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¿Espiritualidad femenina?

Gil de Zúñiga 1

Pasó la fiesta de la Inmaculada que tal vez inspiró este artículo. Pero el sábado estaba siempre dedicado en la tradición católica a la Virgen, con un culto especial que se llamaba felicitación sabatina. ¡En esas prácticas nos educaron! AD.  

Llama la atención, y clama al cielo, que la Iglesia, que tiene a una mujer, María, como uno de los focos centrales de su espiritualidad -ahí está la fiesta de la Inmaculada que celebramos en estos días- margine institucionalmente a la mujer; llama la atención, y clama al cielo, que, siendo la mujer protagonista primera de la resurrección de Cristo, no sea asimismo protagonista eclesial y eclesiásticamente; llama la atención, y clama al cielo, que en la Iglesia primitiva algunas mujeres fundaran y dirigieran iglesias locales, como la de Filipos, y que ahora, en nuestro siglo tan avanzado en derechos humanos, la mujer carece de rol eclesial y de responsabilidad en la Iglesia institución, etc, etc. Si la institución eclesial está copada por el varón, también lo está la espiritualidad. El varón a lo largo y ancho de la historia eclesiástica ha impuesto una determinada espiritualidad, esa “mediación vehicular del hombre y de la mujer para ponerse en contacto con el Misterio (cfr. Espiritualidad sin templo); ese diálogo tan necesario para el ser humano y que brota de su radicalidad óntica.

El perfil de la espiritualidad del varón, basada en su propia antropología y en la cultura finisecular, se fundamenta en estos rasgos: monacato como huida del mundo, el esfuerzo, el poder, la norma y el rito. Que el monacato, sobre todo a partir del siglo V con san Benito, sea el modelo de espiritualidad por excelencia, es una realidad histórica incuestionable. Y a través de los llamados votos monacales: obediencia, castidad, pobreza, se imponen los otros rasgos de la espiritualidad masculina. La obediencia sumisa supone un poder omnímodo, que determina en cada momento y hasta los mínimos detalles las actuaciones cotidianas del monje. La castidad implica la ley del esfuerzo, la ley del mérito, como si el ser humano se bastara a sí mismo, si seguimos a Feuerbach, despreciándose, por lo tanto, el componente de gratuidad que conlleva la fe y la misma vida espiritual. La pobreza no es tanto desprecio al dinero, por cuanto corrompe y pervierte al ser humano, como señala con frecuencia Jesús de Nazaret, cuanto, y sobre todo, porque conlleva limitar recursos de alimentos y de vestido para mortificar al cuerpo, que es el enemigo a combatir, fruto del maniqueísmo imperante y que pervive hasta nuestros días. De nada serviría aducir con D. Bonhoeffer que “el cuerpo constituye la mediación necesaria entre los humanos para el encuentro de Dios. La felicidad es un derecho irrenunciable de toda persona, que ninguna religión puede reprimir”, o con san  Juan de la Cruz: “La gota que podemos saber de Dios es a través del cuerpo”. Por último, la norma y el rito son inferencias lógicas de la espiritualidad cenobítica. Esta posible vida espiritual y gozosa se ritualiza mediante abundantes normas, que se transmiten de siglo en siglo. Ahí está la liturgia, en general, y la eucaristía, en particular, abigarrada de normas rituales que ocultan el verdadero carácter celebrativo de la misma.

Paralelamente la Iglesia institucional admite este modelo único de espiritualidad y que a su vez impone a las mujeres que pretendan vivir eclesialmente su espiritualidad. No sólo, pues, es preciso seguir este modelo único, sino además ha de estar vigilado y controlado por el varón, por el clero. Los escasos brotes de espiritualidad no protegida por el varón han tenido consecuencias negativas para sus protagonistas, desde las beguinas, siglo XII,   hasta nuestros días, como es el caso de la monja americana Lavinia Byrne que ha tenido que abandonar su Congregación de la Sagrada Virgen María por publicar el libro Mujeres en el altar. La rebelión de las mujeres para ejercer el sacerdocio. En cierto modo ha seguido los pasos de su fundadora, Mary Ward, quien en el siglo XVII, al defender una espiritualidad femenina no monacal y sí encarnada en el mundo, fue condenada por hereje y cismática.

Desde este control férreo masculino, léase papas, obispos, sacerdotes, la espiritualidad femenina se ha desarrollado en el monacato o fuera del cenobio, pero con los mismos rasgos: virginidad, obediencia, pobreza, con sus respectivas implicaciones de poder, esfuerzo, normas y rito. Hay que destacar que en la espiritualidad femenina el eje central es la virginidad, siguiendo la máxima de S. Jerónimo: “Ningún vaso de oro o de plata es tan caro a Dios como el templo de un cuerpo virginal”. En nuestros días incluso hay mujeres deseosas de vivir privadamente su espiritualidad, sin pertenencia al monacato o alguna congregación religiosa,  y se consideran a sí mismas como “vírgenes consagradas”. Las palabras de san Jerónimo pueden parecer exageradas en nuestro contexto, pero, ahora y antes, distorsionan la peculiaridad de la espiritualidad femenina, porque introduce un elemento perturbador, el esfuerzo y su consecuencia inmediata: el mérito, que viene a dinamitar ese magnífico y gozoso “templo” de la espiritualidad, cuya columna central es que Dios se nos da gratuitamente. ¿Quién no ha oído más de una vez: ¡qué mérito tienen las monjas al vivir vírgenes!?; o su correlato: “Yo he soportado la virginidad durante tantos años y, por eso, no se me puede decir que soy una mala monja”. Si hacemos caso a la cultura judía, ésta no concede condecoración alguna al mérito de la virginidad. Y para apuntalar esto, tenemos lo expresado más arriba por D. Bonhoeffer o san Juan de la Cruz.

“Dios es el silencio del Universo, y el ser humano el grito que da sentido a ese silencio”,  afirma J. Saramago; éste es, pues, el territorio de la espiritualidad tanto masculina como femenina. Ya sabemos qué ha dado de sí la espiritualidad controlada por el varón y por las instituciones eclesiásticas, donde el grito humano no ha dado sentido a ese silencio; por el contrario, lo ha oscurecido y Dios ha quedado sin rostro, irreconocible, a causa de unas estructuras eclesiales de poder, de espalda a la historia humana, y no de misericordia y acogida. En este sentido, la espiritualidad femenina, históricamente, ha sido más sensible al sufrimiento humano; de ahí que la gran mayoría de las congregaciones religiosas femeninas ha estado más cerca del ser humano doliente y pobre, el verdadero rostro de Dios; el grito que da sentido a ese silencio, que es Dios.

Aquí está, pues, la verdadera senda de la espiritualidad femenina, diferenciadora de la del varón: acogida de pobres y dolientes, hospitalidad, misericordia, perdón, gratuidad celebrativa, partiendo del hecho básico e irrenunciable de encontrar a Dios, ese silencio del Universo, sin intermediario alguno. Creo que estas coordenadas marcan y configuran el perfil propio y diferenciador de la espiritualidad femenina. Soy consciente de que algunas teólogas femeninas, como EE. Jonson, consideran que “añadir rasgos femeninos (amor maternal, acogida de débiles y dolientes, compasión…) a la imagen masculina de Dios prolonga la subordinación de las mujeres al hacer del símbolo patriarcal menos amenazante, más atractivo”. Si antropológica y culturalmente la mujer posee esos rasgos positivos, más acorde, añadiría, con las propuestas éticas de Jesús de Nazaret, ¿por qué no se pueden considerar como rasgos específicos de su espiritualidad y, por ende, del nuevo rostro de Dios? No se trata de establecer dos bloques amurallados en sí mismos y sin posibilidad de comunicación alguna; es más bien reconocer que la mujer puede señalar una senda de espiritualidad válida también para el varón, donde no haya imposición y que mutuamente se enriquezcan.

Con razón sostiene J. Sobrino que “se va conociendo al Dios liberador en la praxis de liberación, al Dios bueno en la praxis de la bondad y de la misericordia, al Dios escondido y crucificado en la persecución y en el martirio, al Dios plenificador de la utopía en la praxis de la esperanza”. Hoy, en muchas parroquias, las mujeres llevan a cabo ese conocimiento del Dios liberador, del Dios bueno y misericordioso o del Dios de la utopía mediante la praxis de la liberación, de la bondad y misericordia y de la esperanza,  a pesar de algunos, bastantes, clérigos más preocupados por el poder de   sus funciones dentro de una Iglesia fuertemente jerarquizada, ahogándose en su narcisismo clerical, y que, si hacemos caso de la sociología, tienen los días contados. Es, pues, el turno de la mujer y de su espiritualidad, no tanto para sustituir a lo existente, sino para vigorizar a ese “silencio del Universo”, mediante el grito de la compasión, de la acogida, de la misericordia…, configurando el nuevo rostro de Dios en la Iglesia.

 

16 comentarios

  • ana rodrigo

    Genial el cuentecito, Rodrigo. Pero para la cultura occidental cristiana será más creible el cuento bíblico (palabra de Dios…) de Adam y Eva que éste tan creible y comprobable empíricamente.

    Alguien ha dicho: “si Dios es hombre, el hombre es Dios”

     

  • oscar varela

    Hola!

    Leo: – “cuentecito“-

    Comprendo que el Género literario elegido por Rodrigo obliga a la brevedad. Y está bien.

    Me queda la duda que en la larguísima historia humana (más de 12.000 años según se va descubriendo, y a lo que hay que agregarle las sabias advertencias “des-europeizantes” del argentino-mexicano Enrique Dussel), la duda de que “en todas partes” haya sido el Patriarcado “lo primero”.

    En el “Género-humano” sigue rigiendo profundamente lo “Matriarcal” como “sostenedora-salvadora” de las especies homínidas.

    El Artículo del Periodista Raúl Zibechi recién publicado en La Jornada muestra cómo Nuestramérica todavía flota gracias a los “movimientos de MUJERES”.

    En Argentina lo tenemos más que clarito. Para botón de muestra: “Las MADRES de Plaza de Mayo”, que vuelven a Marchar!

    ¡Vamos todavía! – Óscar.

  • Rodrigo Olvera

    Dejo por aquí este cuentecito, como intento de contribución en esta entrada

    De Adanes y Evas y la serpiente rastrera del patriarcado

     

     

  • Antonio Rejas

    Entendida la espiritualidad como la oposición entre materia y espíritu, hay que llegar a la conclusión de que no es necesario pertenecer a una religión o institución religiosa para desarrollar una espiritualidad independiente de cualquier credo. Una persona espiritual es la que escucha los dictados que brotan de su interioridad, es un auténtico idealista, pero con sus pies firmemente plantados en la tierra, lo que le permite estar atento a todo lo que sucede a su alrededor y tomar partido en contra de las situaciones injustas.

    La espiritualidad está unida a la meditación que es la que sustenta la vida interior y permite ver, oír y sentir la presencia de Dios. Sentir esta presencia es el inicio de una vida espiritual, aunque ésta no se identifique con los cánones establecidos por las diferentes creencias y ritos religiosos y fundamenta este sentimiento en que Dios es una Realidad para el ser humano que lo lleva en sus pensamientos y acciones. Todo lo dicho responde a la espiritualidad en general, pero acepto que existe una espiritualidad femenina, aunque no me gusta usar apellidos en determinados aspectos, basada, quizá, en las diferencias biológicas, psicológicas e incluso genéticas entre ambos sexos, ya que, según la neurocientífica Sandra Witelson, el cerebro tiene “diferente estructura según se trate de varones o féminas”. Todo ello posibilita la existencia de una espiritualidad femenina sin desarrollar, al menos, en las mujeres “que pretenden vivir eclesialmente su espiritualidad” porque “la iglesia institucional impone a las mujeres el modelo único de espiritualidad”, diseñado por los varones, como se dice en el magnífico artículo de Gil de Zúñiga.

    El trato dado a las mujeres por la jerarquía católica arranca muy pronto en la historia del cristianismo y sigue vigente. En los primeros treinta años “las mujeres tuvieron un papel predominante en el nacimiento de las primeras comunidades inspiradas en Jesús”, según relata Juan Arias en su libro “La Magdalena, el último tabú del cristianismo”. El mismo autor señala que en las cartas de Pablo aparece muy claramente que las mujeres ejercieron un ministerio de la misma categoría de los hombres, como dirigentes de comunidades, obispos, diaconisas, etc. Pero los varones no quisieron ni quieren mujeres con poder en la Iglesia. El biblista Xavier Pikaza afirma que el grupo de mujeres que siguieron a Jesús hasta el calvario (entre ellas M. Magdalena) “fueron las cristianas más antiguas, las fundadoras de la iglesia”.

    El filósofo y maestro espiritual hindú Osho decía que “el intelecto es el modo de funcionar de la cabeza, el instinto es el modo de funcionar de tu cuerpo y la intuición es el modo de funcionar de tu corazón”. La intuición puede ser desarrollada por todos los seres humanos, pero parece ser que las mujeres tienen facilidad para un desarrollo óptimo de la misma. Esta intuición, producto de su diferente estructura cerebral, ha guiado a la mujer por “la verdadera senda de la espiritualidad  femenina” en su aproximación al “ser humano doliente y pobre, el verdadero rostro de Dios; es el grito que da sentido a ese silencio, que es Dios”.

  • mª pilar

     ¡Gracias de nuevo Oscar por esta noticia!

    “CELEBRANDO MI SEXTO ANIVERSARIO SACERDOTAL.
    OLGA LUCÍA ÁLVAREZ…”
    Escuchando a esta mujer… mejor dicho leyéndola, siento que sus palabras laten en mi corazón.
    No especialmente por su sacerdocio… yo no lo deseo, sí, por su mentalidad, deseos, acciones y camino a seguir.
    Comparto su sueño de otra iglesia jerárquica alta… y tristemente comparto la mirada de George, que este cambio es poco esperable dentro de la alta organización eclesial.
    A nivel de pueblo, existen y han existido personas que lo han vivido y viven así como ella sueña, y con ella, infinidad de personas a lo largo y ancho de este mundo lo van haciendo realidad… desde el silencio, porque si hacen ruido las defenestran.
    ¡Gracias amigo, por estar atento a tantos sueños que sabes otras personas tienen y darnos la oportunidad de conocerlo!
    pili-mª pilar

  • George R Porta

    Felicidades a Olga Lucía Alvarez en su sexto aniversario sacerdotal. Que disfrutes muchos más. Ojalá que tu sacerdocio sea de otro tipo, algo nuevo, femenino, diferente de este otro que tenemos entre los curas que se sienten superiores, tan superiores que hasta se atreven a perdonar pecados mientras abusan de los menores. Un abrazo en tu aniversario.

     

  • George R Porta

    Ana, estoy completamente de acuerdo contigo, pero la mayoría de los hombres estamos castrados en cuanto a reconocer la igualdad que siento que la institución tuviera que desaparecer y ojalá tuviera lo que se necesita para hacerla desaparecer renovándola de modo que hubiera igualdad de posibilidades, de contribución. Yo no espero eso de los curas, de los jerarcas quiero decir. Ellos defienden sus privilegios y si no se les arrebata no los cederán.

    Por otra parte ?qué perpetúa el machismo? Esa es una pregunta que no sé responder. La familia tiene que cambiar y cambiar radicalmente. Si la institución eclesiástica cambiara yo lo celebraría, pero yo escucho y casi veo o imagino el modo como han tratado a Yvonne Gebara o a Rita Nakashima entre los evangélicos, o a Ana María Isasi-Diaz que desafortunadamente murió peto tanto sufrió por decir lo que “no debía” desde su cátedra en Drew University o a Phyllis Trible que tanto ha escrito desde su cátedra Union Theological Seminary sobre los textos de terror de la Biblia sobre todo contra mujeres, o Dorothee Sölle en cuanto a la interpretación de Dios en términos masculinos. Si se pregunta a un obispo cualquiera si las ha leído por mucho que ellas se dirigieron a ellos, la respuesta es no.

    Yo he perdido la esperanza de un cambio institucional. El propio Francisco confía en un cambio institucional lo cual quiere decir que no puede reconocer a la institución por lo que la misma es. Pero es que la familia tampoco cambia tanto. Me alegra que tú tengas esperanza. Yo no la tengo. No espero ese cambio de parte nuestra, de la parte masculina. Llámeseme pesimista o lo que sea, pero no la espero.

    Yo creo que soy un defensor de los derechos de la mujer a la igualdad de trato y oportunidades, pero ?crees que dejo de vigilarme? Pues no, porque ya soy muy viejo para no saber que el entrenamiento machista que he recibido es largo y profundo y solo a base de vigilarme me siento un poco en paz.

    No discrepo de lo que dices, solo que no creo que los hombres, hablando en general aunque haya excepciones, podemos realmente soltar las amarras y arriesgarnos a la igualdad. No sabemos como hacerlo, nos paraliza el terror. /cómo lo aprendimos? esa es una pregunta que no sé responder.

  • oscar varela

    CELEBRANDO MI SEXTO ANIVERSARIO SACERDOTAL.

    OLGA LUCÍA ÁLVAREZ

    https://evangelizadorasdelosapostoles.wordpress.com/2016/12/09/celebrando-el-sexto-aniversario-sacerdotal-olga-lucia-alvarez-arcwp/

    Llevo 6 años, a pesar de mis debilidades, ejerciendo mi sacerdocio, en medio de aquellas personas, atropelladas por la sociedad y la religión.

    – Empoderándoles en su dignidad como hijas/os de la Divinidad!

    …………………….

    Quienes queremos y trabajamos por una reforma radical dentro de la Iglesia, sin títulos, sin vestimentas medievales, sin pectorales, sin anillos, sin lujosas residencias, palacios, sin vehículos blindados, sin guarda-espaldas.

    * Tampoco aceptamos cargos administrativos, o directivos, en Juntas Directivas de Ongs, o Parroquiales.

    * Acompañamos y apoyamos procesos de empoderamiento, en el desarrollo humano, en su dignificación como mujeres y hombres, hijas e hijos de Dios.

    * Pertenezco a la Iglesia Católica Romana, vibro con mi Bautismo, e invito a hermanas/os a vivir la dignidad que nos da este sacramento.

    * Celebro participativamente la Eucaristía, en cualquier Galilea que me necesite:

                – Con las mujeres recién salidas de la prisión (Fundación Bordado a Mano),

                – en sus casas, en los barrios populares.

                – Allí donde hay víctimas de la violencia, campesinas/os desplazados, familiares desaparecidos.

    * Generando confianza, recuperando su dignidad, borrando los tatuajes de la marginación, discriminación y racismo.

    * Dándoles a conocer, insertándoles de regreso a la Sociedad, con el apoyo de instituciones semejantes, generadoras de perdón, reconciliación y de Paz.

    ………………..

    No soy yo. Es Él/Ella, que nos dinamiza, abre sus brazos, protege, repara, arropa impulsando a todos estos hermanos/as hacia la solidaridad y la reinserción total de su dignidad humana!

    * Celebro con ellas/os, el que puedan encontrarse con otras experiencias, conociendo personas humanas, acogedoras, organizadas en sus barrios, y ciudades, potenciado la vida de la Iglesia, desde el sentir y búsqueda laical, sin clericalismo.

    * Mi rodilla se dobla, ante la Divinidad, jurándole obediencia a Ella, antes que a los hombres. Hechos 5:29

    ………………

    ¿Cuál es el miedo, a la ordenación de mujeres?

    Ni más ni menos, el género y la sexualidad.

    * Miedo, a regresar a los inicios de la Iglesia Primitiva!

    * Es una delicia regresar a los principios del cristianismo, con los/as discípulas/os, en aquella mesa auxiliar que hay en la cocina!

    * Ha sido hermoso, ver como una abuela, celebra el matrimonio de sus hijos, bautiza a sus nietos, entierra a sus padres o a su marido!

    * Los valores del cristianismo, están en la familia!

    * Con las abuelas, con las mamás, con las tías…

    * Celebro, lo que aprendí en casa con mi madre.

    * Celebro el haberla escuchado en su lecho de enferma, cuando le compartía acerca de mi ministerio, decirme: “lo que estás haciendo, a mí me hubiera gustado hacerlo”…

    * Celebro mi ordenación sacerdotal, en ARCWP un movimiento internacional de carácter profético, inclusivo, generando equidad y Justicia dentro de la Iglesia.

    * Celebro con mis hermanas y hermanos, el vivir con emoción y dignidad este caminar profético, cargado de sorpresas, pleno de futuro y esperanza dentro de la Iglesia!

    …………………………

  • ana rodrigo

     
    George, dices “No sé si los hombres podemos ayudar a la mujer a liberar-se…”, pienso que cuando los hombres dejen o renuncien a sus privilegios en exclusividad de disponer del poder en todos los aspectos en la Iglesia-Institución, en ese momento las mujeres podrán participar en los órganos de decisión, ritos, teología, exégesis no excluyente, doctrina, moral, etc., por lo que no es que se le ayude a la mujer (como haciéndole un favor), sino que se la reconoce como igual en aquello en lo que afecta a las oportunidades y derechos de cualquier persona, sea mujer o sea hombre. Son los hombres de la Iglesia los que prohíben e impiden esta participación de las mujeres ya liberadas a título personal, pero se encuentran con las puertas cerradas.
     
    Por eso digo que el acceso en igualdad a los lugares ocupados por hombres, no lo tomo como liberación de la mujer, sino como aportación femenina a otras formas de interpretar la espiritualidad y enriquecimiento para el colectivo eclesial. Porque ya está bien de que se admita a Eva la pecadora responsable de todo lo que ha venido después, mientras a María se la encumbra como modelo de silencio (lo guardaba todo en su corazón), esclava del Señor, pura, inmaculada, VIRGEN y Madre, Madre de la Iglesia…, es decir farfulla, solapar lo importante de la mujer para quedarse con aquello que interesa a los hombres. Es decir, una mujer devota, sumisa, virgen, etc. Mientras ellos programan lo que tenemos que pensar, hacer y sentir.
     

  • George R Porta

    A veces cuando se habla de Iglesia se habla de la institución jerárquica y en cuanto a ella no tengo esperanzas de que cambie. La gente con poder no renuncia al mismo tan frecuentemente.

    Si se refiere a la totalidad de la gente que ha sido bautizada como cristiana, bueno, ahí tengo un poco más de esperanza. Quizás la familia mejore o esté mejorando, quizás el machismo pueda ser anulado y ciertamente las mujeres se están liberando hace ya tiempo y con éxito.

    No sé si los hombres podemos ayudar a la mujer a liberar-se pero al menos podemos dejar de estorbarlas en su auto-liberación. La presencia de mujeres en la jerarquía anglicana y como “pastoras” en la Iglesia Metodista y otras y el creciente número de mujeres que desean fundar sus familias autónomamente y hasta se hacen fecundar artificialmente son caminos que dejan ver claridad o luz al final del túnel.

    Pero los curas, no creo que una vez que son elevados al rango de jerarcas en la institución eclesial hagan nada. Si no hay otro ejemplo más evidente, basta mirar el trabajo que está dando a Francisco modificar el Código de Derecho Canónico y sentar precedencia de alguna igualdad mujer-hombre.

  • ana rodrigo

     
    Introduzco mi comentario con estas palabras de JJ Tamaño que bien se podrían aplicar a toda la sociedad: “La raíz de tan abominable práctica (creo que se refiere a la pederastia) se encuentra, a mi juicio, en la estructura patriarcal de la Iglesia católica y en la masculinidad hegemónica que convierte al varón en dueño y señor en todos los campos del ser y del quehacer de la institución eclesiástica”  
     
     Aunque, afortunadamente está surgiendo movimientos de emancipación femenina en la sociedad y, cuantitativamente, menor en las religiones, el problema de “La masculinidad hegemónica que convierte al varón en dueño y señor en todos los campos del ser y del quehacer” sigue vigente y sin esperanza de que dé un vuelco para evitar esta estructura tan profunda y consolidada de la sociedad y de la Iglesia.
     
    Si a nivel mundial la discriminación de niñas y mujeres en el acceso a la cultura, a la escuela, al trabajo, a la política, a su autonomía económica, es tan descaradamente cruel y hasta obsceno, el mundo femenino seguirá prisionero en los calabozos masculinos hegemónicos.
     
    En cuanto a la espiritualidad religiosa: si Dios es masculino, los fundadores de las religiones han sido hombres, los dirigentes de las mismas han sido y siguen siendo hombres (en la Iglesia católica, además célibes y desconocedores de lo que es una mujer), la espiritualidad de las mujeres será la que han marcado y siguen marcando los hombres. Ellos son los mediadores entre Dios y el ser humano, ellos son los conocedores de la voluntad de Dios, ellos son los que interpretan las Escrituras, ellos son los que determinan la moral, ellos son los conocedores del bien y del mal, ellos son los que tienen derecho a acceder a la conciencia humana y hacer el juicio definitivo sobre los errores (pecados?) de mujeres y hombres.
     
    Con esta estructura ¿acaso es posible que las mujeres puedan incidir en otro tipo de espiritualidad que no sea la marcada por los hombres?
     
    JJ Tamayo está profundizando en el tema del masculinismo, y quizá debiera ser una tarea paralela a la del feminismo, porque de nada serviría que las mujeres tengamos tan claro el derecho a existir como mujeres con toda la dignidad que cualquier ser humano se merece, si los hombres no comienzan a derruir esa fortaleza amurallada de su manera de existir como los dueños y señores de todo lo que se hace, se piensa y se siente en este mundo.
     
    Gracias, Antonio Gil, por haberte implicado a fondo en esta interesante y necesaria reflexión. El tema del feminismo no es cosa de mujeres, es cuestión de hombres y de mujeres. Así que “a desescombrar” entre todos y todas e ir abriendo caminos limpios de maleza hacia una sociedad y una iglesia igualitaria.
     

  • mª pilar

    ¡Gracias Oscar por esta información!

    Abrazos.

    pili-mª pilar

  • oscar varela

    vídeos de reciente SEMINARIO DE ESPIRITUALIDAD FEMINISTA, CON TEOLOGA IVONE GEBARA

    Casa Cultural Tejiendo Sororidades, Cali, octubre 2016 en la conmemoración de sus 40 años.
    …………………….

    Ivone Gebara Parte 1

    https://www.youtube.com/watch?v=0-wwcgnTqHA&t=1447s

    Ivone Gebara Parte 2
    https://www.youtube.com/watch?v=H5tG7liAmKQ&t=69s

    Ivone Gebara Parte 3
    https://www.youtube.com/watch?v=LW998gDyaSQ&t=194s
    Ivone Gebara Parte 4
    https://www.youtube.com/watch?v=kwnDlB0kDOM

  • oscar varela

    Hola!

    Cuando el “ESPÍRITU” es “PUJANZA” (al menos por NUESTRAMÉRICA)

    …………………

    Mujeres en movimiento – Raúl Zibechi

    http://www.jornada.unam.mx/2016/12/09/opinion/022a2pol

    Decir que las mujeres, con sus hijos e hijas, son el corazón de las resistencias, es tan cierto como insuficiente. Hace falta convivir en la cotidianeidad de los abajos para comprobar los tremendos cambios que se registraron en apenas una década y media, desde el ciclo de luchas anterior (entre finales de los 90 y comienzos de la década de 2000, en Sudamérica) hasta las renovadas luchas de estos años.

    En el movimiento piquetero argentino, entre 1997 y 2002 aproximadamente, las organizaciones tenían mayoría de mujeres, un 55-60 por ciento de quienes acudían a las asambleas. Las razones que encontramos en aquellos momentos son que ellas tomaron en sus manos la alimentación de sus hijos, mientras los varones estaban deprimidos, porque la desocupación les imposibilitaba seguir siendo los proveedores de sus familias y, por lo tanto, perdieron el papel central que habían tenido.

    En los movimientos de las periferias urbanas actuales, el porcentaje de mujeres siguió creciendo. En un reciente intercambio con un movimiento territorial en Córdoba, en Barranca de Yaco, periferia muy pobre de la ciudad, comprobamos que son mujeres más de 90 por ciento de quienes asisten a las asambleas. Además de la asamblea semanal, a la que acuden unas 90 personas, el movimiento puso en pie una asamblea quincenal de mujeres, lo que revela que la participación femenina empieza a modificar las relaciones entre géneros y no está sólo volcada a conseguir alimentos.

    Ellas son mayoría también en los grupos de trabajo en las huertas y en la albañilería, por lo que desbordan el involucramiento tradicional en espacios como los comedores y las meriendas de los chicos. El papel de las mujeres ha cambiado no sólo en la cantidad de mujeres involucradas, sino también en la calidad de los trabajos que hacen.

    Lo más sorprendente fue conocer un pequeño pueblo del norte de Córdoba, Sebastián Elcano, de apenas 2 mil 500 habitantes rodeados de cultivos de soya a 180 kilómetros de la capital. En el pueblo hubo varios feminicidios, el último hace apenas un mes. Las mujeres se concentraron en repudio del asesinato, convocadas por la Federación de Organizaciones de Base (FOB). La mayoría de las movilizadas acuden semanalmente a las asambleas del movimiento.

    Por lo menos dos mujeres del pueblo acudieron a los últimos Encuentros Nacionales de Mujeres, en Mar de Plata en 2015 y en Rosario este año, y unas cuantas compañeras viajan tres horas hasta Córdoba para las marchas del Ni una menos. El movimiento de mujeres impacta incluso en pequeños pueblos rurales, donde el poder de los caciques y de la policía es muy fuerte aún.

    Este potente crecimiento de las mujeres en movimientos está enviando mensajes muy profundos al mundo de las luchas emancipatorias, que deberíamos no sólo tener en cuenta, sino aprender y compartir. Algunas de las realidades que constatamos, tanto en las ciudades como en las zonas rurales, tienen puntos en común con otras luchas como las bases de apoyo del EZLN, las que se registran entre pueblos indígenas y negros, entre movimientos campesinos y en multitud de experiencias concretas como las comunidades urbanas de la Organización Popular Francisco Villa Independiente en la ciudad de México.

    …………………………

    Quisiera compartir algunos rasgos que encuentro en los movimientos actuales, sin pretender agotarlos ni jerarquizar cada uno de los aspectos que expongo.

    El primero es que la presencia masiva de mujeres modifica los rasgos más patriarcales de las organizaciones. Esto no sucede de forma mecánica ni reactiva, sino que es consecuencia de un largo trabajo de las mujeres, acompañadas por sus hijas e hijos que ya no están tan moldeados por la dominación patriarcal. En rigor, debe decirse que la masiva presencia de mujeres abre la posibilidad de que se mueven hacia relaciones distintas. Porque también hemos comprobado, en asambleas donde nueve de cada diez son mujeres, que ellas demandan la palabra masculina, sobre todo en movimientos urbanos de las periferias pobres.

    Lo segundo es que las resistencias más profundas asumen formas comunitarias. Dicho de otro modo, para resistir y seguir siendo, los pueblos crean comunidades. Podemos decir que la comunidad es la forma política que asumen los pueblos cuando resisten la acumulación por despojo/cuarta guerra mundial. En este sentido, la comunidad no prexiste, sino que es producto de la lucha (como la clase en E. P. Thompson).

    La tercera es que las resistencias se ordenan en torno a la reproducción. Este rasgo, como los anteriores, es de carácter estructural, aunque a muchos les suene extraño. El capitalismo realmente existente, condena a muerte o a desaparición física y simbólica a las mayorías de abajo, y por lo tanto resistir es sostener la vida; por tanto, reproducirla.

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    Tenemos aquí tres aspectos que marchan juntos: comunidad, reproducción y mujeres, con sus hijos e hijas. Que integran también a los varones no violentos, como ha hecho la organización de mujeres campesinas e indígenas de Paraguay (Conamuri). Creo que Cherán es un buen ejemplo de cómo se anudan las comunidades con la reproducción de la vida y las mujeres.

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    Sólo cabría agregar dos cuestiones.
    Una, que el camino seguido no es el que creen los académicos: primero leyeron a Simone de Beauvoir y a otras feministas, y luego cayeron en que debían hacer las cosas de ese modo. Las lecturas sirven, pero en general vienen después que se aprende a poner el cuerpo, nunca antes. O sea, no sirven para explicar la vida real, que sólo se explica por sí misma.
    Dos, que las tareas de reproducción son femeninas, pero no necesariamente de mujeres. Parir es de mujeres. Pero la reproducción es asegurar la vida y puede ser sostenida por unas y otros. Si me perdonan algunos revolucionarios, diría que los movimientos antisistémicos son femeninos en un doble sentido: la mayoría de quienes los integran son mujeres (aunque no siempre), pero son cualitativamente femeninos en el sentido de cuidar y sostener la vida, aunque seamos varones los que acompañemos.

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  • Justiniano Liebl

    Después de 34 feliz años en mi vida de fraile Capuchino y luego 36 feliz años en mi vida de matrimonio, puedo apreciar la profundidad de esta ponencia de Antonio Gil de Zúñiga sobre la Espiritualidad Femenina. Solamente digo,  gracias Antonio Gil.
    Justiniano desde Managua

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