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Criar terroristas

Titular de “El País”: Los abuelos del sospechoso de la matanza de Barcelona: “Mi nieto no se ha educado en Marruecos”.

Y luego, en la entrevista: ”Insisten en que Younes se marchó muy joven de Marruecos. Ni los abuelos ni las tías saben precisar cuándo, aunque creen que fue hace años. “Pero una cosa es segura: mi nieto no terminó sus estudios aquí. Estudió en España”.

Mientras los especialistas de altos vuelos nos instruyen sobre la evolución del radicalismo islámico, los políticos hacen proclamas de unidad y convocan actos y manifestaciones sin cuento y la prensa y las teles se lo pasan pipa hinchándonos los oídos y la vista con innumerables repeticiones, mientras se envían más aviones a masacrar iraquíes, afganos o sirios, mientras aumentamos las pegas para viajar en avión y se hacen reiterativas llamadas a la unidad (especialmente dirigidos a la siempre sospechosa izquierda), seguimos impertérritos educando terroristas como si nada fuera con nosotros y eso del terrorismo fuera cosa de algún demonio innombrable.

Aqbouch Aboyaaqoub y Hychami Charifa, abuelos del sospechoso en busca y captura, en su casa de Marruecos.

Alguna vez, algún genio de las alturas se dará cuenta de la queja del abuelo moro de Abuyacub (a cuyo nieto, al parecer, han matado los mossos hoy en Subirats) y quizá entonces puede empezarse a hablar de porqué unos críos que hemos acogido, que viven entra nosotros sin mayor problema y que utilizan todos los medios de los que dispone nuestra rica sociedad, terminan volviéndose locos por las palabras de algún descerebrado imán.

Quizá entonces alguien caiga en la cuenta de que es nuestra rica sociedad la que está enferma (¿de poder?). Y es nuestra enfermedad la que engendra monstruos, o sea, terroristas.

 

12 comentarios

  • oscar varela

    ¿Cómo se detiene el terrorismo?
     

    ¿Cómo se detiene el terrorismo?

  • mª pilar

    ¡Gracias por el aet., y a Mª Luisa por hacer posible la lectura serena y dolorosa a un tiempo de Raquel!

    Leyéndole a ella, y como se siente… comprendo el silencio triste que se ha pegado a todo mi ser, desde el trágico día del atentado.

    Por estos lares, habíamos probado la dureza y el dolor, que estas muertes sin sentido alguno tienen lugar, cuando se pierde el norte.

    Copio del art.:

    “Quizá entonces alguien caiga en la cuenta de que es nuestra rica sociedad la que está enferma (¿de poder?). Y es nuestra enfermedad la que engendra monstruos, o sea, terroristas.”

    Totalmente de acuerdo… y no queremos darnos cuenta, de que verdad… estamos muy enfermos…

    ¿Por apatía, por mirar hacia otro lado, por culpar siempre a otras personas, por temor a perder..:

    ¿Qué? 

    Cuando este mundo cae cada día más bajo.

    mª pilar

     

  • Rodrigo Olvera

    Sea cual sea la tarea pendiente que tenga, siempre que veo que ATRIO ha publicado algo de Juan García Caselles lo aparco todo, para leerle. Gracias por la perseverante lucidez.

     

    Y gracias también querida Ma Luisa por hacernos de puente (noticioso y linguïstico) para acceder a la carta de Raquel. Me ha hecho mucho bien leerle, y llorar con ella desde mi lejanía.

  • M.Luisa

    Gracias a usted, Juan, sus artículos son siempre de gran sensibilidad solo que esta vez tenía muy reciente este testimonio, además,  este tema lo vengo estudiando desde hace algún tiempo y  aunque  me hubiera gustado poder añadir algo más  me esperaban para una consulta médica.

    También gracias a ti George, saludos a ambos!

  • George R Porta

    Gracias, amiga M. Luisa por publicar el enlace a la carta de Raquel y a ella misma por su carta.

  • Juan García Caselles

    Gracias, M. Luisa, por el testimonio de Raquel. Impresionante y realista. Gracias también a Raquel por su esfuerzo, tan humano y por ello tan cristiano.

    Pero el problema fundamental de nuestra sociedad es lo que ocurre cuando los niños se hacen jóvenes y tienen que entrar en el mercado de trabajo, con el agravante, en el caso de estos jóvenes de Ripoll, de ser extranjeros y, encima, moros. No me quejo de como se les educa, sino de cómo les tratamos después de haberles inculcado unos valores que luego casi nadie va a respetar.

  • Javier Pelaez

    Tenemos que tener en cuenta que hasta los muy civilizados países escandinavos tuvieron su Utoya.La capacidad asombrosa de internet de comunicar a todos los “tarados” del mundo y de construirse Califatos,Terceres Reich virales…Y ¿por qué el 11 M en Madrid cuando es una ciudad en la que se vió la más tremendas manifestaciones contra la guerra de Irak?.Hoy recuerdan en publico.es que tb fue así en Barcelona;pero esto queda muy lejos para estos jóvenes tarados de Ripoll.Los educadores no se deben culpabilizar por una cosa que ni los muy civilizados noruegos han podido evitar.

  • M.Luisa

    Con este artículo  está dicho todo? Sólo le faltaría a Raquel, en su desolación, leerlo.

    Carte de Raquel Rull, educadora social de Ripoll (mi traducción en castellano) enlace http://www.vilaweb.cat/noticies/carta-des-de-ripoll/

    Quiero explicar cosas que no saldrán a los diarios ni a la tele. Necesito expresarlas  a los cuatro vientos, porque mi corazón está muy triste, mucho.

    Nunca había tenido un sentimiento tan fuerte como este, porque no es racional, no viene de algo  que forma parte de la vida. Viene de otro lugar que no soy capaz ni de describir.

    Estos niños eran niños como todos. Como mis hijos, eran niños de Ripoll. Como aquel que puedes ver jugar en la plaza, o el que trastea  una mochila enorme de libros, el que te saluda y te deja pasar ante la cola del súper, el que se pone nervioso cuando le sonríe una chica.

    Me hacen daño los chispazos que encienden el odio en las redes, en la calle, en el pueblo donde vivo, en los diarios…, donde se muestra la ignorancia, el rencor, la indiferencia, la falta de respeto hacia el prójimo, los tópicos, las fronteras, el girar la cabeza hacia el otro lado, el no saber ponerse a la piel del otro.

    Y esto se repite siglo trás siglo, año trás año. Qué hacemos mal? Tenemos que pararlo, esto. Tenemos que hacer algo. Y yo que me pensaba que lo hacía bien, que había contribuido con mi granito de arena….

    Es cierto que no lo había vivido nunca en primera persona y esto ha hecho que haya cambiado el punto de vista. Y, además, ahora lo veo desde el otro lado y estoy destrozada.

    Las cosas que pasan a la tele o a la otra punta del mundo son cosas que se acaban diluyendo y olvidando, y no se sabe nunca qué es cierto o real. Y acaba ganando la ira, la rabia, e incluso acabamos aclamando «el ojo por ojo, diente por diente» para castigar estos actos.

    Ahora tengo una sensación que se escapa…
    Me hace daño de ver el mosaico de un Miró manchado de sangre. Me hace daño de ver que está en mi ciudad. Me hace daño de pensar que habría podido conocer familiares a la Rambla, donde he dejado más de un par de suelas de zapatos andando.

    Me hace daño que hayan sido ellos…
    No puedo contener las lágrimas. Más diría, no he podido parar de llorar desde el primer día y sé que no podré dejar de llorar nunca. Estoy destrozada, rota por dentro.
    Sé que estos días la balanza y el apoyo se decanta hacia las víctimas, hacia los hijos perdidos, las familias destrozadas, la ciudad de luto.

    Pero me tenéis que permitir de explicaros y enseñaros la otra cara de la moneda, la que no sale a los diarios, la que no llora en público, la que en silencio se traga las lágrimas porque parece que esté  mal visto llorar por ellos.

    Me tenéis que permitir deciros como eran ellos, o al menos los niños que conocí yo. Los  míos pre-jóvenes del Lokal. Se me hace tan duro…

    He trabajado casi toda la vida –ahora ya tengo cuarenta y un año– en el mundo social, a pie de calle, a las trincheras, como decimos nosotros. Sólo de aterrizar en Ripoll, empecé a trabajar con un grupo de jóvenes, pero había niños casi de todas las edades, los unos tenían cura de los otros.

    El más pequeño tenía unos ocho años y venía siempre cogido de la mano de su hermano. Un hermano educado, tímido, amable, buen estudiante, tranquilo. En la escuela no se metía nunca en líos. Un niño que siempre me ofrecía bolsas de maíz tostado o alguna golosina que se compraba con el poco dinero que tenía.
    había dos hermanos que siempre se peleaban. El más grande se volvía rojo cuando entraba aquella niña que le gustaba, a pesar de que no le llegó a decir nunca nada. No fallaba nunca, al Lokal, cuando estaba ella.

    Al cabo  de un tiempo llegaron más jóvenes en Nador. Muchos aprendieron las primeras palabras y –por qué no decirlo– los primeros insultos en catalán entre raquetadas de ping-pong. Yo también aprendí algunos en su lengua.

    Y, está claro, después venían los hermanos, las nuevas generaciones. Los traviesos, los de los ojos vivos y la sonrisa a la boca.
    Todos íbamos creciendo y pasando etapas. Si sufrimos a la adolescencia, madre mía!, entre grandes desarrollos, testosterona y sueños para cumplir. Todavía recuerdo las largas charlas al despacho –’Raquel, tengo que hablar contigo’…–, donde hacíamos nuestras tertulias y hablábamos del futuro.
    Piloto, maestro, médico, col•laborador de una ONG. Cómo se ha podido desvanecer, esto? Qué os ha pasado? En qué momento…? Qué hacemos para que pasen estas cosas? Erais tan jóvenes, tan plenos de vida. Teníais todo una vida por delante… y mil sueños para hacer realidad.

    Ya no os podré volver a decir ‘Que guapos que estáis!’, o ‘Ya festejas?’, o ‘Madre mía, cómo has crecido’. No podré ver vuestros hijos, como veo los de los otros. No os podré abrazar… Me duele tanto! No me lo puedo acabar de creer.

    Esto no tiene que quedar en una historia más. Tenemos que aprender, tenemos que hacer un mundo mejor. Practicando con el ejemplo, educando en la no-violencia, transmitiendo el no-odio, la igualdad. Educando en las escuelas, en los espacios abiertos, a las familias, a nuestros hijos…
    Me restan muchas cosas adentro y muchas instantáneas que no olvidaré nunca.
    Said, Moha, Moussa, Youssef, Omar… Younes… Y ahora Houssa… (es una pesadilla: la lista cada vez es más larga).

    Cómo puede ser, Younes…? Me tiemblan los dedos: no he visto nunca nadie tan responsable como tú…
    Los actos que habéis cometido no tienen explicación y no son lícitos. La guerra, la ira, el odio nos sacan hacia a nada. Nunca en nombre de nadie. Ni por nadie. Ni dioses, ni banderas, ni religión.

    Sólo puedo decir que tengo el corazón roto

  • George R Porta

    Leo: «Quizá entonces alguien caiga en la cuenta de que es nuestra rica sociedad la que está enferma (¿de poder?). Y es nuestra enfermedad la que engendra monstruos, o sea, terroristas.»

    Me pregunto si nuestras sociedades no engendran también gente decente y Buena.

    Parece que la injusticia social, la desigualdad económica y tantos otros aspectos de la vida social pueda gatillar actos de violencia, incluyendo la violencia en casa contra los hijos o los cónyugues, pero nada justifica que en nombre de alguna ideología se planten y hagan detonar explosivos o se lancen vehículos motorizados con la intención expresa de matar para protestar o para rebelarse. Todavía en la mayoría de las sociedades se puede imprimir in suelto de papel y repartirlo por las esquinas expresando una opinion, o reunirse para movilizar a la gente como ocurrió con el Movimiento de los Indignados y en tantas otras ocasiones.

    No es cierto que todos los Imanes sean locos terroristas y los que lo sean Deben ser apresados y expulsados del país, ni siquiera encarcelados porque entonces crearán problema en ellas.

    No todos los curas y ministros religiosos son pederastas pero a los que han sido denunciados y los obispos encubridores se le ha encarcelado y no veo por qué no se puede hacer con los imanes que lo merezcan, si quienes no son terroristas en la comunidad islámica los denunciaras como hicieron con los curas.

    Pero parece obvio que quien se educa y forma en el terrorismo no importa donde se eduque, tendrá su capacidad de juicio deformada en favor del terrorismo y que eso pueda ocurrir dondequiera que una tal educación sea impartida clandestinamente.

    En todos los países hay cárceles y tribunales de justicia y a menudo hay que condenar hasta a los jueces.

    Me parece coincidir en cuanto a la importancia de la educación pero los países musulmanes tienen que aprender también a este respecto sobre tofo siendo signatarios de la NN. UU. y de la UNESCO y los expertos en el Corán necesitan quizás abrirse a una exégesis más racional de sus textos y tardarse en hacerlo es sostener indirectamente el terrorismo.

    Realmente no veo como se puede poner toda la culpa en in saco como si todos fuéramos igualmente poderosos, millonarios, maléficos, en nuestra sociedad.

     

     

     

  • George R Porta

    Carmen, si te refieres al de «Religión y Violencia» aún admite comentarios porque acabo de postear uno. Un saludo cordial.

  • Carmen

    Han cerrado los comentarios al artículo del señor Castillo. Así que me he tomado la libertad de escribirlo aquí.

    El señor Castillo tiene, en mi modesta opinión,

    toda la razón. Absolutamente toda.

    Un saludo cordial.

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