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El texto de la carta bomba del cardenal Marx al papa

Todos os habréis enterado. Es una carta de renuncia nada convencional que muestra mucho de cómo la tensiones conmueven la cúspide de la Iglesia Católica. Ha sido, parece, el mismo Francisco quien ha querido que este texto sea conocido por todos en la Iglesia. ¿Hay esperanza a pesar de todo? ¿Que pensáis? Espero que los comentarios se adecúen a no-banalización que exige un texto así. AD.

Santo Padre,

Sin duda, son tiempos de crisis para la Iglesia en Alemania. Hay, por supuesto, muchas razones para esta situación –también más allá de Alemania en todo el mundo– y creo que no es necesario exponerlas aquí en detalle. Sin embargo, esta crisis también ha sido causada por nuestro propio fracaso, por nuestra propia culpa. Esto me resulta cada vez más claro al observar a la Iglesia católica en su conjunto, no sólo hoy, sino también en las últimas décadas. Mi impresión es que nos encontramos en un “callejón sin salida” que, y esta es mi esperanza pascual, también tiene el potencial de convertirse en un “punto de inflexión”. Por supuesto, la “fe pascual” también se aplica a nuestra atención pastoral como obispos: Quien quiera salvar su vida la perderá, pero quien pierda su vida la encontrará.

Desde el año pasado, he reflexionado más a fondo sobre esto y me he preguntado qué significa para mí personalmente y he decidido –animado por el período de Pascua– pediros que aceptéis mi dimisión como arzobispo de Munich y Freising.

En esencia, para mí es importante compartir la responsabilidad por la catástrofe de los abusos sexuales cometidos por funcionarios de la Iglesia en las últimas décadas. Las investigaciones e informes de los últimos diez años han demostrado sistemáticamente que ha habido muchos fallos personales y errores administrativos, pero también fallos institucionales o “sistémicos”. Los recientes debates han demostrado que algunos miembros de la Iglesia se niegan a creer que exista una responsabilidad compartida a este respecto y que, por lo tanto, la Iglesia como institución es también culpable de lo ocurrido y, por lo tanto, desaprueban que se hable de reformas y renovación en el contexto de la crisis de los abusos sexuales.

Yo tengo firmemente una opinión diferente. Hay que considerar ambos aspectos: los errores de los que uno es personalmente responsable y el fracaso institucional que requiere cambios y una reforma de la Iglesia. Un punto de inflexión para salir de esta crisis es, en mi opinión, sólo posible si tomamos un “camino sinodal”, un camino que realmente permita un “discernimiento de espíritus”, como usted ha subrayado y reiterado repetidamente en su carta a la Iglesia en Alemania.

Soy sacerdote desde hace cuarenta y dos años y obispo desde hace casi veinticinco, de los cuales veinte años fui ordinario en grandes obispados. Me resulta doloroso ser testigo del grave daño que sufre la reputación de los obispos en la percepción eclesiástica y secular, que puede estar incluso en su nivel más bajo. Por tanto, para asumir la responsabilidad, no basta, en mi opinión, con reaccionar única y exclusivamente si los expedientes aportan pruebas de los errores y fallos de los individuos. Nosotros, como obispos, tenemos que dejar claro que también representamos a la institución de la Iglesia en su conjunto.

Y tampoco es correcto simplemente vincular estos problemas en gran medida a épocas pasadas y a antiguos funcionarios de la Iglesia, “enterrando” así lo sucedido. Siento que al permanecer en silencio, al no actuar y al centrarme demasiado en la reputación de la Iglesia me he hecho personalmente culpable y responsable. Sólo después de 2002, y más aún desde 2010, los afectados por los abusos sexuales han salido a la luz de forma más consecuente y este cambio de perspectiva aún no se ha completado. Pasar por alto y despreciar a las víctimas ha sido sin duda nuestra mayor culpa en el pasado.

A raíz de la encuesta del MHG encargada por la Conferencia Episcopal Alemana, afirmé en la catedral de Múnich que hemos fracasado. Pero, ¿quién es ese “nosotros”? De hecho, yo también pertenezco a este círculo. Y esto significa que también debo sacar consecuencias personales de ello. Esto me resulta cada vez más claro.

Creo que una posibilidad de expresar esta voluntad de asumir la responsabilidad es mi dimisión. Al hacerlo, puedo enviar una señal personal para un nuevo comienzo, para un nuevo despertar de la Iglesia, no sólo en Alemania. Me gustaría mostrar que no es el ministerio lo que está en primer plano, sino la misión del Evangelio. También esto es un elemento de la pastoral. Por ello, le pido encarecidamente que acepte esta dimisión.

Sigo disfrutando de ser sacerdote y obispo de esta Iglesia y seguiré comprometiéndome en cuestiones pastorales, donde lo considere razonable y útil. En los próximos años de mi servicio, me gustaría dedicarme cada vez más a la pastoral y apoyar una renovación eclesiástica de la Iglesia, que Usted también reclama incesantemente.

Oboedientia et Pax y oremus pro invicem. Su obediente

Reinhard Cardenal Marx Arzobispo de Munich y Freising

Traducción realizada con la versión gratuita del traductor www.DeepL.com/Translator

3 comentarios

  • Juan A. Vinagre Oviedo

    Esta reflexión (elegía?) podría ir en varios apartados, como en el texto editorial de ATRIO, en el exterminio de pueblos indígenas del Canadá católico, o aquí, en las cartas entre el obispo de München y Francisco. No deseo que esta reflexión sea demasiado ácida o insana, aunque sí un poco -al menos un poco- comprensiva con la debilidad humana de mente y de corazón…, que con frecuencia, lamentablemente, es tan transgresora. De esto la principal responsable es la iglesia jerarquía, con la que sí es necesario ser crítico. Por eso ahí va una variante -lamento-, parecido a algunos lamentos de  F. de Quevedo:

    “Miré la imagen de la Iglesia mía, / si un tiempo fuerte, ya debilitada, / por la carrera del poder, lastrada, / y cuya faz rezuma felonía.

    El poder la ha dejado tan vacía, / que impidió que se viese transformada / y diese testimonio, renovada, / que fuera sal y luz que siempre guía.

    No supo ser consciente de ese vicio, / y así sacralizó más su poder / hasta hacerse una imagen soberana.

    Transformó la función de ser servicio /-que es parte de la esencia de su ser- / en algo que la hizo asaz humana”.

    Aunque en ocasiones hay cosas que hacen pensar en el látigo, esta vez quiero ser comprensivo con el pobre ser humano, que se dice creyente y es tan mal servidor, que debilita la fe de muchos. Los servidores fallan, como todos, no solo en ideas, en sus doxia, sino sobre todo en su praxia, que es la que más convence… y la mejor predicadora del Reino de Dios en la tierra.

     

     

  • Una decisión honesta y discernida que interpela a toda la jerarquía eclesiástica. ¿Dónde va la Iglesia o la Institución? No se ve un panorama claro, pero sí una nueva visión u horizonte conducida por el Espíritu, y permitir que guíe. El Eu-angelo o la BUENA NOTICIA no desaparecerá nunca porque el Ser Humano va siempre en busca….Es buscador. Una posición como el Card. Max no solo lo facilita sino que da ejemplo.

  • Julián Díaz Lucio

     
    Me parece la decisión del cardenal Marx de una humildad y valentía admirables.  Me alegra que admita que también ha habido fallos institucionales, cosa que no se suele admitir fácilmente; y él como forma parte de la institución, cree que debe dimitir. Es por eso por lo que creo que  para renovar la Iglesia, hacen falta no solo la conversión pastoral, repetida muchas veces por  el papa Francisco, sino llegar a la conversión estructural o cambios de estructuras, para que los cambios puedan perdurar en el tiempo. De lo contrario, pasado este aire renovador  franciscano de palabras,  pueden llegar otros aires conservadores que lo tiren todo por  tierra. No estamos libres de ello, ya que asoman las orejas por doquier. Y entonces la catástrofe sería morrocotuda. Algo de ello ya está pasando en Alemania, Holanda y quizás en España.
     
    Otro aspecto importante de esta carta: puedo enviar una señal personal para un nuevo comienzo, para un nuevo despertar de la Iglesia, no sólo en Alemania. Se siente también responsable del conjunto de la Iglesia, y cree que ese gesto suyo puede ayudar a un nuevo despertar de la Institución.
     
    Viniendo a nuestra realidad: hace más de año y medio que se ha marchado el anterior obispo y parece que en las altas esferas de la maquinaria institucional no han tenido tiempo para nombrar  otro. Algo debe estar funcionando mal o muy mal para que esto ocurra. Y esto lo saben los cristianos algo concienciados, porque a los demás les importa un pimiento. Todo lo cual no contribuye lo más mínimo a formar una imagen más significativa de la Iglesia. Quizás deberían dimitir algunos obispos más para ver si este cambia de verdad.
     
     
     

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