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¿Qué puede venir después del coronavirus?

     Muchos lo han visto claramente: después del coronavirus, ya no va a ser posible continuar el proyecto del capitalismo como modo de producción, ni del neoliberalismo como su expresión política. El capitalismo sólo es bueno para los ricos; para el resto es un purgatorio o un infierno, y para la naturaleza, una guerra sin tregua.

     Lo que nos está salvando no es la competencia –su principal motor– sino la cooperación, ni el individualismo –su expresión cultural– sino la interdependencia de todos con todos.

     Pero vayamos al punto central: hemos descubierto que el valor supremo es la vida, no la acumulación de bienes materiales. El aparato bélico montado, capaz de destruir varias veces la vida en la Tierra, ha demostrado ser ridículo frente a un enemigo microscópico invisible que amenaza a toda la humanidad. ¿Podría ser el Next Big One (NBO) que temen los biólogos, “el próximo gran virus” que destruya el futuro de la vida? No lo creemos. Esperamos que la Tierra siga teniendo compasión de nosotros y nos esté dando sólo una especie de ultimátum.

     Dado que el virus amenazador proviene de la naturaleza, el aislamiento social nos ofrece la oportunidad de preguntarnos: ¿cuál fue y cómo debe ser nuestra relación con la naturaleza y, más en general, con la Tierra como Casa Común? La medicina y la técnica, aunque muy necesarias, no son suficientes. Su función es atacar al virus hasta exterminarlo. Pero si continuamos atacando a la Tierra viva, “nuestro hogar con una comunidad de vida única”, como dice la Carta de la Tierra (Preámbulo), ells contraatacará de nuevo con más pandemias letales, hasta una que nos exterminará.

     Sucede que la mayoría de la humanidad y los jefes de estado no son conscientes de que estamos dentro de la sexta extinción masiva. Hasta ahora no nos sentíamos parte de la naturaleza ni tampoco como su parte consciente. Nuestra relación no es la relación que se tiene con un ser vivo, Gaia, que tiene valor en sí mismo y debe ser respetado, sino de mero uso según nuestra comodidad y enriquecimiento. Estamos explotando la Tierra violentamente hasta el punto de que el 60% de los suelos han sido erosionados, en la misma proporción los bosques húmedos, y causamos una asombrosa devastación de especies, entre 70-100 mil al año. Esta es la realidad vigente del antropoceno y del necroceno. De seguir esta ruta vamos al encuentro de nuestra propia desaparición.

     No tenemos otra alternativa que hacer, en palabras de la encíclica papal “sobre el cuidado de la Casa Común”, una “conversión ecológica radical”. En este sentido, el coronavirus no es una crisis como otras, sino la exigencia de una relación amistosa y cuidadosa con la naturaleza. ¿Cómo implementarla en un mundo que se dedica a la explotación de todos los ecosistemas? No hay proyectos listos. Todo el mundo está a la búsqueda. Lo peor que nos podría pasar sería, después de la pandemia, volver a lo de antes: las fábricas produciendo a todo vapor aunque con cierto cuidado ecológico. Sabemos que las grandes corporaciones se están articulando para recuperar el tiempo perdido y las ganancias.

     Pero hay que reconocer que esta conversión no puede ser repentina, sino gradual. Cuando el presidente francés Macron dijo que “la lección de la pandemia era que hay bienes y servicios que deben ser sacados del mercado”, provocó la carrera de decenas de grandes organizaciones ecologistas, como Oxfam, Attac y otras, pidiendo que los 750.000 millones de euros del Banco Central Europeo destinados a remediar las pérdidas de las empresas se destinaran a la reconversión social y ecológica del aparato productivo en aras de un mayor cuidado de la naturaleza, más justicia e igualdad sociales. Lógicamente, esto sólo se hará ampliando el debate, involucrando a todo tipo de grupos, desde la participación popular hasta el conocimiento científico, hasta que surjan una convicción y una responsabilidad colectivas.

     Debemos ser plenamente conscientes de una cosa: al aumentar el calentamiento global y aumentar la población mundial devastando los hábitats naturales, acercando así los seres humanos a los animales, éstos transmitirán más virus, a los cuales no seremos inmunes, que encontrarán en nosotros nuevos huéspedes. De ahí surgirán las pandemias devastadoras.

     El punto esencial e irrenunciable es la nueva concepción de la Tierra, ya no como un mercado de negocios que nos coloca como sus señores (dominus), fuera y por encima de ella, sino como una superentidad viviente, un sistema autorregulado y autocreador, del que somos la parte consciente y responsable, junto con los demás seres como hermanos (frater). El paso de dominus (dueño) a frater (hermano) requerirá una nueva mente y un nuevo corazón, es decir, ver a la Tierra de manera diferente y sentir con el corazón nuestra pertenencia a ella y al Gran Todo. Unido a ello, el sentido de inter-retro-relación de todos con todos y una responsabilidad colectiva frente al futuro común. Sólo así llegaremos, como pronostica la Carta de la Tierra, a “un modo de vida sostenible” y a una garantía para el futuro de la vida y de la Madre Tierra.

     La fase actual de recogimiento social puede significar una especie de retiro reflexivo y humanista para pensar en tales cosas y nuestra responsabilidad ante ellas. Es urgente y el tiempo es corto, no podemos llegar demasiado tarde.

*Leonardo Boff ha escrito Cómo cuidar de la Casa Común, Vozes 2018 y La opción Tierra: la solución de la Tierra no cae del cielo, Record 2009.

Traducción de Mª José Gavito Milano

12 comentarios

  • Santiago

    Pero la Tierra, aún como “casa común” es eso, una casa. Nosotros somos los que la habitamos y su objeto principal.Tenemos que cuidarla sin adorarla porque ella no nos creó. También ella necesito “de Otro” que le diera su existencia puesto que ella no la tenía, ni la tiene, “en si misma” ni “por si misma” y por tanto depende, como nosotros, en grado secundario,  de un Creador.

    El Gran Todo, pues, no es, mi puede ser una abstracción panteística, porque nosotros tampoco lo somos,  sino, todo lo contrario, somos seres reales, que se mueven y existen y que tuvieron causa prima y tendrán un destino final. En este sentido la pandemia nos hace reflexionar en la vanidad de las cosas puesto que nuestros bienes pueden desaparecer de un día para otro, en un abrir y cerrar de ojos, donde vemos la irrelevancia de las posesiones, lo efímero del tiempo y acontecimientos que pasan sin retorno, y que nuestran que la vida humana es solamente un “ensayo”, algo temporal, efímero pero que tiene un final trascendente donde todas nuestras aspiraciones pueden ser realizadas a cabalidad, tal como nos ha sido revelado a través de los siglos.

    El signo pandémico ha sido para aislarnos cada uno en una profunda reflexión ¿Que nos falta? ¿Que debemos hacer? ¿Que debemos cambiar? ¿Que hacer en lo que queda de nuestra vida que pasa? Gran momento espiritual y universal para toda la humanidad.

    Un saludo cordial

    Santiago Hernández

  • Carmen

    Echo de menos a Díaz Alegría

    Yo también creo en la esperanza. Otro ingenuo por lo visto.

    Veremos.

    Rectifico. Nuestros hijos verán.

    Y nuestros nietos

    Porque estamos en una crisis mundial, eso lo cantan los ciegos por las esquinas. No hace falta ser un sabio. La clave está en la respuesta colectiva

    Pero todo se construye entre todos. Percibo una falta de fe en la humanidad enorme.  A lo mejor nos hace falta otro Salvador que nos diga: creed en vosotros mismos. No es necesario una revolución sangrienta. No es el camino. Todos juntos somos capaces de construir un mundo mejor. El pobre, el rico,el escribidor, el sacerdote, el banquero, el jugador de bolsa, el profesor, el alumno, el maestro, el actor, el espectador, el juez, el reo, el político… porque si no nos lo creemos, jamás lo lograremos.

    A ver si esta vez no lo convertimos en un dios venido de otro planeta.

    En fin.

  • ana rodrigo

    Estamos viviendo un momento malo, muy malo para toda la humanidad, de hecho Ignacio Ramonet dice en el enlace que nos ofrece Oscar: “El apocalipsis está golpeando nuestra puerta”. Es lo que nos ha tocado vivir a nuestra generación, pero repasemos un poco lo que les tocó vivir a la generación de mis padres y de muchos de vosotr@s.

    !914, primera Guerra mundial. 1918, la gripe, mal llamada, española o la gripe de Kansas. 1923, la dictadura de Primo de Rivera. 1929 la crisis económica mundial. Años 30, aparición de los fascismos. 1933, la guerra civil española y su posguerra correspondiente. 1939, la dictadura franquista. 1939, la Segunda Guerra mundial. 40 años de dictadura.

    Todo ello se sufrió y se superó, así que responsabilidad personal, social y política y paciencia, que esta crisis también pasará y la superaremos, por muy apocalíptica que nos parezca.

    • Asun Poudereux

      Si Ana, el artículo de Ramonet vale la pena dedicarle su tiempo. En cuanto a grandes crisis y tragedias del siglo pasado en Europa, se las trae. Y lamento decir que no parece que se haya aprendido ni intentado evitarlas a nivel internacional.

      Como muestras terribles de ello las continuas guerras y enfrentamientos mortales en otros frentes y zonas mundiales que de modo directo e indirecto los llamados países occidentales auspiciamos, unos más que otros, por lo que todos consentimos esta complicidad del gran capital nada solidario y sí provocador en conseguir sus objetivos. Es más, nuestro país la complicidad de los altos poderes la sufre doblemente en sus consecuencias, ya que permanecerán en el tiempo y lo sufrirán sobre todo las familias y personas más desfavorecidas.

      Y para las nuevas generaciones más preparadas está por ver si seguirán emigrando. Lo iremos viendo. Desde luego el ritmo de vida y consumo que conocimos, no nos volverá a enajenar. Los más jóvenes ya se dieron cuenta de ello en esta década y quizá antes. En eso sí confío. Y que pase su huella a los genes de modo indeleble, me atrevo a desear también.

      Por lo demás y en cuanto al coronavirus dichoso, se estará más alerta a lo que les une que a lo que les separa. Es una lección de vida continua y necesaria para crecer y dinamizar nuestra potencialidad en humanidad solidaria.

      Un abrazo lleno de cariño y confianza.

      • oscar varela

        Hola Asun!
        Todo esto que venimos comentando
        me recuerda a lo opinado por J.L.Borges:
        “A los argentinos no nos une el amor sino el espanto”

      • ana rodrigo

        Querida Asun, sólo he mencionado lo que afectó a España de forma directa o indirecta, porque, como dices, hemos aprendido poco de las guerras, a pesar de la ONU y de su inútil Consejo de Seguridad.

        Y, para no quedar sólo con lo malo, lo mejor que pasó en el siglo pasado fue la Declaración Universal de los DDHH, que, aunque sea como referente, muchas veces teórico, ahí están como conquista de la Humanidad. Algo es algo.

        En este siglo tenemos muchos retos, entre ellos el ecológico, del que sabemos mucho, pero no hacemos nada de modo global, tenemos la cruenta desigualdad entre países con la pandemia del hambre, tenemos las migraciones y las tragedias que conllevan en miles de personas, hoy, 1 de Mayo, no podemos olvidar al trabajo precario e indigno de millones de personas esclavizadas para malvivir, etc. etc. Y todo esto sin contar la pandemia natural actual del coronavirus y las que dicen que vendrán, contra las cuales es más difícil luchar.

        Así es la historia de la humanidad, crear, superar retos y avanzar a trompicones.

  • ana rodrigo

    Corroboro, corregido y aumentado, lo dicho por Oscar Varela sobre este más que artículo de Ignacio Ramonet, superlargo, al mismo tiempo que superinteresante.

  • oscar varela

    Hola!
    Artículo tan LARGO como IMPERDIBLE.
    https://www.eldiplo.org/wp-content/uploads/2020/04/Ramonet-pandemia-sistema-mundo.pdf

    Termina así:
     
    FUTUROS
     
    Todos los países del planeta siguen enfrentando —al mismo tiempo y por primera vez-– la embestida de una suerte de alienígena… La pandemia va para largo. Y es posible que el virus, después de mutar, regrese. Tal vez el próximo invierno… Dada la enormidad de lo que está ocurriendo, se avecinan cambios. Aunque nadie sabe cuáles serán los posibles escenarios que se impondrán. Las incertidumbres son numerosas. Pero está claro que puede ser un momento de rotunda transformación.
     
    Las cosas no podrán continuar como estaban. Un gran parte de la humanidad no puede seguir viviendo en un mundo tan injusto, tan desigual y tan ecocida. Como dice uno de los memes que más han circulado durante la cuarentena : «No queremos volver a la normalidad, porque la normalidad es el problema.» La “normalidad” nos trajo la pandemia…
     
    Esta traumática experiencia debe ser utilizada para reformular el contrato social y avanzar hacia más altos niveles de solidaridad comunitaria y mayor integración social. En todo el planeta, muchas voces reclaman ahora unas instituciones económicas y políticas más redistributivas, más feministas y una mayor preocupación por los marginados sociales, las minorías discriminadas, los pobres y los ancianos. Cualquier respuesta post-pandémica debería apoyarse, como sugiere Edgar Morin, en «los principios de una economía verdaderamente regenerativa, basada en el cuidado y la reparación».
     
    El concepto de “seguridad nacional” debería incluir, a partir de ahora, la redistribución de la riqueza, una fiscalidad más justa para disminuir las obscenas desigualdades, y la consolidación del Estado de bienestar. Se desea avanzar hacia alguna forma de socialismo. Es urgente, a nivel global, la creación de una renta básica que ofrezca protección a todos los ciudadanos en tiempos de crisis… y en tiempos ordinarios.
     
    Los sistemas de salud deberán ser públicos y universales. Haber gestionado los hospitales como empresas ha conducido a tratar a los pacientes como mercancía. Resultado: un desastre tanto humano como sanitario. En todo caso, hay unanimidad para pedir que la vacuna contra la covid-19, cuando se descubra, sea considerada un “bien público mundial”, y sea gratuita y accesible para toda la humanidad. El nuevo coronavirus nos ha demostrado que, a la hora de la verdad, médicos, enfermeras y personal sanitario son infinitamente más valiosos que los brokers o los especuladores financieros.
     
    Sería inteligente anticipar también la próxima crisis climática, que podría sorprendernos pronto igual que lo hizo el SARS-CoV-2… Detener el consumismo furioso y acabar con la idea del crecimiento infinito. Nuestro planeta no puede más. Agoniza. Se nos está muriendo en los brazos… Es imperativo acelerar la transición energética no contaminante y apresurarse en implementar lo que los ecologistas reclaman desde hace tiempo, un «Green New Deal», un ambicioso Acuerdo Verde que constituya la nueva alternativa económica mundial al capitalismo depredador.
     
    Pero de inmediato hay que evitar, como previene Naomi Klein, que bajo los efectos del “capitalismo del shock”, los defensores del sistema –Gobiernos ultraliberales, fondos especulativos, empresas transnacionales, mastodontes digitales– consoliden su dominación y manipulen la crisis para crear más desigualdades, mayor explotación y más injusticias… Es preciso impedir que la pandemia sea utilizada para instaurar una Gran Regresión Mundial que reduzca los espacios de la democracia, destroce aún más nuestro ecosistema, disminuya los derechos humanos, neocolonice el Sur, banalice el racismo, expulse a los migrantes y normalice la cibervigilancia de masas.
     
    Por el momento, sociedades enteras siguen confinadas en sus viviendas. Dóciles, asustadas, controladas, silenciosas. ¿Qué ocurrirá cuando se levanten los confinamientos? ¿Qué habrán estado ruminando los pueblos durante su inédito “aislamiento social”? ¿Cuántos reproches han estado acumulando contra algunos gobernantes? No es improbable que asistamos, aquí o allá, a una suerte de estampida revoltosa de ciudadanos indignados –muy indignados– contra diversos centros de poder acusados de mala gestión de la pandemia…
     
    Algunos dirigentes ya sienten subir la furia popular… Y después de haber adoptado y defendido durante muchos años el modelo neoliberal, están tomando conciencia de los errores garrafales del neoliberalismo, tanto políticos y sociales como económicos, científicos, administrativos… Ahora esos políticos están prometiendo a sus ciudadanos que, una vez vencida la pandemia, todo se va a enmendar para construir una suerte de “sociedad justa”. Proponen un nuevo modelo definitivamente más justo, más ecológico, más feminista, más democrático, más social, menos desigual… Seguramente, acuciados por la situación, lo piensan sinceramente.
     
    Es muy poco probable que, una vez vencido el azote, mantengan semejantes propósitos. Sería una auténtica revolución… Y un virus, por perturbador que sea, no sustituye a una revolución… No podemos pecar de inocentes. Las luchas sociales seguirán siendo indispensables. Pasado el susto, los poderes dominantes, por mucho que se hayan tambaleado, se esforzarán por retomar el control. Con mayor violencia, si cabe. Tratarán de hacernos regresar a la vieja “normalidad”. O sea al Estado de las desigualdades permanentes. Pensemos en lo que ocurrió con la pandemia de la «gripe de Kansas» que se extendió a todo el planeta entre enero de 1918 y diciembre de 1920. ¿Quién la recordaba antes de la plaga actual, aparte algunos historiadores? Todos la habíamos olvidado… A pesar de que infectó a unos quinientos millones de personas –la tercera parte de la humanidad de la época– y mató a más de cincuenta millones de enfermos…
     
    ¿Y qué pasó después? ¿Europa y Estados Unidos construyeron acaso la “sociedad justa”?… La respuesta es: no. Las promesas se desvanecieron. La mayoría de los supervivientes de la mortal gripe se apresuraron en olvidar. Un manto de amnesia recubrió el recuerdo. La gente prefirió lanzarse a vivir la vida con un apetito desenfrenado en lo que se llamó los «felices años veinte» (the roaring twenties). Fue la época del jazz, del tango, del charlestón, del triunfo de Hollywood y de la cultura de masas. Una euforia artificial y alienante que acabaría estrellándose, diez años después, contra el crack bursátil de 1929 y la Gran Depresión…
     
    En aquel mismo momento, en Italia, una doctrina nueva llegaba al poder. Estaba destinada a tener mucho éxito. Su nombre: el fascismo… ¿Se repetirá la historia?

    • mª pilar

      Deseo con todas mis fuerzas que no; pero dadas las experiencias vividas, se abre una gran duda:

      ¿Seremos capaces de analizar lo sucedido con rigor y verdad?

      Ya he dado a entender por mis comentarios…que no estoy esperanzada… viendo el descaro de los poderosos que ahora, campan a sus anchas en este país; y dado como han subido…me temo…que volveremos al fascismo que con tanta fuerza campo durante más de curenta años…si contamos…las fuerzas que ha regido nuestro país desde la muerte del dictador.

      ¡Lo siento de veras, pero lo que me rodea, no me inspira para nada el cambio!

      Deseo de corazón estar equivocada.

      Gracias Oscar, siempre incansable, gracias.

  • ana rodrigo

    Mientras leía el artículo, me veía al pensamiento el apocalipsis, el que, en cualquier momento el Planeta Tierra ya no tenga nada que darnos y mucho que reprocharnos, esto es de sentido común, vale. Dice Boff:  ” La fase actual de recogimiento social puede significar una especie de retiro reflexivo y humanista para pensar en tales cosas y nuestra responsabilidad ante ellas.”

    A nivel personal somos much@s l@s que ya estamos mentalizados, pero somos como hojas de una árbol que nos transporta un río sin otro rumbo que no sea la corriente preestablecida. Yo sé que un coche o un avión contamina, pero ¿cómo puedo desplazarme de un lugar a otro determinado? y quien dice esto, se pueden poner ejemplos en los que ya es imposible volver atrás, por ejemplo el turismo, fuente de riqueza, de empleo y de vida para millones y millones de personas.

    No es menos cierto que muchísimas cosas se pueden evitar o eliminar, pero serán parches al sistema, y es absolutamente necesario hacerlo.

    El sistema al que hemos llegado después de luchar mucho por mejorar nuestras vidas, nos ha acostumbrado a vivir con ciertas comodidades que implican el uso y abuso de los recursos naturales. La población mundial aumenta exponencialmente y los países que llamamos subdesarrollados aspiran a vivir como los mal llamados desarrollados.

    ¿Falta de dinero para que cada habitante del Planeta viva dignamente? NO y millones de veces no, pero vivimos en la ley del más fuerte y, como alguien decía el otro día, la curva que más crece es la de l@s pobres. Y, si este remedio está en nuestras manos y no lo hacemos, ¿qué vamos a hacer con pandemias naturales como la que estamos viviendo? Ser observadores de la cantidad de muertes y sufrimiento, además de la inmensidad de pobres que producirá cuando se ponga solución al coranovirus; y vuelta a empezar, hasta la próxima pandemia. No escarmentamos, somos suicidas por naturaleza.

  • Gonzoalo Haya

    Son necesarios estos artículos que faciliten un cambio de mentalidad, pero sobre todo necesitamos propuestas  concretas para un profundo cambio de políticas. Ya sería un paso importante que los servicios sociales se sacaran del mercado

  • oscar varela

    ¡Bien Leonardo, muy bien!

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