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El juramento de Mariano Rajoy

JJ Tamayo
En la toma de posesión como Presidente del Gobierno en la Zarzuela, Mariano Rajoy juró el cargo colocando la mano izquierda sobre la Biblia y la derecha sobre la Constitución Española, teniendo como testigo mudo del acto el Crucifijo. Lo mismo hicieron once de los treces ministros de su Gabinete unos días después. Han seguido el mismo ritual que cuando tomaron posesión del cargo por primera vez en 2012. La ministra de Defensa, María Dolores de Cospedal, que no puso la mano sobre la Biblia, expresó posteriormente su deseo de cumplir con las obligaciones de su ministerio con la ayuda de Dios. Eso se llama teísmo político, más propio de regímenes medievales que de democracias modernas. Sí puso su mano izquierda sobre un anacrónico y sexista texto bíblico, como ahora explicaré, Dolors Montserrat, Ministra de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, que espero no lo aplique políticamente en el ejercicio de su cargo.

La Biblia estaba abierta, según me cuentan, por el capítulo 30 del libro de los Números, que regula lo referente a los votos o juramentos y contiene las normas relativas a los votos de las mujeres y que son fiel reflejo de una sociedad en la que las mujeres ocupaban una posición subalterna. El texto establece que un voto hecho por una mujer está siempre sujeto a la autoridad del varón, salvo en el caso de que sea viuda o haya sido repudiada, es decir, cuando no haya ningún varón que se hiciere responsable de ella. Si la mujer es soltera y el padre desaprueba el voto o juramento, no puede cumplirlo. Solo si el padre da su pláceme, tiene que llevarlo a la práctica. Si una mujer está casada y hace un voto, está obligada a cumplirlo si el marido no lo objeta; si este no lo autoriza, tampoco debe cumplirlo. Me gustaría hacer algunas reflexiones sobre el juramento y las condiciones en que se produjo:

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    Dicimbre 2011. Juramento de Rajoy.

    La promesa o el juramento de los cargos presidenciales o ministeriales en la Zarzuela ante la Biblia y el Crucifijo me parecen un resto de nacionalcatolicismo que no resulta fácil de entender en un Estado no confesional, como declara la Constitución de 1978: “Ninguna confesión tendrá carácter estatal” (art. 16,3a). Con ello se demuestra que, más de cuarenta años después de la muerte del dictador, en España todavía no se ha producido la transición religiosa. Llama la atención que se comience transgrediendo la Ley de leyes en un acto de tanta trascendencia para la vida política como la toma de posesión del Gobierno de España. Esto viene sucediendo ininterrumpidamente desde el primer Gobierno constitucional, con gabinetes de todos los colores: de derechas, de izquierdas y de centro. Dos preguntas me queman en los labios ante un comportamiento político-religioso tan anacrónico:

– ¿Nadie había reparado en un texto de tamaño carácter patriarcal? Bueno, al menos en este caso alguna utilidad tiene el trabajo de detective de un teólogo varón que hace hermenéutica feminista de la Biblia. Espero que, alertada la Zarzuela, si es que lee este artículo, no vuelva a repetirse tan anacrónica ceremonia. Y si los inquilinos reales persisten en el empeño, confío en que los miembros de futuros gobiernos tomen buena nota y se nieguen de jurar o prometer ante un texto así.

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Octubre 2016. Nuevo rey, misma ceremonia.

– A estas alturas, ¿necesita la voluntad popular ser legitimada por la Biblia y el Crucifijo? Hace tiempo que en Europa pasamos de la teo-cracia a la demo-cracia, pero parece que en el terreno político ese cambio no ha logrado pasar los Pirineos. El reloj de la historia política y religiosa de España quizá se detuviera hace dos siglos y no ha habido quien le pusiera en la hora europea. En esto ¡también España es diferente! Bueno España no, sino algunos de sus gobernantes, porque la sociedad ha logrado un ejemplar grado de secularización. Aunque con un largo retraso, todavía estamos a tiempo de acompasar el ritmo secularizador y laico de Europa.

  1. Tampoco es fácil de justificar tal anacrónica y nacional-católica escena, aun cuando fuere por deseo expreso de los reyes conforme a sus creencias católicas –que no parece fue el caso–. Porque dichas creencias deben permanecer en la esfera privada, nunca explicitarse en el espacio público. No se olvide que el Monarca del Estado Español no es constitucionalmente rey católico, como lo fueron sus antepasados.
  1. Poner a Dios por testigo en el juramento de cargos políticos constituye un acto de teísmo político que termina por convertirse en una crasa manipulación de Dios. Hacerlo sobre la Biblia viene a ser una sacralización de la actividad política, que va en contra de la secularización de la vida pública, seña de identidad de la Modernidad. Jurar delante del Crucifijo significa convertir a Jesús de Nazaret, condenado por blasfemo religioso y subversivo político, en legitimador de un presidente de Gobierno cuyo partido está inmerso en un presunto delito de corrupción.
  1. Me parece un gravísimo error, en fin, seguir proclamando, en actos de tal significación política, textos claramente discriminatorios por razones de género como el del libro bíblico de los Números, en abierta contradicción con las leyes españolas que defienden la igualdad de género, condenan la violencia de género y son contrarias a la discriminación de las mujeres en todos los ámbitos de la vida: personal, familiar, laboral, cívico-social, político, educativo, cultural, moral, etc.

Termino con una pregunta: ¿al colocar su mano izquierda en la Biblia sobre un texto de ideología patriarcal, ¿no estarían Rajoy y sus ministros, sin quererlo, manifestando su voluntad de aplicar a la baja las leyes de igualdad de género? En esta como en otras materias tenemos que estar ojo avizor. Porque esa fue la tónica de la legislatura anterior. No hay más que consultar la hemeroteca para comprobar los recortes en materia de género.

Que tome buena nota la oposición y sepa qué es lo innegociable y lo que debe defender: la igualdad y la paridad de género, los derechos sexuales y reproductivos, la educación no sexista, salarios iguales por igual trabajo, lucha contra la violencia patriarcal, contra la prostitución, contra la LGTBIfobia. Lo dejo abierto para que cada lector de este artículo añada las causas de género que crea deben defenderse.

Juan José Tamayo es director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones, de la Universidad Carlos III de Madrid, y autor de Invitación a la Utopía. Estudio histórico para tiempos de crisis (Trotta, Madrid).

 

 

9 comentarios

  • ELOY

     
    Una de las cuestiones que se planteó prontamente nuestra Primera República fue la supresión del juramento político en Ejercito con restitución de derechos a los que los habían perdido por negarse a hacerlo (Decreto de 16 de Febrero de 1873. Gaceta del 17).
     
     Comienza así el preámbulo de dicho Decreto diciendo:  
     
     
    << Una de las primeras atenciones á que debe ocurrir el Gobierno de la República, recientemente fundada, es á crear, mantener y arraigar costumbres republicanas. Y una de las costumbres que deben más pronto adquirir los pueblos republicanos y con más energía arraigar en su vida es la costumbre del respeto religioso y profundo a la dignidad del honor personal y á la santidad de la conciencia humana.
     
     
     
    Fue usanza de las diversas situaciones que se sucedieron en el agitado movimiento de nuestra antigua política exigir al ejército, como prueba de adhesión, el juramento político, que muchas veces violenta lo más estimable para los hombres honrados, la lealtad á sus antiguos compromisos y la secreta é inviolable intimidad de la conciencia (…)”

     
    Y concluye el Preámbulo, seguido del texto de la Ley:

     
    “(…) Se necesita que no haya en el ejército español juramentados e injuramentados. (…). Así la República, que no les pedirá cuenta de sus ideas, ni de sus compromisos, ni de su historia para emplearlos en su servicio, les exigirá en cambio con más derecho que el antiguo régimen la obediencia á una Autoridad que a nadie rebaja y la sujeción á leyes que á todos exaltan, y que se curan, no solamente de sus derechos, sino también de la virtud de su honor y de la tranquilidad de su conciencia.
     
     
     
    Y si estas razones atendibles no existieran, existiría la consideración de que, perteneciendo el ejército español a un Estado donde la libertad religiosa se halla públicamente reconocida y el respeto á la creencia individual legítimamente consagrado, no se debe, no, entrar en el examen de las ideas individuales, ni imponer fórmulas que puedan chocar, no sólo con las ideas políticas, sino también con las creencias religiosas.
     
     
     
    La nueva forma de Gobierno, su carácter nacional, el escrupuloso respeto que le merecen los derechos de todos los ciudadanos, la inflexible lógica con que por virtud de su propio organismo extiende y aplica los principios democráticos; todas estas consideraciones exigían una medida como la propuesta por el Ministro de la Guerra, y en su consecuencia el Gobierno de la República decreta lo siguiente:
     
     
     
    Artículo 1º Queda abolido en el ejército el juramento político.
     
     
    Art. 2º  Se restablecerá en el goce de sus empleos, honores y condecoraciones á todos los Generales, Jefes y Oficiales del ejército que se vieran privados de ellos por haberse negado á prestar dicho juramento.
     
     
    Art. 3º El Ministro de la Guerra dictará las disposiciones conveniente para el cumplimiento de este decreto.
     
     
     
    Madrid diez y seis de Febrero de mil ochocientos setenta y tres >> (Gaceta del 17)
     

  • xabier

    Prometo ( em off, dentro de lo posible…..) y se quedan tan contentos. La Biblia no era la BIBLIA, era um montón de papel. Continúa siendo “um montón de papel”.

  • ana rodrigo

    Aclaración: en mi escrito anterior quiero precisar que me refiero al uso público de la religión, no a tantísima gente que a nivel privado vive con honradez, sinceridad y compromiso su adhesión a la fe cristiana.

  • ana rodrigo

     
    Hace algún tiempo un conocido alcalde pronunció esta frase “la Justicia es un cachondeo”, pienso que se podría aplicar esta frase a la utilización de la religión cristiano-católica en España. Es un cachondeo y una frivolidad, además de una cuestión totalmente obsoleta y de otros tiempos, poner el crucifijo y la Biblia como prueba de seriedad en los compromisos políticos de los y las ministras no garantiza ni añade nada al desarrollo de su cargo. En el caso de que quienes pusieron la mano de su juramento sobre el texto aludido por Tamayo realmente lo leyeron? Y si no leyeron ¿acaso tienen capacidad para interpretarlo? Y ¡qué más les da! Es como quien bautiza a sus Hijos e hijas por si acaso sirve para algo.
     
    ¿No estamos viendo infinidad de prácticas religiosas que son una auténtica frivolidad?: templos llenos personas en la misa de los domingos, primeras comuniones, procesiones de semana santa, y así con otras prácticas religiosas sin que eso se traduzca en una sociedad más justa y solidaria?
     
    No debería extrañarnos el uso y abuso de poner como parapeto de nuestra ética el aval religioso, (repito, además de ser una cuestión obsoleta). ¿Es que los ministros y las ministras van a ser mejores en el uso de su poder que quienes no la ponen? Pura frivolidad
     

  • oscar varela

    Hola!

    No sé en España,

    pero en Argentina

    Macri (actual Presidente juramentado)

    ¡Se caga en sus Promesas juramentadas!

    ¿O no?

    ¡Voy oliendo todavía! – Óscar.

  • Gonzalo Haya

    Hay cosas mucho más importantes tanto desde lo ético-social como desde lo ético-cristiano. Por otra parte España es oficialmente aconfesional pero sociológicamente pluriconfesional. Ahora bien si jurar es comprometerse, cada uno puede comprometerse poniendo como testigo aquello fundamenta su compromiso. Lo importante es que la sociedad le exijamos que cumpla esos compromisos.

  • Román Díaz Ayala

    Buena observación, Eloy. Se supone que la persona juramentada, se le pide un acto de conciencia y ésta se pronuncia según los valores éticos que conforman su conciencia.

    Para quienes viven y se manifiestan en su universo religioso, es Dios la última instancia conformante de su conciencia.

    Resulta curioso que algunas denominaciones protestantes ( evangélicas) no admiten el juramento (poner por testigo a Dios en sí mismo o en sus criaturas) porque creen así observar el consejo evangélico pronunciado por el mismo Jesús. Lo explican muy bien, la conciencia humana sólo puede determinarse a cumplir en base a una promesa no implicando a Dios. El sí, sí o el nó, nó  que aconsejaba el Maestro.

  • ELOY

    Son también muy significativas las expresiones:

    “júramelo (o prométemelo)  por lo que mas quieras” y “te lo juro (o prometo) por lo que más quiero”.

    Creo, no se si equivocadamente, que hacen referencia a una ligazón intima entre el “compromiso” que se asume al jurar y la prometer, y lo más intimo, importante y querido del sujeto que se compromete

  • ELOY

    Algunas cuestiones.

    Quizá sería interesante aclarar que significa hoy “jurar”, y que significa “prometer”.

    Y cual es el valor jurídico y político de ambos términos.

    Y también en qué se basa su “fuerza vinculante” si tienen alguna.

    En la forma familiar de hablar no es infrecuente  ( o no lo era hace unos años) escuchar frases como “lo juro por mi honor”, “lo juro por mi madre” e incluso “los juro por mis hijos” y otras similares.

    Siendo, en cierta medida,  un acto de compromiso “personal” que se hace público, ¿puede cada uno jurar en conciencia por lo que quiera?.

    ¿Ha de prohibirse determinado tipo de juramentos?.

    Hay, como es sabido en nuestra cultura un acto muy específico y solemne de jura, que es la “jura de la bandera” que hacen los militares.

     

     

     

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