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Pavel Florenski y el sentido del amor

        Andrés Ortiz-Osés es catedrático emérito de la universidad de Deusto, con una gran obra fruto de su trabajo siempre original en filosofía y antropología. Se le considera fundador de la hermenéutica simbólica de sentido. No sabía que nos conocía. Pero hemos recibido este magnífico artículo con una nota: “por si os interesa en ATRIO”. Claro que nos interesa, Andrés. Ojalá te incorpores cada vez más a este grupo de buscadores de vida con sentido. Nos ayudarías mucho, más por tu sabiduría aragonesa que por tu excelencia universitaria. AD.

  

        Pavel Florenski es un exquisito escritor ruso, filósofo y teólogo, científico y místico, nacido en Rusia en 1882 y fusilado por el régimen soviético en 1937, influenciado por L.Tolstoi y colega de M.Bulgakov. Sacerdote ortodoxo casado, es autor de una obra tardíamente conocida, en la que destaca La columna y el fundamento de la fe. Este pensador polifónico defiende un idealismo encarnatorio, cuya divisa es propia de todo humanismo cristiano: salvaguardar lo auténticamente divino es salvaguardar lo auténticamente humano.

        Por eso según Florenski en el confín del mundo y de las cosas hay que dar una especie de salto al vacío salvador, que es lo sagrado o divino, el infinito y la eternidad. Pero ese salto no nos evita la contradicción y las antinomias de la vida, sino que los asume sin superarlos abstractamente, yo diría que los “supura” en la encarnación cristiana y su consiguiente crucifixión existencial, porque al final se proyecta una luz que trasciende la tiniebla del sinsentido.

        En la vida y obra de Florenski el sentido definitivo de la existencia es el amor religador, el cual nos abre el tiempo a la eternidad. Pero el pensador distingue bien entre el amor erótico y el amor espiritual, privilegiando humanamente el amor de amistad, no solo a nivel teórico sino práxico. Y ahí está su gran amistad con el poeta simbolista Andrei Belyj, una relación interpersonal profunda en la que comparece entre los dos amigos un tercero -Dios- que no los niega o reprime, sino que funda su amor al coafirmar la identidad y la diferencia de los amigos, el yo y el tú en un nosotros abierto a los demás, que así se echan de menos.

        El amor erótico resulta natural o pagano, mientras que el amor espiritual resulta sobrenatural o cristiano. Pues bien, en el amor de amistad encuentra nuestro filósofo y teólogo ruso la humanidad mediadora del auténtico amor interhumano. Este amor humano auténtico se encarna en la reunión amical de diferentes, tal y como se manifiesta en el viejo símbolo de hospitalidad (tessera hospitalis), por el que nuestros ancestros (por ejemplo entre nosotros los celtíberos) constituían el pacto de hospitalidad del que se hacen eco los romanos. El amor encuentra así su apertura en la amistad, a la vez que esta se proyecta en el simbolismo fraterno de la hospitalidad, por el que nuestros antepasados pactaban ser huéspedes mutuos a través de un símbolo que, como el de las manos entrelazadas, sigue significando mutuo ligamento y reconocimiento.

         De esta manera, la verdad se revela en el amor de amistad, en el diálogo con el amigo abierto a la fraternidad. En la auténtica relación de amistad la anécdota se convierte en categoría, porque como explica N. Valentini, la mutua comprensión y comunión del amor amical abre nuestra finitud al infinito. Pavel Florenski lo denomina “tocar a Dios con nuestra carne viva a través del ánima del otro”, así pues a través del ánima o alma pero desde la carne.

        La amistad íntima de Florenski con su amigo estudiantil Sergei Troickij, luego su cuñado asesinado aún joven, vuelve a verificar y sensificar la amistad fraterna de nuestro autor “ante el icono de la madre de Dios, a la luz de una candela perfumada de miel extraída del lugar donde vagábamos juntos, bajo un vaho de incienso litúrgico”, como refiere él mismo. La relación de amistad revierte aquí en un diálogo inverso, en el que el tú es yo y viceversa, el yo es tú; la fórmula podría ser: yo eres, tú soy.

        La amistad es aquí un éxodo o salida perdedora y salvadora al otro, en donde abolir los confines del yo significa revelar el confín del otro y, por tanto, desvelar la verdad humana del humano hombre/mujer en este mundo (abierto en su confín). Abolir el propio confín en la amistad es confinar/confiar en el otro, hasta el punto de poder ofrendar la propia alma por el amigo, o sea, ofrecer la vida por amor, ya que solo salva el alma el que la da, y solo el que muere fructifica, según el Evangelio de Jesús.

        Pero la columna y el fundamento de la verdad sería según lo dicho el amor, un amor de amistad y fraternidad que Florenski recorre a través del antiguo ritual eslavo precristiano del “hermanamiento”, consistente en hermanarse los amigos mediante el intercambio de la sangre, el nombre y la comida, juramentando la mutua fidelidad. Este hermanamiento pagano se asume en el posterior rito cristiano del hermanamiento espiritual, mediante la comunión eucarística en el cuerpo y la sangre de Cristo hermano y hermanador. Posteriormente este rito cristiano de hermanamiento quedará abolido en las iglesias ortodoxas, bizantinas y eslavas por problemas jurídicos, ya que representaba un cierto peligro o atentado contra la propiedad privada. Pero también debió influir cierta connotación homoerótica de dicho hermanamiento, como ha mostrado J.Boswell.

        La audaz perspectiva antropológica de la obra teórica y práxica de P.Florenski se desvela en su revisión crítica de nuestra cultura fría y rígida, al proponer una cosmovisión experiencial y relacional de lo real a través de la mediación del simbolismo, encarnada en la relación amorosa o de amistad interhumana. Como dice Pablo de Tarso en el Himno a la caridad (I Cor 13), pasará todo pero quedará el amor, y este es el tema no solo de nuestro tiempo sino de todos los tiempos y por tanto de la eternidad, tal y como lo intuyó el gran filósofo y teólogo ruso.

        Su principal importancia y aportación radica pues en el delineamento de una cultura del futuro, la cual solo puede proyectarse como una auténtica cultura del amor. Se trataría de transitar entonces del amor a la sabiduría a una sabiduría del amor. Pero como preámbulo debemos recuperar la razón del amor, que es la razón del corazón como pedía Pascal. En donde el corazón funge como co-razón de nuestra propia razón.

8 comentarios

  • ana rodrigo

     
    Realmente tanto el artículo como, sobre todo, el tema, es interesante, siempre oportuno y más necesario de lo que pensamos, porque “sabemos” o hemos experimentado y lo experimentamos continua y cotidianamente, sin ser conscientes de la riqueza que supone amar y ser amados, pero es como la salud, hasta que no tenemos dañado, por ejemplo, el dedo meñique, no sabíamos ni que estaba ahí.
     
    Lo que ocurre con el amor y la amistad es que, al ser cosa de dos seres, seres muy complejos, tanto el análisis como la experiencia en sí misma lo son y solamente caemos en la cuenta de esta complejidad cuando la relación se resquebraja o se rompe.
     
    Y desde luego, que hay determinados niveles de amistad, más o menos superficiales, más o menos íntimos y personales.  Si no hay convivencia por medio, la amistad puede perdurar toda la vida. Y en esa amistad hay un cierto tipo de amor que, en la práctica, se traduce en lo que dice Olga, siempre sabes quiénes son tus amigas y tus amigos de verdad.
     
    Tiene razón, Olga, es diferente cuando hablamos de amistad entre amigos o entre amigas, a cuando es amor de pareja. Yo siempre he tenido y tengo muchísimos amigos varones sin que, por ello, entre otro tipo de relación que no sea la amistad pura y dura, tal cual. Tenemos confianza mutua, sintonía vital en muchas cosas, comunicación frecuente, etc. etc. Siempre presumo de que mi mejor patrimonio es la cantidad de personas a las que quiero y que me quieren de verdad.
     
    Ahora bien, el amor de pareja, es otra cosa, hay que hacer muchas renuncias personales para poder llegar a ese tipo de amistad única, para que sea una entrega total a esa persona. Pero todo el mundo sabemos que cuando las piezas del puzle no encajan, es que ni amistad ni amor, todo se va al traste. Los divorcios o las separaciones, no son películas de buenos y malos, sino de dos personas que no encajan. Lo que suele ocurrir con demasiada frecuencia es que una de las partes o cada una de las partes empiece con el tema de las culpas y del victimismo. A partir de ahí, ni amistad, ni relación amistosa, y, sobre todo, puede llegar hasta la violencia extrema, como estamos viendo en la violencia contra las mujeres.
     
    En la boda de un sobrino mío, el cura dijo una cosa muy interesante: el peligro de la boda es que una de las partes asuma inconscientemente la toma de posesión del otro. No lo he vuelto a olvidar.
     
    Sobre las teorías que cita Oscar, había mucho que hablar.
     

  • oscar varela

    ETIMOLOGÍA DE LAS PASIONESIvonne Bordelois
     
    ÍNDICE
    Prólogo
    1. Entrada en la materia
    – 1. El lenguaje: ¿un nuevo oráculo?
    – 2. La etimología como nueva hermenéutica
    – 3. Un poco de historia
    2. Las primeras pasiones
    – 1. De la cólera en los tiempos del amor
    * Eis
    * Men
    * Furor
    * Werg
    – 2. De la ira al sufrimiento: el linaje de la pasión
    3- El amor
    – Del amor en Roma y sus alrededores; raíces latinas del amor
    – Una excursión onomatopéyica
    – El amor griego. Intermedio platónico
    Love, Liebe: libido y alabanza en lenguas germánicas.
    – Amor, onda germánica
    – Deseo, concupiscencia y voluptuosidad
    – Anatomía del placer
    4. Las pasiones oscuras
    – 1. Codicia y avaricia
    – 2. La mirada de la envidia  Una digresión relevante
    – 3. Celos
    – 4. Tristeza
    5- Las pasiones claras
    – 1. Alegría
    – 2. Felicidad
    – 3. Esperanza
    Epílogo
    Agradecimientos
    Bibliografía

  • Carmen

    Superinteresante. Todo. El artículo que lo he entendido según leía, sin ningún esfuerzo especial , lo digo porque a veces me pierdo en algunos.

    El comentario de Olga que comparto totalmente, el de Juan, que siempre comparto también y la clase teórica de Óscar. Muy interesante. Aunque Freud no sea uno de mis autores preferidos y creo que , en fin, ese es otro tema.

    El final del artículo es precioso. Hay que recuperar la razón del amor. Totalmente de acuerdo. Absolutamente de acuerdo.

    El amor es un sentimiento que no entiendo. No sé de dónde viene. No sé por qué quiero a unas personas y otras no me importan demasiado. No entiendo cómo es posible que el amor muera, pero muere, no sé qué mata el amor, por la misma razón que no sé por qué se produce. No sé  , como decía Bécquer, a dónde va el amor cuando muere.

    Para mí es un misterio. Pero es el sentimiento más precioso que tenemos.

    El amor espiritual tampoco lo conozco, me sucede igual que a Olga, pero si he tenido y tengo amigos varones con los que me puedo pasar horas hablando sin que haya ningún tipo de tensión sexual. Y amigas, por supuesto. Dios las bendiga.

    Pero esto del amor tiene una cara b. Cuando estás convencida de que una persona te quiere y descubres, tomas conciencia de que estabas equivocada, el efecto puede ser tsunámico, devastador. El daño es directamente proporcional a la fe que tenías en esa persona. Quizás por esto haya una tendencia ahora a esa especie de amor diluido, quiero a todo el mundo y a nadie en concreto. Es algo que estoy observando. Y si me molestas dejo de seguirte en Facebook, no sé si me explico.

    Es un tema que siempre me ha gustado pensar porque eso del amor para mí es todo un enigma. Pero como siempre sé  loque para mí no se vale de respuesta. Y desde luego , con todos mis respetos, Freud no me aclara nada. Todo lo simplifica demasiado. No creo que tenga toda la razón.

    Alguien me debe una respuesta sobre cómo y porqué nos enamoramos. Ya no me acuerdo ni quién.

    Buen día.

    Reflexionen. Aunque ya reflexionamos bastante para las elecciones generales de hace pocas semanas

  • oscar varela

    Raíces latinas del AMOR – (en DOS Entradas)
    Segunda Entrada
    …………………
    Persuadida de la realidad de este vínculo, que por la frecuencia y el radio de expansión con que se da no cabe atribuir al azar, Sabina Spielrein, una deslumbrante discípula de Jung y de Freud cuya obra debería ser mejor conocida, propuso una interesante teoría. Según ella, las primeras expresiones verbales del infante tienen su origen en el acto de succión, su primera actividad voluntaria. En ausencia de la madre, la tentativa de succión produce los sonidos mô-mô. Estos sonidos se ligan luego al acto de chupar y proporcionan, por lo tanto, al prefigurarlo, un cierto placer. En un segundo estadio, se da la fase mágica, cuyo principio reposa en la semejanza de la acción llevada a cabo con el evento cuya realización se desea, ya que, mediante la secuencia mô-mô, el infante es capaz de evocar el objeto mágico, porque su llamado puede ocasionar la presencia materna.
     
    Originariamente, dice Spielrein, todo deseo se satisface de modo alucinatorio. El mundo mágico presupone el poder ejercer una influencia sobre el mundo exterior. En él, la palabra puede reemplazar una acción, porque en el mundo primitivo la palabra era una acción.
     
    Aquí es donde, crucialmente, se constituye la relación objetiva entre la palabra y su significado: cuando a mô-mô corresponde la presencia de la madre. El acto de mamar es esencial más que ningún otro para fundar la experiencia del niño, no sólo en tanto nutrición sino como gesto de amor: contacto con otro ser como beatitud suprema. Freud lo dice taxativamente: “En un principio la satisfacción de la zona erógena aparece asociada con la del hambre. La actividad sexual se apoya primeramente en una de las funciones puestas al servicio de la conservación de la vida, pero luego se hace independiente de ella. Viendo a un niño que ha saciado su apetito y que se retira del pecho de la madre con las mejillas enrojecidas y una bienaventurada sonrisa, para caer en seguida en un profundo sueño, hemos de reconocer en este cuadro el modelo y la expresión de la satisfacción sexual que el sujeto conocerá más tarde”.
     
    Por algo los griegos representan a Eros como un niño. Y la palabra orexis, en griego, del verbo orego: tender, llegar a, alcanzar, significa deseo de comer, y luego se extiende naturalmente a la voluptuosidad en general y al deseo sexual en particular -de allí anorexia, que es la privación de estas tres tendencias-. Freud nos dice: “Con la palabra libido designarnos en qué forma se manifiesta la pulsión sexual análogamente a cómo, en un ser humano, se exterioriza el ansia de absorción de alimentos”. No hay duda, por otra parte, de que en el niño el placer de mamar constituye un jalón definitivo para el placer sexual ulterior. “Es indudable –dice Spielrein- que el instinto de autoconservación o de nutrición está muy estrechamente ligado al instinto de conservación de la especie, y por lo tanto, al instinto sexual.” Spielrein cita asimismo la opinión de un autor francés que compara el solaz que experimenta la madre al amamantar a su niño al placer que procura el coito al eliminar tensiones que se vuelven excesivas.
     
    “Los síntomas neuróticos -dice Freud- son satisfacciones sustitutivas. Comprobamos la extraordinaria frecuencia con que los órganos de absorción de alimentos llegan a constituirse en portadores de excitaciones sexuales…” Notemos que, curiosamente -o no tan curiosamente, acaso, teniendo en cuenta la fuerte raigambre patriarcalista de las opiniones de Freud-, se habla aquí de las excitaciones sexuales de los órganos de absorción de alimentos y no de los órganos de portación de alimentos, como el clásico seno materno.
     
    Es decir, es el proceso de alimentación en su plenitud activa y pasiva -teta fluyente y boca absorbente- el que se vincula al proceso de fusión sexual, activa y pasiva -si bien no se puede hablar de plena pasividad en ninguno de estos casos-. Y en cuanto al carácter neurótico sustitutivo de los órganos de absorción de alimentos como portadores de excitaciones sexuales, nos atreveríamos a decir que en un primer estadio, sin embargo, el primer vislumbre de sexualidad se alcanza a través de la experiencia mamaria: el sexo, podríamos decir, es una extensión de nuestra necesidad de dar y recibir en una relación nutritiva; podríamos incluso pensar que, posteriormente, no se trataría sólo de sustitución, sino también de regreso a un lugar de origen. En el alimentar al niño desde el pezón, asegurando así su subsistencia biológica y afectiva, la madre prefigura el acto posterior de la cópula, donde, complementando el ciclo vital, el varón alimenta la boca-vagina de su mujer desde su pene, asegurando así la supervivencia de la especie.
     
    Las lenguas del mundo evidencian una amplia gama de metáforas donde el acto sexual y las expresiones afectivas que lo rodean y preparan se designan con imágenes alimenticias; sólo en español encontramos “me gustas”, “me lo comí a besos”. Hay numerosas comprobaciones independientes en este sentido: por ejemplo, Eduardo Gaicano menciona que entre los guaraníes la palabra che ha’u designa a la vez el acto de comer y el de hacer el amor; numerosas metáforas populares y coloquiales corroboran esta identificación. En el lenguaje se anudan y evidencian los misterios biológicos que proclaman la unidad de la vida. Estos ejemplos remiten inevitablemente a la pregunta acerca de la prioridad de lo nutricio sobre lo sexual, o mejor dicho, acerca de la posibilidad de considerar simbólicamente lo sexual como una extensión de lo nutricio, y no viceversa. Lo importante es que mientras la alimentación produce el mantenimiento y el crecimiento de los seres vivos -y también sus excrementos-, la cópula engendra seres vivos.
     
    La metáfora que une lactancia con amor no es exclusiva del indoeuropeo. L. Kancyper nos hace notar que en hebreo se menciona a Dios como El-shadai: Dios mi seno, seno del que yo mamo; shadaim significa senos. Shadad quiere decir ser fuerte, poderoso, violento, y shadí, Dios Señor omnipotente. Al parecer, hay aquí una confluencia natural no sólo entre lactancia y amor sino entre lactancia y poder que sería interesante explorar. Otras confluencias entre la biología materna y el amor divino aparecen en la designación de El Rajamim, Dios misericordioso: réjem quiere decir útero y, poéticamente, muchacha. Pero también la misma raíz aparece en el amor humano: rajam es enamorarse, y también compadecerse; rejom (o rejúm, según las distintas grafías) es el amado.
     
    Vemos entonces que la mama y el útero se relacionan con el amor a través de fronteras lingüísticas. En el vocabulario que hemos estudiado, no parece haber, en cambio, rastros de palabras que unan los órganos de reproducción masculinos con el afecto o el amor. En general, en la tradición latina y germánica, los nombres del varón y de la virilidad están unidos a los de la virtud, la vida, la fuerza y la guerra. Esta interesante dicotomía merece reflexiones que dejamos para más adelante.
    ……………………
    (Fin de la Entrada DOS)

  • oscar varela

    Raíces latinas del AMOR – (en  2 Entradas)
    Primera Entrada
    ………………..
    La etimología ofrece una entrada inesperada, sorprendente y al mismo tiempo extrañamente familiar, a la muy socorrida visión del amor. En verdad, resulta curioso que hasta ahora no se hayan explorado las riquezas de enigmas y sabiduría que ofrece el despliegue genealógico de las palabras referidas al amor cuando las remontamos en el tiempo. Circunstancia doblemente curiosa si pensamos que nuestra época, a través de la lingüística y el psicoanálisis, se jacta de haber ido mucho más lejos que otras en la indagación del lenguaje y en la observación de los fenómenos conscientes e inconscientes tocantes al universo pasional.
     
    Podemos empezar advirtiendo que, dentro del grupo indoeuropeo, las lenguas nórdicas y las meridionales exhiben diversas consonantes para nombrar al amor. Pero tanto en el caso de la M del amor de las lenguas romances, meridionales, como en el de la L (presente entre otros ejemplos en el inglés love) de las lenguas germánicas, septentrionales, la relación se ofrece a través de dos onomatopeyas centrales, que reproducen los gestos de la boca y de la lengua respectivamente.
     
    Estos Gestos, en ambos casos, se refieren, reproducen y apuntan al acercamiento al pezón y al lamer o paladear propios del amamantamiento. El acontecer del amor se centra fundamentalmente, desde el punto de vista del racimo de raíces indoeuropeas del que disponemos, en la relación recíproca de madre y criatura, y sólo por traslación se expande hacía las zonas del abrazo de la pareja humana. En otras palabras, el lenguaje sabe que las madres no pueden divorciarse de sus hijos ni los hijos de sus madres, y por eso prefiere denominar amor a esta relación verdaderamente indisoluble.
     
    Para comprobar esta afirmación, escuchemos la palabra amor. Su raíz se encuentra en el indoeuropeo *ma, madre, raíz imitativa de la voz infantil, que reproduce el balbuceo del bebe al mamar. Su derivado es amma, voz familiar, que también significa madre. El español, con su habitual fidelidad y transparencia, guarda esta raíz prácticamente intacta, en expresiones como ama de leche, es decir, la que amamanta. Amita significaba, dentro del recinto indoeuropeo, hermana de la madre o tía, es decir, persona que puede ocuparse de un recién nacido o eventualmente actuar como nodriza. De amma proviene amor.
     
    La M maternal se transmite en muchos casos a los nombres de la hermana, la abuela, la tía, la cuñada, la prima y la sobrina, como si el poder de lactancia de la madre se irradiara a través de todos los miembros femeninos de la familia. Existe también mater, que significa propiamente madre, con el sufijo -ter que indica parentesco y aparece también en pater, frater, etc. En latín se asocian con mater palabras como materia, que hemos heredado directamente, así como su derivado madera. Materies es, en efecto, el tronco o madera dura interna del árbol que produce retoños.
     
    La raíz *am dará lugar a palabras como amar o amor entre nosotros, ya que se proyecta, en espejo, en la raíz *ma.
     
    Esta raíz *ma tiene tres entradas en los diccionarios indoeuropeos: en una significa lo propicio, lo bueno (cualidad que todavía se proyecta actualmente en ma-tutino o ma-duro, es decir, lo que está fresco o lo que está a punto para ser comido); en otra, la madre; en otra, lo húmedo. Lo bueno, lo comestible, lo húmedo, lo maternal, lo que fluye parecen entretejerse aquí.
     
    Ma-má en español –mamma en italiano- es la reduplicación infantil de esta raíz ancestral. Cuando los chicos hoy dicen ma para llamar a sus madres están deshaciendo -“deconstruyendo”- la reduplicación y volviendo a la forma primitiva. Cuando el adulto dice mamá se refiere al seno materno -de hecho, está pidiendo la teta-; mamma es a la vez madre y teta en latín; mamí-fero, el animal que lleva tetas. Amamantar viene de mamar, pero mamar, a su vez, viene de mama -es decir, primero viene la leche (el seno que la lleva) y luego el deseo y el acto de tomarla-.
     
    Hay una coincidencia notable que se extiende a través de muchos idiomas de origen diverso, indicando que las palabras que designan a la madre, con una frecuencia que desafía las leyes de probabilidad/, presentan una M. En lenguas remotas dentro del grupo indoeuropeo, como el hitita/, el nombre de la diosa madre era mamma. Pero debemos pensar que la tendencia va más allá del indoeuropeo y se remonta probablemente a una lengua madre originaria. Em y Ab, en hebreo, significan respectivamente madre y padre. Paralelamente, encontramos muchi y fuchi en chino; en quechua, madre se dice ma; en tupí-guaraní, amotá es amar, desear, amotó, pariente y amú, hermana. Estos datos -a los que pueden agregarse muchos otros- parecen apuntar a la existencia de una lengua madre en la que se anudaría el indoeuropeo con otros grandes grupos lingüísticos y de donde derivarían ciertos gestos lingüísticos primordiales. El gesto de adelantar los labios para producir esta sonorante nasal se asocia sin dificultades con el acercamiento de la boca del niño al pezón materno. Es también el gesto necesario para el beso.
    ……………………
     (Fin de la Entrada UNA)

  • Juan García Caselles

    Leo el texto y los comentarios y concluyo que el amor es un misterio. De la misma forma que nuestro corazón funciona queramos o no queramos y eso tiene la ventaja de que su autonomía preserva nuestra vida respecto a las muchas tonterías que con frecuencia se nos ocurren, el amor es misterioso para que no podamos manipularlo, porque el amor reside en lo más profundo del ser persona.

    El saber, como el poder o la riqueza, puede producirnos satisfacción, seamos o no conscientes de ello. Pero solo el amor nos regala la felicidad, o, por lo menos, lo más parecido a la felicidad que pueda conseguirse en este mundo. A veces no somos conscientes de esa felicidad que vivimos y solo al perderla el dolor por lo perdido nos ilustra sobre nuestra realidad. No somos seres racionales, hombres o mujeres, somos seres amorosos. Y si no, no valemos medio real.

  • Olga Larrazabal Saitua

    Hola amigos:  Por experiencia femenina, creo que la amistad es algo que tenemos que cultivar  toda la vida.

    Si tus padres no te comprenden, ahí está tu amiga.  Si te casas y no encuentras a quien preguntarle acerca de ciertas situaciones que no te quedan claras. ahí está tu amiga.  Si el marido te deja y tienes que criar niños sola, llevarlos al médico, reprenderlos, pagar la renta etc, ahí está tu amiga que entiende que las mujeres nos casamos, a veces, con quien no corresponde, y no te anda diciendo:  Yo te lo dije bla bla bla  Si tienes que ir al médico, tu amiga te llevará, esperará dos horas y te acogerá cuando te den el diagnóstico.

    Si duermes en la misma cama con tu amiga, a nadie se le ocurrirá pensar que son lesbianas.

    Y si tienes un diagnóstico de mierda, le pedirás a tu amiga que vele por tus hijos.

    La amistad entre hombre y mujer es diferente porque o hay un tema sexual entre medio, o ellos no entienden tu punto de vista, porque son hombres.  Así de simple.

    En cuanto a la amistad espiritual, no la conozco.

  • oscar varela

    Es cierto: Asunto de CORAZÓN
     
    Montaigne (Essais, II, 13) cuenta que el Emperador Adriano ordenó a su médico que le marcara en la tetilla el lugar preciso donde debía herir quien tenía el cargo de matarlo.
     
    Menos indirectamente la muchacha del cuento “La señal“, de Luigi Pirandello, enferma en el hospital, se hace dibujar por la enfermera el área del corazón y después se clava allí mismo un estilete.
     
    En Colombia la realidad ofrece a esta tradición literaria tres situaciones, una trágica, una tragicómica y una cómica.
     
    La situación trágica fue la del poeta José Asunción Silva. En la tarde del 23 de mayo de 1896 pidió a su médico que con un lápiz dermatográfico le calcara sobre el pecho la forma del corazón. Allí se descerrajó un balazo horas después.
     
    La situación tragicómica fue la del coronel Aureliano Buendía. Habiendo preguntado cuál es el sitio exacto del corazón, el médico lo auscultó y le trazó un circulito en la piel. En ese circulito, días más tarde, el coronel se disparó un tiro de pistola; pero no murió. Es que el médico le había dibujado “el único punto por donde podía pasar una bala sin lastimar ningún centro vital” (Gabriel García Márquez Cien años de soledad).
     
    La situación cómica es la de un estudiante universitario que comenzó a escribir versos imitando a Silva e, imitando a Silva acabar con su vida. Visitó la tumba gloriosa, escribió en el mármol “¡Pronto te acompañaré!”, se pintó frente al espejo un corazón y anunció a su amigo que se suicidaría. El amigo —Germán Arciniegas, que es quien cuenta la anécdota— sin perder un instante le avisó al padre del muchacho. El padre, un buen campesino de Antioquía escribió a su vez una carta al hijo:
    “Me dicen que vas a imitar a Silva también en el modo de morir. Respeto tus intimidades. Cada quien es dueño de hacer lo que gusta. Lo único que te pido, si ya estás resuelto, es que lo haga antes del primero de julio, fecha en que hay que pagar el segundo semestre de la Universidad, pues sería absurdo que…”, etcétera.
     
    El muchacho cambió de parecer.

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