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La voz de Iñaki Gabilondo

6 comentarios

  • juan antonio vinagre oviedo

    Estoy bastante de acuerdo con el comentario de Iñaqui Gabilondo. Esta pandemia debe hacernos reflexionar y revisar “valores tradicionales” intocables; es decir, ortodoxias sociopolíticas  y económicas… Porque me temo que esta crisis la acaben pagando en distintos aspectos  -salud, economía, trabajo…- sobre todo los más débiles… El modelo tradicional necesita revisión en muchos aspectos, necesita ser más humanizado.

    Una de esas revisiones debería centrarse en ciertas privatizaciones sanitarias… y en la drástica reducción de personal cualificado o con trabajo precario y sueldos para sobrevivir…, que obligó a emigrar (y resolver la falta de personal en otros países…) Que ahora se hable de recuperar ese personal cualificado (aplicable también a otras áreas, como la ciencia…) debería llevarnos a revisar y corregir cosas y decisiones de años atrás. A lo peor, nuestra Sanidad pública no está tan en vanguardia, y sobre todo tan bien dotada de medios, como se nos ha dicho.  Los recortes de años pasados se hacen más evidentes hoy…

    En suma: El primer valor a tener en cuenta es el ser humano, sin discriminaciones ni privilegios, y a partir de este primer valor, organizar la vida social: política, sanidad, educación, economía…  Ya sé que estas cosas que digo son tópicos, pero crisis como la que sufrimos…, obligan a replantear e insistir en esos tópicos necesarios, demasiado descuidados… Porque en el fondo se trata de ser o no ser más humanos…

    • Román Díaz Ayala

      Antes de entrar en la cuarentena uno de mis hijos adelantó el regalo del Día de los Padres con un libro titulado HAZTE HUMANO tengas la edad que tengas, muy ilustrado, de Eudald Carbonell y Carlos Díez editado por Diario de los yacimientos de Atapuerca.
      El cometido y el sentido de nuestra especie es la capacidad responsable de “humanizarnos”. Y si nó, ¿qué sentido tiene la Historia?

      • Román Díaz Ayala

        Hoy en el periódico El País han insertado un artículo con las firmas Fernando Peinado/juan Diego Quesada con un largo título muy expresivo.
        El drama en las residencias: “Me niego a pensar que metí a mi madre en el peor sitio posible y que puede que no la vea más”.

    • juan antonio vinagre oviedo

      Además de enviarle un saludo a Román -comparto tus reflexiones-, pienso que mi primer comentario merece una ampliación más explícita, referida al tópico más “sacralizado”, más irrevisable y siempre impenitente: EL SISTEMA, que impone mandamientos y valores…; más: que es el gran depredador y por ello el menos-nada protector. Por eso tantas privatizaciones… El sistema neoliberal -el gran tópico sagrado-, es el enemigo -no el amigo- invisible, porque obra sin ética y frecuentemente desde la sombra, y cuyo dios es el beneficio sin fin y el culto (necio) al dinero y al poder.
      Este es -insisto- el gran tópico, que exige culto y sacrificio, y que convierte al ser humano en medio-instrumento para incrementar el poder…, dejándolo indefenso…
      Ese poder autoencumbrado, que no quiere (por incapaz?) percatarse y tomar conciencia de que al fin los VIRUS todo lo igualan…
      Perdón, si me estoy excediendo, porque ese depredador también tiene algo bueno: Crea desarrollo (aunque sea más bien deshumanizado) y reparte migajas, que a muchos les aplaca necesidades vitales elementales, y que, además, entretiene (adormece?) con circos y consumos…
      No es bueno que estos “tópicos” nos hagan callar… Hay que denunciarlos en todas las plazas, “oportune et importune”, aunque a muchos parezca que no vienen a cuento… Hay que aprovechar toda ocasión para reclamar que el hombre-mujer-niños son lo primero. No valen las “ortodoxias” que son meros sofismas tramposos. El ser humano es lo primero, el valor más sagrado.

      • Asun Poudereux

        El ser humano y con él la vida digna, justa y solidaria en la que a todos y todo se incluye.
        Gracias por vuestras reflexiones.
        Un abrazo.

  • Román Díaz Ayala

    Dicen que esta crisis dejará huellas más o tan profundas como la del 2008. En aquel entonces, para buscar una solución, España se puso en manos de la derecha. Mariano Rajoy se alzó después de las elecciones con mayoría absoluta.

    Esta vez, quizás, porque se hace más evidente la vertiente humanitaria de todo conflicto o porque el poder del virus no discrimina entre quienes tienen el poder del dinero y quienes no, parece ser que se aunan  voluntades en todo el espectro parlamentario y en todos los territorios de España. Nunca habíamos tenido en esta democracia un Ejecutivo  más de izquierda. ¿Primará lo social siempre?

    ¿Vendrá bien la pobreza sobrevenida para hacer de la sociedad civil algo más justa e igualitaria? ¿Sabremos valorar lo importante? ¿Seguirá siendo el PNV un factor de estabilidad? ¿Estará dando la ocasión para reconducir el conflicto catalán, en aislamiento de lo más extremo? ¿Perderá fuelle la tentación ultraderechista del Estado?

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