemente, no se es católico. Es una elección a la carta, que es lo que han propuesto todos los deísmos desde que existe Homo sapiens.

            Asociar la fe a incultura también es muy viejo. Que los jóvenes sean más cultos hoy que ayer, sencillamente no es cierto.  Cualquier profesor lo sabe, en particular los de Universidad y de enseñanza media. Es un viejo mantra el de la incultura de la gente religiosa, las viejas del pueblo, los miedosos, los inmaduros, etcétera. Tengo estanterías dedicadas a las relaciones entre ciencia y fe. De Newton a Gauss. He conocido incluso algún Nobel creyente, como el autor del libro El yo y su cerebro, firmado con Popper. Me refiero a Eccless.

            Debo cortar porque me llaman.

  • ana rodrigo

    Empatizo al cien por cien con lo que ha dicho Margit, quienes me conocéis, podéis comprender esta sintonía, puesto constantemente insisto en esta temática tal como ella la ha planteado.

    La Iglesia tiene una buena oportunidad de “ponerse al día” cumpliendo lo que ya el Vaticano II propuso, tanto en la consideración de Pueblo de Dios como en saber leer los signos de los tiempos.

    En un mundo predominantemente  (y lógicamente) democrático, no tiene sentido una Institución jerarquizada a la antigua, en un mundo igualitario en el género, no tiene sentido la discriminación de la mujer, en un mundo científico no hay que minusvalorar la exégesis… Y así sucesivamente.

    Mi duda es que esta perspectiva tan clara de la Iglesia católica alemana, sea aceptada con cierta facilidad en el estatus vaticano-clerical, incluido en propio Francisco, que como decía el otro día, la mujer no tiene sitio en el sistema petrino, sí en el mariano, y también en el no teológico, como son los temas administrativos. Es decir, según esta declaración, quedaríamos igual: la mujer madre, esposa y profesional en tareas no teológicas.

    Ya veremos.

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