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La novia y el cartero

        Hay un dicho en Lingüística que advierte de “no confundir la etimología con la semántica”. Lo he recordado a propósito del reciente artículo de Gárcía-Mauriño sobre la diferencia entre los conceptos de ética y de moral. Por su etimología, las dos palabras (significantes) tienen el mismo significado: costumbres (una en griego ethos, y otra en latín mos). Ambos conceptos coinciden en que –tanto la moral como la éticacontienen las normas y principios que regulan las costumbres, el comportamiento personal y social de los seres humanos.

        Pero la semántica les da un significado que los diferencia esencialmente, tanto desde el origen de donde emanan estas normas como el fin al que se dirigen. Mientras la ética considera esas normas y principios como originadas desde un acuerdo entre los seres humanos para garantizar su salud, su justa convivencia social y su felicidad intramundana, la moral los considera emanados de una Sabiduría superior, inscritos por Dios en el corazón de los humanos y regulados, sancionados e interpretados por “magisterios eclesiásticos” (representantes en la tierra de ese Dios Sabio) para garantizar nuestra salud espiritual y nuestra convivencia en este mundo, y, transcendiéndolo, hasta lograr la Salvación Eterna.

        Me vinieron a la mente estas consideraciones a propósito del artículo de mi viejo amigo José María García-Mauriño. Pero este no es el problema, ya que se le llame moral o se le llame ética, en la práctica viene a ser lo mismo: de lo que se trata es de regular en comportamiento en beneficio de la persona individual y de la comunidad humana. El núcleo del problema me lo apuntó otro artículo, Acción y Espiritualidad, de Carlos F. Barberá, publicado en Atrio en julio de este año. Su lectura se me asoció a una historia que oí contar hace años: la de una mujer joven, enamorada y comprometida, cuyo novio tuvo que marchar a la guerra. Pasaban los días, los meses y los años y aquella mujer esperaba cada día, con enorme ilusión, la llegada del cartero por si le traía cartas o noticias de su novio. Terminó la guerra y la mujer se casó… ¡con el cartero!       

        Me ha hecho pensar que la religiosidad vigente durante un largo periodo de nuestra historia, hasta casi nuestros días, se había centrado en lo que se podía llamar la ‘moral del cumplimiento’, es decir, el sometimiento insistente a la norma. Lo hemos oído decir y tal vez lo hemos afirmado alguna vez nosotros mismos: “Yo ni mato ni robo… Tengo algún desliz sexual, pero me confieso y cumplo la penitencia de ‘los tres avemarías’; cumplo con los ‘Mandamientos de la Santa madre Iglesia’: voy a misa los domingos, comulgo de vez en cuando y no como carne durante la Cuaresma. Incluso rezo el rosario en familia… ¿qué más voy a hacer?”. En esto resumo lo que, a mi entender, Barberá denomina Paradigma de Doctrina y Culto y que yo, siguiendo el cuento, lo voy a simbolizar con “casarse con el cartero”.

         Porque la norma sólo vale en referencia a los valores que trasmiten y nos ha podido suceder en la práctica moral, o ética, que nos hemos casado con las normas y nos hemos olvidado de los valores que desde dentro de ellas nos reclaman.

        Esto es antiguo. Ya Jesús lo denunció en su diatriba contra la religiosidad hipócrita de los fariseos. Pero nosotros, en la práctica de una cultura cristiana en la que nos hemos educado durante siglos, nos hemos comprometido con la norma y nos hemos olvidados del valor. (Me acuerdo del famoso libro, prototipo de la religiosidad de la época, Para salvarte, del padre Jorge Loring, que catalogaba un elenco de acciones desviadas de las normas, y al lado de cada una consignaba su valor en “mortal” o “venial”, con la intencionalidad práctica de acudir en seguida al sacramento de la confesión para lavar el alma, tranquilizar la conciencia, el poder y… “para salvarte”).

        Y es que la Buena Nueva, el paradigma de espiritualidad que Jesús predicaba, tenía una inequívoca referencia a valores que le aportan un sentido profundo y renovado a la existencia: “Sois la sal de la tierra” (y que no se haga insípida porque entonces no vale para nada…). La sal que conserva el valor profundo de las cosas y le da sabor a lo insípido las reduce a lo que el profeta Isaías proclamaba como “promesas mesiánicas” y que son la referencia a los fundamentales valores de la existencia: que el hambre del mundo será satisfecha porque la madre naturaleza oferta su alimento para todos; que la justicia será instaurada en el mundo entero y habrá libertad para los oprimidos; que la verdad resplandecerá en la mente y en el corazón de todas las personas; que la paz entre personas y naciones será eficazmente promovida; que el amor inspirará y dirigirá los pensamientos, los proyectos y las acciones de todas las personas. En resumen, que todos los valores se concentran en uno, en el del amor: Ama et fac quod vis, porque todo lo que yo haga, todas mis acciones, estarán conducidas y reguladas por el amor. Es una instalación en la Utopía cristiana, que no significa lo inalcanzable, sino que, al igual que las altas estrellas, constantemente nos guiarán en el camino…

        He creído poder traducir con esta parábola lo que creo que Barberá entiende en su artículo como Paradigma de Acción y Espiritualidad. Y creo que esto enlaza y traduce la misión que Jesús encomendó a sus seguidores, aquella a la que renunció el Joven rico del Evangelio.

        Y así es como he entendido la lúcida propuesta de Barberá para que los cristianos de esta nueva época nos comprometamos a reificar este nuevo Paradigma de Valores, adaptado a las realidades y las demandas de la nueva época histórica en la que quizás andamos desorientados: “Si la sal se vuelve insípida, ¿quién le volverá su auténtico sabor?”… Acción y Espiritualidad es el nuevo (y primigenio) paradigma que nos sugiere Barberá. Porque quizás sea esta la misión que se nos encomienda hoy a los que decimos creer en Jesús, “sal de la tierra” a la que hay que devolverle todo su sabor. Que nos comprometamos de verdad y de acción con los verdaderos valores de la Utopía cristiana, que permanezcamos con el “novio”, porque “el cartero” sólo va de paso.

16 comentarios

  • Fernando Jiménez

    Bueno, Oscar, acabo de leer en Torremolinos tu comentario de ayer sobre los conceptos de ética y moral. Pero lo que me arguyes en los últimos párrafos es exactamente lo que he querido mostrar en toda mi disquisición: que aunque la etimología de los dos términos verbales venga a ser la misma y ambos coincidan en la función de regular el comportamiento, cada uno se inserta en un campo semántico distinto, en correspondencia a distintos “modos de sentir la vida”.

  • oscar varela

    “El tanguito imprescindible”

    • Fernando Jiménez

      Bueno, Oscar, acabo de leer en Torremolinos tu comentario de ayer sobre los conceptos de ética y moral. Pero lo que me arguyes en los últimos párrafos es exactamente lo que he querido mostrar en toda mi disquisición: que aunque la etimología de los dos términos verbales venga a ser la misma y ambos coincidan en la función de regular el comportamiento, cada uno se inserta en un campo semántico distinto, en correspondencia a distintos “modos de sentir la vida”.

  • Alberto Revuelta

    Las mujeres de mi casa de chico, cantaban al hacer las camas. Entre las muchas que mis hermanos y yo recordamos cuando nos vemos, una que parece dedicada a Oscar, decía: “ni me lavo, ni me peino, ni me pongo la mantilla….hasta que venga mi novio de la guerra de Melilla.¡Pobrecita madre cuánto llorará, al ver que sus hijos a la guerra van!”. La tristeza de la melodía y la letrica, junto al ambiente terrible de la posguerra civil, me las ha recordado el cartero de Fernando y los sagaces y lúcidos comentarios del siempre sorprendente Oscar.

  • Santiago

    Como dice el autor de este artículo el amor es la Luz que nos debe guiar en el camino de estos nuevos tiempos que estamos viviendo…Así recomendó Jesús al joven del Evangelio que quería entrar en “la vida”: “Guarda los mandamientos” ….. pues en ellos se encierra el primer mandato del amor…Y San Juan, el discípulo amado de Jesús, cifra todo su Evangelio y sus Cartas Apostólicas en el amor..y nos dice que “en esto sabemos” que hemos conocido a Jesús: “si guardamos Sus mandamientos” y que “quien dice estar en la luz y aborrece a su hermano, está en las tinieblas hasta ahora…Quien aborrece a su hermano, en las tinieblas está, y en las tinieblas anda, y no sabe adonde va, pues las tinieblas cegaron sus ojos” (1 Juan 2,9-11)

    Por tanto, no podemos separar la vida sacramental que Cristo infundió carismáticamente a su Iglesia y desligarla totalmente de la praxis de la caridad, pues ambas son inseparables…Quien dice amar a Dios…y por otro lado, en la práctica, es despiadado con todo y  con todos los que le rodean ha perdido toda “visión” y ha perdido también todo el “sabor” cristiano….porque los sacramentos de la Iglesia fueron insituídos por Jesús para llenarnos de la fuerza necesaria para poder superar todos los obstáculos que nos impiden amar a Dios y a nuestros hermanos…y para amar la existencia que se nos otorgó al venir a este mundo..

    Por eso, tanto en el Viejo Paradigma como en el Nuevo Paradigma el amor es la primacía de la acción…Así lo entendieron todos los justos de la Antigua Alianza y los santos que siguieron a Cristo desde el Nuevo Testamento a través de los siglos hasta llegar a nuestro siglo XXI donde los confesores por la fe cristiana se han multiplicado en los últimos tiempos..

    Por eso los que entendieron la FE en el verdadero sentido que le da el Evangelio siguieron las huellas de Jesús tal y como le pasó a Francisco de Asís, Francisco Javier, Camilo de Lellis, Pedro Claver, Vicente de Paul, Martín de Porres, Charles Lwanga, Maximilian Kolbe, Catalina Labouré, Teresa de Lisieux, Teresa de Ávila, Teresa de Calcuta etc. etc. etc sin contar la multitud de mártires que han dado su vida por no renunciar al amor de Jesús como se ha visto en la últimas persecuciones en nuestros hermanos cristianos del Oriente Medio… cristianos olvidados, y dejados a merced de las fuerzas del mal.

    Por eso este “devolver” su sabor a la “sal original”, es tratar de avanzar por el camino que ya se nos trazó cuando recibimos el don de la FE en nuestro bautismo…Debemos entonces avanzar por el de manera gradual o súbita, pero con el objeto de recuperar “lo perdido”

    Un saludo cordial

    Santiago Hernández

     

  • Fernando Jiménez H.-Pinzón

    Me corrijo: El artículo de Carlos F. Barberá que cito no es de julio de este año, sino del 10 de febrero. Que me disculpe el autor y vosotros. Gracias

  • oscar varela

    Hola!
    La LUZ es una de esas metáforas ampliamente abarcadoras.
    Tal vez por eso: im-perecederas en la imaginería lingüística
    Tiene, la LUZ, el privilegio de ser el superlativo de la Metáfora.
    La Metáfora consiste en
                    – “decir-sin-decir”
                    – “hacer presente algo, ausentándose”
    una chifladura, si se quiere, como lo es la aparición de la vida “humana”.
    Por eso es muy posible que la Metáfora sea
                    – el firulete necesario,
                    – la gambeta imprescindible
    para esquivar el enfronte del Terror de estar existiendo
    Su origen originante sería el “Tabú”.
    En Lingüística se la define como el modo “ponendo tollens
    “decir algo esquivando decirlo”.
    ……………………
    Todo esto para mostrar que la LUZ sería la gran metáfora.
    Porque, si hay algo que no se ve es a ella misma;
    Porque ella es “la que hace ver”
    La LUZ está en las cosas en el modo de no-estar-ella.
    (fue el gran hallazgo y avance de Velázquez, en pintura).
    ……………………
    Don Fernando nos abre la puerta de su Artículo encendiendo la LUZ
    para que veamos lo que nos quiere decir:
    Hay un dicho en Lingüística que advierte de
    “no confundir la etimología con la semántica”.-
    ……………………
    Etimología y Semántica (etymon y sema).
    ……………………
    Luego nos va iluminando las distinciones y diferencias
    entre MORAL y ÉTICA (mos y ethos);
    ¿Pa’qué?, si al ratito nomás,
    y como introducción a lo que intenta decirnos, nos dice:
    – “se le llame moral o se le llame ética, en la práctica viene a ser lo mismo”
    ……………………
    No, Cumpa Fernando, no viene a ser lo mismo.
    Y lo señalo no por diletantismo,
    sino porque hay en ese “no-ser-lo-mismo”
    gordos secretos de la vida humana
    que convendría no descuidar ni olvidar:, este, p.e.:
    * que la Moral (modo instalado de sentir)
    determina
    * una Ética (modo de pensar y comportarse)
    O esto otro:
    * que la Ética suele entrar en etapas “revolucionarias”
    debido a que la vida humana es histórica (generaciones)
    siendo una Generación un “modo de sentir la vida”.
    ……………………
    Y estos dichos se fundamentan
    en un descuidado principio de la Lingüística:
    -“Duo si dicunt ídem, non est ídem”-
    -“Si dos dicen lo mismo, no es lo mismo”-
    Pienso que Ud. podrá sacarle más punta a este grafito.
    Gracias!

  • Pues si. Ese es el problema. Nos hemos vuelto insípidos. Y no precisamente por casarnos con el cartero. Supongo que se enamorarian . La historia la encuentro preciosa.

    No somos la sal de la tierra. Ese es el problema. Los buenos cristianos y los que en realidad interesan a la iglesia son aquellos que cumplen todas sus normas. Los demás, no interesamos. Es más, somos considerados personas a acallar.

    Pues bueno. Que se queden con sus normas, sus confesiones, sus dogmas y sus cosas. Y con su moral cristiana, que dicen ellos que es cristiana.

    Me ha gustado su artículo.

    Un saludo cordial.

  • Mª Pilar

    ¡Gracias por este art. que nos despierta y reafirma junto ha los dos que en el cita, gracias!

    ¿En que  han convertido, un profundo Proyecto de Vida?

    En normas hechas a imagen y semejanza, de quienes quieren seguir viéndonos como “su rebaño” sin ninguna capacidad de pensar, crecer y sobre todo:

    ¡¡¡Ser!!!

    Un Proyecto de ¡Vida!… que nos posibilita para descubrir todas las posibilidades que en si mismo posee, haciendo posible, no solo nuestro crecimiento personal, sino posibilitando, a cuantas personas lo acepten, que es..:

    ¡Crecer y Ser! 

    El mundo sería diferente, al menos, allá donde la vida, aquí y ahora, tuviera la fuerza que Jesús proclamó.

    Cierto, que es más sencillo, cumplir una normas que hacemos a nuestra medida, que descubrir cada una de las posibilidades de Vida que encierra su Esencia, para cuantas personas decidan libremente:

    ¡Hacerlo Vida!

    Solo así, podríamos llegar a vislumbrar, lo que de verdad significa el Amor… Sí, con mayúsculas, porque esa calidad de Amor, encierra en si mismo, todas y cada una de las posibilidades de llevarlo a cabo, empezando por cada persona en particular, y que sin poder evitarlo, a renglón siguiente:

    ¡Se hace universal!

    Ya no sería… yo y mis circunstancias… serían importantes y necesarias,  todas las personas que lo acepten y lo quieran vivir; por supuesto en la medida de sus posibilidades.

    ¡Gracias de corazón, por este art. que arropa a los dos que en el nos cita; porque los tres, hacen un todo excelente y llenos de …Vida!

     pilar

  • oscar varela

    Podría ser LA NOVIA DEL CARTERO

    Valores de esta Nueva generación (22 años de edad)

    https://www.pagina12.com.ar/130720-una-joven-sueca-evito-una-deportacion

  • oscar varela

    La Iglesia argentina clama por una nueva Cruzada

    de Valores habidos.

    Este tipejo (a continuación y un tanto risible, pero con su “negociazo” en el Gobierno) se le parece bastante:

    https://www.pagina12.com.ar/130704-y-albino-vino-con-su-discurso-medieval

  • oscar varela

    Me acerco un poquito a la realidad cotidiana de lo que voy diciendo:

    https://www.pagina12.com.ar/130730-si-quedamos-embarazadas-se-nos-echa-de-los-colegios

  • oscar varela

    Sobre los VALORES y la CREATIVIDAD en Jesús de Nazaret,

    Antonio Duato me ha encargado “destilar” un Escrito de un Sr. español,

    para hacer en Atrio otro Curso-Taller.

    Tiene, el posible futuro Libro, unas 330 páginas abigarradas y densas.

    ¡Buen entretenimiento pa’ mi Generación!

  • oscar varela

    1- Esta Generación joven: Vino para quedarse

    2- la Nuestra: está para irse

    ¿A qué hacérsela más difícil?

  • oscar varela

    Hola!

    La Generación que arranca con este Siglo XXI

    ¿no se esta instalando en el Paradigma de:

    1- desencanto de lacrimar por un supuesto “novio” de antes;

    2- enamoramiento felicitario con el “cartero” de ahora?

     

     

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