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Las religiones dividen, la ética une

Hace más o menos un mes, con motivo de un artículo mío colgado en esta página, dos comentarios aducían en su argumentación la siguiente frase: “las religiones dividen, la ética une”.

Esta sentencia me trajo a la memoria otra de Voltaire: “Cuando los reyes dejaron de hacer teología la paz llegó a Europa”.

Ambas tienen, en mi opinión, una intención semejante pero las dos son igualmente falsas. Intentaré explicar por qué.

Que la paz no llegó a Europa no hace falta demostrarlo. Desde Napoleón y hasta anteayer, la guerra ha sido una constante en la historia europea. Y que la ética une es poco convincente cuando los grandes temas éticos de la actualidad provocan grandes desuniones: recaudación y destino del dinero público, tratamiento de la emigración, aborto, eutanasia, bioética… De momento la ética no une sino que divide.

Pero ya que estamos en el tema, puede der útil reflexionar en qué es lo que une y lo que desune a las personas.

De entrada puede decirse que lo que une son los intereses: de familia, de clan, de grupo, de pueblo. Cada uno entiende que, uniendo su destino al de otros, puede obtener más ventajas para su propia existencia. Por su parte, el grupo busca lo que puede servir de aglutinante a quienes lo forman: una historia común, una ideología, unos símbolos y no en último lugar, un enemigo. Ya Freud decía que lo que más unía a un grupo era tener un enemigo común. Lo podemos comprobar ahora mismo en el tema catalán.

En un libro famoso –“El sagrado palio”- Peter Berger argumentó que las sociedades, buscando definir lo que las aglutina y lo que por tanto obliga a todos sus miembros, han echado mano siempre de la religión. Si lo que todos han de cumplir está avalado por ley de Dios, el disidente se enfrenta a Dios mismo. Por eso decía Napoleón III que un púlpito valía por diez gendarmes.

Sin duda este mecanismo ha servido durante siglos. No ha sido, pues, tanto la religión lo que desunía sino los intereses cobijados bajo el palio de lo religioso.

La gran fractura europea del luteranismo probablemente no hubiera pasado de ser una “querella entre frailes” si los príncipes alemanes no hubieran tenido interés en liberarse del yugo del emperador y apoderarse de pasada de los bienes eclesiásticos.

Podemos, pues, sostener que lo que desune son los intereses arropados por una ideología, sea religiosa, política, económica, racial o de otro tipo. Más aún, podría asegurarse que los humanos tienden a unirse pero sólo con los suyos, no con los que provienen de otra historia, hablan otro idioma, tienen otro color de piel o albergan proyectos distintos.

A muchos sorprende que en un mundo globalizado reaparezcan con fuerza los nacionalismos. Es que no es la unión lo normal sino la desunión, no lo es la concordia sino el enfrentamiento con “los otros”.

Si lo anterior es cierto, habrá que saludar con sorpresa y con alegría todo lo que tienda a unir, a favorecer procesos de unificación y en ese sentido hay que decir que la tradición judeocristiana ha ido sembrando siempre semillas de concordia. Ama a tu prójimo como a ti mismo es desde hace muchos siglos un precepto que se proclama sin cesar y que muchas generaciones han intentado cumplir de formas muy diversas.

Pero insisto en que eso no es lo normal y que por tanto parece a algunos una exigencia excesiva. El poeta y pensador alemán Hans Magnus Eszensberger así lo sostiene. Más aún: ha podido argumentar que, muerto el cristianismo, se han de terminar los derechos humanos, que no son sino la manifestación de un resabio religioso.

Dicho todo lo que antecede, no puede negarse que, junto a ese espíritu de unión, las religiones dividen. El mismo Cristo lo aseguró al anunciar que El no había venido a traer paz sino espada e hizo una lista de los enfrentamientos que se producirían por su causa. A mi modo de ver, la razón no está en ser religiones sino en albergar una ideología. Es que las ideologías dividen, no puede ser de otra manera. Pero pretender despojarlas de ideas, pretender una religión sin anuncios ni promesas es una tarea imposible. Equivaldría a convertirlas en ONGs de beneficencia..

Sería desear que prediquen “ama a tu prójimo” sin preguntarse por qué ni para qué ni con qué horizonte. Quien decida emprender ese camino y más si ese amar al prójimo implica pérdidas personales o persecuciones o acaso la muerte, querrá tener unas razones profundas, unas promesas, unas garantías, un horizonte final. Es decir, una religión. Aunque eso divida.

9 comentarios

  • Asun Poudereux

    Proclamar a modo dualista lo que el título del artículo propone, no creo que sea acertado, cuando a lo que se quiere llegar es a aquello que une a todo ser humano con otro, pasando por encima de las diferencias en raza, sexo,  religión, cultura, educación y,  por supuesto, demás ideologías y creencias en las que  se ha ido creciendo,  y al tiempo,  inducido a creer.
     
     Porque estas últimas, vengan de donde vengan, con proselitismo incluido en adoctrinamiento, apología y normativas a respetar por encima de cualquier  otro ser humano, es todo  aquello que se nos presenta como lo más “sagrado” e irrenunciable,  pero olvidando lo compartido: quién soy ,  quién eres, quién es.
     
    Este olvido acarrea con el tiempo todo tipo de problemas íntimos y psicológicos  diversos,  ya sea  un estancamiento,  un callejón sin salida,   en el proceso de madurez y liberador de la  persona,   en consciencia  en despliegue constante y que va más allá o acá de lo racional y  mental. Lo que viene a llamarse consciencia transpersonal,  que la hace  capaz de actuar en y desde la coherencia interna, al  ver en el otro lo que en uno mismo es,  en permanente interconexión,  bien es y está siendo de modo consciente en todas direcciones en las que se siente inmerso y atento,  bien  tan solo en algunas, al no reconocerse aún en otras situaciones  de difícil acceso su umbral, por circunstancias y condicionamientos,   a veces,  inescrutables  y de  dispersión  en cadena, y que  están por integrar y transcender,  finalmente y en todo caso, siempre por la persona en cuestión y solo por ella,  deshaciendo a un ritmo personal sus ataduras.
     
    Y sin ánimo de proselitismo, tiendo a  intuir que, todo esto, Jesús,  parece que lo vislumbró y tuvo muy claro, muy a pesar de su tiempo y condicionamientos múltiples: Lo que une y nos conecta,  es verse en el otro,  en lo otro.
     

     
    Las separaciones,  además de no salir del territorio  alambrado del dualismo,  son propicias a crear confrontación,  sin quererlo o no, a dar perpetuidad  y  vigencia a lo que no es más que creación mental.

  • https://es.wikipedia.org/wiki/Din%C3%A1mica_espiral

    Tenemos al individuo y su circunstancia. El Gran Misterio impulsa la evolución hacia vibraciones mas sutiles. Diría que en el Kosmos todo. Ahí entramos nosotros. En el Kosmos.
    Si pensamos como seres de nuestro tiempo. Entonces: no hay nacionalidades, ni razas, ni ricos ni pobres, ni izquierdas ni derechas, ni cristiano, ni musulmán, y así un largo largo etc.

    Hay grados de evolución. Hay los colores que señala el enlace que traigo aquí.

    Según el grado de evolución del individuo, este por afinidad, se unirá al grupo que piensa y siente como el.

    Y el individuo según su “color”. Tendrá una ética mas o menos depurada.

    El cristianismo predica una ética depurada. Pero los cristianos, como civilización. hemos sido como cantos rodados. Pulidos por fuera. pero con el alma pétrea. Esto decía Gandhi, de los cristianos.

    ¿Porque?

    Porque  esa ética que predica el cristianismo. Solo algunos, muy pocos. La ha podido alcanzar. Y ¿por que solo unos pocos?. Porque el cristianismo literalista, se impuso con sangre, gracias a Constantino. En detrimento de quienes si tenían recursos. Técnicas. Para que la fuerza del río espiritual, llegase a su interior. Los cristianos gnósticos. O los cataros….

    Hoy cada cual va por libre. En lo referente a la espiritualidad. Y me parece muy bien. Así. Unos abrazaran el cristianismo “pétreo”. y otros recurrirán según su evolución personal a la gnosis mas depurada. Creo que esta gnosis depurada, la podemos encontrar en Oriente. Como agua clara. Aquí en Occidente. La Iglesia literalista constantiniana. Se encargó de cegar el pozo. que SI, existía. con las religiones mistericas. Todas herencia de Egipto.

    En ultima instancia. No soy ni catalán ni español, ni ibérico. Soy ciudadano del mundo. Y mis amigos. De todo el mundo. Son los afines a mi. Aunque sean “moros”. Por ejemplo.

    A mejor desarrollo espiritual. Mejor ética. Esto es de perogrullo. El cristianismo que conocemos hoy. No puede dar mas que “cantos rodados”. le falta técnica…. para otra cosa.

     

  • M.Luisa

    Bueno, como hoy me siento eufórica me permito  sobrepasar la línea roja de la complejidad,  complicando un poco el tema
    Según lo expresado anteriormente,  no le concierne  a la realidad moral de la persona  los contenidos duales bueno-malo, honesto- inhonesto, justo – injusto, con que calificamos sus  acciones,  sino que lo moral    al ser  constitutivamente humano  es  algo anterior  y más fundamental a cualquier norma.  Esta anterioridad tiene  carácter estructural  y en ella es donde radica  el comportamiento humano de fundamentación ética.

  • Isidoro García

    Leía hace tiempo que el concepto religioso de “Dios”, podía provenir de un recuerdo ancestral soterrado en la mente profunda, (un arquetipo), de la conciencia grupal, que durante millones de años, ha dominado y conducido la conciencia personal de los individuos de una horda o tribu. (Eso no significaría que Dios no exista, solo se trata de la idea que nosotros tenemos de Él).

    El individuo maduro, tiene una conciencia autónoma, y se guía por su cosmovisión personal, y los valores que en su sabiduría personal considera mejores.

    Por el contrario otros individuos, (independientemente de su madurez personal), asumen acríticamente los valores que les proporciona la religión que adoptan o que han recibido culturalmente.

    Posteriormente, mediante el adoctrinamiento, se produce la aceptación voluntaria de esos valores e incluso de su fanatización hacia ellos. Pero eso viene después, como un mecanismo psicológico de evitar la angustia de una fuerte contradicción mental interna.

    En el fondo, guste o no guste, y se acepte o no, la adscripción a una religión y la incorporación de sus valores, es un acto en el que debido a una fuerte intuición personal, (de origen desconocido), o simplemente a la aceptación de una circunstancia cultural, (haber nacido en una familia o sociedad, con una religión determinada), la persona hace dejación de su autonomía personal y de su discernimiento personal sobre varias cosas entre ellas sobre los valores a adoptar.

    (Hago una invitación a la reflexión de todos los pertenecientes a una Iglesia: ¿Creerían lo mismo si hubiesen nacido en Marruecos, ahí al lado? ¿O fueran de familia judía?).

    Por eso cobra sentido lo de la idea de “Dios”, como proyección a la conciencia de la antigua conciencia grupal, que estrictamente le marcaba al individuo lo que debía hacer para sobrevivir, en tiempos tan difíciles. (Lo cual en el fondo el humano actualmente añora, pues en esos tiempos de circunstancias difíciles, no tenía dudas angustiosas como sucede ahora: pensar y decidir es muy costoso).

    Y lo mismo que se dice de las religiones se puede aplicar a los partidos políticos y hasta a los clubs de fútbol.

    Dicho lo anterior, ¿la religión divide y la ética une?. Depende. Como todas estas cosas antropológicas tienen trayectorias circulares, (el yin y el yang), en ambos temas hay fases que unen y fases que separan.

    En principio las religiones, unen, pues son el reflejo de la conciencia grupal, y durante mucho tiempo con sus grandes iglesias, sus ritos, ceremonias y sacramentos comunes, las religiones eran fuente de arraigo social, tan necesario para el humano.

    Luego, todo lo que une, acaba desuniendo. La mayor y única fuente del divorcio, es el matrimonio. En esta fase histórica de crecimiento paulatino de la autonomía de la conciencia individual, toda institución humana lleva en sus genes el de la entropía social, similar a la biológica de vida-muerte: la tendencia a la disgregación, a las confrontaciones y a la desunión.

    El primer Pedro, dedicó su tiempo a predicar, (aunque ya tuvo sus líos), el último Francisco, se dedica casi en exclusiva a apagar fuegos internos, pues todo se le va de las manos.

    Las diferentes religiones, aparentemente se respetan, pero todos se miran de reojo, y se dicen cosas por lo bajinis. Y si su Dios les hiciera caso, caerían muchos rayos destructores por ahí. Y ya no digamos dentro de cada chiringuito eclesial.

    La ética, lo optimistas dicen que une. Depende y según. En principio, si partimos de que es el resultado de la reflexión crítica de mentes maduras y autónomas, podemos pensar que cada uno tiene sus manías, sus sesgos, sus querencias, sus herencias culturales familiares, etc.

    Total que coincidiremos en no matarnos entre nosotros, y en poco más y eso no siempre. Porque temas como la justicia, la igualdad, la dignidad, etc. cada uno las interpreta de una manera diferente, y es difícil ponernos de acuerdo.

    Se dice que todas las familias felices lo son de la misma manera, pero que todas las desgraciadas lo son cada una de una forma diferente. Y que un problema matemático tiene una sola solución correcta, (a veces tiene dos), mientras que equivocadas hay infinitas.

    En ese sentido, la dinámica de la ética es inversa a la de las religiones. Mientras estas al principio unen y luego va degenerando esa unión, con la ética sucede lo contrario.

    Al principio, mientras sigamos con nuestras imperfecciones, errores cognitivos y daños emocionales, nuestras opiniones son muy dispersas y variables.

    Según vayamos recorriendo el camino de ir madurando y auto realizándonos, iremos confluyendo pues según vamos limpiando y mejorando el telescopio, cada vez iremos acercándonos al conocimiento de la realidad, cada vez se ve más claro y hay menos dispersión y erraticidad

  • h.cadarso

    “Lo que une son los intereses de familia, de clan, de…”

    Lo primero que une a los humanos es su situación económica; a mí no me resultan cercanos mis primos, tíos o compatriotas que viven en la abundancia y pisotean a sus semejantes, sean parientes o lejanos, vecinos o extranjeros. Las divisiones empiezan ahí.

    Y la religión que acepta o tolera el abuso de los ricos sobre los pobres ni es religión ni es nada. ¿O es algo? Hay mucho cuento por esos mundos de Dios…

  • M.Luisa

    Las religiones dividen, la ética une.

    En mi opinión es una afirmación correcta, pero surgida  de un planteamiento que es de antemano incorrecto.

    Porque si nos preguntamos   qué es lo primero ¿El hecho religioso o la ética  como  quehacer humano?  Esto segundo es lo que, modestamente,  vengo  sosteniendo siempre  como  lo primero.

    Sin embargo, en la historia  ha sido a la inversa. La religión ha tenido la voz cantante   convirtiendo  la ética en moral religiosa, lo cual esto significa que  lo que ha creado división ha  recaído  sobre  el  contenido doctrinal y normativo que la conforman.

    Por otro lado,en mi  opinión,  no se puede asociar la ética con los intereses comunes y propios que se tenga. Esto no nos une sino que nos junta.

    La ética   no es cuestión de opción ni de decisión sino de discernimiento, de deliberación, de reflexión etc., por tanto,  no  se trata de cosas sino de valores. ¡¡Frena, frena mª luisa, que esto ya ralla lo  complejo!

    Pero en fin, sólo añadiré esto: la ética consiste en realizar   valores y  la gestión de los valores exige el difícil ejercicio de la responsabilidad la cual  careciendo  de normas precisas  sin embargo resulta  algo inexcusable.

  • ELOY

    Hola Carlos.

    Dices:

    Podemos, pues, sostener que lo que desune son los intereses arropados por una ideología, sea religiosa, política, económica, racial o de otro tipo (…)”

    Si atreverme en absoluto a hacer afirmaciones categóricas, se me ocurre sugerir que “los intereses” no solo desunen sino que también pueden llegar a unir poderosamente cuando son “intereses comunes y nobles”.

    Desde una concepción de la persona como valor en sí misma y del concepto de ciudadanía universal cabe una fraterna unión en el apoyo mutuo y en la defensa de los valores comunes que tal concepción comporta.

    Una “fraterna unión” probablemente no responde siempre a la sublime exigencia del “amor desinteresado” que puede suponer  el “dar la vida por los demás” o “el amar al enemigo”.

    Pero puede ser un paso, importante o un “aprendizaje necesario y previo” en el camino de lo sublime.

    En todo caso la vida “real” y cotidiana está sujeta a altibajos” y en el momento más inesperado surge la desinteresada entrega de una personas por otras . 

    En la “acción” , más allá de cualquier elucubración, se puede producir ” el milagro. Y creo recordar que tú siempre has valorad mucho “la acción”, el actuar.

     

     

     

     

  • Isidoro García

    Añadido: Eso se refiere a la cuestión ética y a la “salvación”, que yo interpreto como llegar a la auto-realización personal.

    Las tradiciones religiosas, pueden aportar elementos cognitivos de la Realidad oculta, (durante el periodo en que aún permanezca oculta).

  • Isidoro García

    “Pretender despojar, (a las religiones) de ideas, pretender una religión sin anuncios ni promesas es una tarea imposible. Equivaldría a convertirlas en ONGs de beneficencia.

          Sería desear que prediquen “ama a tu prójimo” sin preguntarse por qué ni para qué ni con qué horizonte. Quien decida emprender ese camino y más si ese amar al prójimo implica pérdidas personales o persecuciones o acaso la muerte, querrá tener unas razones profundas, unas promesas, unas garantías, un horizonte final. Es decir, una religión. Aunque eso divida”.

     

    Esa es la visión antigua, la de la era de las religiones, que parece que va caducando. Hoy día y más en el futuro, ese difícil “amar al prójimo”, será el resultado del proceso de maduración psicológica o auto realización o “individuación”, de la naturaleza humana, que según los psicólogos transpersonales, (Maslow y muchos otros), tiene el ser humano inscrita evolutivamente por la naturaleza.

    No seremos “buenos” por obediencia a ningún Dios, ni a ninguna Iglesia que lo administre, sino que seremos “buenos”, cuando consigamos, sacar de nosotros nuestra verdadera naturaleza, que ahora está atrapada en una serie de nudos internos, heridas abiertas y mal cerradas, complejos, inseguridades, carencias afectivas, y contradicciones internas.

    Somos como un atleta, que se ha pegado un castañazo, y tiene todo el cuerpo magullado, ¿cómo vamos a correr los cien metros?: renqueando, dando tumbos y de mala manera.

    Eso lo anunció Jesús, cuando dijo: “Perdónales. No saben lo que hacen”. 

    Y lo dice el evangelio de Tomás, 70: “Ieoshúa ha dicho: Cuando saquéis lo que hay dentro de vosotros, esto que tenéis os salvará”.

    (Para susceptibles: es mi mera opinión personal).

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