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¿Más de lo mismo?

Las reacciones diversas y variadas (privada y públicas) sobre las últimas reflexiones dedicadas al celibato y ministerio femenino, eran previsibles y confirman lo que creo que todos sospechamos aunque no queremos reconocer: que, sobre todo en lo que toca al ministerio de la mujer, hay en la Iglesia divisiones muy grandes que nos alejan de aquel “sensus communis fidelium” donde la teología veía siempre una señal del Espíritu. Dije por eso que es hora de la pedagogía más que de la confrontación. Y quisiera adoptar ahora aquella actitud de Pablo que, a la vez que proclamaba que se pueden comer carnes sacrificadas a los ídolos (¡que eran las más baratas en las carnicerías!), buscaba convencer a los contrarios de que, si los ídolos no son nada, aquellas carnes no pueden estar manchadas por ninguna clase de impureza.

Intentemos mirar desde tres perspectivas.

  1. Perspectiva histórica.- Después volveremos a los argumentos. Ahora quisiera hacer una prospectiva: imaginemos que en dos días Francisco cambia toda la legislación eclesiástica y tenemos en poco tiempo un grupo de mujeres presidiendo las misas habituales. Mi pronóstico, como muy probable, es que decenas o cientos de millones de católicos dejarían de ir a misa cuando presidiera una mujer, y que esa huelga encontraría el apoyo de buena parte del clero y algunos obispos. ¿Sería razonable correr un riesgo de ese tamaño, precisamente en estos momentos tan “antifrancisco”? Una iglesia cismática será todo lo contrario de una iglesia sinodal. Y repito que ese pronóstico no me parece improbable.

En la situación vivida hasta ahora, muchas veces teníamos que aprender a decir: “la Iglesia nunca será como yo querría, pero la acepto”. Y la culpa de esa desilusión estaba entonces en las autoridades eclesiásticas, que bastante hicieron sufrir a algunos. En la Iglesia del futuro tendremos que decir lo mismo: pero la razón de ese desencanto ya no estará en las mal llamadas “jerarquías” sino en el mismo pueblo de Dios. De ahí la importancia de esa pedagogía paciente.

  1. Perspectiva científica.- Personalmente, los argumentos de que Jesús no llamó mujeres al apostolado me parece que no prueban nada porque confunden la voluntad de Jesús con la sociedad en que vivió Jesús. El seguimiento de Jesús no consiste en hacer miméticamente lo que Él hizo, sino en hacer lo que Él haría hoy. El número de doce parecía intocable al principio (como se refleja al comienzo del libro de los Hechos) hasta que se vio que la universalidad del cristianismo llevaba a olvidarlo. También se podía haber argumentado que Jesús solo eligió para apóstoles a judíos, vinculando eso con la visión veterotestamentaria del sacerdocio. Por suerte no se hizo (quizá gracias al primitivo rechazo judío hacia el cristianismo).

En cualquier caso, creo que lo que aquí debe contar son aquellas palabras de Jesús: “os conviene que yo me vaya porque si no, no vendrá a vosotros el Espíritu que os conducirá a la plenitud de la verdad”. Temo que los contrarios al ministerio femenino se estén cerrando a esa “plenitud de la verdad”. Y esto no es nuevo: está también el dato de esa Junia de la carta a los romanos, llamada por Pablo “apóstol” y a la que parece que se le masculinizó el nombre para evitar problemas. Y están todas las acusaciones paganas al primer cristianismo como “corruptor de la mujer”, que obligaron a aparcar muchos primeros pasos, para no alejar a los paganos que era la causa más urgente entonces.

En esta cuestión ha jugado también un papel negativo el repetido tópico de algunas feministas laicas, que pretenden que el cristianismo es antifeminista y el paganismo era feminista, y que mucha gente se lo ha tragado. Sobre eso solo dos detalles: es el gran Aristóteles quien define a la mujer como intrínsecamente inferior al macho, como un “varón a medio hacer” (vir dimidiatus). Y bastantes problemas le creó a su admirador Tomás de Aquino que, en este punto se apartó de quien él llamaba “el filósofo”. Y es el gran Platón quien escribe que para dialogar solo podemos hacerlo con hombres porque las mujeres no tienen altura para eso. A pesar de la Diótima de Sócrates, ¿cuántas mujeres participan en los diálogos de Platón? Y hasta podría ser que (dada la situación social de la mujer entonces) algo de apariencia tuviera ese argumento. Pero la razón griega ya podría haber aprendido a distinguir entre lo que es de la naturaleza y lo que puede ser de la historia.

En fin: para cualquier problema histórico que se presente, hace falta mucha paciencia y mucho estudio. Personalmente y a lo largo de los años, fui aprendiendo tres principios que los presento aquí por si ayudan a alguien.

    • 1.- Mirar de no argumentar desde mis sentimientos (por justificados que estén) sino desde los datos aquilatados. Y aquilatar los datos, en el campo de la historia, es bastante difícil: porque pasa el tiempo y alguien descubre un dato o una hipótesis nueva que sacude muchas “evidencias” tranquilas.
    • 2.- Cuando disiento de alguien, tratar de ver qué puede haber de verdad en lo que dice, en la línea de lo que san Ignacio llamaba “salvar la proposición del prójimo”. Para no quedarme yo sin esa dosis de verdad.
    • 3.- Analizar y preguntarme: si un polemista bien dotado disintiera de lo que digo ¿qué argumentos podría darme? Digo polemista bien dotado refiriéndome a aquellos que aportan argumentos; no a los que se limitan a llamarte comunista o facha y creen que con eso ya te han refutado del todo.

Incoherente como soy y he sido, no pretendo que esos principios los he cumplido siempre. Pero sí creo que tienen su valor, y los ofrezco aquí por si le sirven a alguien[1].

  1. Perspectiva espiritual.- Pasando a un campo más de espiritualidad y menos analítico, creo que la misión del ministerio eclesial consiste en ser creador de comunidad (mi libro Hombres de la comunidad, fue traducido al inglés como Builders of community, y aplaudí mucho esa traducción cuando se me propuso). Cito esto porque quien de veras quiera ser creador (y responsable) de comunidad, habrá de estar dispuesto a sacrificar muchas veces derechos propios; y a sacrificarlos sin buscar por otro lado compensaciones de mayor dignidad y poder. Desde la reclamación de los propios derechos como actitud primaria, poca comunidad se construirá.

Aquí viene la importancia de lo que califiqué como “desacerdotalizar” el ministerio. El que preside la eucaristía no es quien consagra el pan y el vino porque tiene un poder casi mágico; consagra toda la asamblea. Ya en el siglo XII escribió el beato abad Guerrico (gran amigo de san Bernardo) que “el sacerdote no consagra solo ni ofrece solo sino que toda la comunidad de los creyentes consagra y ofrece con él”. Si las palabras las pronuncia él solo es porque estamos escuchando una narración y en los relatos es uno solo el que narra. Y la necesaria presencia del ministro eclesiástico en la celebración eucarística no es porque sea él quien tiene ese poder mágico de consagrar pronunciando unas palabras. Es porque él, por así decir, hace oficialmente presente a la Iglesia en aquella celebración. Y es la Iglesia, como “sacramento raíz” la que tiene eso que llamamos poder de consagrar.

Permítaseme por eso añadir que me parece ridículo y clerical el que, en las concelebraciones, cuando llega lo de “esto es mi cuerpo etc.”, todos los curas presentes extiendan la mano y pronuncien esas palabras. No hace ninguna falta ese gesto porque sin él, consagrarán igual. Pero este detalle me parece un ejemplo de esa mentalidad de poder que se ha vinculado tanto al ministerio eclesial cuando, curiosamente, la palabra ministerio significa literalmente: “lugar de lo menor”.

  1. Despedida y cierre.- Termino como he dicho otras veces: todo esto es solo una palabra de un individuo particular. Sabiendo además que los intelectuales tendemos a volver las cosas más lentas y a desesperar a los impacientes: porque la verdad es lenta y, como decía la gran Teresa: “padece más no perece”. Hay personas activas que suelen tener una intuición bastante certera de las cosas. Y hay que darles campo, aun sabiendo también que su intuición nunca es perfecta del todo. (Desde Hegel a Agustín, no ha habido genio que no dijera también alguna tontería seria).

Y sobre todo, no hay que perder el buen humor. Porque como me dijo una vez el amigo Pep Vives, no sé qué Padre de la Iglesia decía que “el Espíritu Santo es el buen humor de Dios”.

Así que “veni sancte Spiritus”.

NOTA A PIE:

[1] Quizá cabría añadir el consejo de leer bien lo que se lee y asegurarse de que el autor dice lo que yo le hago decir. Porque hace poco he asistido a este detalle curioso: en un blog el autor se dirige al presidente Biden diciéndole que no tiene ningún derecho a erigirse en autoridad mundial y que esa autoridad debería estar en la ONU. Pues bien, uno de los comentaristas escribe: “el presente artículo nos deja con la idea de que el presidente Biden es una autoridad mundial legítima; la autoridad legítima es el consejo de seguridad de Naciones Unidas” (¡!).  Sin llegar a tanto pero, al menos, procuremos no leer así ni caminar en esa dirección.

12 comentarios

  • carmen

    Pues estoy contigo, Román.

    El problema no es mujer sí, mujer no. Sino qué es ser un sacerdote. Y después vendrá todo eso del celibato, del acceso de la mujer al sacerdocio y otras cuestiones. Es que me parece andar por las ramas a estas alturas de la vida.

    Pero es que creo que todo esto de la reforma de la iglesia y esas cosas, no sé. No creo que sea cuestión de fe o no fe. A ver si tiene importancia que en Canadá se piense con unos matices y en Europa con otros. No lo creo. El problema, a mí juicio es de organización interna. Hay que reestructurarla en todos los aspectos. La centralización de poder en la persona de El Papa, sencillamente es irreal. A estas alturas ya no tiene sentido. Porque El mundo mundial es mucho más grande que Europa. Y hay muchísimas sensibilidades diferentes. No sé. No tiene sentido.

    Pero a ver cómo se descentraliza todo. El aspecto económico es bestial. No sé si sabes el trabajo que cuesta hacer la separación de gananciales en un divorcio. Y son dos personas. En mi caso no hubo problema porque cada uno se fue a vivir a una casa y cada uno con su sueldo, con su pensión. Los hijos ya eran adultos e independientes, pero he vivido divorcios de locura. De manicomio.

    Cómo entonces se va a descentralizar el poder económico de la iglesia? Tú sabes la que se puede liar ahí? Por no hablar de lo que creen que pueda ser la pérdida de peso político.

    No. Es muy muy muy complejo un Cambio en la iglesia, por pequeño que sea. Tocas algo y esa cuestión tira de otra, de otra…por eso, creo, me parece, por eso dice el señor Faus que prefiere una iglesia con problemas pero unida.

    No sé.

    Sigo mi camino. Lo que sucede es que me gusta el tema. Lo encuentro muy interesante pero no me preocupa. He entendido una cosa muy importante. Se trata de vivir según piensas. Y los demás, ya encontrarán el suyo. El futuro nadie lo sabe. Me quedan, según las estadísticas, unos años de vida, no muchos. No puedo arreglar nada. He hecho lo que he sabido. Estoy en paz. Pese a mis miles de errores, algunos gordos, estoy en paz.

    No debo de entrar aquí. Lo veo todo desde un punto de vista diferente. Pero es que todo esto de la iglesia lo encuentro fascinante. Es la estructura humana más compleja que ha habido. Y no creo que llegue a haber otra que dure dos mil años. Es que es fascinante. Todo. Las creencias, la estructura, la economía, la política… todo

    En fin.

    Un abrazo

     

  • Román Díaz Ayala

    A mi también  me agrada la insistencia,  pero no porque sea más  de lo mismo, como parece que sugiera el autor, sino porque no se sborda de manera suficiente la cuestión  principal,  que no es el sacerdocio femenino, sino el sacerdocio católico.  Tal es asi  qie incluso en TEMA no se incluye( ver TEMA: Cristanismo, Iglesia Católica,  Mujeres)

    El sacerdocio  católico,  despues de la Reforma pasó  a ser algo diferente a lo que empezaron a enseñar los círculos  protestantes   rompiendo asi dieciseis siglos de enseñanza  común  dentro del cristianismo.

    Luego vino la teologia de las escuelas liberales que ahondaron un poco más  en los supuestos reformados.

    Los actuales escritores católicos  que abordan el papel de las mujeres, en cuanto a mujeres  y representantes del sexo femenino, lo están  haciendo como si partieran estando en tierra de nadie. Y es muy triste. No se identifican como deudores de la Reforma, ni quieren llevar la imagen de quienes no tienen la altitud de mira y la anchura de corazón para hacer propias las alegrias y las penas, los anhelos y esperanzas de los hombres actuales.

    ¿ Qué  es lo que distingue el sacerdocio católico  y lo hace diferente al sacerdocio de todas las otras religiones?  Muy simple: ha recibido un encargo específico  de Jesús  y que se materializó  históricamente a través  de los apóstoles.

    ¿;Qué  lo hace diferente al sacerdocio de la Reforma? En que para los reformadores no existe el sacerdocio  ministerial. Enseñan una Teología de la Iglesia, que le impide tener una sana comprensión  de la Eucaristía.

  • M. Luisa

    Este problema, que tanto se viene arrastrando, considero que hay que afrontarlo de facto. Hemos de revertirlo en un rotundo feminismo de facto!

    Un ejemplo que puede servir. Una ministra del gobierno español había apostado para no salir en foto política alguna en la que solo estuviera compuesta por varones. Pues bien, en una ocasión reciente, cuando se dio esa casuística,   al instante mismo, antes de que se efectuara la foto miró a ambos lados y viendo que era la única mujer se salió del grupo dejando expectantes a todos los concurrentes.

    Claro que pasados unos días tuvo la misma oportunidad y la cosa ya fue más floja. Sin embargo, creo que es en esta línea por donde debe tomarse la dirección.

  • carmen

    Perdón, Ana.

    Qué significa organizar eucaristías? En mi colegio siempre las han organizado las monjas e incluso personas laicas que entienden mucho de todo esto. Pero la ha presidido siempre un sacerdote. La comunión la he distribuido mil veces, con permiso, claro del sacerdote. Él es que tiene que darlo. Por cierto, no se iba nadie. Cuando murió mi amiga Carmen se le hizo un funeral en la capilla del colegio. Bueno, a tope. Tenía 62 años, murió el mismo día que los cumplió y había estado en ejercicio hasta junio del curso anterior. Fue emocionante. Padres, madres, antiguos alumnos, compañeros y compañeras… impresionante. Le pedí permiso al sacerdote, antiguo alumno, para dar la comunión. La dimos cuatro personas. El sacerdote, dos monjas y yo. No veas la de gente que acudió a mí . Pero gente que ni conocía, mayor, mayor, familia de mi amiga. Estaba emocionada. No creo que las personas rechazaran la presidencia o como se llame de la celebración de la eucaristía porque fuese una mujer. El rechazo no viene por ahí, el rechazo viene de los de arriba. Supone tocar muchas cosas de teología. Y eso no lo pueden hacer. Si tocan una sola carta se cae el castillo de naipes. Nada tiene que ver con nosotras. Por eso me ha extrañado la afirmación del señor Faus.

    Mis monjas cuando organizaban algo de esas cosas en la iglesia nunca consagraban y no le llamaban eucaristía, aunque se dustribuyese la Sagra Forma, le llamaban algo así como celebración de la palabra o algo de eso. Jamás eucaristía. La Eucaristía, entendida como el acto de consagración del pan y el vino , eso es potestad exclusiva del sacerdote. Luego sí te dejan repartirla.

    En vuestros grupos,consagráis las mujeres? Lo encuentro super interesante. O lo que hacéis es compartir pan y vino y punto? No es lo mismo. O sí lo es? Me refiero desde el punto de vista eclesiástico. O lo que sucede es que pasáis de la transubstanciación?

    Me resulta muy interesante lo que has dicho. Si puedes y te apetece, me respondes.

    Gracias.

     

    • ana rodrigo

      Carmen, yo no he dicho organizar, sino coordinar, es decir, no dejarlo todo a la improvisación. porque la eucaristía la celebrábamos la comunidad. Pero alguien traía preparadas qué lecturas elegíamos, preparada la plegaria eucarística, canciones, intervenciones de l@s asistentes, etc.

      Y en la propia comunidad había sacerdotes, como un miembro más de la comunidad, intervenía o no, según quisiese.

      • carmen

        Ok

        Gracias por la respuesta. Pura curiosidad. Es lo mismo que se hacía y seguramente se sigue haciendo en mi colegio. Entiendo entonces que lo que se llama consagración, en caso de que hubiese, corría a cargo de un sacerdote que asistiese y desease hacerlo. Esa era la pregunta. Me parecía interesante. También se podía comulgar en las  celebraciones  que hacíamos si había formas consagradas. Lo que no se podía hacer era consagrar si no lo hacía un sacerdote. Todo lo demás, sí.

        También sé de reuniones en las que se comparte pan y vino in memoriam de la cena última de Jesús. Pero sin consagrar. Por eso te he preguntado lo de la transubstanciación. Porque ese es el tema del sacerdocio. Ese y el perdón de los pecados en nombre de Jesús. Lo demás, deriva de esas dos potestades o poderes o como se le quiera llamar. Eso es lo que se debate ahora en todo esto del próximo sínodo. La respuesta está clarísima para mí: no.

        Perdón por confundir la palabra organizar con la de coordinar y gracias por la respuesta

  • ana rodrigo

    Por enésima vez voy a contar dos anécdotas verídicas pero muy ilustradoras de lo que estamos hablando. Y perdón a quienes ya me las habéis leído en otras ocasiones.

    Un amigo mío, estando de viaje por Toledo entró en una iglesia para verla y estaban celebrando la misa en la que el cura al llegar a la hora de la consagración dijo: “Y ahora va a bajar Jesucristo, porque se lo ordeno yo”.

    Otra: en un congreso de teología salió a hablar un señor que había sido misionero en un país hispanoamericano. Como no había sacerdotes suficientes, fue a visitar una comunidad que le dijeron que celebraban la eucaristía ell@s sol@s, a lo que él les preguntó ¿Y vosotros creéis que Jesús se hace presente? A lo que le contestaron, “ah, ese es su problema”.

    Ay! la magia teologizada hasta donde nos ha llevado. O sea que una mujer, si preside la Eucaristía, cientos de millones de cristianos abandonarían la Iglesia. ¿han hecho eso los cristianos protestantes? Lo que no me gusta de las pastoras ¡¡!! protestantes es que siguen haciendo lo mismo que que los clérigos hombres.

    Yo misma he coordinado la celebración de decenas de eucaristías en el grupo de comunidades de CCP de Granada, eso sí, fuera del templo, como Jesús, y no por eso desmerecían de lo que hizo Jesús con sus amigos y con sus amigas la noche que se despidió de ell@s cenando en casa de algun@ amig@, formando una comunidad persiguiendo un proyecto de vida. Aunque pocas horas después, esos famosos doce varones huyeran lejos de su maestro ente su crucifixión, mientras las mujeres allí estuvieron acompañándolo en su dolor, yendo de madrugada al sepulcro y experimentando que a Jesús no hay que buscarlo en una tumba, sino en la vida. ¡Cómo nos han cambiado la historia! Los cobardes “doce” y las valientes mujeres.

    Es que las mujeres somos seres humanos, ¿hace falta recordarlo?

    • mª pilar

      ¡Estoy contigo Ana en cuanto nos comentas!

      Me sucedió una vez en la iglesia de mi querido (entonces) C. Pignatelli en la Eucaristía central llena de personas…¡a tope!…el celebrante se sintió mal, enseguida me di cuenta de ello y lo acompañé a su asiento diciéndole que estuviese tranquilo yo me haría cargo de todo, estábamos dos mujeres ya preparadas para compartir la comunión hice una señal a una compañera que enseguida comprendió y subió al altar, compartí en tres patenas las formas y nos dispusimos  a la labor; pensé que algunas personas presentes por su militancia personal, no acudirían sin el celebrante lo que si se es, que se hizo un gran silencio el celebrante seguía con los ojos cerrados cuando acabamos de impartir la comunión que siempre era larga por la asistencia a esa Eucaristía porque sus celebrantes eran claros en la homilías, sencillos en su vestir solo el alba blanca y la estola. Bueno volviendo a la celebración, volví a guardar las formas sobrantes en el copón y delicadamente lo llevé al sagrario, volví purifique cada patena y cuando acabe me acerque al celebrante para ver si podía despedir la Eucaristía lo acompañé hasta el altar y a su lado esperé al final para acompañarlo después a la sacristía; la verdad es que pensé que habría quejas por parte de las personas “especiales” que acudían a nuestra  iglesia, pero no hubo queja ninguna.

      No es lo habitual en esas personas pero esta vez nada dijeron.

      Quiero decir con claridad, que jamás me ofrecería para ser “sacerdotisa” y seguir haciendo lo mismo que hasta ahora hasta el nombre suena mal.

      Quizá la iglesia se vaciara…ya ahora se vacía sola solo quedan personas muy mayores que los ritos son su razón de ser…no la Nueva alternativa de Jesús porque eso supone:

      ¡¡¡Optar, decidir como quiero vivir y ser!!!

      No te desanimes querida Ana no merece la pena vive como creas que es tu camino y goza de la hermosura de seguir sus hermosas Palabras porque ellas están llenas de:

      ¡¡¡Vida!!!

      Un abrazo entrañable.

       

      • ana rodrigo

        Gracias, querida Pilar, siempre coincidimos. Tu relato es muy valioso porque, como dices, nadie se escandalizó de que las mujeres hiciesen algo que, quizá en ese tiempo no era habitual, hoy sí lo es. Lo mismo ocurrirá si es una mujer la que esté en el altar, es cosa de habituarnos y, sobre todo, de ver a una persona igual de persona que lo es un hombre ¿o es que somos personas de tercera o cuarta categoría humana? Como dije ayer ¿por dónde anda el Espíritu Santo después de dos mil años? ¿O creemos en un Dios que discrimina a las personas según el sexo, cosa que no hacen los ateos que creen en la Declaración de los DDHH?

        No me desanimo con estos temas, cada vez sigo más peleona, porque personas muy relevantes en intelectualidad y en teología, y con fuerte influencia social, siguen con el sesgo machista, en algunas ocasiones sin ser conscientes, porque lo llevan casi en el ADN y , aunque lo quieren adornar con bonitas palabras, en el fondo late el patriarcado, androcentrismo y la convicción de que las mujeres no somos iguales en derechos, sí, antes de que nadie me lo eche en cara, también en deberes.

        Es una cuestión que se aprende porque yo antes no sabía nada de lo que ahora defiendo, era la época en que era Franco junto con la Iglesia española, los que nos decían en qué rango humano nos encontrábamos las mujeres.

        Pilar, ¿te acuerdas de la Sección Femenina y la asignatura de Formación del espíritu nacional? Pues eso es lo que nos enseñaban. Pero la vida me ha ido enseñando y, lo mismo que yo, lo pueden hacer todos los hombres y todos los clérigos: aprender, leer, estudiar, hablar con nosotras, conocernos y reconocernos como personas en una sociedad igualitaria.

        Un fuerte abrazo.

         

         

  • carmen

    Pues no puedo dormir y se me ha ocurrido entrar. Superinteresante. Eso que ha dicho de que si una mujer presidiera una eucaristía, media iglesia se vaciaría. Pregunto. Se irían los varones? Suponiendo que la mitad fuesen varones. Las mujeres también se irían?

    Pues yo haría una prueba. Primera mujer que , que qué exactamente? Pues acabo de leer que la consagración la hace la asamblea. Superinteresante. Pensaba que lo hacía el sacerdote. Por aquello de esa especie de magia que conlleva el sacerdocio. Pero si es la asamblea…

    Entonces habría que decir: primera celebración de la eucaristía presidida por una mujer. Se les recuerda que el acto en sí de lo que llamamos consagración , la realiza la asamblea, no la mujer en cuestión.

    A veces pienso que no conozco mi propia religión. Pensaba que Pablo había dicho algo así como: si , claro que se puede comer carne del sacrificio, pero… mejor que no porque entonces, si os ven, de alguna manera estáis colaborando al culto de los dioses paganos. No era tonto Pablo. En absoluto.

    No me apetece nada buscar la cita, pero es que aquello me llamó mucho la atención. Prometo que es así. Claro que mi palabra no se vale. Lo buscaré. También es posible que lo entendiese mal, pero es que lo leí muchas veces.

    Y es que creo que no conozco mi religión. Tampoco me importa mucho, lo que conozco tampoco me lo creo…

    Con todos mis respetos, señor Faus. Es imposible,o sea imposible que los jesuitas crean que las mujeres son iguales en valía personal que los varones. Imposible. Menudo noviciado han hecho y tan jóvenes…y luego esa compañía tan elitista, solo de varones claro. Esa prepotencia intelectual que es una característica que los define…

    En fin. Sé que es usted un gran teólogo. Al menos esa prensa tiene desde hace muchos años. Pero, han tenido mala suerte con la elección del Papa jesuita. No porque el señor elegido no sea el idóneo, no voy por ahí. No. Lo que creo es que se ha puesto de manifiesto que ni siquiera el grupo de poder más importante de la iglesia, también es incapaz de solucionar problemas. Y además ha tenido un efecto boomerang, y es que el grupo de los jesuitas no se atreven a hacer una sola crítica profunda a las decisiones que toma el Papa actual. Y sin embargo con Juan Pablo II y Benedicto XVI, aquello era muy divertido.

    No deja usted de sorprenderme. Por qué no hacen la prueba? A lo mejor no se puede, no sé. De verdad, de verdad usted cree que habría un cisma? Por qué? Y si lo hubiese…? A lo mejor es bueno. Pero claro. Los jesuitas dejarían el inmenso poder que tienen? Se saldrían de la iglesia o permanecerían dentro?

    No. No creo que sea un tema de varón o mujer. A ambos creó Dios, dicen. Es un tema cultural porque ha sido estupendo para el varón tenernos bajo su yugo. Y un tema de Poder . Siempre el Poder. Y los varones con carrera eclesiástica, obispos y demás, no van a ceder ni un milímetro.

    Y, ustedes, tampoco.

    Buena noche

  • ana rodrigo

    Tres notas iniciales:

    • -Pedir per perdón por la extensión de mi comentario (no es obligatorio leerlo.)
    • -Pedirle perdón a José Ignacio si en algo le he faltado al respeto o por mi mediocridad intelectual puesto que no me considero intelectual.
    • -Y tres: todas las citas del texto original las he puesto en cursiva.

    Sin ánimo de confrontación y con todas las ganas de diálogo voy a comentar, argumentar u opinar sobre las cuestiones que nos plantea G. Faus. No intento dar lecciones a nadie, sencillamente expongo lo que pienso.

    Dice el autor: “hay en la Iglesia divisiones muy grandes que nos alejan de aquel ‘sensus communis fidelium’ donde la teología veía siempre una señal del Espíritu. Dije por eso que es hora de la pedagogía más que de la confrontación.” ¿Por dónde ha andado el Espíritu durante dos mil años para que no haya infundido en Iglesia-Institución la igualdad de hombres y mujeres.

    Nuevamente cito el texto: “Mi pronóstico, como muy probable, es que decenas o cientos de millones de católicos dejarían de ir a misa cuando presidiera una mujer, y que esa huelga encontraría el apoyo de buena parte del clero y algunos obispos. Igualito que le pasó a Jesús, los sacerdotes, la religión lo mataron por no hacer lo que decía la tradición.

    “…teníamos que aprender a decir: “la Iglesia nunca será como yo querría, pero la acepto”.. Yo digo, la Iglesia no es como me gustaría, pero voy a poner de mi parte para que mejore.

    “Y están todas las acusaciones paganas al primer cristianismo como “corruptor de la mujer”, que obligaron a aparcar muchos primeros pasos, para no alejar a los paganos que era la causa más urgente entonces.” Religión Digital ha publicado un artículo de Kiki Suárez titulado La feminahistoria que como dice el título es la historia de la mujer en la historia, siempre la última, la invisible en su rol que ya conocemos, pues esto se ve que también eran prioritarios los paganos, así que la mujer al cuarto oscuro, cosa que no hizo Jesús con las mujeres, que fueron las primeras en “ver” a Jesús resucitado.

    “En esta cuestión ha jugado también un papel negativo el repetido tópico de algunas feministas laicas, que pretenden que el cristianismo es antifeminista y el paganismo era feminista,” ¿Acaso no es cierto? La Declaración de los DDH fue cosa de la Iglesia? ¿Cuál es la única institución pública que margina a la mujer? Creo que es la religión, católica y no católica.

    A continuación mencionas a Aristóteles y a Platón, y yo pregunto ¿qué tienen que ver estos dos hombres con la praxis de Jesús?

    Tienes razón en esto : “Y aquilatar los datos, en el campo de la historia, es bastante difícil: porque pasa el tiempo y alguien descubre un dato o una hipótesis nueva que sacude muchas “evidencias” tranquilas. Pues en eso estamos, en el siglo XXI y en una parte de la sociedad que vemos que la situación de desigualdad de la mujer ya no entra en cabeza humana, lo contario es que para ese tipo de cabezas la historia no avanza.

    Yo no me creo polemista y si así se me quiere ver, debo ser de lo peor. Creo en mi sensatez y en lo poco que, a tu lado, he estudiado, aunque sea licenciada en historia y de esto sí sé algo, lo digo con toda humildad. Sin pretensiones de tener la única y la última verdad, hago el ejercicio de hacer mi aportación personal ya que un compañero, como ya he dicho en otra ocasión, reconocía que no participaba en mis artículos sobre la mujer porque sabía poco del tema.

    Como mujer concienciada de la historia de las mujeres me veo en la obligación de hacer mi pequeña aportación para liberar a tantas mujeres de la esclavitud a la que la historia nos ha sometido, Remito nuevamente al artículo de Kiki Suárez para saber nuestra historia pasada y nuestra situación presente.

    Pido mil perdones porque, siendo mujer y no clérigo, me atrevo a discrepar de un gran teólogo como es José Ignacio G. Faus.

    Paz y bien para todos y para todas. Es mi deseo cordial.

  • Isabel

    Antifeministas no es la palabra, mejor todas las religiones son misóginas y enemigas de las mujeres. Cristianismo, islamismo, judaísmo, budismo, hinduísmo, todas. Para todas las mujeres somos seres de segunda categoría sin los mismos derechos y dignidad a las que nos asignan roles de género como sumisión y obediencia categorizados como virtudes morales propias de nuestro sexo. Unas lo practican en menor grado que otras, pero no se debe a su buena voluntad, sino a no tener más remedio que ceder a presiones democráticas y feministas.

    Prueba de esa falta de igual consideración de dignidad es esta cerrazón al sacerdocio femenino. Nada más lejos de mí que desearlo personalmente, es que se trata de una reivindicación elemental para la consecución de igualdad de derechos para la mitad de la humanidad.

    Algo que no tengo tan claro es si la abolición del celibato obligatorio también ocasionaría un cisma en la Iglesia…

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