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Universo complejo evolutivo, 5

En los días pasados se ha discutido en ATRIO sobre bilingûismo y se ha publicado un texto en valenciano. Entretanto, Pascual Pont nos habñia enviado dos nuevos artículos de su serie Universo Complejo Evolutivo. Publicamos uno de ellos, precisamente sobre lenguas vernáculas y, en concreto, la discutida lengua valenciana. AD.

Lenguas vernáculas

En mi trabajo sobre el Paráclito que Atrio empezó a publicar el pasado 7 de junio, planteo que una vía para hacer frente a la creciente degradación del planeta a causa de la negativa actividad de la humanidad, puede ser la lingüística, mediante la adecuada atención a las lenguas vernáculas que nos ligan a la tierra, al entorno más directo y personal, y al desarrollo y utilización del Criollo Escrito Mundial que puede tener capacidad para ligar a toda la humanidad, a toda la Tierra, al conjunto del planeta.

Si la lengua vernácula va profundamente ligada a la historia de cada individuo, el Criollo Escrito Mundial se ha creado para responder a la necesidad de un cambio cultural de todos los individuos, de forma que los sitúe ante su participación personal en el destino común a que los está conduciendo la cada vez más poderosa actividad humana.

Singularidad y totalidad deben armonizarse buscando la plenitud del desarrollo personal y el sentimiento solidario de toda la humanidad. El individuo, todo individuo, es el agente fundamental de este proceso y por eso creo que puede interesar mi vivencia personal en ambos campos y aunque el Criollo Escrito Mundial se ha creado para que toda la humanidad pueda dialogar, ahora la humanidad está poniendo su esperanza en los nuevos lenguajes, el algorítmico y el cuántico, cuando esos dos lenguajes ya no pertenecen a la humanidad, sino a una nueva individualidad, al igual que el habla humana ya no pertenece al ámbito biológico, sino al cultural.

Estando dando vueltas a estas cuestiones resulta propicio que hoy, el 6 de septiembre de 2022, día del 500 aniversario de la circunnavegación de Elcano, Leandro Sequeiros, analiza en Atrio la diferencia entre el transhumanismo de Ray Kurzweil y Nick Bostrom y la planetización de Teilhard de Chardin, con la conclusión de los graves inconvenientes de la primera corriente y las posibilidades que abre el pensamiento de Teilhard, desarrollado en unos tiempos en que no existían ni se le esperaban los nuevos lenguajes.

Ahora si se les conoce y se cuenta con ellos, así como con la mal llamada Inteligencia Artificial, pues debería llamarse Inteligencia Comunal, puesto que es resultado de un esfuerzo social de comunicación. Por esos este trabajo va a constar de las siguientes partes: 1) Las lenguas vernáculas de los valencianos; 2) El Criollo Escrito Mundial; 3) Cambio cultural evolutivo; 4) El caso de la Unión Europea.

También es posible que en este momento convenga recurrir a Galileo que durante la crisis provocada por el heliocentrismo de Copérnico, decía que: En las ciencias naturales, cuyas conclusiones son verdaderas y necesarias, no tiene nada que hacer el arbitrio humano, y es preciso guardarse de no oponerse a defender lo falso, porque mil Demóstenes o mil Aristóteles quedarían en mal lugar contra todos los mediocres ingenios que hayan tenido la suerte de toparse con la verdad. Cabe en lo posible que éste sea mi caso, pero también es posible que el lenguaje criollo sea más fundamental que el lenguaje matemático, y cuando lo que se trata es lograr un cambio cultural de la humanidad, radical, general y profundo, que evite que continuemos cavando nuestra tumba, como ha dicho el Secretario General de la ONU, es necesario explorar todos los caminos que puedan hacerlo efectivo.

Así empezaba el artículo “Bilingüismo mundial. Vivencia personal”, introducción que Duato suprimió junto con la primera parte “Las lenguas vernáculas de los valencianos” con lo que los significados del titular se esfumaban, tanto en lo que se refiere al bilingüismo como a la personal vivencia. Desconozco las razones de la supresión, pero como considero que la mirada completa es fundamental para comprender y asumir la naturaleza compleja del ser, al estar constituido por el individuo, su entorno y su mutua interacción, creo que debo insistir en la valoración de las lenguas vernáculas y su participación en el armonioso desarrollo de la Tierra en manos de la humanidad.

Según el diccionario de la RAE, “vernáculo” es doméstico, nativo, de nuestra casa o país, mientras que para el diccionario de Corripio, ofrece los siguientes sinónimos: doméstico, nativo, indígena, propio, peculiar, regional, comarcal. En los dos casos se refiere a la cuestión territorial, pero tratándose de la lengua debemos recurrir a las aportaciones de Derek Bickerton, contenidas en la parte publicada, en las que nos muestra cómo, a partir de la pobreza del vocabulario y la sintaxis del “pidgin” el rudimentario sistema de comunicación con que los esclavos, traídos de muchas partes del mundo por las potencias coloniales, se vieron obligados a entender las ordenes de sus amos y a entenderse entre ellos, sus hijos desarrollaron nuevos lenguajes nativos que ofrecen la complejidad y la fuerza expresiva y de matización que universalmente se hallan en las lenguas más reputadas del mundo.

Esta conclusión es de un inmenso valor, y más aún si se une a esta otra: entre las edades de los dos y los cuatro años los niños nacidos en el seno de una comunidad de adultos lingüísticamente competentes hablan una variedad de lenguaje cuya estructura tiene un gran parecido a la estructura de las lenguas desarrolladas por los hijos de los esclavos. Pero hay una diferencia esencial: la lengua de éstos arrastra la herencia de la lengua de quienes fueron sus amos y se distingue si eran españoles, franceses, holandeses, ingleses o portugueses, mientras que la de aquellos llevan los ecos de la comunidad en la que iniciaron su vida y por eso se llaman lenguas nativas o aborígenes, y hay quien las acota como lenguas maternas.

Nos encontramos ante la maravillosa génesis del habla humana, en la que hay que distinguir varias etapas: La primera es el desarrollo biológico de los órganos fonéticos, capaces de emitir sonidos claramente diferenciables. Entre los cambios orgánicos necesarios están el descenso de la laringe, la creación de la válvula epíglotis, del hueso hioides y de las cuerdas vocales, así como la liberación de la lengua. La segunda es la asignación de significados a esos sonidos y destinarlos a nombrar sus mutuas interacciones con el entorno. Estos cambios dieron origen a una nueva especie, la del “homo sapiens” que al mejorar su relación con el entorno fue desplazando a la anterior. Pero así como los cambios orgánicos fueron compartidos por toda la nueva especie, la asignación de significados se fue realizando por cada comunidad respondiendo a las características de su entorno y de su interacción.

Esto fue especialmente significativo durante los miles de años que duró la expansión de la humanidad por toda la superficie de la Tierra siguiendo las rutas que hoy parecen más inverosímiles y ocupando espacios cuyas condiciones requerían disponer de elementos complementarios adecuados. El resultado fue una demostración clara e incuestionable de que la interacción entre individuo y entorno se producía en las dos direcciones, pues si el individuo actuaba sobre el entorno, éste también lo hacía sobre el individuo. Las diferentes razas son la prueba de esta doble interacción. Los individuos de las tierras más templadas, tienen la piel clara para que el Sol le penetre con mayor intensidad, mientras que los de las tierras tórridas, la tienen oscura para protegerse y que no les queme. Lo mismo ocurre con la alimentación y con la humedad o sequedad del aire. El habla comunitaria reflejaba todas estas variables en los diferentes componentes del lenguaje, pero especialmente en el vocabulario y en la sintaxis, formando familias lingüísticas, numéricamente muy desiguales, según que las características de la zona hubieran facilitado o dificultado el desarrollo comunitario.

Estos procesos no fueron diseñados e impulsados por una determinada mente, sino por la dinámica interna evolutiva del universo complejo que encontró en el individuo humano una predisposición que no encontró en el bonobo ni en el chimpancé, al igual que encontró en las algas y en los hongos, la posibilidad de generar la sexualidad y la simbiosis. Pero hace nos diez mil años se inició un cambio fundamental en el desarrollo evolutivo. La intensa relación que mantenían algunos individuos con algunas plantas y animales le descubrió algunas de sus insatisfechas necesidades. Especialmente significativo fue percibir que alguna planta le pedía agua y que al proporcionársela mejoraba su aspecto. Aquello fue como una invitación a seguir su desarrollo y descubrir que las que tenían el suelo esponjado habían crecido más que las que lo tenían apretado y reseco y buscó la forma de esponjarlo. Algo similar ocurrió con algunos animales. Había nacido la agricultura y la ganadería y a partir de ellas, la evolución antrópica, que fue poniendo la evolución del conjunto terráqueo en manos de la humanidad.

El aumento de alimentación logrado, hizo aumentar también la población humana, el tamaño de la comunidad y el reparto de tareas, lo que fue generando una división en la comunidad, especialmente entre los que quedaban ligados a la tierra allí donde la cultivaban y a los ganados que

 

llevaban a donde habían buenos pastos, y el grueso comunitario formado por los que permanecían en la ciudad, entre los que la división se fue estableciendo entre los que se especializaban en tareas muy específicas y los que se dedicaban a la dirección del conjunto comunitario. Esta división se acentuó cuando la estructura comunitaria pasó de matriarcal a patriarcal y especialmente con la creación de la escritura textual.

 

La comunicación escrita

La comunicación verbal va ligada a los individuos que emiten las palabras, a su personalidad y creatividad y tiene la duración efímera de su emisión y percepción. Las pinturas rupestres son los primeros intentos de dar permanencia a su deseo comunicativo, así como los primeros trazos ordenados que son indicios de querer contar, tanto en su significado de numerar como de narrar, que será el origen del lenguaje matemático, que alcanzará un importante desarrollo con la numeración sexagesimal ligada a la geometría del hexágono inscrito y circunscrito y a la relación áurea, que mostrará desde el primer momento su capacidad de ejercer de lenguaje universal.

Muy diferente es la dinámica de la escritura textual destinada a dar permanencia al discurso verbal, pues si bien tiene capacidad de expresar el pensamiento comunitario consensuado, desde el primer momento es utilizada por los grupos más poderosos para dominar y explotar a los que están en inferioridad de condiciones. La Estela de los Buitres y los Vedas, la escritura sagrada de la India, están entre los iniciadores de esta dinámica de enfrentamiento contraria a la dinámica de colaboración que es la que ha hecho avanzar la evolución del Universo Complejo.

La invención de la imprenta de tipos móviles inició la democratización de la escritura, pero no cambió la dinámica de enfrentamiento y dominación, sino que la intensificó con el desarrollo tecnológico que hizo que los poderosos dispusieran de más medios para controlar a la población y de más armas, con un extraordinario poder destructivo, hasta el punto de convertir en una verdadera locura el querer resolver los conflictos por la vía de la confrontación.

La única salida posible es la revolución cultural que devuelva a cada individuo a sus raíces lingüísticas que le diferenciaron del animal, y resuelva sus diferencias con una lengua común a la que todos puedan acceder por igual. Son cada vez más los partidarios de un cambio cultural que armonice la moderna tecnología con la sabiduría contenida en la naturaleza. La mejora de los parámetros naturaleza a raíz del confinamiento universal como consecuencia del Covid19, mostró claramente la negatividad de la actuación humana, mientras los índices económicos señalan que se está consumiendo por encima de la capacidad regenerativa de los recursos, a pesar de lo cual son cada vez más los que no llegan a cubrir sus necesidades más básicas.

Hace ya 50 años, en 1972, Sicco Mansholt, siendo presidente de la Comisión Europea, embrión de la Unión Europea, escribió “Crisis de civilización”, y dijo: Para mí la cuestión más importante es cómo podemos alcanzar un crecimiento cero en esta sociedad… Si no lo conseguimos, las distancias, las tensiones entre las naciones ricas y pobres será cada vez mayor. Me preocupa si conseguimos mantener bajo control estos poderes que luchan por el crecimiento permanente. Todo nuestro sistema social insiste en el crecimiento. Y en otro momento “Prefiero la FNB la Felicidad Nacional Bruta, al PNB el Producto Nacional Bruto” Lo que provocó la crítica tanto de Pompidou, presidente francés, como de Marchais, secretario general del Partido Comunista francés.

Ahora no podemos esperar otros 50 años, sin atender las palabras de Mansholt, pues muy pronto la degradación se hará irreversible, si no lo es ya. Necesitamos líderes capaces de movilizar a la adolescencia y juventud, no para manifestarse exigiendo a otros los cambios necesarios, sino para realizarlos en ellos mismos, adoptando el bilingüismo que al tiempo que reconoce la singularidad de cada individuo y su participación en la evolución de su lengua vernácula, asuma y utilice el Criollo Escrito Mundial que hace posible un diálogo mundial en plenas condiciones de igualdad.

 

Las lenguas vernáculas de los valencianos

Desde que nací y hasta los 15 años, viví en Játiva, y aprendí a hablar en el valenciano de mi entorno, que era prácticamente el de toda la ciudad, hasta que fui al colegio y allí tuve que aprender a hablar, leer y escribir en castellano, tal como tenía ordenado el régimen político de Franco que pretendía unificar el habla de todos los españoles con esa lengua que llamaban española, pero que abandonábamos en cuanto salíamos del colegio para volver al valenciano.

A los 15 años me trasladé a Valencia para entrar en la Escuela de Aprendices de una empresa en la que transcurrió toda mi vida laboral. Allí de nuevo el bilingüismo del castellano en los estudios y el valenciano en la vida personal, pero allí me encontré con que el valenciano que utilizaban mis nuevos amigos tenía palabras y expresiones diferentes a las que yo traía de Játiva y surgió la discusión de cuáles eran las más correctas y adecuadas. No llegamos a ningún acuerdo pero yo, de forma prácticamente inconsciente, me fui adaptando al habla de mi nuevo entorno.

Luego supe que todos los pueblos contienen sus singularidades lingüísticas debido a que las lenguas vernáculas son lenguas vivas que construyen continuamente el habla de sus usuarios con sus personales aportaciones. Algunos de éstos prestan especial atención a estas singularidades, como los que confeccionaron el “Diccionario buñolero” que se puede encontrar en Internet y que contiene las palabras que utilizan los habitantes del pueblo valenciano de Buñol, de habla castellana y que no se encuentran en el diccionario académico español.

El caso de la Comunidad Valenciana presenta características propias debido a que es bilingüe desde 1238 de acuerdo con el reparto que Jaime I hizo de la conquistada Valencia entre los participantes en la guerra contra la población autóctona musulmana. Por eso hay pueblos que hablan castellano porque quedaron asignados a los participantes aragoneses y pueblos que hablan valenciano porque fueron asignados a colonos catalanes, mallorquines y occitanos. La madre de Jaime I era occitana y esa fue la lengua que enseñó a su hijo, venciendo muchas dificultades debido a la cruzada albigense y al afán exterminador de los francos, lo que llevó a Jaime a extender sus dominios hacia el sur y utilizar su lengua para redactar “El Libre de Repartiment” y algunos textos fundacionales. Los Fueros los redactó en latín para vencer la oposición de la nobleza aragonesa a los privilegios otorgados al pueblo llano, por lo que no los aceptaron hasta 1280, después de varios enfrentamientos.

En realidad, la Comunidad Valenciana fue, como mínimo, trilingüe, pues a las dos lenguas reconocidas hay que añadir el árabe dialectal utilizado por la importante población autóctona musulmana, que permaneció en Valencia hasta que fue expulsada en 1609. Un estudio de Carmen Barceló y Ana Labarta catedráticas de Lengua Árabe de la Universidad de Valencia, nos muestra el potencial de esa lengua y sus problemas cuando el pueblo que la sustenta ha sido vencido y sometido a humillantes condiciones. No hay que olvidar que gran parte de la población vencida era descendiente de los que habitaban en Valencia en el año 714 cuando tomaron el poder los musulmanes, que éstos fueron los artífices de la fértil huerta valenciana y los que la administraron hasta que fueron desplazados por “El Tribunal de les Aigües”

Estos problemas del pasado mantienen su vigencia cuando se trata de fijar una identidad común, llegando a alcanzar una significación política cuando la imprenta extiende el ámbito de la escritura y surge la necesidad de fijar las reglas que determinen su escritura y su pronunciación. El caso del serbo-croata es paradigmático pues una misma habla se puede expresar con dos escrituras totalmente diferentes que determinan dos identidades nacionales. En el caso del valenciano, los enfrentamientos entre austrias y borbones tuvieron fuerte incidencia en las diferentes hablas locales, debido a que los que hablaban castellano se vieron favorecidos como consecuencia de la posterior dinámica imperialista de Castilla y las consiguientes pretensiones de que toda España hablara “español”.

La forzada marginación de las otras lenguas hizo que los pocos escritores que las utilizaban emplearan la ortografía que creían más conveniente y no fue hasta 1913 que Pompeu Fabra establecía las bases para una gramática catalana, mientras al año siguiente el Padre Fullana lo hacía para la valenciana. Las diferencias resultantes no gustaron a los partidarios de unir las dos lenguas, y en 1932 se firmaron unas “bases ortográficas” que los partidarios de la distinción denunciaron como copia de las catalanas.

El problema no está resuelto, pero tampoco se agrava porque los catalanes parece haber olvidado su proyecto de “Paisos catalans” para centrar sus esfuerzos en lograr la independencia y los valencianos han acumulado suficiente experiencia de la dificultad de desarrollar una identidad lingüística cuando la convivencia bilingüe es inevitable y, aunque son muy minoritarios, también hay que considerar a los partidarios, tanto en Cataluña como en Valencia, de ensanchar el ámbito de la lengua procurando el encuentro con la lengua de Oc. En Cataluña, desde 1987, cada 1 de agosto celebran un encuentro en Port de Salou, una cumbre de los Pirineos a la que se asciende, tanto por una vertiente como por la otra, por una estrecha y pronunciada senda, y una vez arriba comparten discursos, conversación, queso occitano y vino catalán.

En Valencia, las raíces occitanas del valenciano son defendidas por Lluís Fornés, que con el nombre de Lluís el Sifoner fue ampliamente reconocido como cantautor de 1973 a 1989. Doctorado en 2004 con la tesis “El pensament Panoccitanista” mantiene vivas esas raíces con diversas publicaciones y la organización anual de una competición de ortografía occitana.

Pero el problema para que la Comunidad Valenciana desarrolle una identidad propia, no procede sólo de la distribución de tierras y lenguas que Jaime I hizo entre los que participaron en la conquista de Valencia, sino del desarrollo de acontecimientos posteriores. Cuando Jaime I entra en Valencia en 1238 hace ya más de siete años que conquistó Mallorca, y a continuación inició la conquista de Valencia, partiendo del sur de Cataluña y Aragón, conquistando los pueblos al norte de Valencia y avanzando hacia el sur hasta el río Júcar. No avanzó más, como había mostrado desear conquistando Játiva, Alicante y Murcia, hasta los límites de Andalucía, porque eso le enfrentaba a su yerno, Alfonso X, el sabio, que aspiraba a incorporar estos territorios a Castilla. No es necesario entrar en los detalles de los acontecimientos, pero la conquista de Játiva en 1250, no fue obra suya, sino de sus generales, que generaron una dinámica que en 1265 conquistaron Alicante y en 1266 Murcia. Aquello contrarió mucho a su yerno y para establecer la paz, Jaime I le dio las tierras de Murcia, quedándose con las de Alicante.

En el logro de una identidad común tiene gran importancia el habla, pero también la geografía. La comunidad autónoma valenciana tiene dificultades para integrar en un sentimiento unitario a la ciudad de Alicante y a buena parte de su provincia debido a su configuración geográfica que la hace identificarse más con Murcia con la que comparte la vega del Segura que con el centro y norte de la Comunidad, de las que está separada por los montes del Sistema Subbético y en concreto por la Sierra de la Carrasqueta.

Respecto a la relación entre las lenguas vernáculas y su vinculación a una comunidad determinada, a mediados del 2022 el periódico Levante lanzó dos iniciativas que se pueden considerar complementarias. Una de ellas es la publicación, todos los sábados, de un suplemento de ocho páginas, titulado “Terreta”, en el que va mostrando las bellezas naturales y las construcciones humanas dignas de ser admiradas, que se encuentran en el espacio considerado como Comunidad Valenciana, con el fin de propiciar el intercambio turístico interior. La otra es la publicación de una colección de libritos destinados a fomentar la lectura de textos en valenciano. El título de la colección Llegir en valenciá per a salvar el món, hace clara referencia a la función trascendental que las lenguas vernáculas tienen en la vinculación cultural de los individuos con su entorno común. No me he interesado en averiguar que opinan sobre esta campaña los valencianos que leen en castellano, y entre los que figuran todos los lectores del periódico, que en casi su totalidad está escrito en castellano.

En cualquier caso son especialmente interesantes las críticas que los individuos y colectivos enfrentados se dirigen mutuamente por el predominio de una u otra lengua. La situación puede cambiar radicalmente con el desarrollo adecuado de la escritura electrónica y el establecimiento de una lengua efectivamente común y mundial, pues tendría, de inmediato, los siguientes efectos:

  • hacer innecesarios el que algunos productos vayan acompañados de prospectos explicativos de sus características y funciones, en un número de idiomas, que a veces sobrepasan los veinte, lo que incrementa el sentimiento de marginalidad de los idiomas que no figuran.
  • Extender el uso de análisis de algoritmos adecuados, programados desde la dinámica cuántica que tiende claramente a la colaboración, puede mostrar los términos de un acuerdo en el que posiblemente algo tengan que ceder los dos, o si tiene que ceder sólo uno, comprobar los beneficios de la cesión.
  • Potenciar la comarca como unidad de convivencia y de servicios comunitarios (escolares, sanitarios, administrativos, financieros (las Cajas Rurales han desempeñado una gran labor en el desarrollo económico de muchas comarca, administrando los ahorros de los vecinos y financiando diferentes operaciones, pero ahora los grandes bancos las están haciendo desaparecer), culturales (en algunos pueblos, el reloj del campanario era el único que marcaba las horas para muchas casas, ahora los veraneantes se quejan de que suene por la noche, pero los vecinos, aunque ya tienen relojes, defienden que siga sonando porque se sienten identificados con sus toques)

La cuestión puede cambiar mucho si efectivamente se logra una lengua mundial en la que todos puedan comunicarse en igualdad de condiciones, La identidad política en cuanto capacidad de participar en la toma de decisiones, puede desligarse del pasado histórico y de la comunicación hablada, para establecer una verdadera articulación de todos los condicionantes.

El cambio en la actualidad podría ser totalmente revolucionario si descansara en las posibilidades de la comunicación electrónica y en la facilidad de traducir y descargar en el idioma mundial los trabajos más interesantes realizados en cualquier idioma local, aunque hubiera que verterlo al vernáculo oficial de la comunidad.

 

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